viernes, 23 de octubre de 2026

DONALD TRUMP Y LA ENCRUCIJADA DEL PODER ESTADOUNIDENSE: CONFLICTOS GLOBALES Y REGIONALES, HIDROCARBUROS Y LAS ELECCIONES DE MEDIO PERIODO. Autor: Ronald Obaldía González

DONALD TRUMP Y LA ENCRUCIJADA DEL PODER ESTADOUNIDENSE: CONFLICTOS GLOBALES Y REGIONALES, HIDROCARBUROS Y LAS ELECCIONES DE MEDIO PERIODO. Autor: Ronald Obaldía González La política exterior de Donald Trump atraviesa una etapa particularmente compleja. Nuestras fuentes analizadas reflejan un escenario en el que la estrategia de «America First» procura recuperar para Estados Unidos de América un papel predominante en los asuntos internacionales, pero, al mismo tiempo, genera fricciones con sus aliados tradicionales —más recientemente, con su vecino Canadá—; profundiza los conflictos comerciales y coloca a Washington ante confrontaciones militares, cuya resolución depende también de contestatarios operadores regionales. El derecho internacional, el multilateralismo, la batalla contra el cambio climático y la contención del avance del autoritarismo, el nacionalismo proteccionista, el iliberalismo quedan relegados a una posición marginal, en abierta contradicción con los principios que históricamente han orientado las correctas relaciones entre las naciones. Las antípodas evidencian que, detrás del discurso del MAGA, prevalecen intereses hegemónicos, orientados a reafirmar el poder estadounidense, en consonancia con aquella célebre máxima atribuida a Henry Kissinger: «Estados Unidos no tiene amigos ni enemigos permanentes; solo intereses». Esto último se agiganta, habida cuenta que Estados Unidos de América dispone de armas de control espacial en órbita alrededor de la Tierra (“on-orbit space control weapons”), capaces de defender las fuerzas estadounidenses frente a acciones hostiles. Revisaremos el caso del convulsionado Medio Oriente, una de las principales regiones exportadoras de petróleo crudo, cuyos gobernantes advierten que la estabilidad de la zona está directamente condicionada por la seguridad energética global. En definitiva, percibimos movimientos geopolíticos allí, los cuales suponen habérsele salido de control a Washington. En particular, la desesperación ante el aumento de los precios de los combustibles, asociado con la guerra frente a Irán, reiniciada en febrero de este año por Estados Unidos de América (EEUU) e Israel, cuyo costo de más de $40000 millones a las arcas estadounidenses origina malestar en el público. La idea que se desprende del párrafo anterior resulta esclarecedora: la política exterior de Donald Trump atraviesa un período de fuertes turbulencias, condicionada tanto por los riesgos políticos que representan las elecciones de medio período en la Unión Americana, como por la abierta resistencia a las políticas globales contra el cambio climático. Postura que ha suscitado críticas y malestar en diversos sectores de la comunidad internacional. A ello se suma la pretensión de ejercer una conducción unilateral y transaccional de los grandes conflictos internacionales, mientras se enfrenta a la creciente necesidad de negociar con sus aliados, las potencias regionales, calificados adversarios como China y Rusia, o los operadores que controlan espacios estratégicos en el comercio mundial, en cuenta los hidrocarburos. Los observadores señalan que Trump procura utilizar el poder económico, militar y energético de Estados Unidos como instrumento de poder hegemónico en el ámbito internacional. En el caso de Irán, Washington combina la acción militar con las sanciones económicas y las presiones sobre las rutas estratégicas del comercio global, con el propósito de debilitar la capacidad de maniobra de Teherán y condicionar sus decisiones políticas. Lo cual se ha visto frustrado frente al empecinado rechazo de los iraníes. Al extremo que, a pesar de la apabullante derrota militar que arrastra esa nación islámica chiita, el Presidente de Irán le advierte a Trump que nunca se arrodillará, esto en el ambiente de su mensaje en la pasada Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (David Gritten). Es un hecho cierto que todavía el régimen teocrático de Teherán se conserva intacto, así como su comportamiento despótico y despiadado frente a sus gobernados. Constituyen piezas de un mismo tablero geopolítico, a saber la guerra con Irán, enfrascada por las convulsas negociaciones en torno a su programa nuclear y las crecientes tensiones en el estrecho de Ormuz; la ofensiva de los hutíes contra Arabia Saudita y su aliado el gobierno de Yemen - respaldada de forma indirecta por Teherán -, expandida en el mar Rojo y en las inmediaciones del estrecho de Bab el Mandeb; la persistente violencia en Gaza; el deterioro de las relaciones con Canadá y la Unión Europea; así como la creciente atención de Washington sobre América Latina, particularmente en relación con el cuestionado combate contra el narcotráfico y la cada vez mayor presencia de China en su zona de influencia inmediata, en paralelo con la guerra comercial y tecnológica. A este complejo escenario se rescata la reciente retirada de Irak de las fuerzas de la coalición internacional contra el yihadismo, liderada por Estados Unidos de América, cuyo objetivo ha sido combatir al grupo terrorista Estado Islámico (EI), considerablemente debilitado, pero aún hostil a los Acuerdos de Abraham, suscritos en 2020, tendiente a normalizar las relaciones entre Israel y varias naciones árabes. UNA POLÍTICA EXTERIOR DE ALCANCE GLOBAL, PERO CRECIENTEMENTE AGITADA. Los observadores sugieren que Trump procura convertir el poder económico, militar y energético estadounidense en instrumentos de asedio de política internacional. En el caso iraní, Washington