miércoles, 29 de abril de 2020
LA COMPRENSIÓN SOCIALMENTE AVANZADA FRENTE AL COVID-19 Autor: Ronald Obaldía González
LA COMPRENSIÓN SOCIALMENTE AVANZADA FRENTE AL COVID-19
Autor: Ronald Obaldía González
En los Estados nacionales, en cuya formación histórica corren arraigados los postulados de las democracias reales, los poderes legitimados, libre y soberanamente por sus pueblos, e institucionalidad de bienestar con base en la economía social de mercado, en los cuales los habitantes depositan su seguridad y confianza y entre sí, por lógica persisten perfectibles sistemas y organizaciones públicas (y privadas) de protección social. Asimismo, se esfuerzan en rehabilitar los planes nacionales de preparación y respuesta contra los desastres.
Dichos Estados se colocan en mejor condición que aquellos que menosprecian tales fundamentos políticos; habida cuenta de la superior capacidad, gestión y funcionamiento político, técnico y administrativo suyos; al cabo de "guardarse un profundo respeto por los hechos, la evidencia empírica, la investigación y el razonamiento científicos, además de la información transparente y veraz, en el entendido que el conocimiento es una suma de información, aprendizaje y evaluación. Razones por las cuales se les hace más llevadera la atención de cualesquier cataclismos; por lo tanto, el camino de la rehabilitación, lo mismo que el gradual retorno a la normalidad será menos empedrado, principalmente cuando prevalece el compromiso de la colectividad social entera.
En cambio los regímenes populistas o autócratas se resisten a los métodos, diagnósticos y los resultados científicos, así como desdeñan las medidas de confinamiento y el distanciamiento social, sea esta vez la emergencia (temporal) del covid-19, la enfermedad originada por el nuevo coronavirus. "Una molécula infecciosa de diez millonésimas de milímetro de tamaño, causante de enfermedad y muerte", a saber, el primer trastorno global del Siglo XXl, el cual amenaza 8.000 millones de personas (la humanidad entera), de ellas más de 200.000 fallecidas.
Kenneth Rogoff, economista y profesor en Harvard, cree que el vigor de una salida de la crisis de la pandemia del covid-19 depende de dichos "procedimientos sanitarios", por los que se comienzan a disminuir de forma gradual, "para que los países puedan reabrir sus economías con cautela”. Mientras que los absurdos "acientíficos" es algo que comparten los populistas, independientemente de si son de derecha o izquierda (Bolsonaro, López Obrador y los hampones Ortega - Murillo); por eso los pueblos sufren temibles consecuencias (Kevin Casas).
NINGÚN PAÍS ESTÁ FUNCIONANDO NORMALMENTE. En las democracias surgen imprevistos, repentinos e inesperados.Siendo así, los Estados democráticos saben reaccionar a favor de sus habitantes, se adaptan a las crisis bajo soluciones humanitarias, ejecutan las enmiendas de manera racional, de inmediato asimiladas por los gobernados, quienes tienden a acatar medidas inusuales: el confinamiento, el distanciamiento físico, las prácticas de los hábitos higiénicos repetitivos. Por si acaso, hay demasiadas vidas humanas en juego y puntos descendentes del Producto Interno Bruto - PIB - (Ricardo Hausmann), incluido el espectro de un colapso social y económico global, adjunto a un mayor empobrecimiento, a menos que se continúe actuando de modo solidario e imaginativo en los ámbitos de la cooperación integrada entre todos los Estados, en vista del carácter transfronterizo de la enfermedad.
En este orden de la intensa cooperación multilateral frente a la pandemia, ha habido poderosas razones para el relajamiento de los escenarios bélicos, tales como en Siria y Yemén (AFP, Londres). De igual forma, otros implicados en guerras se han mostrado dispuestos a detener los enfrentamientos, los que sacuden a África, Colombia, Ucrania, Birmania y Filipinas. Lo cual confirma nuestro supuesto del escrito anterior, cuando hicimos referencia a la probabilidad de tal inflexión. Los horrores del mundo antes del 2019 quedaron atrás frente al enemigo común, al menos en términos de transmisión de noticias a través de las distintas vías y medios de comunicación universal. Casi nadie se extraña que no pocos Estados, en el interés superior de proteger las vidas de sus gobernados, de paso anticiparse a la parálisis total de los sistemas productivos, ya sean las empresas privadas, los servicios públicos estratégicos, la fuerza laboral, hubieron de tomar decisiones excepcionales, entre otros, el cierre de las fronteras territoriales, el aumento del gasto público más allá de los límites exigidos, la suspensión parcial de la administración pública (los centros educativos, organizaciones burocráticas no esenciales) y de las actividades privadas sustantivas de la sociedad civil, además del recargado esfuerzo de las instituciones sanitarias, de salud, en cuenta la seguridad pública.
En este cometido de la asistencia multilateral resultan imprescindibles los financiamientos, las donaciones, los créditos bastante blandos a favor de las agencias de salud pública, científicas, económicas y universidades, al igual que en la compras de equipos de testeo. Así como dar pasos más allá en los servicios destinados al desarrollo, fabricación y distribución de dispositivos de diagnóstico y vacunas en proceso de producción, entre otros equipos médicos convencionales, de tal suerte que sea garantizado el acceso equitativo de estos insumos a todas las sociedades nacionales.
Desde ya los expertos en diversas disciplinas del conocimiento y de la sociedad civil, paralelo a las ideas del grupo de trabajo del G-20 - convoca a las 20 economías poderosas del planeta - vienen uniendo esfuerzos, a efecto de responder y "exigir una acción internacional inmediata y coordinada, en cuanto a movilizar los recursos necesarios, en pos de enfrentar la crisis generada por el virus covid-19, tan dañina a ricos como a pobres; e impedir que la actual catástrofe sanitaria regrese a modo de "segunda ola". Toda vez que de alcanzar ese nivel, habría de convertirse en la peor de la historia, al conllevar depresión global (Erik Berglöf, Gordon Brown, Jeremy Farrar), capaz de devastar la cohesión social y las economías nacionales.
Mejor dicho, los embates presentes del coronavirus habrían de perjudicar gravemente la economía global, si bien es cierto en este primer cuatrimestre desestabilizó los intercambios económicos y comerciales, los mercados financieros y bursátiles, paró la producción industrial, en parte porque la mayoría de los seres humanos ha debido soportar restricciones a causa del confinamiento.Economistas de Goldman Sachs y Morgan Stanley afirman que la economía mundial ya tocó fondo y apenas comienza a recuperarse.
Las consultoras pronosticaron que las economías avanzadas se contraerán en promedio un 32% en el cuatrimestre actual, antes de crecer un 16% en los próximos tres meses y un 13% en el último trimestre del año (Infobae). Aunque advirtieron que a medida que los Gobiernos alivian cada vez más las restricciones por el coronavirus, una segunda ola de contagios podría trastornar aún más la maquinaria social y económica. Una fuerte señal que a la vez nos obligará por el bien común de la humanidad a limitar la relativización de la salud y la alimentación, al igual que a generalizar los hábitos higiénicos y la cultura sanitaria.
Concordamos con la tesis del afamado escritor Sergio Ramírez Mercado en que habrá cambios fundamentales, inmediatos, tanto en el sistema mundial de producción y consumo, sino también en las relaciones psicosociales e interacciones en la vida pública y en comunidad, diferentes a lo acostumbrado antes del covid - 19. Eso sí, pensamos que lanzarse a la aventura de presagiar la fase de la desglobalización, o bruscas rupturas al interior de la civilización occidental, a causa de los efectos de la pandemia, obedeciendo a ideologías deterministas de la historia, o de "la conspiración", eso mismo equivaldrá a ignorar la naturaleza flexible y capacidad de adaptación de nuestras propias estructuras societales.
EN LA PICOTA. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha quedado en entredicho al ser objeto de graves acusaciones por parte de Alemania, Francia, Gran Bretaña, Japón y el propio Estados Unidos de América. Es un hecho cierto el estrecho vínculo del Director General de la OMS con el gobierno chino. A la Organización se le achaca el haber encubierto, en un principio, el peligro del brote inicial del coronavirus en la ciudad de Wuhan de China, antes de que se extendiera por todo el planeta (AFP). Un hecho impredecible e impensado dentro de la comunidad internacional, quien se encontró con la guardia baja (Shlomo Ben Ami).
Pudieron salvarse miles de vidas y simultáneamente prevenirse el resquebrajamiento de la economía global; pero la tardanza y "mal praxis" en reaccionar frente a la pandemia, quedaron condicionados a los cálculos del comportamiento politizado y la falta de transparencia del régimen autocrático, todo ello a su mejor interés y conveniencia, porque es sabido que habría de primar la reputación del poder expansivo, falsamente "misionero" del gigante asiático, por eso sus autoridades suprimieron toda clase de datos. Hubo un cálculo irresponsable y desmanejo de la emergencia, del que también dio cuenta la afamada escritora china Fang Fang, ahora amenazada por los "hiper-nacionalistas" adeptos del gobierno. Las acusaciones se extienden más allá, al extremo que creció el argumento del virus, el cual pudo haberse filtrado o escapado de uno de los laboratorios, ubicados en la ciudad china de Wuhan, un laboratorio financiado - qué ironía - con fondos estadounidenses.
Por su parte, Xi Jinping, el Presidente de China, lo niega, al tiempo que descarta la inspección internacional de sus laboratorios. Según él, cualquier afirmación de que el coronavirus fue liberado de un laboratorio es "infundada y puramente fabricada de la nada". Mientras tanto, las agencias de inteligencia estadounidense se muestran reservadas, aducen "que todavía están examinando si pudo haber sido el resultado de un accidente en un laboratorio chino". El Presidente Donald Trump se aparta de la cautela de sus propios aparatos de inteligencia, más bien planea futuras represalias económicas y financieras contra Beijing para castigar al gigante asiático por su "pésima" gestión de la pandemia (The Washington Post).
Valga subrayar que se desperdiciaron otras oportunidades de anticiparse a la crisis del covid-19. Se llegó a ser omiso alrededor de los informes de inteligencia estadounidenses, los cuales desde el 2009, sea en medio de la asunción del Presidente Barack Obama, habían alertado, en múltiples ocasiones, sobre el inminente riesgo de una pandemia global, "altamente letal", también capaz de "trastocar la economía" y ser autora de colapsos económicos. Dicho sea verdad, las predicciones de inteligencia llegaron a convertirse en la profecía exacta de la covid 19 (Kent Harrington,ex-analista superior de la CIA), de la cual se desentendieron los Gobiernos de Estados Unidos de América y de Occidente, al extremo que el presidente Donald Trump decidió disolver la dirección del Consejo de Seguridad Nacional, encargada de vigilar las amenazas de las pandemias (Kent Harrington, ídem).
UN PASO AL COSTADO EN ESTE ESCRITO. Ciertamente, el covid-19 ha puesto al desnudo no pocas vulnerabilidades de "la política de poder internacional", específicamente "la diplomacia de donación de China, cuyo motor descansa en el capitalismo productivo, pero autoritario, duro y de fuerza, desconocedor de las libertades fundamentales del pueblo. Todo ello, un sistema más cercano al fascismo que al comunismo (Carlos Alberto Montaner), el cual tampoco puede desestimar el repudio de los sectores contestatarios domésticos, localizados en las regiones urbanas y rurales, así también el de las minorías étnicas y religiosas, las cuales el régimen ha fracasado en desmovilizarlas.
Las censuras de Occidente frente a la opacidad de la actuación del gobierno de Xi, de esconder datos relevantes, relacionados con la aparición de la pandemia, eleva las probabilidades de la escalada de guerra fría bilateral entre dicha potencia asiática y los Estados Unidos de América, en áreas significativas tales como en lo comercial, lo financiero (divisas, inversiones, deuda) en tecnología, datos, ciberseguridad, etcétera. Un desacople el cual hace más disruptiva la economía china, pues ella ha sufrido los severos efectos en las cadenas de suministro globales, entre ellos los insumos farmacéuticos, de los que la potencia asiática es un proveedor significativo.
La serie de virus que la han atacado - el SARS y el covid-19- ; los disturbios políticos de Hong Kong, igual que la reelección de un presidente totalmente proindependista en Taiwán, el repunte de la seguridad naval estadounidense en los mares de del este y sur de China (Nouriel Roubini), habrán de obligar al régimen chino de protegerse y sobreponerse de las amenazas geopolíticas. Cualesquiera escaramuzas militares entre Estados Unidos de América y la China Popular llegan a ser opciones predecibles, peligrosas; basta hacer un recorrido acerca, no solo de los efectos del lenguaje hostil del covid-19 entre ambas potencias, sino la continua tirantez en cuestiones geoestratégicas, en lo cual el régimen chino es sujeto activo.
EL ARRIBO DEL AUTORITARISMO. Llega a ser altamente riesgosa la tendencia de algunos pueblos, quienes acogen las medidas autoritarias de sus gobiernos, en lugar de inclinarse por la mayor democratización (Jan-Werner Mueller) y profundización a favor de los derechos humanos, pero esta deseable vía exige grandeza. La identificación con los estados de fuerza, hace a los pueblos igual de antidemocráticos, al mejor estilo de sus gobernantes. Esto último, uno de los tantos fermentos de ideologías y conductas polarizadoras, extremistas y violentas.
Con esto se abre la imposición de restricciones a las libertades fundamentales, al magnificarse pseudocrisis; se reprimen los movimientos opositores, "se invade la privacidad de las personas" y a la vez se les espía a través de las tecnologías de información y comunicación, usándose de pretexto la propagación del conavirus. Entre los mejores exponentes encontramos a los presidentes Erdogan en Turquía, Orbán en Hungría, el vitalicio Putin en Rusia y por supuesto Xi en China. Estos mandatarios autoritarios llegan hasta a emprender acciones discriminatorias y abusivas contra las migraciones, los refugiados y las minorías étnicas. O bastante cerca de aquí, hemos quedado informados del autoritarismo imperante en El Salvador, donde el estrafalario y demencial Presidente Bukele ha exacerbado el odio populista y ejecutado castigos desproporcionados contra los miembros de las pandillas delicuenciales, recluidos en las cárceles.
Dicho lo anterior, hay que prestarle profunda atención a las embarazosas y violentas "plagas de egoísmo" (Sergio Ramírez Mercado), de quienes se aferran al poder, así como a los enfrentamientos militares, evitando que el covid-19, desencadenante de crisis y sufrimientos humanitarios, arrastre consecuencias superiores e irreversibles, a costa de las inestabilidades políticas, tanto en las esferas nacionales como a escala internacional (Joschka Fischer). Lo cual desemboca, casi siempre, en debilitamientos al Estado de derecho, en constantes violaciones a los derechos humanos, dramáticos desplazamientos humanos, etcétera. De ninguna manera, se ha de permitir el empeoramiento de la pandemia del nuevo coronavirus en los 55 países más vulnerables, quienes poseen Estados frágiles, aparte de capacidades reducidas en el orden sanitario, ambiental y socioeconómico.
