martes, 24 de marzo de 2026
LA OMNIPRESENCIA DE DONALD TRUMP EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL (CUARTA PARTE). SESIÓN INFORMATIVA DE LA COLISIÓN MILITAR EN EL MEDIO ORIENTE (del 28 de febrero al 21 de marzo del 2026). Autor: Ronald Obaldía González
LA OMNIPRESENCIA DE DONALD TRUMP EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL (CUARTA PARTE). SESIÓN INFORMATIVA DE LA COLISIÓN MILITAR EN EL MEDIO ORIENTE (del 28 de febrero al 21 de marzo del 2026). Autor: Ronald Obaldía
González
La ofensiva iniciada el 28 de febrero de 2026, anexo de la guerra de
doce días que tuvo lugar en junio del 2025, contra la República
Islámica de Irán, no es un evento aislado, sino la culminación y
acentuación de una política de poder de Israel en el Medio Oriente,
esta vez plenamente respaldada por el segundo mandato del Presidente
estadounidense Donald Trump.
La estrategia conjunta persigue la eliminación sistemática de los
enemigos de la existencia del Estado de Israel y de la influencia
geopolítica de EE. UU en la región. Ello parafraseando la premisa de
Henry Kissinger en que "ser enemigo de EEUU es peligroso, pero ser su
amigo es fatal". El Republicano es consecuente con dicha aseveración
del afamado diplomático, puesto que se le endosa ser el más pro -
israelí entre los gobernantes de toda la historia moderna de la Unión
Americana.
Lo evidencian las dos conflagraciones en menos de un año: la de los
doce días en el 2025 y la vigente, ambas destinadas a diezmar un
enemigo común: la teocracia islámica iraní, autora de inestabilidad e
inseguridad en el Medio Oriente, vista sus competencias y capacidades
intimidatorias, proporcionadas por sus programas militares de misiles
y drones, además de las sospechas de los proyectos nucleares en su
haber (Luis Bassets. En: EL PAÍS, ESPAÑA).
La ofensiva de Washington, en simultaneidad con el coadyuvante Israel,
se divide en múltiples facetas, cargadas de calculado antagonismo.
De antes de la actual conflagración se registran las misiones y los
objetivos relacionados con la liquidación de las organizaciones
paramilitares, tuteladas y aliadas de Irán, a saber los denominados
"proxies" (musulmanes) o "ejes de la resistencia": Hezbolá en el
Líbano, Hamás en la Franja Palestina de Gaza, los Hutíes de Yemen,
otrora el gobierno pro-iraní de Siria, las organizaciones
paramilitares chiitas de Irak; en otro ámbito el anti - chiita Estado
Islámico (ISIS), entre otras milicias paraestatales y terroristas.
Lo arriba citado se ve precedido por una sucesión de bruscos eventos e
interrupciones. En diciembre del 2024 las fuerzas opositoras del Islam
sunita de Siria expulsaron del poder al criminal Bashar Al-Assad,
enemigo acérrimo de la nación hebrea y de Washington.
Inmediatamente después el sunita Ahmed al-Shara asumió las riendas de
la nación árabe. A pesar de su pasado yihadista, hubo de romper sus
lazos con el grupo terrorista Al - Qaeda - refugiado en el Afganistán
de los Talibanes, fundamentalistas musulmanes - , responsable del
ataque del 11 de setiembre del 2001 a las Torres Gemelas de New York,
hasta llegar a obtener, recientemente, el reconocimiento de Trump como
Presidente de la nación siria, así como bajar la enemistad frente al
Gobierno israelí, presidido por Benjamin Netanyahu.
Los frágiles entendimientos entre Netanyahu y el nuevo gobernante
sirio podrían entrar en serias discordias. Los islámicos sunitas que
ascendieron al poder vienen discriminando y agrediendo la minoritaria
comunidad de los Drusos. Esta de habla árabe y de religión monoteísta
de la rama del islam chiita, pero protegida ampliamente por el Estado
judío, cuyas fuerzas armadas, por tales persecusiones, han venido
colisionando con el renovado ejército de Damasco.
