DIOS SE LOS PAGUE. AMIGAS Y AMIGOS DEL FACEBOOK.
A los amados amigos de Facebook y localizados en otras vías similares, infinitas gracias, infinitas gracias, por los calurosos saludos de todos Ustedes para conmigo en el día de cumpleaños de este humilde costarricense. Hubiera preferido haberles transmitido mi más sentido y afectuoso agradecimiento de manera personal; les ofrezco mis disculpas por esta omisión, la cual la he intentado atenuar con este mensaje. Seguro, que por la bondad de estas vías tan modernas de comunicación, que intentan hacer fecundas las relaciones humanas, se hará posible que pueda llegar a todos: generosos amigos. Convencido soy de que “la voz de las personas, es la voz de Dios”. Y, gracias a la bondad de Ustedes, mis amigos, a pesar de los múltiples errores en la vida, ayer a Él lo percibí misteriosamente en mi alma.
También, con estos alegres sentimientos de gratitud, nos nace hoy, cuando ya abrazo sesenta años de existencia - ya numerosos - compartirles una historia de mi amada comunidad de Zapote (San José), en donde nací y crecí; esta vez haciendo mención de una excepcional, bella, inteligentísima, honorable dama costarricense: Ángela Carbonell Massenet (qepd). Conocida como Doña Angelita, esposa del afamado médico Carlos Sáenz Herrera, con cuya sabiduría y esfuerzos de este gran profesional, verdaderamente, se debió la fundación del Hospital Nacional de Niños, inaugurado en 1964, que, por cierto, hoy lleva su nombre. La honorable dama es la madre de nuestro compañero de labores Jorge Sáenz Carbonell. !Hay inexplicables coincidencias en la vida!
Nací en uno de los años de la década de 1950, justamente cuando Costa Rica experimentó una de las más altas tasas de nacimientos. Ese hecho tuvo resonancia en nuestra comunidad de Zapote, como en la mayoría de las otras barriadas josefinas, casi todas, rodeadas de potreros, cafetales, de caminos de barro, o lastre. Estos últimos, representaron en la época lo más avanzado de la infraestructura.
El elevado prestigio y condición social de la bondadosa Doña Angelita, enfermera pediatra, jamás le resultó un impedimento para que en aquella década de 1950 ella se decidiera a prestar, con amor y ahínco, sus valiosos conocimientos de las ciencias médicas en la humilde comunidad de Zapote, específicamente en su Unidad Sanitaria, a cargo del Ministerio de Salud. En nuestros días, esta clase de unidades de salud se conocen como los EBAIS.
El sistema de salud estatal, expresión de la reforma social de 1940, cimentada por el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, el comunista criollo Manuel Mora Valverde, Monseñor Víctor Manuel Sanabria y José Figueres Ferrer, comenzaba a dar forma en términos institucionales y científicos. Sin embargo, se registraban altas tasas de mortalidad de niños recién nacidos. Todavía aquella Costa Rica pobre, carecía de los buenos niveles de calidad de vida y salud, a diferencia del buen desarrollo social, del cual sus habitantes disfrutan en estos tiempos.
Pues, yo pude haber sido parte del grupo de los niños que fallecería después del parto de mi madre, quien sufrió inesperadamente un inconveniente en sus glándulas mamarias, por lo que la leche materna que consumía como bebé no estaba en su justo estado.
Doña Angelita había tenido minuciosos cuidados de todas las madres zapoteñas de aquella época, antes, durante y después del parto, en cuenta de mi madre. Por eso, el alma altruista suya hizo el milagro de ayudarle a mi progenitora a traerme al mundo, y enseguida lograr que aquel niño sobreviviera, derrotando la enfermedad que puso en jaque su vida. Mis oraciones de gratitud a tan notable mujer y enfermera, al igual que a mi madre y padre por darme vida. Lo cual me ha obsequiado la virtud de transmitirle a mi larga edad besos, abrazos y cariños a TODOS LOS AMIGOS DEL FACEBOOK.
jueves, 16 de febrero de 2017
martes, 14 de febrero de 2017
LUCES Y SOMBRAS EN MÉXICO Y, EN ESTE INSTANTE, EN MEDIO DE UNA ENCRUCIJADA.
LUCES Y SOMBRAS EN MÉXICO Y, EN ESTE INSTANTE, EN MEDIO DE UNA ENCRUCIJADA.
Hace aproximadamente diez años escuchaba a un asesor del Congreso de los Estados Unidos de América, refiriéndose con molestia alrededor del éxodo de mexicanos y centroamericanos - especialmente, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y nicaragüenses - hacia el país suyo. No solo ofrecía datos, relacionados con el fenómeno migratorio; simultáneamente, destacaba que la mayoría de estas personas lograron allí prosperar, reconstruir sus vidas, hasta llegarse a pensar que, especialmente, los mexicanos le estuvieran arrebatando empleos a los estadounidenses, con base en salarios bajos. Mientras que en sus naciones de origen la extrema pobreza recrudecía, y las oportunidades sociales eran casi inexistentes.
Al mismo tiempo, le llamaba la atención el déficit de gobernabilidad. Específicamente, anotaba la corrupción y la ineptitud en las instancias públicas y privadas, esto causante del estancamiento y mayor desigualdad. Tampoco la concentración de la riqueza se escapó de su análisis. Al final de su disertación, el estadounidense remarcó la tesis de que su país "ha cargado con el peso de las injusticias e irresponsabilidades de sus vecinos cercanos". Igualmente, añadió que la propia izquierda latinoamericana, principalmente, al lamer las heridas, con sus fijaciones, lenguaje sombrío y añejas diatribas - al estilo del Chavismo venezolano - frente a los errores históricos, cometidos por la nación estadounidense, se mostraba torpe e incapaz de plantear enfoques y opciones coherentes, acordes con los nuevos tiempos, tal que se empeñara en colaborar en la superación de las complicaciones estructurales del "subdesarrollo regional", cuyo origen “es político y casi caótico”.
Lo expuesto por el experto era como volver atrás a la historia de dichas naciones. La recurrencia de tales males sociales ha continuado siendo el detonante de ese éxodo; a la vez que se refunde en fórmula de alivio social a la disposición de las élites dominantes, quienes, por su lado, renuncian a recrear democracias cohesionadas, donde tengan lugar estructuras económicas y culturales incluyentes. Por el contrario, "el derecho a migrar" de sus gentes, ya es un componente de “la política social” de sus respectivos Estados.
Con tales argumentos sale al paso la agresividad del Presidente Donald Trump contra la inmigración, la acucia, ciertamente; pues además subyace la sensibilidad de una sociedad menos anglosajona y blanca. Reitera que el resto de la construcción del (humillante) muro será financiado con un impuesto a las remesas enviadas por los mexicanos a sus empobrecidas familias - en el 2016 sobrepasaron los US$25.000 millones, más de lo que México obtiene por las exportaciones petroleras - . Al cabo que insiste con la aplicación de un impuesto de 20% a las importaciones de su vecino del sur; presiona a las empresas estadounidenses para que desinviertan en México; en estos días ha hecho realidad las deportaciones de ciudadanos mexicanos, afincados en EE UU (El País, España, 2017).
Desde entonces hicimos el examen de asociar el punto de vista de aquel expositor, para llegar a la conclusión que las medidas draconianas, xenofóbicas, del nuevo mandatario estaban bastante lejos de ser obra de la casualidad. Diversos sectores del público estadounidense ya venían elevando el tono de los reclamos. En dicha agenda se señalaría al fenómeno migratorio como la causa mayúscula del aumento de la criminalidad. Por lo tanto, calificaron de insuficientes la construcción de una parte del muro fronterizo en tiempos de las dos administraciones de Bill Clinton; lo mismo que las deportaciones de 2,5 millones de migrantes indocumentados de parte del mandatario Barack Obama, quien se mostró errático, sin contundencia, con la prometida reforma migratoria, por la cual hubo de ganarse el favor del electorado hispano.
Junto con los musulmanes, calificados de terroristas, los mexicanos comienzan a ser de "las primeras víctimas" de la postura antimigratoria del presidente estadounidense, a quien le cobra además el déficit comercial con los Estados Unidos de América, equivalente a $63.200 millones. En efecto, el superávit comercial mexicano obedece al carácter plenamente abierto y aperturista de esa economía, interconectada a la economía global, e interdependiente en cuanto a negocios con el poderoso mercado de América del Norte. Los alienta todavía más el tratado de libre comercio (NAFTA de 1992); pero, al eludir la larga relación comercial entre los socios norteamericanos, quienes se han visto beneficiados por dicho acuerdo, ahora Trump, en su guerra comercial, “ha prometido renegociar o retirarse de él”. Para nosotros, difícilmente México, sin el NAFTA, puede continuar modernizando su sistema productivo.