El covid-19 le ha asestado un fuerte golpe a los procesos integracionistas, entre ellos, la Unión Europea (UE), a quien los italianos parecieran seguir las huellas de los británicos al adoptar posturas euroescépticas, radicales y ultranacionalistas, pues acusan a sus socios europeos de insolidaridad en la emergencia sanitaria. Ellos han debido encarar casi solos la pandemia, acumulan 30.000 muertes a causa del virus, el cual los golpeó severamente (AFP). Más del 50% de italianos concuerdan con la idea de abandonar el bloque comunitario tal cual, ya que Alemania y Holanda se han negado a emitir a favor de Roma un crédito del tipo "coronabonos", por cuanto se calcula que el Producto Interno Bruto italiano caerá un 9,1% este año (Fondo Monetario Internacional - FMI-). Tales decisiones escasamente colaborativas las saben explotar las formaciones ultranacionalistas y de la extrema derecha, las cuales se arropan de xenofobia y antieuropeísmo.
Tampoco puede eludirse el trauma de la ingobernabilidad (Shlomo Ben-Ami), fuente del extremismo y la polarización políticos. Fenómenos que "gatillan" a la gente a salir a las calles a protestar, dado el malestar económico y social, ante el caso dado del mal manejo de los efectos del covid-19. Los gobiernos de determinadas naciones cuando exhiben inoperancia e irresponsabilidad, hasta elevada corrupción y falta de transparencia, llegan a ser causantes de incendios sociales.
Es un hecho cierto que las epidemias y las pandemias no solo hacen estragos en los aparatos económicos, sino que también ponen al descubierto las desigualdades sociales, elevan la vulnerabilidad de los pobres y marginados (Ben-Amí, ídem), el desempleo alcanza niveles exponenciales. De tal descontento y desconfianza frente al statu quo se abren paso las tendencias autocráticas, populistas y represivas. En otros escenarios, la duración de los despotismos resulta también incierta, difícilmente pueden ocultar su ineptitud e incapacidad en los asuntos de la administración de crisis. En estos contextos antidemocráticos, el combustible de los incendios actuales es el incontenible anhelo popular de democracia (ídem).
Asimismo, en la emergencia temporal se debe aprovechar al máximo el uso de las interconexiones, ello en función de la profundización de la democracia, "llámese a distancia". Incluso, trascender. Las tecnologias de comunicación otrora tan criticadas, además de transformarse hoy "en nuestra compañía socializadora", hasta útiles en el cumplimiento de las actividades laborales y las gestiones cotidianas. Las podemos colocar al servicio de la difusión de los postulados y los valores de la democracia liberal, en cuenta la transmisión de métodos educativos, vinculados a la prevención de catástrofes y de enfermedades, entre ellas las pandemias y otras amenazas contra la salud, porque en medio de cualesquiera consideraciones habrá de superponerse el valor supremo de la felicidad y la reproducción de la raza humana.
CIENCIA CON ÉTICA. Las investigaciones y los inventos médicos deben universalizarse - lo mismo que el consumo del agua y los alimentos - , tal que, sin distinción, todas las gentes de las naciones - especialmente los pobres, pues "la pobreza mata"; la multitud de grupos étnicos, los enfermos, los ancianos, los discapacitados; y la gente que sobrevive a través de la economía informal -. posean acceso a los medicamentos e insumos, dispositivos, etcétera, así como a la esperada vacuna (anticovídica), con tal de acabar con el mal; lo mismo que a los tratamientos y técnicas terapéuticas, en aras de proteger, curar, y transmitir salud a las poblaciones.
Por esto, la urgencia de definir el mecanismo de información a la comunidad internacional e industrias de la ciencia, para la liberación de patentes sobre pruebas y medicinas contra el covid-19 (Daniel Salas, Ministro costarricense de Salud). Igualmente, se requerirán nuevos procedimientos internacionales, en aras de promover las innovaciones tecnológicas, tal que sean asequibles, más fáciles de producir y mantener, así también sencillas de usar, en lugar de ser simplemente rentables y complejas, aparejado al despliegue de la asistencia internacional a favor de los gobiernos de los países de menores ingresos, en aras de comenzar rápidamente a ampliar la escala de los (modestos) esquemas de salud existentes (Martin Ravallion), lo mismo que en ofrecer "orientaciones epidemiológicas".
De lo dicho dependen las armas poderosas en frenar el covid: los protocolos de salud en función de contener la propagación de las enfermedades virales. Hay que estar vigilantes en lo atinente a la innovación científica y las terapias médicas, al punto que los conocimientos aplicados sean enfocados bajo la lupa de los principios éticos de humanidad, de la filosofía política, evitándose que dichos beneficios solamente lleguen a multiplicar las ganancias de los accionistas de las compañías científicas privadas. Lo otro significa la conveniencia de fusionar los avances de las ciencias nacionales con las mundiales, quiere decir, una fusión libre de nacionalismo inútiles (José Ángel Vargas Vargas), coadyuvada por las universidades, las agencias públicas y privadas, las organizaciones filantrópicas, cuando sabemos que la prioridad mayúscula descansa en la producción de vacunas y la prestación de tratamientos farmacéuticos y médicos, con vistas a restaurar la normalidad de las convivencias nacional y global.
AMENAZAS ADYACENTES. Un hecho amoral y repudiable evidenciado en esta emergencia, es lo relacionado con "el canibalismo" en los mercados de suministros internacionales, asociado al acaparamiento de equipos y medicamentos, a la adquisición de insumos básicos para tratar a los enfermos del covid (Justin Trudeau; Román Macaya Hayes). Han sido reiterativos los cierres de fronteras en lo tocante a la exportación de productos fundamentales, lo cual podría poner en riesgo a millones de personas, a menos que las propias naciones sean capaces de producirlos localmente, pero a altos costos y en medio de dudas acerca de su calidad y efectividad.
Será imperativo el control de las competencias desleales entre los Estados, en cuanto a acceder a tales productos; de lo contrario, habrá colapsos a causa de malversaciones y favoritismos en la adquisición. La comunidad deberá ser determinante y firme en frenar "el nacionalismo de vacunas", una vez que salgan al mercado, lo mismo que en la piratería médica. En su lugar hay que elevar los niveles de cooperación con el propósito de proteger vidas humanas (Gordon Brown, exprimer ministro británico). El fracaso en el mundo en cuanto a haber detenido el covid-19, consistiría otra vez en dejar ilesas o permanentes las vulnerabilidades, a consecuencia del acaparamiento de los recursos y productos científicos.
Existen riesgos adicionales a mediano plazo, relacionados con el cambio climático, los cuales podrían causar costosos desastres ambientales, entre ellos, los daños irrecuperables a la biodiversidad, más la conmoción en los hábitats humanos. Ellos representan una grave amenaza aquí y ahora, como lo testimonian la creciente frecuencia y gravedad de los fenómenos climáticos extremos (Roubini, ídem), pese a haber un encogimiento transitorio de la economía mundial, en tanto que el covid causó - paradójicamente - una reducción del 6% de las emisiones de gases de efecto invernadero, principal causante del calentamiento global (Peterry Taalas). Una vez que arranque la re-industrialización y la recuperación de las economías, las posibilidades de repetir el ciclo negativo son enormes. En el interés superior y el bien común de la humanidad, debemos obligarnos y responsabilizarnos en proteger nuestro planeta tanto del coronavirus como de la amenaza existencial de las perturbaciones climáticas, pues el daño que le hacemos a la naturaleza se revierte en creces (Rodrigo Gámez; Pedro León).
Una de las asignaturas poco comentadas, se relaciona con la posible conexión del peligro de las recesiones económicas, producto de los estragos de la pandemia en la mayoría de países, en especial de los de menor renta, lo que acarreará la marcada disminución de los ingresos fiscales, las constantes presiones sociales, el aumento de la pobreza y el desempleo, entre otros fenómenos sociales. La vulnerabilidad manifiesta podría dejar venas abiertas al crimen organizado, en la instauración del tipo de economías subterráneas, por las cuales además de alentar la corrupción en grados superlativos, habría de ser la ruta equivocada de los sectores empresariales y productivos en cuanto a resolver las debilidades de liquidez de las economías domésticas. Nada distante está la posibilidad de plantearse la legalización del mercado de las drogas.
EL AFÁN DEL ESTADO NACIÓN DE MOSTRARSE. Vemos los efectos de la pandemia del coronavirus, a través del lente de la reivindicación del "Gran Gobierno"; este concepto planteado por Joschka Fischer, ex-Ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, en uno de sus brillantes escritos. El "Gran Gobierno", o mejor dicho el abrir las puertas a la "nueva solidaridad" (Fischer, ídem), multilateral e interdependiente, a través de la cual el Estado nacional acaba asumiendo diversas prerrogativas, haciéndose cargo del timón de la presente emergencia, en el cercano desconfinamiento paulatino, derivados de la pandemia. Todo ello, sin detrimento de la aplicación de las estabilidades fiscal y monetaria, fundamentos del uso justo, racional y eficaz de los ingresos y gastos estatales. Las democracias liberales de Occidente hicieron despertar, con suficientes destrezas, el Estado de bienestar, tan lastimado en los últimos tiempos por los apologistas del modelo del libre mercado (autoregulado).
Ahora el Estado se apresta a rescatar (o estatizar) sectores productivos y empresas privadas en riesgo, "considerados esenciales o estratégicos", por lo que en la etapa del postcoronavirus podrían "reprivatizarse", concediéndole al público determinadas liquidaciones. De igual forma logró imponer la tesis de la imposibilidad de privatizar los sistemas de salud, además de sus instituciones especializadas de carácter público, estimadas en bien básico, crucial en "la seguridad estratégica".
Los subsidios sociales de carácter estatal a las familias de bajos ingresos y los desempleados adquieren enorme relevancia, al punto de ejecutarse renovados programas, dedicados a combatir la pobreza, el parón laboral o prepararse en la rehabilitación de la economía doméstica. Aquí va incluida la determinación constante de la seguridad alimentaria, en simultaneidad con el respaldo a los sectores agropecuario y pesquero, mediante el aporte crediticio, la innovación tecnológica; o bien, el impulso a la alternativa de "la agricultura familiar", a efecto de anticiparse a las consecuencias de las catástrofes, entre ellas, la carestía de alimentos.
Resulta demasiado "el sufrimiento de la humanidad", sobre lo cual los gobiernos responsables se han visto obligados a incrementar sus gastos fiscales e inversiones públicas, en lo que respecta a anticiparse a los colapsos políticos, sociales, y salvar vidas. En esto cabe añadir los aplazamientos temporales de impuestos a hogares y empresas privadas, la readecuación de los préstamos bancarios, e incluso a los sectores productivos de las regiones golpeadas por el coronavirus (Alejandro Izquierdo; Martín Ardanaz), bajo la perspectiva de la recapitalización, el sostenimiento de los mercados de créditos, la dotación de liquidez a las empresas; de seguido mitigar los costos económicos, derivados de la pandemia.
EN EL CIERRE DE ESTE ESCRITO hacemos hincapié en la renegociación (o la suspensión) del pago de la deuda externa a favor de los países de menores rentas, a la vez los mayormente golpeados por el COVID - 19. Conocedores de las complicaciones de ellos, en cuanto al acceso a los mercados financieros, la tesis bien podría ir unida a los términos de la cooperación externa. Pensamos que es lo suficientemente apropiada y conveniente, por lo que sería positivo convertirla en la causa del grupo de países latinoamericanos, caribeños y africanos, especialmente.
La suspensión de la deuda de $44.000 millones al África aliviaría el peso de las responsabilidades, en lo concerniente a la atención de su gente, afectada por la pandemia. En América Latina la deuda pública promedio creció del 40% del PIB al 62% entre el 2008 y el 2019, lo cual genera fuertes reducciones fiscales, por sí mismo un obstáculo en confrontar el virus, el cual continúa desacelerando la producción, el empleo y el consumo. El Banco Mundial destaca que el Producto Interno Bruto (PIB) de la región latinoamericana y del Caribe caerá un 4,6% antes de recuperarse presuntamente en el 2021. En esta línea, la pandemia ha reducido el turismo, la demanda de productos de la región, dado el paro o la rápida contracción de los mercados europeos y estadounidense. Ateniéndonos a los impactos de la pandemia y el bajonazo de las cruciales remesas enviadas por los migrantes a los países en desarrollo, menos probabilidades habrá en la obtención de créditos externos (Humberto López, Banco Mundial), a raíz de las fragilidades financieras experimentadas.
Haciendo nuestro el punto de vista de Shlomo Ben Ami, Ex-Ministro Israelí de Asuntos Exteriores, llegamos a convencernos que el covid-19 puso al descubierto "la necesidad urgente de hallar un nuevo equilibrio entre el Estado nación y las instituciones supranacionales", en aras de afrontar con determinación el conjunto de complicaciones resurgidas, "de lo contrario la devastación solo aumentará".
martes, 31 de marzo de 2020
UN PORVENIR CON MENTALIDAD GLOBAL FRENTE AL CORONAVIRUS Autor: Ronald Obaldía González
UN PORVENIR CON MENTALIDAD GLOBAL FRENTE AL CORONAVIRUS
Autor: Ronald Obaldía González
Un honesto y valiente médico, Li Wenliang, junto con colegas suyos, intentaron dar la alarma al gobierno chino sobre el nuevo virus en Wuhan en diciembre pasado. "Algunos informes, por ejemplo en el South China Morning Post, sugieren que pudo haber una inquietud creciente por su detección incluso antes". Razón por la cual se le objeta a Beijing en haber durado antes de calificarla de pandemia y por demorar la coordinación de la respuesta a la crisis (AFP.Ginebra).
Empero, Li y sus colegas fueron intimidados por la policía y amenazados con ser castigados, a menos que mantuvieran en silencio, o en secreto, sus hallazgos. Especialistas en la materia indicaron que si las autoridades chinas hubiesen actuado antes, la tasa de infecciones se habría reducido significativamente, se hubieran salvado más vidas (ídem). Al mismo tiempo, en la negación política de la epidemia, el régimen totalitario chino, distinguido por la falta de transparencia, censuró y cerró redes sociales cuando se informó de lo que realmente estaba ocurriendo en Wuhan. Justamente en una de las regiones chinas, la que se presume originó el virus, puesto que allí, con base en débiles prohibiciones, funcionan los insalubres "mercados húmedos, o mercados de vida silvestre", habida cuenta de que se venden y faenan animales para el consumo humano.
La proliferación de "clarividentes" - algunos de ellos mala fe e inescrupulosos - en este doloroso y sombrío lapso de casi dos meses, de alcance global, relacionado con la expansión de la pandemia del covid - 19, también nos mueve a reescribir casi lo mismo, puesto que impera la abundancia de reportes producidos, de diferente origen, convergentes. Los cuales han contribuido a la identificación de esta enfermedad mortífera, con la presunción que arriben otras con nuevas mutaciones (Nouriel Roubini), resultantes del cambio climático, cuyos impactos, probablemente moldearán (Chris Pattan) "de forma inesperada la historia". Las señales registradas nos ofrecen lecciones acerca de la falsedad y el perjuicio de "las ilusiones de invulnerabilidad"; en sí, un hecho psicosocial arraigado de manera negativa en el pueblo de Costa Rica.