combina la acción militar con el bloqueo económico y la presión sobre las rutas petroleras. Trump sostiene que la guerra contra Irán busca impedir que Teherán desarrolle un arma nuclear y ha vinculado su desenlace con las elecciones de medio periodo estadounidenses. Incluso ha afirmado que el conflicto terminará después de esos comicios. Sin embargo, la evolución de la guerra demuestra que una cosa es iniciar una operación militar y otra muy distinta conseguir una solución política duradera. Aquí aparece una de las principales contradicciones de la estrategia trumpista, incubada en el MAGA: la utilización de la fuerza puede modificar el equilibrio militar, pero no necesariamente resuelve las perturbaciones diplomáticas, geopolíticas que originaron o prolongan el conflicto. La situación del estrecho de Ormuz es especialmente reveladora. Washington sostiene que posee capacidad para garantizar su apertura, mientras Teherán continúa utilizando allí el control o la amenaza sobre la navegación como instrumento de negociación. Los países del Golfo, por su parte, buscan una fórmula regional para reabrir la vía marítima, incluso mediante la (arriesgada) mediación de Omán. Una reunión prevista entre Irán y varios Estados del Golfo Pérsico fue aplazada, mientras Estados Unidos de América insiste en que cualquier negociación debe concentrarse primero en el programa nuclear iraní. Lo tortuoso en Trump es que Ormuz no constituye únicamente un escenario geopolítico, militar: es también una arteria de la economía mundial. La prolongación de su cierre perjudica el petróleo, el gas, los fertilizantes, los seguros marítimos, los costos de transporte y, finalmente, la inflación global y doméstica de la Unión Americana, además de las extravagancias de él. Cabe citar además el contexto de desaceleración de la economía mundial y otras alteraciones que amenazan las perspectivas de crecimiento tal como el fenómeno de El Niño (Stefano Scapetta), así como los disturbios sociales focalizados ahora en la Unión Europea (UE). Es así que el Partido Republicano corre el riesgo de perder el control del Congreso (AFP). Aspirantes del Partido se han ido apartando del mandatario, por más que descarte ataques adicionales contra Irán antes de las elecciones de medio periodo. Una derrota de los Republicanos en las elecciones del medio periodo arrastraría un posible "impeachment" interpuesto por los Demócratas en el Congreso, por cuanto perderían el control de la Cámara de Representantes y del Senado. Hasta ahora las encuestas le desfavorecen a Trump y al Gran Partido Viejo (GOP). La aprobación acerca del desempeño del mandatario apenas alcanza un 32%; su impopularidad aumenta. El aumento de los precios de los combustibles está pesando sobre la opinión pública. Solo el precio del diésel ha aumentado más de un 65 % en Estados Unidos desde el inicio de la guerra en el Medio Oriente, conflicto que se ha extendido ahora a raíz de las acciones bélicas de los hutíes de Yemen contra su enemigo, Arabia Saudita. Esta situación se produce en vísperas de las elecciones legislativas estadounidenses del próximo 3 de noviembre, cuyos pronósticos son desfavorables para Trump y el Partido Republicano, que deberán esforzarse por conservar sus mayorías en ambas cámaras del Congreso (Jalline González G. y AFP). Con tal de prevenir un mayor encarecimiento del nivel de consumo del público, o de aliviar el malestar a la vista de las elecciones legislativas del 3 de noviembre, la Casa Blanca acaba de adoptar una medida de emergencia al flexibilizar las sanciones al diésel ruso. Eliminó el paquete de castigos que bloquean la economía rusa. Se dejó sin efecto la Ley Lindsey Graham, la cual contemplaba aranceles de hasta el 100% contra los principales compradores de petróleo y gas rusos, entre ellos China e India, a la vez que se castigaban las flotas fantasmas rusas tendientes a evadir las sanciones (Estados Unidos.AFP). Las reacciones en contra no se han hecho esperar. Dentro de las críticas de los aliados como la Unión Europea, se advierte que «levantar las sanciones al diésel ruso contribuirá a financiar la guerra» que el presidente Vladimir Putin libra contra Ucrania. Entretanto, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, malquerido por Trump, a raíz de ello elevó su posición intransigente en las negociaciones con Moscú. La escasez de combustibles se agrava, además, por los ataques contra las refinerías rusas, mientras Moscú continúa golpeando las infraestructuras ucranianas de gas y petróleo CNN)). Pese a los pronunciamientos del presidente Republicano, orientados a apaciguar el descontento y reducir el riesgo de una derrota electoral en noviembre, Trump anunció recientemente un acuerdo de «alto el fuego energético» o tregua entre las partes beligerantes. Sin embargo, dicho acuerdo falló, pues persisten los bombardeos contra las infraestructuras energéticas de ambos bandos (CNN,BBC NEWS). DONALD TRUMP, VLADIMIR PUTIN, VOLODIMIR ZELENSKI: ENTRE LA NEGOCIACIÓN DE LA PAZ Y LA SOBERANÍA DE UCRANIA. Ucrania siempre solicita el restablecimiento permanente del servicio de "STARLINK" ante la intensificación de los ataques rusos, consciente de que una interrupción en el uso de esta tecnología le podría provocar graves pérdidas humanas y materiales. A mediados de octubre de 2026 se limitaron ciertas funciones de STARLINK y STARSHIELD - el sistema satelital de Elon Musk - lo que dificultó a las fuerzas ucranianas las operaciones de drones y tareas de defensa aérea (REUTERS). Las restricciones coincidieron con las discordias entre Donald Trump y el Presidente Volodímir Zelenski, especialmente por los ataques ucranianos contra refinerías rusas y el acercamiento