lunes, 22 de agosto de 2016
EL SECTARISMO “TRUMPONOMICS” EN LAS ELECCIONES DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.
EL SECTARISMO “TRUMPONOMICS” EN LAS ELECCIONES DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.
En el ínterin de las convenciones de los dos partidos mayoritarios estadounidenses, el Demócrata y el Republicano, ambos seleccionaron a sus candidatos presidenciales: Hillary Clinton en el primero y Donald Trump en el segundo. Se abre así, formalmente, la campaña presidencial de los Estados Unidos de América - la única superpotencia del planeta - hacia las elecciones de noviembre próximo.
“La telerrealidad”, dotada de un enorme poder, hace mención de un magnate de bienes y raíces, al quien ya a los 13 años su escuela lo había echado por mala conducta; arrastra un historial bien documentado de bancarrotas, miles de pleitos, accionistas enfadados. Al final de cuentas llegó a convertirse en el candidato “más inesperado e indomable”, poniendo a su vez en entredicho la solidez ideológica del Gran Partido Viejo (GOP, siglas en inglés) con su “retórica discriminatoria” y agresiva.
Sus detractores advierten que esta vez el candidato de los republicanos carece de las nociones básicas sobre temas clave de Europa, Oriente Próximo o Asia; significa que está escasamente preparado para hacer el trabajo, exigido en la Casa Blanca. De América Latina, apenas identifica a México, nación que comparte frontera al norte de su territorio con el estadounidense. Trump advierte que sobre la línea divisoria construirá un muro limítrofe, con tal de contener las desbandadas migratorias.
Por eso, arremete contra la existencia en la tierra del sueño americano de los 11 millones de personas de la región, principalmente los mexicanos, indocumentados o residentes ilegales, deseoso de deportarlos. A quienes por demás, empleando el lenguaje nacionalista, xenofóbico y racista, responsabiliza del incremento de la criminalidad y la violencia del país; rechaza la movilidad y ascenso social latino, desplazador de la identidad y supremacía blanca anglosajona.
Contrario a las políticas convencionales estadounidenses, relacionadas con la unión y la cooperación con la sociedad global, Trump promete en su campaña, entre otros detalles, cortar los impuestos - se retrata como el salvador de la clase obrera -; eliminar las excesivas regulaciones económicas y comerciales; liberar el sector energético; dejar en manos de sus aliados extranjeros el cubrir los costos de su propia seguridad estratégica; asi como apostar por el proteccionismo, a saber, rechazar los tratados de libre comercio, pues proclama que su país pierde numerosos empleos. Esto en referencia al firmado en 1993 con Canadá y México por el entonces presidente Bill Clinton, impulsados a la vez por los gobiernos republicanos, tal como el fallido Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), solo que torpedeado, aquella vez, por el bloque populista del ALBA de Hugo Chávez. Al mismo tiempo, el candidato republicano se opone al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el cual reduciría aranceles entre la naciones ribereñas con el Océano Pacífico, incluidos Chile, México y Perú.
A pesar de su fama y comportamiento teatral (“showman”), Trump no la tiene fácil en los comicios, casi ningún candidato la ha poseído. De cualquier modo, los demócratas han conquistado mayoría de votos populares en cinco de las seis últimas elecciones presidenciales. El sistema estadounidense del colegio electoral da aún más ventaja a Hillary Clinton. Para ganar, un candidato debe obtener 270 votos electorales. Los 18 Estados (más el Distrito de Columbia) en los que han vencido los demócratas en las últimas seis elecciones, darían a Clinton 242 votos. Los 13 Estados que ganaron los republicanos en esos mismos comicios suman 102 votos.
En definitiva, a Clinton le basta con ganar dos o tres de los otros 19 Estados, entre ellos Ohio y Florida, para proclamar su victoria. Incluso, bastaría Florida, que tiene innumerables votos, para hacerla vencedora. Por su parte, esta vez más de 27 millones de hispanos, - representan el 12% del electorado total - se inclinan en su mayoría a votar a favor de los demócratas. Si la participación general de estadounidenses ronda el 50 %, como ha sido la tendencia, dicha minoría sería decisiva, más lo que pueden aportar otras, declaradas anti - Trump.
No sobra señalar que las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América está lejos de decidirlas un Estado, sino unas peculiaridades del sistema electoral que dan especial importancia a unos cuantos grupos demográficos en determinados Estados. Por su parte, el porcentaje de votantes blancos anglosajones está más próximo al 70% y, según las encuestas, la ventaja de Trump, entre los que tienen menos formación dentro del puñado de blancos le es insuficiente para compensar su desventaja entre los más educados y las otras minorías raciales (Ian Bremmer, 2016) que lo adversan, específicamente la comunidad afroamericana. Tan solo el 2% de ella lo favorece en los sondeos, al cabo que entró en estado de alerta frente al respaldo del nazista Ku Klux Klan a Trump y a su mensaje nacionalista, patriotero y racista; ambos comparten el lema: “América primero”, de acento nazifascista (Cristina Pereda, 2016).
“El Trumponomics” resurgió así, con quien los rezagados y renegados de la globalización, así como “los nacionalistas y los supremacistas blancos” se sienten lo suficientemente cómodos” (Pereda, idem).
La recuperación y el crecimiento económico, logrados por la Administración de Barack Obama, favorecen por sí solos a la candidata del Partido Demócrata, porque “el desempleo en Estados Unidos es actualmente de 4,9%; lo cual está muy por debajo del 10% de octubre de 2009, tras la gran recesión del 2008. Significan logros sustanciales de Barack Obama que hacen todavía más empinada la ruta de los republicanos hacia Washington, sean las acciones de reconocimiento popular, vinculadas con el aumento de los impuestos a las rentas altas, una regulación financiera más estricta; de más medidas contra el cambio climático; los programas de seguridad social como el Obamacare, el cual abrió el aseguramiento a casi toda la población (Paul Krugman, 2016). Así también, a diferencia de “los halcones republicanos”, antes involucrados directa y precipitadamente en los conflictos regionales, Obama puso en práctica la mesurada confrontación contra las amenazas externas a la seguridad nacional, a sabiendas que el terrorismo islámico continuará golpeando a Europa y la misma nación estadounidense.
En verdad, de las últimas salidas risibles y falaces, han sido las declaraciones del magnate, en cuanto a acusar a Obama y la señora Clinton - ex Secretaria de Estado - de haber fundado el Estado Islámico (EI) en el Medio Oriente, a causa de la orden gubernamental de retirar de manera parcial las tropas estadounidenses de Irak.