La nación azteca posee más de 40 tratados bilaterales de libre comercio, grandes conglomerados comerciales, bancarios y financieros, manufacturas avanzadas, industria pesada, un sector agrícola agresivo, sobrados recursos naturales, entre ellos, el petróleo y gas, así también, alta inversión pública, ahorro nacional a raíz de las privatizaciones jugosas, llevadas a cabo por el presidente Carlos Salinas de Gortari. El empresariado estadounidense reconoce las fortalezas de la economía de su vecino, de quien ha obtenido enormes ganancias. Posiblemente, las leyes del mercado se impongan frente a la incertidumbre generada por “el amateur” de la política de Washington.
Con todo, México arrastra con su gente una compleja deuda social desde antes de la independencia nacional. Más adelante, ni la propia revolución mexicana de 1910, tampoco el heredero de tales ideales sociales, el autoritario Partido Revolucionario Institucional (PRI), el constructor de “la dictadura perfecta”, fue capaz de erradicar. Ese déficit que llega a manifestarse de manera dramática en 1994, al estallar la rebelión campesina en Chiapas, protagonizada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Subrayemos las dos economías mexicanas, lo que da pie a los contrastes sociales: la del exitoso esquema de "crecimiento productivista", tecnológico y financiero, el cual con las medidas proteccionistas y nacionalistas de Trump, se vería obligado a explorar nuevos mercados. Luego, la otra economía, la abiertamente desigual, excluyente, atiborrada de interminables conmociones agrarias; en cuenta, la proliferación del empleo informal, la marginalización de poblaciones urbanas y rurales, sobre todo, de campesinos e indígenas - los pueblos indígenas representan el 30% de la población nacional - . Son estas poblaciones de rentas e ingresos paupérrimos, las cuales habrían de dar origen al contingente de más de 30 millones de mexicanos, que emigraron a la tierra del “sueño americano”; más de 11 millones de ellos se encuentran de forma irregular.
Admítanos hacer, atrevidamente, una analogía surrealista entre ese éxodo de 30 millones de mexicanos residentes en los Estados Unidos de América y la especie de ficción; aquella escondida en el subconciente nacional de los mexicanos. En donde crece a la vez la fantasía, de que sobre la base del éxodo de esa multitud de mexicanos, residentes en los Estados Unidos de América, por ahí se abriría la ocasión de recuperar la parte de California y Texas, capturada por los estadounidenses a mediados del Siglo XlX. Eso sí, lo que enseguida le valió a México desarrollar sesuda doctrina diplomática para blindarse de los abusos de las potencias del mundo desarrollado.
No en pocas ocasiones se ha subrayado a México como nación fallida, más aún en el ciclo de los cárteles de la droga, fuente de corrupción y erosión de la sociedad mexicana, en la cual la clase política y dirigencial, lo mismo que algunos sectores del empresariado, de la sociedad civil, aparecen siendo sus cómplices. Esa erosión manifiestamente expresa en la debilidad del Estado de derecho; ha significado en parte la huella del PRI, en aquellos setenta años en el poder, a través de procesos electorales amañados y compra de conciencias. Así, como si a la perfección, hubo de ejercitar “la ley de hierro de la oligarquía”, abstraída por el politólogo alemán Robert Michels.
La revalidación de tal hipótesis, la del Estado fallido, llega a respaldarse en el gradual deterioro de los derechos humanos, la asociación entre las instituciones represivas y el crimen organizado, lo cual tuvo sus implicaciones en la guerra a los cárteles de la droga, llevada a cabo por el Presidente Felipe Calderón. Justamente, el narcotráfico, frente a lo cual los gobiernos mexicanos han de sumarse a los esfuerzos del hemisferio para contenerlo, habida consideración que sus redes y tentáculos criminales siguen amenazando, de manera particular, la región centroamericana.
Bien lo manifiesta el exdiputado costarricense Sergio Erick Ardón , en que a pesar que la dirigencia política mexicana nunca ha sido proba que digamos, y a nuestro juicio poco convencida de las reglas de la democracia, no obstante, el hermano mayor se encuentra en la terrible encrucijada: “o se someten a la humillación y acceden, o pierden sus mercados y ven hundirse su dependiente economía”. En términos similares lo planteó hace días, uno de los editoriales del periódico El País de España, al destacar que es un deber tanto de Europa como de la comunidad iberoamericana de salir en defensa de México, poniendo al servicio de esta causa solidaria los foros regionales y los sistemas de cumbres “que nos unen a México”; de lo contrario, cabría “preguntarse entonces para qué sirven”. Feliz día de la amistad.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
Hace aproximadamente diez años escuchaba a un asesor del Congreso de los Estados Unidos de América, refiriéndose con molestia alrededor del éxodo de mexicanos y centroamericanos - especialmente, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y nicaragüenses - hacia el país suyo. No solo ofrecía datos, relacionados con el fenómeno migratorio; simultáneamente, destacaba que la mayoría de estas personas lograron allí prosperar, reconstruir sus vidas, hasta llegarse a pensar que, especialmente, los mexicanos le estuvieran arrebatando empleos a los estadounidenses, con base en salarios bajos. Mientras que en sus naciones de origen la extrema pobreza recrudecía, y las oportunidades sociales eran casi inexistentes.
Al mismo tiempo, le llamaba la atención el déficit de gobernabilidad. Específicamente, anotaba la corrupción y la ineptitud en las instancias públicas y privadas, esto causante del estancamiento y mayor desigualdad. Tampoco la concentración de la riqueza se escapó de su análisis. Al final de su disertación, el estadounidense remarcó la tesis de que su país "ha cargado con el peso de las injusticias e irresponsabilidades de sus vecinos cercanos". Igualmente, añadió que la propia izquierda latinoamericana, principalmente, al lamer las heridas, con sus fijaciones, lenguaje sombrío y añejas diatribas - al estilo del Chavismo venezolano - frente a los errores históricos, cometidos por la nación estadounidense, se mostraba torpe e incapaz de plantear enfoques y opciones coherentes, acordes con los nuevos tiempos, tal que se empeñara en colaborar en la superación de las complicaciones estructurales del "subdesarrollo regional", cuyo origen “es político y casi caótico”.
Lo expuesto por el experto era como volver atrás a la historia de dichas naciones. La recurrencia de tales males sociales ha continuado siendo el detonante de ese éxodo; a la vez que se refunde en fórmula de alivio social a la disposición de las élites dominantes, quienes, por su lado, renuncian a recrear democracias cohesionadas, donde tengan lugar estructuras económicas y culturales incluyentes. Por el contrario, "el derecho a migrar" de sus gentes, ya es un componente de “la política social” de sus respectivos Estados.
Con tales argumentos sale al paso la agresividad del Presidente Donald Trump contra la inmigración, la acucia, ciertamente; pues además subyace la sensibilidad de una sociedad menos anglosajona y blanca. Reitera que el resto de la construcción del (humillante) muro será financiado con un impuesto a las remesas enviadas por los mexicanos a sus empobrecidas familias - en el 2016 sobrepasaron los US$25.000 millones, más de lo que México obtiene por las exportaciones petroleras - . Al cabo que insiste con la aplicación de un impuesto de 20% a las importaciones de su vecino del sur; presiona a las empresas estadounidenses para que desinviertan en México; en estos días ha hecho realidad las deportaciones de ciudadanos mexicanos, afincados en EE UU (El País, España, 2017).
Desde entonces hicimos el examen de asociar el punto de vista de aquel expositor, para llegar a la conclusión que las medidas draconianas, xenofóbicas, del nuevo mandatario estaban bastante lejos de ser obra de la casualidad. Diversos sectores del público estadounidense ya venían elevando el tono de los reclamos. En dicha agenda se señalaría al fenómeno migratorio como la causa mayúscula del aumento de la criminalidad. Por lo tanto, calificaron de insuficientes la construcción de una parte del muro fronterizo en tiempos de las dos administraciones de Bill Clinton; lo mismo que las deportaciones de 2,5 millones de migrantes indocumentados de parte del mandatario Barack Obama, quien se mostró errático, sin contundencia, con la prometida reforma migratoria, por la cual hubo de ganarse el favor del electorado hispano.
Junto con los musulmanes, calificados de terroristas, los mexicanos comienzan a ser de "las primeras víctimas" de la postura antimigratoria del presidente estadounidense, a quien le cobra además el déficit comercial con los Estados Unidos de América, equivalente a $63.200 millones. En efecto, el superávit comercial mexicano obedece al carácter plenamente abierto y aperturista de esa economía, interconectada a la economía global, e interdependiente en cuanto a negocios con el poderoso mercado de América del Norte. Los alienta todavía más el tratado de libre comercio (NAFTA de 1992); pero, al eludir la larga relación comercial entre los socios norteamericanos, quienes se han visto beneficiados por dicho acuerdo, ahora Trump, en su guerra comercial, “ha prometido renegociar o retirarse de él”. Para nosotros, difícilmente México, sin el NAFTA, puede continuar modernizando su sistema productivo.
