jueves, 18 de junio de 2026
LA OMNIPRESENCIA DE DONALD TRUMP EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL (SEXTA PARTE). Autor: Ronald Obaldía González
LA OMNIPRESENCIA DE DONALD TRUMP EN LA POLÍTICA INTERNACIONAL (SEXTA PARTE). Autor: Ronald Obaldía González
Certezas, mínimas; incertidumbres, innumerables. Donald Trump, el Presidente de la nación más poderosa del planeta dio un giro a la política exterior de su Administración. En la campaña electoral había prometido abstenerse de ser autor en las luchas armadas, pero a lo último se decidió por el recurso de las opciones militares, el cual se ha impuesto sobre los métodos de la solución pacífica en ambientes disruptivos, beligerantes o en las escaladas de contextos agitados.
Mi aprecio y admiración por los Estados Unidos de América y por el Estado de Israel son inquebrantables. No obstante, mantengo serias reservas, respecto de determinadas visiones de política exterior y operativos militares, impulsadas por el Presidente Donald Trump, en la medida en que privilegian enfoques intervencionistas y el empleo de la fuerza en las relaciones internacionales. Asimismo, nos preocupa lo que considero un distanciamiento de algunos de los postulados, principios y valores fundamentales de la democracia liberal, tradición política que constituye uno de los pilares esenciales de la civilización occidental.
El derecho internacional parece haberse convertido en un capítulo estacionado dentro de una cápsula académica. Menoscabado y debilitado, adolece de una creciente ineficacia jurídica y de escasa trascendencia en el convulsionado escenario mundial. Irán parece haber comprendido esta tétrica realidad. Por ello no escatima esfuerzos en avanzar hacia la producción de una bomba atómica, desoyendo las resoluciones e inspecciones de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), así como los tratados destinados a regular la proliferación de armas de destrucción masiva.
El sentido de una mundialización inspirada en principios humanistas se ha ido erosionando. Los valores que sustentaban el orden global pierden fuerza y ya no se percibe una dirección democráticamente civilizatoria. Los acuerdos para limitar las armas nucleares muestran signos de debilitamiento; mientras tanto, naciones como Japón y Alemania avanzan en procesos de rearme, una tendencia inquietante.
A ello se suma el comportamiento de los precios del petróleo, una de las variables de mayor incidencia sobre el curso de la economía internacional, que el propio Estados Unidos de América acusa. En los últimos días la inflación alcanzó ahí el 4.2%, se lo está cobrando la opinión pública, por lo tanto, es casi probable que incida negativamente en las elecciones de medio periodo.
Lo antes dicho pone de manifiesto que la golpeada concepción de la globalización y, particularmente, del libre comercio, ha ido perdiendo gradualmente sus propios preceptos y construcciones afirmativas, tangibles, heredados del orden internacional de la posguerra, la cual arrancó tras la caída formal del nazismo en 1945, inmediatamente después de la rendición incondicional de las fuerzas armadas de Alemania.
El orden internacional nació de ese periodo, basado en valores, normas, institucionalidad y alianzas multilaterales,- en este tiempo fragmentado, irrespetado por las potencias hegemónicas - cuya influencia reside en los fundamentos de la democracia liberal, sea en 1945 la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), de lo prominente, junto con la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948).
De igual modo, los Acuerdos de Bretton Woods (vigentes desde 1945), diseñaron el sistema financiero global de la posguerra, cuya misión estriba en la prevención de las crisis cambiaras destructivas o turbulentas, las cuales dieron origen al Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo, hoy un ente sustantivo del Banco Mundial, cuya misión entraña.
El Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), un tratado multilateral, se estableció en 1947, cuya finalidad consistió en regular el comercio mundial hasta 1994, con vistas a facilitar el comercio internacional, bajo normativa justa. A partir de 1995 la Organización Mundial del Comercio (OMC) sustituyó al GATT, expandió las funciones de la organización precursora, asumiendo el comercio de servicios y la propiedad intelectual.
Sin embargo, las medidas nacionalistas, proteccionistas, de la Administración Republicana de Donald Trump, con la aplicación de aranceles a las importaciones estadounidenses, equiparables a medidas de presión de carácter geopolítico, han ido minimizando el rol de la OMC. Así, entonces, lo afirmativo de la posguerra en materia de libre comercio (fundamento del liberalismo económico), Trump lo distorsiona, y de paso ensombrece todavía el panorama de las relaciones globales, entrabando la apertura en los negocios comerciales. A este sombrío panorama las amenazas, aún explícitas, sean el covid – 19, él ébola (en África) y el hantavirus, o nuevas pandemias rodean al planeta de creciente inseguridad y riesgo.
Del mismo modo, la confrontación por la vía de la fuerza militar entre Rusia y Ucrania, así como la de entre Estados Unidos e Israel frente a Irán, adquieren rasgos distópicos, generando desasosiego y trastornos en los intercambios comerciales internacionales, particularmente en las cadenas globales del suministro de petróleo y sus derivados, habida cuenta a los bloqueos marítimos por el Golfo Pérsico. Todo ello evidencia las imperfecciones de un orden internacional que, en múltiples aspectos, termina debilitado, o a la zaga de los intereses geopolíticos, acentuados en determinadas potencias planetarias.
