viernes, 31 de mayo de 2019

LA NEGACIÓN DEL PASADO RECIENTE; EL GOBIERNO DE JAIR BOLSONARO: FACTORES DE RIESGO PARA “EL ORDEN Y PROGRESO DE BRASIL.

LA NEGACIÓN DEL PASADO RECIENTE; EL GOBIERNO DE JAIR BOLSONARO: FACTORES DE RIESGO PARA “EL ORDEN Y PROGRESO DE BRASIL. Ronald Obaldía González. En la esfera de la novedad del populismo, mezclado con nacionalismo, en América del Sur, Jair Bolsonaro, el recién inaugurado Presidente de Brasil, “tan popular porque es populista”, se suma a la corriente “iliberal”, autoritaria, de América Latina. No sobra señalar la vigencia, especialmente, en América y Europa de democracias iliberales tanto de derecha como de izquierda. En efecto, los populistas en los contextos de democracias iliberales resultan ganadores de los comicios electorales, pero se rigen por una lógica escasamente respetuosa con el Estado de derecho y las libertades individuales (JORGE TAMAMES), al cabo que envician los procedimientos democráticos. Esta vez ascendió al poder un líder exmilitar, proveniente de la ultraderecha populista. Su base de apoyo reside en las clases adineradas, la gente blanca, los cristianos evangélicos, una vasta clase media”, los militares, los agroexportadores de las áreas rurales y un sector de la derecha liberal. Con dichas fuerzas sociales le fue innecesario realizar transacciones con los partidos políticos tradicionales para salir ganancioso en el balotaje realizado a finales del año pasado. Defensor y reivindicador de la represiva dictadura militar brasileña que se prolongó de 1964 a 1985 (Jorge G. Castañeda); se autoafirma en el el adalid de la mejora económica: Este radical conservador cultural se presenta como el antipolítico, inclinado por las medidas de mano dura contra la criminalidad y la corrupción. Opuesto a los postulados de los derechos humanos; su discurso propagandístico se sustentó en el anticomunismo, “la globalofobia”, el racismo, la homofobia y la misoginia, todo ello contrariando un extenso Brasil de 8.547.400 kilometros cuadrados, una población de casi 195 millones, compuesto por un mosaico de cosmovisiones, religiones, lenguas aborígenes, de prodigiosa riqueza étnica, cultural. En su campaña hacia la presidencia brasileña dejó explícito el objetivo de construir una línea divisoria, para evitar que las corrientes globalizadoras, éstas a favor del pensamiento socialista marxista y el secularismo, se propusieran contagiar la cultura tradicional y los valores morales nativistas de la sociedad nacional. En su condición de candidato presidencial, el diputado y exmilitar nacionalista puso de manifiesto de forma altisonante su rechazo al Tratado de No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP), el sostén del propósito universal de la no proliferación nuclear, toda vez que se enlaza con en el sistema bilateral con Argentina (ABACC) de contabilidad y control del material nuclear (ROBERTO GARCÍA MORITÁN). En el 2004 una delegación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) hizo una inspección de las nuevas instalaciones nucleares, ubicadas en Río Janeiro, con capacidad de enriquecer uranio. Saltó la preocupación que tales capacidades pudieran desviarse con fines militares (Guía del Mundo). Por lo tanto, es un alto riesgo que Bolsonaro materialice las sospechas del organismo. Con cinco exgenerales en el gabinete, el gobierno de Brasil, regido por Bolsonaro, tendrá más oficiales de alto rango que en ningún otro momento, desde el final de la dictadura militar en 1985. Su objetivo es militarizar la aplicación de la ley en todo el país y hacer que las armas estén ampliamente disponibles para el público. Para él, la policía brasileña tendrá “carta blanca” para matar criminales (Castañeda, idem). En política económica, se propone implementar un ajuste fiscal rápido, de shock y privatizar varios sectores de la economía nacional (Castañeda, idem). Dos de las naciones que han ejercido influencia sobre los mecanismos de concertación e integración latinoamericana, sean México y Brasil, se abren a la peligrosa corriente de permitir el retorno de los militares dentro de las esferas de sus respectivos gobiernos. Ambas potencias regionales se muestran distantes de proteger la democracia constitucional y liberal. Pésimo síntoma. Agreguemos, como lo señala el académico Bryan Acuña Obando, se parte de la desconfianza en la clase política latinoamericana, todo lo cual “ha llevado a que en la actualidad no exista una posición positiva sobre los modelos de integración” y acción cooperativa, y aparezcan personas y tendencias favorecedoras de los nacionalismos, de posturas iliberales, quienes sobreestiman la devolución del poder a los gobiernos nacionales por encima de los esquemas regionalistas. Asimismo, el sistema de cooperación internacional que surgió de las cenizas de la Segunda Guerra Mundial está en riesgo con los nacionalistas y ultraderechistas populistas. El multilateralismo y las instituciones que lo sustentan –entre ellas la Organización Mundial de Comercio, las Naciones Unidas y la Unión Europea– “están siendo cuestionados en tanto más países abrazan el nacionalismo introspectivo”, en detrimento de la estabilidad política, el comercio y la inversión transfronteriza, y hasta resalta la probabilidad que desemboquen en un conflicto (Lise Kingo y Scott Mather). La América Latina merece mantener viva la llama de los derechos humanos, a pesar del discurso desviacionista, chantajista e intimidador de la sarta de populistas, extremistas de derecha e izquierda, los demagogos, más los dictadores asesinos, entre ellos Daniel Ortega, Rosario Murillo, Nicolás Maduro, decididos a socavar los regímenes de libertades públicas e individuales, y a menospreciar la paz y la convivencia cívica democrática. Eso sí, el deterioro democrático dista de resolverse, culpando a los votantes.Lo cierto del caso es que las turbulencias económicas, el desempleo, la desigualdad social, ampliamente negativa, así como la irrefrenable corrupción pública y privada agravantes de la pobreza, han dado al traste con el buen gobierno o la gobernabilidad estable, lo cual conlleva la consolidación de movimientos políticos radicales, quienes se alimentan de la frustración ciudadana y por lo tanto de las tensiones internas, a tal extremo que, impensable y peligrosamente, resultan favorecidos por el voto popular. El desenlace comienza con la erosión del Estado de derecho y de las instituciones democráticas, el ensayo de fórmulas económicas y financieras engañosas e inviables, entrelazadas, casi siempre, con las restricciones impuestas a los mercados abiertos y unificados (Joschka Fischer) y avanza con el irrespeto a la soberanía popular. En este orden, la señal ofrecida por el Presidente Jair Bolsonaro de intentar el debilitamiento del acuerdo comercial del MERCOSUR supone dar forma a “un anillo de fuego” en Suramérica. De seguido, el vecindario cercano brasileño dejará de ser una asociación de “potenciales amigos”. De esta forma Bolsonaro se dará a conocer como “Presidente fuerte”, protector de las empresas poderosas nacionales, el constructor “de soluciones mágicas”; lo que equivale a la implantación del mesianismo político, el que apenas por un lapso le dio réditos a Hugo Chávez en Venezuela; después de su fallecimiento hemos sido testigos de sus nefastas secuelas. Los populistas ultraderechistas se equivocan al menospreciar la cooperación global, sea en este caso el Brasil de Bolsonaro, quien entre otros enfatizan únicamente que la globalización, dicho sea verdad, “también ha producido desequilibrios sociales, que continúan alimentando el descontento popular”. Pero incitando a la desglobalización (Nouriel Roubini), como hacen hoy una cantidad creciente de personas, se amenaza al propio sistema que ha ayudado a crear riqueza, combatir la pobreza (Lise Kingo y Scott Mather), y multiplicar “las filas de la clase media global”. Hacemos una digresión al respecto. La historia de posguerra demuestra que la integración económica global –en cuenta los negocios, que aúnan los sectores privado y público, a través del comercio más libre y una mayor inversión transfronteriza- ayuda a los mercados y a las sociedades a prosperar, con una mejora significativa en el desarrollo humano, es decir en la salud, la educación y la expectativa de vida en distintas partes del mundo; asimismo ha contribuido a crear riqueza y expandido la clase media global (Kingo y Mather, ídem). Asimismo, mediante el multilateralismo, otros protagonistas “no Estatales” pueden abordar complejidades críticas como el régimen de derecho, la gobernanza global y el cambio climático. Sobre este respecto, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), y sus objetivos asociados, significan un modelo para la humanidad y la propia economía global. Pero “la prédica refundadora de Bolsonar, tanto en política exterior como en la política doméstica tiende a “echar definitivamente por tierra” los logros del multilateralismo. LLAMÉMOSLO NACIONALISMO. Los brasileños se creen “lo más grande del mundo”. De hecho, el poderío de su exquisito futbol constituye uno de sus principales recursos publicitarios. Con tono irónico, algunos autores intentan herir la concepción de grandeza, al coincidir en que “Brasil seguirá siendo la nación del futuro”. Es decir, le falta bastante camino que recorrer a fin de llegar a convertirse en nación desarrollada. Es el orgullo nacionalista, históricamente idealizado, del cual, menos aún, Jair Bolsonaro se escapa. Se puso de relieve en la Guerra Fría. Los gobiernos brasileños mantuvieron distancia de los Estados Unidos de América y de la Unión Sovíetica. El propio presidente Luiz Inácio Lula da Silva (Lula) acentuó el discurso nacionalista; sobre todo, la identidad del “potencial de éxito económico”, aunado al descubrimiento de nuevos yacimientos de petróleo, para mostrar que el Brasil lideraría en la región latinoamericana (Salvidio, idem), restando influencia a Argentina y México, con quienes rivaliza en el ejercicio diplomático de exportar influencia geopolítica en la región latinoamericana, en cuenta más allá. En esto, el discurso nacionalista de los gobiernos civiles se puso al descubierto al acentuarse la ofensiva diplomática, fallida hasta ahora, de colocar a Brasil en el pináculo del poder, tal que le sea concedido un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Los controvertidos comentarios de Bolsonaro frente a la organización global, han de suponer el desinterés suyo de hacer inversión en tal propósito de ser un autor de decisiones universales. Lula, el hábil político, supo reinventar los sentimientos de unidad nacional, extraídos de la etapa histórica de aquel Brasil que había nacido como Imperio (1840 - 1889). Aunque décadas después se convirtió en república más disminuida. Aún así, siempre continuó arrastrando el sueño imperial de ese pasado expansionista en términos territoriales, reflejado periódicamente en las acciones diplomáticas del Palacio Itamaraty (Nelson F. Salvidio, 2016); es el edificio brasileño, ubicado en Brasilia, el cual alberga la sede del Ministerio de Relaciones Exteriores. Enseguida, Brasil, junto con Rusia, India, China y Sudáfrica, comenzaron a ser visualizados como “los BRICS”: en el bloque de unidad cooperativa, de “los países que emergían con chance de convertirse en las economías dominantes hacia el año 2050”; una línea rectora de política exterior, la cual ahora Bolsonaro mira de reojo. El gigante suramericano ha estado lejos de renunciar a los propósitos nacionales de convertirse en un protagonista global, así lo planteó el PT de Lula: el mayor partido de izquierda de América Latina. Un impulso que se vio opacado a partir del 2013, a consecuencia de la mayor recesión económica; además de "la crisis política sin precedentes", rodeada de protestas sociales, escándalos de corrupción que lo salpicaron, entre ellos numerosos dirigentes del PT y de la oposición de derecha. Por otra parte, teniendo en expectativa alcanzar la presidencia de su país, y de paso reafirmar a Brasil, “un líder de América Latina”, en una posición crucial, de primer orden, en el escenario global, dominado por las rivalidades y las políticas de poder de las grandes potencias, Lula se aferró a las iniciativas internacionalistas de la izquierda. Cooperó con la fundación del Foro de São Paulo, el cual llegó a ser el foro de partidos y grupos de izquierda latinoamericanos, desde centroizquierdistas hasta colectividades políticas de izquierda; fundado en 1990 por el Partido de los Trabajadores de Brasil en São Paulo. De este movimiento surgieron las tesis del Socialismo del Siglo XXl, acuñadas, principalmente, por la izquierda chavista de Venezuela; así también la de Bolivia, Ecuador, Nicaragua; en Honduras con el presidente Manuel Zelaya, derrocado en junio de 1989; a él se sumó el régimen totalitario de Cuba. De acuerdo con sus fundadores, el Foro fue constituido “para reunir esfuerzos de los partidos y movimientos de izquierda, para debatir sobre el escenario internacional después de la caída del Muro de Berlín y las consecuencias del neoliberalismo en los países de Latinoamérica y el Caribe”. En sus emprendimientos de las relaciones exteriores, en cuanto reforzar en diferentes direcciones diplomáticas el prestigio de la nación brasileña, valga subrayar una grave falta en su misión y responsabilidad a favor de la protección del medio ambiente. Resulta innegable la angustia y los señalamientos en su contra, en lo que parece quedar atrapada en un embrollo. Se relacionan con la constante, incontenible y peligrosa devastación ecológica de la exótica región selvática de la Amazonia, lo cual condena además a los pueblos originarios a la crónica marginalidad y desprotección. Imazon, un grupo no gubernamental que monitorea la selva tropical del Amazonas, en mayo del 2019 confirmó que el ritmo de la deforestación en la selva tropical ha aumentado en un 20% desde el mismo período de agosto a abril de 2018. A la vez señaló que sus imágenes de satélite revelaron que la región ha perdido 2.169 kilómetros cuadrados (837 millas cuadradas) de selva entre agosto y abril, un incremento respecto a los 1.807 kilómetros cuadrados (698 millas cuadradas) perdidos en el mismo periodo del año previo. Los analistas atribuyen la mayor parte de la deforestación a la tala desmedida y la invasión de tierras, que, con frecuencia, ocurren en zonas protegidas y reservas indígenas. Las presiones de la comunidad internacional resultaron insuficientes en lo concerniente a ser depositaria de una respuesta colaborativa por parte del actual gobierno. Por el contrario, entre sus promesas de Gobierno, Bolsonaro ha propuesto, en su lugar, revisar los límites de la reserva amazónica, como parte de su esfuerzo por derogar la prohibición de la agricultura comercial y la minería en tierras indígenas. La primera decisión de Bolsonaro tras asumir el cargo en enero fue trasladar las decisiones sobre tierras indígenas al Ministerio de Agricultura, que está controlado por representantes del sector agrícola, ansiosos por abrir nuevas fronteras a la agricultura a gran escala. Por su parte los aborígenes temen el regreso de los mineros de oro ilegales y otros cazadores furtivos en sus tierras, envalentonados por la retórica despectiva de Bolsonaro y sus movimientos para debilitar sus derechos. Desde ya demandan al Gobierno el respeto de sus derechos constitucionales, identidad y arraigo territorial y cultural y el reconocimiento de sus fronteras terrestres (Bruno Kelly. Reuters) Obviamente, los aborígenes de la Amazonia, al igual que el conglomerado de la negritud han sido excluidos del idealizado nativismo blanco populista, pregonado por el divisivo presidente nacionalista, al cabo le otorgó réditos electorales. Ellos son “los otros”: las minorías con otro color de piel, quizás con creencias religiosas diferentes (Chris Patten), inaceptables a los fundamentalistas cristianos, quienes en octubre pasado fueron el firme bastión de la ultraderecha. En otro orden de las posturas nacionalistas, cabe tener presente que en el 2004 una delegación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) hizo una inspección de las nuevas instalaciones nucleares, ubicadas en Río Janeiro, con capacidad de enriquecer uranio. Saltó la preocupación que tales capacidades pudieran desviarse con fines militares. Por lo tanto, es un alto riesgo que Bolsonaro materialice las sospechas del organismo. Las capacidades nucleares de ciertos países tienden a acentuar los nacionalismos, sembrar temores en los vecinos cercanos, por lo que habrán de verse atraídos por dar lugar a la modernización de sus recursos militares, y enseguida fomentar en la región la peligrosa carrera armamentista. ANTES DE BOLSONARO: EL ESTILO DE HACER POLÍTICA EN BRASIL, POR UNA ÉPOCA, HABÍA SIDO LUIZ INÁCIO LULA DA SILVA (LULA), Y LOS CORREDORES DEL PODER Dificil haber imaginado antes del 17 de marzo del 2014 que diera lugar a una investigación sobre el supuesto lavado de dinero; que en un lavacoches pudiera convertirse en el mayor escándalo de corrupción de la historia de Brasil y extendiera tentáculos en casi toda Latinoamérica. “Este megaescándalo” sacó a relucir “una corrupción sistémica”, favorecedora de empresas y políticos de todos los partidos: el detonante de profundos cambios que en Brasil han cristalizado en un presidente, Jair Bolsonaro, de ultraderecha, ultraconservador (Najara Galarraga Cortázar); a nuestro criterio racista, peligrosamente incendiario, conexo con una oposición irrelevante y éticamente tan cuestionada. Dos de los siete presidentes que ha tenido Brasil desde el fin de la dictadura, han tenido contacto con las rejas, encausados por la corrupción. En marzo pasado fue Michel Temer, encarcelado en una sede de la policía federal en Río de Janeiro; el veterano político, aún tiene aliados en el Congreso, perdió la inmunidad al entregar la banda presidencial a Jair Bolsonaro. El juez Marcelo Bretos lo acusa de “ser el líder de una organización criminal”, que durante 40 años cobró sobornos a cambio de contratos públicos, infló presupuestos de obras, blanqueó dinero e incluso tenía un departamento de contrainteligencia para obstaculizar las pesquisas. Luiz Inácio Lula da Silva (Lula), 73 años, cumple casi un año recluido en una celda de las instalaciones policiales en Curitiba (Paraná), epicentro de la investigación sobre la Lava Jato (NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR), “un caso de corrupción que cumple cinco años”. 