La nación azteca posee más de 40 tratados bilaterales de libre comercio, grandes conglomerados comerciales, bancarios y financieros, manufacturas avanzadas, industria pesada, un sector agrícola agresivo, sobrados recursos naturales, entre ellos, el petróleo y gas, así también, alta inversión pública, ahorro nacional a raíz de las privatizaciones jugosas, llevadas a cabo por el presidente Carlos Salinas de Gortari. El empresariado estadounidense reconoce las fortalezas de la economía de su vecino, de quien ha obtenido enormes ganancias. Posiblemente, las leyes del mercado se impongan frente a la incertidumbre generada por “el amateur” de la política de Washington.
Con todo, México arrastra con su gente una compleja deuda social desde antes de la independencia nacional. Más adelante, ni la propia revolución mexicana de 1910, tampoco el heredero de tales ideales sociales, el autoritario Partido Revolucionario Institucional (PRI), el constructor de “la dictadura perfecta”, fue capaz de erradicar. Ese déficit que llega a manifestarse de manera dramática en 1994, al estallar la rebelión campesina en Chiapas, protagonizada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Subrayemos las dos economías mexicanas, lo que da pie a los contrastes sociales: la del exitoso esquema de "crecimiento productivista", tecnológico y financiero, el cual con las medidas proteccionistas y nacionalistas de Trump, se vería obligado a explorar nuevos mercados. Luego, la otra economía, la abiertamente desigual, excluyente, atiborrada de interminables conmociones agrarias; en cuenta, la proliferación del empleo informal, la marginalización de poblaciones urbanas y rurales, sobre todo, de campesinos e indígenas - los pueblos indígenas representan el 30% de la población nacional - . Son estas poblaciones de rentas e ingresos paupérrimos, las cuales habrían de dar origen al contingente de más de 30 millones de mexicanos, que emigraron a la tierra del “sueño americano”; más de 11 millones de ellos se encuentran de forma irregular.
Admítanos hacer, atrevidamente, una analogía surrealista entre ese éxodo de 30 millones de mexicanos residentes en los Estados Unidos de América y la especie de ficción; aquella escondida en el subconciente nacional de los mexicanos. En donde crece a la vez la fantasía, de que sobre la base del éxodo de esa multitud de mexicanos, residentes en los Estados Unidos de América, por ahí se abriría la ocasión de recuperar la parte de California y Texas, capturada por los estadounidenses a mediados del Siglo XlX. Eso sí, lo que enseguida le valió a México desarrollar sesuda doctrina diplomática para blindarse de los abusos de las potencias del mundo desarrollado.
No en pocas ocasiones se ha subrayado a México como nación fallida, más aún en el ciclo de los cárteles de la droga, fuente de corrupción y erosión de la sociedad mexicana, en la cual la clase política y dirigencial, lo mismo que algunos sectores del empresariado, de la sociedad civil, aparecen siendo sus cómplices. Esa erosión manifiestamente expresa en la debilidad del Estado de derecho; ha significado en parte la huella del PRI, en aquellos setenta años en el poder, a través de procesos electorales amañados y compra de conciencias. Así, como si a la perfección, hubo de ejercitar “la ley de hierro de la oligarquía”, abstraída por el politólogo alemán Robert Michels.
La revalidación de tal hipótesis, la del Estado fallido, llega a respaldarse en el gradual deterioro de los derechos humanos, la asociación entre las instituciones represivas y el crimen organizado, lo cual tuvo sus implicaciones en la guerra a los cárteles de la droga, llevada a cabo por el Presidente Felipe Calderón. Justamente, el narcotráfico, frente a lo cual los gobiernos mexicanos han de sumarse a los esfuerzos del hemisferio para contenerlo, habida consideración que sus redes y tentáculos criminales siguen amenazando, de manera particular, la región centroamericana.
Bien lo manifiesta el exdiputado costarricense Sergio Erick Ardón , en que a pesar que la dirigencia política mexicana nunca ha sido proba que digamos, y a nuestro juicio poco convencida de las reglas de la democracia, no obstante, el hermano mayor se encuentra en la terrible encrucijada: “o se someten a la humillación y acceden, o pierden sus mercados y ven hundirse su dependiente economía”. En términos similares lo planteó hace días, uno de los editoriales del periódico El País de España, al destacar que es un deber tanto de Europa como de la comunidad iberoamericana de salir en defensa de México, poniendo al servicio de esta causa solidaria los foros regionales y los sistemas de cumbres “que nos unen a México”; de lo contrario, cabría “preguntarse entonces para qué sirven”. Feliz día de la amistad.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
martes, 24 de enero de 2017
COSTA RICA: SIEMPRE POR EL CAMINO DE LA DEMOCRACIA LIBERAL.
COSTA RICA: SIEMPRE POR EL CAMINO DE LA DEMOCRACIA LIBERAL.
Me suena a mero esnobismo y exhibicionismo esa desatinada e impopular iniciativa de un grupo de personas, encaminada a convocar una Asamblea Constituyente con el propósito de reformar la Carta Magna costarricense. Eso sí, me extraña que un ilustre exprofesor mío ande en tal contrasentido.
En cambio, hay un señor - censurado por nuestra parte - miembro de ese grupo de “reformadores”, que en los pasados comicios presidenciales dio aquel raro consejo al controvertido candidato del Partido Liberación Nacional de entonces - el cual acogió - a que desistiera de su participación en el balotaje. Tamaño dislate y desdén fue aquello. A mi juicio, una afrenta a nuestro sistema electoral; precisamente, uno de los institutos y derechos fundamentales, garantizados a los ciudadanos por la Constitución Política, torpedeada en esta ocasión.
Cae por su propio peso el argumento central, esgrimido por los promotores de la convocatoria, en cuanto a que ha llegado a ser obsoleta la Carta Magna de 1949, basada en los postulados liberales de la Constitución Política de 1871, esta promulgada en tiempos del Presidente Tomás Guardia (1871). Y que en el momento en el cual salió a la luz (la de 1949) se excluyó a las fuerzas sociales perdidosas, que derivó la guerra civil de 1948, entre ellas, los comunistas criollos – cuyo partido se proscribió por 20 años - , así también a los partidarios de Rafael Ángel Calderón Guardia, ambas formaciones, por cierto, gestoras de las garantías sociales y derechos laborales, consagrados en la Constitución.
Qué yo me haya dado cuenta: ni Manuel Mora Valverde o la izquierda actual, menos aún, los seguidores del calderonismo histórico renegaron de nuestra Constitución de 1949. Por el contrario, ni siquiera en sus programas proselitistas ha habido la más mínima mención de modificarla de manera sustancial.
Impulsar en estos tiempos un cambio a la Carta Magna es jugar a la lotería. Nadie puede vaticinar lo que tendremos al final del camino, a consecuencia de una constituyente. Menos en el actual contexto internacional, amenazado por infecciosas tendencias, tales como el nacionalismo, el proteccionismo económico, la antimigración con tufo a racismo, todo lo cual nos hace poner en alerta, pues en nuestro país tampoco somos inmunes a tales cepas. Un sempiterno candidato presidencial se puso ya a izar una de esas banderas para la próxima campaña electoral.
El complicado ambiente mundial no llega a ser el único que señala la innecesaria e inconveniente convocatoria a una constituyente, lo cual ocupa nuestro humilde y rotundo rechazo. Se erigen peligros adicionales. Corre por Costa Rica una agresiva corriente, favorecedora de la legalización del aborto; sabemos de las mentiras y arremetidas de “los Herodes” contemporáneos. Al mismo tiempo, los excluidores de Dios del contenido de nuestra Carta Magna hicieron intentos infructuosos por concretarlo. Importando de Europa las posturas “del secularismo radical”, el gobierno de Oscar Arias (2) casi lo consigue en la Asamblea Legislativa.
Por qué escandalizarnos. Con facilidad comprobamos, de hecho, que en la mentalidad de cierto activismo, en la dirigencia política local y del extranjero el desarrollo económico no va acompañado del crecimiento espiritual (Joseph Ratzinger, 2006); lo cual es destructivo en todos los términos.
La incertidumbre del actual contexto global, más bien nos impone la responsabilidad de tomar mayor conciencia acerca de la relevancia de la preservación de nuestras conquistas históricas y de los principios medulares, fundacionales, de nuestra nacionalidad: el "contrato social". El cual desconcentra el poder, recompone y equilibra las transacciones entre el gobierno, las empresas privadas y la sociedad civil entera. El contrato costarricense, desprendido del diálogo, la concertación y el entendimiento idiosincrásicos, del cual han sido autores los diversos sectores políticos y civiles, constantemente empeñados en robustecer los derechos y libertades fundamentales, sustentados en los derechos humanos. Lo cual suscita paralelismo con nuestra vocación internacional a favor de los mercados libres y abiertos.
Dicho sea verdad, el texto constitucional ha sobrevivido por casi 70 años. Bien podemos afirmar que ello llega a ser un mayúsculo signo de cohesión social e integración cultural, expresados en la estabilidad y el equilibrio democráticos, disfrutados por el pueblo costarricense; quien meses atrás le concedió mayor legitimidad a su Carta Magna, al proclamarse en ella que nuestra sociedad nacional es pluricultural, multiétnica: una decisión soberana y revolucionaria. Mientras tanto, constituye un exabrupto achacarle los supuestos males que, de manera particular, entorpecen el desempeño de la administración pública. Dejemos ese debate para otra oportunidad.