La oleada autoritaria, nacionalista, populista, proteccionista engendrada desde Estados Unidos de América y Europa habrán de ir mermando, peligrosamente, la resistencia del liberal Orden globalizado, surgido de la posguerra. Asimismo, China y Rusia lo han venido torpedeando, este último de manera incisiva, arrastrando a sus huestes a la extrema derecha, nacionalista del viejo continente. Las dos naciones regidas por autocracias plantean exportar al planeta entero la teoría política doméstica suyas, de naturaleza totalitaria, aunada al recurso del control político represivo.
En el caso particular de China, que opera bajo el sistema del capitalismo económico de Estado pragmático, prescinde abiertamente del liberalismo político pleno, pues el Partido Comunista lo subordina al ejercer un poder centralizado en la sociedad china. Se ocupa de desdeñar la democracia liberal, confabulan contra la rectoría de los EEUU y Occidente alrededor del orden internacional, del que intentan distanciar a las naciones del Sur Global.
En detrimento del Sistema de la Organización de las Naciones Unidas, entelequia global de la paz, la seguridad y del desarrollo humano, a causa de la pérdida de credibilidad, la ONU resultaría desplazada ante la postura de Trump, correspondiente a la conformación de un organismo denominado Junta de Paz (Board of Peace en inglés), presentado en enero pasado, aunque sin el respaldo de las potencias europeas. Mediaría en conflictos, al margen de la casi insolvente ONU, a quien Trump critica “su ineficiencia”; a ella le ha cortado financiamiento, decisiones que originan escepticismo acerca de su futuro en el lisiado orden mundial.
Es un hecho cierto acerca de la incapacidad de la Organización multilateral, otrora una certeza del orden global; se encuentra en franco declive. Siquiera habría de demostrar habilidades en poner pausa a la guerra en el Líbano, cuando allí el imparable recrudecimiento de las hostilidades y el consecuente baño de sangre ni inmuta al ejército de Israel y ni al terrorista movimiento islamista Hezbolá, tutelado por la teocracia chiita musulmana de Irán.
En relación con las hostilidades entre Ucrania y Rusia, iniciada en el 2022: allí donde hay ausencia de vencedores claros, lo cual ha desembocado en estado de destrucción mutua, la ONU ha quedado excluida de cualesquier consultas y negociaciones, por orden del propio mandatario estadounidense. A propósito, al convertirse en un productor clave de la industria de la defensa, particularmente en la fabricación de drones, bajo el financiamiento europeo, Kiev se ha tornado en “hueso con hormigas” para Moscú (Evian, Francia. AFP, 17/06/2026).
Las fuerzas armadas de Vladimir Putin, mientras el Kremlin continúa reacio a entablar negociaciones de paz convincentes, comienzan a mostrar signos de desgaste y debilitamiento. A ello se suman las sanciones internacionales impuestas, principalmente sobre los sectores del gas y el petróleo, las cuales constituyen un factor de riesgo significativo para la estabilidad económica y estratégica de Rusia.
Al desmentir que la Alianza del Tratado Atlántico (OTAN) será una alianza en perpetua expansión (AFP), Trump continúa acentuando las diferencias y la polarización con los miembros de la Organización. Cuestiona su valor, pues según él, Europa es receptiva (y tolerante) a la inmigración, le ocasiona inseguridad e inestabilidad: susceptible de perder en el futuro próximo su identidad étnica, social, política, cultural, ante el arribo de musulmanes, africanos y gentes de otros confines que se adueñan de sus territorios.
En instancias políticas occidentales crece la visión del sistema de seguridad transatlántico al igual que el nuevo orden mundial, sostenido por Europa en unión con Canadá. La Casa Blanca aduce que se le negó cooperación en la guerra de Irán, ni hubo consenso en torno a conformar una coalición internacional, encargada de garantizar la seguridad en el Estrecho de Ormuz. Lo antes dicho lo utiliza Rusia a favor de sus intereses, al empeñarse en fracturar la alianza atlántica, lo que le allana el camino en lo tocante a apoderarse del territorio de Ucrania.
Obvio que Vladimir Putin, el Presidente de Rusia, no solo se limita a tener influencia en Europa y Pekín, además se acerca a América Latina ofreciendo tecnología militar a determinados países, sean México, Brasil, Venezuela, Bolivia. Asimismo, China le sigue sus pasos aumentando su comercio, inversiones y créditos financieros.
En el contexto geopolítico, mediante una respuesta ajena a los mecanismos multilaterales, arraigados en el orden internacional, el continente americano entra en los planes y ambiciones expansionistas de Trump. En su “Estrategia de Seguridad Nacional”, en la cual especifica los intereses y “prioridades internacionales y principios para interactuar con el mundo”, se convierte al continente americano “en eje de atención, pero no a partir de la cooperación” hemisférica y los valores democráticos liberales, “basada en objetivos mutuamente compartidos (enunciado del orden liberal), sino que se hace referencia a acciones “que rozan con el intervencionismo” añejo.