y los entendimientos energéticos de Washington con Moscú. Al mismo tiempo, Donald Trump viene tomando distancia del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a quien podría considerar un obstáculo a sus negociaciones con Vladímir Putin, el mandatario de Rusia, orientadas a poner fin a la guerra. Zelenski, por su parte, ha manifestado sentirse traicionado por Washington, mientras Trump ha llegado a pedir un cambio de presidente en la nación agredida. Detrás de este distanciamiento hay implicaciones en Ucrania, dado el rol que desempeñan los intereses estratégicos de Estados Unidos en las negociaciones con Rusia. Conviene analizar estos acontecimientos en el contexto amplio de la guerra ruso-ucraniana. Líneas arriba señalamos que Donald Trump considera a Volodimir Zelenski un obstáculo en cuanto a concretar un acuerdo con Vladímir Putin que le permita poner fin a la guerra en condiciones favorables a Washington. Ha causado perplejidad entre numerosos comentaristas su propuesta de celebrar una cumbre con Putin y Xi Jinping, el gobernante chino, con el propósito de contribuir a poner fin a la guerra en Ucrania, pasando por alto que ambos autócratas califican de decadente la civilización Occidente (Daniel Verdú. En: El País, España). Una iniciativa de esa envergadura supondría ejercer una presión considerable sobre el mandatario ucraniano. Desde esta perspectiva, la resistencia de Zelenski a aceptar determinadas concesiones territoriales u otras medidas que puedan interpretarse como entreguistas, podría frustrar los planes de Trump, quien parece privilegiar una salida negociada que permita, al mismo tiempo, recomponer las relaciones estratégicas y económicas con Moscú. La indisposición de la Casa Blanca hacia Zelenski podría responder al propósito de trasladar a Kiev una mayor responsabilidad por la prolongación del conflicto y presionarlo a que acepte las condiciones planteadas por Washington, entre ellas, la cesión de territorios a favor de las demandas rusas. En consecuencia, el distanciamiento entre ambos mandatarios podría reflejar no solo diferencias personales, sino también una divergencia de intereses estratégicos. Trump ha levantado un paquete de sanciones contra Rusia, incluido el acuerdo con Putin acerca del suministro de diésel ruso a los mercados estadounidense e internacional, con tal de bajar los precios de los combustibles; mientras se intensifica la disputa con Zelenski. Mientras Trump busca poner fin a la guerra mediante un acuerdo diplomático, Zelenski procura impedir que cualquier arreglo comprometa la soberanía de Ucrania y su seguridad futura. Esa postura cuenta con el respaldo de la Unión Europea (UE), cuyos miembros temen que una eventual expansión de las ambiciones territoriales rusas termine amenazando la seguridad del continente europeo. A este desasosiego se suma la persistente estrategia de Moscú de debilitar y fragmentar el bloque comunitario, objetivo que, según sus críticos, habría logrado parcialmente mediante su presunta injerencia en el proceso del Brexit de 2016, cuando el Reino Unido decidió, mediante un referéndum, abandonar la UE. LA REPÚBLICA ISLÁMICA DE IRÁN FRENTE A ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA: AISLAMIENTO, DESGASTE ECONÓMICO Y PERSISTENTES PRESIONES. El eje central de nuestro escrito intenta suponer cómo la guerra con Estados Unidos e Israel, el bloqueo marítimo y las sanciones económicas han profundizado el aislamiento de Irán, agravando sus dificultades económicas y sociales y debilitando la capacidad de la República Islámica con tal de sostenerse. Conviene, no obstante, distinguir entre el debilitamiento del Estado y una eventual caída del régimen, que no puede darse por segura: de los fracasos del mandatario Republicano. Es un hecho verificado que la Guardia Revolucionaria iraní ha castigado seriamente las bases militares estadounidenses, localizadas en el Medio Oriente, particularmente las ubicadas en el Golfo Pérsico. Tampoco EEUU ha salido ileso de los combates (Cristina Eguizabal). La guerra con Estados Unidos e Israel, sumada al bloqueo marítimo y al endurecimiento de las sanciones estadounidenses, ha profundizado el aislamiento internacional de Irán y agravado las dificultades para sostener su economía. El cierre de facto del estrecho de Ormuz y el bloqueo de los puertos y buques iraníes restringen sus posibilidades de comercio exterior, mientras las sanciones secundarias de Washington reducen las conexiones aéreas, dificultan el suministro de combustible, repuestos, medicamentos e insumos industriales y encarecen los desplazamientos internacionales. Las consecuencias recaen directamente sobre la población: se multiplican los obstáculos para viajar, estudiar, realizar negocios y acceder a tratamientos médicos en el extranjero. Al mismo tiempo, la guerra, las pérdidas humanas y las restricciones económicas incrementan el apretujamiento social sobre un país cuya infraestructura y capacidad productiva afrontan crecientes dificultades. En el plano político y estratégico, la muerte del líder supremo Alí Jamenei, según la información citada, constituye otro golpe para la estructura de poder iraní. Pese a este panorama, el presidente Masoud Pezeshkian sostiene que Irán no se rendirá y afirma estar dispuesto a negociar, siempre que Washington levante el bloqueo y libere los activos iraníes congelados. Donald Trump, que defiende la guerra en el Medio Oriente, por su parte, ha planteado la disyuntiva entre alcanzar un acuerdo o destruir la República Islámica. Así, el hostigamiento militar, político y económico está debilitando la capacidad de resistencia del régimen iraní y agravando el costo social de la guerra, aunque todavía