Apuntamos que en lugar de restarle valor a la Carta, más bien hay que reconocerle la riqueza y los méritos de los postulados y normas, que le son intrínsecos, cuyo prestigio va más allá ya de nuestra región. Se trata de ese "milagro" que es la sociedad costarricense, del cual hace referencia el destacado politólogo Jaime Daremblum. Inexplicable, sobre todo, cuando nos ha correspondido lidiar con entornos hemisféricos, años atrás, caracterizados por la prevalencia de dictaduras militares y guerras civiles; en esta época por el correr del crimen organizado; y corrosivas vecinas naciones, incapaces de superar la desigualdad en la distribución de su ingreso nacional.
Seguro que ni los liberales, los socialdemócratas, los socialcristianos, la izquierda criolla, tampoco los religiosos, los empleados públicos, los sindicalistas, los cooperativistas, los solidaristas, las minorías étnicas, así también, la comunidad gay - cuando le sean aprobadas sus peticiones legales - aceptarán el riesgo de colocar en la incertidumbre, generada por una Asamblea Constituyente, sus particulares logros, expresados en nuestra Carta.
En lugar de sugerir planes divisivos; qué les parece si los ciudadanos del mundo, “que tienen un planeta en la mente”, así como lo propuso recientemente el economista Mark Malloch, se le exija menos retórica y frases grandilocuentes a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), especialmente en la redacción de sus declaraciones y pronunciamientos. No hay que perder el tiempo. Se debe hacer realidad, con hechos tangibles, el marco de la estrategia ya existente de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), los cuales fueron acordados por los Estados Miembros de esa Organización, que apuntan a reforzar las redes de la seguridad social, conexas a nivelar la competencia en aras del crecimiento económico, así como salvaguardar el medio ambiente (Mark Malloch, 2017). De este modo, seremos fieles a los designios de la Creación.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
jueves, 5 de enero de 2017
NEGOCIACIONES EN EL MEDIO ORIENTE, A TRAVÉS DE LA RUTA DEL CAOS.
NEGOCIACIONES EN EL MEDIO ORIENTE, A TRAVÉS DE LA RUTA DEL CAOS.
Estados Unidos de América, al mando del Presidente Barack Obama, supuestamente, tomó distancia de Siria, porque resultaba más fácil que gobiernos autoritarios, tales como, Rusia, Turquía e Irán lograrían, entre ellos, un entendimiento acerca del cese al fuego. Y así abstenerse de hacer fallidos esfuerzos hacia la democracia en una región como el Medio Oriente, erosionada, por todos los costados, a causa de guerras domésticas, divisiones de carácter geopolítico y, principalmente, religiosas.
En la convulsionada nación siria se ha puesto al descubierto la rivalidad ("u odio") imperecedera, profundamente divisiva y agresiva, que gira alrededor del Islam. Sus autores: el sunismo (mayoritario en el mundo musulmán), timoneado por Arabia Saudita y el chiismo, patrimonio nacional y cultural del Irán.
En la convulsionada nación siria se ha puesto al descubierto la rivalidad ("u odio") imperecedera, profundamente divisiva y agresiva, que gira alrededor del Islam. Sus autores: el sunismo (mayoritario en el mundo musulmán), timoneado por Arabia Saudita y el chiismo, patrimonio nacional y cultural del Irán.
Sin perder de vista la lucha contra el terrorismo" (la campaña aérea en Siria e Irak), el Presidente Obama, en lo que respecta a la “no evolución civilizada del Medio Oriente”, acogió, como la vía fácil, la táctica "del perfil poco visible" de Israel, ésta, ciertamente, la única potencia democrática en la convulsionada región, donde el islamismo hegemónico y la tiranía son el denominador común.
Según dicha táctica, mientras los intereses israelíes (o estadounidenses) se eximan de severos riesgos, resulta improcedente inmiscuirse en antagonismos sectarios y militares; cuando los enemigos históricos se exterminan ellos mismos, sean, el gobierno de Siria, los sunitas y los chiitas, así como el Hizbolah, auspiciado por el Irán, además de los terroristas, inspirados en la Yihad.
En medio de un violento torbellino, dos socios, escasamente confiables, agotan sus energías, cuales son Rusia y Turquía. Ambos, quienes jugaron roles opuestos durante el conflicto sirio, sí tienen más que perder ahí, pues, no solamente los yihadistas, y los respectivos enemigos tradicionales, los radicales sunitas y los kurdos, ganaban suficiente relevancia durante el conflicto sirio, acumularon poder y territorios, conforme hubieron de debilitar al Presidente Bashar Asad, al igual que al extremismo musulmán.
Podría ser que entre dictadores haya sintonía, el uso de un mismo lenguaje, que ofrezca un camino viable, al menos por el que se evite un mayor derramamiento de sangre y más sufrimiento a la población, puesto que alcanzar la paz, lo condicionan el juego de múltiples intereses o cálculos internos y transnacionales.
Los significativos pozos petrolíferos y los yacimientos de gas que alberga casi la totalidad de la zona del Medio Oriente, así como las milenarias piedras, son clave para el sector energético de los gobiernos, expuestos casi siempre a economías de guerra (Natalia Sancha, 2015). Ni se diga del protagonismo en ello de las potencias mundiales y sus corporaciones privadas de dimensión global.
Las informaciones despachadas acerca de la tregua en Siria, dan cuenta de la suscripción de tres documentos: el primero, entre el Gobierno y la oposición sobre el alto el fuego en todo el territorio de Siria; el segundo, sobre las medidas para el control del régimen de cese de hostilidades, y el tercero en forma de declaración acerca de la disposición a emprender conversaciones de paz. A la vez queda señalado que Turquía y Rusia subsidiarán, decididamente la tregua y llevarán a cabo su seguimiento de manera conjunta.
Las informaciones despachadas acerca de la tregua en Siria, dan cuenta de la suscripción de tres documentos: el primero, entre el Gobierno y la oposición sobre el alto el fuego en todo el territorio de Siria; el segundo, sobre las medidas para el control del régimen de cese de hostilidades, y el tercero en forma de declaración acerca de la disposición a emprender conversaciones de paz. A la vez queda señalado que Turquía y Rusia subsidiarán, decididamente la tregua y llevarán a cabo su seguimiento de manera conjunta.
El objetivo del acuerdo, señala el texto, es conseguir una solución en concordancia con la resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, adoptada hace un año, la cual prevé una salida política al conflicto, mediante negociaciones, tal que culminen (“ilusamente”) en la celebración de elecciones. El acuerdo excluye al Estado Islámico (ISIS, por sus siglas en inglés), así también al Frente de la Conquista de Siria, antes llamado Frente al Nusra (filial de Al Qaeda), calificados como organizaciones terroristas por la ONU (Mikhail Klimentyev, 2016).
Los yihadistas o terroristas del Estado Islámico (EI), excluidos del acuerdo del cese al fuego, “es poco lo que pierden”. Su interés es defender sus áreas territoriales que controlan, entre ellas, Palmira, temporalmente.
Asimismo, de la guerra ha sacado enorme provecho el presidente sirio Bachar al Assad - se mantiene en el gobierno -, y sus endebles fuerzas armadas, al tiempo que los kurdos se han demostrado como eficaces en la conflagración frente a los terroristas del EI.
Al presidente ruso Vladimir Putin le ha valido para salir a relucir, últimamente, como el pacificador, y a la vez elevar su popularidad en su país, más que todo por el desalojo de la oposición sunita en la ciudad siria de Alepo, lo cual le dio un nuevo vigor al presidente sirio. Éste, por su parte, continúa obteniendo ventajas del escenario “de divisiones fratricidas entre los diferentes grupos insurrectos que también se enfrentan entre sí”, y todos frente a los yihadistas, aunque algunos de ellos pactan con los últimos cuando las fuerzas oficiales los tiene demasiado asediados.
Los compromisos sobre los ceses al fuego en el Medio Oriente, como el caso de Siria, han sido un rotundo fracaso, se incumplieron; el futuro del actual es incierto, al extremo que el gobierno de Damasco y los insurgentes lo han irrespetado en estos días. Incluso, hasta son inútiles para coadyuvar con la asistencia humanitaria.
De igual forma, lo son las lealtades y las alianzas, al igual que la enemistad, al quedar demostrado antes su transitoriedad y fragilidad. Lo puede atestiguar también el presidente de Siria Bashar Asad, pues, apenas, seis años atrás, el mandatario turco, Recep Erdogan, lo llamaba “mi hermano” y sus familias descansaban juntas en lujosos centros turísticos. Ahora Asad es considerado un enemigo de Turquía y en especial de Erdogan" (Murad Sezer, 2015).