Años atrás (el 2003) en Irak había sido aniquilada por EEUU, en
alianza con algunos aliados Occidentales, la despiadada dictadura de
24 años de Saddam Hussein en Irak, aliado de los palestinos, al tiempo
que proclamaba la destrucción de Israel.
Muamar el Gadafi, el Jefe de Estado de Libia desde 1969 hasta el 2011,
fue depuesto y asesinado por milicianos, opuestos a su régimen
dictatorial. El estrafalario Gadafi buscó acercamientos parciales con
EEUU, aunque había sido consistentemente hostil a Israel, defendiendo
la causa de Palestina.
Los sujetos fundamentales de la desarticulación y la degradación de
una de las potencias regionales, convencionales, descansan en EEUU e
Israel. La potencia es Irán, sostenida por el régimen teocrático,
totalitario, misógino y brutalmente represivo sistema político y
aparato militar a manos de los Ayatolás islámicos - chiitas -, así
también por el temido Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica
(CGRI), creado tras la revolución de 1979. La cual dio pie al
derrocamiento del pro-estadounidense Sha iraní, Mohammand Reza
Pahlavi, criticado por su autoritarismo, la represión de todo viso de
oposición, por la desenfrenada corrupción y la opulencia atribuida.
Cabe reiterar acerca de la interrupción del poder del Sha de Irán,
aunque un tanto remoto, equivalió al hecho embarazoso y determinante,
el cual hubo de ser el punto de partida del deterioro, casi por
completo, de los vínculos entre la nación persa y la civilización
occidental.
En el contexto del Siglo XXl el Irán de los Ayatolás constituye un
rival bastante enconado, habidas ambiciones sub imperialistas suyas,
más el poderío militar que lo diferencia en el Medio Oriente.
Asimismo, amenazante en vista de los presuntos despropósitos de su
programa nuclear, por el cual ambiciona fabricar la bomba atómica.
De él (Irán) desconfían y guardan distancia, Egipto, las monarquías
autocráticas sean Arabia Saudita, Kuwait, Bahrein, Emiratos Árabes:
las potencias globales de energéticos, y en este instante Qatar, dado
los impactos de la contienda militar, donde las plantas de los
energéticos han sido objeto de cuantiosos daños y las pérdidas
económicas.
En el inicio de las hostilidades ocurrió lo ansiado por las fuerzas
hebreas desde tiempo atrás: el Líder Supremo de Irán, Alí Jamenei, fue
asesinado en el primer día de los bombardeos. El Presidente Masoud
Pezeshkian, al lado de otros dos líderes asumió en ese país el
liderazgo interino de transición.
El conflicto ha escalado de una "operación quirúrgica" a una guerra
regional total, con implicaciones económicas sistémicas,
particularmente a causa de las restricciones impuestas del Gobierno de
Irán en torno al paso sobre el Estrecho de Ormuz (dentro del Golfo
Pérsico) de las naves marítimas de energéticos (gas, petróleo, lo
mismo que de los fertilizantes).
El conflicto se expande. Hasta se reportó el hundimiento de un buque
iraní cerca de Sri Lanka. La base naval militar Diego García (Naval
Support Facility Diego Garcia), perteneciente a Gran Bretaña y EEUU,
ubicada en el Océano Índico, estuvo al borde de ser agredida por un
misil iraní de largo alcance (de 4000 kms).
Israel no solo ataca Irán, sino que comienza operaciones militares en
Líbano, con el propósito de eliminar por entero al grupo chiita,
paraestatal, Hezbolá, aliado y rearmado por Irán. Las muertes en
Líbano superan el millar, debido a la incursión terrestre y aérea
hebrea. Se cierne un verdadero caos humanitario, coincidente con el
enclave de la Franja de Gaza.
Irán responde atacando infraestructura civil, petrolera y gasífera de
las vecinas naciones árabes del Golfo Pérsico, así como las bases
militares y embajadas estadounidenses, ubicadas en la latitud del
Medio Oriente. Teherán contraataca al Estado judío, su amenaza
mayúscula, lanzando misiles balísticos y drones - el 92% interceptados
(CNN) - , al tiempo que golpea varias de sus ciudades.