150 poderosos políticos y empresarios han encontrado la prisión, en tanto “el descontento ciudadano con la clase política aumentaba”. Otros tres mandatarios han sido indagados en casos derivados de la Lava Jato, incluidos los dos que fueron destituidos por impeachment, Dilma Rousseff (a la que Temer sucedió en 2016) y Fernando Collor de Mello. Otro murió. El único de los siete a salvo es Fernando Henrique Cardoso, aunque los cargos en su contra los declararon prescritos (Galarraga Gortázar, ídem). Alrededor de Petrobras y la constructora Odebrecht se ha castigado severamente “a la vieja política brasileña”. Entre los factores del éxito electoral de Bolsonaro “es que el estruendo “de la Lava Jato no le había tocado”. En simultaneidad a una de tales tramas y comedias, con frecuencia llamativas en Brasil, en setiembre del 2016 corría la pérdida del escaño del diputado evangelista y millonario Eduardo Cunha; aquella vez destituido en la Cámara de Diputados por corrupto, al esconder cuentas bancarias en Suiza, además de su presunta participación mafiosa, con otros políticos oficialistas y de la oposición, en la red criminal que operó en la petrolera estatal Petrobras. El oscuro personaje habría recibido unos 5 millones de dólares “en coimas”. Cunha movió sus tentáculos “e hilos del poder” en el juicio político del Senado, contra la presidenta Dilma Vana Rousseff. Él se convirtió en el arquitecto de ese polémico juicio, el cual, primero, apartó a la mandataria del poder temporalmente desde el 12 de mayo de ese mismo año. E inmediatamente después, en agosto sobrevino el desplazamiento definitivo de ella: la militante del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), la formación política del carismático Presidente Luis Ignacio “Lula” da Silva - el líder obrero de origen humilde que huyó de la miseria- ; quien, siguiendo los pasos del entonces Presidente social demócrata Fernando Henrique Cardoso, hubo de tomar la bandera “de la salvación de los pobres brasileños”, en su propia denominación política, actuante y apegada a la plataforma democrática y social, esto durante trece años en el gobierno. En cuanto a nuestra aversión por la izquierda marxista, así también por los errores, en los cuales pudo haber incurrido el presidente Lula da Silva (2003 – 2011), en el fondo hay una realidad que resulta innegable. Ciertamente, en su época del ejercicio del poder, el Partido de Lula consolidó gobiernos democráticos, pacíficos, “de los más firmes del continente”. Unió esfuerzos para sacar a 30 millones de brasileños de la pobreza extrema, el hambre y la ignorancia, así también apostó por la estabilidad monetaria y fiscal. A la vez, dejó un significativo legado de avances sociales, económicos, educativos, en agricultura familiar, etcétera. Se impulsó un cambio social, pactado con los sectores empresarios y diversas agrupaciones políticas, lo cual “no encuentra demasiados antecedentes en la historia del país”. Hasta los más férreos opositores del PT lo reconocen; al cabo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) había recomendado los réditos sociales, como modelo para todo el mundo en desarrollo. A diferencia del gobierno de Lula, la constante del régimen militar dictatorial (1964 - 1985) apenas había consistido en “crear desarrollo dentro del subdesarrollo”, agudo, estructural. En su primer gobierno, Lula saldó la mayoría de sus obligaciones financieras con el Fondo Monetario Internacional (FMI), tras adelantarle un pago de $15.500 millones (Guía del Mundo, 2008). No fueron en vano los esfuerzos de ese socialismo democrático “Lulista” con tal de atacar la extrema pobreza y la marginalidad, ecos de la historia esclavista y de la indisoluble discriminación racial - contra los indígenas y los negros. Sin embargo, la creciente inseguridad dentro de las conocidas favelas, bajo la influencia de sofisticados grupos criminales, agrava todavía más las incertidumbres sociales, la desigualdad e impunidad, lo que la sociedad brasileña todavía resiente, cansada además de la frondosa e inoperante burocracia tanto federal como estatal, toda vez que impulsa a los brasileños a señalar negativamente el funcionamiento de los servicios públicos, principalmente, los de educación, salud, saneamiento y el transporte público, “los cuales dejan mucho que desear”. En suma, Brasil es de las mayores economías globales, eso sí la distribución de la renta está bastante lejos de ser equitativa. Lo pone en evidencia el 50% de personas pobres y miserables, excluidas de la economía formal, dentro del total de más de 195 millones de habitantes. GOLPE A LA YUGULAR CONTRA EL PARTIDO DE LOS TRABAJADORES (PT): POR HABER IMITADO LA POLÍTICA TRADICIONAL. Entre las figuras notables del PT, cabe hacer mención de la hoy exmandataria Dilma Rousseff. Siendo una joven revolucionaria de 20 años, fue apresada e incriminada por las fuerzas del régimen político militar (1964 - 1985). Por cierto, el lema nacional suyo de “Orden y Progreso”, representó la base ideológica de la doctrina “anticomunista” de la seguridad nacional, la cual arropó en el pasado a las dictaduras militares, en sus represivas acciones de contrainsurgencia y contrainteligencia, tal que con ello se despejara cualquier resistencia obstaculizadora frente a las políticas de acumulación de capital nacional – “el milagro brasileño -, a favor de las élites económicas, resultantes de la aceleración del libre mercado, sin límites. Rousseff llegó al gobierno como la primera mujer que presidió el gigante suramericano, dando continuidad al esquema de desarrollo balanceado, pragmático, cooperativo entre las clases sociales, ajeno a los radicalismos o dogmas socialistas, simultáneamente el Producto Interno Bruto (PIB) crecía anualmente antes del 2014 entre el 4% y el 5% (CNN). El PT, en el gobierno, suavizó sus anteriores estatutos y la ortodoxia marxista. El cambio como tal, le facilitó el acercamiento con las formaciones de centro y derecha - entre ellos al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) - a las que llevó a una coalición gubernamental, en pos de “la gobernabilidad”. El gobierno de Lula debió capear la resistencia que dicha decisión generó en las bases de la izquierda tradicional y los sectores aliados, como las clases medias urbanas. Tal base de apoyo advertía que “el PT se igualaría a las demás formaciones; se volvió conservador y se puso al servicio de las élites” domésticas y foráneas, quienes lograron enriquecerse todavía más (Ricci, ídem) con “el acuerdismo” de Lula. Como dijimos, tampoco significa que Lula y su formación se escaparan de varios escándalos de corrupción, lo cual ha llegado a colocar en grave riesgo a su denominación partidaria. En línea con sus postulados de izquierda flexible, el PT se “reinventó” con tal de mantenerse en el poder, en medio de “la tradicional y corrupta política fisiológica brasileña” (Martín Schapiro, 2016), dominada por el clientelismo, el mafioso tráfico de influencias entre individuos y actores corporativos, los címenes fraguados, destempladamente, desde los poderes públicos y privados. El más sonado se refiere a la causa de Petrobras - la estatal petrolera -, la cual manchó a políticos y empresarios de distintas denominaciones políticas e ideológicas, cuyo proceso judicial siguió el curso normal por decisión de la Presidenta Rousseff, quien se negó a desactivarlo, pese a los chantajes y las amenazas de Cunha y su sociedad mafiosa. Por lo tanto, ya varias personas han ido a la cárcel. Sin ser acusada de enriquecimiento ilícito, a Rousseff se le condenó “por maquillar las cuentas públicas”; de violar leyes presupuestarias para disimular un enorme déficit. Se le halló culpable de alterar los presupuestos, mediante tres decretos no autorizados por el Parlamento; y de contratar créditos a favor del Gobierno con la banca pública, que acarrearon pérdidas. Prácticas que igualmente habían sido llevadas a cabo por otros mandatarios de ese país, las cuales, en aquel entonces, estuvieron lejos de ser delitos declarados. La destituida mandataria negó los cargos durante todo el proceso, el que continúa calificando de “golpe de Estado”. Una tesis formalmente errónea, dado que la coalición opositora, para el juicio en el Parlamento, se apegó a los procedimientos legales. En cambio, los líderes de los anteriores gobiernos, opuestos a Lula y Rousseff, en su afán de descarrillar sus respectivos gobiernos, apostaron contra el país, llegando a aprobar en el Congreso “un conjunto de medidas derrochadoras e irresponsables, destinadas a comprometer la estabilidad fiscal”. Todo lo anterior, en medio de un ambiente económico recesivo, ya que desde el 2013 el bajonazo mundial de las materias primas tuvo impacto negativo en los ingresos brasileños, y de seguido en la gobernabilidad. Enseguida, el Producto Interno Bruto se hundió en 3.8%, así también la tasa de desempleo se duplicó hasta alcanzar el 11%. Se presume que había llegado a ser la más larga contracción en un cuarto de siglo (Eduardo Mello and Matias Spektor, 2016). El voltaje se elevó al salir a flote las protestas sociales, previas a la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol del 2014, que en ese país tuvieron lugar. Particularmente, en Brasilia, las protestas fueron dirigidas contra las costosas inversiones realizadas por los Gobiernos del PT para organizar eventos deportivos internacionales, como la Copa Confederaciones de la FIFA, disputada en el 2013 por ocho selecciones nacionales, el Mundial de fútbol al siguiente año, así como los Juegos Olímpicos de Río Janeiro 2016, en demostración de aquel “orgullo nacional” antes subrayado. "El Gobierno gasta miles de millones en estadios y deja de lado la salud" y las prioridades sociales, alegaron la mayoría de los manifestantes. Al mismo tiempo, las reyertas populares fueron motivadas por las turbulencias económicas, y, en particular, la escalada de corrupción, patrocinada desde la clase política, donde Lula y algunos allegados políticos suyos, continúan involucrados. Precisamente, Lula fue condenado en primera instancia a nueve años y seis meses de cárcel en julio de 2017, una vez que el juez Sergio Moro, hoy ministro de Justicia en el Gobierno del ultraderechista Jair Bolsonaro, dio por comprobado que recibió un apartamento de parte de la constructora OAS a cambio de favorecer a esa empresa ((Agencia EFE). En enero de 2018, un tribunal de segunda instancia ratificó esa sentencia y la amplió hasta los 12 años y un mes. Sin embargo, el Tribunal Superior de Justicia (tercera instancia), la rebajó a ocho años y diez meses en abril pasado. Petrobas y los otros hechos de corrupción no fueron lo único de las tramas. Entre otras, lo llegó a ser el nombramiento de Lula como ministro de la Presidencia en el Gobierno de Rousseff con la supuesta intención de blindarlo con fuero privilegiado, para esquivar a los tribunales de justicia (Shapiro,idem). En este instante de apuros y acusaciones, el PT está dedicado a volver a respaldarse “en los actores que, desde su fundación, constituyeron su estructura principal de apoyo”. Una misión nada fácil, pues la coalición “promiscua” del partido con denominaciones desacreditadas, como la denominación derechista de Temer y Cunha, generó serias fisuras. “Porque el que mal anda, mal acaba. Y eso corre para cualquiera” (Salvidio, idem). De todos modos, el expresidente Luiz Inácio da Silva, llamado Lula, “es una figura o un mito nacional”, un notable maestro, conocedor de “los tiempos de la confrontación y la negociación”. Creció en “la universidad de la vida”; los de este género se revisten de acero, ni los ataques a la yugular los asusta. EL REGRESO DE LA POLÍTICA DE PACTOS MAFIOSOS Quienes desalojaron a la mandataria de la presidencia, momentáneamente, pudieron sentirse victoriosos. Tal vez omitieron que Rousseff habló con la superioridad moral (Rudá Ricci, 2016), de la que carecen los senadores que hicieron de jueces en el tribunal político. La mandataria intentó diferenciarse del presidente Fernando Collor de Mello, que renunció al cargo en 1992 para librarse del “impeachment” en el Senado, pues le habían acumulado un voluminoso expediente, relacionado con hechos ilícitos en su gestión. Lo relata la literatura política latinoamericana acerca del “establishment político y económico”. En Brasil hay un tren de ambiciosos y aprovechados, ligados al lavado de dinero y la cadena de sobornos, otrora vinculados con “el megafraude” en la estatal petrolera Petrobras. La élite idolotra el poder para el clientelismo y la impunidad, de este modo ha logrado multiplicar enormes riquezas. Cerca de ella hubo de rondar el imputado Vicepresidente de la República, Michel Temer, a quien le correspondió concluir el mandato hasta finales del 2018 de (“la derrocada” presidenta) Rousseff. Temer y su socio, el oscuro congresista Cunha, ambos miembros del influyente Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), lo citamos antes, el partido que, además de sus escándalos sobre corrupción que lo rodean, en su tiempo operó como aliado de la anterior dictadura militar. Se ha acostumbrado a tejer alianzas “inescrupulosas” con cualquier partido, que ostente el poder gubernamental, con tal de favorecer los intereses particulares de sus principales dirigentes; dicho sea, el negocio o modo de vida de ellos. O sea, lo llaman un partido fisiológico, sin ideología y especializado en dar la mayoría a los partidos gobernantes, a cambio de puestos clave con acceso a contratos públicos. Contra la Presidenta Rousseff urdieron el juicio político, el que al inicio se limitaba a un intríngulis; luego lo inflamaron hasta tomar forma de artificio malicioso y cobarde, tan generalizado en los medios políticos - ni que decir en las organizaciones públicas y privadas -. Parafraseando las palabras del expresidente costarricense Luis Alberto Monge Álvarez (+), al retratar la especie de “canibalismo”, sembrado en los ambientes políticos; al mismo tiempo, una conducta destructiva que llega a ser el denominador común en el Brasil, ahí con mayores estragos, parte del surrealismo latinoamericano. Es tal que el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera Michel Temer, primero fungió como presidente interino; acaba de concluir su mandato “sin nunca haber ganado las elecciones”. Alcanzó el poder, su intensa y cumplida fijación mental, satisfecha en la resolución sesgada del Senado, al aprobar la sustitución (“impeachment”) de Dilma Rousseff del Partido de los Trabajadores de Lula. El mandatario saliente el 1 de enero del año en curso “nunca fue