martes, 28 de abril de 2015

DESTACANDO LA REDUCCIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES.

DESTACANDO LA REDUCCIÓN DEL RIESGO DE DESASTRES. El devastador terremoto que golpeó en días pasados a Nepal, un país asiático, cuyo territorio se ubica en la cordillera del Himalaya, donde se encuentran las mayores alturas del planeta, llega a ser un triste y lamentable evento que nos pone a reflexionar seriamente, en cuanto a la necesidad de continuar reforzando los sistemas nacionales de gestión de riesgo frente a los desastres. Al prevalecer, de manera crónica, en un territorio determinado la pobreza, el deterioro ambiental y la alta den­si­dad de po­bla­ción, resulta lógico que aumente la vulnerabilidad, principalmente la amenaza de una catástrofe. Así también el impacto y los efectos de los fenómenos naturales han de ser mayúsculos, pues, con frecuencia, todos ellos convergen antes, durante y después de un suceso de tal magnitud destructiva, el cual acarrea tanto pérdidas de vidas humanas como retroceso económico y social. Si fuera solamente por el terremoto o cualesquiera otro evento, advertidos estamos que la naturaleza posee todo el derecho de expresarse como quiera, lo seguirá haciendo mientras haya vida en la Tierra; representa el equivalente a las leyes físicas. O sea, siempre habrá tornados, huracanes, sismos y rayería, oleajes fuertes, etcétera. Eso sí, a los seres humanos les corresponde hacer uso de la razón, de modo que pueda percibir el riesgo que conlleva cohabitar con determinados peligros que la propia naturaleza exhibe. Construir un complejo habitacional demasiado cerca de la ribera del río Reventazón supondría exponer la vida de quienes lo ocuparían. Citemos, la alta vulnerabilidad de la ciudad de Puntarenas, asentada en la lengüeta de tierra, ésta situada a menos de un metro sobre el nivel del mar; o bien la desazón que nos provoca la proliferación de asentamientos humanos en las faldas de los cerros de Alajuelita y Aserrí, un corredor cargado de fallas tectónicas. Alrededor de la configuración y organización de la sociedad - en especial, el “ordenamiento territorial” - reside en parte una de las principales complicaciones. Tiene relación, sobre todo, con la psicología social predominante en un hábitat específico, reflejado en el comportamiento y acciones del ser humano, en lo que respecta hacer uso de los recursos del medio ambiente. Téngase presente que el 90% de la energía consumida por la gente de Nepal proviene de la madera, lo cual provoca grave deforestación y erosión del suelo (Guía del Mundo, 2010). Esta conducta social habla por sí sola. Todavía peor, los señalados factores de riesgo, se convirtieron en el caso particular de Nepal, en cómplices de la muerte de más de 4.000 personas, por eso se afectó “en di­ver­so grado a 4,6 mi­llo­nes de per­so­nas” - de acuerdo con las es­ti­ma­cio­nes de Na­cio­nes Uni­das -. Y casi fue completa la destrucción de viviendas y edificios, ya que desde antes se encontraban en precarias condiciones. De nada valió que los expertos hubieran alertado del riesgo de un desastre sísmico en Nepal, como en efecto lo difundieron años atrás. Habían previsto un escenario de riesgo, ignorado por el propio gobierno y la gente: un signo intrínseco de la pobreza. La destrucción es impresionante según lo revelan las agencias noticiosas, por lo que la rehabilitación y la reconstrucción será bastante compleja; sin la asistencia humanitaria de carácter internacional es improbable el objetivo de la recuperación nacional. Todo indica que allí había ausencia de mecanismos de prevención y preparación precisos, a fin de que se hubiera podido anticipar los riesgos y atacarlos oportunamente, según lo dictan las normas y metodología internacionales. Es de sobra conocido que la prevención frente a los riesgos de los desastres es una inversión a futuro, puesto que ellos son amenazas inherentes a las naciones. Como punto de partida, hay que privilegiar las tareas de mitigación y reducción del impacto de fenómenos de tal envergadura. De haberse tomado las previsiones, hasta el legado cultural arquitectónico, patrimonio universal, que abriga Nepal, testigo de culturas milenarias - entre ellos el hinduismo, budismo, tibetanos - se hubiera librado tal vez de los severos daños que hoy acusa. Lo de Nepal nos descorazona, lo hizo también el mega - sismo del 2010 en Haití, las fuentes de riesgo se asemejan. Razón por la cual los países deben imponerse el objetivo de perfeccionar sus propios sistemas de gestión de riesgos, jamás puede quedar al azar, en el ámbito de las funciones del Estado nacional, esta asignatura sustantiva. Y por encima de cualquier consideración materialista ha de prevalecer el compromiso ético de proteger y salvar vidas humanas. Dicho sea verdad, esta responsabilidad se cumple a través de la legitimación de eficaces estrategias de prevención y planes de respuesta a catástrofes. La Comisión Nacional de Emergencias de Costa Rica da cátedra en dichos desempeños y acciones humanitarias, de ahí su maestría en el abordaje de la emergencia del volcán Turrialba, a este matón se le ha impedido cometer estragos. Ronald Obaldía González (Opinión personal)

lunes, 13 de abril de 2015

EL REGRESO A LOS VALORES HISTÓRICOS.

