miércoles, 14 de mayo de 2014
MEDITACIONES ACERCA DEL SER NACIONAL.
MEDITACIONES ACERCA DEL SER NACIONAL.
Con posterioridad a la Costa Rica habitada por pobres “montañeses”, constructores aún así de las principales ciudades del Valle (o Meseta) Central ya fueran Cartago, Aserrí, San José, Barba, Heredia y San José, se fue consolidando la economía del café tras la independencia nacional en simultaneidad con un orden social amparado en los principios judeo cristianos y la ideología liberal humanista.
A partir de estas propiedades históricas llegaron a depender, en los siguientes siglos, las entidades formales, entre ellas, el Estado y sus instituciones políticas, jurídicas y culturales, manifestaciones del ser nacional - siempre en un constante hacerse -, a pesar de los sobresaltos y las divergencias, experimentados también por el continente europeo en sus primeros pasos hacia la legitimación de las ideas de la Ilustración, el doloroso parto de las unificaciones nacionales (Alemania, Italia y los pueblos eslavos), así como los tropiezos de la Revolución Industrial, que infligió el despoblamiento de las zonas rurales, la desaparición progresiva de la producción artesanal y doméstica.
De nuestro ser nacional (o esencia), proveniente de los principios de la civilización judeo, greco, cristiana, así también del pensamiento liberal, se ha dado forma a la cultura cívica nacional, promotora de prácticas a favor de la paz, el pluralismo democrático, el respeto a la vida y la dignidad de la persona humana. Con su entendimiento y esfuerzos colectivos e individuales, así europeos, criollos españoles, mestizos, pardos, los inmigrantes del Siglo XlX, reconstruyeron la nacionalidad (costarricense) perfectible, que desde un principio tomó partido por la libertad, la justicia y la solidaridad.
Entonces el pequeño y naciente Estado se fue transformando en un sitio seguro y saludable, en conjunción de diversas culturas, cuyos miembros encontraron un terreno común en el cual pudieron producir (café) y trabajar de manera cooperativa, a fin de resolver la multitud de vicisitudes, entre ellas, la precariedad económica y social, haciendo diferencia de las convulsiones que más allá de sus fronteras salían a la superficie.
Bastante lejos están de ser hechos espontáneos o contingencias la significación del Pacto de la Concordia, acordada con participación del pueblo; la Campaña Nacional de 1856 contra los filibusteros esclavistas; la educación como responsabilidad plena del Estado; la abolición de la pena de muerte y más acá la eliminación del ejército, leyes producidas por el propio ser nacional, que por sí mismas llegaron a dar testimonio de sus virtudes, así como de la realidad histórica y cultura cívica, ésta última expuesta, mayormente, a cambios, si bien es generadora de cohesión social.
Por eso, en buena hora que en la Costa Rica del Siglo XXl se acentúe el debate - ojalá no sea “un pimpón retórico - alrededor de temas relacionados con el fomento de la cultura ética y cívica en aras de hacerla todavía más sana, en sintonía con los derechos humanos.
Entre lo debatido insistentemente han salido a relucir cuestiones primordiales tales como la superación de la desigualdad social, la declaratoria de este país como Estado pluricultural, los derechos de las minorías sexuales, la tesis de declarar el agua como un derecho humano, la reafirmación del principio de libertad religiosa, conexo al rechazo de una minoría - dentro de ella un grupúsculo proclive “a la emocionante y publicitaria moda antisistema” - a que la religión Católica sea la del Estado. Hecho éste, que en ningún modo, y fiel a la tradición democrática, ha impedido (jamás) en Costa Rica el libre ejercicio de otros cultos.
Ciertamente, ha sido positivo que los costarricenses se hayan adaptado a lo largo de la historia a los distintos cambios del curso económico y cultural de carácter global. Eso sí, sin poner en riesgo los fundamentos del ser nacional. Dentro de lo debatido en nuestro país, uno de los riesgos presentes llegaría a ser la marginación o casi abandono total de Dios como “ser mayor y cognoscible” de nuestro régimen de convivencia social, una distorsión predominante en la hoy deprimida Europa, especialmente (Papa Benedicto XVl).
En cuanto al camino a seguir en las demás asignaturas que líneas arriba citamos, bien podríamos hacer uso de la siguiente sentencia breve y doctrinal que dista de contradecir los postulados de la justicia y la solidaridad, asumidos siempre por los costarricenses: “cambiar todo lo que es discriminatorio para que nada cambie en nuestro excepcional ser colectivo”.