ello no permite concluir que su caída sea inevitable. El conflicto mantiene abierta la posibilidad de una salida negociada, pero las profundas diferencias sobre el programa nuclear, el control del estrecho de Ormuz, el respaldo a la milicia de Hezbolá en el Líbano, los hutíes y las condiciones en cuanto a levantar las sanciones siguen obstaculizando un acuerdo (Amir Soltanzadeh. David Gritten. Patricia Vélez Santiago. REUTERS). EL ESTRECHO DE ORMUZ: EPICENTRO CRÍTICO. Ormuz constituye probablemente el (más álgido) núcleo de los antagonismos. El enfrentamiento entre Washington y (en pausa) Israel contra Irán ha llevado a un incremento del precio del petróleo y ha obligado a utilizar buena parte de las reservas. En agosto pasado los inventarios mundiales de crudo registraron una reducción de 95 millones de barriles, y desde el comienzo de la guerra, las extracciones acumuladas superaron los 500 millones. Lo cual crea fatiga en Washington. El gobernante Republicano sostiene que su estrategia terminará reduciendo los precios energéticos, pero cuanto más prolongada sea la perturbación de las rutas marítimas petroleras, mayor será el apremio sobre los precios y los consumidores estadounidenses. La alemana Deutsche Welle (DW) reitera, precisamente, que el encarecimiento de la gasolina y de la energía puede convertirse en ebullición contra los Republicanos en las elecciones de noviembre entrante. El estrecho se convertiría en algo más que un conflicto entre Washington y Teherán: puede transformarse en un problema económico interno de EEUU, ya casi lo es, y, por extensión, en un decisivo factor electoral. Irán mantiene una política de hostigamiento calculado. Los hutíes conservan capacidad de amenaza sobre Bab el-Mandeb, y Washington evita una guerra todavía mayor. Este escenario prolonga la incertidumbre energética y mantendría la cuestión de Irán como complicación en la política estadounidense. Ni siquiera se vislumbra la reducción de las discordias en el Medio Oriente, lo cual aliviaría las interrupciones logísticas en los mercados de los suministros de los energéticos. El presidente estadounidense Donald Trump amenaza con "aniquilar" a la República Islámica si no se llega pronto a un acuerdo en torno a Ormuz y la supresión del programa nuclear. Más aún, tampoco puede descartarse que los Ayatolás iraníes recurran al terrorismo como instrumento contra los intereses y objetivos de Occidente (Shabnam von Hein. Kersten Knipp. Ignacio Fariza. XINHUA vía Europa Press (XINHUA vía Europa Press). EL ESTRECHO BAB EL-MANDEB: LA SEGUNDA VULNERABILIDAD ESTRATÉGICA. La emergente crisis adquiere una dimensión todavía mayor cuando se conecta Ormuz con el estrecho de Bab el-Mandeb. Los hutíes, aliados de Irán, han ampliado su control sobre posiciones estratégicas en Yemen, incluyendo el puerto de Moca y la isla de Mayun. El resultado es que dos grandes corredores marítimos —el golfo Pérsico y el acceso sur al mar Rojo— quedan simultáneamente expuestos a perturbaciones. Esto es fundamental porque Ormuz y Bab el-Mandeb no son alternativas plenamente independientes. Si una ruta se bloquea y la otra se vuelve insegura, disminuyen considerablemente las posibilidades de compensar la interrupción mediante desvíos. La experiencia reciente demuestra el costo de esta complejidad: cuando los buques tuvieron que evitar el mar Rojo, algunos debieron rodear África por el cabo de Buena Esperanza, agregando miles de kilómetros y alrededor de dos semanas de navegación en determinadas rutas. Así, entonces, la cuestión "deja de ser exclusivamente militar y pasa a dañar la cadena de suministro, la logística mundial, el comercio entre Asia y Europa. Todo ello resuena en la inflación tanto nacionales como la internacional" (Shabnam von Hein. Kersten Knipp. Ignacio Fariza. XINHUA vía Europa Press (XINHUA vía Europa Press). ARABIA SAUDITA, EGIPTO, EMIRATOS ÁRABES UNIDOS: VULNERABILIDADES INESPERADAS. Arabia Saudita constituye otro de los puntos críticos. La monarquía de Riad había conseguido amortiguar parcialmente el impacto del cierre de Ormuz utilizando el oleoducto Este-Oeste, que conduce petróleo hacia Yanbu, en el mar Rojo. Por esa vía circulaban aproximadamente 3,5 millones de barriles diarios, equivalentes a más de un tercio de la producción saudí, y aproximadamente la mitad de sus exportaciones (CHATGPT). Sin embargo, la creciente actividad militar de los hutíes y los ataques perpetrados en las proximidades de la infraestructura petrolera llevaron a Arabia Saudita a cerrar temporalmente el oleoducto, como medida de precaución. Las ofensivas hutíes contra el Gobierno yemení se han intensificado considerablemente. El rearme de los chiitas hutíes, respaldados por Irán, ha incrementado su capacidad ofensiva contra sus adversarios, entre ellos el Gobierno saudí y su aliado el Gobierno yemení de orientación sunita. Aquí aparece una paradoja estratégica. Riad que dispone de una de las mayores capacidades petroleras del mundo, puede verse limitado no por la falta de crudo, sino por la vulnerabilidad de las rutas necesarias para sacarlo al mercado. La angustia de Arabia Saudita se explica en el viaje del príncipe heredero Mohamed bin Salmán a Egipto el pasado 15 de septiembre, con tal de solicitar apoyo frente al avance hutíe. Sin embargo, Egipto se encuentra ante un dilema, debe ser cauteloso: apoyar militarmente a Riad puede significar exponerse a una mayor escalada, mientras que contiendas prolongadas en el mar Rojo perjudica directamente sus ingresos del canal de Suez. Al cabo que el Cairo necesita simultáneamente mantener armoniosas relaciones con Arabia Saudita; preservar sus lazos con EEUU; estabilizar la cooperación con las naciones del