querido”. Y salió del Palacio de Planalto con una popularidad del 7% tras presenciar cómo un veterano diputado con una carrera política irrelevante lograba capitalizar la ira de los brasileños por la corrupción (NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR). Si cabe alguna suspicacia de lo subrayado, las evidencias del Brasil nos eximió de pruebas adicionales. Pues en la Administración Rousseff - Michel Temer (2011 – 2018) más del 50% de los legisladores del Congreso Legislativo poseían cuentas pendientes con la justicia, por causas relacionadas con corrupción. Por eso, tan dañinos en América Latina han sido los politicastros, los demagogos, como los militares y los guerrilleros. Ciertamente, son castas con sus propias especificidades, hubiera sido ideal sacarlos de escena y expulsarlos. Un reto frustrante, tanto en Brasil como en los otros Estados. Por el contrario, se supone que poseen actualidad y vigencia; el puñado de sus “adoradores”, los hacen todavía más poderosos, pues ellos mismos obtienen además múltiples beneficios, se enriquecen de modo criminal, por lo que de seguido se consolida una estructura de poder, casi que de hierro, la que con frecuencia se apoya en la represión. Toda una materia prima para la psicología y la sociología política, para que nos ofrezcan conclusiones del por qué la búsqueda obsesiva del poder para el clientelismo y la impunidad se transforma, para no pocos, en el móvil de sus vidas. Así fueron las corrientes del peronismo, el priismo mexicano, el castrismo cubano, los pinochetistas, el fujimorismo, el kirchnerismo, el lumpen sandinismo de los Ortega Murillo, el chavismo y su séquito regional, - éste el máximo exponente - en quienes la ideología únicamente resulta útil como pretexto, apenas como una fachada. En el fondo, tales castas criminales, “en sí y para sí”, como diría Karl Marx, están hechas para defender sus propios intereses. O sea, conservar y perpetuarse en el poder, a costa del Estado de derecho, de las libertades fundamentales y de la estabilidad democrática. Y si hacen gala de tales principios y postulados, como en el caso de Brasil y la destitución de la gobernante, es solamente para maquillar sus insanos propósitos. Por otra parte, es un hecho cierto que las élites conservadoras, se empeñaron en hacer realidad el objetivo de colocar en la presidencia de la nación al derechista Vicepresidente de la República, Michel Temer, sobre todo, para desgastar el liderazgo y reducir las probabilidades del expresidente Lula de retornar al gobierno en el 2018. Tales élites anhelan el poder “a cualquier precio”. Por su lado, Dilma sostuvo que las acusaciones eran «pretextos» para imponer políticas que «atentarán contra los derechos sociales» que los brasileños conquistaron desde el 2000. Es la ofensiva de los políticos corruptos, resistentes al cambio; los nostálgicos de la autoridad, basada en lealtades, sobornos parlamentarios y coimas; los cínicos más enroscados en defender sus derechos y privilegios, que en pensar con generosidad en el futuro de la sociedad a la que representan (Ricci, idem). Un degradante comportamiento que reprodujeron los privilegiados dirigentes de base del PT. Al final, se desmarcaron de la mandataria destituida - valorada de modo negativo por la oposición y la prensa -, para ellos había que concentrarse en la preparación de las elecciones municipales de octubre del 2016. No es de extrañar que Temer, bajo su “Proyecto Crecimiento”, según él, “para rescatar a la economía brasileña”, anunciara en aquel entonces la aplicación de estrictas e impopulares políticas de ajuste y de austeridad fiscal; así también un portafolio de privatizaciones de empresas estatales, los activos nacionales, totalmente abiertos a la inversión extranjera, teniendo presente “las enormes riquezas de gas y petróleo bajo el océano Atlántico, frente a Río de Janeiro”, descubiertas durante las administraciones de Lula. Decisiones que en la región no siempre fueron las más acertadas, son susceptibles de causar conmoción social en Brasil, “un país rico, donde la inmensa mayoría es pobre”. El programa derechista de Temer era sumamente transitorio, se le auguró escaso éxito. En efecto, desde hace dos años la economía brasileña apenas ha crecido menos del 1.5%, se encuentra al borde de la recesión, al cabo que las políticas de ajuste fiscal, en una sociedad de insuperables contrastes sociales, frecuentemente, han sido rechazadas por las organizaciones de la sociedad civil. Ellas, en este tiempo más estructuradas, exigentes y vigilantes frente al proceder de los rectores del gobierno y de los partidos políticos. Condena los actos corruptos de los partidos que gobernaron antes del PT, los de este también. Igualmente, reacciona frente a los artilugios, en el caso específico del PMDB del anterior presidente, el cual siempre “esperó al desenlace de los comicios, para inmediatamente ofrecerle su apoyo al gobernante de turno”. Lo practicó igualmente con Lula, al colocar a Temer como candidato a vicepresidente en la fórmula electoral de Rousseff. Una alianza rota a raíz del juicio político, en la que Temer y Cunha salieron, (irónicamente) gananciosos, en lo cual cargó responsabilidades el Partido de los Trabajadores (PT), quien se apartó de la ética (Shapiro; Salvidio, idem). Se enredó en pactos bajo serias sospechas de corrupción, hechos que censuró la opinión pública; en cuenta, los desaciertos e impericia, causantes de la ralentización y el estancamiento económico. SE ABRE UN CAPÍTULO (ANORMAL) EN LA POLÍTICA BRASILEÑA. Un persistente y peligroso nacionalismo reflota por todos los rincones de la civilización occidental; sus adeptos continúan dispuestos a morir o matar por sus respectivas naciones (Carlos Alberto Montaner). Es un juego peligroso, sobre el cual se puede perder el control, al extremo que las estructuras moderadoras de las sociedades llegan a colapsar, a causa del poder de los fanáticos, los intolerantes e “incendiarios todavía más dañinos (Chris Patten). La ultraderecha nacionalista se ha impuesto por sobre la división de los partidos tradicionales. Hasta ahora el caso de Brasil es el mejor ejemplo en América Latina, en donde la izquierda no radical y la derecha liberal clásica se alternaban el poder después de la dictadura militar (Montaner, ídem). En esta ocasión, Bolsonaro ha originado incertidumbre alrededor de sus capacidades de llevar a cabo la gobernabilidad en el Brasil; desde ya cuenta con férreos anticuerpos, su menosprecio a la tradición liberal y el Estado de derecho lo delatan y lo colocan en mal predicado. Recientemente, miles de estudiantes, profesores y sindicalistas brasileños salieron a las calles al rechazar los recortes presupuestarios en la educación, instrumentados por el gobierno de Jair Bolsonaro; habrá una reducción de 30% en el presupuesto discrecional de las universidades federales. Los recortes alcanzan unos $1.800 millones del presupuesto educativo. Cuando el mandatario visitó Dallas, Estados Unidos de América, para recibir un premio replicó: “La mayoría (de los manifestantes) es militante, no tienen nada en la cabeza. Si les preguntas la fórmula del agua no la saben, son unos idiotas útiles e imbéciles que son usados como margen de maniobra de una minoría que compone el núcleo de muchas universidades en Brasil”. Aludiendo una de las políticas del presidente de rearmar a la población, a fin de enfrentar la escalada criminalidad, una de las líderes de la protesta, respondió a la provocación: “Idiota es quien decide que el porte de armas es más importante que invertir en la educación”. Se hacen cuestionamientos gruesos “al plan anticrimen y anticorrupción”, el cual flexibiliza el uso de las armas por parte de la ciudadanía. Para la mayoría de profesores y estudiantes los recortes son una represalia (ultraconservadora) a la postura de algunas universidades federales contra el exmilitar Bolsonaro durante la campaña presidencial del año pasado, quien planteó extirpar cualquier vestigio de “marxismo cultural de las aulas” (Agencias AP y AFP), así como de exigir la lectura de la Biblia en el aparato educativo. Su visión en materia de educación y cultura es la consolidación de “un proyecto de ajuste estructural nacionalista y al extremo conservador”. Él ha insistido en la protección irreversible de los valores tradicionales, tales la cosmovisión nacional, la religión, la familia, la educación, la escuela. Sin más, intentará "un ajuste estructural", sustentado en la ética y la moral conservadora, justamente contradictoria con una sociedad ampliamente diversa, cual es la brasileña. Vistas la magnitud de las recientes elecciones parlamentarias de la Unión Europea, bien se confirma el auge prevaleciente de reales movimientos políticos extremistas, son una figura socialmente divisoria y desintegradora; empujan por la causa del autoritarismo. Al erosionarse las instituciones del Estado por la falta de capacidad de responder a las demandas populares, sobrevienen los descontentos de la población, se debilita la cohesión social, de los riesgos mayúsculos de las democracias. La ultraderecha brasileña se nutrió de la inequidad en las oportunidades y la asimetría en la distribución de la riqueza y de los beneficios (Velia Govaere), factores determinantes en los incrementos de la criminalidad y el narcotráfico, males derivados, ciertamente, de la globalización. Hemos mencionado que de esas anomalías sociales sacan ventaja las formaciones antidemocráticas y autoritarias, con las que llegan a identificarse los ciudadanos, penosamente. Esta vez le correspondió el turno a Brasil con la llegada al poder de un desteñido exmilitar nacional-populista; en lo cual la derecha y la izquierda moderadas poseen una elevada cuota de responsabilidad al hacerle la vida imposible a la ciudadanía con los continuos pulsos por el poder, y en especial los actos de corrupción, también uno de los gérmenes del empobrecimiento de la nación. Habiendo en 1990 logrado ser elegido por primera vez para un cargo nacional, como diputado por Río ante el Congreso brasileño, en donde ha permanecido durante seis legislaturas; el capitán del Ejército Jair Bolsonaro fue capaz de captar como nadie “el profundo hartazgo de sus compatriotas con la vieja clase política”, a la que él, sin embargo, pertenece desde hace tres décadas. Sus posturas “antisistema”, frente al “statu quo” y el equilibrio del poder entre los partidos políticos convencionales, originaron novedad, “rompedora como él”. (NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR). En aquel “profundo hartazgo” la mayoría de los votantes exigíó “cárcel para todos los que dilapidaron el patrimonio del pueblo brasileño, avergonzaron la política y recrudecen la pobreza al delinquir con los dineros del pueblo. Tienen que pagar, sí, ante la justicia”. A las pruebas nos remitimos. Así, entonces, el 28 de octubre del 2018 el ultraderechista Jair Bolsonaro (el minoritario Partido Social Liberal, PSL) se convirtió en el nuevo presidente de Brasil. En la segunda vuelta de las elecciones, con una diferencia del 10% de los votos emitidos, derrotó de modo convincente al otro candidato Fernando Haddad (del tradicional Partido de los Trabajadores, PT), delfín del encarcelado expresidente Lula da Silva. Algunos analistas (“morbosos”) creen que el triunfo del ultraderechista se debió, en parte, a la conmoción que causó su ataque por parte de un enfermo mental, eso le permitió escaparse de los debates políticos posteriores a la agresión (Associated Press). Lo cierto es que se eligió con bravuconadas verbales y promesas de mano dura y mensajes de intolerancia (NORMA MORANDINI). El bolsonarismo todavía no está en su versión final, sino que sigue evolucionando y consolidando su ideología nacionalista, ultraderechista, el conservadurismo (Bruno Torturra), en cuenta su ideal que Brasil sea el quien ocupe la supremacía militar en la región. En cuanto a esto último, cabe mencionar que Bolsonaro es dado a “proclamar odas” a las fuerzas armadas; una de ellas consiste en alentar la memoria de los crímenes de la dictadura militar, dándole la vuelta: negándolos y elogiándolos (ELIANE BRUM). Su gobierno lo conforman cerca de 50 militares; el vicepresidente es un general y el presidente un capitán que, además, fue retirado del Ejército, aún joven, por indisciplina. La otra (oda) tiene relación con el haber alentado al Ejército a que conmemorara el golpe de Estado de 1964. Ni siquiera le interesa la reconciliación de los ciudadanos, a raíz de las heridas acumuladas, a causa del lapso del poder militar anticomunista, cuando perdieron la vida cientos de seres humanos. El ascenso de Bolsonaro al máximo cargo de la nación significa un explícito retroceso democrático, unido a las amenazas a las libertades fundamentales, aparte que su formación partidaria de carácter excluyente, puede ser cualquier figura, menos “la tea del bienestar social generalizado” y de los derechos humanos. A los pocos días, el mandatario, perversamente, expresó que Brasil no se convertirá "en un paraíso para el turismo gay". Retrató de cuerpo entero su intolerancia y rigidez; tampoco extraña, puesto que pregona la pena de muerte y “la esterilización de la gente pobre”. Refiriéndose a los comunistas, de modo sarcástico, replicó que el régimen militar debió desaparecer más personas. En lo relacionado con los derechos de la mujer, el presidente exmilitar pone al descubierto la anticultura "machista", misógina, rechazando el empoderamiento social y ecónomico de las mujeres, así como vivir de manera íntegra, digna dentro de sus comunidades. Se opone a las denuncias, vinculadas con la violencia frente a las mujeres. ECONOMÍA. La ultraderecha y los nacionalistas apuestan por las medidas proteccionistas en conjunción con la distancia relativa en torno a los procesos de economía abierta, globalizada. Todo indica que Bolsonaro aspira a construir una especie de capitalismo con el respaldo militar y las grandes compañías (nacionales, extranjeras y transnacionales), parcialmente abierto al libre comercio. “Esto quiere decir, que el sistema liberal de comercio e inversión internacional, guardián de la apertura, no sería uno de sus atractivos”, se mostrará distante de plantear "una búsqueda de menores barreras y mayor apertura. Podría ser posible su inclinación por las prácticas proteccionistas nacionalistas, imponiendo aranceles amplios, favorecedores de ciertas industrias nacionales, con lo cual habrá de sacrificar a los consumidores, ya sean los ciudadanos asalariados y otras empresas de menores utilidades (Ian Vásquez, Cato Institute). El presidente de Brasil Jair Bolsonaro y su ministro de Medio Ambiente han puesto en duda la realidad del cambio climático, por ello se han volcado a favor de incrementar la actividad minera y agraria, incluyendo en la Amazonia y zonas protegidas, esta “una zona vasta y rica en biodiversidad, y cuya preservación es esencial para combatir al cambio climático” (Agencia AP). Ambos creen que las leyes ambientales y los grupos activistas a menudo obstaculizan el potencial económico del país. Los agentes del mercado tienden a prestar mayúscula atención a la visión y los intereses del nuevo gobierno. Como sea, la lealtad del Partido de Lula por el mercado y la libre empresa hubo de poseer variantes que arrastraron incrementos en los costos en las transferencias sociales, esto en detrimento, según ellos, de la competitividad de sus compañías. La recuperación y reactivación de la economía desvelan al empresariado; por lo tanto, los planes diseñados por el gobierno ultraderechista han sido recibidos “con las manos abiertas”. Brasil está altamente endeudado. De carecerse de reforma económica la deuda pública podría alcanzar el 102% sobre el Producto Interno Bruto. Hay riesgos inminentes de recesión, aparte de que el galopante desempleo (12.4% con Bolsonaro en la presidencia) hace crónica la deuda social, lo cual puede significar el detonante de reiterativos costos sociales y políticos. La economía sigue sin despegar, mientras la oposición está desaparecida, y el Congreso entrabado, lo cual le da pie a Bolsonaro a insinuar su clausura total. En efecto, él de ninguna manera tiene el camino allanado a fin de imponer su voluntad. Para gobernar necesitará de las grandes fuerzas políticas, de las alianzas, las fusiones o cooperaciones, todas ellas impredecibles, prueba de ello llegó a ser la dupla del izquierdista Lula – y el derechista Temer, una transacción verificadora de lo antes dicho. El clima para los entendimientos