EL REGRESO A LOS VALORES HISTÓRICOS. Costa Rica debe de retornar a sus relaciones originarias para recapacitar en su futuro. Siendo así, encontramos un arsenal de experiencias y logros históricos, al igual que el cúmulo de expresiones de nuestra sociedad que contribuyeron a modelar nuestro Estado de derecho y los preceptos de justicia social, que todavía adquieren vigencia, sin negar las complicaciones que acusa el Siglo XXl. Tanto discurso y literatura tecnocrática existente alrededor de la reforma del Estado, que dicho sea verdad termina atrincherada en la retórica, así como en ejercicios académicos y burocráticos. Los resultados prácticos de tales exposiciones académicas han sido exiguos hasta ahora, tampoco quiere decir que se deba menospreciar como fuente de conocimiento. Sin embargo, rara vez tienen efectos prácticos y, sin proponérselo, generan inercia. Dichas doctrinas económico - administrativas, provenientes del extranjero, a veces complican la creatividad y la tenacidad, como lo hace también el lenguaje populista y rimbombante, extraído de “los diccionarios viejos” del marxismo, hoy extendido, lamentablemente, en nuestro medio. Cada una de tales corrientes, respectivamente, tiende a poner énfasis en preceptos estrictamente económicos y de ingeniería organizacional, o bien enfrascarse en procesos sociales en la perspectiva de hacer más elásticas las estructuras de poder nacional. Hay probada evidencia que ambas corrientes o tendencias han generado corrupción y desigualdad social, incluso hasta ingobernabilidad e ineficiencia gubernamental y económica. Costa Rica ha sido vìctima de esta complejidad, casi que global, aunque se ubique bastante lejos del Chile de Augusto Pinochet o del colapso que castiga a Grecia en el entorno contemporáneo de la Unión Europea. Nos equivocamos en ignorar nuestras experiencias históricas y políticas, que sirvieron de precedentes a la identidad nacional. Dicho de otra manera, entramos en discusiones a veces estériles, pasando por alto las virtudes de nuestro pueblo, capaz de haber construido una sólida institucionalidad social, que le permitió a este país blindarse de las guerras centroamericanas, de la expansión del imperialismo soviético, así como de la disparatada y total aplicación de los postulados del “capitalismo desregulado”, más proclive a producir desmedidamente riqueza, a costa del medio ambiente, que a distribuirla entre todos los miembros de la sociedad. Los colonos costarricenses que dominaron montaña en la primera mitad del Siglo XlX para reconstruir comunidades prósperas y socialmente horizontales en el oeste y el sur del Valle Central de este país, carecieron de textos económicos y administrativos, menos contaron con la intervención del Estado en sus cometidos de conquista, pues en aquel entonces éste apenas comenzaba a tomar forma, cuando el humanismo cristianismo y el liberalismo criollo contribuyeron en sus cimientos ideológicos. Aquellos colonos ticos, sin perder su individualidad, hicieron que su honesta existencia "se dilatara más allá de sí mismos", al concentrarse en el servicio a los demás; las bases éticas y morales de la sociedad política y civil en gestación los educó, a pesar de sus limitaciones culturales, al tiempo que la libertad y la convivencia cívica y democrática, con todo y sus frecuentes tropiezos, estaba destinada a quedar arraigada en el tejido social y en la identidad nacional. Uno de los múltiples textos académicos del Presidente Luis Guillermo Solís Rivera ilustra la actitud cívica, emprendedora, así también el alto nivel de madurez cívico de los exploradores de la región de Pérez Zeledón, al extremo que consiguieron vencer la adversidad impuesta por la naturaleza para luego forjar una comunidad pacífica, democrática, solidaria, productiva y abierta al mercado nacional e internacional, en tanto que apostaron por la economía del café. Pensando en la prosperidad de la patria, en esa gente arriesgada y emprendedora, cuyo único recurso del que disponían eran sus valores y la voluntad de crecer e innovar, pasó bastante lejos “la de­sidia, la co­di­cia y la falta de ac­ción y so­li­da­ri­dad” por al­can­zar los me­jo­res cometidos. Dichosamente, todavía existen cientos de grupos de costarricenses organizados y convencidos, en que es inútil desplazar a su antojo los contextos y la historia nacional, a cambio de dar cabida a la retórica vacía, que acarrea la solemnidad del poder y el interés particular, un desatino que por sí mismo alienta el egoísmo, la demagogia, la insensibilidad social y los desequilibrios sociales. Por eso, de Estado de derecho, justo y solidario, como lo concibieron los fundadores de la República, tenemos a la vuelta de la esquina el inminente riesgo de aproximarnos a la condición de “Estado social burocrático” (Rodolfo Cerdas Cruz, 2009), caracterizado por el poder e influencia de los intereses corporativos (públicos y privados), a la vez los gremiales y sindicales o de los grupos de presión de diversa naturaleza, en cuenta la clase social burocrática. Todos ellos centrados en conservar poder, privilegios y gollerías, junto con la nociva actitud de resistirse al cambio en las organizaciones públicas y la sociedad económica, puesto que en ello descansa la subsistencia de tales fracciones de clase. Lo apuntaba recientemente un famoso periodista costarricense acerca de la imperiosa necesidad de “derribar las mu­ra­llas po­lí­ti­cas, so­cia­les, eco­nó­mi­cas, burocráticas y le­ga­les” que el Estado social burocrático en curso - ajeno a nuestra historia y ética - ha ido consolidando, “lo cual ha llegado a fre­nar el bie­nes­tar de la so­cie­dad como un todo”. El panorama tampoco es negativo. Las soluciones las tenemos de nuestro lado, hay que cultivarlas y mantenerlas sanas. El abogado costarricense Fernando Zamora Castellanos en términos sencillos propone que la población resguarde y practique coherentemente los valores que permitieron forjar nuestra nacionalidad, porque las culturas que han decaído son las que renegaron de sus valores. Así de sencillo. Ronald Obaldía González (Opinión personal)

martes, 31 de marzo de 2015

YEMEN ES APENAS OTRO DE LOS SÍNTOMAS.