"El microorgánico agente infeccioso" brota al igual que un hecho contingente de la vida; consigue contraer la economía global, cuya recuperación dependerá de la producción de una vacuna a gran escala, lo cual habrá de demorar poco más de 18 meses (Roubini, ídem), y entre otras acciones, de la distribución y aplicación de antivirales. A pesar de tener al planeta cuesta arriba, paradójicamente el virus llegó a aliviar la atmósfera de los persistentes y destructivos efectos del cambio climático, al menos durante esta emergencia universal. Al tiempo, que ha hecho perder el impulso del entonces "exitismo" de la Cuarta Revolución Industrial, es decir la supremacía de la era del super-conocimiento científico y la tecnología, la que meses atrás apuntó a ocupar ese lugar privilegiado de "moldear" la historia de la humanidad.
Por su parte, los precios del petróleo, uno de los pesos pesados de la economía real, han acabado por precipitarse frente a la grave y relacionada interrupción económica, compensando en parte las penurias financieras de los países netamente consumidores del oro negro; golpeados esta vez por la pandemia, cuya superación descansa en la solidaridad internacional y las veloces intervenciones de emergencia.
Al respecto y en estos tiempos de inseguridad económica, cabría retomar la iniciativa multilateral de la creación del "fondo precautorio", expuesta en su oportunidad por el Presidente costarricense Miguel Ángel Rodríguez Echeverría; ahora cuando hay riesgos manifiestos en el sistema financiero, inestabilidad macroeconómica, tropiezos en la cadena de suministros globales, capaces de extenderse a la economía real, posibilitando una depresión, la cual tampoco puede ignorarse (Mohamed A. El Erian). Se asoman fuertes indicios. Así por ejemplo, el mercado bursátil de Estados Unidos de América cayó en terreno bajista, un derrumbe del 20% de su pico, la más rápida de la historia. Se calcula que en el 2020 el PIB de la superpotencia podría bajar "a una tasa anualizada del 6% en el primer trimestre; del 24% al 30% en el segundo (Roubini, ídem) . El desempleo "podría elevarse por encima del 20%.
Las medidas "insanas de austeridad" están lejos de representar las soluciones viables frente a la emergencia. La más alta prioridad es reducir el sufrimiento y salvar vidas humanas. Cabe resaltar, que casi todos los gobiernos democráticos coinciden en que la recuperación (postpandemia) de la estructura económica se asocia a la creación de leyes facilitadoras de envíos de "pagos directos y beneficios por desempleo a las personas"; a la puesta en marcha de paquetes de rescate económico, en cuenta la impostergable aplicación de los estímulos fiscales a los hogares. Igualmente, en dichos lineamientos es preciso ayudar a los trabajadores y las empresas privadas, a los sistemas de atención médica, afectados por el rápido brote de coronavirus. Sería un error desestimar los alivios crediticios a la mayoría de las empresas, así como descartar la gestión de la liquidez en los mercados globales, con tal de evitar los colapsos en el sector productivo, en los mercados, en las inversiones y en los propios bancos.
Debemos consolidar el ideal de "la prosperidad económica". Al mismo tiempo sería irracional y demagógico echar por la borda los logros del esquema del libre mercado a escala global, a pesar de sus innegables imperfecciones, entre ellas el desmantelamiento de las instituciones estratégicas de los Estados Nacionales, cuyos efectos perniciosos todavía se siguen experimentando en las naciones meridionales; lo cual es imprescindible enmendar. Asimismo, hay que corregir las asimetrías en cuanto al desarrollo, puesto que hubo latitudes que quedaron rezagadas, entre ellas el África y la propia Centro América, con la excepción de Panamá y Costa Rica, quienes lograron ubicarse en rangos interesantes del Índice de Desarrollo Humano de la Organización de las Naciones Unidas.
Las secuelas del mal del coronavirus las soportan todos los seres humanos. El diminuto agente ha podido desestructurar el sistema de vida de las sociedades; arrastra daños económicos globales; intimida y provoca incertidumbre en los diferentes quehaceres. Por esto, en los términos del tratamiento de la pandemia, en aras de prevenir mayores pérdidas de vidas humanas, y de paso recuperar la economía, resultan imperativos el favorecimiento de cambios (inusuales) en los patrones de comportamiento social, tales como que, en las medidas preventivas contra la propagación, sea garantizado el acceso equitativo de todas las personas al tratamiento médico, pensándose en los miembros mayormente marginados (Michelle Bachelet; Filippo Grandi), en cuenta los migrantes y refugiados.
Entre estos cambios llega a ser imprescindible el distanciamiento social, el autoaislamiento, las restricciones temporales a los viajes (en cuenta la actividad del turismo) y los cierres de las fronteras nacionales (Pattan, ídem). Esto último, a pesar de que entra en contradicción con los postulados de la aldea global, la que difunde la idea de la libre movilidad de todos los seres humanos por el planeta. Éste al estar interconectado por el uso del Internet - por cierto un salvavidas - viene a paliar las dificultades de información y comunicación.
La difusión de la verdad al público, en lo concerniente a limitar la mayor propagación del virus, llega a ser crucial en la emergencia mundial. No pocas veces se puede confiar en los informes estadísticos, emanados de determinados gobiernos, en especial de las dictaduras totalitarias como China Popular, Venezuela, Nicaragua, Irán, o de los mandatos "iliberales", entre ellos, Brasil y Turquía. Esta clase de regímenes pasan por alto que las estadísticas exactas alrededor del Covid-19 es una prueba, no solo para sus sistemas y mecanismos de atención de salud para responder a enfermedades infecciosas, sino que de ellas también dependen las soluciones comunes, ofrecidas por la comunidad internacional frente a las pandemias, cuya naturaleza es transfronteriza. En estos particulares casos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) debiera ocupar el rol principal con vistas a proteger de las epidemias, centrándose junto con los Estados nacionales, los sectores privados y los hogares en la vigilancia de las enfermedades y alertas relacionadas. Las enfermedades se universalizaron, por lo tanto las respuestas habrán de fundamentarse en la "mentalidad globalista". Al mismo tiempo resulta imprescindible el reforzamiento de los sistemas nacionales de anticipacion y gestión de riesgos en casos de desastres, a sabiendas que el conavirus, entre otras cosas, habrá de transformarse en el factor desencadenante de mayor pobreza e inhabilitación laboral.
Ciertamente, "el parón" planetario a consecuencia del virus, aparte de haber puesto a prueba "nuestros principios de convivialidad, valores éticos y humanidad, puede significar que nuestra esperanza frente a tal desafío, quede sometida a nuestra "esclavitud por el instinto de sobrevivencia". Tal vez así puedan desactivarse los antagonismos y la violencia de las guerras regionales; también el sometimiento a resolución, a escala mundial, de la espinoza realidad de la inequidad en la distribución de la riqueza - "otro virus mortal" -. Toda vez que, para tal cometido, algunos teóricos de las ciencias sociales vienen exponiendo la tesis de incrementar los impuestos a los grandes millonarios del mundo.
Coloquemos en esta línea el sosiego de las controversias, derivadas de los ultranacionalismos, los aislacionismos, los proteccionismos de carácter económico y comercial; unos desvaríos que ponen en entredicho el postulado de aldea global, cuyos principales autores son los Estados Unidos de América, la Unión Europea y la China Popular. Pudiera que a la vista encontremos un panorama distinto: dar lugar a las múltiples y variadas cooperaciones, interdependientes, multilaterales, frente a la emergencia, en la convicción superior de evitar sufrimientos mayúsculos, esto en función de proteger la raza humana.
El inteligente diputado costarricense José María Villalta plantea, de manera oportuna, la renegociación (o la suspensión) del pago de la deuda externa a favor de los países golpeados por el COVID - 19, esto ante el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo de América Latina y a otros organismos multilaterales. Pensamos que esta tesis del diputado Villalta es razonable, tal que el Gobierno de Costa Rica, perjudicado por la pandemia, debería prestarle enorme atención. Varios países en desarrollo también la han expuesto, por lo que sería positivo convertirla en la causa del grupo de países latinoamericanos, preferiblemente trabajarla en el ámbito de la Organización de los Estados Americanos (OEA), así puede servir para algo este ineficaz organismo regional. Parafraseando a un notable psicólogo judío, admítanme ser optimista: "Solo los muertos carecen de utopías".
sábado, 22 de febrero de 2020
MISCELÁNEAS EN LA CONTEMPORANEIDAD DE LA POLÍTICA INTERNACIONAL
MISCELÁNEAS EN LA CONTEMPORANEIDAD DE LA POLÍTICA INTERNACIONAL
Autor: Ronald Obaldía González
En la sociedad contemporánea caracterizada por el olvido de los preceptos éticos, vale la pena retrotraernos a la génesis del pensamiento civilizatorio de Occidente. Por esto, hemos escogido varios fragmentos del escrito del politólogo costarricense Oscar Álvarez Araya acerca del pensamiento de Séneca (4 a. C.- Roma, 65 d. C.), el filósofo del Antiguo Imperio de Roma, cercano a la concepción trascendental, intrínseca al cristianismo.
Podemos denotar la proximidad del filósofo romano con el cristianismo, en las frases siguientes, explicadas así por el politólogo: “…todos nosotros somos miembros de un gran cuerpo. La naturaleza…nos engendró un mutuo amor y nos hizo sociables”. A nuestro juicio queremos decir que la comunicación y el compartir con los demás, es decir, la convivialidad, significa la vía primordial para alcanzar la verdad, al mismo tiempo que contribuye a profundizar en nuestro interior, y entendernos a sí mismos (Víctor M. Mora Mesén).
“El alma recta, buena, grande…, exclamaba Séneca, puede encontrarse en cualquier hombre”. Aquí ofrece consejos a quien tiene un ilimitado poder (el César en aquel entonces) para que se guíe por la clemencia, la moderación y el humanitarismo en el ejercicio del gobierno. Esto se acopla a nuestros tiempos. “El gobernante ideal para su pueblo es aquél de palabra agradable y de fácil acceso; aquel príncipe que tiene el gesto amable que es lo que más agradecen los pueblos, que se haya siempre dispuesto a favorecer las demandas justas y que nunca responde con acritud e ira a las injustas”. Puesto que obra en virtud, “el príncipe que se siente seguro por su bondad, para nada necesita de sus guardianes; tiene las armas como adorno”. (Séneca, Obra citada, págs. 531 y 532). En lo antes dicho, sobran los comentarios, especialmente en esta coyuntura cuando salen a relucir tendencias en la política que fomentan el individualismo y la competencia egoísta, arropada en la economía despegada de la ética y desarrollada en la cresta de la ola de la pura ley del beneficio (Papa Francisco). Así también “los manos de hierro”, tales como Nayib Bukele, los mandatarios de Checa, Hungría y Polonia y una legión de dictadores del mundo, irrespetuosos de las normas y las leyes, o quienes adoptan las corrientes iliberales, sea el nacionalismo xenofóbico tan inhumano como “vector” de fanáticos.
Revestido de discutida autoridad moral, en razón de su conducta autoritaria en el ejercicio de la Presidencia de la Federación de Rusia, pero esta vez - como sea - atendamos la expresión de Vladimir Putin, apelando a la esperanza en la razón, en cuanto que en el fondo la humanidad teme el autoexterminio. Tal sentimiento evitará, según él, una guerra total o destrucción masiva, lo cual acarrearía inexorablemente a la desaparición de la raza humana del planeta. Con base en la tesis de Putin, ha sido revelador la determinación de los Estados Unidos de América y el Irán de echar marcha atrás frente a la tentación de pasar a la escalada bélica en el Medio Oriente, a consecuencia del “ajuste de cuentas”, fraguado por Washington en contra del general persa Qasem Soleimani, estratega criminal del régimen chiita teocrático, un gestor de guerras y de conspiraciones. La prudencia militar imperó en esta oportunidad, por lo que nos libramos de mayúsculas e interminables aflicciones en la convulsionada región. Siendo un tanto optimistas con tal disipación del riesgo bélico, quizás se pueda replantear la cuestión “de cómo garantizar para el futuro la paz, la construcción de la confianza, la seguridad y la cooperación”. Sin embargo, los augurios difícilmente los tendremos a la vista. Pues la mala noticia se desprende del reporte británico del instituto IISS, por el cual relata que los gastos militares a escala mundial tuvieron en el 2019, su mayor incremento en esta década, al alcanzar el 4% (AFP). En esta industria se invierten billones de dólares en investigación y desarrollo, en contracorriente al mundo plagado de enfermedades y brechas sociales y regionales. Se relaciona con la repetitiva “dinámica destructiva”, una de las complejas vicisitudes de “la familia humana universal”. A esto agregamos la propagación de los virus letales, los cuales arrastran severas consecuencias a la salud física y psicológica de los seres humanos, asi también a la economía (Akira Kawamoto); las emergencias climáticas, tales como el acceso limitado a los alimentos y el agua; la proliferación de incendios forestales en las distintas latitudes; así como los incontenibles flujos migratorios (James K. Hill), esta vez manifiestos en una Centroamérica dominada por múltiples miserias.
Lo postula el Franciscano Conventual Víctor M. Mora Mesén: “cuando una persona no se oculta, resulta más creíble. Cuánto más humano se es, menos necesidad existe de la mentira que intenta disfrazar el lobo que hay detrás de nuestras intenciones egoístas”, defensivas y calculadoras. Nos es útil la enseñanza, a efecto de poner al desnudo el totalitarismo del régimen de China, tan de relevancia crítica, y discordante con el sentido de la verdad. Resulta que el mandatario autócrata Xi Jinping ahora enfrenta una ola de descontento ante la reacción tardía a la epidemia del coronavirus. Lo cual se ha avivado, tras el inesperado fallecimiento, a principios de este mes, del médico de Wuhan – la región más afectada- , quien fue amenazado por la policía “por haber alertado desde diciembre pasado” (AFP), acerca del inminente brote del virus. El absolutista gobernante chino tampoco está solo en esconder la verdad. En el genocidio de Myanmar contra los rohinyás - una minoría musulmana - sale a relucir el despliegue de maldad, acompañado de la complicidad hipócrita de Aung San Suu Kyi, la política birmana, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1991; esta vez por conveniencia personal, llega a tergiversar las causas y consecuencias de tal catástrofe humana.