Precisamente, los kurdos conducen a Turquía a una guerra civil, debido a la creciente represión contra su comunidad. El interés y las pretensiones permanente de ellos, residen en hacer realidad sus reclamos a favor de la unificación y autonomía nacional y política. Reclamos frente a los cuales Irán, Siria, Turquía, especialmente, Irak, menos, ejercen una feroz resistencia, ya que los kurdos se encuentran esparcidos en las jurisdicciones geográficas de tales países, por lo que la autonomía nacional de territorios ricos de recursos energéticos, vendría a disminuir el tamaño y capacidad económica de sus respectivos territorios, entre otras cosas.
Aun así, con la colaboración militar estadounidense, los kurdos han asestado golpes efectivos al Estado Islámico; por eso el enfriamiento de las relaciones entre Turquía - miembro de la OTAN - y Estados Unidos de América, que discrepan profundamente respecto al rol de los kurdos, lo cual explica a su vez el acercamiento turco a Moscú.
En este entonces, la masacre de diciembre pasado en una discoteca secular, significa un nuevo golpe a Turquía, ella envuelta en diversos frentes militares a ambos lados de la frontera turco-siria; y objetivo inequívoco de las milicias kurdas y de la cúpula del Estado Islámico (ISIS, en sus siglas en inglés). En el último año, Turquía ha sido objetivo de más de una veintena de atentados terroristas, a manos de esos beligerantes y temibles enemigos.
El acuerdo de la tregua se vio favorecido ante el cambio en la postura de Turquía, particularmente del presidente islamita conservador, Recep Tayyip Erdogan, perturbado por la recuperación de la estratégica ciudad siria de Alepo, ahora en manos de las fuerzas armadas sirias. No le quedó a él más remedio que echar marcha atrás, en cuanto a apoyar la caída de Bashar Asad, cuando patrocinó a la presunta oposición musulmana moderada, desalojada de Alepo. Una reconquista vendida por Moscú, “como un triunfo propio”, de seguido para conservar el régimen de Asad", su aliado crucial en el Medio Oriente.
Después de todo, “los límites entre esa oposición moderada y los terroristas son difusos”. En realidad, Washington sólo proporciona armas al menos radical Ejército Libre Sirio, dado que “es difícil garantizar que las armas no se desvíen” al campo de los yihadistas.
Si Erdogan hubiera seguido complotando contra el gobierno sirio, iba a percibirse como un obstáculo a la contención del fuego. Más ahora que el dictador Asad, perteneciente a la comunidad chiita - alauita, tiende a ser calificado por el estadounidense mandatario electo Donald Trump, como el mal menor. Precisamente la tesis trabajada por Moscú en el contexto de sus intereses geopolíticos y militares en Siria.
A como pintan las reacciones con la cuestión de las denuncias de “hackeo” en los recién concluidos comicios estadounidenses, es de prever que la colaboración conjunta entre Trump y Putin gire a favor de esta línea de sostener al actual régimen sirio, lo cual se convertirá en viral.
“Recompuesto” el clima político y diplomático, Erdogan lanzó a sus tropas en el norte de Siria para concentrarse frente al Estado Islámico, y cerrar el paso a las milicias kurdas. Turcos y rusos cooperan esta vez en la evacuación de Alepo, una campaña bastante criticada a nivel internacional, en la cual Irán ha perdido protagonismo en algunos momentos (Xavier Colás, 2016).
Poco tiempo atrás, los intereses de Occidente tendieron a promover la democracia, particularmente en Siria. Hubo esperanzas en el abortado trémulo de la Primavera Árabe. Pero, ya sabemos que el Medio Oriente está lejos de ser terreno fértil para la democracia y los derechos humanos.
Ávida de ganar influencia en sus antiguos dominios islámicos, y de refrenar la amenaza de los kurdos, la decadente Turquía con Erdogan, se ha endurecido internamente, llegando a imponer barreras, con tal de dar al traste con un legítimo proceso democrático. La Unión Europea lo comprendió, por lo que ha adoptado la decisión de congelar el eventual ingreso Otomano al bloque comunitario. Nadie puede apostar por el éxito de estas manifestaciones europeas, puesto que el gobierno turco la ha puesto peligrosamente en jaque, porque su territorio sirve de retén, en lo concerniente a impedir la entrada al viejo continente la vorágine de refugiados árabes y africanos, en su amplia mayoría musulmanes.
Extensos nubarrones en los antecedentes de las relaciones ruso - turcas. Según opinan no pocos historiadores y politólogos que los estrategas rusos no revisan bien los 500 años de la lucha de la expansión desde inicios del Siglo XV del imperio turco otomana contra Moscú, por el predominio de Crimea, y más recientemente por ejercer influencia en el Cáucaso (Murad Sezer, 2015).
Primordialmente, Ankara en la época del fascismo alemán se acercó a él. Tiempo después ofreció a los Estados Unidos de América su territorio para instalar misiles en dirección a intimidar al comunismo bolchevique ruso.
Según los estudiosos, las ambiciones imperiales de Turquía, sobre todo en el Medio Oriente, son siempre las mismas a pesar del desmantelamiento del Imperio Otomano, después de la Primera Guerra Mundial. Tales ambiciones han configurado una especie de "pragmatismo interesado" o calculado en las relaciones exteriores turcas, bastante pendulares en lo tocante a encontrar alianzas con potencias occidentales, o bien con la propia Rusia, dependiendo de los intereses calibrados. Como dijimos, “la amistad eterna” en la percepción turca está limitada por el espacio y eltiempo de la conveniencia.
Hoy el panorama se modificó. No fue obra de la casualidad que a comienzos de la guerra siria, Putin exigiera a Erdogan el responder con mayor firmeza contra el terrorismo, pues era notorio la cercanía del presidente turco con los insurgentes sunitas, y con el propio Estado Islámico.
No sobra recordar a la vez, que en el conflicto sirio, ambos países se enfrentaron durante el último año y medio, tras el derribo de un caza ruso por parte de Turquía en noviembre del año pasado (Xavier Colás, idem).
En este instante las relaciones entre Rusia y Turquía acaban de superar la sensible prueba cuando el embajador ruso en Ankara, Andrei Karlov, fue asesinado en la capital turca a consecuencia de los disparos del atacante, un policía - militante yihadista - que abrió fuego clamando venganza por la toma de la ciudad siria de Alepo. Al cabo que ya antes se habían producido protestas en Turquía alrededor de la intervención militar rusa en Siria.
El asesinato del diplomático se produjo en la víspera de una reunión en Moscú entre los ministros de Exteriores de Rusia, Irán y Turquía para tratar, justamente, el acuerdo sobre el alto el fuego (Colás, idem).
En paralelo, la derrota de los insurgentes y yihadistas en Alepo y en futuras zonas de Siria, tal como Palmira, bajo la eventual complicidad turca, al aliarse peligrosamente con Moscú, arrojó ya consecuencias irreversibles: significa la gama de riesgos y amenazas que deberá correr el Presidente Erdogan. Sin pensarlo dos veces, no solo los yihadistas se lo cobrarán.
Detrás de las venganzas y cobros de facturas se hallarán las múltiples facciones rebeldes, dispuestas, posiblemente con los terroristas, a “crear un frente unido donde sumar fuerzas en lo político y en lo militar”, para persistir en el derrocamiento del presidente sirio, Bashar Asad. Estaremos, entonces, analizando el comportamiento de Erdogan.
Casi en el mismo orden de ese caos, los réditos de Putin se incrementan al sospecharse de una campaña de ciberataques y desinformación para influir en la elección presidencial estadounidense, a favor de su supuesto aliado Donald Trump, un presagio de futuras intromisiones electorales en Europa, que persiguen respaldar a las denominaciones “antisistema”, específicamente, los ultraderechistas, nacionalistas y antiglobalizadoras (Guy Verhofstadt, 2015), antípodas de los regímenes democráticos liberales.
Los antisistema, expandidos por Occidente, esos que impulsan la tesis de que la amplia mayoría de islamitas refugiados, quienes se dirigen a Europa como zona de acogida, deberían escoger, más bien, como destino a Arabia Saudita, por cuanto allí vivirían, según ellos, como pez en el agua, unidos a sus leyes islámicas, éstas que ignoran las libertades, los derechos humanos y degradan la mujer.
Tampoco resulta prudente comenzar con alto grado de pesimismo el 2017. Confiemos en la efectividad de la Organización de las Naciones Unidas ( ONU), en su misión de reanudar las negociaciones sirias el 8 de febrero en Ginebra. Y en que también el Kremlin prosiga con el acuerdo con los turcos, además de los iraníes, "para convocar una ronda de negociaciones en Astaná, la capital de Kazajistán, “para el arreglo pacífico" de la guerra siria. Quizás, en adelante, dejemos de entristecernos, a causa del poder ostentado en varios Estados por una reinante manada de asesinos y cínicos.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
sábado, 17 de diciembre de 2016
CARLOS HUMBERTO ROJAS DÍAZ, EDUCADOR COSTARRICENSE.