YEMEN ES APENAS OTRO DE LOS SÍNTOMAS. Lo de Yemen vislumbra una especie de severa desmembración política, cultural y religiosa, o crisis contemporánea, que castiga a la civilización árabe musulmana, cuyo detonante llegó a ser la derrota del Imperio Otomano, la última manifestación política de un islam unido ( William Pfaff, 2015). Dependientes de los ingresos generados por la producción y exportación de energéticos, en medio de la sociedad mundial, que persigue liberarse de los combustibles fósiles en la generación motora y eléctrica, mediante revoluciones en energías renovables, nos apuntamos a presagiar, con tonos desoladores, el panorama y el porvenir de los países musulmanes, tanto de los árabes como los que no lo son. Casi todos ellos envueltos en controversias internas - con excepción de Túnez - , habido empuje de los yihadistas que empeoran los frágiles equilibrios políticos, en tanto que su interés yace en revivir ciclos históricos sensibles, así como “el recuerdo de las Cruzadas, de los grandes califatos y del periodo otomano, cuando los árabes dominaron la Europa balcánica, desde Grecia hasta Viena”; a diferencia de la historia que arranca tras el derrumbe del imperio otomano (1917 - 1919), al imponer Occidente sus órdenes económicos y políticos - las arbitrarias divisiones territoriales - particularmente en toda la región, entre ellos, el aseguramiento de los abastecimientos de petróleo. Citemos, asimismo, las secuelas de la Segunda Guerra Mundial - , antítesis del ideal de la nación árabe unida (Pfaff, idem), sustentada en un mismo idioma y el Islam como religión, pero que a la postre arrastra irracionalidad, odio y resistencia contra la creación y la existencia del Estado de Israel, la única democracia del Medio Oriente, que vive rodeada de un ambiente hostil. Partiendo de “las antiguas disputas religiosas alrededor de la doctrina del Profeta Mahoma”, las contradicciones (irreconciliables) entre las fracciones chiitas y sunitas, las dos ramas preponderantes del Islam, observamos que tienden a prolongarse; al mismo tiempo que se hacen crónicas las fisuras entre el Irán (chiita) con las monarquías sunitas del Golfo Pérsico, ya sean Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos - con precaria vocación democrática - , en cuenta Egipto. Incluso, estos pueden pasar a los hechos, ya no escudándose en cada una de las fracciones islámicas, enfrentadas esta vez en Yemen, sino que los Ayatolas iraníes podrían comenzar a hacer visible su respaldo militar a los chiitas (hutíes), quienes han tomado ventaja en el conflicto interno al degradar y golpear al gobierno y al numeroso sector de las fuerzas armadas que lo respaldan. Siendo cierto que son objeto del ataque militar de la coalición militar encabezada por Arabia Saudita - se supone que puede estar detrás Israel - , lo cierto es que difícilmente los iraníes habrán de desproteger a los chiitas yemenitas. Un comportamiento lejano de su tradición expansionista y hegemonista, a pesar de las sanciones políticas y económicas de las Naciones Unidas, que ni los hacen retroceder de sus ambiciones geopolíticas en el Medio Oriente, únicamente neutralizadas por el Irak en los tiempos de Saddam Hussein (Marina Ottoway, 2015). Prueba de ello es que en ningún momento, Teherán ha abandonado la organización terrorista Hezbolá en el Líbano, menos al presidente sirio, asediado por la oposición sunita y las organizaciones terroristas (extremistas sunitas) de al Qaeda y el Estado Islámico, estas últimas a punto de caer destruidas por la coalición Occidental, compuesta por Estados Unidos de América y la Unión Europea, subrepticiamente apoyada también por el gobierno persa. Paradójicamente, Irán y los Estados Unidos de América, tienen enemigos comunes, otrora Saddam Hussein, hoy los talibanes de Afganistán y los yihadistas de al Qaeda y del Estado Islámico, este que ha causado estragos y atrocidades en Irak y Siria, al cabo que causan insomnio a las mismas monarquías sunitas, quienes, en un principio, fueron cómplices de sus embriones: el financiamiento de las madrasas, las escuelas del terror islámico. Sabemos que ambas organizaciones fundamentalistas, a través de una interpretación primitiva de la religión, se disponen “atacar a Occidente y en especial a Estados Unidos y a sus heréticos aliados árabes”. Estadounidenses e iraníes vienen enemistados, entre otros hechos, por los proyectos atómicos de Teherán y las conjuraciones contra el Estado de Israel, quien por su parte se ocupa de criticar las negociaciones en curso sobre el programa nuclear del Irán, que convoca a los Estados Unidos de América, junto a las cuatro potencias del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, además de Alemania. Negociaciones que podrían culminar en el eventual acuerdo político que irrita a Israel - el gran protegido de Washington - , por cuanto, tilda el programa nuclear iraní como una de las múltiples amenazas contra su existencia. Así también, a causa de ese enemigo que amenaza con su exterminio, que a la vez es factor de desestabilización y tensiones constantes en el Medio Oriente, se originará, según el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, “un mal acuerdo”, el cual deja en manos del Irán el enriquecimiento de uranio, proceso clave en la fabricación de la bomba atómica. El discurso hubo de serle útil, al igual que su mensaje de construir colonias adicionales en Cisjordania y Jerusalem Este, pues Netanyahu salió victorioso en los últimos comicios que le aseguran la reelección en el cargo. Aunado a sus recientes objeciones frente a la creación de un Estado Palestino, al descubrir la entronización yihadista en las esferas de poder, tanto en Cisjordania como en Gaza, la tesitura del gobierno de Netanyahu contra el acuerdo nuclear ha generado el disgusto al Presidente Barack Obama; mientras tanto, el Partido Republicano - exige la eliminación del programa atómico iraní - la aprovecha para formular críticas ácidas contra la política exterior de la Casa Blanca, transmitiendo serias advertencias a Irán, ya que el acuerdo podría frustrarse en el seno del Congreso, donde sus representantes ejercen predominio. Augurar el positivo desenlace de las negociaciones nucleares de Irán con las grandes potencias del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas llega a ser complicado todavía. Washington toma en cuenta al débil gobierno de Yemen como aliado contra los terroristas de al Qaeda, afincados en el convulsionado país árabe, de modo que la injerencia iraní al lado de los chiitas puede oscurecer o poner en riesgo las conversaciones iniciadas esta semana. Sin embargo, hay atenuantes que le vendrían bien al acuerdo nuclear con Irán. La inteligencia estadounidense se percató que el gobierno iraní es un “aliado fáctico”, que enfrenta a los yihadistas islámicos, protagonistas en las guerras civiles de Irak y Siria, aunque en este juego de ajedrez haya que tolerar - desafortunadamente - la permanencia de Bashar al-Asad en Damasco, acérrimo enemigo militar de los terroristas del Estado islámico (EI). Entonces por qué desestimar la hipótesis, en cuanto a que el actual régimen iraní es distinto al que derrocó al Sha y enseguida estableció la República Islámica (fundamentalista) en 1979, por lo que los persas esa vez pasaron a ser la nueva amenaza que había que frenar en el Medio Oriente. La hipótesis como tal la desestimó Occidente, en aquel entonces cuando Mohammad Jatamí, el intelectual, filósofo y político iraní, se convirtió en presidente de Irán entre 1997 y el 2005, de los partícipes principales del movimiento reformista iraní, que se anticipó a la Primavera Árabe. Hay que prevenir que ese error de interpretación sea descartado en las comunicaciones con el (reformista) mandatario de ahora, que paulatinamente viene aplacando a los ayatolas, al tiempo que modificó el discurso incendiario de su predecesor contra el Estado Hebreo. Como sea, Hasán Rouhaní continúa ocupándose de los progresos en las negociaciones con Estados Unidos de América y cinco potencias globales. En ellas, las Partes se han enseñado los colmillos. Precisamente, el plazo para alcanzar el acuerdo definitivo que garantice que Irán renuncia a fabricar armas atómicas vence este 31 de marzo. Seamos optimistas, quizás del acuerdo en mención surjan mejores prácticas a tono con la razón, tal que se puedan combinar, al menos parcialmente, las “estrategias políticas viables” (Ottoway, idem) con las acciones militares para derrotar el terrorismo brutal del EI, a cambio de hacer realidad en el Medio Oriente reformas ideológicas, económicas y políticas, reeducando además una sociedad que incubó la mentalidad terrorista, y que rara vez ha repensado en novedosas construcciones nacionales en aras de su sobrevivencia. Judíos, cristianos y musulmanes descienden de nuestro padre Abraham; algún milagro podemos esperar sobre la base de dicha conciencia histórica. Ronald Obaldía González (Opinión personal)

lunes, 16 de marzo de 2015

GEOGRAFÍA HUMANA Y PROSPERIDAD NACIONAL.