Ronald Obaldía Gonzàlez (Opinión personal).
martes, 22 de abril de 2014
CON PENSAMIENTO HUMANISTA SE VIVE MEJOR.
CON PENSAMIENTO HUMANISTA SE VIVE MEJOR.
Corre fuertemente la tendencia de inculcar en la juventud costarricense la preferencia por el estudio de las ciencias de la ingeniería, así como las carreras académicas relacionadas con la alta tecnología y la informática, en tanto que ellas sí calzan con las exigencias del mercado laboral, modelado por la nueva economía, sobre el cual descansa parte del crecimiento del PIB nacional.
Lamentándose de la escasez de profesionales y técnicos en dichas áreas del conocimiento, un ex-presidente, apóstol de la tesis Costa Rica S.A, que empujó – sin éxito, dichosamente – la minería a cielo abierto, en uno de sus comentarios escritos, estuvo casi cerca de plantear hasta el cierre en las universidades estatales de las escuelas académicas humanistas, o también denominadas ciencias sociales. A nuestro juicio, una postura riesgosa, puesto que en otras latitudes, así se ha intentado maniatar la educación superior.
No estoy convencido acerca de los arrestos del “homo faber” - el sujeto creador de objetos artificiales - en la empinada misión de “la búsqueda del sentido (o recomposición) de las virtudes y los valores éticos, en los que toda sociedad libre, democrática y pluralista ha de descansar. Una responsabilidad de por sí filosófica y antropológica, por cuanto es allí en que el ser humano - en su entorno y circunstancia – deberá ser el eje central de cualquier proyecto de cambio y progreso que la sociedad experimente.
Entonces, es cuando podemos cuestionar el supuesto rol autónomo de la economía; una disciplina insuficiente y limitada en lo tocante a dar respuestas a las complejidades, relacionadas con la verdad de la justicia social, la solidaridad y la angustia de los vacíos espirituales. Lo que no precisamente se resuelve en el ámbito y vertiginoso ascenso de la ciencia y la tecnología, así como en la propia sociedad de consumo, facilitadora de su crecimiento desmedido y hasta ayuna “de responsabilidad ecológica y social”.
Sin axiomas, sustentados en la razón, ningún Estado nacional puede sobrevivir; menos sin leyes y normas de convivencia escrupulosas, que garanticen el bien común. Al ser marginadas la visión o sensibilidad humanista, así como la base ética del desarrollo, seguro que habrá degradación en la cultura cívica. Al paso, será tarea gigantesca el frenar la concentración del poder político y económico, a cambio de invertirlo en voluntades y decisiones cívicas, cuya orientación sea la reducción de la inequidad y la discriminación.
Lo antes dicho comporta el mejoramiento de la distribución de la riqueza, incluidos el disfrute de los logros y beneficios, resultantes de los sistemas productivos de última generación, de cuya sofisticación industrial se expanden los negocios transnacionales, rara vez ocupados de universalizar oportunidades, que puedan alcanzar las poblaciones y regiones postergadas.
La ciencia y la tecnología en los sistemas económicos no existen en el vacío, sobre todo, se desenvuelven en medio de una realidad social e histórica (Oscar Álvarez Araya, 2010). Agregaríamos además que esa misma realidad ha de someterse a la verificación, a fin de ahondar en el tipo de valores que cultiva.
Al mismo tiempo, esa entidad histórica, política y cultural, esto es, el Estado como identidad colectiva y dinámica, tampoco puede renunciar a la autocrítica y al escrutinio de parte de sus miembros, siempre con la mirada puesta en la reconstrucción de las interacciones entre individuos libres y diferentes, la sociedad civil y el poder institucionalizado.
En abundancia las ciencias sociales y el saber filosófico pueden guiar la reconstrucción de órdenes sociales, que entrañan felicidad, libertad de producir pero con justicia, para que la comunidad de personas libres “pueda avanzar hacia niveles superiores de desarrollo humano” (Oscar Álvarez Araya), así también en lo cultural y lo espiritual, a prudente distancia de los fetiches y dioses ficticios. Por ello celebro, sin alabanzas palaciegas, que un obispo religioso llegue a ser un participante activo en el gabinete del próximo gobierno de Costa Rica. Así sea.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
martes, 1 de abril de 2014
OTRA MODALIDAD DE ECONOMÍA INNOVADORA
Quizás nos cause extrañeza que en Brasil, Holanda, Bután, entre otros, se haya comenzado a introducir el valor de la felicidad como uno de “los indicadores agregados” que miden el desempeño en desarrollo humano de una nación en particular.