Reviviendo “la preeminencia estadounidense de la Doctrina Monroe, proclamada en 1823… se atribuye “unilateralmente el derecho de dominio hemisférico frente a otras potencias” extracontinentales (Periódico La Nación, Costa Rica. Editorial, 10/12/2026), principalmente las inquietantes a su seguridad nacional: China y Rusia, incluso las naciones europeas, a quienes pasa descalificando.
La tesitura favorecedora del Estado Palestino, de las convicciones tradicionales de la organización multilateral (ONU), está bastante cerca de “desecharse”. Los repuntes confrontativos están por encima de ese “interés marginal”. En los últimos tiempos el Estado hebreo ha expandido sus dominios territoriales en Cisjordania, extendiendo colonias. Decidió controlar el 70% de la superficie de la Franja de Gaza; incursionó más allá de los Altos del Golán, apoderándose de adicionales tierras de Siria.
Con el propósito de eliminar por completo la organización terrorista Hezbolá, avanza velozmente en el sur del Líbano, en la ocasión “su nueva zona de seguridad”. En días pasados el Periódico El País de España informó que, a raíz de las contiendas con los vecinos citados, unidos a objetivos de expansión, Israel ha logrado ocupar aproximadamente 1000 kilómetros cuadrados de territorio. De hecho, Israel tiene el derecho a defenderse de amenazas en los diversos frentes, en cuenta el Líbano. Mientras tanto la ONU pasa desapercibida en el violento escenario del Medio Oriente.
Si observamos el caso del enclave de Gaza, difícilmente pueden anunciarse progresos ahí, en torno al abandono de la guerra como instrumento de acción, dado que el conflicto ha estado marcado por profundas fallas estratégicas y por excesos de una gravedad extraordinaria. Aparte de que es irrefrenable la violencia.
La cuestión del Líbano es deprimente, nación dotada de un gobierno inepto, a quien irrespeta la organización terrorista Hezbolá, inmiscuida en la lucha armada del Medio Oriente, al salir en defensa de Irán, quien lo ha auspiciado. Aunque a veces abandonado por los Ayatolás, al seguir concentrados con el curso de las disputas frente a EEUU e Israel, lanzando misiles a las naciones del Golfo Pérsico.
Las escaramuzas bélicas o las violaciones del transitorio alto el fuego entre las Partes contendientes (EEUU, Israel frente a Irán) resultan imparables, así como las sanciones y bloqueos económicos y al sistema portuario iraní, a menos que sea realidad la firma del Memorándum de Entendimiento (MOU), el cual se negocia, bajo la mediación de Pakistán. Nuevamente en esto último la ONU ha carecido de asiento, poniendo en mal predicado al multilateralismo.
El comunismo convencional, otrora principal contrapeso del capitalismo mundial, ha terminado convertido en una reliquia histórica dentro del tablero geopolítico contemporáneo. Cuba, su último bastión emblemático en América, se encuentra sumida en una grave crisis económica y energética, que hiere las bases mismas de su modelo político. Ante tal deterioro, no faltan quienes consideran que la isla podría quedar expuesta a presiones cada vez más intensas desde Estados Unidos, donde influyentes sectores del exilio cubano en Florida mantienen como objetivo estratégico la sustitución del régimen vigente.
Al anticomunismo de Trump le estorba que a escasos kilómetros del territorio de la Unión Americana halla una isla, regida por un régimen antípodas del capitalismo, otrora aliado del bloque soviético, aún más: ubicada dentro una ruta marítima de relevancia geopolítica. Las certezas socialistas en el orden global suponen el completo debilitamiento. Lo cual da lugar al cinismo, léase la reciente declaración de Trump al denominar a Venezuela, sin el menor recato, como el Estado 51 de la Unión Americana.
Ciertamente, las reiteradas intervenciones militares de Estados Unidos de América han menoscabado su credibilidad dentro del actual escenario global: un entramado cada vez más complejo y crítico, que algunos analistas describen como un verdadero «nudo mundial». No obstante, ni China ni Rusia —potencias autocráticas con innegables aspiraciones geopolíticas de influencia imperial— reúnen las condiciones éticas ni políticas, en aras de inspirar plena confianza como sujetos alternativos del orden internacional. Lejos de ello, ambas naciones carecen del capital diplomático necesario, en cuanto a presentarse en gestoras de la paz duradera, la seguridad colectiva, la estabilidad global y los valores asociados a la gobernabilidad democrática, fundamentada en los derechos humanos.
Los episodios de Ucrania, la Franja de Gaza, Taiwán, Hong Kong, las contiendas en los espacios y límites marítimos delatan a ambas potencias. Europa y el Asia Pacífico señalan a Rusia y China, respectivamente, en fuentes de inseguridad, y prepotentes. Al tiempo que persisten en su objetivo de configurar una arquitectura antiliberal, sin EEUU y la Unión Europea (UE), sustentada en la distribución descentralizada del poder global.