Hillary Clinton procura reforzar el programa gubernamental como tal, a efecto de mitigar la desconfianza del público de conceder a los demócratas un tercer gobierno consecutivo. Y de continuarlo, podría evitar al máximo que el posible respaldo a ella de un sector interesante de conservadores republicanos, desertores de la campaña de Trump, implique concesiones (Krugman, idem) que lo vayan a desvirtuar. Es de suponer que haya habido pactos con su contrincante demócrata en las primarias, Bernie Sanders, a efecto de perfeccionar la agenda social, que la Administración Obama ha configurado (Valeria Luiselli, 2016) en sus dos administraciones.
A propósito, hay que tener presentes las señas visibles de disidencia republicana en contra de su candidato; particularmente de la élite, “los pesos pesados” y de sus cabezas pensantes, objeto de ofensas a su vez, “quienes en condiciones normales”, hoy estarían apoyando a su candidato a preparar la transición a la presidencia y el programa de gobierno del GOP. El rotundo disgusto contra su líder lo pone al descubierto Meg Whitman, ejecutiva de Hewlett-Packard y recaudadora de fondos del Partido Republicano, quien dijo que votará por Hillary Clinton porque Trump es un demagogo.“La familia Bush ha tomado distancia”. “Su principal rival en las primarias, el ultraconservador religioso y senador por Texas, Ted Cruz, salió abucheado de la convención tras negarse a apoyarlo”. Es decir, el Partido Republicano registra división y ruptura. La principal interrogante consiste en poner en duda la sobrevivencia de esa denominación política, luego de una posible y pavorosa derrota.
Igualmente, a Trump le ha dado la espalda el complejo de seguridad nacional, “el deep state o Estado profundo”, la red de expertos, altos funcionarios, grandes espías y políticos, que garantizan la continuidad de la política exterior y de defensa de la primera potencia mundial” (Eric Thayer, Reuters, 2016). Un exjefe de la CIA, dijo que las fuerzas armadas de Estados Unidos de América podrían desobedecer algunas órdenes de un presidente como Trump, como la de matar a familiares de sospechosos de terrorismo, como lo ha sugerido el candidato en campaña.
Respecto a la seguridad estratégica, Trump ha alejado al Partido Republicano de la tradicional beligerancia frente a Rusia - adoptada también por Obama -. El magnate posee un largo historial de vínculos con ese país. Los intentos de Trump de hacer negocios con Moscú datan de la pasada década de 1980. Más recientes son las declaraciones de simpatía por el presidente Vladímir Putin. Ha abierto la puerta a reconocer, si llega a la presidencia, la anexión de Crimea a Moscú. El candidato amenaza con romper la OTAN. Elogia la firmeza de Putin. Manifestó que “Rusia tiene su propia estrategia de seguridad nacional, y debemos respetarlo” (Thayer; Vucci, idem), por lo que “si Rusia invadiera un país báltico miembro de la OTAN, Washington no se vería obligado a defenderlo”.
Los demócratas aprovechan las limitaciones y torpezas del líder de la oposición, además de sus expresiones mesiánicas al proclamar, según él: ”yo puedo arreglarlo solo”. Lo cual origina temor, tal que la Casa Blanca, con Trump, entre en grave conflicto con institutos y mecanismos claves del sistema de pesos y contrapesos, “y de la rendición de cuentas como lo son los jueces y los medios de comunicación”. Clinton por su parte capitaliza la idea de ser ella “la única alternativa al riesgo que representa un errático, inexperto y peligroso Trump”. El mismo que, con un lenguaje violento, pide a los dueños de armas que frenen a su rival y candidata demócrata - recordemos que en los Estados Unidos de América circulan más de 300 millones de armas de fuego - ; también el que despotrica contra las elecciones, que según el magnate, podrían estar "amañadas", unas declaraciones sin precedentes en un candidato presidencial estadounidense” (Evan Vucci, 2016).
Casi todos coinciden en que la irrupción de Trump responde al hecho de que no pocos estadounidenses “sienten tanta hostilidad hacia la globalización”; ésta desconectada de los intereses básicos de los ciudadanos, causante de desequilibrios sociales. El público estadounidense anhela reafirmar el control de sus fronteras y sus perspectivas laborales, como un número cada vez mayor de europeos y británicos (con el Brexit), así como lo reitera la derecha y la izquierda internacional. Sin embargo, el magnate tiende a ser “un mensajero imperfecto”. Sus enunciados aislacionistas y supremacía blanca: "volver a hacer grande a América", tensando las relaciones con la China Popular y la propia Europa, arrastró desde un inicio polarización (doméstica y exterior), inestabilidad e inseguridad globales; si bien " le ha permitido obtener la nominación del Partido Republicano” (Bremmer, ídem).
En cuanto a Hillary Clinton, quien tiene a su favor el contar con el apoyo unánime del Partido Demócrata, resulta repugnante esa sensiblería de que el Partido Demócrata hace historia en los Estados Unidos de América al escoger a una mujer como su candidata oficial. Lo decía el Presidente Barack Obama, se tienen más ventajas el ser mujer en esta era. El evento, asociado a la señora Clinton, expresa la nueva era, cuando reafirmamos que el hombre y la mujer poseen la misma e indisoluble dignidad, e iguales derechos naturales y civiles. Lo demás es redundante, en este caso, el acariciar la indeseada distinción de género, se llega a restarle virtud a la política como comportamiento genuino del ser humano. El inminente triunfo de la señora Clinton, nos expone casos consumados de haber sido testigos del poder acumulado por las mujeres. Tendrían “las palancas del poder” en tres de los países relevantes del planeta: Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. Décadas atrás otras valiosas mujeres, entre ellas, la británica Margaret Thatcher, la israelí Golda Meir, la india Indira Gandhi habían demostrado que la política, las relaciones internacionales, la economía, y la seguridad no era solo cosa de hombres.
Fallamos parcialmente en nuestro ejercicio de “futurología política”, por cuanto habíamos argumentado acerca de las modestas posibilidades del locuaz magnate, en cuanto a erigirse en el favorecido de la convención del Partido Republicano. En alguna ocasión habíamos planteado que el fenómeno transitorio de Donald Trump en la política de los Estados Unidos de América podría ser de corta duración. Ciertamente, él traspasó la frontera de nuestros cálculos, ahora es el candidato oficial de los republicanos. No obstante, ahora sí estamos convencidos que llegará hasta ahí. Los sondeos lo ponen en picada. Sus excesos, odios contra los latinos y musulmanes, sus misóginas exclamaciones, el lenguaje vulgar y simplista - “sobrepasó casi todos los límites conocidos en tiempos recientes, ” - se vuelven aún “más feos y más estúpidos, a medida que se hunden sus perspectivas electorales” (Krugman, idem). “Carece de autocontrol y actúa de forma impetuosa".