Este novedoso indicador intenta ampliar la visión convencional del crecimiento económico, guiado solo por el compo...rtamiento de las cifras del Producto Interno Bruto (PIB); en sí mismo, bastante limitado (Edward Jung, 2014), a efecto de medir el nivel de satisfacción psicológica y de realización de las personas en colectividad.
A simple vista existen reservas acerca de la posibilidad de cuantificar la felicidad en una nación. Bien es sabido que varias empresas internacionales se dedican a comprobar que sí. Por ello, nos arriesgamos a subrayar que la intensidad de actividades o manifestaciones creativas del espíritu humano, tales como la cultura, el arte, el deporte, los espectáculos musicales – ingredientes de felicidad – llegan a sobrepasar el cometido de la medición.
Tampoco es dable presumir que ha sido completada la tarea de contabilizar del todo los beneficios financieros, producto de la realización de eventos vinculados con los sectores de la cultura y el deporte - este todavía más - tal que sean identificados en los valores de las cuentas nacionales. Lo real es su encadenamiento al mercado de bienes y servicios, por cuanto, al convertirse en motores económicos e incubadores de felicidad, originan empleos creativos, así como cuantiosas ganancias de dinero, que activan las cuentas por alguna vía.
Entre lo destacable en las últimas décadas, es el lugar preponderante que dichas expresiones ocupan en la cotidianidad y la identidad nacional. El ejemplo tangible lo constituye el fútbol, como fuente de gozo y de construcción de estados de ánimo en la gente.
Este deporte dejó de ser solamente entretenimiento y recreación, hasta llegar a ser tomado en cuenta como un factor (psicosocial) de integración nacional, al cabo que sobre él funcionan organizaciones complejas tanto en el ámbito global (FIFA) como doméstico, específicamente la FEDEFUTBOL de Costa Rica, revestida de enorme autoridad y prestigio, toda vez que su eficaz organización tuvo la particularidad de albergar en este país el Campeonato Mundial Femenino Sub-17 y hacer partícipe en la Copa Mundial Brasil 2014 a nuestra Selección mayor masculina.
Los resultados exitosos del fútbol costarricense, así como la notoriedad acumuladas por el sector de la cultura costarricense, han de llamar la atención sobre la necesidad de crear nuevas visiones e inversiones por parte del Estado, en la convicción de que dichos sectores pueden continuar alcanzando mayor rentabilidad económica y creciente riqueza, de ser constantemente recompensados.
Una forma innovadora de respaldarlos consistiría en conceder mejor infraestructura física, así como institucionalidad - conexa a derechos de propiedad intelectual -, o bien dotarlos de mayores recursos presupuestarios. De este modo, el Festival Internacional de las Artes (FIA), que arrancará a principios de abril de los corrientes, continuará despertando el interés de la comunidad de naciones.
En el caso particular de la producción cinematográfica nacional, que en los últimos tres lustros ha cobrado un auge interesante, hubiera de ser un objetivo impostergable el apoyar con crédito estatal a los creadores de este género cultural, al mismo tiempo que se alentaría a las producciones extranjeras a tomar en cuenta nuestro territorio, el cual tiene buena trayectoria, dado que ofrece reconocidas condiciones ecológicas, aunadas al talento de alto nivel de los artistas nacionales, quienes han demostrado capacidad de iniciar emprendimientos o empresas nuevas (“start ups”) tanto en la televisión como en la incipiente cinematografía local.
De hecho, pronto los costarricenses serán testigos del espectàculo que nos ofrecerá Paul McCarney, el ex Beatle; ningún contemporáneo de este amigo de ustedes, podrá negar la citada singular felicidad, la cual nos causará la presencia de este personaje universal en un escenario del paìs.
De suerte tal, que después del concierto anunciado, hasta la Caja Costarricense de Seguro Social, hoy en serios apuros presupuestarios, habrá de economizarse, en adelante, no pocos medicamentos o el costo de las citas médicas, porque sus habituales pacientes borrarán por buen tiempo sus molestias habituales, una vez que, en vivo, introduzcan en su alma las notas de las hermosas canciones del ex-hippie británico, cuya historia todavía es dificil que se escape de nuestras vidas.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
miércoles, 26 de marzo de 2014
PRESIDENTA DE COSTA RICA COMPARTE MOCIÓN APROBADA POR LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE COSTA RICA QUE RECOGE LA PREOCUPACIÓN DE LOS COSTARRICENSES FRENTE A LA SITUACIÓN QUE AFECTA AL HERMANO PUEBLO DE VENEZUELA.
Presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla Miranda comparte moción aprobada por la Asamblea Legislativa de Costa Rica que recoge la preocupación de los costarricenses frente a la situación que afecta al hermano pueblo de Venezuela:
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA Expresa:
1. A la comunidad internacional, su consternación por el clima de violencia, la intolerancia y el arresto, levantamiento de inmunidad y enjuiciamiento... sin causa justa o procedimiento apegado al estado de derecho de líderes políticos democráticamente electos, líderes de la sociedad civil, estudiantes y líderes opositores.
2. Al parlamento venezolano, su exhorto a instaurar una mesa internacional de diálogo y una misión de exploración que permita la negociación y la adquisición de compromisos vinculantes por parte del gobierno, el movimiento estudiantil venezolano, líderes de sociedad civil y la oposición política.
3. Al gobierno venezolano, su solicitud para que amparado en los principios democráticos que fundaron la República, se respete a la oposición política y se garanticen las libertades de asociación y reunión pacíficas, así como el respeto a los derechos humanos.
Reafirma:
1. Su interés en que la democracia, la paz, el diálogo y el debate constructivo florezcan en Venezuela y se detenga el arresto arbitrario de alcaldes, diputados, gobernadores y estudiantes.
2. Su apego al respeto de los pilares democráticos, la justicia social, los derechos humanos y las libertades fundamentales como vía para una salida concertada de la crisis venezolana.
Insta:
A los parlamentos nacionales, regionales y demás instancias a realizar un llamado al diálogo real, independiente y constructivo basado en compromisos exigibles, de respeto del derecho internacional y de las convenciones internacionales de Derechos Humanos en Venezuela.Ver más
viernes, 14 de marzo de 2014
CELO POR LA HISTORIA COSTARRICENSE.
CELO POR LA HISTORIA COSTARRICENSE.
“No hay quien pueda negar sus convicciones, sin negarse a sí mismo”, lo proclamó el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, Presidente de Costa Rica (1940 – 1944), en su ensayo intitulado: “El gobernante y el hombre frente al problema social costarricense”; escrito por él en aquella época de transformaciones y reformas sociales – y de ebulliciones -. Todo lo cual contribuyó a cimentar en este país las bases del Estado social de derecho, entrañable en nuestra identidad nacional, a pesar de las voces estridentes y autodestructivas que lo ponen en entredicho.
Grandeza y belleza del espíritu sale a relucir en las palabras de Calderón Guardia: su ineludible lealtad a los dictados de la consciencia, sobre todo, en los retos y determinantes eventos de la vida personal, justo cuando se pone a prueba cuán sólidas e irrenunciables llegan a ser los pensamientos y los principios propios frente a las conveniencias personales, cuya transitoriedad y banalidad son capaces de marginar, con no poca frecuencia, la verdad y hasta volverle la cara, con tal de satisfacer la debilidad de las ambiciones y caprichos que una persona en concreto pueda arrastrar, a contrapelo del bien común y la solidaridad con el prójimo.
Pensemos en el elevado espíritu de desprendimiento de Manuel Mora Valverde y del escritor Carlos Luis (calufa) Fallas, quienes renunciaron a su seguridad y al camino fácil de ceder a sus convicciones, a cambio de la continuidad y la consolidación de las Garantías Sociales, aprobadas en 1948. Las cuales la Junta Fundadora de la Segunda República extendió y perfeccionó, por cuanto su máximo líder, José Figueres, consciente de su relevancia, había escogido años atrás la ruta de “la Legión del Caribe”; desafiando así la injusticia de las dictaduras tropicales de Centroamérica y el Caribe, con las cuales jamás condescendió, menos le fue ajeno, por ninguna circunstancia, el carácter oprobioso de tales sistemas de gobierno. Algunos de ellos sobrevivientes, como el de Cuba y Nicaragua, así como el de Venezuela, sumido hoy en la desesperación.
A Monseñor Víctor Manuel Sanabria tampoco lo hicieron retroceder las insinuaciones de “los príncipes de la Iglesia Católica” latinoamericana, quienes sospecharon de su comportamiento a favor de las Garantías Sociales y de su sorprendente alianza con los comunistas criollos, sector que aceptó las recomendaciones del religioso, en cuanto a modificar algunas tácticas del trabajo político, a fin de avanzar en las reformas sociales, auspiciadas por la alianza conformada con el Presidente Calderón.