Trump descarta una invasión terrestre, calificándola de "pérdida de
tiempo", prefiriendo la superioridad aérea. A diferencia del ejército
hebreo, pues está haciendo cálculos proposicionales, destinados a
llevar a cabo un operativo militar sobre terreno firme, basado en
infantería, blindados y artillería.
El objetivo consistirá en derrocar el gobierno de los Ayatolás y
aniquilar el programa de enriquecimiento de uranio, básico para la
fabricación de la bomba atómica, así como las capacidades militares
del ejército y de la Guardia Revolucionaria, particularmente las
lanzaderas de misiles, drones y los centros de producción de
armamentos.
Hay una especie de "guerra económica". EEUU e Israel continúan
lanzando operativos bélicos cada vez más intensos, tienen en la mira
la infraestructura de la producción energética iraní, especialmente la
situada en la isla de Jark en el Golfo Pérsico, la cual alberga la
mayor terminal de exportación de crudo de Irán (el 90%).
El precio del petróleo supera ya los $100 por barril, obligando a
Washington a liberar 172 millones de barriles de sus reservas
estratégicas y decidiendo el alivio de las sanciones impuestas al
mercado petrolero de Rusia (también al del propio Irán), a causa de la
invasión suya contra el territorio de Ucrania.
Las consecuencias geopolíticas y económicas se acumulan y toman un
giro peligroso. La turbulencia energética, derivada del bloqueo persa
sobre el Estrecho de Ormuz hace que se "empareje" la guerra
asimétrica, puesto que por el Estrecho, a la orilla de la superficie
iraní, es movilizado el 20% del crudo global. Esto ha provocado el
aumento del 37% en el precio global del petróleo.
Es de suponer que las economías nacionales experimentarán un periodo
de inflación, debido al aumento del valor de los hidrocarburos,
enlazado a la violencia desatada en las naciones del Golfo. Lo dicho,
a nivel internacional lleva a mayores precios de las materias primas,
incremento de los costos de transporte o de las cadenas de suministro,
así como la fragmentación del comercio global (Róger Madrigal,
Presidente del Banco Central de Costa Rica).
En otro orden, resaltan los prolongados daños ecológicos acumulativos
y generalizados, los que han de desencadenar los enfrentamientos
bélicos, asociados al deterioro de la infraestructura de los
hidrocarburos.
Ha habido bombardeos con drones y misiles a refinerías, campos de gas,
depósitos de crudo y puertos vitales, todo lo cual "libera
contaminantes" y residuos químicos "de alta toxicidad... aparición de
nubes negras llenas de petróleo y lluvia ácida", con efectos directos
sobre la calidad del aire, el agua, los ecosistemas marinos y las
plantas desalinizadoras, esenciales a la vida humana
(fernando.chaves@nacion.com).
A causa de las presiones de las cuales es objeto, el gobierno iraní
solo abre la posibilidad de abrirlo a los barcos de aquellas naciones
que sean ajenas a los bombardeos en contra del territorio bajo su
circunscripción. Teherán insiste además que el cumplimiento de las
obligaciones internacionales debe ir acompañado del respeto a la
integridad territorial y a los "derechos soberanos" que le son
inherentes.
Al entrar en la cuarta semana de hostilidades, Trump ha anunciado un
ultimátum definitivo frente a Irán. Si no se despeja la ruta marítima
del Golfo, las plantas de energía eléctrica, los yacimientos e
instalaciones petrolíferas y gasísticas quedarán aniquilados, más de
lo que experimentan con los combates aéreos. Los marines
estadounidenses desembarcarían en las islas de la costa iraní, a fin
de abrir Ormuz al tráfico marítimo de los energéticos y los
fertilizantes (Luis Bassets, idem), lo que implica el persistente
escalamiento.
Los mercados energéticos y las Bolsas se estremecen; las disputas
enarbolan "el espantajo de la recesión global". Según el Premio Nobel
de Economía, Joseph Stiglitz, la contienda bélica en el Medio Oriente
pone al borde de la inminente estanflación a EEUU. Esto es, inflación
con estancamiento de la producción, lo cual amenaza la popularidad de
Donald Trump y del Partido Republicano ante las elecciones de medio
mandato (o intermedias) a celebrarse en noviembre de este año.