Para la candidata Clinton “todo esto son cualidades peligrosas en un individuo que aspira a ser presidente y comandante en jefe, que comandará el arsenal nuclear de Estados Unidos de América. Trump ha dañado, irreversiblemente, su posición en la campaña para las elecciones presidenciales de noviembre; ni lo rescatarán sus disculpas de estos días por haber insultado a sus contendientes, lo mismo que a una familia musulmana estadounidense, cuyo hijo murió en el campo de batalla, combatiendo terroristas.
Días atrás un politólogo se atrevió a decir que entonces es razonable afirmar que “el sentido común prevalecerá”, por lo que Hillary será la próxima presidenta de la única superpotencia global. El sentido común se encargará de callar el matonismo y el nacionalismo xenofóbico del candidato republicano, sobre todo, en una sociedad cuya grandeza reside en la heterogeneidad y la diversidad cultural y étnica.
La ética, los altos valores y la inteligencia del pueblo de los Estados Unidos de América gozan de nuestro fiel reconocimiento, seguro que se impondrán esta vez, para prevenir la fabricación de un Frankenstein contemporáneo. En el siglo pasado fueron creados unos parecidos: Stalin, Hitler y Mao Zedong; fueron derrotados por el guardián de la civilización occidental. El monstruo de hoy está en curso; si fuera necesario, todavía hay tiempo para el espíritu y propósito de enmienda.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
miércoles, 3 de agosto de 2016
TURQUÍA CON UN PASADO ALGO GLORIOSO, Y CON UN PRESENTE QUE AGONIZA.
TURQUÍA CON UN PASADO ALGO GLORIOSO, Y CON UN PRESENTE QUE AGONIZA.
De las culturas milenarias, cuyo territorio ha dado cuenta de la existencia de numerosas tribus desde antes del milenio X A.C; un territorio donde ha habido hallazgos de representaciones antropomórficas y prehistóricas; en el que se había afianzado hace casi ocho siglos un poderoso y cosmopolita imperio musulmán en el Asia Menor, expandido a Europa y África. Nos referimos al país turco otomano (hoy Turquía), de profunda vocación por la agricultura y los metales durante su milenaria historia.
El territorio nacional turco constituye el punto de unión entre el viejo continente europeo y Asia. Desde tiempos remotos, su envidiable ubicación geográfica, los recursos naturales poseídos, lo han expuesto a las ambiciones expansionistas de poderes adyacentes. Esas características hicieron que hace más de 2000 años su espacio físico fuese empleado también, como ruta de paso entre China y el Mediterráneo, justamente en los tiempos de la Ruta de la Seda.
La civilización otomana enfrascada desde hace 3000 años atrás en un sinnúmero de enfrentamientos, ya fueran grandes o pequeños pueblos rivales, que, gradualmente, conseguían reducirle su poder e influencia, o bien se imponía contra ellos. La lista de sus enemigos o rivales, entre otros, había abarcado culturas y tribus de la talla de los asirios, los pueblos de Mesopotamia, las culturas indoeuropeas y del Mediterráneo europeo, los griegos, los aqueos, los troyanos, los persas.
El propio greco macedonio Alejandro Magno (334. A.C) vio frustrados sus apetitos al encontrar resistencia en el territorio otomano del Asia Menor, por parte de los sirios y principados locales. Más acá los romanos le asestaron severos golpes hasta dividir su territorio con el nacimiento de Bizancio (luego denominado Constantinopla, hoy Estambul), al cabo que anexaron la totalidad de Anatolia, al declararla como provincia del Imperio Oriental de Roma en el Siglo l A.C.
Luego sobrevinieron las ocupaciones definitivas de las tribus turco-mongoles oguz en el Siglo Xl. Poco tiempo después, una vez islamizados por la casa sunita ortodoxa persa, los otomanos consiguieron eliminar el poder político, religioso y cultural del cristianismo, éste limitado tan solo a la región de Armenia.
Anteriormente, los turcos islamizados hubieron de hacer frente al paso de las Cruzadas (Siglo Xl - Xlll) por Bizancio, particularmente a sus afanes de reconquista cristiana de los Lugares Santos, bajo la expansión musulmana; menos aún, se escaparon de la huella destructiva de los invasores (los cruzados), quienes se vengaron de la conducta cruel frente a los peregrinos cristianos en Tierra Santa.
El arribo del islamismo, parejo a la estratégica ubicación geográfica del pueblo otomamo, haría todavía más complejo y dificil su proceso de evolución. Lo registrado este año es causa de tales precedentes. Son estos casos cuando la historia nos permite recordar de su capacidad de determinar el ADN de las sociedades. Una religión oscurantista (la Mahometana) se transformó en fuente de conflictos internos y externos en el Asia Menor, pues además hizo brotar disconformidades de carácter secular y pugnas étnicas y territoriales en el imperio. Lo que significó que su tradición cosmopolita de ningún modo fuera en vano; como sea Occidente dejaría impregnado allí su legado, cuya fuente de inspiración mayor residió en el pensamiento judeo, helénico, en el cristianismo, todo ello, en los que la libertad del hombre posee profundo arraigo dentro de sus axiomas y visión del mundo.
Al ser identificada por los europeos como la puerta de entrada al Asia Menor y el Medio Oriente, la nación turca se transformó enseguida en valiosa ruta comercial y de tránsito. Y, por ello, su territorio tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial no tardó en usarse como base militar de Occidente, al servicio de la anticomunista Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Así, que siempre sería irreal el levantamiento de obstáculos a las interrelaciones y las comunicaciones inter-culturales. Por los conductos de la sociedad otomana corrieron y fluyen las corrientes europeas, eso hubo de implicar el sacar a relucir los intereses, relacionados con la seguridad y la defensa intercontinentales.
A finales del Siglo Xlll y principios del XlV el Imperio turco otomano (islamizado) había alcanzado dominio casi pleno de Hungría, los Balcanes y el Mediterráneo europeos, en el norte de África; se apoderó de Siria, Egipto y parte de Mesopotamia, inclusive. Fue tal su hegemonía, que dicho Imperio se autoproclamó en Califato a principios del Siglo XVl. De hecho, los pueblos árabes guardan ningún recuerdo favorable acerca del predominio de los turcos sobre sus sociedades. En su historia dan a conocer su resentimiento.