Golfo Pérsico; conseguir que el tráfico marítimo vuelva a circular por el mar Rojo, pues se beneficia de los ingresos generados el canal, y prevenir una disputa militar directa con Irán (CHATGPT). El canal de Suez continuará siendo esencial a la economía total egipcia. Las amenazas, los ataques hutíes contra los barcos mercantes y petroleros, así como los bombardeos de EEUU e Israel contra esa milicia, ya habían reducido considerablemente sus ingresos. "Según los artículos, en 2024 Egipto perdió alrededor de 6.000 millones de dólares en ingresos del canal, después de que numerosas compañías navieras comenzarán a evitar la ruta". Tampoco el Cairo dispone "de una capacidad militar suficiente a efecto de modificar por sí solo el equilibrio regional y, en consecuencia, procura mantener canales abiertos" con los diferentes agentes de la región. En el caso particular de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), la guerra con Irán ha perjudicado particularmente a Dubái, lo mismo que a sectores dependientes de la movilidad internacional, sean el turismo, hostelería, transporte, almacenamiento y comercio minorista: también objetivos de ataques intermitentes, provenientes de los misiles y drones iraníes. El número de turistas disminuyó, algunos residentes extranjeros abandonaron temporalmente el país y se registraron dificultades laborales (Cathrin Schaer. Shabnam von Hein. Kersten Knipp. Ignacio Fariza. XINHUA vía Europa Press. REUTERS. AFP. BBC News). El Gobierno emiratí respondió con un paquete de ayuda de aproximadamente 680 millones de dólares y negoció con Estados Unidos una línea de intercambio de divisas. Sin embargo, analistas citados por Deutsch Welle consideran que el "swap" constituye más una medida preventiva que la señal de una profunda crisis financiera sistémica. Los Emiratos sostienen relaciones armoniosas tanto con EEUU como con China. Hasta podría ser cierto que una alta diplomática de EAU llegue a ocupar la silla de la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), habida cuenta que ambas potencias estarían alcanzando un consenso al respecto (INFOBAE). GAZA E ISRAEL: LA GUERRA, EL DESPLAZAMIENTO PALESTINO Y LA INCERTIDUMBRE POLÍTICA. La guerra en la Franja de Gaza constituye otra amarga prueba de la política exterior de Donald Trump en Oriente Medio. Desencadenado por el ataque de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023, el conflicto ha dejado decenas de miles de palestinos muertos, una población masivamente desplazada y gran parte del territorio devastado. A esta tragedia humanitaria se suma una profunda hostilidad entre israelíes y palestinos, alimentada por los ataques, las pérdidas humanas, el desplazamiento forzado y la ausencia de una solución política duradera. Las posiciones más radicales dentro del Gobierno de Benjamin Netanyahu agravan el panorama. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha afirmado que el ejército está preparado para «terminar el trabajo» en Gaza y avanzar con un plan para que sus habitantes abandonen el territorio. Aunque Katz presenta ese proyecto como una migración voluntaria, sus declaraciones generan preocupación ante la posibilidad de que millones de palestinos sean expulsados de sus hogares. Egipto ha rechazado reiteradamente cualquier desplazamiento de esta población hacia la península del Sinaí, mientras el embajador estadounidense Mike Huckabee ha negado que Washington respalda el traslado forzado de palestinos. Estas diferencias ponen de manifiesto una tensión en la relación entre Estados Unidos e Israel. Trump necesita preservar su alianza estratégica con el Gobierno israelí, pero también debe evitar que las iniciativas de los sectores más radicales (extremistas de derecha y ultraortodoxos) provoquen una crispación mayor con Egipto y otros países árabes. El alto el fuego impulsado por Washington en 2025 fue presentado por Katz como un avance interesante respecto a facilitar el regreso de los rehenes. Sin embargo, la falta de acuerdo sobre el desarme de Hamás y el futuro de Gaza mantiene abierta la posibilidad de nuevas operaciones militares. A ello se suma la violencia de colonos israelíes en Cisjordania y las críticas ante la insuficiente actuación de las autoridades con tal de frenar desalojos y agresiones contra los palestinos. El futuro del conflicto también estará condicionado por la política interna israelí. Las elecciones previstas el 27 de octubre de 2026 abren interrogantes alrededor de la continuidad del Primer Ministro, Benjamin Netanyahu, la fuerza parlamentaria de su partido, Likud, y la posibilidad de formar una nueva coalición de gobierno. Los sondeos citados en los materiales disponibles no permiten anticipar con certeza el resultado. La coalición actual se halla por debajo de los 61 escaños necesarios, a efecto de alcanzar una mayoría parlamentaria. Por ello, el desenlace dependerá no solo de los votos obtenidos por cada partido, sino también de las negociaciones posteriores y de las posiciones de las distintas fuerzas políticas vinculadas con los hechos bélicos de Gaza, Irán, Líbano, Siria y la relación con Washington. El resultado electoral podría influir en el rumbo de la política y la estrategia bélica israelí, aunque no determina por sí solo el fin de la guerra ni garantiza un cambio de orientación. Las elecciones estadounidenses previstas este 3 de noviembre añaden otra variable, pues la evolución de las posturas de Trump y sus prioridades regionales incidirán en los márgenes de actuación del próximo Gobierno israelí. En definitiva, Gaza refleja uno de los dilemas centrales de la política exterior estadounidense: mantener su alianza con Israel sin quedar comprometido con medidas