En ellas el Partido del Presidente podría perder escaños en el
Congreso, el poder legislativo del Gobierno de los Estados Unidos de
América, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.
A la vez subsiste cierta incertidumbre, en cuanto al desempeño de los
servicios de inteligencia de Washington. Están surgiendo reportes de
que la amenaza nuclear iraní ni era inminente, lo que debilita la
justificación legal de las acciones bélicas, gradualmente rechazadas
por el público estadounidense, ya que tampoco "hay victoria rápida".
A pesar de la degradación militar de Irán, el régimen no ha colapsado.
De hecho, la administración Trump enfrenta tres problemas críticos: el
vacío de poder. Los bombardeos no solo eliminan a los líderes
recalcitrantes, sino también a los posibles líderes moderados que EEUU
planeaba instalar en el sistema político del país persa.
Tras el bloqueo de Ormuz y la escalada de la guerra energética, Irán
demuestra que mantiene una maliciosa capacidad disuasiva (Bassets,
idem). Aunque lleva las de perder en términos militares, todavía
sobrevive pese "al enorme revés del descabezamiento de su cúpula y la
destrucción del armamento, instalaciones e infraestructuras militares
y policiales" y las plantas de producción energética. Valga anotar que
el país persa es estructuralmente dependiente del sector de los
hidrocarburos (petróleo + gas), el cual representa el 23% de su
Producto Interno Bruto (PIB).
Haremos uso de una digresión. Dicho sea de paso, las movilizaciones
políticas nacionalistas y democráticas, ganaron poder en Irán,
cobraron auge a finales de la década de 1940 y 1950; opuestas a los
intereses extranjeros (Occidentales), quienes se habían apoderado de
los recursos energéticos.
Fueron movimientos, encabezados por el mandatario Mohammed Mossadegh,
elegido mediante comicios pluralistas. Se impusieron la
nacionalización de los hidrocarburos y aplicaron expropiaciones,
enseguida las compañías foráneas en 1953 patrocinaron un golpe de
Estado contra Mossadegh, sustituyéndolo por el Sha, le otorgaron
poderes superiores, los que facilitaron otra vez la penetración de los
capitales de las corporaciones internacionales, dominadas por Europa y
EEUU.
Trump debe acabar pronto con la guerra. La elevada inflación le es
imperdonable a los votantes. El Partido Demócrata de Kamala Harris fue
testigo de ello el 5 de noviembre del 2025. El magnate Republicano ha
de asumir obligaciones con los comicios de medio periodo.
Sobresalen los pendientes en los casos de Venezuela, donde la
Presidenta interina Delcy Rodríguez requerirá afianzarse, con tal de
erosionar "el Chavismo" intransigente; y proseguir con los cambios
políticos. La Casa Blanca habrá de dedicarse a encontrar una salida
realista a las condiciones precarias de Cuba, a sabiendas de la
inexistencia de convincentes indicios allí, siquiera de avanzar en una
abertura política y económica.
LAS TIRANTECES DE LAS ALIANZAS TRADICIONALES.
Gran Bretaña y el bloque de 27 naciones de la Unión Europea, liderado
por los gobiernos de Alemania y Francia, y por su lado el Gobierno
socialista de España, se distancian de Washington, en lo tocante a
ofrecer cooperación militar, con tal de desbloquear el Estrecho de
Ormuz.
Argumentan que "esta no es la guerra de Europa" y se niegan a usar sus
bases para la ofensiva militar en curso. Solo consideran una misión en
Ormuz si hay un alto el fuego previo. La postura ha condicionado la
pasividad de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la cual
es destinataria de las severas críticas de la Administración Trump.
Las Monarquías del Golfo, entre los Emiratos Árabes, Qatar, Arabia
Saudita han perdido su "espejismo de seguridad". Aunque albergan bases
de EEUU, justificación de las embestidas de Teherán, denuncian que no
fueron consultadas, y además de los perjuicios a las plantas de los
energéticos, su principal fuente de riqueza nacional, ahora sufren
ataques iraníes contra su infraestructura de Inteligencia Artificial
(IA) y energía eléctrica, donde imperan los intereses comerciales de
las compañías transnacionales, las cuales instalaron centros de datos
e instalaciones de producción eléctrica que los sustentan.