Sin embargo, simultáneamente los poderosos y colonialistas reinos europeos cristianos, principalmente Gran Bretaña, España y Francia y la propia Rusia iban apropiándose de casi todos los territorios del Califato turco, ya fuera en el Asia Menor, en cuenta el Oriente Medio, al cabo que iban siendo expulsados definitivamente de Europa.
Ya para el Siglo XlX eran restos lo que quedaban del decaído Imperio turco. Al perder sus dominios al norte del mar Negro, que pasaron a manos rusas, el futuro de la sociedad turca sería no más que el eslabón y la expresión de una historia milenaria escabrosa y convulsa, asediada y minada desde sus orígenes, cargada de altibajos, bajo el agravante de un devenir de dependencia y subordinación respecto a Europa, tanto en la antiguedad, el medioevo como en la era contemporánea; alrededor de su territorio ha debido corresponderle sobrevivir frente a tales potencias interesadas en asignarle, no pocas veces, tales posiciones de segundo orden. Principalmente, en esta fase antiterrorista en que el peso lo conllevan las materias de seguridad y defensa, a consecuencia de la fuerza del radicalismo islámico del Siglo XXl, enemigo de los intereses occidentales.
El golpe letal contra el viejo Imperio otomano y sus pobres vestigios en otras latitudes, acabó de asestarlo su erróneo cálculo de aliarse a Alemania y al Imperio Austro Húngaro en la Primera Guerra Mundial (1914 - 18). Ambos reclamaron el ser víctimas, entre otros abusos, de las imposiciones y restricciones políticas, económicas y comerciales, de los imperios tradicionales de Europa - que se repartieron el planeta, dada su visión colonialista - , específicamente de la Gran Bretaña, Francia y por supuesto de la Rusia zarista, ésta de los principales enemigos de los turcos.
Inmediatamente después, al Tratado de Sévres de 1920, unido a las reparaciones de guerra, se le encomendó la labor de sepulturero del Imperio turco otomano. Entre las múltiples pérdidas territoriales en Asia, figuró la nación Armenia, la cual adquirió su independencia. Asimismo, la zona habitada por los Kurdos, denominada Kurdistán, poseedora de yacimientos petroleros, quedó repartida entre Turquía, Irak, Irán y Siria, una grave humillación para Ankara.
En cuanto Armenia, precisamente el Ejército turco, desconcertado por un extinguido imperio, del cual solamente el recuerdo quedaba, y tensado por el levantamiento de los distintos grupos étnicos que lo enfrentaron, precipitadamente, ejecutó el primer genocidio del Siglo XX al eliminar, brutalmente, más de un millón de armenios, en su mayoría cristianos. Un hecho aborrecible que sigue siendo condenado por la comunidad internacional, hasta por el propio Papa Francisco en su viaje por Armenia en este año. Condenas públicas que irritan sobremanera a Turquía. Eso sí, esta siempre se ha negado a reconocerlo como tal y, de paso, ofrecer perdón.
La estabilidad política, aún menos, la normalidad democrática, le han sido bastante desconocidas a la nación turca, tal vez la acogió en un breve periodo a principios de la década de 1960. Asimismo, la suerte de la ubicación del territorio otomano estuvo configurada por parte de Occidente, pensado primordialmente en la fase de la Guerra Fría, con tal de contener las fuerzas soviéticas sobre las fronteras entre Europa y la desaparecida Unión Soviética. Una cultura antigua subestimada, con ese desdén se valora en esta época a la nación turca. Las desastrosas consecuencias de su vinculación en la Primera Gran Guerra, por eso la hicieron abstenerse de tomar participación en la Segunda Guerra Mundial.
Hay que hacer un paréntesis en la Turquía del Siglo XX. Sea el ascenso al poder del movimiento secular, encabezado a partir de 1919 por Mustafá Kemal, llamado después "Ataturk": “padre de los Turcos”. Dicha tendencia anti-islámica, “semifascista”, conllevó un elevado componente militar, aferrada a desarraigar a la nación de las tradiciones imperiales, entre ellas la abolición del Califato.
A la vez, tal movimiento proclamó el reforzamiento de la identidad nacionalista, e impuso el turco como idioma oficial; implantó en el sistema educativo una versión distinta o secular de la historia nacional, teniendo presente en ella el legado pro-occidental. Kemal introdujo el alfabeto y el calendario latino. Eliminó el uso del velo para las mujeres, a las que se les otorgó el sufragio femenino.
Basado en su nacionalismo, el líder secular se negó a reconocer aquel Tratado leonino contra los intereses turcos. Razón por la cual, negoció nuevos instrumentos jurídicos, con tal de eximir a su nación del pago de indemnizaciones de guerra; anular vastos privilegios, concedidos a compañías extranjeras; fijar las fronteras nacionales; y desconocer la autonomía de Kurdistán, ello de las principales piedras dentro del zapato turco. Pues ese pueblo - carente de Estado nacional definido, que representa aproximadamente el 20% de la población otomana - continúa insistiendo en la independencia total de los límites espaciales ocupados, al cabo que el ala extremista kurda - cuasi terrorista - ha golpeado militarmente al ejército enemigo.
Líneas arriba lo indicamos, Ataturk consolidó un régimen secular autoritario, basado en el esquema de economía centralizada, con rasgos de socialismo. Su “concepción de democracia no liberal (o “iliberalismo”), que las fuerzas armadas acompañó y mantuvo con golpes de Estado, también marcó en adelante el rumbo del país. Igualmente, el Padre de los turcos no cedió hasta su muerte (1938) a las posturas de los conservadores musulmanes, así como a los sectores que promovieron el sistema democrático liberal, de carácter occidental. El cual paso a paso llegó a cobrar fuerza, por lo que de hecho se institucionalizó entrando el Siglo XXl (año 2000).
El pasado, violento y fallido intento golpista de carácter secular, encabezado por un grupo de militares, puso a las fuerzas armadas en posición delicada y desprestigio mayúsculo. Cayeron en fuerte contradicción frente a los sectores liberales y, por otro lado, contra las fuerzas islámicas conservadoras – contestatarias al secularismo -, estas reunidas en el Partido por la Justicia y el Desarrollo (el oficialista), dominante desde hace quince años. Estos, y los estratos rurales empobrecidos, representan la base de apoyo del presidente autoritario e islamista Recep Tayyip Erdogan, de orígenes sociales humildes, en cuyo mandato puso en ejecución el proceso de modernización económica que, al redituar, creció la ilusión óptica en que la normalidad y la estabilidad de Turquía seguiría el curso positivo, a diferencia de las turbulencias y guerras del Medio Oriente.