GEOGRAFÍA HUMANA Y PROSPERIDAD NACIONAL. La estructura económica y productiva de Costa Rica se transformó de modo vertiginoso, primordialmente en los últimos veinte años, por lo que la tradicional división política y territorial se quedó a la saga, - siempre fue imperfecta - en cuanto a obedecer a los requerimientos de la nueva realidad nacional y a la estatura de la pujante economía abierta, basada en el auge de los servicios, la promoción de las exportaciones, la captación de inversiones foráneas y la solidez del sistema financiero, entre otros rubros. La división como tal, fundamentada en las siete grandes provincias, eso sí, su funcionamiento centralizado política y administrativamente en San José - en su condición de Capital de la joven República - apenas expresó en un principio la predominancia de la economía del café en la primera mitad del Siglo XlX, después los enclaves bananeros en el Caribe y el Pacífico Sur, junto con el adelanto de las modestas industrias agrícolas (caña, cacao, tabaco, ganadería, etcétera), además de los servicios públicos, los cuales sirvieron de justificación a la tradicional división territorial. En tanto, que la Primera República (1848) y la Segunda República (1949) prescindieron de la efectiva descentralización y la desconcentración del Estado, lo cual hubo de comportar déficit, respecto a satisfacer la mayoría de las exigencias sociales y en consecuencia la equitativa distribución geográfica del ingreso nacional, producto del empleo de los recursos naturales. Una cuestión bastante diferente fue la creación de las instituciones autónomas, tales como el Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), que le restaron poder y capacidad al Poder Ejecutivo y, sobre todo, a los gobiernos locales. Por ahora, nos referimos al hecho que la descentralización y la desconcentración como doctrina práctica continúa siendo inexistente en este país, junto con la pésima y la clásica división territorial. Así, las vulnerabilidades tienden a empeorar, restando capacidad de decisión a la sociedad civil local en lo tocante a definir política y desarrollo regional, habida cuenta de la verticalidad e inflexibilidad de la administración pública; siendo esto cierto, que las principales decisiones son adoptadas en las oficinas centrales de San José, pasando lejos de las realidades regionales, de la visión, intereses y expectativas de los ciudadanos residentes en las periferias. Volvamos a las inclemencias de la división territorial, basada en siete provincias y más de ochenta cantones. Valga aclarar que lo seguido son apenas impresiones, al mejor método del filósofo Constantino Láscaris, puesto que consideramos que hay eventos que están eximidos de excesiva comprobación, por lo tanto, estos por sí solos nos otorgan verdades. Separados por una considerable distancia: ¿Cómo justificar que la región sur - sur costarricense, compuesta por Coto Brus, Corredores, Golfito, forme parte de la provincia de Puntarenas, cuyo núcleo central se localiza en el Pacífico Central, con ambiente de vida portuario y turístico, desencadenado y sin nexos productivos y culturales con los cantones sureños. Hay comunidades del occidente cafetalero del Valle Central, que, bajo un esquema de integración local democrática, juntos funcionarían al igual que una provincia. Grecia, Naranjo, Palmares, San Ramón, Sarchí, poblados por ciudadanos emprendedores, con un elevado nivel educativo, cantones económicamente autosuficientes, poseedores de infraestructura de buen nivel, nos sirven de ejemplo en esta segunda impresión. Por su lado, San Carlos en la zona norte ha estado social y culturalmente divorciado de la cabecera de la provincia de Alajuela. Un cantón poderoso como el norteño arrastra los recursos naturales y las condiciones sociales para secesionarse de la provincia alajuelense. Igual sucede con Pérez Zeledón, cuyo ingreso per cápita supera los de cualquier cantón del Valle Central, al cabo que posee un enorme potencial en cuanto a recursos naturales, al cabo que estaría en condición de contar con un verdadero gobierno local, que difiera de los rasgos y la jurisdicción de un simple municipio. Los cantones de Los Chiles, Upala y Guatuso - muy limitados en presupuesto - pueden conformar un circuito geográfico; junto con las colonias que resurgirán en los entornos de la ruta de la Trocha en la frontera norte, las comunidades que renacerán en las inmediaciones del nuevo puesto fronterizo de Las Tablillas, bien se podrá constituir un único polo de desarrollo periférico, incentivado por la riqueza étnica cultural y el cúmulo de recursos naturales, cuya racional utilización se convertiría en fuente de prosperidad para los ciudadanos allí afincados. La rápida interconexión entre las cabeceras de Alajuela, Heredia y San José, la infraestructura que las unificó, desvirtúa la existencia de cantones como Tibás, Moravia, Guadalupe, Montes de Oca, Desamparados y Curridabat, etcétera, todos ellos anulados por la reducción de las distancias dentro del Gran Área Metropolitana (GAM), los encadenamientos urbanos y la multitud de servicios públicos y privados, responsables de la construcción de un panorama o base social y cultural, diferente a la Costa Rica cafetalera de los Siglos XlX y XX. Todavía mejor es la gradual intercomunicación entre Puriscal y las comunidades de Quepos y Parrita, sobre todo, una vez que sea reconstruida la carretera rural que los une, circuito en el que el turismo ecológico repunta con ambición. De nuevo, caemos en las irracionalidades de nuestra división territorial, puesto que las progresistas regiones orientales de la península de Nicoya, a saber, Lepanto, Jicaral, Cóbano, Paquera, manifiestan tener mínima interacción con los cantones antes mencionados de la provincia de Puntarenas. Sin embargo, la representación política de ellos a nivel nacional se ve disminuida constantemente por el mayor peso, ostentado por zonas con mayor población; lo cual llega a ser un tropiezo contra su crecimiento. En el Caribe hay comunidades como Guápiles y Siquirres que, con mayor autonomía o poder propio, son capaces de conquistar mayor calidad de vida a favor de sus habitantes. Un cambio que, en efecto, experimentan determinadas regiones de Guanacaste, dado que la combinación cultural entre la población originaria y los emigrantes del Valle Central, quienes escogieron la pampa para rehacer sus vidas, a raíz del ascenso del turismo y la renovación de la economía doméstica, vienen estimulando la construcción de una cultura política y administrativa en esa provincia, que adquiere dimensión transnacional. Sabemos de la influencia de los grupos de presión e interés, que no pocas veces se han opuesto a modificaciones sustanciales al sistema electoral, particularmente, el de la escogencia diputados a la Asamblea Legislativa, el principal centro de poder. Con todo, una buena representación política a nivel nacional de las diferentes zonas geográficas significa un mejor ordenamiento territorial del país; de modo tal, que si la geografía humana y física, los intereses, la identidad local, las aspiraciones de los ciudadanos, las oportunidades de reconstrucción de comunicaciones efectivas y relaciones psicosociales creativas, todo ello, fueran la teoría y la práctica predominante en el reordenamiento, tal vez nuestro sistema político, en especial, los procesos de toma de decisiones, de carácter nacional y regional registrarán mayor consenso y aceptación nacional. Quiere decir que de esta forma habría Estado y ciudadanía de calidad, ambos forjando el destino nacional. Ronald Obaldía González (Opinión personal)