Al transportarnos a la historia costarricense nos damos cuenta que es innecesario recurrir a ideologías fallidas, sean éstas las que endiosan el mercado, o las que intentan rescatar las vetustas ideas del colectivismo económico, en el que tanto la propiedad y los medios de producción son confiados al poder del Estado,
La recuperación de las fuentes del pensamiento liberal, social cristiano, social demócrata, incluidas las ideas socialistas de Manuel Mora, llegó a ser el hecho sobresaliente que manifestó tener la primera ronda del proceso electoral costarricense, concluida a inicios de febrero del año en curso. Todo ello pone de manifiesto que este país sabe pensar todavía con cabeza propia.
Es innegable la habilidad y la fuerza de la sociedad política y civil costarricense de adaptar a la historia y realidad nacional las tendencias económicas y sociales de naturaleza global. Éstas han estado lejos de convertirse en trauma del país. Al contrario, nuestro sistema democrático abierto las ha asimilado correctamente, sin desmedro de la sustentabilidad de las instituciones fundamentales, así como de la primacía del interés público; dentro de lo cual, es digno de hacer mención de la cultura cívica nacional. La cual, desde larga data, ha privilegiado los valores de la libertad y del respeto a los derechos humanos, como forma de convivencia civilizada. Se mire como se mire en otras latitudes, no es bueno perder de vista que más allá de las fronteras de este país existen pueblos desesperados, ávidos, como mínimo, de la usual solidaridad costarricense. Sea en la fe de que estos valores naturales lleguen a ser disfrutados por ellos rápidamente.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
viernes, 28 de febrero de 2014
RENOVACIÓN DE LA POLÍTICA COSTARRICENSE.
RENOVACIÓN DE LA POLÍTICA COSTARRICENSE.
En cuanto a consistencia ideológica y programática de los partidos políticos costarricenses, encuentro similitudes entre los comicios generales, efectuados en 1974, y el proceso electoral del pasado 2 de febrero, por el cual la ciudadanía optó por la celebración de la segunda ronda electoral, a fin de definir, por esta vía democrática, la elección del próximo Presidente de Costa Rica.
Esta vez le corresponderá participar únicamente a dos candidatos: uno de ellos perteneciente al “gran partido adulto”, el Partido Liberación Nacional (PLN); el otro aspirante representa al novel, aunque disciplinado Partido Acción Ciudadana (PAC), cuyo desempeño positivo en los tres últimos comicios, lo han ido colocando, progresivamente, en posición de primer orden de la política nacional.
Al repasar aquella lejana fecha, 1974, cabe subrayar que fue por poco que no hubo doble votación. El PLN había presentado como su candidato presidencial a Daniel Oduber Quirós - un purista ideólogo socialdemócrata -, facultado intelectualmente en llevar a su partido a gobernar, consecutivamente, por segunda ocasión.
Don Pepe Figueres, con el PLN, había derrotado de manera convincente a Mario Echandi Jiménez en las votaciones generales de 1970. Precisamente, el periodo de 1970 - 1978 significó el punto de mayor madurez de la socialdemocracia criolla y del ascenso de la clase media como poder emergente. Pero, estos empeños y resultados sociales y políticos de ningún modo le hicieron fácil el camino a Oduber para convertirse en el candidato ganador.
Al igual que en este 2014, la oposición se encontraba fragmentada (esto es política), lo cual fue aprovechado de manera táctica por el PLN y Oduber, para superar por una diferencia bastante corta a las denominaciones adversarias, toda vez que el continuismo de los socialdemócratas pesaba lo suficiente en el pensamiento de los electores.
Entre las agrupaciones de la oposición se levantaron profundas diferencias ideológicas y visiones programáticas, lo cual obstaculizó el interés de conformar un bloque único. Aún así, la victoria de Oduber en primera ronda resultó posible, apenas, con un poco más de sufragios que excedieron el porcentaje mínimo (40%) para triunfar.
La claridad de los principios y la proyección de las propuestas de cada opción partidaria, abundantes en recursos, organización y estructura de cuadros - hecho que sobresalió en la primera ronda del 2014 -, constituyó los señalados atributos y llamados para haber allegado a sus filas el mayor número de adherentes y simpatizantes.
Por todo ello, la segunda ronda fue tomada en serio desde la apertura de la contienda proselitista por parte del Tribunal Supremo de Elecciones; mientras que el partido oficial redobló el trabajo duro, a fin de alcanzar el mínimo de sufragios necesarios, calculando que el desenlace de la segunda ronda podría haberle sido incierto. Un riesgo que suelen administrar frecuentemente la mayoría de los partidos políticos de las naciones democráticas, capaces de retener el poder de manera consecutiva, mediante procesos electorales legítimos y transparentes como el de Costa Rica.