Don Carlos Humberto, exdirector del Liceo Rodrigo Facio Brenes (San José, Costa Rica), distinguido profesor de español, hombre superior, lleno de paz y caritativo; gran ciudadano. Sus últimos años los dedicó a llevar una profunda vida cristiana y contemplativa. Se desprendió de todo lo material para hacer todavía más auténtica su fe, la cual transmitía a quienes estuvieran ávidos de la Palabra de Dios. Visitaba los enfermos, a quienes les brindaba apoyo psicológico, pues poseía estudios en esa noble disciplina. Si no me equivoco, fue de los primeros profesores contratados por nuestro gran colegio. Dios lo ha recibido en su Santa Gloria.
miércoles, 14 de diciembre de 2016
LA PRESUNTA PELIGROSIDAD DE DONALD TRUMP: UNA OPORTUNIDAD PARA COSTA RICA.
LA PRESUNTA PELIGROSIDAD DE DONALD TRUMP: UNA OPORTUNIDAD PARA COSTA RICA.
Hace lo correcto el sector empresarial costarricense en visualizar los eventuales riesgos que podrían interferir, severamente, en los intercambios comerciales y los flujos de las inversiones, habida probabilidad de la aplicación y endurecimiento de las medidas proteccionistas por parte de los Estados Unidos de América con Donald Trump a la cabeza. Especialmente, por las particularidades de nuestro país: una economía abierta al comercio y a las transacciones globales.
Tampoco significa que entremos en profecías alarmistas, recreando falsas y engañosas hipótesis, en el sentido de imaginar ídolos falsos en la economía internacional, esto es, magnificando, de forma insensata, las capacidades de otras potencias emergentes, las cuales carecen, justamente, de ello. Porque llenas de limitaciones políticas y culturales, desde ya quedan desahuciadas en su fantasía de desplazar a los estadounidenses como los líderes del capitalismo con libre mercado, una visión que sin democracia liberal raya a la vez en la total imperfección.
Los seguidores de Trump constituyen apenas una tendencia social minoritaria y modesta dentro de la magnanimidad del pueblo estadounidense. A pesar de esto, a partir de enero del 2017 su tendencia asumirá las riendas de la Unión Americana. Difícilmente, se puede pronosticar su éxito y consolidación, tampoco su fracaso. Lo cual hace imprescindible en Costa Rica el ejercicio de la valoración de los riesgos, sujeta al ascenso del magnate, por lo que la impostergable preparación nacional llega a ser la tarea de primer orden, a sabiendas de la interdependencia e interconexiones económicas y comerciales respecto a los Estados Unidos de América.
De ser cierta la concreción de la política proteccionista y nacionalista por parte del nuevo ocupante de la Casa Blanca, y ante un contexto como el vislumbrado, se impone la elasticidad en la visión de nuestras políticas públicas, en su conjunto – puesto a prueba en el pasado - , con tal de responder a las medidas nacionalistas, éstas recelosas de los acuerdos comerciales, pero que habrían de definir el comportamiento del nuevo gobierno estadounidense. La clave consistirá en contrarrestar sus consecuencias, lo que puede sobrevenir con el mandatario que proclama que "que los Estados Unidos de América es primero".
El mayor desacierto en Costa Rica sería el embobamiento y la pasividad frente a las corrientes del “Trumpnomics”, gestoras de la imposición de restricciones a la libre movilidad de los capitales o los factores de la producción, e incluso, hasta llegar a emularlas, perjudicando las transacciones con nuestros socios. Un desacierto de tal naturaleza iría a contrapelo de la historia nacional, la cual ha girado siempre alrededor del libre comercio y la receptividad de las migraciones.
En el mismo sentido, de las principales fortalezas de Costa Rica, entre lo que denominamos la elasticidad política, ella se ha sustentado en la solidez de la institucionalidad y la pujanza del sector privado. Y si en la época de Trump conseguimos complementarla con la atracción de decididos socios regionales (Estados, compañías, empresarios foráneos, etcétera), seguro que saldrán a relucir competencias y atributos superiores, fijos en disponerlos al emprendimiento (start up).
Es decir, hablemos de la inversión de energías para fomentar la cultura de los megaproyectos (Carlos Carranza Villalobos, 2016), domésticos y regionales, basados en las alianzas públicas y privadas, sobre la expectativa del mejoramiento social. Hasta al propio Trump le podría llamar la atención un esquema de relaciones birregionales de tal envergadura, generador de empleo y oportunidades, sobre el cual podrían contenerse los flujos migratorios.
Llegó el momento de ir dejando a un lado ese concepto obsoleto de la cooperación, que a estas alturas de la cuarta revolución industrial y de la velocidad de la economía de los servicios, llega a ser estéril. Más cuando, las organizaciones internacionales continúan desacreditándose, y las naciones desarrolladas, además de desconfiar en el quehacer de ellas, consideran una bagatela el destinar fondos en objetivos superfluos de escasa significación económica.
La elasticidad y adaptabilidad nacional como reacción constructiva frente a los cambios y las corrientes abruptas en el ámbito internacional, están lejos de ser sorpresa y novedad a la democracia costarricense. La crítica década de 1980, que contemporizó con el declive de la economía del café, la sensibilidad de la deuda externa, la guerra centroamericana, en vez de interpretarse como catástrofes, más bien fueron retadas, robusteciendo las libertades civiles y el Estado de derecho, impulsando la innovación y el emprendimiento, dando lugar a la diversificación de la estructura productiva en línea con el objetivo de la inserción a los mercados globales.
Sobre la base de la elasticidad como tal, de la pujanza de dicho esquema de desarrollo, se logró reducir la pobreza del 32% al 20%. Luego de ello, en estos tres últimos lustros se allana el camino, a favor de la sofisticación del sistema productivo, alentado por el sector de los servicios y el turismo. En otras palabras, Costa Rica ha sabido pensar y trabajar con imaginación y cabeza propia, al extremo que aprendimos a lidiar con nuestra geografía tan vulnerable a los desastres naturales.
En concordancia con estas capacidades de flexibilización y adaptación en el curso de la adversidad, además del cambio de mandatario en nuestro gran socio y aliado, a la sociedad costarricense le corresponderá asumir, entonces, el reto de responder sin complejos al próximo presidente estadounidense y a su equipo gubernamental compuesto por magnates, ultranacionalistas y generales de cinco estrellas, así como anticipar las contingencias. Otra vez, activando las alertas, pero sin sacrificar ni un ápice los ideales humanistas de la democracia liberal, de la diversidad cultural, en cuenta, la responsabilidad en torno al cambio climático, al cabo de contribuir a reforzarlos de forma creciente en la sociedad internacional, lo mismo que trazar un paralelo con tal de nutrir de humanidad y equidad la globalización.
En esta postura, antítesis de Trump, es crucial la utilización de la Internet y la función de las redes sociales en lo relacionado con la difusión de los legítimos valores de la civilización occidental, la interacción de ciudadanos de diversos orígenes culturales y étnicos, en cuenta la complejidad del cambio climático, ya negado por la nueva administración. Hoy, no menos que en el pasado, hay que izar la bandera de dichos postulados universales, lo que equivale a robustecer la democracia (Ngaire Woods, 2016) y en consecuencia la filosofía de los derechos humanos.
Hay patrones de conducta en la comunidad internacional, que nos invitan a emular este talante. Guardando las reales particularidades, potencias regionales como Taiwán - por cierto, agredida en Costa Rica por el gobierno de Oscar Arias Sánchez (2) - continúa enseñando el poder del espíritu enhiesto, el esfuerzo y la voluntad persistente, en cuanto a enfrentar con virtud, raciocinio, ciencia y tecnología, el riesgo inherente de la China Popular, su principal amenaza política y militar, tanto así que su pueblo ostenta índices de desarrollo humano y de gobernabilidad democrática, de los resonantes del planeta.
Poseemos una historia de relaciones ampliamente constructivas con la superpotencia estadounidense, a este rédito debemos apelar, auxiliados por los fundamentos y componentes democráticos y civilistas de la sociedad nacional, nuestros principales argumentos en caso que nuestra nación deba jalarle los tirantes al Tío Sam, cuando, en efecto, se olfateen desviaciones, igual que peligros inminentes contra nuestros intereses nacionales.
Otrora, en Washington hubo toros más bravíos que Trump. Y ganamos las partidas. De esto dieron testimonio varios mandatarios nacionales, entre ellos, Pepe Figueres, Rodrigo Carazo, Oscar Arias Sánchez (1) con el Plan de Paz de Esquipulas, igualmente el líder comunista Manuel Mora Valverde; así también el presidente y lúcido intelectual Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, quien, casi al término de su administración, al celebrarse en San José la Cumbre de Jefes de Estado del Grupo de Río, en medio de ella, se frustró el intento de ver caído en la lona al presidente venezolano Hugo Chávez, una imprudente arremetida, fraguada en aquel entonces por el Presidente George W. Bush.
Tampoco significa que entremos en profecías alarmistas, recreando falsas y engañosas hipótesis, en el sentido de imaginar ídolos falsos en la economía internacional, esto es, magnificando, de forma insensata, las capacidades de otras potencias emergentes, las cuales carecen, justamente, de ello. Porque llenas de limitaciones políticas y culturales, desde ya quedan desahuciadas en su fantasía de desplazar a los estadounidenses como los líderes del capitalismo con libre mercado, una visión que sin democracia liberal raya a la vez en la total imperfección.