domingo, 1 de marzo de 2015

APERTURA GLOBAL “A LA MULTIPOLARIDAD CULTURAL”.

APERTURA GLOBAL “A LA MULTIPOLARIDAD CULTURAL”. Mientras el Islam se radicaliza en el Medio Oriente y África; “en Eurabia” - la Europa habitada por millones de árabes musulmanes - es interpretado el hecho como real amenaza, a causa del apogeo de los grupos anti inmigracionistas, asociados a partidos de extrema derecha, neonazis - por allí comulgan los euroescépticos - promotores de racismo y xenofobia. En una especie de “unidad de contradicción”, asombrando a los incrédulos, sale a relucir en el arranque del Siglo XXl, la teología y doctrina pastoral del Papa Francisco, provocando remezones en los dicasterios y en las estructuras de casta de la Santa Sede, hasta llegar a pensar en el eventual aggiornamento “o puesta al día de la Iglesia”. Con espíritu receptivo, el Papa (de origen argentino) acaba de dar una hermosa lección de ecumenismo, al censurar la calificación de “secta”, extraída de manera intransigente por el poder tradicional del Vaticano, temeroso del auge de los grupos carismáticos, pentecostales y evangélicos por todo el orbe, quienes desde cuatro décadas atrás han sabido aproximarse a sus adeptos y seguidores, a través de un mensaje apostólico más apegado a sus alegrías o vicisitudes cotidianas. Igualmente ha sido apreciable la contribución de ellos a la cultura y ética de la civilización occidental, poniéndose ello de manifiesto en la calidad del testimonio espiritual de sus miembros. Nos pareció extraño que esta postura ecumenista del Papa haya pasado inadvertida por casi todas las Iglesias cristianas no Católicas. Hemos rastreado los últimos pronunciamientos de dichas Iglesias, y lo hallado ha sido el mutismo. En cuanto a las corrientes de la Teología de la liberación, asociada en un principio a la izquierda latinoamericana - después al desgastado “chavismo” venezolano -, el Papa ha preferido mantener cautela, aunque con Benedicto XVl hubo tímidos acercamientos. Tal vez la pérdida de fuerza de los Teólogos de la liberación, cuyo mensaje menos espiritual y activamente político, se lo arrebataron no pocos movimientos pentecostales de América Latina, haciéndolo más disciplinado a los métodos de evangelización menos dogmáticos y acordes con los tiempos de la democracia pluralista, consolidada tras la caída de las dictaduras militares en la región. En cambio, en el terreno del Islam, expansionista, intolerante y violento, todo ello, arraigado ampliamente en su naturaleza doctrinal, en su caso particular: el Yihadismo, “la Guerra Santa”, inscrita en sus textos fundacionales, dista de ser algún hecho aislado o accidental en términos políticos. Al contrario, tal aberración andaba merodeando en la evolución del Islam, era cuestión de buscar los pretextos históricos: las guerras de las Cruzadas (Siglo Xl y Siglo Xlll), más acá, el Siglo XlX y Siglo XX, las erráticas y arbitrarias construcciones nacionales en el Medio Oriente de parte de Occidente, y así justificarlo con sus orígenes teológicos e históricos, es decir, “su patrimonio genético”. Difícilmente sus mensajes engañan. Mensajes que guardan inequívoca distancia de la exégesis cristiana (institucionalizada en el amor y perdón), o bien de la riqueza filosófica del Budismo “en su búsqueda de la Iluminación y el desarrollo de la conciencia personal”. En tanto el cristianismo convoca energías para la reconciliación entre sus diversos credos, practica el diálogo interreligioso especialmente con el Budismo y el Judaísmo, a tiempo que se acerca a la China Comunista y participa en la ejemplarizante reconciliación de los Estados Unidos de América y Cuba; al otro lado, en el Islamismo cobra mayor fuerza el extremismo y el fundamentalismo religioso, “que es sobre todo enemigo de Dios” (Papa Francisco, 2014), materia fecunda de “la tiranía del poder”, el terrorismo y del odio contra la civilización occidental, antivalores que además de deshonrar al ser humano, todavía peor, comienzan a cobrar fuerza en los árabes musulmanes y musulmanes no árabes. “La unidad de la contradicción” contemporánea está lejos de la rivalidad ideológica entre capitalismo y comunismo, que abrigó la Guerra Fría. En términos históricos y dialécticos, todo hace presumir que será materializada en este Siglo por la cultura occidental y el Islamismo (anacrónico y agresivo), el peligro es que el antagonismo (ideológico - religioso) llegue adoptar el carácter de ley social o un comportamiento duradero en el escenario internacional. La cultura occidental está llamada a “favorecer sus cualidades”, riqueza y potencialidad. Expresaba el Papa Francisco que en estos tiempos existe un mundo en rápido movimiento, interconectado y global; - todavía mejor - en razón de los avances de las tecnologías de información y comunicación. Los desarrollos científicos y tecnológicos como tales pueden facilitar el proyecto de «globalizar» de modo creativo y humanista “la multipolaridad” cultural que a Europa y a América distinguen, al cabo que, como método histórico, también gana fuerza de atracción e influencia en el Asia Pacífico y en algunas sociedades africanas. Particularmente, por simple cálculo o cobardía, abandonar en la lejanía al Medio Oriente, a que se auto destruya, en la cultura “del relativismo totalitario”, dominado por regímenes oprobiosos y corrientes oscurantistas, que deshonran “la trascendencia” del ser humano, ello significará un yerro histórico y antropológico. Usando el lenguaje del Papa Francisco para otros contextos sociales, es como decir que, “sin esta solidez” de honrar la dignidad y las libertades básicas de todos los seres humanos - sin excepción -, “se acaba construyendo sobre arena”, cualquier proyecto global de humanidad hacia el futuro. En fin, tengamos presente también lo absurdo de hacer una separación - teórica y práctica - entre política y religión. Ronald Obaldía González (Opinión personal).