Los comentaristas subrayan el descrédito que manifiesta tener el
multilateralismo y de manera particular la Organización de las
Naciones Unidas (ONU). Ella ha quedado marginada alrededor de las
tareas del desescalamiento de las contiendas en Ucrania, el Medio
Oriente y el recrudecimiento de la lucha armada entre Pakistán y
Afganistán.
Ellos suponen el fin del orden global, basado en principios y normas,
establecido tras la Segunda Guerra Mundial, así como el inicio de la
"ley de la fuerza" en las dinámicas globales. Esto último bien
percibido por Benjamin Netanyahu, "un radical belicista" , quien ha
obtenido ganancias con la campaña bélica, porque podría alargarla
"hasta conseguir la caída del régimen (iraní)" y ensanchar la
hegemonía hebrea sobre la convulsa región.
Ha habido obturación de la gama de aperturas diplomáticas en dirección
al beligerante y opaco e inicuo gobierno persa, con el propósito de
finalizar las hostilidades, rescatando especialmente el acuerdo de
limitación nuclear promovido por el estadounidense Barack Obama en el
2015. El cual, por las presiones de Israel, fue roto por Donald Trump
en el 2018, en el marco de su primer mandato (Luis Bassets, idem).
Mientras tanto, Netanyahu guarda silencio en torno a futuras
negociaciones, encaminadas al cese el fuego. Fijo que “salvaguadará
los intereses vitales” de Israel: deshacerse del régimen teocrático,
su enemigo letal, así como la certeza de haber degradado el programa
nuclear, asociado a la producción de armas altamente destructivas.
En definitiva, las dos batallas frente a los iraníes le han acumulado
réditos estratégicos, con escasos sacrificios. Todo hace indicar que
Hezbolá correrá la misma suerte que la organización palestina de
Hamás.
Del lado de la monarquía de Arabia Saudita se informa acerca de los
preparativos efectuados al interior del país, orientados a ejecutar
una posible ofensiva militar, cuyo objetivo sería Irán, pues la
Guardia Revolucionaria le ha lanzado misiles y drones dirigidos a sus
instalaciones de hidrocarburos.
En el pasado reciente la conservadora monarquía sunita ha
experimentado agresiones militares directas, provenientes de las
fuerzas de Teherán. Uno de ellos fue ejecutado en el 2019. Igualmente,
los Hutíes yemenitas, en contubernio con su aliado mayor en el eje de
la resistencia, concretó decenas de bombardeos contra los saudíes.
Sin embargo, China se había anotado un logro político al persuadir a
los saudíes e iraníes a normalizar las relaciones diplomáticas a nivel
bilateral. Lo consiguió, relajando las tensiones entre las potencias
chiita y sunita.
EL FACTOR CHINA Y RUSIA.
Desde el principio de las hostilidades se planteaba que las disputas
contra Irán revelarían un trasfondo de la guerra comercial entre Pekín
y Washington, al limitarse el flujo de petróleo hacia China (un socio
de Irán).
Porque en enero de este año sucedió la intervención militar de EEUU en
Venezuela, un destacado proveedor latinoamericano de hidrocarburos del
gigante asiático, gobernado por Xi Jinping. Lo cual a cortapisas llegó
a diezmar el suministro de dicha materia prima de su rival
geopolítico, rompiendo parcialmente el "acople" e interdependencia
económica existentes. De ello hay bastante evidencia.
Haciendo uso de la retórica diplomática, China y Rusia condenaron la
intervención militar de EEUU e Israel en Irán. Estiman que viola el
derecho internacional y la soberanía iraní, como si ambas potencias
fueran respetuosas de ese marco legal, de carácter global. Sin
embargo, se han rehusado a intervenir militarmente ni enviado tropas.
Han expresado su rechazo alrededor del lanzamiento de drones y misiles
de Irán en perjuicio de las plantas de hidrocarburos de los países del
Golfo Pérsico. Simplemente apoyan a Irán en discurso, no en combate.
Les resultaría contraproducente granjearse la malquerencia de las
monarquías sunitas, si abastecen de armamento a su enemigo iraní.