Hubo engaño, tan solo fue un destello de democracia. Erdogan, considerado el acérrimo enemigo de los golpistas y los secularistas, tampoco ocultó su inclinación de rescatar la tradición islámica, hasta intentar dar forma a un nuevo Califato. El cual, en pocas palabras, es un sistema político, distante de los rasgos del régimen teocrático (fusión del poder religioso y político); eso sí, inspirado en la ideología y los postulados del Islam, en el que la cabeza del Estado (el Califa) legisla sobre sociedad, gobierno, economía y justicia legal, bajo el consentimiento de la gente.
Paradójicamente, los victoriosos tras el frustrado derrocamiento del gobierno llegan a serlo los más fanáticos islamoconservadores”(Ilke Toygür, 2016). El Presidente intentará asegurarse la lealtad del ejército, que ya no es monolítico (Félix Arteaga, 2016). Lo renovará con nuevos cuadros. “Esto le permitirá islamizar el país”, el cual, con él, se ha vuelto “menos libre, menos tolerante con las diferencias” , donde se combaten todavía más las expresiones de libertad (Toygür, 2016) y los derechos fundamentales. Una muestra que hace ilusoria la tesis de “que la democracia es compatible con el Islam”. Lo comienza a reconocer Occidente, por eso su tibia reacción frente a lo que pudo haber un exitoso desplome de Erdogan y su partido político. Desconfía bastante de ellos.
El gobierno turco ataca a los Estados Unidos de América, quien ha dado refugio al predicador musulmán, Fethullah Gülen, el que planeó el golpe - según el oficialismo - por eso pide su extradición. Periodistas, soldados, burócratas, intelectuales, consejeros y hasta empresarios han sido purgados, a causa de la rabia de Erdogan, quien desatiende la crítica internacional frente a sus excesos de poder, “sin garantías jurídicas y bajo la sombra de la restauración de la pena de muerte”.
En el Siglo XX la mayoría de las pugnas turcas las habían protagonizado los secularistas frente a los liberales. A finales de ese siglo, dicha unidad contradictoria sumó al islamismo conservador, que como fuerza política ascendió velozmente con el Partido de Erdogan, este repudiado por militares, civiles y secularistas, agravando todavía más el panorama político, donde la gobernabilidad institucional de carácter liberal fue amenazada esta vez.
Más bien, es de suponer que en adelante alguna facción del ejército, al lado de la base social secular, vuelvan a fraguar otra intentona militar, pese a una supuesta oposición de los liberales.
Esto quiere decir, que Turquía continuará careciendo de cohesión social, fenómeno que, igualmente, agudizará los efectos del golpe, de donde actuarán por su propio interés el gobierno islamista para sobrevivir, el decaído poder duro del ejército secular, los menos aventajados liberales prooccidentales, los nacionalistas, etcétera, así como los grupos étnicos en conflicto, sobre todo, los kurdos en sus aspiraciones nacionales.
Turquía reivindica su antiguo comportamiento imperialista. Aspira a influir en la política doméstica y exterior de las naciones árabes. Ellas, por su parte, contemplan con gran recelo la cruda y dolorosa historia de la expansión del Imperio Otomano en el Cercano Oriente. En la presente guerra, el gobierno de Erdogan evitó que la coalición antiterrorista pudiera utilizar las bases militares del país, para atacar los yihadistas en Siria e Irak. Después cambió su postura.
Se ha enfrentado con el gobierno secular (chiita) de Siria, respaldando la oposición sunita; en un principio llegó a tolerar las acciones de los yihadistas del Estado Islámico (EI), con quien traficó petróleo. Ahora es el enemigo, que le reprocha el haber ingresado a la coalición occidental antiterrorista y el aproximarse a Israel.
Derribándole un avión, el ejército turco entró en líos con Rusia, también con Irán, ambos aliados del gobierno sirio. Erdogan combate, desmedidamente, las milicias kurdas de Turquía las que cruzan la frontera con Siria para liberar comunidades suyas, con apoyo aéreo de los Estados Unidos de América (Félix Arteaga, 2016). A la vez , antes había puesto en riesgo las relaciones con Israel, al acercarse a la organización terrorista Hamas, a quien Erdogan venía prestando financiamiento y asistencia humanitaria. Pero, los ataques terroristas del EI, recientemente lo hicieron recular y cambiar su política exterior “vacilante” con la coalición internacional; se congració con sus aliados, comenzando por Israel y Rusia.
Si Europa lamenta la salida de Gran Bretaña del bloque comunitario; en cambio, en el caso particular de Turquía, seguro que, con los estigmas arrastrados por los ataques terroristas del yihadismo en Bélgica, Francia y Alemania, la actual inestabilidad política, el deterioro de los derechos humanos, habrá de aspirar a tener más lejos a esa nación del Asia Menor, donde más del 90% de la gente profesa la religión islámica. Le entrabará de manera rígida, como lo acostumbra hacer, su pleno ingreso al bloque comunitario de la Unión Europea. Ingreso que las naciones europeas, otrora vinculadas a la Cortina de Hierro en tiempos de la desaparecida Unión Soviética, lograron sin abruptos tropiezos.
Pero, distanciarse totalmente de Ankara resulta una decisión que no será fácil a los europeos, dado el creciente flujo migratorio de turcos al viejo continente; a la crisis de los refugiados sirios, afganos e iraquíes que alberga; es también un aliado de la OTAN para la guerra de Siria y contra los yihadistas del EI; aparte que es imprescindible la coordinación para luchar contra los cárteles turcos de la droga, que operan como los principales proveedores de drogas, entre ellas, la heroína.
De superar las consecuencias de la fallida asonada militar, probablemente el Presidente Erdogan reafirmará el ideal (“ahistórico”) de “pretender devolver a Turquía el esplendor y la autonomía de tiempos pasados”. Ni le importará que la nación islámica sea rechazada como miembro pleno de la Unión Europea (UE), un bloque de naciones que, de por sí, va en picada; ni los euro-optimistas aseguran su solidez.
En conclusión, son determinantes “las dinámicas internacionales”, siguen en esa línea de “realpolitik” (Toygür, idem). Turquía es, así, altamente dependiente de Occidente, en todas sus dimensiones, se ha plegado a él, se alió a la OTAN. Como decía el famoso comediante mexicano Mario Moreno, “Cantinflas”: “allí está el detalle”. !Oh, Erdogan y sus “cantinfladas”!.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
viernes, 22 de julio de 2016
GRAN BRETAÑA Y ESOS AIRES DE RECOBRARLE EL PODER AL ESTADO NACIONAL.
GRAN BRETAÑA Y ESOS AIRES DE RECOBRARLE EL PODER AL ESTADO NACIONAL.