lunes, 16 de febrero de 2015

APUNTES SOCIOLÓGICOS DE LA EDUCACIÓN INFORMAL.

APUNTES SOCIOLÓGICOS DE LA EDUCACIÓN INFORMAL. El pensador costarricense, Rodolfo Cerdas Cruz, mencionaba en sus lecciones académicas que los mejores líderes costarricenses se engendran en aquellas familias en donde hay una tradición al servicio de sus comunidades, o ya sean las familias de políticos y de dirigentes de la sociedad civil. El medio político en que se formaban los jóvenes de tales familias los inducía a seguir los mismos pasos de sus progenitores o parientes cercanos; el encuentro con esos patrones conductuales les serían determinantes, en cuanto a seguir una carrera política o empresarial, o a inmiscuirse en cualesquiera organizaciones de base - grupos de presión o de interés - , cuyo objetivo signifique la búsqueda de poder, capacidad de influencia o beneficios sociales. Es un comportamiento individual (o grupal) que suele repetirse en las democracias abiertas. En los Estados Unidos de América posee una enorme significación el voluntariado, una vocación arraigada en extremo en las familias, proyectada en las comunidades. Es tal la relevancia y gratificación del trabajo cívico comunitario, a través del voluntariado, que la elección del “Mayor” (el Alcalde en nuestro argot), éste bastante próximo a “la dinámica interactiva” de los grupos primarios: las familias y las comunidades, que a la elección de esta autoridad se le atribuye superior interés en comparación a los comicios generales de la Unión. La prosperidad y el bienestar de los estadounidenses reside en buena parte en la democracia de base (grassroot democracy), en especial, el voluntariado. Y los niños y los jóvenes heredan creativamente la conciencia de esa tradición, e igual sucede en otras naciones desarrolladas. Se cultiva en ellos el sentimiento de pertenencia y solidaridad dentro del grupo primario, el que termina convirtiéndose en laboratorio de experiencias, facilitador de la comunicación con los intereses y necesidades de la realidad inmediata que les rodea, con la vista puesta en las soluciones cooperativas. Las universidades estatales en Costa Rica han puesto en práctica el trabajo comunal, fijado como requisito de graduación, una práctica tardía. Sin embargo, en las escuelas y colegios es casi inexistente. Rara vez en las familias se inculca en los vástagos la cultura del servicio a la comunidad, esta generadora de conocimiento, progreso material y cultural; precisamente, se desaprovecha la riqueza de la educación informal y la acción cívica que allí tiene origen, la cual ha de ser complementaria a lo transmitido por la educación formal. Al mismo tiempo, el voluntariado en la comunidad permite dotar a la niñez y la juventud de una estructura de valores y principios edificantes. que condicionarán el resto de su vida. Asimismo, les fortalece la individualidad de su carácter y personalidad, como método didáctico contribuye a inculcar una actitud optimista frente al mundo, simultáneamente, va gestándose en ellos el espíritu de innovación, por cuanto comienzan a ser partícipes de la reconstrucción de su colectividad primaria. Lamentablemente, en este país se descuidó la política pública a favor de la niñez y la juventud. Clausurado el Movimiento Nacional de Juventudes (MNJ) y el Patronato Nacional de la Infancia (PANI) - anquilosado por demasiados años - harán seguir el abandono de dichos segmentos. Se sabe que la escuela y el colegio de estos tiempos tiene encomendada otras responsabilidades convencionales, más si están atados a las reivindicaciones gremiales, que no necesariamente en este país coinciden con las políticas de mejoramiento de la enseñanza. El propio sistema educativo abandonó allí la modalidad de los clubes extracurriculares. En ellos antes se enseñaba agricultura, había simulaciones de pulpería - ese pequeño negocio que hizo prosperar a nuestros pueblos, a decir de Constantino Láscaris -; los estudiantes se hacían cargo de la limpieza de las aulas, hasta de los parques y algunos sitios públicos, labores dirigidas por la escuela. Incluso, en aquellos tiempos a los niños se les enseñaba a cumplir roles de policía dentro de los centros educativos; varios de ellos eran patrulleros, era inexistente “el bullyng”, esos actos de agresión y violencia hoy bastante comunes lo evitaban los propios estudiantes. El embrión de la prosperidad de una sociedad, decíamos que descansa también en la educación informal, en la cultura cívica, en el voluntariado, en cuenta la combinación entre la formación plena y el trabajo en la empresa familiar, en lo cual sean partícipes los jóvenes. La familia ha de tener relación estrecha con tales convicciones. El ambiente y los estímulos proporcionados por ambos grupos primarios en estas principios de referencia, aportarán sustancialmente a modelar todavía más los rasgos de la personalidad particularmente de los niños y los adolescentes, específicamente ganarán en autoconfianza, seguridad en sí mismos y autoestima. De existir alrededor de ellos climas constructivos y accesibles, sus habilidades innatas y adquiridas encontrarán lugar para su crecimiento personal; lo más probable será que seamos testigos de ciudadanos talentosos, tenaces, sobre todo, atrevidos y pujantes en la noble aventura de la vida. Siendo esto cierto, para que esos embriones sean