y negociaciones, junto con la profundización de las libertades políticas y civiles es poco elogioso con el presidente exmilitar. Eso sí, en cuanto desarrollo económico, siendo la primer potencia regional, Brasil posee todas las capacidades y vastos factores de la producción para enriquecerse, sea para unos cuantos millonarios. El gobierno anunció que los subsidios gubernamentales serán suprimidos, únicamente las empresas poderosas de ese país pueden sobrevivir sin ellos. Pase lo que pase, es inevitable que el sector empresarial todavía manifiesta inseguridad frente a las consecuencias de la crisis brasileña entre el 2013 y 2014, lo que trajo consigo la destrucción de sectores completos de la economía. Entre el 2014, inicio de la recesión, y el año pasado, fueron solicitadas en Brasil 6.806 recuperaciones judiciales de casos de empresas en apuros, las cuales buscan en los tribunales la protección contra los acreedores - el doble de los cinco años anteriores, según la firma Serasa Experian -. Actualmente, los 20 mayores casos en estrados judiciales, involucran deudas por 156,8 billones de reales ($38.000 millones). En la lista se identifican desde empresas abatidas por el caso Lava-Jato, como OAS y Sete Brasil, pasando por la telefónica Oi, y casos recientes, como la librería Saraiva y la línea aérea Avianca de Brasil (BRASIL. O GLOBO/GDA). Brasil atraviesa “el periodo de las vacas flacas”. Tras eso el Presidente Bolsonaro, antes lo mencionamos, resiente la carencia de fortaleza en el Congreso de la República, lo cual se transforma en lastre, en lo corresponde a dar continuidad a la política económica. Por esto, al mejor estilo del activismo de los cuadros de los partidos populistas de Bolivia, Nicaragua y Venezuela, la formación ultraderechista ha copiado las modalidades de ellos de hacer política en las calles, reuniendo en las ciudades a sus organizaciones de base y adeptos fieles anticomunistas y “chovinistas”, quienes atacan los medios de prensa, con ello, presionan al Congreso Legislativo a desbloquear la aprobación de proyectos de leyes vitales de interés del gobierno. Entre los proyectos se destacan el paquete anticrimen, el decreto para ampliar la autorización al porte y posesión de armas a efecto de atacar la delicuencia; “la reforma tributaria con tal de destrabar la economía”, en aras de fomentar el empleo (Agencia Reuters); incluye el apoyo al ministro de Justicia, Sérgio Moro —el juez que pasó de estar al frente de la causa contra Lula da Silva a ocupar uno de los cargos más relevantes del Gobierno de Bolsonaro— (BEATRIZ JUCÁ). En las tácticas de hecho por parte de sus seguidores ante el Congreso, se halla la reforma al régimen de pensiones; consiste, entre otros motivos, la eliminación de los privilegios y abusos de determinadas élites, en cuenta aquellos de los funcionarios públicos, puesto que pone en riesgo la supervivencia de la asignación de recursos, a favor de dichas prestaciones, pese a que deja al descubierto múltiples complicaciones de carácter legislativo y sindical. El sistema de pensiones vigente es insostenible y muy desigual”. Las pensiones devoran el 58% del presupuesto (NAIARA GALARRAGA GORTÁZAR). La reforma, que aún tiene meses de tramitación por delante, pretende ahorrar en una década 1,16 billones de reales (263.000 millones de euros). Si bien el proyecto le ha valido a Bolsonaro “un amplio apoyo de los mercados”, en cuanto a popularidad la realidad es distinta: posee la más baja de un líder en su primer mandato desde 1992, apenas el 35% de aprobación (MAURO PIMENTEL AFP). RELACIONES EXTERIORES En su reciente visita a Washington, uno de los temas medulares de las conversaciones del Presidente Bolsonaro con el Presidente Donald Trump llegó a ser Venezuela. Se puso de relieve la notoria afinidad entre Trump y Bolsonaro, especialmente para denunciar los peligros del socialismo en América Latina. Al considerar a Nicolás Maduro un “dictador” y “títere” del gobierno de Cuba (Agencia AFP), los gobernantes de la derecha coincidieron en que ese ligamen criminal dio forma a dos narcodictaduras. Razón por la cual coordinarán acciones, a fin de aumentar la presión y las sanciones económicas, y con ello forzar la salida tanto de Daniel Ortega en Nicaragua, como de Maduro. Estados Unidos de América y Brasil apoyan “los esfuerzos del presidente encargado Juan Guaidó de encabezar un gobierno de transición y organizar nuevas elecciones”. Valga la digresión, en marzo y abril pasados, meses de alta crispación y de violencia en las calles parecía inminente la alianza de Brasil, Colombia y Argentina, tentados a invadir Venezuela para derrocar a Maduro y sus secuaces (Carlos Alberto Montaner). El alineamiento del gobierno ultraderechista con el Presidente estadounidense Donald Trump acaba de demostrarse con la decisión de cancelar los contratos de más de 8000 médicos cubanos, quienes prestaron servicios de salud a la población brasileña. Forma parte de las medidas de estrangulamiento de la economía de la Isla; la exportación de tales servicios le generó en los últimos cinco años ingresos anuales de $11.000 millones aproximadamente. Al mismo tiempo, la cesión, sin entrega de soberanía, de la base militar, aeroespacial de Alcántara, al igual que los ejercicios militares conjuntos con vistas a enfrentar el narcotráfico y el terrorismo, reflejan objetivos de seguridad continental, destinados a la conformación del eje estadounidense – brasileño en el hemisferio americano; un eje que se refuerza en términos políticos e ideológicos (Esteban Actis). Lo antes dicho, comporta a la vez un giro significativo de la política exterior de Itamaraty, la cual casi siempre se mostró contestataria a la gran potencia del norte. En cambio Trump le prometió a Brasilia buscarle el apoyo para en la OCDE, y hasta respaldar su membresía en la Alianza Atlántica (OTAN). Dicho sea de paso con las naciones de esta región, el mandatario brasileño se esforzará, más que todo, en consolidar las relaciones bilaterales con cada una de ellas, sea también en el ámbito extrarregional, esto en detrimento de las comunicaciones e interacciones dentro de los mecanismos multilaterales y de integración regional (ROBERTO GARCÍA MORITÁN), en cuenta el MERCOSUR, a quien acusa de “socialista”. Valga mencionar que ese desdén frente al multilateralismo y los sistemas de integración, llegan a fomentarlo también las organizaciones ultranacionalistas de derecha en la Unión Europea. Brasil ha emulado al Presidente Donald Trump en cuestionar el rol de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), y en consecuencia la diplomacia multilateral; al extremo que el Presidente Bolsonaro dio a conocer en su campaña electoral sus intentos de abandonarla, así como el Acuerdo de París sobre el cambio climático. De acuerdo con su mentalidad, la organización ha sido proclive a atacar al Estado de Israel, razón por la cual cerrará la embajada brasileña en Palestina. Una decisión celebrada abiertamente por los fundamentalistas cristianos, leales al pensamiento conservador religioso del presidente de su nación. El mandatario ultraderechista está de acuerdo con Trump en frenar el ascenso de China, quien, según él (Trump) roba propiedad intelectual, se ha beneficiado desmesuradamente del sistema internacional de comercio e inversión, pero incumple sus obligaciones y se aprovecha de sus reglas, así como de sus propios instrumentos de capitalismo de Estado; saca ventajas indebidas de la transferencia forzosa de tecnología, y subsidia a empresas locales. Es posible que el mandatario suramericano “imponga su criterio en cuanto a evitar su participación en la Iniciativa china de la Franja y la Ruta”, considerada como un recurso de ella para desplazar el poder de los Estados Unidos de América en la geopolítica y economía global (Nouriel Roubini). De igual forma, descarta enrolarse con la región del Asia y el Pacífico, la que varios observadores subrayan el desplazamiento geopolítico y económico a su favor, tal que la globalización de ella habrá de depender (Roubini, ídem). “China no está comprando en Brasil, China está comprando Brasil”, fueron las gruesas palabras pronunciadas en uno de sus discursos de campaña, e indirectamente hubo un ataque severo al gigante asiático, al manifestar (de manera “poco habitual” en los protocolos diplomáticos) su disposición de “reducir el comercio con países considerados como dictaduras sangrientas”. En esta línea, el gobernante de Brasilia visitó Taiwán, provocando el enorme disgusto de Beijing. En la última década China se ha convertido en el principal socio comercial brasileño, con un volumen de intercambio de 98.900 millones de dólares el año pasado. A lo largo de los últimos quince años, China ha invertido cerca de 70.000 millones de dólares en Brasil (MACARENA VIDAL LIY). La mayor parte se ha dirigido a los sectores de la energía y las infraestructuras. Pero, ante la incertidumbre desatada por los comentarios del entonces candidato presidencial Bolsonaro acerca de que “China está comprando Brasil”, la inversión directa china había caído de los 11.300 millones de dólares de 2017 a 2.800 millones en 2018 (Vidal Liy, ídem). . En desacuerdo con las tesis antichinas de su superior jerárquico, en mayo del 2019 el vicepresidente de Brasil, el general Hamilton Mourao realizó visitó al presidente chino, Xi Jinping, con el propósito de “reencauzar las relaciones entre los dos países hacia la normalidad. Una normalidad que ambos países necesitan, pese a los comentarios incendiarios contra China en la pasada campaña electoral. China se ve obligada “en su incipiente guerra fría con Estados Unidos”, se ha granjeado “más frentes abiertos”; necesita rodearse de buenos aliados, por lo que disminuir los intensos vínculos con el gobierno brasileño le sería un alto factor de riesgo, principalmente, si Brasil cediera a la ofensiva de Estados Unidos de América de dar pasos, en cuanto a limitar el papel del gigante tecnológico chino Huawei en las redes 5G en dicho país latinoamericano ((Vidal Liy, ídem). Últimamente, las tensiones entre Brasil y China se redujeron. El Gobierno de Brasilia ha anunciado que retirará su demanda ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) contra las políticas comerciales chinas sobre el azúcar. Asimismo, ha expresado su apoyo al candidato chino a encabezar la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Qu Dongyu (Ídem). No obstante, el gobierno de Brasilia tenderá a apartarse de la sociedad con los BRICS (la asociación cooperativa entre Brasil, China, India y Rusia), a cambio de consolidar la alianza con Estados Unidos de América, Israel, Colombia y el propio Chile - con este último apuntan mayormente los intereses económicos y comerciales suyos -. (ROBERTO GARCÍA MORITÁN). Es más, Bolsonaro expresó que podrá contar con Estados Unidos de América como amigo y aliado incondicional, en cuenta Israel con quien tiene en mente instalar su embajada en Jerusalén. Por lo pronto, instaló allí una oficina de intereses. Desde luego, que la reacción del bloque de las naciones árabes será de rechazo, casi absoluto, en lo relacionado con la cuestión de la embajada. En un contexto de retroceso del «orden» liberal occidental, recesión económica y polarización política (Alejandro Frenkel), es de suponer que la fuerza acumulada por la ultraderecha y los ultranacionalistas en las pasadas elecciones parlamentarias europeas le dará fuerza mayúscula a los antisistema, en particular a los peligrosos radicales brasileños. En este orden, la probable reelección del Presidente Donald Trump habrá de afianzar la derecha conservadora radical en el hemisferio. En la otra acera de la ultraizquierda tuvo su propio contexto favorable: décadas atrás lo representó el Socialismo del Siglo XXl, fundado por Hugo Chavez, a raíz del empuje del Foro de Sao Paolo, lo cual empoderó las corrientes izquierdistas en varios países latinoamericanos. CONCLUSIONES. A pesar de la unión con los militares de su país, no estamos convencidos de que la fisonomía ultraderechista de Bolsonaro lo lleve “a arrollar, de inmediato, contra las instituciones democráticas”, ni a atentar contra la vida de los opositores y los desertores del nuevo régimen ultraderechista. Tampoco que se decida a aplastar toda forma de disidencia, a diferencia de las experiencias del periodo oscuro de la dictadura militar. Difícilmente, en estos inicios, llegará a tales niveles de persecución política y autoritarismo. Dicho lo anterior, seguro que la democracia iliberal será su perspectiva. En consecuencia, una ruta también altamente peligrosa en el futuro cercano, conducente a la ruptura de la unidad nacional, lo que al mismo tiempo relegaría al Brasil a una posición marginal, en cuanto a conducción regional, puesto que la derecha latinoamericana, como sea, tiene descartado el retroceso democrático, el autoritarismo; por eso sus constantes censuras frente a los gobiernos de Nicaragua y Venezuela, incluido los propios acuerdos diplomáticos frente al discurso afín "al crimen de odio" (Humberto Hurtado Oviedo), expuesto demagógicamente por el presidente exmilitar. Ha quedado en evidencia tanto en la campaña electoral como en los comienzos de la administración gubernamental que la cosmovisión política liberal y los valores que entraña, los menosprecia el actual presidente exmilitar, cuya vocación es la anormalidad política y la división, al hacer ácidas las severas críticas a la caída de la confianza y el creciente repudio contra las élites gobernantes; en verdad, concentradas en sus propios intereses y en las delictivas conexiones políticas y económicas. Según su punto de vista, las élites son cómplices y exportadoras transnacionales de la corrupción, de actividades y emprendimientos criminales, entre ellos, el caso de Odebrecht, el cual ha salpicado a no pocos gobiernos y dirigentes empresariales de las naciones latinoamericanas. La comunidad democrática debe redoblar esfuerzos por contener la oleada populista, ya sean de derecha o izquierda, consolidan la ruta de la democracia en el hemisferio, alrededor del desarrollo humano, la cohesión y el respeto a la abundante diversidad. Las fuerzas democráticas deben hacer análisis de riesgo cuyo objetivo es anticiparse las amenazas contra los postulados de la democracia liberal de acción cívica, en simultaneidad con el reforzamiento del rol de las fuerzas políticas sensatas, forjando negociaciones y acuerdos pluralistas dando paso a la gobernabilidad nacional, a las normas fundamentales de la democracia, a la tolerancia y al compromiso con la dispersión y la dignidad pluralista; y de paso a la cooperación y convivencia regional en los más diversos ámbitos. Acaba de pronunciar el Papa Francisco que “cuando una sociedad se preocupa por la suerte de los más desfavorecidos, puede considerarse de verdad civilizada”, por lo tanto estamos escasamente convencidos que estas sean parte de las ficciosas expectativas de Bolsonaro. Más bien pareciera que él es de los que habla mucho, pero poco hace, menos aún, hará sincronía con los pobres y las minorías étnicas. Por esto mismo, hay que tomar en serio al presidente de Brasil desde ya, para que las fuerzas democráticas no tengan mañana que llorar (JUAN ARIAS). Desconocemos si Bolsonaro, apellidado “mito”, y convencido de que “Dios le ha pedido que deconstruya Brasil para reconstruirlo” a la medida de su cosmovisión ultranacionalista, populista y acoplada con el fundamentalismo religioso, ha pensado en que Brasil posee un expediente voluminoso relacionado con la sustitución de gobernantes, haciendo efectivos los principios constitucionales del debido proceso. Qué sea así, si es imprescindible en caso de llegar a una irreconciliable crispación. Lo peor sería recurrir a alternativas todavía más dolorosas y traumáticas. Nadie absolutamente desea una ruptura en Brasil en los años venideros, menos aún, habiendo sido una nación con vocación democrática de poder y con liderazgo regional (Esteban Actis). En décadas pasadas, los latinoamericanos escribieron con sangre múltiples capítulos, relacionados con el imperio de la violencia, los rompimientos institucionales, la inestabilidad e inseguridad. Frente a esas crudas realidades, la solución reside en evitar el proporcionar a los radicales (sean de izquierda o de derecha) la menor influencia en América Latina, sean los clon de Bolsonaros, los Maduros, los Castro en Cuba, los Evos Morales, así como los criminales de la familia Ortega - Murillo, disfrazados de socialistas y cristianos.