Destacar la Gran Bretaña solamente como uno de los centros o ejes financieros (“City”) de más alta significación, nos arrastra a un error garrafal. Se podría subestimar lo que esa poderosa nación en términos históricos, políticos, económicos, militares, otrora dueña de los mares, ha contribuido a la civilización occidental. Y específicamente, en la construcción del Estado moderno, en tiempos del poder de los Tudor; luego en la composición del capitalismo, como modo de producción y “praxis social”. Eventos que llegaron a repercutir principalmente en Europa, en cuenta las unificaciones territoriales en pos de las identidades nacionales; un proceso civilizatorio, acelerado mediante la adopción de la figura del Estado nación, lo cual acarreó menos trauma en la isla británica, en comparación con los antiguos conflictos dinásticos de la Europa continental.
El mundo experimentó profundas transformaciones sobre la base de la novedosa visión (mindset) anglosajona, con alcance planetario o global, sustentada en el respeto a la vida, la igualdad y la dignidad de los seres humanos, la libertad individual – entre los derechos naturales, según el filósofo John Locke - , así como el derecho a la propiedad privada, el libre comercio y el funcionamiento de la democracia política. Obviamente, hubieron de cometerse yerros en sus aspiraciones expansionistas y hegemonistas, sin embargo, del Siglo XV al XX eran desconocidas la Declaración Universal de los Derechos Humanos, así como la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, entre otros textos trascendentales. Para fomentar la conciencia de los derechos humanos hubo que esperar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América (1776), la Revolución Francesa (1789) y la Constitución española de 1812 o Constitución de Cádiz, que además de precedentes de los postulados de los derechos humanos, se transformaron en acontecimientos, que marcaron el inicio de la Edad Contemporánea, al repuntarse las bases de la democracia moderna y la completa legitimitación de la economía de mercado.
Acendrado tal acervo ideológico o concepción de vida en el entorno del decaimiento de la monarquía y el feudalismo en la Baja Edad Media, dicho sea paso en los inicios del sistema capitalista y del liberalismo político; Occidente no tardó en entrar a la era moderna con la invención en Gran Bretaña del Parlamento que, gracias al basamento de la democracia liberal, cobró fuerza y supremacía, a tal extremo de provocar el desplazamiento del poder absolutista y las ataduras de la monarquía y la nobleza: los estamentos dominantes en el sistema feudal. Casi parejo iban consolidándose los cimientos de la Revolución Industrial (agrícola también) entre el Siglo XVl y XVll. Es decir, los orígenes de los mercados libres, alentados por el comercio y la novedad de las fábricas, sustitutas de los talleres artesanales; las máquinas, entre ellas, la del vapor, la producción minería y la metalurgia, fuente de materias primas de aquella revolución creativa, desde entonces la de mayor resonancia planetaria.
El Reino Unido conquistó y pobló la mitad del mundo (Joseph Jimènez, 2016), y puso a una vasta porción territorial, simbolizada en la Commonwealth, nada menos, que a comunicarse en el idioma inglés, cuya estructura, cadencia gramatical y precisión ortográfica, cuasi perfecta y normativa como el castellano, este último expandido a la vez por los españoles por el Nuevo Mundo. Como sea, el uso del inglés y del español vinculó e hizo comunicar entre sí, a no pocos pueblos, los ingredientes iniciales que dieron vida a los incipientes órdenes regionales e internacionales, entrelazados con las identidades nacionales.
De hace siglos atrás los británicos vinieron demostrando que son distintos. El mejor testimonio se halla en sus pensadores políticos, la sabiduría científica, la excepcional democracia, la escuela económica de Adam Smith, las ejemplarizantes virtudes humanistas y cívicas, también en los escritores universales (Shakespeare tan magnánimo como Cervantes).
Al respecto, nuestro ilustre profesor de español en el colegio, Álvaro Alvarado Castro, nos advertía acerca de la necesidad de escudriñar en la novela, como obra literaria, la característica de “la naturaleza como estado de ánimo”, presente en ella. Y es que los ingleses, gente inteligentísima (la inteligencia es rebelde) y su singular conducta social, al habitar, para ellos, su isla británica, se han autorretratado menos conflictivos, en comparación con el resto de las naciones de la Europa continental, pese a haberles sido complicado el sustraerse de los contagios, provenientes de los enredos y las "componendas" entre los franceses, ibéricos, italianos y eslavos.
A causa de los contagios y "las triquiñuelas", con los cuales los cobardes y calculadores una vez pactaron, múltiples señas inclinaron al Reino Unido a que desde el principio pusieran en alerta roja a la comunidad internacional. Se lanzaron a la guerra frente al peligroso ascenso del nazifascismo, nacido en la porción continental, cuyas raíces hubieron de remontarse a los Siglos XVlll y XlX, dadas las pugnas domésticas que se interpusieron contra la unidad alemana, logro, éste, que, relativamente, hizo posible el canciller prusiano Otto von Bismarck.
Para combatir de modo intenso al monstruo hitleriano, su antípodas natural, en el pueblo británico sobresalieron y convergieron en aquel entonces, las tradiciones del pensamiento liberal, el de los socialistas utópicos, los movimientos obreros, entre otras corrientes filosóficas, políticas y económicas, anti - totalitarias. A su vez, las fuentes espirituales, humanistas, parejo a la valentía y la fuerza de voluntad de los anglosajones, todo lo cual, hicieron realidad la derrota del nazifascismo, con inmensos sacrificios y pérdidas de vidas y, posteriormente, la desaparición del comunismo estalinista, hecho en el cual Margaret Thatcher fue una de sus pioneras, al lado de Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo ll.
Dicho antes, la corta separación física entre ambas geografías, hecha por el canal de la Mancha - útil para la defensa británica - brazo del Océano Atlántico; particularmente, los ingleses, siempre nos ofrecerán sorpresas, en este año con el Brexit o la salida británica de la Unión Europea, y quién sabe cuáles más en el futuro. Qué nos extraña, si ya en el Siglo XVl se había originado otro Brexit afín, tras la determinación de Enrique Vlll, uno de los Tudor, de romper, en malos términos con Roma, o sea, la Iglesia Católica, por lo que fundó la Iglesia Anglicana: uno de los fraccionamientos del catolicismo, tan severo como la Reforma Protestante (Siglo XVl), regida por Martín Lutero en Alemania. También un cisma para el Papado.