O sea, según los rusos y los chinos el mundo “debe ser regido por múltiples centros de influencia soberanos e independientes, libre de normas legales tradicionales con consensos, ajenos “a los ideales occidentales sobre derechos humanos y libertades políticas y civiles”. Sostienen que ningún país tiene derecho a interferir en los asuntos internos de otros países, bajo el pretexto de defender los derechos humanos o los principios democráticos liberales. Exponen que cada civilización tiene derecho a definir sus propios sistemas, basados en sus historias y tradiciones políticas (Anadolu Ajansi, la agencia de noticias oficial y estatal de Turquía).
La argumentación antes señalada habla por sí sola. Simplemente, que el mensaje de ambas potencias autoritarias contrastan con los enunciados del orden global liberal. Vayamos cerca. En relación con América Latina, la propia Rusia asume el rol de protector de las dictaduras de Nicaragua, Cuba y Venezuela. Asegura que Washington las ataca, razón por la cual obliga a Moscú a salir en defensa de ellas. Advierte Putin “que ahora más que nunca” lo requieren, en iguales términos que lo practica con la lejana dinastía excéntrica de Korea del Norte.
China tampoco se queda atrás, son sabidos sus negocios de extracción desmedida de oro en Nicaragua y de la influencia política y económica ejercida ahí, similar a lo registrado en Venezuela, antes que fuera derrocado Nicolás Maduro.
Concurren factores mitigadores que alejan determinados riesgos mayúsculos en términos globales. Durante la visita de Donald Trump al autoritario régimen de Pekín (la amenaza superior de EEUU), quedó en evidencia que permanece intacto el pragmático acople de los intereses y prioridades (o la interdependencia) de naturaleza capitalista entre las dos principales potencias económicas y tecnológicas del mundo.
Ello ocurre a pesar de las rivalidades geopolíticas y comerciales (“la guerra arancelaria”), de las disputas en torno a los minerales críticos (las tierras raras, etcétera) indispensables en la economía digital, así también en la compleja cuestión de Taiwán, territorio que depende en suma medida del respaldo tecnológico, militar y de seguridad, proporcionado por Washington.
En esta línea, China ha evitado suministrar armamento a Irán; e incluso podría colaborar en la reapertura del Estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica de cara al comercio mundial de hidrocarburos. La posición responde, en buena medida, a que la nación persa constituye un significativo proveedor energético de la economía china. Por lo tanto, Pekín es uno de los perjudicados frente a una prolongada interrupción del tráfico marítimo en la convulsionada zona.
IRÁN Y EL AVANCE DE LA DISTOPÍA GLOBAL.
A pesar de las invasiones, el aislamiento internacional, las sanciones económicas, el congelamiento de activos y los bloqueos impuestos contra su economía, la República Islámica conserva una parte significativa de su capacidad militar, al cabo que el régimen político continúa sobreviviendo (“y resistiendo”). La disputa en torno al Estrecho de Ormuz, el enriquecimiento de uranio con potencial aplicación militar y la eventualidad en que más naciones árabes se dispongan a trascender en las relaciones diplomáticas con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham, constituyen factores que le aceleran las pugnas geopolíticas y militares, además del fondo religioso, el cual forma parte de las contradicciones explícitas.
Un inminente arreglo entre Washington con la alianza de los Ayatolás y la milicia de Hezbolá, dista de coincidir con los intereses del Gobierno del Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, quien insiste en completar su misión y operativos militares frente a Irán, ello interconectado con la eliminación de los chiitas musulmanes de Hezbolá, que arrastra a la decaída organización palestina sunita de Hamás.
El Gobierno de Netanyahu observa con desconfianza cualquier acercamiento o negociación con su archienemigo Irán, mientras que el gobierno teocrático de los Ayatolas mantiene una retórica fijada a cuestionar la existencia del Estado hebreo. Paralelamente, las fuerzas armadas a cargo del Primer Ministro, Netanyahu, continúan arremetiendo contra los grupos armados aliados, o proxis de Teherán en los distintos escenarios de dicha región.
Trump recibe críticas internas dentro del Partido Republicano, las cuales no lo hacen retroceder, pese a que las encuestas acerca de las elecciones de medio periodo le desfavorecen. De perderlas le restarían dominio y control político en Washington. En la guerra en el Medio Oriente no ha ganado lo proyectado desde un inicio, todavía Irán conserva capacidad militar: no como antes, cierto. Y el gobierno de los Ayatolas se mantiene vigente.
Algunos “Halcones militares” de Washington y no pocos críticos señalan que el fondo del posible acuerdo de paz, o el cese al fuego, es decir el Memorándum de Entendimiento, negociado con Irán, será como el que firmó el Presidente Barack Obama con Irán en el 2015 (el Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés). Sus detractores aducen que se han incumplido los objetivos iniciales de la guerra, apenas se alcanzó una modesta tregua iniciada el pasado 8 de abril (a veces irrespetada), prorrogable por 60 días, “en medio de versiones cambiantes y discrepantes” de ambas Partes. El arreglo definitivo de temas clave, relacionados con los proyectos nucleares de los Ayatolas, así como el control del Estrecho de Ormuz quedan postergados, o sin definitiva solución, aun cuando opere el desbloqueo.