lunes, 29 de abril de 2019

CASUÍSTICA ISLÁMICA: ARGELIA, BRUNEI Y SUDÁN (PRIMERA PARTE)

CASUÍSTICA ISLÁMICA: ARGELIA, BRUNEI Y SUDÁN (PRIMERA PARTE) Los supergobernantes, un concepto expuesto por el científico social Jaime Daremblum, o los “supersátrapas”, en este 2019 entendemos que entran en la etapa de decadencia, y de paso en el temprano derrocamiento. Las presiones de las masas populares comenzaron a reclamar las libertades fundamentales y la plena institucionalidad democrática, dentro de lo cual resalta la exigencia en que las fuerzas armadas sean apenas responsables de sus roles tradicionales, es decir, los relacionados con la seguridad y la defensa nacionales. Como tal, estos aparatos habrán de alejarse de la política, de acuerdo con los resonantes argumentos de la oposición civil. El desplome de las dictaduras y sus respectivas redes de clientelismo cleptocrático se pone de manifiesto en América Latina. Les ha llegado la hora. Los colapsos de las tiranías corruptas de Nicaragua, Venezuela, y probablemente Cuba, son extensivos en África, particularmente en el mundo musulmán. Argelia y Sudán llevan la delantera. Todo apunta a cambios cismáticos; por lo que el renacer de la segunda versión de “la primavera árabe” podría estarse asomando. Las dos naciones africanas, recientemente, han derrocado a "dos autócratas envejecidos", .poniéndose fin a 20 y 30 años respectivamente de regímenes absolutistas (Ishac Diwan), de mano dura. El primer país a cargo de Abdelaziz Buteflika y el segundo bajo el poder de Omar al-Bashir, quien asumió el poder por la vía del golpe de Estado contra el supuesto gobierno civil (electo en 1996 – 2000), cuya base de apoyo ha descansado en el predominio mayoritario de los árabes y los negros musulmanes, e inequívocamente en las Fuerzas Armadas, quien lo había impuesto primero, mediante el golpe de Estado de 1989; posteriormente, reelecto, en medio de cinco procesos electorales fraudulentos, cuestionados de modo vehemente por la oposición, compuesta en su mayoría por la clase media y los gremios de profesionales, incluso por algunos sectores del islamismo. Con sus diferencias, y similitudes, como el hecho de haberse despilfarrado las ganancias percibidas a raíz del impulso del auge de los precios del petróleo de los años 2000, a favor del aumento del gasto militar, es Sudán un país con un pie en el África subsahariana negra y otro en el mundo árabe; del cual Argelia es bandera en el Magreb norafricano. Allí, en donde el pueblo de los bereberes, derivado de cómo los del antiguo imperio romano los llamaban como entonces: “bárbaros” (Guía del Mundo, 2009). En tanto, fue convertida a la fuerza en el Siglo Vll al Islam, hubo de constituir un grupo étnico, que en el pasado remoto adoptaron una mentalidad menos rígida en cuanto al obedecimiento de los preceptos del profeta Mahoma. Dentro de su identidad, el pueblo argelino conserva todavía su lenguaje ancestral (el tamazight). Por eso, son los bereberes, una cultura tan propia y connatural a Argelia, como nacida en ella, al representar cerca del 20% del total de su población. A la vez, ambos países ( los sunitas Argelia y Sudán) han llegado a ser golpeados por el fundamentalismo y el extremismo islámico. Cómo que si no bastara la dominación europea en el África, puntualmente en Argelia, quien desde fines del Siglo XVlll hasta el 18 de marzo de 1962, la fecha de su independencia nacional, hubo de soportar cruentas batallas y revueltas militares, de resistencia, frente al poder colonial de Francia; quien se adueñó de su territorio, le saqueó sus recursos económicos, en especial, la producción del trigo (ídem), bajo el humillante “algoritmo” de extracción, a la medida de “la Argelia Francesa”. Particularmente, en casi toda la década de 1990 el ejército argelino libró una aplastante guerra contra la radical guerrilla musulmana, patrocinada por organizaciones y partidos del mismo credo religioso. Tanto así, que en las elecciones parlamentarias de 1991, el Frente Islámico de Salvación (FIS), el partido fundamentalista musulmán, alcanzó una contundente victoria, inmediatamente después boicoteada por "los antifundamentalistas", quienes, en asocio con los mandos de las Fuerzas Armadas, se pusieron de acuerdo para ilegalizarlo, y por las vías de hecho desalojarlo del poder en los ayuntamientos regionales. La guerrilla islámica respondió con métodos violentos, por lo que se desató una sangrienta e irrefrenable conflagración armada, tipo “guerra sucia”. Al final, la conducta del ejército argelino en el conflicto fue severamente enjuiciada, tanto por la opinión pública como por la comunidad internacional, ocupada de la protección de los derechos humanos (Guía del Mundo, ídem). Cualesquiera de los procesos electorales eran calificados de manipulados y fraudulentos. De manera imprudente, en el escenario de la violencia, el Fondo Monetario Internacional (FMI) atizó más el fuego de la guerra doméstica argelina, imponiendo las propias políticas de ajuste estructural, en medio de una economía de guerra civil, deprimida. Lo cual acentuó el creciente empobrecimiento de gran parte de la clase media y de los sectores desfavorecidos de la población. Precisamente, afloraron los boicot frente a los diferentes mecanismos electorales, en cuenta los fallidos intentos de organizar gobiernos de unidad nacional, precedidos de negociaciones entre el gobierno y los fundamentalistas islámicos, esto con tal de poner punto final a la violencia. La inestabilidad de la administración gubernamental empeoró. El caos político se apoderó del "país bereber", lo cual solo con la llegada al poder de Abdelaziz Bouteflika se pudo remediar de forma parcial, luego de triunfar en las elecciones presidenciales de 1999. El nuevo presidente “llamó a un referéndum sobre una ley de reconciliación”. La respuesta fue masivamente positiva (98%); por cierto, con destacada participación y el apoyo de los islamistas del FIS (ídem). Asimismo, el mandatario entrante “anunció una amnistía general para quienes entregaran las armas”, y al mismo tiempo se integraran a la legítima contienda política. A pesar de que desde hace cinco años quedó discapacitado casi por completo en razón de daños cerebrales , aún así venía gobernando, a Bouteflika se le reconoce su particular éxito en la política de la pacificación argelina en los inicios de su primer mandato (1999), para lo cual debió sobreponerse frente a la resistencia de ciertas minorías musulmanas en extremo radicales, hasta el colmo que lograron eliminar aquellos líderes receptivos a las líneas de diálogo con el gobierno. En lo correspondiente a la milenaria nación del Sudán, valga subrayar que había sido construida desde sus orígenes remotos por tribus negras, asentadas a las orillas del río Nilo, entre ellas la cultura Nubia (Kushita) la cual nace a partir de 2150 a.C. Tiempo después, la tribu nubia aceptó el cristianismo, desarraigado después, pero no del todo, por la expansión musulmana. Ya en la Era Moderna, a causa de las codiciadas rutas comerciales, el comercio de esclavos, la boyante producción del algodón y las vastas existencias de oro, hubieron de satisfacer los apetitos imperialistas y colonialistas de la Gran Bretaña, así como de los objetivos geopolíticos (islámicos) de la dominación egipcia (también de los otomanos turcos), de lo cual se puso término hasta mediados de la década de 1950. En el caso sudanés, su gobierno - hoy desplazado, de paso cercano a los intereses de China y Rusia - se había convertido en enemigo de Washington, por cuanto se había alegado que ocultaba uno de los santuarios del terrorismo islámico, según la inteligencia estadounidense. Las crisis de ambos países africanos, es decir Argelia y Sudán, llegaron a compartir un sustrato económico y unas degeneraciones políticas, psicosociales, sustentadas en la represión y el clientelismo cleptocrático, teniéndose presente los privilegios excesivos de las fuerzas armadas. El pretexto del despilfarro estribó en confrontar las insurrecciones y los golpes de Estado. De este modo, los gastos militares suyos estuvieron entre los más altos del mundo, equiparables con los de Arabia Saudita e Irán (Diwan, ídem). Ninguno supo aprovechar la bonanza de los recursos petroleros en desarrollo humano, lo cual en este año hizo pensar en un efecto contagioso similar a las reyertas en Túnez y Siria, las cuales tuvieron lugar hace apenas siete años, cuando las ansias de libertad corrieron como la pólvora por la región árabe musulmana del Medio Árabe (Álvaro Guzmán). Al caer otra vez los precios del petróleo en el 2014, los ingresos fiscales de los gobiernos sudaneses y argelinos se redujeron significativamente. Las reservas acumuladas fueron insuficientes para alcanzar el equilibrio fiscal, por lo que fueron inútiles en cuanto a desplegar política social. Habida cuenta de los desajustes macroeconómicos, los subsidios, además de los servicios sociales se recortaron de manera drástica, menos el presupuesto militar que se duplicó – en Argelia “hoy representa casi un tercio de sus ingresos petroleros" -. Todo lo cual, hubo de originar los últimos levantamientos populares (Diwan, ídem), ampliamente castigados por los uniformados, ellos reacios a devolver el poder a la sociedad civil. Es un hecho cierto que las élites gobernantes, ultraconservadores y dictatoriales de Arabia Saudita y el resto de las monarquías o los emiratos del Golfo Pérsico – a excepción de Qatar - habrán de impedir a toda costa la democratización liberal, así como la apertura el pluralismo político de Sudán (al igual que en Argelia), ya que el ejército del país subhariano sigue comportándose en aliado de los acaudalados Emiratos en la guerra contra sus enemigos: los chiitas mahometanos de Yemen. Al cabo que la modernización política, habrá de significar un factor de alto riesgo, inminente en las cerradas estructuras de poder, formateadas por las monarquías del Golfo. Sudán acaba de experimentar la violenta fragmentación de su territorio, dado que Sudán del Sur, habitado mayoritariamente por los cristianos, cuyos orígenes se remontan a partir del 300 d.C, asi también la gente de religiones animistas, se colocaron en abierta contradicción y enemistad frente a los islámicos. Ambos grupos religiosos, en desventaja, reclamaron la discriminación y la marginación de las esferas del poder político y social. En particular, se contrapusieron a ser destinatarios de las primitivas y abusivas leyes de la Sharía, provenientes del Corán, así también rechazaron la lengua árabe como la oficial. Sudán del Sur, se independizó en el 2011 en el marco del proceso de paz, tras veinte años de enfrentamientos militares frente al gobierno de Sudán del dictador Omar al-Bashir, hasta ahora solicitado por Amnistía Internacional, a fin de ser acusado de genocidio ante la Corte Penal Internacional de La Haya, dados sus crímenes de guerra y de lesa humanidad en la región de Darfur, escenario del conflicto (dejó el saldo de más de 300.000 mil muertos) entre los mismos musulmanes, pero con preponderancia racial, por el cual se vieron enfrentados los “árabes – janjawid” (criadores de camellos), respaldados por el gobierno de Omar al-Bashir, en pos de liquidar los negros, dedicados a la agricultura. En cuanto al Índice de Desarrollo Humano o IDH, elaborado por las Naciones Unidas para medir el progreso de un país y que en efecto nos muestra el nivel de vida de sus habitantes, indica que los sudaneses están entre los que peor calidad de vida tienen del mundo. Cabe saber que Sudán se encuentra en el 162º puesto de los 190 que conforman el ranking Doing Business, el cual clasifica los países, según la facilidad que aportan para hacer negocios. En cuanto al Índice de Percepción de la Corrupción del sector público en Sudán ha sido de 16 puntos, así pues, está entre los países con mayor corrupción en el sector público, de los 180 países analizados (Expansión/Datosmacro.com). De los responsables directos de tales males, cabe señalar las redes clientelistas, compuestas por militares y clanes empresariales, allegados al presidente que acaba de ser depuesto. Por su parte, Argelia es uno de los países más ricos de África. Su pleno desarrollo económico y social se ha visto frenado, como consecuencia de la irracionalidad, los sufrimientos y las secuelas de las guerras internas, lo cual involucró, como hemos citado, al ejército contra los musulmanes radicalizados, especialmente durante la década de 1990 y más acá; además de las implicaciones, acarreadas a raíz de los aislados brotes y tensiones políticas y confesionales, todavía vigentes. La nación del Magreb siempre se ha destacado por contar con una tierra bastante fértil en la zona costera, sus principales producciones son: el algodón, fibras vegetales hechas con hojas de palmera enana, olivos y el tabaco. Aproximadamente, el 25% de la población se dedica a la agricultura y pesca, su sector primario es poco avanzado. Hay que destacar en su economía nacional la producción del cereal (trigo, cebada y avena sativa). Sobresale la exportación de higos, dátiles, esparto y corcho. Con todo, la máxima riqueza natural del país reside en sus grandes recursos de petróleo, gas, fosfatos y hierro. Además, la nación dispone de carbón, plomo y zinc. El 98% de sus exportaciones provienen de la venta de petróleo y gas (Edmundo Fayanas Escuer). Nos trasladamos enseguida a un relativamente distinto panorama de la sangría del ámbito musulmán, de interés humano para la civilización occidental; sin embargo, espeluznante, el cual contrasta con las expectativas (inciertas) traídas consigo por las protestas populares, escenificadas en Argelia y Sudán, las cuales tuvieron la fuerza de derribar las respectivas y añejas dictaduras militares de Bouteflika y al Bachar. En abril de este año la prensa internacional (AFP) dio cuenta de la decisión del sultán de Brunéi, Hassanal Bolkiah de castigar, sean musulmanes o no, con muerte, a pedradas, los vínculos afectivos entre gais, los insultos al profeta Mahoma, así también el adulterio y las violaciones. Con la estricta reforma al código penal, la cual se basa en la Sharía, o sea la ley islámica, se intentará seguir, nada menos, que el ejemplo y las prácticas de Arabia Saudita, reino que además aplica la crucifixión de desertores políticos y apóstatas. A partir de ahora en el pequeño sultanato rico en hidrocarburos, dirigido con mano de hierro por el sultán, situado en la isla de Borneo del archipiélago de Indonesia, a través de la legislación “novedosa” se amputará una mano o un pie a los ladrones. La legislación aprobada ha sido criticada fuertemente por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), numerosos gobiernos y ONG´s, así también por figuras del ámbito del espectáculo internacional, quienes prometieron boicotear los nueves hoteles de lujo, asociados al extravagante multimillonario y sinvergüenza sultán, quien dicho sea de paso pareciera ignorar, según lo afirma el bloguero Perez Hilton, que su hijo, “el príncipe del sultanato es homosexual”. La hipótesis resulta categórica: el despotismo, la intolerancia, la desigualdad social, la corrupción forman parte de la idiosincrasia del Medio Oriente, así también en las esferas mahometanas no árabes. Las élites gobernantes del ámbito musulmán, y sus secuaces, siempre vuelven por sus fueros, por más deseos de cambio político, habidos en sectores sociales minoritarios. Las últimas historias lo han puesto en evidencia. Egipto es hoy uno de los casos patéticos. Confiemos que las manifestaciones (“antisistema) de la oposición civil en Argelia y Sudán, sean la excepción, y puedan resucitarse los ideales de “la primavera árabe”. Tal vez nos pueda dominar el optimismo en la segunda parte de nuestra entrega de comentarios. Autor: Ronald Obaldía González.