El laureado economista estadounidense Joseph Stiglitz considera "totalmente comprensible" que haya descontento social en América Latina debido al alto nivel de desigualdad en la región, así como la recurrencia de gobiernos ineptos y corruptos. Desde nuestra perspectiva, mantienen estancada la región los dictadores o megalómanos, quienes continúan cambiando a su antojo las reglas del juego político, con tal de perdurar en el poder. Somos testigos de hechos sangrientos y polarizadores, los cuales se creían sepultados, especialmente en el caso de Chile. Ahora nos desengañamos: a Augusto Pinochet, fomentador de la inequidad social y la tiranía, los privilegiados del estatus lo reivindican a la altura del “tótem” de la nación; así también no pocos fanáticos delincuentes mimetizan “el totemismo” en Venezuela y Nicaragua con los dictadores Maduro y Ortega a la cabeza, respectivamente.
A los países desindustrializados, la mayoría inestables, se les prometió que la globalización habría de reducir las barreras a los flujos comerciales transfronterizos, al igual que se incrementaría la dinámica de los flujos de las inversiones, los capitales sanos, el comercio de bienes y servicios, así como la renovación de las estructuras productivas a través de la sociedad del conocimiento. Todo lo cual, se presumió que apuntalaría a mayor prosperidad y desarrollo humano, beneficiando a todos los ciudadanos, lo que al mismo tiempo implicaría la contención de los emisiones de migrantes a destinos como los Estados Unidos de América y Europa. Lo cierto es que pasamos a “la era del malestar” (Joseph E. Stiglitz). La aceleran las notas negativas de las agencias calificadoras de riesgo, al inducir al incremento de las tasas de interés, derivadas de los créditos externos, demandados por las naciones de menores ingresos, cuyos desaciertos en sus políticas macroeconómicas arrastran consecuencias, similares a sanciones. En cambio, sobrevino la crisis financiera mundial del 2008, en la que los banqueros sí fueron rescatados.
El sistema ha llegado a parecer entonces injusto. Más ahora que los Estados compiten, en desventaja, por los recursos naturales, las rutas comerciales y el control de los sistemas de comunicaciones (Borge Brende). Las naciones de menores ingresos acumulan cuestionamientos, puesto que las reglas que gobiernan el comercio global, lo mismo que la investigación y la innovación científica y tecnológica, las cuales deberían ir acompañadas de la exposición de los valores filosóficos humanistas y éticos (Fernando Araya Rivas), son, por el contrario, en extremo entorpecedoras y desproporcionadas, especialmente en lo tocante a la competencia. Las obstaculizan las naciones de altos ingresos, las cuales se concentran en abrir los mercados extranjeros, para beneficiar solamente sus productos (Raghuram G. Rajan), por lo que dificultan, con frecuencia, las exportaciones de los bienes y servicios de las menos desarrolladas. En donde ni los ajustes al mercado, tampoco la reforma de la burocracia ni siquiera llegan a ser capaces de encarar las penurias de la pobreza y la desigualdad. Incluso, dondequiera que se efectúen las negociaciones (políticas y comerciales), al final de cuentas se vuelven ejercicios de política de poder, no de persuasión (Rajan, ídem).
Esto último, nos hace pasar revista a nuestros tiempos de funcionario público, cuando se defendía, con escasos resultados, por no decir totalmente infructuosos, el principio de asimetría en las declaraciones sobre relaciones exteriores de los países.
El Estado Nacional, la entidad intransmutable y enérgica; o sea, el imperio del Estado, intrínseco a la propia naturaleza civilizatoria. Es la figura real, política, administrada por un conjunto de personas; asentada en un territorio poblado por gente; provista de soberanía incondicional y originaria, encontrada en todas las épocas y en todas las latitudes. Responde (el Estado) a una exigencia irreprimible de la naturaleza humana: la tendencia subjetiva y objetiva, enraizada en el comportamiento del individuo, de convivir con los demás; impulsado a asociarse con otros, porque su voluntad es sobrevivir en colectividad (Juan Ontza). Ésta, inevitablemente, se rige por dicha entidad, dotada a la vez de poder y autoridad superiores, ubicadas por encima de los hombres y las mujeres, quienes juntos componen una sociedad nacional, casi siempre indispuesta a entregar su soberanía y libertad, parcial o totalmente, a poderes supranacionales o adjuntos.
“El Brexit” llega a expresar la toma de conciencia del pueblo británico acerca de la libre voluntad de honrar su historia y formación nacional, identitaria, bajo la égida de un Estado soberano, independiente. Dicho esto, se han confirmado “los dos principios complementarios de la primacía de las estructuras civiles”, así también la del rol indisoluble del Estado democrático liberal, capitalista, en un medio dominado por el pluralismo y los valores éticos y morales. El respeto a la integridad y la dignidad de la persona humana constituyen el principio genérico de la democracia, por cuanto todos los ciudadanos son iguales ante las leyes y están obligados a cumplirlas (Carlos Alberto Montaner). Una historia de vida, costumbres, cultura vívida: las bases del destino de la nación, lo cual intentó, sin éxito alguno, minar o borrar de un plumazo en Gran Bretaña el polémico y desacreditado sistema integracionista de la Unión Europea, bajo la dirección de burócratas prepotentes, “sabelotodos” y aprovechados, quienes, según “el ánimo público”, se atribuyeron responsabilidades políticas y administrativas, las cuales el pueblo soberano, de ninguna manera les otorgó, llegado el supuesto caso, “por el procedimiento electoral para la provisión de cargos”.
Cabe levantar alarmas frente a los intentos arrolladores de diversas formaciones antisistema de dominar el ambiente internacional, a través de la escandalosa difusión e impulso de antivalores y despropósitos, en su caso “lejos de ser modas pasajeras”. Más bien pueden ser accesibles en sociedades, a la vista distópicas, por ello contrarios al bien común, a la colectividad, “a la política cosmopolita humanista”: “nuestra común humanidad”, cimentada en la plena igualdad de los derechos políticos y sociales (Mark Leonard). Esa peligrosa gama de ideas, políticamente beligerantes, las cuales “siembran ideologías negativas”, calan hondo “en el hombre masa”, “quien no tiene ideas”, de acuerdo con José Ortega y Gasset. Ha sobresalido (la gama) en el Siglo XXl, en función de dar origen a “zoológicos humanos” (Sergio Ramírez Mercado). Obvio que atenta contra la democracia liberal de Occidente, las instituciones públicas y el Estado de derecho, sus firmes sostenes (Ana Palacio), lo mismo que al ideal de sociedades cohesionadas, abiertas. Nos referimos, entre otras dislocaciones, a las manifestaciones del antisemitismo, el ultranacionalismo, el populismo (iliberal), “el etnonacionalismo”, las disparidades raciales, los fundamentalismos religiosos, el desprecio a la inmigración, el secularismo extremo, ni que decir la promoción del aborto, esto equivalente a “quitar la vida humana”. La respuesta contra semejantes amenazas consiste en la restauración de los liderazgos democráticos en la esfera internacional, que con frecuencia tienden a declinar (Daniel Zovatto). Otra más, reside en la consolidación y el activismo de las mayorías nacionales, puesto que es conocido que los antisistema lucen “potentes”. Tales aberraciones hay que reconocerlas como amenazas, enfrentarlas en todos los terrenos, y mirarlas de frente (Palacio, ídem).
No sobra señalar el comportamiento de determinadas potencias internacionales, de corte geopolítico, en cuanto a retar el unilateralismo de los Estados Unidos de América, “quien por su parte intenta replegarse de los conflictos y tensiones mundiales”. Dado este fenómeno, nos apoyamos en la importancia crítica de desenmascarar la política extranjera de la China Popular, quien ha creado verdadera escuela con tal de imponerse en Occidente - posee planes en América Latina -, aun cuando la guerra comercial ha acarreado efectos disuasivos. En esta línea, encontramos a (la decadente) Rusia, ávida de recobrar su antiguo poderío, a costa de generar incertidumbre en Europa, mediante la última invasión a Ucrania. Ambas potencias (Rusia y China) continúan patrocinando la división en América Latina, respaldando las tiranías de Nicaragua, Venezuela y Cuba. Con lo antes dicho, pero en otro extremo ideológico y en términos diferentes como el ultranacionalismo, en el 2019 Jair Bolsonaro en Brasil tampoco se quedó atrás con sus poses dictatoriales, divisivas, a contrapelo de los derechos humanos. Por eso se prevé que en el 2020 el ámbito latinoamericano se perfila convulso (Zovatto, ídem), en desmedro de la convivialidad democrática. Lo inauguró el exótico Presidente de El Salvador al irrumpir en la Asamblea Nacional, al irrespetar la división de poderes, imponiendo la aprobación de un dudoso crédito internacional.
Concatenado al párrafo anterior, sabemos que en el quehacer internacional de la China Popular está de por medio su interés genuino de acumular mayor poder político y económico expansivo, lo suficientemente riesgoso para las potencias occidentales como la Unión Europea y los Estados Unidos de América. Los líderes del Partido Comunista chino buscan concretar su sueño de convertir a China en superpotencia global del futuro (Kevin Rudd). Mediante su modelo de “capitalismo autoritario”, conculcador de los derechos humanos, el cual tiene demasiado de robo en materia de ciencia y tecnología y de espionaje corporativo (Thelmo Vargas), ellos piensan que puede ser aplicado al resto del mundo, tal que las naciones puedan acomodarse a los antivalores totalitarios chinos (Kevin Rudd), por supuesto, totalmente ajenos a la democracia liberal. La tesis suya la vislumbran a través de las iniciativas de carácter internacional, tales como la del Cinturón y Ruta (BRI), la Ruta de Seda marítima y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura; la expansión de la 5G a nivel planetario, esto con el propósito de atrapar el interés transnacional, conformando alianzas y sociedades de países, dispuestas a desplazar el poderío estadounidense. Así las cosas, la experiencia dicta que sería un grave error perder el olfato frente a los burócratas y plutócratas chinos.
Y ya para cerrar. Prestemos la debida atención a las palabras, que hemos recogido de la científica social Martha Roja Urrego, dicen así: “Hay que Cuidar lo que nos dieron. Somos parte de la naturaleza, por eso los seres humanos deben vivir en armonía con la naturaleza. De ahí la necesidad de actualizar los modos como manejamos nuestros recursos terrestres y marinos en todas las etapas de extracción, producción y consumo”. Ubiquémonos entonces a la altura de la naturaleza.
lunes, 30 de diciembre de 2019
EN AMÉRICA LATINA NO HAY NADA TAN URGENTE COMO LA REVISIÓN DE DOGMAS
EN AMÉRICA LATINA NO HAY NADA TAN URGENTE COMO LA REVISIÓN DE DOGMAS
Autor: Ronald Obaldía González
En el 2019 multitudes de ciudadanos de varios países latinoamericanos marcharon masivamente con el propósito de expresar su extremo descontento con varios gobiernos, a causa de la corrupción pública y privada y “las deterioradas condiciones sociales y políticas”, puestas de relieve en países como Venezuela, Nicaragua, Perú, Honduras, Haití, Puerto Rico, Ecuador, Chile, Bolivia, y más recientemente Colombia, en donde se lanzaron a protestar a las calles miles de personas (CNN). Hasta hubo motivos históricos, en cuanto al riesgo de predecir que este subcontinente, el cual se tornó más complejo de lo calculado (Serguéi Lavrov), otra vez pudiera llegar a colocarse “en llamas”.
Todavía no se ha disipado la incertidumbre, en cuanto a que las violentas protestas populares de este año puedan estar debidamente controladas. El riesgo “de guerras relámpagos” es inminente en los casos de la caótica Venezuela, donde Nicolás Maduro, heredero de la radicalizada “revolución bolivariana” de Hugo Chávez, de modo fraudulento y con el respaldo de las cadenas de mando del ejército, se ha aferrado al poder desde el 2013 (REUTERS).
En circunstancias similarmente críticas hallamos a Nicaragua, regida por la tiranía de Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo, bajo la complicidad de la policía y de las fuerzas armadas. Desde abril del 2018 esa nación centroamericana viene siendo el escenario de masacres indiscriminadas, de violaciones a los derechos humanos, a causa de las constantes y hondas fisuras autoritarias de carácter dinástico.
Las mediaciones diplomáticas y políticas dentro de los conflictos emergentes han carecido de resultado alguno. Por el contrario, le han proporcionado oxígeno a las tiranías de Nicaragua y Venezuela; o a los gobiernos impopulares, entre los resonados encontramos al de Honduras, desde enero del 2014 gobernado, mediante elecciones fraudulentas, por el oscuro personaje Juan Orlando Hernández. Asimismo, Chile, en donde al Presidente Sebastián Piñera, al estilo del antiguo régimen militar, se le responsabiliza directamente de la desmedida represión contra los manifestantes, opuestos en primera instancia al aumento de los precios en las tarifas de los trenes.
EN EL ORDEN DE LAS AMENAZAS (latentes) y la inestabilidad, la región (América Latina y el Caribe) adolece de profundos desequilibrios entre ricos y los sectores sociales más desposeídos, al cabo que constituye un elemento sensible, apetecido en la acción de las fuerzas opuestas en el orden mundial, multipolar, emergente (Serguéi Lavrov).
En América Latina “el deterioro de la calidad de vida”, especialmente la concentración de la riqueza en manos de élites reducidas, en consecuencia la desigualdad, se profundizan, casi que se ven anulados los esfuerzos transitorios o agónicos por reducirla, al extremo de poseer conexiones y canales de contacto con el crimen organizado y el narcotráfico, quienes se aprovechan de tales vulnerabilidades histórico - estructurales. Los capos y sus secuaces, además de infiltrarse en las organizaciones estatales y los partidos políticos, financian la violencia y explosiones sociales, especialmente en Centroamérica, Colombia, México.
Hay “un entorno convulso”. Los principales detonantes de los estallidos han llegado a ser el estancamiento económico, el mal gobierno unido a la corrupción, las medidas económicas impopulares, la carencia de políticas públicas de reducción de la desigualdad y la pobreza; dicho sea de paso el rezago de las zonas rurales en relación con el mejor nivel desarrollo humano en las áreas urbanas o centrales, lo cual va de la mano con la agudización de “la brecha digital”.
La última edición del informe “Panorama Social de América Latina, escrito por la Comisión Económica de América Latina y el Caribe (CEPAL), la cual evaluó la evolución de la pobreza, arrojó que la pobreza extrema en nuestra región aumentó en un 0,3%, alcanzando el más alto nivel en los últimos 100 años. Pero además continúan los efectos de las adversidades casi crónicas, o bien coyunturales (engañosamente superadas), sean respectivamente los orígenes del frustrado golpe de Estado en Venezuela, primero en contra de Hugo Chávez (2002), luego frente al autoritario gobernante Nicolás Maduro, cuyo mandato dejó ser reconocido por más de cincuenta gobiernos de la comunidad internacional; así como el caso particular de Bolivia, sacudido por el desacato al resultado del referéndum de febrero del 2016, por el cual el pueblo soberanamente impuso la prohibición de la reelección presidencial.