Los misiles iraníes habrían de continuar causando fuertes daños en las bases militares estadounidenses ubicadas en varias naciones árabes del Golfo Pérsico, y tampoco renunciará a repetirlos, lo cual pone al descubierto la naturaleza terrorista de la teocracia gobernante. A su vez, con ese material bélico han creado daños a la infraestructura de los energéticos de las monarquías del Golfo. De ahí que se hayan reducido “las acumulaciones estratégicas de petróleo”. El conflicto bélico ha originado un algo costo económico; “ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas globales de suministro, especialmente aquellas vinculadas al transporte marítimo, los hidrocarburos y las materias primas estratégicas".
En medio de un repunte confrontativo, agudizante de la deriva devastadora en el acorralado país de los Ayatolas - que días atrás restó fuerza a las “negociaciones, entre EEUU e Irán, ya de por sí enconadas” - , del lado de Washington se planteó la posibilidad de utilizar a nivel de compensaciones de guerra, los activos iraníes, embargados, a causa de las sanciones. Sean más de $100.000 millones, a fin de realizar tareas de reconstrucción en los países del Golfo aliados, tales como Kuwait, Bahréin, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros miembros del Consejo de Cooperación del Golfo Pérsico. Lo antes dicho, a la vista de los ataques iraníes que han convertido a las bases estadounidenses en el Medio Oriente en "blancos" directos.
La endurecida medida en cita llegaría a reforzar la alianza de EEUU con los Estados del Golfo, quienes han experimentado daños “directamente por albergar bases militares estadounidenses y que ahora cooperan más en la congelación de fondos iraníes” (The economist, 07/junio/2026).
En las negociaciones EEUU le aplica a Irán “garrote y zanahoria”, en lo alto de las negociaciones, previo a una tregua acordada. Con frecuencia, Trump autoriza ataques moderados contra objetivos iraníes, como medida de fuerza para avanzar en los arreglos políticos y demostrar así su poderío. Eso sí, “negocia con bombas”. El estadounidense acaba de amenazar a su enemigo con dichas operaciones de rehusarse a firmar el polémico “Memorándum de Entendimiento (MOU).
Sin embargo, todo ello ha estado lejos de lograr la capitulación de la Guardia Revolucionaria del régimen teocrático. Más aún, Teherán condiciona las confidenciales negociaciones de un acuerdo con la Casa Blanca a la desescalada de las hostilidades entre Israel y Hezbolá (aliado de Irán) en el Líbano, país árabe sumido en un caos económico y humanitario, casi sometido por las fuerzas armadas hebreas. Es de prever que el Memorándum contemple la desactivación de los combates.
La popularidad de Trump ha caído por los suelos a solo cinco meses de las elecciones de medio mandato (Macarena Vidal Liy. En: El País – España, 9 de junio del 2026). Una encuesta realizada por SSRS “reveló que el 77%, incluida una mayoría de Republicanos, afirma que las políticas del Presidente han elevado el costo de vida”.
Él se mantiene intranquilo pues los precios de la gasolina en EEUU se han disparado, la inflación aumentó a 4,2%, la más alta desde mayo del 2023. Antes de los ataques contra Irán a finales de febrero, “la inflación se había moderado hasta el 2,4%. Los precios de los bienes manifiestan un rápido ascenso (Capital Economics. Alicia Wallace. En: CNN-EEUU, 12/05/2026).
Las consecuencias en los aumentos de los precios de la energía se agravan, producto de las discordias en el Medio Oriente. Se propagan por toda la economía nacional y la global. El mundo se ha “encarecido”. No solo se trata del petróleo; el bloqueo del estrecho de Ormuz interrumpe “otros materiales críticos, incluidos los fertilizantes, el aluminio y el helio” (CNN, idem), .
Washington había pretendido abstenerse de ejecutar nuevos bombardeos hasta que concluyera el proceso de diálogo con Irán, fuera el acuerdo de cara al cese de las hostilidades, aún así retornaron las escaramuzas bélicas; pueden salir a flote nuevamente. Días antes del supuesto cierre del acuerdo del cese el fuego, EEUU y la élite militar representada por la Guardia Revolucionaria continuaron intercambiando fuego.
El derribo de un helicóptero Apache hubo de encender el ambiente bélico, así como el enfado de los estadounidenses, pues las represalias en ambos lados se habían incrementado, así como el lanzamiento de misiles iraníes contra intereses militares estadounidenses y árabes en el Golfo Pérsico: l o último, de la escasa estratagema acumulada por los iraníes, en cuanto a contrarrestar la ofensiva militar en su contra.
Entonces, el mandatario Republicano empleó un paliativo con tal de apaciguar los abucheos del público votante. Advierte que en su estrategia bélica se contempla el control de las instalaciones energéticas iraníes. Se tomará en un futuro cercano la isla de Jark y otros sitios de infraestructura petrolera y gas. Se asumirá el mercado, similar a lo practicado con Venezuela, que según el Republicano “está resultando magnífico tanto a EEUU como a la nación suramericana (AFP. Cristina Eguizábal).