que agraven el desplazamiento de la población palestina, que profundicen el desastre y emergencia humanitaria, o desestabilicen las relaciones con los países árabes. Mientras persistan las posiciones maximalistas, la desconfianza mutua y la ausencia de un acuerdo político aceptable a ambas poblaciones, los altos el fuego seguirán siendo frágiles y la perspectiva de una paz duradera permanece incierta. AMÉRICA LATINA: RECUPERACIÓN DE UNA TRADICIONAL LÓGICA HEMISFÉRICA. Lo abordado aquí acerca de América Latina no se concentra directamente en el Presidente Republicano, sino en el avance de gobiernos y fuerzas de ultraderecha, así como en la disputa acerca de la memoria histórica. Sin embargo, colocado junto con la información reciente sobre Washington, permite observar un amplio cambio. Al enfatizar en la nueva doctrina "Donroe", por la cual se lanza a disputar la presencia de otras potencias en el hemisferio, en especial la de China y Rusia en la díscola dictadura de Nicaragua y Cuba, la Administración Trump está dando mayor prioridad estratégica al hemisferio occidental, especialmente a la lucha contra el narcotráfico (o narcoterrorismo), la inmigración irregular, la seguridad del Canal de Panamá y la competencia con China. Associated Press informó recientemente en torno a una reasignación de ayuda militar estadounidense hacia Panamá, Perú, Ecuador y Colombia, presentada por Washington como parte de una misión del fortalecimiento de su influencia en América Latina. La propia Casa Blanca ha presentado la política hacia Venezuela en términos de seguridad energética y ampliación del acceso estadounidense a las reservas petroleras, vinculando así los intereses energéticos de América Latina con los objetivos geopolíticos y de seguridad regional de Washington. A ello se suma el control de los flujos migratorios, una cuestión especialmente sensible a los países de menor desarrollo del Sur Global, cuyas condiciones económicas y sociales impulsan a numerosos ciudadanos a buscar oportunidades fuera de sus fronteras. Lo anterior permite identificar un rasgo distintivo de la política exterior del magnate, sea la seguridad hemisférica, la contención de la migración, el comercio, los recursos energéticos y la competencia geopolítica con China y Rusia se articulan cada vez más dentro de una misma estrategia estadounidense. El análisis de América Latina también pone de relieve las disputas en torno a la memoria histórica en Chile, Argentina, Perú, Colombia y Centroamérica, así como la posibilidad de un fortalecimiento de las fuerzas de ultraderecha en la región. A ello se suman los cuestionamientos sobre la intervención de Washington en los procesos electorales internos, mediante el respaldo a formaciones políticas aliadas o ideológicamente afines al movimiento MAGA. Las recientes experiencias en Argentina, Honduras, Colombia y El Salvador se inscriben en este contexto de creciente disputa por la orientación política de la región. Desde esta perspectiva, la ofensiva de la Casa Blanca y las iniciativas vinculadas al denominado Escudo de las Américas deben entenderse como parte de una estrategia más amplia para afianzar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental (Victoria Dannemann). Si en octubre del 2026 gana las elecciones en Brasil Flavio Bolsonaro, habría en toda América Latina una hegemonía de la extrema derecha. Según expertos, eso podría profundizar las disputas por las narrativas del pasado, incluso con enfoques directamente negacionistas acerca de los antecedentes de violaciones a los derechos humanos, o en su caso hacer apología de los pasados autoritarios y socialmente excluyentes (Victoria Dannemann). En otro orden, la administración de Donald Trump anunció la reasignación de 52 millones de dólares en ayuda militar inicialmente destinada a naciones de Europa Oriental y Asia, a fin de reforzar el apoyo a países latinoamericanos, tales como Panamá, Perú, Ecuador y Colombia, entre otros. La medida responde a la prioridad que Washington concede al hemisferio occidental, particularmente en la lucha contra el narcotráfico y la inmigración ilegal, así como en la protección de la seguridad del Canal de Panamá. Lo apuntado refleja la intención de Trump de recuperar y consolidar la influencia estadounidense en América Latina, en consonancia con una reinterpretación de la Doctrina Monroe, denominada también «Doctrina Donroe», orientada a limitar la expansión estratégica de China y Rusia en la región. La asistencia militar se convierte, además, en un instrumento de cooperación entre Estados Unidos y los países latinoamericanos, con el propósito de estrechar vínculos con gobiernos afines a Washington, al igual que salvaguardar sus intereses geopolíticos y geoeconómicos. En conjunto, la reasignación de recursos militares evidencia un cambio en las prioridades de Washington, que otorga a América Latina un lugar más destacado en su estrategia de seguridad nacional, dejando atrás, al menos parcialmente, la relativa indiferencia que caracterizó su visión diplomática hacia la región en determinados períodos. VENEZUELA: PETRÓLEO E INTERESES ESTRATÉGICOS. La prioridad de Donald Trump hacia América Latina también reside en el acercamiento con Venezuela en torno a los negocios petroleros. El 28 de agosto de 2026, el mandatario estadounidense anunció un acuerdo de gran alcance con las autoridades venezolanas, a fin de desarrollar 17 campos petroleros, mediante una alianza con la empresa North American Blue Energy Partners. Según la Casa Blanca, el convenio contempla la participación del Gobierno estadounidense en la compañía y un acceso preferencial al petróleo producido, encaminado a fortalecer la seguridad energética