fértiles, por otra parte, hay que comenzar por la reeducación de los progenitores de los niños, haciéndolos comprender, en este mismo orden, que la libertad, los valores de la creatividad espontánea, el servicio a la comunidad representan el mejor libreto para la crianza de la prole, conducta que ha de comenzar en la edad temprana. Omar Dengo, el insigne educador costarricense, sugería a los padres y los educadores que se permitiera la expresión libre de los niños y adolescentes, así crecía la imaginación de ellos. Los futuros científicos y escritores, artistas y deportistas resurgirían de tales ambientes saludables y generosos. En términos similares lo justificaba un reportaje hecho, días atrás, a una especialista suramericana en pedagogía. Ella hacía referencia a la educación preescolar (o el kinder) como factor clave en el proceso de enseñanza y aprendizaje, explicó cuán relevante llega a ser que el Estado brinde mayor atención al perfeccionamiento de la calidad en ese nivel tan básico del sistema educativo, dado que en la edad entre los tres y seis años se definían el conjunto de destrezas, habilidades cognoscitivas e inteligencia social de los educandos, así también desde ese nivel se podían fijar los correctivos para prevenir el riesgo del fracaso escolar, fuente de frustración para los partícipes del sistema. Resulta extraño la escasa atención que recibió la tesis de esa pedagoga, resultó más llamativo en esos días el llamado a huelga de la jefe sindicalista del APSE, enfadada esta vez por el ingreso anticipado a clases de algunos servidores de la educación, quienes deberán negarse a trabajar - según ella - , a menos que el Estado se comprometa a reconocer “ese tiempo laborado de más”, tal que sea añadido a las vacaciones legales, pero a ser disfrutado dentro del periodo del curso lectivo o en su lugar debía remunerarse. Que cada uno de nosotros extraiga sus propias conclusiones. Ciertamente, la interacción entre la familia, la comunidad y los responsables del sistema educativo es clave, por ello debe buscarse la “dinámica interactiva”, todo ello al servicio del mejoramiento del sistema educativo, fundamentado en los principios de la solidaridad con los demás, además del amor por el conocimiento y la belleza. Hasta ahora hemos dejado de lado la complejidad de la agresión infantil, lo que debería de ser valorada como una problemática de salud pública. Con frecuencia, se hacen comentarios sobre los casos de agresión y violencia doméstica, pero no se piensa además en las secuelas que esto arrastra en la salud mental de las personas, víctimas de ese tipo de delito. Tanto que en su fase adulta, en las víctimas llega a manifestarse en daño casi irreversible, de difícil curación, según el criterio de los especialistas en enfermedades mentales y en criminología. Lo doloroso es que las víctimas son inconscientes o desconocen las causas que los llevaron a tales comportamientos (Luis Eduardo Esquivel Sandí, psiquiatra) insanos y degenerativos. Esas personas crecen con la desventaja de tener sembrado en su mente una programación mental que limitará y disminuirá su personalidad y potencial, producto de la agresión sufrida, según lo explica la literatura especializada. Al reducirles la autoconfianza, seguridad personal y arrestos personales, éstas se expondrán como sus flaquezas, las cuales eventualmente salen a relucir en el instante en que se deba afrontar los retos para decidir en circunstancias en que lo deseable es el aplomo y la asertividad, el discernimiento entre el bien y el mal, que le imponen las exigencias de la vida. Se verán contagiadas sus relaciones interpersonales, con el entorno y su actividad laboral, es decir, las huellas de la agresión, la violencia tanto verbal como física - reproducidas luego en las múltiples esferas de la vida personal - de la que los individuos han sido objeto, además de los efectos en la salud mental, repercutirá en el desarrollo o progreso económico de las sociedades nacionales - es antieconómica a la vez - al contarse con menos población activa, dispuesta al trabajo creativo e innovador. Junto a ello, un segmento de personas, al carecer de buena salud y capacidades psicológicas superiores, que vayan más allá del denominador común, posiblemente será excluido en lo que respecta a satisfacer los nuevos intereses o llenar las vacantes de las unidades productivas, en disposición de agregar mayor valor a la comunidad con base en el respaldo de colaboradores, distinguidos por su carácter seguro, firme, tenaz y resuelto al cambio, con percepción positiva frente a la vida, cuyas habilidades y destrezas vengan a guardar coherencia con las demandas de la nueva economía Descubrir el talento de los niños y los jóvenes, luego guiarlo, produce réditos tangibles e intangibles a la sociedad. Como sea, la sociedad necesita líderes carismáticos, racionales y decididos. La educación formal e informal son las más indicadas a favorecer dichos talentos - además de terapéuticos - , demasiado imprescindibles en las organizaciones públicas y privadas. Sin embargo, el veneno de la agresión y la violencia doméstica y en los barrios viene a dar al traste con estos ideales y aspiraciones. Y hasta la comunidad de animales llega a sufrir las consecuencias de tales estragos y patologías. Ronald Obaldía González (Opinión personal)