Tengamos cuidado. Hasta ahora el Brexit dista de condenar la apertura de los mercados y la liberalización del comercio transnacional, ya sea de bienes, servicios y capitales, o la reducción de las barreras del comercio, al tiempo de que el proteccionismo o el aislacionismo le es ajeno. Pero, la salida de la comunidad europea sí comporta regulaciones migratorias. Por eso, la renuncia británica de la Unión Europea, probablemente, habrá de minar el programa de integración europeo. Felizmente, se hace evidente el regreso de la supremacía del Estado democrático y pluralista, dador de seguridad y bienestar a la ciudadanía, defensor de la soberanía nacional. Un poder que, con su eficaz desempeño no cede el control de las fronteras, "ni su política fiscal y monetaria". Así concebido (el Estado) se exime de colocarse por debajo de normativas y estructuras supranacionales, que en nuestros tiempos resultan una pantomima, sin futuro alguno, que conduce a los pueblos a terrenos desconocidos.
Así entonces, el Brexit es un evento eminentemente político, que el sistema capitalista y el Estado liberal británico, por su naturaleza resiliente y homeostática lo asimilarán, tan solo con mínimas consecuencias. El debate lo han monopolizado los economistas expertos y los banqueros; hay escasa desconfíanza popular, respecto a sus vaticinios fatalistas De todos modos, las perspectivas de la economía internacional se han visto ensombrecidas desde las bajonazos bancarios del 2008, fenómeno en el cual todavía resulta inocente el curso del referendo británico.
Siendo una sociedad singularmente libre, abierta, desprejuiciada, por eso, los británicos nada esconden: menos aún "los pecados mortales y veniales", los secretos de alcoba, o bien, el patrimonio de la ranciosa y apenas formal monarquia, lo mismo que de su clase política. Poco interesa la evaluación del impacto a largo plazo de los términos de la futura relación del Reino Unido con la Unión Europea. Los británicos son dueños de sí mismos. Falso que las catástrofes se avizoran. El rumbo lo determinará la democracia parlamentaria, o en su lugar, el plebiscito, donde se debaten y resuelven las aspiraciones del pueblo. No así, lo harán las tesis económicas, sacudidas, de forma constante, por las contingencias y las emociones, quizás por intereses oscuros.
Lo que desean los ingleses "es recuperar su país", su identidad nacional, tener control de la seguridad nacional, y no dejarla en manos de los burócratas parleros e inoperantes, asentados cómodamente en Bruselas. Es un enfrentamiento entre nacionalismo de libertad y de democracia e internacionalismo burocrático e inoperante; este incapaz de frenar el endeudamiento, el mediocre crecimiento en la zona euro, el elevado desempleo, especialmente entre la población juvenil; lo mismo que las turbulencias de los sistemas bancarios de varias naciones europeas, que empobrecen. Así de simple, la libertad democrática de la que gozan los ingleses será la que decida en cualesquiera circunstancia cívica. Con todo, Unión Europea: "good luck".
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
domingo, 26 de junio de 2016
UN LOBO CON PIEL DE OVEJA CAMINA ERGUIDO EN EL PERÚ: "EL FUJIMORISMO".
UN LOBO CON PIEL DE OVEJA CAMINA ERGUIDO EN EL PERÚ: “EL FUJIMORISMO”.
Acertamos si citamos a Perú entre las naciones latinoamericanas donde más pensamiento político se ha producido, principalmente en la primera mitad del Siglo XX. Lo pusieron de relieve las ideas socialistas del gran autodidacta José Carlos Mariátegui (1894 – 1930); las tesis americanistas y social democráticas de Víctor Raúl Haya de la Torre (1895 – 1979), cuya formación política la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) tuvo arraigada influencia en los líderes costarricenses de la Revolución de 1948; así también César Vallejo (1892 – 1938), en la etapa de su plenitud poética con sentido humanista y compromiso social.
Aquellas visiones, llevadas a la práctica política, fertilizaron no sólo la nación inca, bañaron casi toda la región latinoamericana. En el caso particular de Perú, influyeron en la conducta de la fracción de militares golpistas, guiada por el general Juan Francisco Velasco Alvarado, impulsor de la corriente nacionalista reformista. Le sirvió de base para la nacionalización y estatización de la mayoría de las empresas mineras (antes en manos extranjeras), lo mismo que del sistema bancario, además de las reformas sociales y agrarias, que heredó el confuso anti – APRISMO del gobierno militar, las que en términos ideológicos pesaron mayormente. Las disputas entre Haya de la Torre y el gobierno de facto resultaron incapaces de negar el acento del APRA en el curso del poder de los militares “populistas”, principalmente bajo el comando del presidente Velasco (1968 – 1975).
Sobre un discurso emotivo y de masas, el pensamiento social reformista se reivindicó otra vez en el primer gobierno de Alan García (1985 a 1990), dicho sea de paso, García era el delfín de Haya de la Torre, al cabo que era la primera ocasión que el APRA asumiría las riendas del Poder Ejecutivo peruano, antecedido por un proceso electoral en el cual el candidato García se impuso con el 52% de los votos.
Casi a la mitad de su periodo gubernamental al presidente APRISTA el control de la economía salió de sus manos. La inflación alcanzó niveles desorbitantes, en tanto que se agudizó el desempleo, producto de la desactivación, o más bien el colapso de la economía. Tras esto se enfrentó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, haciendo gala contra el pago de la deuda externa. El mandatario aducía que ésta ya se había honrado casi en su totalidad, por lo que procedió, antojadizamente, a fijar apenas el 10% del ingreso nacional, a efecto de asignarlo al cumplimiento del servicio de tales obligaciones financieras.
García colocó en pésima posición al APRISMO. La corrupción alcanzó niveles alarmantes. Por su lado, el deterioro de los derechos humanos, frente al ascenso de la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso y los guevaristas del Tupac Amarú, ofrecieron argumentos a las fuerzas armadas para hacer un ambiente político demasiado crítico. Al extremo que las organizaciones internacionales se pusieron en alerta; subrayaron que los sonados casos de abusos y excesos tuvieron similitud con los delitos de lesa humanidad.
Justamente, los delitos por los que en parte guarda prisión en Lima el expresidente Alberto Fujimori (de nacionalidades peruana y japonesa), además de los comprobados delitos de corrupción, fraguados bajo la complicidad de Vladimiro Montesinos, su álter ego y la versión peruana del temido “Robespierre”. Un macabro dúo, responsable de sentar las bases del narcoestado, enquistado todavía en el Fujimorismo, el que, gradualmente toma más figura y que la sociedad peruana lo continúa resintiendo.