de EEUU y así favorecer la recuperación de la industria venezolana (CHATGPT). El acuerdo refleja una dimensión pragmática de la estrategia de Trump. Más allá de las diferencias políticas, Washington está dispuesto a negociar con las autoridades venezolanas cuando existen intereses económicos y energéticos significativos. Para Estados Unidos, el objetivo es ampliar su acceso a las reservas de crudo, ofrecer nuevas oportunidades a sus empresas y contribuir al abastecimiento de sus refinerías. En lo tocante a Venezuela, el convenio representa una posible vía en atraer capital, tecnología e inversiones que permitan recuperar una industria golpeada por años de deterioro y falta de inversión (CHATGPT). Sin embargo, el alcance real del acuerdo todavía debe evaluarse con cautela. Aunque ambas partes han anunciado beneficios económicos considerables, persisten interrogantes sobre sus condiciones definitivas, la transparencia de la operación, la viabilidad de las inversiones y el tiempo necesario para elevar sustancialmente la producción. La recuperación del sector petrolero venezolano exige recursos financieros, infraestructura y capacidad técnica, por lo que no puede suponerse que el convenio producirá de inmediato una reducción significativa de los precios del combustible en Estados Unidos (CHATGPT). CANADÁ Y LA UNIÓN EUROPEA: UNA FRACTURA EN EL BLOQUE OCCIDENTAL. El acercamiento entre Canadá y la Unión Europea (UE) busca diversificar sus vínculos económicos y fortalecer la cooperación en servicios financieros, tecnología, energía, minerales críticos y defensa. Este proceso también responde al interés de reducir la dependencia de Estados Unidos, ante las políticas arancelarias de Donald Trump y las incertidumbres que sus declaraciones han generado respecto a los compromisos de seguridad y defensa con sus aliados tradicionales. El Primer Ministro canadiense, Mark Carney, defiende una alianza más estrecha con Bruselas, que contempla incluso la posibilidad de una vinculación asociativa con la UE, sin que ello se considere incompatible con el mantenimiento de una relación estrecha y sólida con Washington. Trump, por su parte, percibe esta aproximación como una posible amenaza a los intereses estadounidenses y ha amenazado con imponer elevados aranceles, o incluso cortar el comercio con Europa si la considera hostil. La controversia revela una fractura dentro del bloque occidental y un contrasentido: la presión comercial de Washington podría impulsar a sus propios aliados a buscar mayor autonomía y diversificar sus vínculos internacionales. Carney recalcó que la asociación con la UE no pretende desafiar el poder de EEUU, sino fortalecer la capacidad de resistencia de las democracias frente al aumento de las inestabilidades políticas, económicas y la inseguridad a nivel mundial. El canadiense propuso iniciativas concretas, como la participación de Canadá en programas de la UE, entre ellos Erasmus Plus y Horizonte Europa, así como la celebración de un acuerdo de intercambio juvenil. Ambas partes aspiran a concretar varios acuerdos, incluido un pacto sobre comercio digital, durante una cumbre prevista para octubre en Montreal. El Primer Ministro norteamericano destacó que la verdadera soberanía depende de la capacidad de resistencia de un país y de su acceso seguro a recursos y tecnologías esenciales."""" (Financial Times. EuroNews.com. Washingtonpost.com. EL PAÍS, ESPAÑA). GROENLANDIA: LOS INTERESES ESTRATÉGICOS DE TRUMP CHOCAN CON LA RESISTENCIA DE LAS AUTORIDADES LOCALES. El interés de Donald Trump por Groenlandia responde a una combinación de objetivos energéticos, económicos y geopolíticos. La abundancia potencial de petróleo, gas natural y minerales estratégicos, incluidas las tierras raras, sumada a la privilegiada ubicación de la isla en el océano Ártico, la convierte en un territorio de enorme relevancia a la seguridad y la proyección militar de EEUU. Sin embargo, las ambiciones de Washington tropiezan con obstáculos políticos, jurídicos y técnicos. Las autoridades groenlandesas han desmentido que esté en marcha la anunciada explotación masiva de recursos naturales, pese a la presencia de empresas estadounidenses en el sector. Asimismo, los acuerdos de cooperación militar con Dinamarca y Groenlandia no conceden a Washington derechos especiales en lo tocante a explotar los recursos de la isla, aun cuando en el acuerdo trilateral, firmado el 22 de septiembre de 2026 por Donald Trump, las autoridades de Dinamarca y el Gobierno autónomo de Groenlandia, sobresale precisamente un componente crucial, destinado a limitar la influencia militar, económica y política de potencias ajenas a la OTAN y consideradas potenciales adversarias de Occidente, tales como China y Rusia. El documento amplía las facultades militares estadounidenses en el territorio insular y establece restricciones a determinadas inversiones extranjeras. EEUU construirá dos bases militares, sustentado ello en los últimos acuerdos de seguridad con las autoridades de Groenlandia y Dinamarca. Con todo, a las dificultades se suman las rigurosas condiciones geográficas, los elevados costos de extracción y la complejidad de acceder a los yacimientos minerales y energéticos. En consecuencia, aunque Groenlandia representa una pieza vital a los intereses estadounidenses en el Ártico, las aspiraciones del Republicano deben enfrentar la capacidad de decisión, o las competencias de las respectivas autoridades y a las limitaciones materiales que condicionan cualquier proyecto de explotación. LAS ELECCIONES DE ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA: UN EXAMEN DE LA POLÍTICA EXTERIOR. Las elecciones de medio periodo están previstas el 3 de