El último hecho de Bolivia que encendió las manifestaciones sociales se centró en el fraude electoral, así catalogado por la Organización de Estados Americanos (OEA); igualmente el amaño lo corroboró en días pasados la misión electoral de la Unión Europea, el cual habría de favorecer la reelección del mandatario Evo Morales – luego derrocado por las Fuerzas Armadas - quien desde catorce años atrás venía ejerciendo la Presidencia. Enseguida el organismo regional adoptó la resolución, mediante la cual solicitó “establecer un calendario para convocar, lo antes posible, a elecciones nacionales con garantías democráticas”. Una acción política que ha de cumplirse y ejecutarse lo antes posible, sin exclusiones políticas de naturaleza alguna.
A reglón seguido hay que prestar atención a las iglesias evangélicas en la política latinoamericana, las cuales crecen y alimentan de modo inconveniente las facciones políticas de la ultraderecha, con tal de impulsar su agenda conservadora a contrapelo de los postulados de los derechos humanos. Sea a través de candidatos propios o bien entregan el apoyo a quienes promuevan sus principios, por lo general a tendencias antidemocráticas. Han llegado a definir algunas veces el resultado de elecciones y después presionan en la toma de decisiones (Miguel Torres). Hay que mirarlos con recelo y desconfianza, porque al igual que en otros países intentarán penetrar las esferas políticas con el fin de imponer su agenda tradicionalista, utilizando sus pastores con un discurso de populismo religioso, semiautoritario, frecuentemente respaldado por intelectuales neoliberales, más radicales y de mayor influencia.
LAS IDEOLOGÍAS, RELATIVAMENTE DEL PASADO. De hecho con las agitaciones sociales de América Latina sale a la superficie el desprestigio de las ideologías “misioneras”, “salvíficas”, a favor “del proletariado”, el campesinado”, los desheredados, o bien la del Consenso de Washington de la década de 1980, la apologista de los mercados desregulados, con las cuales a partir de la postguerra mundial en el Siglo XX, y ya adentrado el Siglo XX, se fascinaron y nutrieron respectivamente ciertos caudillos, las mismas clases políticas dominantes, así como los líderes contestatarios antisistema o pro-sistema, ya fueran adeptos al capitalismo liberal o al comunismo clásico.
Dicho sea verdad el neoliberalismo significó “una contradicción para los grupos y organizaciones de la sociedad civil carente de los medios de producción y de la gran propiedad privada”. Al lado contrario, el populismo de izquierda infringió severos daños al sector productivo y la clase empresarial; queda en evidencia que ambas tesis y corrientes políticas poseen el demérito de ser fallidas
La mejor comprobación de esta hipótesis nos la dan a conocer en estos meses los ciudadanos de Chile, entre otras naciones, durante las protestas y revueltas, al ventilar su repudio frente a las denominaciones políticas, desprendidas tanto del derechista régimen dictatorial de Augusto Pinochet, como de los partidos socialistas o neo-marxistas. Los mismos que cogobernaron por más de veinte años, transando el poder con las élites tradicionales. Las fuerzas sociales emergentes, contestatarias, justamente, en el caso chileno, se abstraen de aquellas ideologías convencionales, ya desacreditadas; fueron contraproducentes, las cuales “reperfilaron” el control de la geopolítica y la geoeconomía, al extremo de haber conducido a múltiples naciones a confrontaciones militares y guerras de insurgencia, tanto así que arrastran todavía secuelas irreversibles.
Tras el regreso de los militares a los cuarteles, más el éxito relativo de los procesos de pacificación en el istmo centroamericano, se pudieron atestiguar por casi tres décadas, resultados democráticamente positivos en el mapa político latinoamericano. Sin embargo, subrepticiamente corrió el dogmatismo ideológico, el cual renunció a desaparecer por entero. El neomarxista Foro de Sao Paolo (1990), así como los apóstoles de los neoliberales “Chicago Boys hicieron de las suyas. En particular, los neoliberales, quienes pregonaron la acumulación de capital en lugar de la distribución justa de la riqueza (Andrés Velasco; Luis Felipe Céspedes). Llegaron a autoconvencerse “del fin de la historia…” al caer de manera estrepitosa la Unión Soviética.
A Francis Fukuyama hay que abonarle el presagio como tal. Según él, “la historia humana como lucha entre ideologías ha concluido”. Entonces daría inicio una sociedad global basada en la política y economía de libre mercado, impuesta a lo que denominó “las utopías”, entre ellas, el marxismo leninismo, luego del fin de la Guerra Fría.
En el caso particular de nuestro subcontinente, la teoría de Fukuyama trastabilló, puesto que las revueltas sociales han tenido como fundamento el endurecido cuestionamiento de la política económica de mercado, de orientación neoclásica, fiscalista y monetarista, además de la descentralización del control de la economía; igualmente lo comentado acerca de Chile; lo acontecido en Ecuador y el gobierno delicuencial de Honduras. Éste decidido a privatizar los servicios de salud y educación.
Por su parte, las clases políticas dirigentes poco disimulan “su escasa empatía hacia los movimientos sociales (autónomos), que estallan continuamente en la región”, particularmente en Nicaragua, Honduras, Nicaragua, Colombia, y Chile por supuesto. En esta última nación suramericana los líderes tradicionales, los congresistas allí desdeñan las mujeres, los indígenas y los grupos independientes, quienes demandan participación en el proceso de reformar la Constitución Política, en su entonces hecha a la medida de los intereses de la dictadura de Augusto Pinochet.
El ascenso en México del populismo de izquierda significa una contundente prueba del desacierto de “la teoría del fin de la historia”. Al mismo tiempo, los remezones de carácter popular en Colombia, los cuales colocan en la mira el descrédito del gobierno derechista del Presidente Iván Duque - el 70% de la población desaprueba su gestión (AFP) - , a quien no le ha bastado confabular contra los esfuerzos y logros del plan de pacificación con la guerrilla de las FARC’s , concretado por el Presidente Juan Manuel Santos (2010 - 2018), sino que las organizaciones populares le cobran la corrupción gubernamental – el denominador común en la región - ; el asesinato de activistas sociales; “la ausencia del crecimiento económico sin equidad, el desempleo, las medidas económicas restrictivas frente al gasto social, las cuales reducen el consumo interno y acentúan la pobreza”; en cuenta la incertidumbre en la reforma de las pensiones. Con la puesta en práctica del esquema económico neoliberal, Colombia se ha tornado el país más desigual entre los 36 socios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); arrastra un desempleo del 10.1%; “una informalidad laboral que castiga a casi el 50% de los trabajadores” (AFP). Fukuyama, posteriormente debió replantear su pensamiento al ser testigo de drásticas disrupciones en Occidente; probablemente la cadena de eventos latinoamericanos lo puede transportar al escepticismo.
Ahora nos corresponde aprovechar la bancarrota intelectual (Alfonso J. Rojas) de tales ideologías, las cuales polarizaron la sociedad humana. Los defensores en América Latina de tales corrientes de pensamiento, desgastados, encuentran ninguna capacidad de respuesta a las demandas de los nuevos movimientos en apogeo. Se ha sembrado la conciencia de que los líderes y los gobiernos encasillados en dichas líneas de pensamiento carecieron de autenticidad y originalidad; se distanciaron de hacer una interpretación correcta y apropiada de las realidades particulares de cada nación latinoamericana o del subcontinente en su conjunto. En palabras de Vladimir Lenin, sus promotores fueron incapaces de realizar “análisis concretos de las realidades concretas”. Con base en este error de emplear dogmas, es decir, la ortodoxia completa, hoy podemos constatar los fracasos tanto del neoliberalismo como del radicalismo socialista en la región, por lo que “el cretinismo ideológico” ha sido culpable del retroceso político registrado en tan corto tiempo.
LAS AGITACIONES ALCANZARON UNA PELIGROSA FRONTERA. Ya es patente el nuevo militarismo en la región (Gustavo Román Jacobo). Los ejércitos han vuelto a cumplir la función de árbitros en medio de los conflictos: las circunstancias del golpe contra Evo Morales, asociada al fraude electoral por parte del gobernante indígena en la nación andina, también el de Honduras, levantan una alerta roja. Los liderazgos civiles decaen a costa de la corrupción y la sed de poder, no pocos políticos tienden a aferrarse al poder e inclinarse ante el nepotismo y el clientelismo. Argentina por largo tiempo ha estado sometida a las diferentes e ideológicamente versátiles “familias políticas” dentro del peronismo (Carlos Alberto Montaner), quienes se disputan el poder entre sí, cuyo populismo y clientelismo corrosivo pusieron a dar tumbos el sistema productivo y sobre todo el sistema financiero de la abundante nación en recursos naturales.
Al cabo que los latinoamericanos pierden de manera gradual la confianza en los sistemas democráticos liberales, en paralelo corren economías erosionadas por las deudas públicas, la inflación, los desbalances fiscales, la ineficacia tributaria, el desempleo, el mediocre crecimiento productivo, la modesta inversión en infraestructura, el insuficiente gasto en ciencia e innovación, así como la falta de rendición de cuentas en el quehacer de la burocracia pública, ésta plagada de excesos, abusos e ineficiencia y corporativismo obstaculizador. El panorama negativo se agudiza todavía más frente a los desastres naturales en la región, portadores de cuantiosas pérdidas económicas; así también, con despropósitos de expoliación mercantil, los irrecuperables daños ambientales en las regiones amazónicas del Brasil de Jair Bolsonaro y la Bolivia cuando Evo Morales, incluida la destrucción de los hábitats de las poblaciones originarias.
Lo han demostrado los alzamientos, particularmente en Nicaragua, Chile, Ecuador, Colombia y Honduras, las sociedades latinoamericanas están cada vez menos dispuestas a tolerar malos gobiernos, así como mayores ajustes e impuestos tributarios contra sus ingresos (Leandro Mora Alfonsín). Más que en tiempos pasados, las clases sociales de menores ingresos demandan gobernabilidad, la generación de beneficios mensurables en reducción de la pobreza, empleo, suministro de servicios públicos de calidad, la distribución transparente y correcta de las transferencias y subsidios sociales.
Es Perú un país fuertemente azotado por las investigaciones de los escándalos de corrupción de Odebrecht, por eso ha visto a varios de sus expresidente sometidos a procesos judiciales. Esto ha sido el precedente de las reyertas en las calles por parte de multitudes de ciudadanos que tomaron, de manera decidida, las calles de diferentes ciudades. Exigieron con éxito, por ejemplo, que el Congreso fuera disuelto, a causa de opacas actuaciones suyas, originadas por el principal partido político de la oposición, del cual es dueño el clan familiar Fujimori, cuyo jefe (Alberto) gobernó el país (1990 – 2000 ) autoritaria y criminalmente.
EL PANORAMA IDEOLÓGICO DE AMÉRICA LATINA “mutó significativamente en apenas tres años”. A inicios del 2016 aún gobernaban en varios países de la región los presidentes y gobiernos “del llamado giro a la izquierda”, los cuales “antes parecían invencibles, no obstante empezaron a perder elecciones”, sean las experiencias del Uruguay, El Salvador, Ecuador y Paraguay. El cambio (desfavorable) sí se volvió controversial en Brasil el 28 de octubre de 2018, cuando el ultraderechista y racista Jair Bolsonaro derrotó en la segunda vuelta a Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores, fundado por el líder Ignacio “Lula” da Silva, formación que supo construir política social a favor de la superación de la pobreza, guardando el equilibrio entre el sector productivo y el asalariado.
Desde una década y media atrás ellos (las denominaciones de izquierda en los gobiernos) recobraron impulso ante el ascenso de la influencia global de Rusia, en simultaneidad con la expansión económica y financiera de China, hoy en declive, debido a los embates de la guerra comercial con los Estados Unidos de América. Así también, los empoderó el valor récord en los mercados globales de los commodities.
Las formaciones políticas y los presidentes de la izquierda regional se adscribieron directa o indirectamente a la revolución socialista bolivariana (antiestadounidense), ideada en 1999 por el presidente de Venezuela Hugo Chávez Frías (+). Sin embargo, luego de un trienio convulsionado, pasaron a ser mayoría los gobiernos de centro y centro derecha, que aún con la mesura y relativo distanciamiento en cuanto al empleo de patrones rígidos de carácter neoliberal, se inclinan en ser “menos estatistas y más afines al mercado”. Si bien el propio Piñera, quien volvió a inclinar la balanza para el lado de la centroderecha en las elecciones de 2017 en Chile, llegó a desmarcarse de las políticas tendientes a suavizar la visión del mercado abierto a ultranza.
Ciertamente, ha habido “un corrimiento hacia la derecha”; hay dos excepciones, aparte de Cuba, quien lleva al extremo “la ausencia de cambios políticos desde hace más de medio siglo”. La primera fue la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de México el 1 de diciembre de 2018, quien puso fin al ciclo de alternancias entre los partidos tradicionales del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN). La segunda fue nuevamente en Argentina, puesta en marcha con la victoria del peronismo de “izquierda populista” en los comicios del pasado 27 de octubre, lo cual implica el regreso del “Kirchnerismo” al poder, representado en el binomio compuesto por Alberto Fernández y Cristina Kirchner (expresidenta), quienes atacaron la política de fuertes ajustes fiscales del entonces presidente Mauricio Macri. En lo personal, le presagiamos un futuro poco halagador a tal binomio. El Presidente argentino posiblemente se distanciará de los doce procesos penales afrontados por su vicepresidenta, la exmandataria Kirchner, esta vez acusada de corrupción, aun cuando ella se negará a mantener un rol inactivo en el Poder Ejecutivo, básicamente en la dirección de la política económica.
PENSAR CON CABEZA PROPIA. América Latina lleva el curso de una potencia emergente en un mundo multipolar. Puede elevar sus márgenes de maniobra en dirección a construir esquemas políticos, económicos y culturales originales, tomando como fundamento su propia historia, antropología e integración cultural, así como lo ambicionaron pensadores de la talla del mexicano Leopoldo Sea, Haya de la Torre, quienes abogaron por una sociedad genuina y auténticamente latinoamericana, respetuosa de su historia y dueña de su destino.
Coloquemos en esta senda al pensador peruano José Carlos Mariátegui (1894 – 1930), para quien asumir las ideas humanistas del socialismo no podían ser cosa de copia o calco, solamente proveniente del marxismo ortodoxo y dogmático, sino de “creación heroica”, producto de la realidad particular de nuestra región. Él comprendió que el pensamiento latinoamericano debía explicar su realidad pluralista desde una perspectiva original y creadora, “que rebasase la importación acrítica de modelos teóricos, concebidos en y para otras realidades”. Por ello evitó limitar su formación y formulación teórico y política “al determinismo histórico”, derivado de la rígida concepción y “praxis” marxista, sino que se mantuvo siempre abierto a otras corrientes para “atemperarlo todo a las necesidades de la realidad que pretendía transformar”.