Merece recordarse la elegancia, la profundidad de ideas y el pensamiento bien ordenado de los candidatos Daniel Oduber Quirós y Rodrigo Carazo Odio, otrora socios políticos, después rivales en la enriquecida competencia electoral de 1974. Por cierto, rasgos positivos entrañados en Luis Guillermo Solís Rivera y Rodolfo Piza Rocafort, aspirantes presidenciales en la primera ronda.
Hubo candidatos que fueron animadores y participantes activos en la lucha electoral de hace cuarenta años, entre los que destacó, Jorge González Martén, cuyo saber práctico y capacidad ejecutiva, llegó a replicar el perfil de los políticos convencionales, dado que buena parte de ellos carecieron de trayectoria empresarial.
Habilidades que González Martén traía consigo como desarrollador de computadoras en los Estados Unidos de América. Hoy percibimos estas virtudes de personalidades emprendedoras en Johnny Araya Monge y Otto Guevara Guth, demostradas a la vez en sus fructíferas vidas personales.
El primero, Araya Monge, continua junto con Luis Guillermo Solís en la lid electoral, porque esta ha sido la voluntad del pueblo, que optó por resolver la elección en segunda vuelta, justamente en un contexto en que los costarricenses están “bien informados y dedicados a supervisar la función pública, en medio de una sociedad libre y pluralista.
Nuestro Manuel Mora Valverde, líder comunista y Benemérito de la Patria nunca dejó de ser un conductor de los destinos del país, motivo por el cual presentó de nuevo su nombre en las votaciones de 1974. Poseedor de una inmensa inteligencia y capacidad retórica, por encima de sus convicciones marxistas leninistas, puso de manifiesto, primero, su lealtad con los principios, reglas democráticas y los valores cívicos de su país, los que defendió a ultranza, intentando profundizarlos a favor de la justicia social.
En cambio, en la primera vuelta del 2014 quedó demostrado que, con la sociedad costarricense, todavía la izquierda nacional está en deuda. Entumecida con los postulados del Manifiesto Comunista del Siglo XlX e incapaz, igualmente, “de hacer un análisis concreto de la realidad concreta” de la Costa Rica del Siglo XXl - el ejercicio constante hecho por Manuel Mora en sus gloriosas batallas -, es de suponer que José María Villalta y su agrupación política al sentirse cómodo con esa debilidad e impericia, no hará otra cosa que reforzar las limitaciones propias de una minoría dogmática, ahondadas a través de la alianza con el decadente populismo del Socialismo del Siglo XXl, la desgracia del pueblo venezolano.
Sin embargo, el diversionismo y la antipolítica hubieron de tener cabida en los comicios de 1974. De repente levantó simpatías el famoso Gerardo Wescenlao Villalobos, más conocido como “GW”, quien le restó votos a las restantes agrupaciones, gracias a su ludismo y bufonadas. Confiemos que esos accidentes dentro de la sociedad política, menos llamativos que la Cicciolina, la diputada porno de Italia, sean apenas pasajeras evasiones de la realidad, entendiendo que los líderes y los partidos políticos “son el aceite que lubrica las ruedas de la maquinaria democrática”.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
miércoles, 12 de febrero de 2014
UCRANIA: DE SATÉLITE SOVIÉTICO A LA ÓRBITA RUSA.
UCRANIA: DE SATÉLITE SOVIÉTICO A LA ÓRBITA RUSA.
Hagamos a un lado el espacio, el tiempo y la particular realidad objetiva, tomados como punto de partida histórico por los estudiosos de las ciencias sociales de América Latina, ocupados en la segunda mitad del Siglo XX de formular la teoría de la dependencia y del subdesarrollo, cuyo aporte académico - a la vez transferido a la praxis política -, consistió en haber puesto en evidencia la desigual relación e interacción económica entre los centros de poder global (o metrópolis septentrionales) y las periferias postergadas o colonias meridionales.
Las ciencias sociales y la rama de la economía evolucionaron de modo significativo con esta escuela de pensamiento y novedoso método de análisis, influenciado por la teoría del imperialismo, formulada por el marxismo leninisno. Doctrina que también dedujo y expuso en sus tesis políticas que la dinámica del descubrimiento de América (1492), como realidad material e histórica, acentuó tal régimen de desigualdad y exacción.