El respaldo a su supuesto aliado iraní se limita a prácticas
indirectas. Rusia es señalada por proporcionar inteligencia, a través
de sus satélites espaciales, así como asesoría técnica. China continúa
manteniendo apoyo económico, tecnológico y diplomático. Pero ese apoyo
es discreto y calculado, evitando escalar la confrontación.
La estrategia de ellas es "mantenerse al margen", aunque sean cercanos
a Teherán, así se comportaron con la situación de Venezuela en enero
pasado. Ninguno quiere confrontar directamente a EE. UU.
Las razones principales estriban en que Rusia está concentrada en la
guerra en Ucrania. China otorga prioridad a su sistema económico - en
dificultades, apenas crece un 4,4% -, a la sostenibilidad comercial en
el ámbito de los mercados internacionales, lo mismo que a la
estabilidad energética.
En cuanto a roles diplomáticos y geopolíticos, Moscú y Pekín actúan
como defensores de Irán en la ONU, bloqueando sanciones o críticas, o
bien proponiéndonse como potenciales mediadores.
Beneficios indirectos ha alcanzado Rusia. Al ser un productor de
hidrocarburos ha salido ganancioso con los precios altos del petróleo.
Y, mejor dicho, debido a la suavización de las sanciones en su contra,
impuestas por la Administración de Donald Trump y la Unión Europea
(UE), en vista de la invasión a Ucrania, cuando ha intensificado el
Gobierno de Vladimir Putin, se aprovecha de la concentración de
esfuerzos de las potencias Occidentales en los aprietos iraníes,
relacionados con la crisis de los energéticos, cuya fuente son las
restricciones por el paso en las aguas del Estrecho de Ormuz de los
barcos de petroleros y gasíferos, tomando en cuenta el desasosiego frente a
una próxima recesión global.
China aprovecha la crisis en el Medio Oriente para ganar influencia
global, asegurar los energéticos. En línea opuesta a Washington,
difunde la fachada de potencia pacífica, aferrada "al principio del
desarrollo económico compartido", respetuosa de la integridad
territorial y la soberanía de los Estados.
Presencia exterior realmente falsa, pues la delatan las amenazas suyas
contra Taiwán, las pugnas sostenidas con Japón, Filipinas, Indonesia y
Malasia en torno a las disputas marítimas en el Mar de China
Meridional y Oriental.
En esas aguas la China del "emperador" Xi Jinping se ha apoderado de
recursos estratégicos, tales como el petróleo, gas, pesca y de las
rutas marítimas comerciales clave. Asimismo, se acusa al Gobierno de
Xi de auspiciar los ciberataques, atribuidos a grupos vinculados al
Estado chino a saber: APT10 y APT41.
A resumidas cuentas China y Rusia apoyan políticamente a Irán, le
brindan ayuda limitada, pero evitan involucrarse militarmente para no
escalar el conflicto frente a Occidente.
A LA LUZ DE LO EXPUESTO la Casa Blanca estima que la victoria final
tomará de 4 a 6 semanas de más, pero sin una estrategia de salida
categórica, según el criterio de la dirigencia del Partido Demócrata.
Sumado a lo anterior, cobra interés la reacción de los aliados
internacionales y de la misma OTAN, sujetos reconocedores del
significado de Irán como amenaza regional y global, incluido su
desalmado expediente de transgresor de los derechos humanos. Solo que
a decir verdad se muestran indispuestos en involucrarse en los
combates, por cuanto estos tienden a convertirse en otra "guerra
eterna", semejante a aquel Vietnam de las décadas de 1960 y 1970, con
costos económicos globales, crisis humanitarias impredecibles y flujos
migratorios sin control.
Trump lanzó el ultimátum el 21 de marzo, exigiendo a Teherán que
reabriera completamente Ormuz al tráfico comercial. Advirtió que, "de
de no cumplirlo", EEUU "atacaría y arrasaría" las centrales eléctricas
iraníes, "empezando por la más grande" (Deutsche Welle - DW).
Mantengamos la esperanza alrededor de los mecanismos diplomáticos
globales, tan venidos a menos, sea que se empeñen en la
responsabilidad que les corresponde de apaciguar una región
históricamente disruptiva, cuya maldición es albergar el oro negro, el
crucial recurso natural, no renovable, del planeta.
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