sábado, 13 de abril de 2019

MUSEO JUAN SANTAMARÍA (ALAJUELA - COSTA RICA). Cuaderno de Cultura N° 10. Discurso pronunciado por Don José A. de Obaldía Orejuela en el salón del Palacio de Gobierno el día 15 de setiembre de 1864, cuando Costa Rica era gobernada por el Presidente Jesús Jiménez Zamora

MUSEO JUAN SANTAMARÍA (ALAJUELA - COSTA RICA). Cuaderno de Cultura N° 10. Discurso pronunciado por Don José A. de Obaldía Orejuela en el salón del Palacio de Gobierno el día 15 de setiembre de 1864, cuando Costa Rica era gobernada por el Presidente Jesús Jiménez Zamora.  Síntesis. “Invitado por el gobierno de don Jesús Jiménez Zamora, el colombiano - panameño, don José de Obaldía Orejuela, pronunció su discurso en el Palacio de Gobierno, con motivo de conmemorarse el 43 aniversario de nuestra independencia nacional. Para entonces, la celebración de una fecha patria revestía gran solemnidad cívica, por lo que era costumbre invitar notables personalidades y oradores de renombre, quienes con sabiduría y elocuencia, exaltaran su significado y trascendencia. Que el señor Obaldía conjugara en su discurso del 15 de setiembre de 1864 estos dos acontecimientos: la independencia nacional, así como la quema del mesón de Rivas (Nicaragua), esto último el 11 de abril de 1856, en el contexto de la guerra contra los filibusteros esclavistas, extranjeros, resulta significativo en nuestra identidad nacional, y de paso en nuestra cultura cívica. Pero aún lo es más que Obaldía destacara la acción heroica del humilde soldado Juan Santamaría, protagonizada ocho años atrás. Un hecho que, no obstante, había permanecido oculto o en incertidumbre en la memoria histórica de los costarricenses. A partir del discurso de don José de Obaldía, y la evidencia demostrativa aportada alrededor de Juan Santamaría, la Presidencia de la República tomó la decisión de resaltar en celebración cívica la fecha del 11 de abril con el propósito de conmemorar la gesta heroica del soldado Juan. Por parte de nuestras familias, de Obaldía de Panamá y Obaldía de Costa Rica, el 11 de abril nos anima a honrar la figura señera de don José de Obaldía, nuestro antepasado, cuyo elevado espíritu e inteligencia, lo puso al servicio de dos naciones hermanas, cuyos pueblos se profesan profundos sentimientos de solidaridad y fraternidad indisolubles.