El descontento económico tiene implicaciones en “el panorama político”, ello, como apuntamos, en las cercanías de las elecciones de medio periodo, cuando el Partido Republicano no las tiene todas consigo. "El dueño" del Partido oficialista había predicho el pronto acabamiento de la capacidad militar de Irán y la rendición de la teocracia en pocos días.
La lucha armada le resultó engorrosa; hubo engaño, por eso la impopularidad que lo sacude, pese a que la Guardia Revolucionaria iraní le fue reducida la capacidad militar en un 75% (Phil Stewart and Eman Abouhassira), aunque el enemigo golpeó intereses de EEUU en las naciones del Golfo, incluidas las pérdidas cuantiosas experimentadas por las estructuras energéticas de la región árabe, "gratuitamente inmiscuida en la disputa". De sobra, los Ayatolas perdieron los combates en el terreno militar. El bloqueo del Estrecho – sacudió la economía global -, así como su resistencia a ceder en el programa nuclear le proporcionan réditos políticos.
Empeorando los hechos, la guerra le ha significado a EEUU un costo de más de $26.000 millones, lo cual pesa en los votantes. Eso lo pasa por alto el mandatario Republicano, porque Irán “es la máxima prioridad”. Por su parte, la República Islámica exige la recuperación de los activos congelados, a causa de las sanciones internacionales y el bloqueo económico. De acuerdo con fuentes extraoficiales, esto lo alcanzará ante la posible firma del Memorándum, el cual supuestamente será ratificado en los siguientes días en Suiza.
La medida draconiana de los bloqueos a su comercio de hidrocarburos le origina “calamidad extrema” a su sistema productivo. Dicho esto, en un inminente arreglo con Washington, el Gobierno de Teherán deberá renunciar a la fabricación del arma nuclear y desbloquear de inmediato el Estrecho de Ormuz. El bloqueo estadounidense de los puertos iraníes será levantado “de inmediato”, según lo prevé el Primer Ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, que ha actuado como mediador.
Es de presumir que Trump tiene en mente un segundo botín petrolero: montar, como antes citamos, una segunda Venezuela en esa nación díscola del Medio Oriente, solo que será un plan geoestratégico cargado de escollos.
En nuestro criterio, con todo y el Memorándum de Entendimiento entre Washington y Teherán, el clima hostil tenderá a perdurar por largo espacio de tiempo - común en el Medio Oriente -; tampoco se puede descartar el auge de las acciones terroristas tradicionales, auspiciadas por un demencial régimen teocrático. La confianza mutua entre las Partes contendientes es precaria, sino ausente, habida cuenta de la devastación sistémica principalmente de la nación persa, quien desde el desgaste resistieron la ofensiva militar de EEUU y las fuerzas israelíes, quienes mermaron su original poderío marcial.
En consecuencia, el régimen de los Ayatolás, acostumbrado a odiar y adoptar represalias, ha endurecido la represión contra sus propios habitantes, impulsado por una creciente emoción de inseguridad y temor a perder el control del país. Aun así, la posibilidad de que una insurrección popular provoque el derrumbe del sanguinario sistema político, instaurado por la teocracia, sigue siendo una hipótesis con limitadas probabilidades de materializarse en el corto plazo.
Netanyahu se complace en continuar golpeando a sus enemigos letales: las milicias chiitas de Hezbolá asentadas en el Líbano, a disgusto del Presidente Trump, este interesado en firmar el Memorándum con su par iraní. Lo cual comporta una incógnita, esto es si la continuidad de la guerra en el Líbano garantizará la sobrevivencia del acuerdo dicho. O si la indemnización, demandada por los Ayatolas por un monto de $300.000 millones, a fin de comenzar con la reconstrucción del país, a consecuencia de los estragos de la guerra, efectivamente será dirigida a tal objetivo. O por el contrario se destinará al programa de la fabricación de la bomba atómica; fijo que Netanyahu estará atento para responder con dureza.
A la vez Irán se había negado a renunciar al enriquecimiento de uranio: la materia prima de la bomba nuclear. De acuerdo con lo que circula, las deliberaciones en pos de soluciones sobre este respecto tendrán un plazo de sesenta días, tal que Teherán se comprometerá "a diluir su uranio enriquecido a cambio del levantamiento de las sanciones económicas en su contra".
A los observadores les resultaba ilusorio que los iraníes aceptaran entregar a Washington lo enriquecido del uranio. Mientras tanto, la Marina de Estados Unidos, asfixiando la economía de su enemigo, podría seguir bloqueando los puertos iraníes, de fracasar el arreglo del alto el fuego, lo que de nuevo le impediría a Teherán recibir o enviar mercadería. (David Ehl. En DW.22/04/202622 de abril de 2026).
EL VALOR GEOPOLÍTICO Y ESTRATÉGICO DEL ESTRECHO DE ORMUZ Y LA TESIS DE QUE LOS HIDROCARBUROS SEGUIRÁN SIENDO PREPONDERANTES EN LA ECONOMÍA MUNDIAL.
Las acentuadas turbulencias derivadas del tránsito marítimo a través del Estrecho de Ormuz, donde transita la cuarta parte del petróleo global, los enormes volúmenes de gas licuado, fertilizantes y otras materias primas para la industria, ponen en convincente evidencia la relevancia de los hidrocarburos en el mercado planetario.