domingo, 1 de febrero de 2015

LA DEMOCRACIA DEBE TENER BUENAS MANOS.

LA DEMOCRACIA DEBE TENER BUENAS MANOS. Cuando días atrás observé el guapetón edificio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica - que nada tiene que envidiarle al de las academias estadounidenses y europeas - me invadieron los mejores sentimientos y convicciones a favor del régimen democrático costarricense, quien al sistema universitario dotó de autonomía y libertad de cátedra. Los liberales, socialdemócratas, socialcristianos y comunistas criollos, todos ellos, concordaron en fundar la Universidad de Costa Rica, revestida de estos significativos principios, arraigados solamente en democracias avanzadas como la nuestra. En los regímenes totalitarios y dictatoriales a la academia se le tiene desconfianza, se le ataca miserablemente, en especial, las carreras humanistas. En cambio, los líderes políticos nacionales, lo único que sí planearon fue el haber tenido ubicado el edificio de la primera universidad de la década de 1940, lejos del principal cinturón metropolitano de San José. Al espíritu fogoso y “los cabezas calientes” de la juventud estudiosa, había, preferiblemente, que ponerle límites, según los gobernantes de aquel entonces. Fue así como se construyó “el campus”, bien distante de las oficinas estatales, ubicadas dentro del anillo josefino, pues se intuyeron las consecuencias de la beligerancia y la energía de las protestas estudiantiles (recordemos el 24 de abril de 1970), las cuales casi siempre, contrastaron en aquellos tiempos con los cánticos de los trovadores, congregados en el viejo restaurant “La Esmeralda”, o bien, en “la Eureka” de la Avenida Central. Lo cierto es que la creación de más universidades entró en los proyectos de los partidos políticos; a pesar de las limitaciones económicas, la academia ha tenido asegurado su presupuesto y los recursos indispensables. Más bien, don Pepe Figueres, Daniel Oduber y Rodrigo Facio Brenes hubieron de realizar un viaje por Europa, a fin de contratar filósofos y académicos y, de seguido, elevar la calidad de la enseñanza universitaria. Constantino Láscaris y Teodoro Olarte, entre otros intelectuales, aceptaron la oferta de los estadistas, de este modo, la academia comenzó a repuntar en todos sus extremos. Luego las ciencias sociales, lo mismo que la enseñanza de las artes plásticas y el teatro, llegaron a cobrar auge en la década de 1960. La llegada a Costa Rica de profesores latinoamericanos, que huyeron de las dictaduras militares de sus respectivas naciones elevó, sobremanera, el nivel de las disciplinas, pertenecientes a dichas áreas del conocimiento, sean la Sociología, Historia y Geografía, Psicología, Trabajo Social, Periodismo, Ciencias Políticas, etcétera. Una vez, representantes de un grupo dogmático llegó a quejarse ante el Presidente Daniel Oduber (1974 - 1978) de la entrada masiva de académicos suramericanos y centroamericanos, por cuanto la ideología que transmitían en sus lecciones era conspiradora. El Presidente, reconocido por su amplia cultura universal, desatendió por completo las tales advertencias. Al contrario, ya como ex - mandatario asistió con frecuencia a varios de los cursos impartidos por aquellos inteligentes profesores. Tiempo después don Pepe Figueres aceptó la invitación de la Universidad de Costa Rica de impartir lecciones en la Escuela de Ciencias Políticas; con absoluta generosidad expuso su máxima obra política de la formación de la Segunda República, además, como hombre de mente superior acogía los cuestionamientos de sus alumnos. De todo hay en la viña del Señor. La tesis de un expresidente costarricense, que ahora desdeña las decisiones de la juventud de optar por las disciplinas de las ciencias sociales y del espíritu, consiste en decantarse a plenitud por las áreas de las ingenierías y la computación. Según él, a la juventud hay que estimularla hacia la elección solamente de esas carreras prácticas, convencido en que ellas llenan las necesidades de contratación de los recursos humanos, que requiere el desarrollo del país. Sin dudarlo, concordamos con el expresidente que de manera exitosa se ha logrado diversificar el sistema productivo, sustentado en la instalación de manufacturas, la inserción de empresas de alta tecnología e industrialización agrícola. Mucho menos le restamos significación a los programas académicos de carácter tecnológico. Lo cierto es que a las ciencias humanas, en cuanto a la fijación del rumbo ético y moral de cualesquiera estrategias de progreso económico, así también en el perfeccionamiento de la democracia, en cohesión social, e identidad histórica y cultura cívica, particularmente, se les atribuye elevadas contribuciones y responsabilidades. Sobre todo, en la formación de conciencia crítica y creación de valores y convicciones, inherentes al desarrollo humano sostenible. Sin conciencia y debate libre, sin convicciones y valores humanistas, apenas lo que una sociedad podrá alcanzar es “antidesarrollo”; ese estilo de producción, apasionado únicamente por el tener. El tener que concentran solo los privilegiados, arquetipo del “homo faber” (utilitarista), ayuno de verdad, felicidad, belleza e igualdad; insensible frente al impacto antropológico, la división social y los efectos ambientales que ese antidesarrollo causa. Afortunadamente, los filósofos y la gente de las ciencias sociales han revertido tal concepción deshumanizada de desarrollo; el cristianismo contemporáneo lo ha censurado abiertamente, lo cual ha permitido que la humanidad comience a hacer un alto en el camino, reflexionar, en la búsqueda de enderezar la historia de un sistema de producción y distribución de la riqueza, que excluye a numerosas personas. Incluso, a los mayores ganadores de él, por cuanto las turbulencias y las manipulaciones financieras, la influencia en el control de las monedas, los excesos y el despilfarro en el gasto, de repente, son capaces de arruinar a no pocos poderosos. Las inestabilidades en los patrones de cambio y en los precios internacionales de las materias primas, así también en los recursos energéticos, se pone en evidencia en este periodo, hechos que han hecho perder credibilidad las tesis de la supuesta generación de bienestar, reducidas al pragmatismo económico, la desregulación de los mercados, la distribución del ingreso por “la racionalidad del goteo”, así como el poder tecnocrático, desconocedor en los procesos de toma de decisiones de las particularidades históricas, la psicología social y hasta los intereses divergentes entre los miembros de la colectividad nacional. Por algo, la mayoría de las corrientes económicas derivadas de ciertas organizaciones financieras internacionales originan suficiente rechazo y desasosiego. Tampoco quiere decir que la fórmula del “anticapitalismo”, pronunciada hace unos días por un mandatario extraviado de América Latina, signifique el camino a seguir, esa tan sueño de opio como rodeada de simplicidad exhibicionista. La vía pertinente frente a la incertidumbre y la pésima gobernabilidad global descansa en la ética, el sentido de la justicia y la solidaridad, de lo cual se ha desocupado y deformó la civilización occidental, todo ello opuesto a la tradición y sus bases filosóficas y políticas, cuya consolidación ha sido modesta, apenas en cortas y doradas épocas. En su lugar, más abundante en retrocesos, a causa de amenazas de diverso origen, tales como las guerras, el auge de los totalitarismos y los desequilibrios en el comercio internacional. Frente al inmovilismo y la frustración de la época, las ciencias humanistas, con su señalado potencial y recursos, deben imponerse la responsabilidad de producir teoría y práctica de trabajo de campo (praxis) en la dirección de hacer aplicables en el mundo del Siglo XXl la fuerza de los valores y las virtudes de la democracia pluralista y de la vigencia de la economía de mercado, eso sí, con sentido del “bien común”, o con rostro humano, según lo hizo ver correctamente el Papa Juan Pablo ll y el Papa Benedicto XVl. En la construcción del renovado “deber ser” de la sociedad, las ciencias sociales y humanistas llevan la vanguardia de la propuesta innovadora; negarse a tal compromiso sería desvirtuar la naturaleza de su misión y rol. Seguro que múltiples y actualizadas ideas y métodos de mediación, para ofrecer definiciones aplicables frente a las complicaciones nacionales y universales, habrá de brotar en el moderno edificio de nuestra facultad académica. El reverso sería convertirlo “en la catedral del pensamiento exclusivo”, rescatado fantasiosamente por unos cuantos “ungidos y dueños de la historia”. Ronald Obaldía González (Opinión personal)