domingo, 31 de marzo de 2019

LA POLÍTICA EN LA INDUSTRIA DEL ARTE DEL CINE

LA POLÍTICA EN LA INDUSTRIA DEL ARTE DEL CINE Confesamos que resultan modestos nuestros conocimientos estrictamente especializados acerca de las artes y las ciencias cinematográficas, cuyos más de 100 años de existencia, han tenido el poder de acaparar la atención de casi toda la humanidad. A causa de dichas limitaciones, por nuestra parte tendemos a concederle un elevado valor a las obras que incorporan la historia y la cultura, en especial lo relacionado con los movimientos y las corrientes sociales, políticas, filosóficas y humanistas. Rara vez, este género de arte e industria (Alonso Aguilar) se ha apartado de relatar y documentar, aunque sea con alguna frecuencia, aquellos hechos significativos de la historia universal. Siendo arte, orientado mayoritariamente al entretenimiento comercial, (el cine) suele en ocasiones dedicar tiempo a las vicisitudes o tempestades de la sociedad; "la imagen en movimiento" se realimenta - con frecuencia - del género literario narrativo, lo íntimo de la novela. Por esto mismo, desarrolla su acción en épocas pasadas, sean con la representación de personajes reales o ficticios. Lo cierto que algunas de tales producciones de alta calidad hubieron de proclamar "el arte de compromiso, el de denuncia frente a la injusticia, la persecución, la violencia y la degradación humana", así también lejos estuvieron de ocultar la atracción por los postulados e ideas "con tal de revolucionar el bienestar humano". Aquí reivindicamos la riqueza de la escuela de las décadas incendiarias de 1970 y 1980, a pesar del peso de diversos signos ideológicos. Esas creaciones han poseído la capacidad de convertirse, casi siempre, en documentos académicos, relevantes en la investigación social, los cuales han de servir de complemento, incluso, de colocar en constante contradicción, lo sostenido como "verdad parcial y transitoria" por el conjunto de las ciencias sociales. El cine político, comprometido, basado en hechos históricos, se resiste a desaparecer. Por el contrario, somos testigos de su resurgimiento. Quizás lo que ha variado son los temas centrales. En días recientes la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas difundió el Oscar 2019 a la mejor película; la designación recayó, con justos merecimientos, en la película "Green Book". Ella versa acerca de la relación de profunda amistad entre dos personajes: el extraordinario pianista afroamericano Maheshala Alí y Anthony Vallelonga , éste último, un hombre ordinario de ancestros italianos, quien habrá de servirle de chofer al exitoso y elegante músico. La escena del filme se ocupa de inculcar en la sociedad estadounidense la irrefrenable necesidad de superar la discriminación racial, particularmente la practicada por los nacionalistas blancos contra los afroamericanos. Todo indica que los odios, las discordias y las divisiones raciales habrán de predominar en esta industria cultural. Los alardes y los descontentos irracionales de los supremacistas blancos frente a la comunidad hispana se ocultan en la galardonada obra, o pasan desapercibidos. Solamente, la película "La mula" le otorga a la comunidad latina la poquísima honrosa posición de criminales. En ella, el Hollywood del Siglo XXl se une a las justificaciones de la construcción del muro fronterizo, propias del discurso del Presidente Donald Trump, al ligar a un retirado, pero desteñido veterano (blanco) de guerra con las redes del narcotráfico, guiadas por mafiosos latinos. Ni siquiera en el otro filme "El infiltrado del KKKlan" sale a relucir algún fragmento político y culturalmente significativo, vinculado al ascenso de los latinos o hispanos, llámese como sea, quienes al lado de la negritud, habrían de constituir los autores del temido "Gran Reemplazo" en contra de la hegemonía de los blancos (The Great Replacement). Supuesto que extrapolamos, empleando la tesis del abogado costarricense Eric Scharf, al condenar el último ataque terrorista en Nueva Zelanda contra la mezquita musulmana, esta vez ejecutado por "un lobo solitario" de la extrema derecha blanca, obsesionado por la influencia de los seguidores del Corán en la nación Oceánica. En nuestro preferido gusto por el modo en que la industria cinematográfica hace referencia de los hechos históricos políticos y humanistas, habida también del mensaje y el discurso de compromiso inherente en él, habrá que estar pendiente de lo que nos pueda ofrecer dicho arte del sangriento Medio Oriente, precedido del doloroso y aborrecible evento de las Torres Gemelas del 11 de setiembre del 2001. La pieza intitulada, "El Vicepresidente", cuyo centro de atención viene a ser el poderoso e inmutable Vicepresidente republicano Dick Cheney, en el contexto de la presidencia de George W. Bush, más bien nos varió las expectativas, en cuanto auscultar lo acontecido en el Irak, entre otros suplicios. A nuestro juicio, lo más llamativo del filme, superior a la poesía, consistió en la amorosa respuesta y la aceptación del "Halcón", en medio de una tensión familiar, habida cuenta de la inesperada confesión de su hija, al dar a conocer su orientación sexual lésbica. La escena valió el boleto. A partir de entonces, los diversos argumentos, medulares, de la película nos resultaron superfluos. Sin embargo, apostamos que el odio irracional y paranoico, explícito en "en el Gran Reemplazo", atraerá la atención del cine comprometido. Él tiene ya fuentes de consulta: las peligrosas y reiteradas manifestaciones y reacciones de los supremacistas blancos en los Estados Unidos de América, las cuales se articulan a las de Europa. Allí "los chalecos amarillos" en Francia rechazan veladamente a los musulmanes refugiados e inmigrantes. Ni qué decir que estamos hablando de los partidos y organizaciones ultranacionalistas, antieuropeístas, quienes producen suficiente material cuasifascista para colmo de males y angustias. Todos ellos sobreactúan frente al ascenso de los grupos étnicos minoritarios. Lo más extraño es el caso de Italia, en donde un partido comunista se pliega a las tendencias xenófobas de los neofascistas, un fenómeno que interpretan como real y creciente amenaza. Décadas atrás hubo una entrega filmica alrededor del ascenso del fundamentalismo islámico. En ese entonces, estaban frescas las consecuencias de la integrista revolución teocrática en el Irán (1979). Más bien, en la cinta se puso de relieve la subordinación de la mujer al hombre, mejor dicho, su descalificación social casi total. La producción cinematográfica eludió el esfuerzo de pronosticar las subsiguientes rivalidades entre las potencias y subimperialismos del Medio Oriente, a raíz de las ambiciones e incertidumbres arrastradas por el poder de los Ayatollas, a pesar de haber "demostración de exactitud". Menos aún, la comunista revolución rusa - bolchevique (octubre de 1917) pudo quedar fuera de la pantalla grande. Tenemos todavía en la retina la famosa cinta "El violinista en el tejado", producida a inicios de la década de 1970. Llegó a ser un singular documento histórico; por ello, presentada en cartelera en múltiples ocasiones, porque además de poner en escena el inicio del desplome del régimen zarista, sobresale la organización de los movimientos marxistas comunistas. Luego habrán de conquistar el poder. Al mismo tiempo, fue notoria en la película la tragedia de la diáspora judía, quien se vio obligada a abandonar las riquezas, y establecerse en New York, a causa de la grave discriminación de la Rusia zarista frente a dicha minoría. La industria cinematográfica nos remontó al aciago periodo de las entreguerras mundiales. Se narraron los movimientos de resistencia política antifascistas contra el ascenso del nazifascismo alemán de Adolfo Hitler, al igual que sus raíces en la Italia de Benito Mussolini, quien, por la fuerza militar, la concentración de masas, los simbolismos social nacionalistas propagandísticos, impulsó las ideas del panitalianismo, el expansionismo y el anticomunismo. Ambos líderes fascistas consolidaron el bloque de los países del eje, el cual incluyó a Japón, enfrentado a las potencias occidentales, guiadas por Gran Bretaña y los Estados Unidos de América. Y dicho sea de paso, hubo de convertirse en el detonante de la Segunda Guerra Mundial. Los filmes tales como "Casablanca", " Los girasoles de Rusia", "el Tambor de Hojalata", "Julia", hizo posible la proliferación de excelentes documentos, protagonizados magistralmente, entre otros, por los artistas Marcelo Mastroianni, Sophia Loren ("Un día especial") y Liza Minnelli (Cabaret). Traemos a nuestra mente a Katharina Thalbach, Michael York, Joel Grey, Jane Fonda, Vanessa Redgrave, Jason Robards, ellos como otros actores y actrices, que recrearon los movimientos antinazis, los contestatarios del Tercer Reich - posteriormente la persecución a los fugitivos nazis - ; ya fueran las circunstancias de los conflictos bélicos, el culmen de la destrucción, por cuanto acarreó el uso de la bomba nuclear, un legítimo símil de hasta adonde pueden llegar los efectos de una "guerra total". Tampoco las fuerzas políticas anticolonialistas de Asia y África, las cuales reventaron durante las décadas de 1950 y 1960, se escaparon del poder discursivo y exhortativo de la pantalla grande. El Mahatma Gandhi (la India) y Nelson Mandela (Sudáfrica), de los más reconocidos, desataron una corriente de simpatía, casi generalizada. En esto, el cine hizo lo propio en resaltar las luchas pacifistas de ellos, también de los valores éticos - políticos que las rodearon. Al cabo que en el otro extremo, el terror y el genocidio de Camboya, lo imponían los Jemeres Rojos, o sea, el Partido Comunista prochino, (1975 - 1979), al mando de Pol Pot, el líder principal de la nación, derrocado después por su exaliado el Gobierno de Vietnam; los hechos fueron puestos crudamente en escena, en uno de los filmes políticos por ahí de la década de 1990. Las naciones latinoamericanas, regidas por dictaduras militares, patrocinadas por las élites del poder tradicional, quienes violaron los derechos humanos y menospreciaron el sistema democrático, continuaron siendo objeto de exposición por parte de la industria cinematográfica. En tanto, que en Costa Rica se rodó y presentó la cinta, relacionada con el proceso insurgente de los sandinistas, el cual facilitó el derrocamiento de la dictadura de la familia Somoza de Nicaragua. En dicha linea persuasiva, salieron a relucir una variedad de películas, documentando la guerra de Vietnam (tuvo lugar en las décadas de 1960 y 1970); se centraron en la particularidad del uso letal del napalm, así como en los intereses estratégicos en juego. Actores como Robert de Niro, Jon Voight, y la bella actriz Meryl Streep protagonizaron papeles notables en las producciones rodadas. Nos salta a la memoria el filme intitulado "El regreso sin gloria", el cual representó, un análisis autocrítico o reeducativo, acerca de la conveniencia o no de las intervenciones militares; retrató la frustración, las heridas abiertas, los traumas y el repudio de una buena parte del público estadounidense frente a una guerra extracontinental, incomprensible, inverosímil, en cuyo caso estuvo lejos de poner en amenaza la seguridad nacional, al igual que los objetivos económicos del gran coloso. Bastante cerca de la entrada del nuevo milenio, el bloque comunista del este de Europa nos había enviado señales interesantes del comienzo del final de los regímenes comunistas totalitarios, amparados en el Pacto de Varsovia (1955), impuesto por la desaparecida Unión Soviética (URSS). Sobre la base de una de las obras literarias de Václav Havel - estoy inseguro si la obra fue "el Memorando" -, él, un dramaturgo e intelectual disidente que luego presidió Checoslovaquia ( EL PAÍS Miguel Ángel Villena), se proyectó un filme político, el cual ponía al descubierto el inminente colapso del bloque comunista del Este, el que se concretó en la perestroika y la glásnost, impulsadas en la URSS por el presidente Mijaíl Gorbachov. Lo cual culminó con la caída del muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. Ese resonante acontecimiento global aupó a los dirigentes de la sociedad que, como Havel, habían encabezado la lucha anticomunista. Asimismo, la pegajosa pieza cinematográfica "Moscú no cree en lágrimas", se cernía en gestos de "buenas intenciones" para con el mundo occidental, dándose a entender asomos de una sociedad civil rusa más abierta, coherente con la influencia de la perestroika. En cuanto a las disciplinas humanistas, la película "La sociedad de los poetas muertos" (1989), cuyo protagonista estelar fue Robin Williams, aporta conocimientos sólidos alrededor de la filosofía de la educación. Será la que nos habrá de convencer de la primordial necesidad de mantener vigentes las artes y las ciencias humanistas en los diferentes niveles de los sistemas educativos, aún cuando sobresalga o impere la fetichización de la era de lV Revolución Científica, o "la economía digital", mercantilista, socialmente desestabilizadora. Esto último, un modelo de economía favorecedor de una minoría de multimillonarios, el cual se sustenta en la automatización y la robotización del trabajo, por lo que fomenta la soledad en la persona. Y la que tiende apartarnos de la creación y la belleza originarias, auténticas, lo mismo que desvaloriza la dignidad y las necesidades intrínsecas de los seres humanos y, simultáneamente, las gratificantes interacciones sociales (Nicholas Agar, filósofo), despreciando, peligrosamente, la verdad que la historia humana da cuenta que son seres obligatoriamente gregarios, conscientes de lo que libremente anhelan. Autor: Ronald Obaldía González

jueves, 28 de febrero de 2019

AGRESIÓN A PERSONAS EN LA TEMPRANA EDAD EN CORRELACIÓN CON SOCIEDADES DISOCIADAS Y POSTERGADAS.

AGRESIÓN A PERSONAS EN LA TEMPRANA EDAD EN CORRELACIÓN CON SOCIEDADES DISOCIADAS Y POSTERGADAS. En nuestro artículo anterior hicimos mención al sensible objeto de la familia, quien a la vez figura entre lo primordialmente básico, e insustituible de la estructura de participación primaria de la sociedad (Luis Eduardo Sandí Esquivel; Helio Jaguaribe). Por la familia se regulan las formas de la participación existentes en una sociedad, se determina “quién es miembro y quién no lo es, en qué condiciones”. Y sobre la base de qué tipo de normas de convivencia, habrá de desenvolverse cada miembro en colectividad. En adelante nos lanzaremos a la aventura de proponer en este comentario supuestos, de por sí apresurados, eso sí, con tal de ir más allá de lo escrito en nuestra anterior entrega, cuando nos habíamos ocupado de la violencia dentro de los grupos primarios societales. Sobre todo, las consecuencias (acumuladas) en la salud mental de los individuos, afectados frente al fenómeno de la agresión, en sus diversas manifestaciones y reacciones. Helio Jaguaribe, el prestigioso científico social latinoamericano (+), reconoce que el sistema social está articulado internamente, al descomponerse por la estructura participativa (familiar y su entorno inmediato), además en otras tres estructuras (“o subsistemas”), ya sean lo cultural, económico y político. Así, entonces, explica que el subsistema cultural abarca y regla las actividades, orientadas hacia la producción de símbolos y la formulación de creencias: religiosas, filosóficas, estéticas, éticas, políticas, científicas, tecnológicas, o simplemente símbolos expresivos. El subsistema económico abarca y ordena las actividades orientadas hacia la producción de bienes y servicios; las relaciones sociales de producción - según nuestro criterio -, así como la distribución y el intercambio de bienes y servicios. Por su parte, el subsistema político abarca y mide las actividades, orientadas hacia la formulación y la aplicación de las decisiones públicas. Hemos empleado aquí la teoría de Jaguaribe, esto porque hace más de tres décadas en una de nuestras tareas como estudiantes sugerimos – algunos se extrañaron – la idea de dar forma a la especie de asignatura que denominamos “psicología política”. Al parecer la sugerencia no fue en vano, después leímos algunas publicaciones sobre este respecto. A un futuro, cabría proponer el método inductivo experimental (Ivette Meza Ortega), fundamental en la ciencia, de paso en la producción de argumentaciones todavía más racionales, válidas, por las cuales poder concentrarnos en la psique de los individuos del poder, en su compostura psicológica, el dominio de sus emociones, así también en el comportamiento de “las masas”, las redes sociales como modeladores de las estructuras internas de las sociedades. En esto no se puede prescindir de la psique de los miembros de determinado conglomerado, los protagonistas y testigos de causa de tales estructuras, variables que los científicos sociales tienden a marginar en sus enunciados e investigaciones. En nuestro caso pensamos que esto es vital para descifrar el éxito o el fracaso en el desempeño de las sociedades nacionales; en la medida que marche la salud mental de las personas imbuidas en “la política del poder”, en cómo se muestran los individuos de los diferentes estratos sociales. Son la historia y la cultura individual y la colectiva intrínsecas en las formaciones sociales, de donde se desprenden las mentalidades políticas. En esto último no menospreciamos, como dijimos, la mentalidad de los líderes, el carisma, la mentalidad, la seguridad conjunta, la cohesión social, los proyectos de vida: una especie de “coeficiente ” en la asignatura de la psicología política, a nuestro juicio, hasta puede llegar a ser lo más determinante, en lo concerniente a definir el rumbo de cualesquiera sociedades. Intentaremos fusionar los cuatro subsistemas o estructuras; para los límites de nuestro comentario, tomaremos como punto de partida la participación familiar y los conglomerados sociales inmediatos que la rodean. Todos ellos, sean “los determinantes primarios”, cuyo poder, llegan a ser capaces de programar el comportamiento de sus miembros, sean para el crecimiento espiritual, la salud física y la plena realización personal; o por el contrario, puede que se constituyan (los determinantes inmediatos) en fuentes de violencia, abusos y ciertamente “terror”. En este caso, habrán de significar los factores de riesgo, causantes de daños y trastornos emocionales: de perturbadas programaciones y heridas (Sandí Esquivel, idem), casi irreversibles, en contra de “la psique” de cada víctima en particular. Ubiquemos a los niños y los jóvenes, entre los vulnerables de ambientes hostiles, quienes luego arrastrarán un “pasado traumático”, el cual quedará activado en especie de lastre mental, pero “escondido”, condenando posiblemente el destino de los individuos que padecieron las consecuencias dañosas. Según, el psicoanalista Sigmund Freud, esa programación mental, a la vez ignorada, y frecuentemente transmitida de generación a generación (se expresa en familias y entornos moralmente fracasados, incapaces en superar las adversidades); equivale a ideas clandestinas que pululan en el subconciente (Freud). Actúan de forma similar a una especie de infierno, el cual se arrastra en la etapa que supone la vida útil, por no decir toda la vida, sobre lo cual la conciencia de la persona ejerce casi ningún control, incapaz de borrarlo, a menos que sea sometida a terapias intensas por parte de especialistas de la conducta humana. Porque, de este modo, podrá entender y comprender la raíz de sus males y trastornos, el individuo se “conocerá a sí mismo” , según Freud, así podrá tener una existencia de calidad. Dicho sea de paso, él comenzará a superar los apegos, los miedos, los traumas, los orgullos, las vanidades personales, las perturbaciones que en el tratamiento pueden impedir la curación. Asociamos nuestra argumentación a la religión, por cuanto encontramos postulados coincidentes. Para Jesucristo “el hombre malo dice cosas malas, porque el mal está en su corazón, pues la boca habla de lo que está el corazón” (San Lucas 6,39-45). Lo seguido es apenas una suposición nuestra. De uso nuestro. El famoso psicoanalista Sigmund Freud, en lugar de Jesús, “diría en el Siglo XXl” que el mal del hombre está en el inconciente o el subconciente, esa zona profunda de la mente que lo ha enajenado, la cual predispone al individuo a la maldad, la destrucción, al odio – muchas veces sin ser concientes de sus actos, pues está enfermo - . Lo mueve a cometer hechos inapropiados en las instancias de la convivialidad humana, con crónicos y severos efectos frente a los conglomerados humanos. Concatenado a lo anterior, el protagonismo de líderes enajenados y perturbados causará estragos en los subsistemas políticos, económicos y culturales (Jaguaribe,idem). Entiéndase aquellas roturas, padecidas por determinadas sociedades nacionales, tales como la ausencia de ética, el abuso del poder, la iniquidad, la corrupción que carcome, el totalitarismo, la envidia, la avaricia, el narcisismo, el odio, la violencia entre clases, el racismo y la discriminación, los daños al medio ambiente, los cuales nunca nacen de la nada, son males que hubieron de pulular en ese infierno interiorizado, fecundados por hechos traumatizantes, escondidos en el subconciente (o el corazón, la versión cristiana). Hagamos referencia entre la individualización dañada y la dinámica e indisociable articulación entre los cuatro subsistemas de Jaguaribe. Los siguientes casos nos ayudan a nuestros supuestos. Reflexionemos, entonces, alrededor de la conciencia, carcomida por la ambición, el individuo aferrado al poder; quienes defienden el estado de cosas en función de sus intereses y riquezas personales; y la aversión hacia valores de equidad y armonía con el prójimo. En el enriquecimiento del psicoanálisis, Freud debió profundizar en aquellos “infiernos”, alojados en los subconcientes, con tal de ofrecer explicaciones acerca de los individuos embriagados y enviciados por el poder, los dictadores; sobre los individuos prepotentes, discriminadores, vanidosos, carentes de rectitud moral, los que llegan a ser capaces de atropellar las comunidades subyugadas o grupos de personas. En esta línea de pensamiento nos asalta el recuerdo de aquella famosa cinta cinematográfica , llamada “Apocalipsis Now”, se proyectó en la década de 1980. En ella, uno de los principales protagonistas, abatido psicológicamente en ocasión de las guerras sanguinarias del Sudeste Asiático, habría de responsabilizar de las prolongadas y letales consecuencias a la vanidad y al odio interiorizado en el corazón o el subconsciente de los individuos, causantes de los etnocidios y de los baños de sangre, del imperio de la irracionalidad. El deprimido soldado expresó al final de la película: “el enemigo no está afuera, está adentro, en nuestra alma”. He pensado que el productor de la película de hecho había leído a Freud. Nosotros viajamos más lejos que el soldado estrella, nos trasladamos al fenómeno del odio contra los migrantes, a los diversos grupos étnicos, a la comunidad gay, etcétera, minusvalías que pueden empalmarse con la flaqueza de nuestra alma, trastocada en enemigo nuestra. En otro orden de nuestro supuesto de trabajo, relacionado con la psicología política, es dable especular a la vez acerca de la disminución en las víctimas de la hostilidad, la violencia y las humillaciones, de sus capacidades cognitivas y habilidades, emocionales, morales, físicas; sobre el deterioro en el curso de la personalidad; la pobre imagen que habrán de poseer de sí mismas. Todo lo cual podrá llevar riesgos o sacrificios en contra del progreso del hábitat social que las rodea. De verse disminuidos el intelecto, la autoestima y la autoconfianza de los miembros de determinado hábitat, dadas las gravísimas grietas y heridas entre sus comunicaciones y conexiones primarias, seguro que el encuentro de las víctimas frente al desafío, la novedad y las expectativas ante la vida, llegará a ser traumático también, así como lo hubo de ser en sus vínculos familiares, por eso los conglomerados humanos habrán de perder potencial humano, sentido de empeño y emprendimiento individual, los miembros enfermos perdieron su fuerza y motivación. La primordial e ineludible necesidad de las sociedades con expectativas de alcanzar prosperidad material y espiritual consiste en contar con miembros dotados de salud mental y física, osados y retadores. Probablemente, las bajas predicciones sobre la concepción y la calidad de vida de las personas agredidas desde la infancia, salen a relucir en el temprano desarrollo, sino en el curso de sus existencias; habrá vidas mayormente propensas a conductas enfermizas, escapistas y destructivas, a la programación de mentes débiles y escasamente tolerantes a todo tipo de frustraciones. Tampoco se aleja de la realidad el que un hábitat (natural) primario, insatisfactorio y castrante sea una de las principales causas de la pobreza colectiva. Hay una esencial indisociabilidad entre ambas dolorosas verdades. Sobre este particular de las mentalidades limitadas, el psicólogo belga costarricense Pierre Thomas (+) ya se había anticipado a través de sus investigaciones psicosociales. Su hipótesis de trabajo consistía en dar a conocer que “la pobreza material residía en la mente humana”. Por eso, menos aún, se escaparían las sociedades deprimidas, reflejo del peso ejercido por el conjunto de individuos con mentalidades traumadas, deprimidas, endebles, pobres en arrestos, baja autoestima e inseguridad personal, ayunos de horizontes. La intrínseca realidad del subsistema de participación primaria proyectará e impactará de modo desfavorable las otras tres estructuras internas del sistema social, de acuerdo con la teoría de de Thomas, y quizás de Jaguaribe. Puede que los deterioros en la economía, la política y la cultura de cualesquier naciones, posean su explicación en los modos conductuales agresivos, traumáticos, inhabilitantes, arraigados en la mayoría de los núcleos familiares; la autodestrucción y la disociación en la participación primaria resulta el precio que se paga contra la prosperidad colectiva. A veces ni siquiera intentamos renunciar a tales factores de riesgos, solo basta con acercarnos a las estadísticas de los hospitales e instituciones públicas y privadas acerca de niños y adolescentes abusados, tal vez nos conmueva la conciencia y algo aprendamos por cultura moral y cívica. Postulando a Sigmund Freud, como ejercicio argumentativo, estamos convencidos que “las guerras civiles domésticas”, las histerias emocionales, tienen su explicación en ese desconocido inconsciente actuante en la mente humana, responsable de transportar el mayúsculo dolor y no pocas veces la muerte. No perdamos la fe. Cerremos filas con la tesis del doctor psiquiatra Luis Eduardo Sandí Esquivel, prestigioso psiquiatra costarricense. La usamos además como conclusión. Expresa el psiquiatra: “Por otra parte, lo más maravilloso del ser humano es su plasticidad mental, la maleabilidad neuronopsicológica que permite, con la ayuda oportuna, cómo usted los menciona, la sanación de las perturbadas programaciones y heridas del alma, para dar cabida a una vida más plena”. Esa sanación, a nuestro criterio, es imprescindible para construir sociedades pacíficas justas, tolerantes y prósperas, al mismo tiempo en alentar soluciones de base que fortalezcan la sensación de comunidad y de responsabilidad compartida de los ciudadanos (Sasha Fisher) con buena salud mental. Tampoco es permisible “oscurecer las ilusiones”. Los portadores de vida buena, todavía tienen la palabra. Autor: Ronald Obaldía González