Los seguidores de Trump constituyen apenas una tendencia social minoritaria y modesta dentro de la magnanimidad del pueblo estadounidense. A pesar de esto, a partir de enero del 2017 su tendencia asumirá las riendas de la Unión Americana. Difícilmente, se puede pronosticar su éxito y consolidación, tampoco su fracaso. Lo cual hace imprescindible en Costa Rica el ejercicio de la valoración de los riesgos, sujeta al ascenso del magnate, por lo que la impostergable preparación nacional llega a ser la tarea de primer orden, a sabiendas de la interdependencia e interconexiones económicas y comerciales respecto a los Estados Unidos de América.
De ser cierta la concreción de la política proteccionista y nacionalista por parte del nuevo ocupante de la Casa Blanca, y ante un contexto como el vislumbrado, se impone la elasticidad en la visión de nuestras políticas públicas, en su conjunto – puesto a prueba en el pasado - , con tal de responder a las medidas nacionalistas, éstas recelosas de los acuerdos comerciales, pero que habrían de definir el comportamiento del nuevo gobierno estadounidense. La clave consistirá en contrarrestar sus consecuencias, lo que puede sobrevenir con el mandatario que proclama que "que los Estados Unidos de América es primero".
El mayor desacierto en Costa Rica sería el embobamiento y la pasividad frente a las corrientes del “Trumpnomics”, gestoras de la imposición de restricciones a la libre movilidad de los capitales o los factores de la producción, e incluso, hasta llegar a emularlas, perjudicando las transacciones con nuestros socios. Un desacierto de tal naturaleza iría a contrapelo de la historia nacional, la cual ha girado siempre alrededor del libre comercio y la receptividad de las migraciones.
En el mismo sentido, de las principales fortalezas de Costa Rica, entre lo que denominamos la elasticidad política, ella se ha sustentado en la solidez de la institucionalidad y la pujanza del sector privado. Y si en la época de Trump conseguimos complementarla con la atracción de decididos socios regionales (Estados, compañías, empresarios foráneos, etcétera), seguro que saldrán a relucir competencias y atributos superiores, fijos en disponerlos al emprendimiento (start up).
Es decir, hablemos de la inversión de energías para fomentar la cultura de los megaproyectos (Carlos Carranza Villalobos, 2016), domésticos y regionales, basados en las alianzas públicas y privadas, sobre la expectativa del mejoramiento social. Hasta al propio Trump le podría llamar la atención un esquema de relaciones birregionales de tal envergadura, generador de empleo y oportunidades, sobre el cual podrían contenerse los flujos migratorios.
Llegó el momento de ir dejando a un lado ese concepto obsoleto de la cooperación, que a estas alturas de la cuarta revolución industrial y de la velocidad de la economía de los servicios, llega a ser estéril. Más cuando, las organizaciones internacionales continúan desacreditándose, y las naciones desarrolladas, además de desconfiar en el quehacer de ellas, consideran una bagatela el destinar fondos en objetivos superfluos de escasa significación económica.
La elasticidad y adaptabilidad nacional como reacción constructiva frente a los cambios y las corrientes abruptas en el ámbito internacional, están lejos de ser sorpresa y novedad a la democracia costarricense. La crítica década de 1980, que contemporizó con el declive de la economía del café, la sensibilidad de la deuda externa, la guerra centroamericana, en vez de interpretarse como catástrofes, más bien fueron retadas, robusteciendo las libertades civiles y el Estado de derecho, impulsando la innovación y el emprendimiento, dando lugar a la diversificación de la estructura productiva en línea con el objetivo de la inserción a los mercados globales.
Sobre la base de la elasticidad como tal, de la pujanza de dicho esquema de desarrollo, se logró reducir la pobreza del 32% al 20%. Luego de ello, en estos tres últimos lustros se allana el camino, a favor de la sofisticación del sistema productivo, alentado por el sector de los servicios y el turismo. En otras palabras, Costa Rica ha sabido pensar y trabajar con imaginación y cabeza propia, al extremo que aprendimos a lidiar con nuestra geografía tan vulnerable a los desastres naturales.
En concordancia con estas capacidades de flexibilización y adaptación en el curso de la adversidad, además del cambio de mandatario en nuestro gran socio y aliado, a la sociedad costarricense le corresponderá asumir, entonces, el reto de responder sin complejos al próximo presidente estadounidense y a su equipo gubernamental compuesto por magnates, ultranacionalistas y generales de cinco estrellas, así como anticipar las contingencias. Otra vez, activando las alertas, pero sin sacrificar ni un ápice los ideales humanistas de la democracia liberal, de la diversidad cultural, en cuenta, la responsabilidad en torno al cambio climático, al cabo de contribuir a reforzarlos de forma creciente en la sociedad internacional, lo mismo que trazar un paralelo con tal de nutrir de humanidad y equidad la globalización.
En esta postura, antítesis de Trump, es crucial la utilización de la Internet y la función de las redes sociales en lo relacionado con la difusión de los legítimos valores de la civilización occidental, la interacción de ciudadanos de diversos orígenes culturales y étnicos, en cuenta la complejidad del cambio climático, ya negado por la nueva administración. Hoy, no menos que en el pasado, hay que izar la bandera de dichos postulados universales, lo que equivale a robustecer la democracia (Ngaire Woods, 2016) y en consecuencia la filosofía de los derechos humanos.
Hay patrones de conducta en la comunidad internacional, que nos invitan a emular este talante. Guardando las reales particularidades, potencias regionales como Taiwán - por cierto, agredida en Costa Rica por el gobierno de Oscar Arias Sánchez (2) - continúa enseñando el poder del espíritu enhiesto, el esfuerzo y la voluntad persistente, en cuanto a enfrentar con virtud, raciocinio, ciencia y tecnología, el riesgo inherente de la China Popular, su principal amenaza política y militar, tanto así que su pueblo ostenta índices de desarrollo humano y de gobernabilidad democrática, de los resonantes del planeta.
Poseemos una historia de relaciones ampliamente constructivas con la superpotencia estadounidense, a este rédito debemos apelar, auxiliados por los fundamentos y componentes democráticos y civilistas de la sociedad nacional, nuestros principales argumentos en caso que nuestra nación deba jalarle los tirantes al Tío Sam, cuando, en efecto, se olfateen desviaciones, igual que peligros inminentes contra nuestros intereses nacionales.
Otrora, en Washington hubo toros más bravíos que Trump. Y ganamos las partidas. De esto dieron testimonio varios mandatarios nacionales, entre ellos, Pepe Figueres, Rodrigo Carazo, Oscar Arias Sánchez (1) con el Plan de Paz de Esquipulas, igualmente el líder comunista Manuel Mora Valverde; así también el presidente y lúcido intelectual Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, quien, casi al término de su administración, al celebrarse en San José la Cumbre de Jefes de Estado del Grupo de Río, en medio de ella, se frustró el intento de ver caído en la lona al presidente venezolano Hugo Chávez, una imprudente arremetida, fraguada en aquel entonces por el Presidente George W. Bush.
Gracias amigas y amigos por abrirme las puertas de sus correos electrónicos, así también sus páginas del Facebook, y así darle cabida a este proyecto de opinión personal, el cual en este mes alcanza los nueve años de edad. Feliz Navidad.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
martes, 22 de noviembre de 2016
EL APOSTOLADO DE LA DEFENSA DE LA LIBERTAD.
EL APOSTOLADO DE LA DEFENSA DE LA LIBERTAD.
Seguro que en este instante los filósofos nos habrán de censurar. A nuestro antojo, empleamos acá la locución latina, “cogito ergo sum”, la cual, en español se traduce convencionalmente así: “pienso, luego existo”. Más abierta la traducción literal del latín “pienso, por lo tanto soy”, una expresión atribuida al filósofo René Descartes (1596 - 1650), “la cual se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental”.
Aunque a Descartes en aquel entonces le fueran lanzadas acusaciones de plagio, en adelante esto pasó a ser un postulado, aprovechado en el quehacer de la vida humana. Sobre él descansa la otra expresión, usada insistentemente: “somos lo que pensamos”. Justamente, acogemos esto último apenas para superar nuestra pena, al palpar esa forma de pensar que en esta década llega a ser la culpable de la erosión espiritual, democrática y cívica, la peor amenaza de la cultura occidental.
Nos referimos al tal apego por el secularismo arrogante y la idolatría del “becerro del oro”, ambos que prescinden casi siempre de los preceptos de la economía colaborativa (Joseph E. Stiglitz, 2016) o del bien común. Los que han sustituido los valores de la solidaridad judeo - cristiana, así como los ideales de la equidad y el equilibrio, intrínsecos en la normativa y convivencia internacional.