Mariátegui apelaba a la idea de que en cada país y región “había disímiles factores, desde especificidades históricas hasta culturales”. Por lo tanto defendió, a nivel de su activismo político e intelectual, que el marxismo y el socialismo - y cualquier otra ideología, según nuestro criterio - eran asunto de una continua creación, exenta de dogmas (preestablecidos). No andemos lejos. En esta línea de pensamiento trabajó tantas veces el politólogo costarricense Rodolfo Cerdas Cruz (+), al igual que Pepe Figueres y Daniel Oduber en sus correspondientes actividades políticas y formativas. Es decir, la región puede mantenerse fuerte, políticamente pluralista, diversa, unida y económicamente sostenible.
En este orden, la Unión Europea y la China Popular están distantes de llenar el vacío de poder a nivel global, ese poder otrora a expensas del sistema ideológico bipolar, configurado por los Estados Unidos de América y la (hoy extinta) Unión Soviética durante la Guerra Fría, el cual por su naturaleza hegemónica y expansionista llegó a ser víctima nuestra región, entre otras periferias geográficas dependientes y subordinados a él. Por eso, resulta prescindible a nuestra diversa región importar modelos externos de integración y desarrollo social, provenientes de otros rincones del planeta, quienes menos aun poseen la axiología y los fundamentos y valores éticos para exponerse en ejemplo a seguir.
Ni válidos son la oscilante Unión Europea (UE), incapaz de consolidar su desprestigiado proyecto secularista, eurocentrista, aunque torpedeado por los grupos (antisistemas) nacionalistas, ultraderechistas y hasta neofascistas, ese precisamente el proyecto integracionista que de manera absurda insistieron imponer en Centroamérica, ahora el de aquí convertido en “chatarra”, gracias a los tiranos y mafiosos locales.
Asimismo, cabe mantener un subrayado recelo ante emergentes patrones expansionistas a cargo de la propia China Popular y su “eficiente y progresivo” capitalismo de Estado (totalitario), quien cercena las libertades fundamentales de las personas. El gigante asiático pone en exhibición su régimen político con tal de suplantar en la civilización occidental las presuntas limitaciones de la democracia liberal, ésta basada en frenos y contrapesos, despreciados por las tiranías.
Dicho sea verdad, la China Popular es susceptible de generar desconfianza a todo nivel, a causa de sus incoherencias diplomáticas, en su proteccionista comercio exterior – golpeado esta vez en medio de la guerra comercial con los Estados Unidos de América - ; en la exportación de las tecnologías de información y comunicación, funcionando al servicio del espionaje; en las políticas de poder en los territorios marítimos del Asia. El dominio suyo se proyecta sobre zonas de influencia transfronterizas, en lo cual pueden serle útiles los recursos de la opaca “Ruta de la Seda” y los leoninos créditos a naciones insolventes. Dentro de estas sospechas, sería inconveniente desatender las políticas de recuperación del prestigio diplomático y del renovado expansionismo de la Rusia de Vladimir Putin, las cuales intimidan a la Unión Europea, al cabo de las ambiciones de Moscú en dominar los territorios de Ucrania, ya le arrebató Crimea. En América Latina ha sido obvio el respaldo incondicional de Putin a la tiranía de Venezuela, Cuba y a la propia Nicaragua.
Nunca jamás se les puede otorgar a la UE y sobre todo a China cheques en blanco, ya sean en los distintos roles globales y domésticos de la cooperación política, económica y comercial. Lo cual tiene implicaciones también en el frente del cambio climático, ya que algunas naciones europeas, al igual que el régimen chino, tampoco llegan a comprometerse, de acuerdo con los puntos de vista y los parámetros científicos, en la búsqueda de soluciones inmediatas y tangibles alrededor del constante riesgo, resultante de las emisiones del dióxido de carbono en el planeta.
A MODO DE CIERRE. En ningún sentido hay que bajar los brazos. Hay que exigir el respeto a la voluntad del pueblo, respetándose los derechos de la gente a determinar cuál es la vía política que les resulta más adecuada para avanzar en libertad y prosperidad (Michael Kozak). Tampoco podemos renunciar en trabajar a favor de la normalidad cívica, la vigencia del Estado de derecho, los derechos humanos, en la solidez democrática, la construcción del buen gobierno, y en paralelo disminuir todo género de brechas históricas, incluido el rezago de las zonas rurales - donde vive aproximadamente el 68% de los pobres (Katrina Kosec; Leonard Wantchekon) - en desventaja con el avance de las urbanas. El conjunto de estas visiones humanistas se han visto realmente interrumpidas en diferentes y largos periodos históricos de la región.
Bajo la democracia liberal se puede ser capaz de fiscalizar las instituciones públicas y a las élites dirigentes, así como contrarrestar los excesos del Estado y de paso ser sujetos activos en democracias cohesionadas. Eso sí, resulta imperativo aprovechar la aceleración y proyección tecnológica de las redes sociales, así como los innumerables mecanismos sociales de participación como los partidos políticos, organizaciones de la sociedad civil, asociaciones profesionales y grupos de pensamiento (Abril Gordienko). De igual forma la ciudadanía informada puede demandar rendición de cuentas a los poderes e instituciones del Estado como aporte a la estabilidad política (ídem).
En América Latina se trata de buscar un rumbo político, abarcador, por el cual se replantee el modelo económico en curso. Lo escribió de forma acertada Fernando Araya, columnista de un periódico costarricense: “es imprescindible la búsqueda de un balance y equilibrio de intereses entre las fuerzas y sectores fundamentales de la sociedad política y la sociedad económica, sobre la base de un proyecto original alimentado de herramientas y recursos y conceptos propios y genuinos de la realidad latinoamericana, entre ellos nuevos pactos sociales y económicos, alentando la participación de cada sector social: los trabajadores, los empresarios y los dirigentes políticos, en fin toda la sociedad civil”. En tal sentido, no debe quedar por fuera ningún sector en un proceso de concertación y entendimiento global.
Cada vez más se difunde el consenso en que el neoliberalismo radical así como el populismo de izquierda “son vías erradas”, que los pueblos soberanos pueden utilizar los fundamentos éticos, los recursos disponibles, propios de la democracia liberal y los postulados de “la economía mercado con rostro humano”. Asimismo, están a la vista los avances institucionales alcanzados en libertad, que aun con las limitaciones del caso, se reconoce que pueden ser realineados, a fin de atacar los mayores males de la región, consistentes en la concentración del capital, el insuficiente crecimiento económico, la desigualdad y la marginalidad social. Propósitos loables que nos impone el año 2020.
jueves, 7 de noviembre de 2019
EN CHILE: LA EBULLICIÓN SOCIAL HACE TAMBALEAR AL GOBIERNO. AUTOR: RONALD OBALDÍA GONZÁLEZ
EN CHILE: LA EBULLICIÓN SOCIAL HACE TAMBALEAR AL GOBIERNO.
Autor: Ronald Obaldía González
Desde el comienzo de la formación del Estado nacional, Chile ha crecido como una economía agrominera, orientada a los mercados internacionales. Los yacimientos de cobre, el carbón piedra, salitre y la minería de la plata, pujantes desde 1840 se habían expandido de manera vertiginosa; llegaron a ser la base de la economía. Las élites políticas y económicas se aprovecharon de esas riquezas, para iniciar el proceso de acumulación de capital (Guía del Mundo. Instituto del Tercer Mundo, 2009). El origen de ellas descansó en el mestizaje de la población nativa y la inmigración europea. Asimismo, han sido social y culturalmente verticales, férreas, racistas, además de conservadoras, atacaron las ideas liberales, las que hasta la década de 1860 apenas comenzaron a dominar en las sociedades política y civil chilenas.
A raíz de ese creciente desarrollo económico, el ferrocarril logró poseer un marcado auge. En plena revolución industrial a nivel global del Siglo XlX, la demanda de cobre aumentaba, por lo que Chile se convirtió en el principal productor de este metal, llegando a abastecer el 30% de la demanda mundial, lo cual alentó la intensificación de los capitales financieros, interconectados a los mercados extranjeros, particularmente los británicos. Chile se colocó como la potencia del Pacífico (ídem).
Con la explotación del salitre, entre alianzas de chilenos acaudalados y los británicos, se apoderaron de los minerales de Bolivia, donde se rehusaron a pagar impuestos a la exportación, mediante acuerdos leoninos. Razón por la cual iniciaron los reclamos bolivianos, el detonante de la Guerra del Pacífico (1879 – 1884), cuando Bolivia perdió territorios, entre ellos Arica, Antofagasta, entre otros. En 1881 los chilenos conquistaron las tierras de los aborígenes Mapuches, arraigados en la Araucaria, hasta esa fecha el Estado chileno pudo imponer su dominio sobre los aguerridos Mapuches, quienes no pocas batallas le habían ganado a los españoles en tiempos de la conquista y la colonia. Dicha población originaria constantemente ha sido discriminada, reprimida, perseguida, al cabo que sus territorios ancestrales, en grandes proporciones le han sido arrebatados tanto por el Estado y la gente no indígena, con el propósito de habilitarse a proyectos forestales y de producción de energía eléctrica (ídem).
EL ESTALLIDO SOCIAL EN CHILE, iniciado el pasado 18 de octubre, el cual, dicho sea de paso, carece de un líder explícito y de un pliego de peticiones preciso (AFP), “tomó por sorpresa” a la clase dirigente, sean los pertenecientes a las formaciones derechistas oficialistas y los de la cuestionada oposición centroizquierdista. A las inmediatas, lo hizo reventar el anuncio del alza de 3,75% en la tarifa del metro o tren de Santiago, la Capital de esa nación suramericana. Lo cual desembocó en la mayor crisis social y política, desde el retorno a la democracia, así lo pone de relieve el expresidente Ricardo Lagos.
El incendio costará apagarlo - las manifestaciones se repiten día a día -, al cabo que es incierto si, para eso, habrá de ser una solución factible, el llamado al plebiscito, con tal de impulsar una nueva Constitución Política, la cual llegue a reemplazar la de 1980, aprobada con base en usuales artificios del régimen militar (1973 – 1990), presidido en aquel entonces por Augusto Pinochet. Éste, apoyado por los sectores derechistas y las élites conservadores, quienes todavía continúan entronizados “en la política del poder”, obstruyendo todo lo que asemeje a reforma social y económica.
Lo argumentó Camillo Cavour mentor de la unificación italiana en el Siglo XlX: “Las reformas adoptadas a tiempo debilitan el espíritu revolucionario”, Por el contrario, cuando se adoptan demasiado tarde, solo avivan el malestar popular (Dominique Moisi).
Las protestas las encienden las históricas demandas, en pos de “la agenda social”, la cual se prolongó de manera peligrosa. Había sido ignorada, o circulado en la oscuridad. La fuerza de las peticiones, en su conjunto han puesto en entredicho aquella “nación triunfadora y Edénica”. Por eso Chile ofrece lecciones dignas de ser tomadas de manera cautelosa por el resto de las democracias occidentales. Los ciudadanos de esta época abogan por tener acceso justo a los bienes y servicios, los que permitan tener una mejor educación, una mejor salud, una mejor vejez. “En otras palabras, que la sociedad empiece a avanzar, para que todos seamos iguales en dignidad. Es lo que el filósofo Norberto Bobbio llamaba un mínimo civilizatorio”. Toda sociedad, dice él, tiene que tener algo en que todos los ciudadanos seamos iguales (Ricardo Lagos).
Entre los reclamos (antisistema), desprendidos del Chile convulsionado, convergen distintos intereses y necesidades. Se exigen impuestos a los grandes patrimonios; incrementos en los salarios, el freno al alto costo de vida; el aumento del 20% de las pensiones, cuyo sistema cubre (precariamente) a 1,5 millones de personas, ni los montos sobrepasan los $300. Se refuerzan con la asignación de mayores recursos a los servicios públicos, tales como el de la educación y la salud – la adquisición a bajo costo de excelentes medicamentos – y rebajas en las tarifas; la construcción de viviendas; el mejor abastecimiento del agua en las zonas rurales; el freno a la corrupción y los privilegios en el gobierno. También la puntería se dirige a los parlamentarios, se piensa que se les debe disminuir los salarios y las asignaciones, los que oscilan entre $27.000 y $44.000; al mismo tiempo se demanda la disminución del número de ellos.
NO TODO LO QUE BRILLA ES ORO. Lo antes dicho, lo acoplamos al “efecto Pigmalión”, patrimonio de la mitología griega. En el caso chileno, puede significar de este modo: “háganos creer que eres un asunto genial, sin serlo. Quizás acabarás siéndolo, si intentas ajustarte a ese rol de genio. Posiblemente, los demás te evaluarán bien, a pesar de estar equivocados”. El brote de indignación social no se trata del precio del transporte, ello es secundario y trivial (Dominique Moisi), sino de algo más profundo: ha revelado una herida que el crecimiento económico había logrado restañar, la desigualdad. Al extremo que Mónica de Bolle, investigadora del Instituto Peterson de Economía Internacional, expresó que varios países de América Latina desaprovecharon el auge de las materias primas, lo que a principios de siglo sacó a millones de personas de la pobreza en la región.
Un estudio reciente reveló que si bien la clase media se ha ensanchado, el 1 por ciento de la población chilena acumula el 25 por ciento de la riqueza generada. La desigualdad no es nueva, pero hasta ahora se había tolerado por las engañosas promesas de estabilidad, la reducción de la pobreza y la expansión del consumo (Carlos Peña).
Chile parecía funcionar racionalmente bien. Se autoproclamaba como “uno de los países más competitivos, prósperos y estables de América Latina”, gracias “al empuje empresarial en toda escala”. Bajo el régimen militar de Augusto Pinochet, luego con la transición a la democracia (1990), la economía nacional llegó a consolidar un proceso de expansión con un crecimiento anual del 6%, en lo cual contribuyeron sobre todo los elevados niveles de inversión extranjera y el crecimiento de las exportaciones. No obstante, se omitió informar sobre la distribución del ingreso, las percepciones de justicia social, la sensación de vulnerabilidad financiera de la población, u otras condiciones como la confianza y el buen gobierno, todo lo cual pesa bastante en la calidad de vida general (Jeffrey D. Sachs).
Valga la digresión, al recapitular que, con el ascenso del régimen militar ultraderechista, las compañías transnacionales recuperaron sus expropiados capitales y unidades productivas, nacionalizadas por el régimen izquierdista de Salvador Allende (1970 – 1973), quien por su parte había estatizado la producción del cobre, el comercio exterior, la banca privada. Asimismo, había radicalizado la reforma agraria, fomentando modalidades colectivistas de producción.
Lo visto en las imágenes de la televisión y los despachos de prensa dan cuenta de las grietas y contradicciones internas del “modelo chileno”, sustentado en los postulados ideológicos del Consenso de Washington, una corriente de pensamiento económico inspirada en “las ortodoxas recetas neoliberales del profesor Milton Friedman y la Escuela de Chicago”. En palabras breves: lo inherente a la tesis de la puesta en funcionamiento de la economía (abierta) de mercado, en su pureza; lo cual comporta la escasa presencia del Estado en las decisiones del sistema económico, las cuales se trasladan al sector privado; en cuenta las áreas de los servicios de salud, educación y pensiones, etcétera; la menor fijación de impuestos a los adinerados; la apertura comercial con todas las naciones, por lo que en adelante los tratados de libre comercio adquirirán notoriedad.