Según tales teorías, con el devenir del sistema capitalista de producción, fuente de contradicciones e inequidad entre los países desarrollados y los menos, se crearon condiciones de crónicas desventajas económicas y de acumulación de plusvalía o ganancias, luego multiplicadas en el comercio internacional, pero favorecedor desmedidamente de las metrópolis; más capaces de transformar los factores productivos y agregar capital especializado al trabajo, sobre todo con el empuje de los procesos industriales (Karl Marx, “El capital”) de los Siglos XVlll y XlX.
Esas teorías, antes citadas, tuvieron un sesgo. Eludieron el análisis crítico acerca de la hegemonía ejercida por Rusia por encima del conjunto de las antiguas repúblicas soviéticas - Ucrania, en especial -, estas acosadas e impedidas a adquirir independencia política y económica; o se les frenó la capacidad soberana de elegir a sus socios y alianzas internacionales.
De cualquier modo, sería incorrecto negarles a tales escuelas metodológicas sus contribuciones, respecto a la comprensión de las causas del comportamiento expansionista y extractivo de la Corona o el imperio español en el Nuevo Mundo, así como del periodo colonial, en general, cuando las antiguas potencias controlaron las riquezas del mundo. De lo cual, fue también protagonista, primero la Rusia zarista, después el Kremlin al someter las antiguas repúblicas soviéticas frente a la dirección superior del totalitario Estado Soviético y su Partido Comunista.
Ciertamente, España se había posesionado de fuerza laboral esclava, capitalizó los recursos naturales de inmensas zonas geográficas, en especial los materiales preciosos, y otras riquezas como el control de las rutas marítimas comerciales, provistos por los territorios de ultramar, dominados y colonizados; reveladores en la conquista y la colonia como factores de acumulación, expansión y de poder, a fin de enfrentar el antagonismo de los tradicionales imperios europeos, tales como, Inglaterra, Francia y Portugal.
Al otro lado, el imperialismo soviético, y su precursor inmediato: el zarismo ruso, emularon las conductas expansionistas e imperialistas de sus adversarios europeos. Siglos antes del descubrimiento de América, la agresividad y los apetitos del pueblo ruso por los territorios de Kiev (hoy Ucrania), Crimea, la Finlandia del Siglo Xll, así también los pueblos del Cáucaso, Asia Central y de algunos de Asia del Sur - entre ellos Afganistán -, colocaron a “la Gran Madre Rusa” entre los epicentros de los poderes universales.
Enseguida la Revolución Bolchevique (1917) restauró los pasos del antiguo régimen zarista, yendo más lejos todavía, por cuanto, bajo los acuerdos de Yalta y Potsdam (1945), la Unión Soviética (URSS) se configuró como imperio geoestratégico y geoeconómico, guiado por su propio proyecto ideológico (marxista – estalinista), así también expansionista y despótico. Sin embargo, resistido por movimientos nacionalistas, que en el caso particular de Ucrania continúan intentando aminorar la dependencia y acercamientos en relación con Rusia, a cambio de asociarse en un futuro inmediato a la Unión Europea.
Así entonces, Moscú hubo de confrontar la civilización occidental, en el marco también de la carrera armamentista de la Guerra Fría. El emergente poder estratégico y global del Siglo XX se apoderó de diversas naciones del Asia Central, el Báltico y el Cáucaso, a quienes subordinó, incluidos los Estados del centro y este de Europa, enrolados mediante el Pacto de Varsovia.
Todos esos pueblos transformados a la vez en satélites sumisos del régimen comunista, el cual importó el prototipo de las interrelaciones e intercambios comerciales, que sobresalieron entre las tradicionales metrópolis y las periferias meridionales, aquellos históricamente desequilibrados e inequitativos.
La desintegración de la URSS (1991) estuvo lejos de ahogar los sentimientos expansionistas e imperialistas de Rusia, principalmente, el rehusarse a abandonar el control de Bielorús y Ucrania. Esta última, la de mayor extensión territorial entre las antiguas repúblicas soviéticas, así también, abundante en metales, entre ellos el acero, riquezas que contrastan con los rasgos de una economía deprimida, en la mira de las reformas y ajustes por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), que le condiciona con frecuencia los préstamos de rescate, pues la crisis financiera golpeó los ingresos, derivados de las exportaciones de acero ucranianas.