jueves, 31 de enero de 2019

EN LA FAMILIA SE HACE (O SE DESHACE) LA PERSONALIDAD HUMANA

EN LA FAMILIA SE HACE (O SE DESHACE) LA PERSONALIDAD HUMANA "La calle resultó mi tabla de salvación, en mi hogar conviví con unos padres bastante cercanos al agresor Herodes". Lo antes dicho, hubo de ser la confesión de aquel hombre maduro y socialmente realizado. Sin embargo, sus manifestaciones estuvieron lejos de extrañarme. De inmediato pudimos inferir el ambiente de violencia intrafamiliar, el cual debió afrontar en sus primeros años de vida. Dejamos expresar libremente los sentimientos y las enseñanzas de aquel benevolente y valeroso caballero. Sin guardar silencio, luego se tomó la libertad de continuar relatando la estructura de respaldos, o mejor dicho, lo que recibió y reconstruyó, equivalente a grupos primarios suyos, lo que en la calle encontró, dichosamente, para sobrevivir; lo recién menospreciado por conspiradores y malvados, quienes montaron la huelga de 89 días, inducida a perjudicar el sistema educativo y simultáneamente la economía costarricense. La apertura del emisor de esas palabras crudas, significó para nosotros una "relación interhumana", fuimos testigos de la catarsis del otro, deseoso del diálogo, y ser comprendido. Nos relató parte de su historia, eso de haberse criado en la calle - no es el primer ser humano - , pues allí buscó y encontró la estructura de cultura humanista, solidaria, cooperativa y apoyos sociales, resultante de la educación formal y las redes informales. Lo que pasa por el desarrollo de contactos, conexiones sociales y emocionales positivas, edificantes, entre niños, jóvenes y adultos; además de la acción comunitaria que, inobjetablemente, a él le sirvieron de apoyo (King, K.A. & Vidourek R.A. 2012), y fortaleza, habida cuenta que así se impuso a la grave y permanente rotura de relaciones significativas, entre ellas su familia y allegados cercanos, quienes le negaron el imprescindible afecto y la buena comunicación (Víctor Ml. Mora Mesén), tanto de lo que depende, sin excepción, todo ser humano, a fin de asegurarse autoconfianza, el uso del buen juicio, la convicción en valores constructivos, amor propio y tenacidad, en la misión de enfrentar en su crecimiento las vicisitudes y los inconvenientes de la vida real. Dos científicos de la conducta humana, Kin y Vidourek, señalan la importancia clave de crear fuertes, y fructíferas conexiones entre el adolescente, la familia, la escuela y la comunidad en que se reside, dentro de lo cual sea altamente valorado el arte, el deporte, el compromiso cívico, el bien común dentro de la comunidad, a través de la participación ciudadana, entre otras dinámicas sociales. En sus investigaciones reconocen claramente que la verdadera conectividad familiar ayuda a prevenir la depresión y el suicidio adolescente, incluso si el joven se encuentra aislado de sus compañeros, o rodeado de convivencias sociales precarias, erosionadas. Estos últimos entornos que constituyen la fuente principal de desviaciones y anomalías conductuales, tan individualizadas como colectivas, erigidas en opciones, puestas en la mesa a los colectivos vulnerables: los adolescentes y los jóvenes. Si falla gravemente la saludable y beneficiosa conectividad dentro del grupo primario, los dependientes de los progenitores habrán de ser víctimas, con suma frecuencia, de eventos traumáticos, internalizados. Pero, casi siempre (los eventos) desconocidos, imperceptibles, actúan en lo recóndito, por cuanto poseen la capacidad de enquistarse dañinamente en el inconsciente de cada uno de ellos, programando o mejor dicho condicionando - de modo involuntario - el comportamiento del individuo, seguro para el resto de sus vidas (Doctor Luis Sandí Esquivel). A la vez en su edad adulta es de suponer que aquellos incidentes traumáticos, castrantes, tendrán severas consecuencias en su desempeño académico, en los vínculos interpersonales, todavía más en el mundo del trabajo, en donde podrían manifestar conductas disociadoras. Citemos los posteriores deterioros en la salud, la adopción de conductas agresivas, delictivas, adictivas, la ausencia de gozo, las deficiencias en el aprendizaje y las dificultades de los individuos afectados en cuanto a alcanzar plena realización y óptimas interacciones con quienes los rodean. Todo ello, el producto de lesiones que actúan como un lastre irreversible en el curso del desarrollo de la personalidad. Llama la atención la continua y simplista retórica alrededor de la familia. Pero a veces dejamos al lado que estos núcleos primarios de la sociedad suelen ser en su interior centros de violencia, inseguridad, en perjuicio de sus miembros, habida cuenta de (multi) factores determinantes, entre ellos, la ignorancia, la violencia heredada, la frustración de la pobreza, así también, su antónimo: la compulsión hacia las posesiones materiales y el consumo desmedido, es decir, el culto a la "personalidad mercantilista". El antivalor, que de manera equivocada, coloca en el lugar marginal el afecto y las sanas interacciones, aunados al abandono o ausentismo de los progenitores, los entornos o ambientes intolerantes y rígidos, en correspondencia con el exceso del autoritarismo de los encargados de las familias. Antes dijimos que tales patologías tienden a repercutir gravemente en los más vulnerables de esos grupos, ya sean los niños y los jóvenes, movidos en su edad adulta a repetir patrones violentos, enfermizos, a causa de sus primeras y indeseables conexiones, las cuales habrán de definir una personalidad deteriorada, sustentada en bases inseguras, derivadas de conexiones primarias traumatizantes y deformantes. Nos comentaba hace unos días un reconocido científico de la conducta humana que los mejores líderes, emprendedores y sujetos talentosos, en la mayoría de los casos, provienen de familias tolerantes, permisivas en estimular la creatividad, la sana comunicación, la instauración de límites justos, racionales y proporcionados. En cambio el trato autoritario, agresivo, humillante, desamorizado, castrante y discapacitante, de no pocos responsables de los grupos familiares corrían en sentido inverso: tienden a disminuir el potencial y las capacidades intelectuales de los críos, a sembrar el temor a la libertad y la novedad, a originar personalidades débiles a la hora de enfrentar el riesgo y la amenaza a la creatividad. Lo antes expuesto, podría condicionar nocivamente el comportamiento futuro de los perjudicados, les marcará su vida, los pondrá en desventaja; puede interpretarse como el (des) hacerse, dominado comúnmente por una estructura mental, defensiva, negativa y derrotista, elusiva al progreso personal y colectivo, societal, en correlación con una incorrecta salud mental, la aparición de síntomas tempranos de enfermedades, el correr de las inseguridades y los padecimientos de la baja autoestima personales, resumidos en una especie de programa complejo, irreversible, nacido de las profundidades del alma y la mente (Sandí Esquivel, ídem). Difíciles, después, ser superados por las víctimas, a menos que sean intervenidos a tiempo, mediante terapias médicas y psicológicas, las ciencias que contribuyen a subsanar los padecimientos y los daños morales, psicológicos, sufridos por ellas en los primeros años de la vida. Las asignaturas de la niñez y la juventud rara vez son objeto del trabajo intenso y tenaz de los Estados Nacionales, lo mismo que de las organizaciones internacionales, estas solamente dedicadas a la producción de documentos retóricos, carentes de fuerza política e institucional. El debate, el examen y las soluciones debidamente prácticas resultan insuficientes. Las padecimientos de estos grupos etarios ocupan una posición periférica en las políticas públicas, sino es que pasan desapercibidos, a diferencia de otras sensibilidades de las agendas seculares ya sean las nacionales y la global, las cuales generan réditos por estar y ser vistos. Hay instituciones de Costa Rica, que requieren el máximo respaldo, quienes generosamente se han comprometido con la salud y el bienestar de los niños, adolescentes y jóvenes, entre ellas, el Centro Infantil y Juvenil del Hospital Nacional Psiquiátrico, el Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), algunos programas del Patronato Nacional de la Infancia, así como la Unidad de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños. Por eso, también constituye un magnífico respiro la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, guiada por el Papa Francisco, evento que seguimos con cuidadosa atención, en especial los discursos del Papa, en donde se denota estar la disposición "a reaccionar ante la intensidad y perplejidad de los cambios que como sociedad estamos atravesando", cambios que no necesariamente arrojan un clima de seguridad y esperanza, alta calidad de vida y realizaciones éticas a los dueños del futuro de las sociedades. Ronald Obaldía González