noviembre de 2026. Lo subrayado aquí sobre Irán establece una conexión directa entre la guerra y los comicios. El precio de la gasolina y de la energía se está convirtiendo en una variable electoral compleja a los Republicanos. Una encuesta publicada hoy por Cook Political Report entre 1.052 votantes probables de 37 distritos competitivos encontró una ventaja de dos puntos a favor de los demócratas en la pregunta genérica hacia el Congreso: 49% frente a 47%. Otro agregador de encuestas actualizado el 16 de septiembre sitúa la ventaja demócrata nacional en la papeleta genérica en 7,5 puntos, y en 8,2 puntos aplicando su ajuste para votantes probables (CHATGPT). Estos datos no permiten concluir por sí mismos quién controlará el Congreso. La papeleta genérica nacional no equivale a una proyección de escaños; y las elecciones de Cámara y Senado dependen de contiendas concretas. Lo que sí permiten señalar es que la economía presenta señales de desaceleración (AP news), los altos precios de la energía y la guerra con Irán constituyen variables potencialmente desventajosas al Presidente y el Partido Republicano, precisamente porque el propio magnate anti-inmigracionista ha vinculado públicamente el conflicto con las elecciones. Prevalecen desequilibrios y agitaciones sociales que podrían influir en la evaluación ciudadana hacia los desempeños económicos del trumpismo. LAS DISCORDANCIAS DE LA POLÍTICA EXTERIOR DE LA ADMINISTRACIÓN REPUBLICANA. Al reunir todos los acontecimientos resalta una misma tendencia. Trump procura utilizar el enorme poder económico, militar y energético de Estados Unidos, a fin de obtener resultados rápidos: asedio a Irán, reclamos a Canadá y Europa, mayor influencia en América Latina y apoyo a Israel, cuyo Primer Ministro, Benjamin Netanyahu se le sale de la ruta. En días pasados el magnate Republicano aseguró que él es "prácticamente la única persona del mundo" que le cae bien al líder norcoreano, Kim Jong-un. Uno de sus principales emisarios llegó a Moscú a alabar el presunto "humanismo" del ruso Vladimir Putin. Lo que nos deja perplejos. Qué pensará Corea del Sur, quien se negó a cooperar con las fuerzas estadounidenses en su guerra con Irán, provocando enfado a Trump. Pero los observadores muestran que cada escenario tiene agentes capaces de condicionar la estrategia estadounidense: Irán puede perjudicar las rutas petroleras. Los hutíes pueden amenazar Bab el-Mandeb. Arabia Saudita puede verse limitada por tropiezos en sus rutas de exportación. Egipto controla una de las grandes arterias comerciales (y petroleras) del planeta, a saber el canal de Suez, en riesgo ante el terror hutíe. Emiratos Árabes Unidos demuestra que la guerra llega a dañar incluso a economías consideradas financieramente sólidas. Canadá y la Unión Europea exploran alternativas comerciales y de cooperación total. E Israel puede adoptar decisiones en Gaza que obliguen a Washington a escoger entre respaldar a su aliado y preservar una dilatada estrategia de seguridad y defensa regional. La política exterior de Trump enfrenta una complejidad de fondo: el poder estadounidense sigue siendo extraordinariamente grande, pero la competencia de Washington en cuanto a imponer unilateralmente el arreglo de las disrupciones resulta limitada más que su capacidad de alterar el escenario global, cargado de inseguridad, inestabilidad y el desencadenamiento de la violencia expansiva. CONCLUSIÓN. LA ANGUSTIA DEL PODER Y LA RECONFIGURACIÓN DEL ORDEN GLOBAL. Nuestro escrito sostiene una tesis central: la política exterior de Donald Trump enfrenta una prueba que trasciende el ámbito militar y se extiende a las dimensiones geopolítica y geoeconómica del poder internacional. Trump ha demostrado capacidad de presión respecto a alterar rápidamente los equilibrios geopolíticos, mediante sanciones, aranceles, presión militar y acuerdos energéticos, cuyos alcances y beneficios todavía generan interrogantes. Sin embargo, las convulsiones de Ucrania, Irán, Gaza, Yemen, el estrecho de Ormuz y el mar Rojo, entre otros, evidencian que la capacidad de ejercer presión no equivale necesariamente a la de conducir las negociaciones hacia consensos y acuerdos duraderos y sólidos. A tal escenario se suma la relación con Canadá y la Unión Europea, cuyos esfuerzos por ampliar sus márgenes de autonomía geoestratégica y económica introducen nuevos desafíos a Washington, y ponen de relieve las veladas controversias que atraviesan las alianzas tradicionales. De este modo, el elemento común entre Medio Oriente, América Latina y el Atlántico Norte es la reconfiguración de las relaciones de poder. La cuestión decisiva consiste en determinar si la estrategia de Trump logrará transformar el estrujamiento militar, económico y diplomático en acuerdos estables. O si, por el contrario, la acumulación de conflictos y antagonismos ya conocidos, hasta las relaciones con Canadá, Europa y América Latina— terminará elevando los costos económicos y geopolíticos, propios de su accionar como superpotencia. Así, entonces, las elecciones legislativas israelíes de octubre y los comicios estadounidenses de noviembre de 2026 trascienden el calendario electoral. Las negociaciones y los resultados posteriores podrían convertirse en factores determinantes en la orientación futura de la política estadounidense en Medio Oriente, así también en Europa Oriental, y en la evolución de las demás prioridades y las alianzas estratégicas. Más ampliamente, ambos procesos electorales pondrán a prueba la continuidad y el alcance de la visión de Trump acerca del rol de Estados Unidos de América en la convulsionada política de poder planetario.

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