Una vez colapsado el Pacto de Varsovia, Moscú ideó en 1991 la conformación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), de lo cual se aprovechó para mantener al gobierno ucraniano como aliado, integrándola recientemente al acuerdo de unión aduanera, del cual son parte Belarús, Arzebaiyán y Armenia. Dentro de la órbita rusa, las posibilidades ucranianas de consolidar relaciones balanceadas con la Unión Europea se redujeron ampliamente. El reciente fracaso de su incorporación al acuerdo comercial con los europeos, boicoteado por Vladimir Putin debilita por completo tratativas venideras.
Una desventaja que los grupos nacionalistas y antirusos, promotores en el 2004 de la democratizadora Revolución Naranja, quienes en estos días se manifiestan violentamente en las calles de Kiev, resienten e intentan revertir, puesto que sus intereses apuntalan hacia la Unión Europea, cuya diplomacia y métodos políticos resultan timoratos y torpes frente a las persistentes ofensivas de Moscú, decidido en retener a Ucrania en su órbita, así como acumular influencia en la política internacional.
Por todo ello, Putin presiona a los ucranianos por la instauración de gobierno socios, democráticamente cuestionados, tal que al actual, dirigido por Viktor Yanukovych, le ha ofrecido ayuda financiera por más de $15.000 millones; además de aliviarle el costo de las facturas de energéticos, tácticas políticas que distan de amainar el desenfrenado nacionalismo, que repudia el protagonismo ruso.
En medio de un patrón de dependencia, es sabido que intereses vitales de larga data ha poseído el Kremlin en Ucrania, todavía más con Putin, entre los que cabe destacar la protección de la minoría rusa (20% de la población ucraniana); la inseguridad en las plantas nucleares en ruinas - causantes otrora del accidente de Chernobyl (1986) - ahora bajo custodia ucraniana, las que representan excesiva preocupación tanto a Rusia como a la comunidad internacional.
Dentro de la gama de intereses se registran las deudas de Kiev por el abastecimiento de petróleo y gas rusos, deudas incrementadas (a veces arbitrariamente) por la fijación de precios más altos; al cabo que en parte del territorio ucraniano hay instalados oleoductos rusos, que funcionan de ruta de tránsito de las exportaciones de gas a Europa. Está en la agenda la cuestión de Crimea, por ahora en manos de Kiev, lo cual dista de ser un capítulo cerrado en Moscú, ya que en el Mar Negro operan flotas moscovitas.
No sobra destacar que la agricultura ucraniana es proveedora de alimentos de Rusia, donde la economía petrolera, lenta en despegar, ha sido incapaz de modernizar la base de su producción agrícola.
En términos generales, si hay algo seguro es que la mayoría de las naciones latinoamericanas, otrora colonias de España, o en el caso de Brasil, dominado por los portugueses, manifiestan tener en este Siglo XXl mejores índices de desarrollo humano y niveles de sostenibilidad política y económica superiores, que las repúblicas soviéticas, controladas por la égida del imperio de Rusia, ya sea la del zarismo o de los Bolcheviques.
Asimismo, este supuesto llega a sumar a las naciones del centro y este europeo, regidas y asfixiadas, en su momento por la extinta URSS, a saber, Hungría, Eslovenia, Eslovaquia, Polonia. Más grave es la situación de la empobrecida y convulsa Bosnia y Herzegovina, fatigada constantemente por protestas sociales, en cambio, apaciguadas en Latinoamérica.
Simplemente, realicemos una ligera comparación entre Costa Rica, una pequeña economía desarrollada, y Ucrania, la ex república soviética de mayor peso. Mientras nuestro país se coloca en el lugar 62 del Índice Desarrollo Humano de las Naciones Unidas; por su lado, Ucrania se ubica en la posición 78. De acuerdo con los datos económicos del Banco Mundial el ingreso pér cápita costarricense equivale a casi $9500, en tanto que el del pueblo ucraniano es apenas de $3900. En cuanto a gobernabilidad democrática y cohesión social, los hechos hablan por sí solos; es suficiente hacer una rápida lectura de las violentas divisiones entre pro-europeos y pro – rusos, que tienen fatigada la sociedad ucraniana en estos últimos meses.
Retornando a las teorías de la dependencia y del subdesarrollo, y repasando la teoría imperialista, que todavía invaden las aulas de la academia latinoamericana, nos damos cuenta cuán tendenciosas siguen siendo las ciencias sociales. Esto significa que ha de estarse lamentando el argentino Mario Bunge de observar retrocesos en su tentativa de unificar los métodos de las ciencias sociales y las ciencias naturales, así como alcanzar mayor objetividad en las investigaciones de las ciencias sociales, múltiples de ellas ideologizadas.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
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