Esas materias primas continuarán marcando la pauta en las manufacturas industriales y tecnológicas, en los transportes, en la infraestructura regular, en la industria armamentista y espacial, en los sistemas eléctricos, entre otras operaciones. Es decir, seguirá siendo lo fundamental en la prolongación del ciclo del liberal sistema capitalista de producción y la creación de plusvalía universal, reproducido, cambiante, prominente.
Ni la China totalitaria, que depende de los hidrocarburos, ha tenido la estatura global de desvirtuarlo. Por el contrario y valga la digresión, lo adoptó, lo justificó; el poderío del gigante asiático obedece a la asimilación de esa concepción de vida (el capitalismo). Ni esperó quedarse atrás, al percatarse del creciente progreso "neoliberal", iniciado a finales de la década de 1970 por los llamados Tigres Asiáticos, fueran Japón, Corea del Sur, Singapur, Malasia, Indonesia, y del codiciado y régimen democrático de Taiwán.
La descarbonización ha pasado de ser una propuesta estratégica a convertirse, para varios de sus críticos, en una aspiración cada vez más cercana a la utopía, que a una política con posibilidades inmediatas de realización. Su discurso parece satisfacer, sobre todo, las expectativas de amplios sectores de la burocracia internacional y de las administraciones nacionales. Sin embargo, su capacidad de incidencia en los grandes acontecimientos geopolíticos resulta limitada.
En el contexto de las contradicciones y tensiones derivadas de la guerra en Oriente Medio, la descarbonización ha permanecido prácticamente ausente como alternativa real, o como marco de referencia hacia la toma de decisiones. De aparecer en el actual escenario del Golfo de Ormuz, los planteamientos de sus defensores tendrían una influencia apenas marginal, dada su escasa pertinencia frente a las prioridades estratégicas y comerciales de las grandes corporaciones vinculadas a los hidrocarburos.
Es una tesis (la descarbonización) que las implicaciones del Estrecho la invalidan. Así las cosas, Donald Trump se sale con las suyas, pues con sus arremetidas en Ormuz, en efecto, refuerza su irreversible postura de prolongar la vida a los hidrocarburos, despreciando las energías renovables, intrínsecas a la visión global de la economía verde. Acaba de eliminar en EEUU restricciones a los gases de efecto invernadero, empleados en las refrigeradoras y en los aires acondicionados. Normas que su predecesor, el Presidente Joe Biden, había aprobado (MIAMI.AFP). Antes había acelerado la producción de combustibles fósiles, al tiempo que canceló proyectos de energía limpia por $7,600 millones. Ha tomado medidas a fin de “derogar todos los límites de emisiones de las centrales eléctricas” (Stephen Holmes).
El énfasis de Donald Trump a favor de los hidrocarburos corre parejo a mantener predominio en las rutas marítimas petroleras. Irán obstruye Ormuz, zona vital a los buques de los energéticos, inaceptable que el paso de ellos sea restringido por un “Estado paria”, terrorista, despiadado contra su pueblo, así como que se atribuya de modo arbitrario la aplicación de cobros de peajes o tarifas. Lo considera un anatema, que movería a otras potencias a repetirlo en otras zonas de alto perfil geopolítico.
Entre otras patéticas evidencias. Rusia está lo suficientemente interesada en ampliar sus oleoductos y gasoductos hacia China. Esta última potencia, aun cuando emplea energías renovables, incorpora los hidrocarburos en el enunciado de la cooperación bilateral ilimitada. Rusia, segundo mayor productor de la OPEP, es quien más se beneficia de la situación con los altos precios de los energéticos. Es decir, la preeminencia de los hidrocarburos comporta irreversibilidad.
UNA RENOVADA RESERVA ÉTICA Y MORAL.
La incorporación de la Santa Sede del Vaticano y del Papa León XIV resulta pertinente dentro de la lógica de las complicaciones globales, porque introduce un contrapunto frente al deterioro del orden internacional, el debilitamiento de la ONU y la creciente naturalización de la violencia mediante el recurso militar. La inserción diplomática de la Santa Sede, defendiendo la paz, la justicia, la libertad y el multilateralismo, entre otros enunciados universales, representa una excepción dentro del panorama pesimista que hemos comentado.
Dentro de esta cadena de debilitamientos institucionales y de retrocesos en los mecanismos tradicionales de resolución pacífica de conflictos, conviene diferenciar el papel desempeñado por el Papa. Mientras numerosas organizaciones internacionales exhiben crecientes limitaciones para contener las guerras y el caos geopolítico, la Santa Sede continúa defendiendo una posición inequívocamente antibelicista, sustentada en la diplomacia multilateral, el diálogo y la dignidad de la persona humana.
En medio de un escenario internacional caracterizado por la confrontación, el rearme y el predominio de la lógica militar, la negación del cambio climático, etcétera, la voz del Santo Padre luce entre los pocos mensajes éticos y morales que todavía insisten en la búsqueda de soluciones pactadas.