El erróneo pensar y proceder, que ha llevado al ser humano a la enajenación en el presente siglo, modelador de una especie de subcultura, que, unida a la fascinación que arrastra, ha hecho a un lado los aportes de los grandes filósofos y pensadores, es decir, aquel rico legado de los patriarcas de nuestra concepción de vida. El riesgo lo delataron el Papa Benedicto XVl, y en estos tiempos el Papa Francisco, quienes no se reservan su asombro ante el triunfo electoral del magnate estadounidense.
Pues entonces, por qué extrañar el ascenso de las aberraciones y las diferentes versiones de extremismos contestatarios, entre ellos, las corrientes supremacistas, ultranacionalistas, el populismo demagógico, los neofascismos, los apologistas del mercado a la libre, etcétera; así como el culto a sus autores, antidemocráticos y autoritarios, de tales oscurantismos. O sea, esa legión internacional, conformada en este contexto por Donald Trump, la familia Le Pen, Berlusconi, y el propio Erdogan en Turquía. Al costado trabajan sus parónimos autoritarios: el bloque compuesto por el Partido Podemos de Pablo Iglesias, el chavismo venezolano, los Kirchner de Argentina y el presidente filipino Rodrigo Duterte. Todo esto parte de la subcultura, producto del abandono de las verdaderas raíces de la civilización occidental, civilización que, sin sus errores contemporáneos, pudo haber llegado al punto de rescatar Bizancio y más allá.
En esa dirección corre la China Popular, de quien se esperó algo distinto tras la desaparición de Mao Zedong y su “Revolución Cultural”, pero hace su parte al matricularse en las huestes del capitalismo salvaje, y a la vez desdeñar los derechos humanos. Con todo y esos atestados, para entonces el régimen chino de capitalismo de Estado procurará llenar el vacío, la polarización que desconcierta al pueblo de los Estados Unidos de América - quién lo iba a creer - y de paso liderar los mercados globales, incluida el traspatio latinoamericano, una vez que Trump habite la Casa Blanca. Mientras tanto la Rusia de Putin retrocede, en vez de avanzar en democracia, tal como se confiaba luego de la caída del Muro de Berlín.
Nos corresponde superar este bache autoritario. Sea cual sea el signo ideológico de las tesis de los sistemas autoritarios, populistas, los revivió este Siglo XXl, el de la lV Revolución Industrial, se extienden, como vimos, por toda Europa y América, por lo tanto podemos encontrar soluciones en la filosofía y la teoría política de la Ilustración. Puede responder y actuar como el antídoto y la mejor alternativa con tal de contener esas corrientes extremistas, anacrónicas y ciertamente sectarias.
El peor desacierto consistirá en congraciarse con tales tendencias antidemocráticas, y desapegadas de los valores humanistas, democráticos y de la normativa internacional, sea por conveniencia personal, pusilanimidad, o bien por el cálculo político y diplomático. Nos llega a la mente las manifestaciones “pintorescas” de un alto funcionario costarricense de un gobierno anterior, quien al dejarse hechizar por las pasarelas protocolarias del gobierno de Cuba, le bajó los decibeles a nuestra tradición democrática y de defensa inquebrantable en todos los àmbitos diplomáticos de los derechos humanos así como de nuestro sólido y prestigioso proceder en la defensa de dichas libertades fundamentales, virtudes del ser nacional.
Por eso nos complacimos en haber secundado la digna reacción del Presidente Luis Guillermo Solís Rivera y de su Canciller Manuel González al abandonar el foro de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en el instante en que se disponía el presidente de Brasil, Michel Temer, a pronunciar un discurso, ciertamente, sin poseer las credenciales éticas y civilistas para ejercer la máxima representación de la valiosa nación brasileña.
Enseguida no más hicieron gala los seguidores de las pasarelas diplomáticas, despotricando fuerte en relación con aquel gesto honroso de la delegación costarricense. Si otras delegaciones lo practicaron, eso fue harina de otro costal. Se impuso más el haber censurado a un politicastro, cuasi dictador, racista, colaborador del régimen militar, como el Presidente Temer; quien alegremente continúa ofreciendo garrote a las manifestaciones civiles, organizadas en su contra.
Reacciones deleznables del golpista presidente brasileño, que quizás igualan las amenazas de Donald Trump, paradójicamente de los beneficiarios de un fallido sistema económico que relega a abundantes personas. Esas amenazas - pueda que no pasen de allí - que el magnate dirige a los migrantes, las minorías étnicas y las mujeres; adjuntas a la incertidumbre generada por su asesor estrella, el futuro jefe de estrategia, Steve Bannon, quien acumula un voluminoso expediente antijudío y supremacista.
El progresivo avance en este Siglo de tales anacronismos y desviaciones antisistema representa un alto riesgo, el cual puede prolongarse. Fueron fertilizados en América Latina; recientemente en las Filipinas, aquí por Duterte, que se solaza al haber ajusticiado 3500 “pobres diablos”, entre ellos, los adictos e infractores de la ley.
El peligro de esa especie no únicamente reside por su postura antisistema, que los mueve a enfrentarse a la globalización y sus componentes básicos: la apertura de los mercados, la movilidad de los factores de la producción, la universalización de los principios democráticos y de los derechos humanos. El peligro adicional descansa en la manipulación de las frustraciones de los excluidos del fallido goteo (“trickle down”), los que quedaron relegados del poder del conocimiento y de la especialización del trabajo. En conjunto se han propuesto en contenerlos, bajo las fórmulas del aislamiento y el proteccionismo nacionalista, que no es otra cosa, que contraponerse a la creación y la libre competencia.
Resulta curioso el cretinismo de algunos sectores de la izquierda internacional (se desenmascara) al colocarse en una posición oportunista respecto al ascenso del multimillonario Trump al poder, así también de las demás tendencias autoritarias anti - sistema. Tengamos en cuenta que las dos corrientes son antiglobalizadoras y contestatarias. Da la impresión que hacen causa común en este contexto “iliberal”, lo mismo en las pasiones de rechazo al capitalismo transfronterizo, a pesar de que los distancia el credo de la propiedad privada, lo cual ha pasado a un segundo plano. El progreso democrático y la visión de los derechos humanos queda comprobado que se escapa de sus tesis y prácticas políticas, ya que ni siquiera Duterte es objeto de campañas de desprestigio, como otrora lo fue Pinochet y sus gemelos.
Peor todavía, a fin de reordenar al mundo, según ellos, la izquierda internacional supuestamente se complacería de ver sentados en una misma mesa a Putin, Trump, los líderes ultranacionalistas y de extrema derecha europeos, condenando la globalización. Por ahí marcha el Partido Podemos, cuyo líder es de los grandes ideólogos del vejestorio chavismo venezolano, también antisistema. Por cierto, hasta Maduro y sus secuaces, lo mismo que la legión bolivariana, guardan silencio ante el triunfo de Trump y la actuación criminal del filipino Duterte.
En adelante, a los demócratas liberales y los activistas de los derechos humanos nos corresponderá una faena demasiado ardua. De por sí ya estamos acostumbrados. Hay un peligroso giro hacia el autoritarismo, el ultranacionalismo y sus contornos nazifascistas. Eso sí, la vía viene a ser la valentía y la honradez. En otras palabras, constituye una batalla inclaudicable de los valores occidentales, favorecedores de la libertad y la justicia social, trasladada a los distintos escenarios de la política multilateral y nacional, sin ambages, ni titubeos, como otrora lo significó la actuación del inglés Neville Chamberlain en su fracaso de contemporizar con el expansionismo de Adolf Hitler y Benito Mussolini, también con Francisco Franco.
En medio de la competencia ideológica, para la preservación y reproducción del liberalismo, el Presidente Barack Obama, como lo describió la prensa, le “trasladó el testigo”, a la grandiosa mujer alemana Angela Merkel, quien se decidió por aspirar por un cuarto periodo de gobierno. Su reconocida popularidad “en una Alemania, desafiada por el neofascismo, le permite el apoyo suficiente para continuar como Canciller. Los alemanes “no le apuestan al radicalismo, ni a los experimentos de los extremos ideológicos en política” (Claudio Alpízar Otoya, 2016). Esto produce alivio a los demócratas.
Por el contrario, haciendo referencia en días pasados al éxito de Donald Trump en Estados Unidos de América, escuchamos a la ultraderechista Marine Le Pen, quien aspira a la Presidencia de Francia, cuna del liberalismo. Le Pen manifiesta que el triunfo de Trump llega a correlacionarse con su movimiento nacionalista. Lo “agiganta”, al destacar que lo presenciado en la única superpotencia - guardián en el planeta de los valores judeo cristianos - simboliza “un movimiento, multiplicado por todo el mundo; un curso que envuelve la construcción de una nueva sociedad global”, según ella.
Hace siglos quisieron inculcarnos, bajo la tesis de “la evolución y la selección natural”, la idea de que el ser humano provenía del mono. ¿Tan baja autoestima nos tenemos? Ahora nos sale esa señora francesa, elogiando el neofascismo, para ella, el nuevo proyecto social, nuestro porvenir. Pensemos de manera resuelta,en cambio para nosotros la libertad en la lV Revolución Industrial equivale a “la ley de gravedad”.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
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