El crítico panorama, el cual estremece a la administración del multimillonario y conservador presidente Sebastián Piñera, a quien se le está obligando a renunciar a la Presidencia, es el producto de males (estructurales), acumulados desde casi tres décadas, y más antes. Entre ellos, la persistente desigualdad social y la deficiente calidad de los servicios públicos. Las serias sequías que golpean al territorio nacional han acrecentado el malestar de la gente, tras eso el servicio del agua lo han privatizado. La responsabilidad recayó en la derecha, en los centro-izquierdistas gobiernos de la Concertación, así también en los empresarios acaudalados, pues permitieron el negocio del líquido a costa de un derecho básico y generalizado en casi todo el mundo (Javier Ilabaca).
En tanto, los distintos gobiernos – los de veinte años de la Concertación, los dos de Piñera - tampoco “fueron capaces de reconocer y solventar las inequidades en toda su magnitud”. Las frustraciones, de lo que han dado tanto que hablar, se tradujeron esta vez en disturbios. Las cuales se achacan al fracaso de los (menguantes) paradigmas de la globalización, las políticas de los mercados libres y abiertos, así como al pro-mercado y la apertura económica, pese al impresionante desempeño de Chile en materia de crecimiento y modernización económica – un paraíso triunfador, publicitado por el activismo diplomático -, apenas favorecedor de los empresarios ricos y las clases sociales tradicionales y adineradas.
Para colmo de males, todavía se tienen demasiado lejos los presuntos beneficios, resultantes de las profecías del famoso “goteo o chorreo” (“trickle down”), cuando se había planteado la distribución de la riqueza. Esto es, el mejoramiento de los estándares de vida de la mayoría de los chilenos, a la espera en que las élites económicas alcanzaran, a través del libre mercado, los más elevados niveles de acumulación de capital. Pasó que la fallida modalidad de “neoliberalismo “tuvo mecha corta” en la sociedad chilena. Los adinerados y las clases dirigentes se olvidaron de distribuir la riqueza del pretendido “goteo”. Todo quedó en la retórica, “a contramano” de las expectativas de la población, quien se muestra impotente de impulsar una configuración de alianzas verdaderamente democráticas, la cual rompa con el neo-pinochetismo.
El futuro se muestra sombrío (Jeremy Adelman; Pablo Pryluka) con las rebeliones en las calles, las que el gobierno es incapaz de desactivar, ni siquiera ofreciendo una agenda política blanda. Casi nadie se atreve a pronosticar la duración de los desarreglos y de la insatisfacción, porque empeora la desconfianza en el gobierno, en las instituciones jurídicas y los partidos políticos. Más cuando, ni los partidos izquierdistas, tampoco los derechistas han tenido la habilidad de superar la grave crisis de representatividad. Apenas vota el 49% de los electores en los comicios generales. El Programa de la ONU para el Desarrollo (PNUD) publicó en 2016 su encuesta Auditoría a la Democracia, donde advierte de “un problema de carácter estructural”, y señala que “el descontento de la ciudadanía con el funcionamiento del sistema político y sus instituciones ha sido paulatino más que repentino”. Comparando los datos de 2008 y 2016, quienes no se identifican ni con la izquierda, ni el centro, ni la derecha pasaron de ser un 34% a un 68%. Quienes no se sienten representados con ningún partido político, de un 53% a un 83%. Al mismo tiempo, lo demuestra la popularidad del Presidente Piñera, quien se resiste a renunciar a su cargo: los ciudadanos lo han castigado, y su respaldo ha caído a un histórico récord del 14% (Rocío Montes, ídem).
Al caer la dictadura, repudiada por la mayoría de la gente, el orden establecido por Pinochet corrió más allá, quedó casi intacto. La democracia chilena fue y ha sido una democracia tutelada por la herencia pinochetista (Sergio Erick Ardón. El usufructo de ella se encuentra en manos de las fuerzas armadas. Estas, eso sí, en estos tiempos son menos represivas, a diferencia de la época de Pinochet, “quien gobernó a sangre fría”.
LOS CENTROIZQUIERDISTAS DEFRAUDARON. Cuesta entender que los herederos del ideario de Allende pactaran con el tirano y sus secuaces, aquellos que sentaron las bases del “CHILE.S.A”, la voraz sociedad militarizada y empresarial más "limpia y perfecta" de todas las que se ensayaron en el continente (Ardón, ídem). De la no existencia de oposición, asesinada, bien reprimida, o exiliada, favoreció que Pinochet y los suyos hicieran los que les vino en gana (ídem).
Los gestores “del retorno al régimen político civil” se realinearon, tal que descartaron modificar el modelo de mercados libres y desregulados - se fascinaron con él - el cual se mantuvo arraigado en la democracia, lograda por la transición (Carlos Alberto Montaner). Siquiera pudieron haberlo suavizado. Más bien parodiaron la corrupción. Con realismo y verdadero cálculo recuperaron el lugar perdido de fracción política y económica dominante. Cedieron a la propuesta derechista, a efecto de que Pinochet se incorporara como Senador vitalicio del Poder Legislativo de la República; luego hasta impidieron que permaneciera detenido en Inglaterra en octubre de 1998, a causa de crímenes de lesa humanidad (Guía del Mundo. Instituto del Tercer Mundo, 2009).
Las denominaciones políticas de centro-izquierda al ascender otra vez al poder se tomaron en serio el pacto político hacia la transición; así como dijimos, los logros económicos de “la agenda neoliberal” a ultranza, impuesta por el régimen dictatorial de Pinochet, quien gracias a un golpe militar alevoso y sangriento (Ardón, ídem), apoyado por la oligarquía, las capas sociales medias, la intervención de la CIA estadounidense, derrocó al legítimo gobierno socialista de Salvador Allende (1970 – 1973). Las contradicciones internas en el seno de su partido, la Unidad Popular, dieron al traste con el ideario socialista, aparte de que hubo profundos desequilibrios en la economía, entre ellos, la irrefrenable inflación, aunados al desabastecimiento de los bienes y servicios (Guía del Mundo, ídem).
Buena parte de la ciudadanía le hace reclamos al partido centroizquierda, ya que desde 1990 administra un modelo económico heredado de la dictadura (Montes, ídem), incluso la privatización de empresas y servicios públicos. “Al extremo que en Chile solo el 20% de los 18 millones de habitantes acceden a la salud privada”. Se le critica a la formación centroizquierda haber llevado adelante una transición pactada con el régimen militar, con el pretexto que en aquel entonces la figura de Pinochet era un lastre irremediable para la democratización avanzada. Desde 1990 no solo decoró el neoliberalismo heredado de Pinochet, con ligeras variantes en las políticas sociales, supuestamente protectoras de los menos favorecidos (Jeremy Adelman; Pablo Pryluka), sino que llegó a prestarse a maquillar los datos económicos y sociales en los tiempos que ha ejercido el poder. Al país lo hacían encabezar todos los índices económicos y sociales de América Latina, incluido el de la honradez, según Transparencia Internacional (Carlos Alberto Montaner). A tal corriente opositora, en este lapso deprimida, dividida internamente, en un primer momento de las manifestaciones callejeras de octubre pasado, le costó condenar la respuesta violencia desatada por las fuerzas armadas; fue demasiado ambigua, lo que es parte del desencanto y la desconfianza, atravesada por la ciudadanía en este 2019.
Por eso “las multitudes que protestan no están guiadas por partidos ni por movimientos visibles”, ni por cabecillas, menos aún por la izquierda y la derecha o dirigentes populistas. Hasta “carecen de un conjunto claro y específico de reivindicaciones relacionadas con el poder político”, tanto que los aborígenes Mapuches, perseguidos por Pinochet y los centroizquierdistas, a ellas se han adherido. La gente lo que quiere “es que haya bienes públicos al alcance de todos los chilenos”, que el crecimiento económico, sea acompañado de reforma institucional democrática, tal que se remedie la brecha de la desigualdad y la exclusión social (Carlos Peña).
PARÁMETROS ECONÓMICOS Y SOCIALES. Sea válida una de las conclusiones alrededor de la transición democrática, la cual solo vino a entregarse a los empresarios y los ricos. Por eso, las revueltas de la población se enfilan a forjar cambios profundos al modelo económico del país, por cuanto este “marginó los intereses de las grandes mayorías. La gente de bajos ingresos se ha alzado contra un sistema desgastado, cuyas “cartas” son objeto de descrédito. Hay baja movilidad social; el chileno siente estancamiento en sus vidas. Chile posee la mayor desigualdad de ingresos en la OCDE, el club de países de altos ingresos (Jeffrey D. Sachs). Cabe subrayar que el promedio mensual de los salarios de casi el 75% de la clase trabajadora no supera los $500. La pobreza afecta el 25% de la población. La carga tributaria se ha mantenido prácticamente igual durante suficiente tiempo: en torno al 18% y 20% respecto al producto nacional bruto, una cifra magra. Los europeos están todos alrededor del 35% y 40%. Estados Unidos de América cerca del 30%. Esa carga tributaria no permite generar una mejora en la igualdad de los ingresos. En Chile, además, la mitad de los impuestos que se pagan corresponden al impuesto al valor agregado, al IVA, el más regresivo de los impuestos (Ricardo Lagos, expresidente de Chile). Este comportamiento tributario obedece a imposiciones de la derecha conservadora. En esta misma línea política, nada es de extrañar que el Presidente Piñera impulsara reformas que han de reducir los impuestos a los más ricos, según él, en un esfuerzo por atraer inversiones e impulsar el crecimiento.
Chile vive una desaceleración económica; el Banco Mundial ha bajado las expectativas de crecimiento para este año y el próximo (Peña, ídem). Desde el 2013 hasta hoy la economía suya ha crecido menos del 3%, a diferencia del crecimiento del 6% registrado en la etapa adulta del régimen militar y en los gobiernos civiles de la Concertación (centroizquierdista), excepto con la Presidenta Michelle Bachelet. Este año ha sido afectada por las tensiones comerciales de carácter global (2014 – 2018), a causa de la caída en el precio del cobre (su principal materia prima de exportación) y el aumento de los precios del petróleo. Con todo, está en mejor forma que las economías de algunos de sus países vecinos.
EL FARDO SE TORNA PESADO. Además de la desaceleración, y en su contra el constante y rotundo rechazo ciudadano, el Gobierno de Sebastián Piñera, quien ha llevado todas las de perder, intenta infructuosamente encontrar una salida a la crisis social, teniendo presente el diálogo con las fuerzas de la oposición, y de paso la formulación de “la agenda social” (ídem), en la cual tímidamente se contempla, entre otras materias, la mejora inmediata de las pensiones; el subsidio a medicamentos; la creación de un ingreso mínimo garantizado; la estabilización de las tarifas eléctricas; el aumento de impuestos a los sectores de mayores ingresos. La agenda suya llegó a ser descartada de plano, se le considera insuficiente (ídem). Habida cuenta de la responsabilidad de él en relación con los asesinatos durante las protestas, esto por haber lanzado los militares a las calles; se los cobrarán tarde o temprano; hasta algunos jueces le han advertido que las pérdidas de vidas no quedarán impunes. En cambio, los sectores políticos adversos a él, así también los manifestantes, están convencidos de su propia contrapropuesta, consistente en la realización del plebiscito hacia la nueva Constitución Política, aparejada a las presiones que buscan la pronta salida de Piñera de la Presidencia de la República.
La agitación social ha puesto en evidencia las abiertas tentaciones y condenables señales de militarización, como también las denuncias de violaciones de los derechos humanos. Lo cierto del caso es que la escalada de protestas las ha reprimido de forma sangrienta el ejército y “los carabineros”, lo cual hizo recordar los traumas de “los toque de queda” de los diecisiete años de la criminal dictadura de Augusto Pinochet (1973 – 1990). Al quien precisamente Fernando Volio Jiménez, canciller costarricense y tratadista internacional hubo de enfrentar y perseguir de manera incesante por los crímenes de lesa humanidad, sustentados en “la doctrina de seguridad nacional”, así también en su corolario extrafronterizo, la “Operación Cóndor”, la estrategia aglutinante de las dictaduras militares de América del Sur, cuyo objetivo fue el de cooperar en la eliminación de los movimientos contestatarios y fácticos, entre ellos las guerrillas urbana y rural.
Para algunos analistas, como Ascanio Cavallo, “simbólicamente, el Gobierno está acabado”, sobre todo después de que en días pasados anunciara la cancelación del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), el cual se celebraría en Santiago en noviembre, al igual que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), en diciembre. “Eran los mayores logros del Gobierno en materia internacional. El segundo desafío, lograr que la economía repunte, sino también lo daría por muerto” (Cavallo, ídem). Esto último pareciera el pronóstico más cercano. A Piñera solo le resultó inesperado caer “en guerra frente a un enemigo poderoso”, así torpemente lo reseñó. Sí, los distintos conglomerados sociales, gestores de una sociedad menos desigual (Ardón, ídem). Entonces es de prever que se abran las heridas del pasado.
A MANERA DE CONCLUSIÓN. El Estado de derecho chileno se podrá imponer en el escalamiento de la crisis, siempre y cuando se conceda prioridad a las reformas sociales, a la defensa de las libertades civiles, y a su vez sea asegurado el crecimiento económico; obviamente en esto cumplirá un rol decisor las fuerzas armadas (Carlos Peña). A prueba se pondrá si en ellas, al lado de las clases de adineradas, descansará el tutelaje del sistema político. Las sociedades nacionales requieren “una racionalidad más bien dirigida a la procura del bien común y la equidad” (José María Gutiérrez,UdeCR), a la consolidación del pluralismo democrático. Jeffrey D. Sachs lo postula acertadamente, posee el rostro de un consejo a Chile, en cuanto a hacer reales todos esos principios éticos y políticos en provisiones superiores de servicios públicos; en la mejor justicia redistributiva del ingreso entre ricos y pobres, movilidad y ascenso social, más inversión pública para alcanzar la sustentabilidad ambiental. El imperativo consiste en prevenir la baja confianza social, la elevada desigualdad, las grietas sociales, así como la sensación generalizada de injusticia e infelicidad de los ciudadanos.
lunes, 21 de octubre de 2019
“MENTES DESORDENADAS” Y LESIVIDAD SOCIAL. Autor: Ronald Obaldía González
“MENTES DESORDENADAS” Y LESIVIDAD SOCIAL.
Autor: Ronald Obaldía González
“MENTES DESORDENADAS” Y LESIVIDAD SOCIAL.