La llegada del papa León XIV no ha significado un alejamiento de esa tradición diplomática. Por el contrario, sus pronunciamientos han reafirmado la necesidad de privilegiar los instrumentos de la paz, las medidas de confianza, encarnadas en el multilateralismo, ajenas por supuesto de las opciones marciales.
La reunión sostenida con Marco Rubio, el Secretario de Estado, dejó en evidencia que las diferencias entre la Santa Sede y la administración de Donald Trump continúan latentes. Aunque ambas partes procuran preservar los canales diplomáticos y evitar un deterioro mayor de las relaciones bilaterales, persisten discrepancias de fondo y forma y de “supraconsciencia” en asuntos como la guerra, las migraciones internacionales y el enfoque empleado por Washington en diversos escenarios bélicos.
Robert Prevost ha hecho hincapié en el engaño que significa invocar a Dios, con tal de justificar guerras indiscriminadas. Continúa pronunciándose “en voz alta” contra la guerra, esa misma voz que sin tapujos le manifiesta a la Casa Blanca “que no le tiene miedo” (Jaime Ordoñez).
La relevancia de dicho encuentro con Rubio radicó precisamente en que la diplomacia formal no logró disipar las divergencias sustanciales existentes entre ambas posturas en torno a la convivencia global. Mientras la Casa Blanca continúa privilegiando, en determinadas circunstancias, el recurso de la fuerza como instrumento de presión geopolítica, el Papa insiste, incondicionalmente, en que la paz duradera únicamente puede construirse mediante el diálogo, la negociación y el respeto al derecho internacional.
En consecuencia, la Santa Sede mantiene abierto el canal de comunicación con Estados Unidos de América y cualesquier Estados nacionales. Pero ello no implica que el Papa Prevost está dispuesto a moderar sus observaciones cuando considere que se encuentran amenazados principios esenciales como la paz, la verdad, la libertad y la dignidad e integridad humanas.
En un planeta donde las instituciones multilaterales muestran signos de agotamiento y las grandes potencias privilegian cada vez más la competencia geopolítica y geoeconómica sobre los valores supremos y las integraciones cooperativas, el Vaticano aparece como uno de los pocos sujetos globales que continúa defendiendo una concepción cristiana, humanista, de las relaciones internacionales. Su influencia material es limitada en comparación con la de los Estados, pero su autoridad espiritual y moral conserva relevancia en una época caracterizada por la incertidumbre, la inseguridad, la fragmentación del orden internacional y la expansión de los antivalores que destruyen la sana convivencia humana.
A MANERA DE CONCLUSIÓN. Sí. De hecho, la comunidad internacional de línea liberal debe ocuparse de la relación entre el deterioro actual del multilateralismo, a causa de la violencia geopolítica y la erosión del orden global, construido después de 1945. La idea central sería mostrar que los conflictos en Ucrania, Oriente Medio, el debilitamiento de la ONU, el proteccionismo económico y el auge de las autocracias no son fenómenos aislados, sino manifestaciones de una misma erosión gradual, a saber: el deterioro del sistema basado en el derecho internacional, normas complementarias, instituciones multilaterales y los postulados de la democracia liberal.
La guerra entre Rusia y Ucrania, la confrontación de Estados Unidos e Israel con Irán, conectada a la Franja de Gaza y la violencia en el Líbano; la manifiesta incapacidad de los organismos multilaterales para contener los conflictos geopolíticos; el retorno de la política de poder y la creciente subordinación de los intereses colectivos a las prioridades nacionales de las potencias imperiales —incluida la negación del cambio climático— son manifestaciones de una misma tendencia: la erosión del orden internacional y el consecuente menoscabo de los compromisos diplomáticos construidos sobre la cooperación y la acción colectiva.
Aquello que durante décadas actuó al nivel de arquitectura global sustentada en normas jurídicas, instituciones multilaterales, libre comercio y principios asociados a la democracia liberal, hoy enfrenta un proceso de deslegitimación y de desgaste acelerado. En tal desconcierto se inscriben también las opacas y las ambiguas visitas de trabajo de Donald Trump a China y de Vladimir Putin a ese mismo país, cargadas de tratos sin la deseada exposición pública, lo mismo que la pérdida de poder e influencia de Europa, reflejo de las complejas reconfiguraciones geopolíticas contemporáneas, en las cuales lo relativo al antisistema es proclive a predominar.
Las potencias superiores lejos de actuar como garantes de dicho orden internacional recurren cada vez con mayor frecuencia a medidas unilaterales y arbitrarias, al secretismo, las presiones económicas (la imposición de aranceles comerciales), las acciones militares y las disputas geopolíticas, debilitadoras de los consensos construidos durante la posguerra.
Las turbulencias de la época no han de interpretarse al igual que una sucesión de conflictos regionales, sino como la manifestación de una transformación profunda, la que cuestiona los fundamentos mismos sobre los cuales descansó el sistema internacional durante gran parte de los siglos XX y XXI, quien, con las limitaciones y riesgos, no cejó en la profundización de la doctrina filosófica y política, basada en la visión humanista, de justicia, de libertad, cooperativa y pacífica de las relaciones internacionales.
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