Autor: Ronald Obaldía González
Guiados por un concepto en boga en las ciencias sociales de los Estados Unidos de América, referido a las “mentes desordenadas”, propias del comportamiento psicológico de algunos afamados líderes políticos de Occidente, nos hemos lanzado a dar rienda suelta al examen crítico de un cúmulo de recientes y asombrosas informaciones que circulan en la multiplicidad de quehaceres, lo cual por curiosidad nos permite por nuestra propia cuenta reafirmarnos también como un pleno “desordenado”, eso sí guardando las proporciones, lógicamente.
Si es que estamos recurriendo a la razón, empezamos en dar por cierto de la inexistencia de “sociedades compuestas por dioses”; habida cuenta que casi nunca se estará en capacidad de resolver todos los males sociales, políticos, económicos y culturales; si bien mancomunadamente podemos contrarrestar, con mensajes de fe y esperanza, “el pesimismo pernicioso, haciendo posible la política del optimismo filosófico liberal y progresivo” (Philippe Legrain), de modo que se presupongan los cometidos de expandir los beneficios del crecimiento económico y compartirlos de manera más justa.
Bien lo postula el galardonado escritor Sergio Ramírez Mercado, acerca de la urgencia en el cambio de mentalidad del político, el empresario, el trabajador, ello en pro del servicio y el bien común, basado en una “revolución ética, cultural y de mejor civilidad”. Eso sí, cabe aquí exigir modificaciones sustanciales en el accionar de los partidos políticos, entre otros responsables, quienes constituyen los órganos intermediarios entre la sociedad política y la sociedad civil, cuya fuerza convergente puede ser canalizada hacia ese proponente ideal superior de Ramírez.
Asimismo, nuestras economías y sociedades prosperan y transforman la economía, cuando las ambiciones nacionales y el progreso están respaldados por una acción global firme y perseverante (Andrew Holness y Frank Bainimarama), proveniente de la sana y eficaz gobernabilidad, en lo cual el líder político, el administrador y el propio ejecutor de decisiones y programas deben establecer un vínculo basado en la credibilidad, la honradez y la confianza, la medición precisa de los resultados, a fin de mostrar una buena reputación, aceptación y legitimidad ante la nación.
El asunto no es solamente en saturar la administración pública de legislación (inoperante), o en introducir enfoques y técnicas, los cuales se supone habrán de perfeccionar, fallidamente, el funcionamiento de ella, en cuenta los relacionados con la búsqueda de la idoneidad del personal. Al final de cuentas, tales intentos e iniciativas concluyen en fracaso, en tanto se alejan de la identidad, el carácter y de las reales particularidades de las entidades, así como del entorno social, lo cual determina sobremanera el accionar del Estado y la burocracia.
En su lugar, preferimos hacer uso de la sociología y la psicología, pensando en aquel tipo de servidores apasionados, emprendedores, responsables, comprometidos con la riqueza del aprendizaje, alrededor del conocimiento y la ciencia, el trabajo intenso y la innovación (Carlos Alberto Montaner), quienes están lejos de “parquearse” en regímenes y leyes laborales conservadoras y completamente desactualizadas, solo útiles a algunos con tal de defender el estatus quo, o en su defecto perpetuarse en un cargo burocrático, por el cual la creación de ideas y la producción de resultados de calidad se queda corta.
Tampoco quiere decir esto, que estamos negando la necesidad del empleo de enfoques flexibles, y de la relevancia de los métodos novedosos y soluciones creativas a las realidades y fenómenos particulares de la administración, sobre lo cual existe un arsenal valioso en la aplicación práctica de los procesos de toma de decisiones. Justamente, mencionemos esas decisiones, en dirección al mejoramiento de la sociedad, sustentadas, en el correcto examen de los contextos sociales, en el conocimiento heredado de la experiencia, así también en las capacidades y destrezas acumuladas. O sea, en la habilidad práctica, pero juiciosa y prudente, en saber anticiparse a los riesgos o amenazas, derivadas de los contextos correspondientes, “realizando un uso correcto del lenguaje y la comunicación, esto es, comprendiendo simultáneamente los intereses del emisor y del receptor, sobre lo cual descansan las interacciones, las que a la postre condicionan los resultados de las acciones de cualesquiera organizaciones.
Estudios efectuados por décadas y que ahora dan sus frutos, califican la interrelación social como el remedio para lograr una vida más plena, satisfactoria y prolongada (Franco Alvarenga Venutolo) y humanamente productiva. En este punto, y en función del progreso de las organizaciones tanto formales, como informales, entramos entonces en el rol de los líderes, no únicamente empeñados en crear seguidores suyos, sino en alentar más líderes, quienes, por demás, han de ser buenas personas, honradas y altruistas, que piensan en el futuro de todos (Tom Peters), amigables con la verdad y la libertad.
No se puede ocultar el sol con un dedo. Los empleados del Estado “la llevan suave”, hay holgazanería. En este tiempo se obtienen mejores ingresos allí que en la empresa privada. O sea, ellos hacen pocas labores a ritmo lento, a menos que haya un interés personal de por medio. Difícilmente, se les puede sancionar, quien lo hace termina desacreditado, o hasta despedido. No obstante, es justo reconocer que también “sobreviven” funcionarios capaces, íntegros y laboriosos (René Jiménez Fallas), a menos que la ofuscación y la frustración los haga parodiar la inacción y la ineficiencia, lo más grave aún: sea que terminen “cediendo a las lógicas indeseadas de los beneficios fáciles”, u opten en colocar el interés de conservar el cargo público por encima de la vocación del servicio y de cualquier consideración ética y moral.
Un deber ineludible en el servicio público reside en trabajar bien, en serio, “en pensar en el futuro de todos”, a pesar de la ausencia de incentivos y, que enseguida se deba lidiar, desafortunadamente, con ambientes de rivalidades y enfrentamientos, con disfuncionalidades fuera de su control, entre ellas, los escenarios que premian la ineptitud, la inacción, los que abren las puertas, a favor de las indeseables prácticas del favoritismo, el nepotismo, el amiguismo y otros ismos (Jiménez Fallas). Lo cierto del caso, en una nación con ambiciones de desarrollo y equidad social resulta imprescindible que el empleado público, además de poseer el coraje de enfrentar circunstancias negativas como las citadas, sea capaz al mismo tiempo de demostrar agallas en cuanto a ofrecer tanto rendimiento y nivel de compromiso, igual o superior que la mayoría de los servidores de la empresa privada.
Sabemos que la estabilidad mediante las leyes laborales se muestra distante en garantizar la integridad, o la calidad del trabajo del funcionario público. Por el contrario, solamente se persigue con ello evitarle riesgos e incertidumbres, en tanto queda blindada la permanencia suya en sus puestos de trabajo, ello reiteradamente, en menoscabo de la innovación y el eficiente desempeño en la institución a la cual sirve (Carlos Molina Jiménez). A efecto de remediar estas deficiencias en la burocracia estatal, cabe aplicar como norma en la contratación de un funcionario público la fijación anticipada del perfil de los objetivos y las metas. que habrá de cumplir en el ejercicio del cargo (Tom Peters). De persistir la ausencia de resultados, al nuevo funcionario se le proporcionará adiestramiento en servicio. Se prescindirá de él, si en esto último la respuesta es insatisfactoria.
Quien quiera más beneficios personales o bien darle rienda suelta a la codicia, es preferible que encuentre la manera de levantar su propia empresa, se dedique al servicio privado. Hay que entender que al Estado se llega a servir, y que desde allí se planea la continuación del bienestar social de los ciudadanos, sobre este principio es donde se valora el reconocimiento de nuestros méritos como servidores de la ciudadanía. Es la razón por la cual la administración pública y las políticas públicas tienen sentido y arraigo.
Dicho esto, por cuanto se hace mayor énfasis (o especie de ritual) en la forma que en el fondo, resulta notorio el abuso excesivo “del debido proceso”, entre otros mecanismos, los cuales suelen extralimitarse en la defensa de gente, sujeta al despido laboral; quien lejos de desempeñarse como servidor público, más bien con el paso del tiempo se comporta “en usufructuario” de costosos derechos y beneficios individualizados, o bien gremiales, sin contraer el fuerte compromiso con el ideario y la misión de la organización pública, cuya responsabilidad es proporcionar servicios de elevada calidad a la sociedad en su conjunto (Molina ídem).
Nunca borraré de nuestra mente las (casi cínicas) expresiones de cierto funcionario público, perteneciente a una polémica institución pública, quien había elevado ante los juzgados de trabajo un juicio millonario en contra del Estado. Porque según él se le habrían de cercenar derechos laborales. Al final logró, inmerecidamente, su objetivo; recibió una millonada de dinero, proveniente de los fondos públicos, recursos tan indispensables en otros objetivos prioritarios. Tras la (complaciente) sentencia judicial llegó a ufanarse de "su hidalguía", pues a su juicio "había hecho valer sus derechos".
Lo asombroso de tal opacidad llegó a ser la indolencia de esa criatura, que a pesar de contar con demasiados años en su trayectoria de trabajo, presumo que ni siquiera había producido lo más elemental de sus responsabilidades, "pero aún así hubo de luchar por sus derechos". La palabra obligaciones había sido excluida de su manual de vida.
Hay un sinnúmero de burócratas, quienes piensan que, en su condición de servidores públicos, la administración se ve obligada a satisfacer sus caprichos o conducta egoísta, sin tener efectos en la eficiencia y el compromiso para con la sociedad. En este orden, con frecuencia llega a ser palpable que “demasiados servidores actúan sin guía, sin sentido de urgencia, sin saber lo que se espera de ellos y ante quiénes deben rendir cuentas de su desempeño” (Franco Alvarenga Venutolo), por cuanto a la sociedad entera le corresponde hacerse responsable del financiamiento del aparato estatal.
En esto sucede que los administradores, los políticos y los supervisores blandengues, toda vez deshonestos, necesariamente son cómplices de tales artimañas, porque poseen la misma estatura moral de la persona a la que me he referido. E incluso los cálculos electorales dependen de ese género de clientelismos, mezclado con populismo. También cuenta en esto el típico “comportamiento a la tica”, su aliado “el del nadadito de perro”, el andarse por las ramas, uno de los rasgos de la psicología nacional, tan dañinos, contraproducentes; pues originan incerteza e inseguridad, en vez de darse cabida a la innovación y la modernización en las esferas del Estado y la renovación del sistema productivo.
Por eso es necesario poseer un aparato estatal menos grasoso, haciéndolo eficiente, con vistas a ahorrar recursos, destinados a la creación de oportunidades sociales y económicas a favor de la población de menores ingresos, como también, a la protección de las vidas humanas, del medio y la biodiversidad, así como de la intensificación de los programas de prevención de los efectos de los desastres, la preservación de la multiculturalidad. A nuestro juicio y evitando “las palabras gastadas”, todo esto sí constituye justicia social como universal objetivo a la vista.
De partida, habrá de invertirse en la sólida base ético-moral, el factor clave y fundamental por el cual se cimienta la conciencia y la acción cívica ciudadana en los diferentes ámbitos, de lo cual han de estar revestidas las actitudes y aptitudes de cualesquiera servidores, en función del correcto desempeño institucional. Al prescindirse de este enfoque axiológico, se termina haciendo engorroso y frustrante el despido de servidores ineptos y corruptos, quienes para sobrevivir cohabitan con un Estado grasoso, obstruccionista e ineficaz, del cual se acorazan a fin de sobrevivifr.
Al sustraerse la perspectiva ético – moral, el alcance mayúsculo de los intereses corporativos, o de nuevos agregados políticos, excluyentes, tienden a predominar por encima del bien común. Razón por la cual varios grupos de presión e interés al interior de la administración pública adolecen del egoísmo y el sectarismo, casi siempre “aferrados a la cultura del incremento del salario” (Roger Churnside Harrison +), lo cual apuntala a la mediocridad, la inacción, “al abuso desmedido” y la irresponsabilidad. Tanto que en tiempos de recesión económica, esos agentes de presión y de marcada influencia política, solo se empeñan en las ambiciones de élites restringidas, o del privilegio personal, de cúpulas o gremios. Les despreocupa el modo de vida de las otras personas, al igual que de los menos favorecidos, a los que demagógicamente dicen defender.
He aquí una comprobación de nuestra tesis. El mejor acceso a la educación de calidad, lo cual amplía los horizontes de sectores sociales en desventaja y emergentes, ha llegado a tal extremo de deterioro y estancamiento, de lo cual en buena parte son cómplices las organizaciones gremiales, ellas más concentradas en su poder adquisitivo, que en el progreso y renovación del sistema educativo.
La experiencia nos ha permitido corroborar que en donde hay gremios hay mediocridad, hasta corrupción, porque no necesariamente estos se enfocan en los propósitos y metas, relacionadas con el crecimiento en contenido y eficacia de los sectores de la actividad pública, así también de las unidades de trabajo. Terminan (los gremios) de complicar la búsqueda del perfeccionamiento de los servicios estatales, tienden a inmovilizarlo. De la innovación, la novedad en el producto, más bien se convierten en contestatarios; por lo tanto, el cambio en las políticas y los métodos de trabajo institucionales los ubican, de forma temeraria, en el rango de las amenazas.
Bajo un crítico panorama de tal naturaleza, casi nadie querrá ser gobernado por autoridades legítimamente constituidas. Llega a revelarse también la peligrosa “despersonalización del poder”, la superposición de poderes fácticos en detrimento del principio de la delegación del poder, “todo lo cual inexorablemente puede conducir al desastre social”.
Quien llega a tener acceso laboral al Estado es para servir, y no a buscar prebendas, favores y beneficios personales, o de aprovecharse del relativo poder y la influencia, deparados a través del nombramiento público. Quien aspira a mayores beneficios personales, prepárese a escoger la ruta de la organización de su propia empresa. Es decir, que se dedique al sector productivo, pero entiéndase que al Estado se llega a trabajar por el bien colectivo. Tal que desde allí habrá de planearse la continuidad del bienestar social de los ciudadanos. Sobre este principio, de contribuir a mejorar la calidad de vida de la gente, se pone de manifiesto el reconocimiento de nuestras aptitudes y actitudes, de nuestros propios méritos como servidores de la ciudadanía. Como dijimos líneas arriba: significa la razón de ser y lo que da sentido a la administración pública, dado que produce a la vez bienes y servicios, sujetos por su parte a la valoración y al escrutinio popular.
Otro elemento para acabar este comentario. Lo reiteraba un escritor costarricense - cuyo nombre se me escapa ahora - en la urgente necesidad de poner en conocimiento y alerta a los ciudadanos, en que si no se defienden las instituciones públicas” y el sistema jurídico, defensor de la razón y la justicia, puede ponerse al país al borde de la anarquía y la ingobernabilidad, abriendo el camino a la demagogia, a los dirigentes autoritarios, antidemocráticos, o bien anarquistas, los cuales, con sus abusos y arbitrariedades “pasan por alto las libertades fundamentales”, lo mismo que “la autoridad legítima, las instituciones independientes y los controles del Estado”, es decir la arquitectura de nuestro sistema democrático, del cual gozamos todavía sin contratiempos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)