El tiempo terminó fusionando los intereses entre los cuadros tradicionales del APRISMO, presidido por Alan García y el “Fujimorismo”, particularmente en las pasadas elecciones. Ambas organizaciones están lejos de ser organizaciones anti - sistema - menos aún el partido “PPK” del candidato vencedor Pedro Pablo Kuczynski - . Por eso, el balotaje o la segunda ronda de votación, llegó a ser una especie de “test” acerca de la vigencia indiscutible del Fujimorismo, en correlación con la estrecha e inocua derrota de Keiko Fujimori - hija del caudillo - ; quien, esta vez, fue objeto del respaldo - una inversión a futuro - del antiguo enemigo de su padre.
Tan enemigos fueron que, al sucederle en el poder, Alberto Fujimori, autor de un régimen democrático "iliberal" o autocrático - pues organizó procesos electorales, pese a que asumió plenos poderes con el apoyo de los militares - desató una abierta persecución contra García, luego convertido en expresidente huidor. Lo persiguieron por los mismos cargos, por los que “el Chino” guarda hoy prisión. El líder, el preferido de Haya de la Torre, quedó así desprestigiado, vetado en la escena política por más de diez años.
Entre ambos líderes y formaciones hay bases comunes. Porque en lo social, los Fujimori representan “una derecha, populista, compasiva”, lo cierto es que además rondan los lavadores de dinero, quienes evocan “las épocas pasadas de los gobiernos del “Chino”: la corrupción, la compra de voluntades, los cómplices de las violaciones a los derechos humanos (entre ellos, un segmento de militares), los tecnócratas y los administradores de la dictadura.
Aunque poco valieron los arrebatos y las amenazas de aquel advenedizo y opaco régimen autoritario, por cuanto el APRISMO con Alan García, eso sí, bajando la guardia con sus históricas tesis social demócratas, e invirtiendo energías por lavarle el rostro a su líder, retornó por segunda vez al poder (2006 - 2011), abrazando la ideología del libre mercado y de la apertura comercial, con lo cual, en la etapa del Presidente Alejandro Toledo, la economía nacional, basada en la producción de minerales, la industria pesquera y la intensa actividad turística, alcanzó vertiginosos crecimientos anuales cercanos al 6%. Con todo, tales logros económicos registran insuperables estancamientos sociales, es el caso que “el 70% de los peruanos se gana la vida mediante empleos informales”.
A su regreso a la política, García, siendo aquel afamado orador de masas, buen recurso para desmentir su conducta dolosa, se refugió en la táctica exitosa de atemorizar a la mayor parte de la sociedad nacional (“votó por el menos peor”), exponiendo los estigmas, arrastrados por su adversario, el general Ollanta Humala, a quien se le asoció como discípulo del diversionista y disparatado régimen venezolano de Hugo Chávez - y sus aliados suramericanos -, quien, por cierto, mantuvo extrañamente una relación de buenos amigos con Fujimori.
Antes mencionamos la inversión hecha esta vez por el APRISMO, urgido en sobrevivir, ya sea “como uña de león”. Seguro se creyó en que es capaz de conciliarse y después maquillar al Partido Fuerza Popular, el de los Fujimori; por eso, en el balotaje se apuntó con la controversial familia. Ella y su partido, desde un principio y sin desmarcarse tampoco de las ideas sociales, aprendidas del APRISMO fundacional de Haya de la Torre, ha trabajado de modo considerable en sectores populares o los sectores de bajo ingreso de Lima y de otras ciudades, más las zonas rurales, “gran parte de su voto viene de ahí”. Su apuesta por la mano dura (en cuenta la pena de muerte) contra la inseguridad es otra de “las esencias que ha mantenido”, lo cual atrae, peligrosamente, la aprobación de la ciudadanía. Igualmente, el expresidente Alan García practicó “la mano dura”; hasta aquí llegó la afinidad con el siempre oscuro y dúctil Fujimorismo.
A diferencia del resto de naciones latinoamericanas, de lo que sí podemos estar seguros es que en las Fuerzas Armadas peruanas sobrevive todavía un sector, distanciado del comportamiento favorecedor del statu quo, aliado (casi) incondicional de las poderosas élites del poder conservador. El desenlace y la valoración de Ollanta Humala, el Presidente saliente y declarado anti Fujimorista - cumplió como gobernante, al lado de su elegante y brillante esposa, Nadine Heredia -, quien dribló los temores infundados alrededor de sus inclinaciones “chavistas”, pone de relieve nuestra hipótesis. Los propios opositores reconocen los positivos indicadores de su política social, sin poner en riesgo el esquema, el rumbo de la economía de mercado, así como la gobernabilidad institucional. Solamente su esposa es maliciosamente cuestionada apenas por el uso inadecuado de una tarjetas de crédito. Sin embargo, tales revanchismos significan el pan nuestro en la política latinoamericana.
Nos hace suponer que la experiencia reformista y nacionalista del militar golpista Velasco Alvarado , así como las raíces fundacionales del APRISMO, pudieron haber ofrecido materiales ideológicos al proyecto político de la agrupación del Presidente Humala, el Partido Nacionalista Peruano. En vez de formar coaliciones con los radicales izquierdistas del Frente Amplio peruano, ya como líder opositor, Humala posee los réditos suficientes para cooperar en la reconstrucción del sistema político de su nación. A la vista identificamos el riesgo, representado por el partido de la familia Fujimori, este se convirtió en el partido más votado (40%)en la primera ronda, cuenta con la clara mayoría en el Congreso (73 diputados de 130).
Mientras una oposición dividida, compuesta por la izquierda extremista del Frente Amplio contará con 20 legisladores; el partido PPK del Presidente electo, Pedro Pablo Kuczynski - empresario exitoso, exministro, músico, descendiente de judíos alemanes - contabilizará 18. Nada tiene que este año, mediante un balotaje reñido, ese hombre honesto pudiera precariamente derrotar al Fujimorismo. Así, entonces, con tal de contrarrestar dicha pesadilla, los sectores democráticos, agrupados alrededor de la figura del Presidente entrante y de Ollanta se verán obligados a construir un bloque político, que facilite la gobernabilidad institucional, particularmente, la reconstrucción del Poder Judicial para desafiar la criminalidad organizada, de la cual tanto se nutrió la espuria dictadura peruana de la década de 1990.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
sábado, 4 de junio de 2016
Ronald Obaldía González escribe a la señora Eliette Artavia, exprofesora del Liceo Rodrigo Facio Brenes (Zapote - San José).
Ronald Obaldía González escribe a la señora Eliette Artavia, exprofesora del Liceo Rodrigo Facio Brenes (Zapote - San José).
Mi querida y hermosa profesora de Biología. Esta semana que terminamos la tuve demasiado presente. Una vecina me pidió de forma angustiada que sacara de su cochera una culebra. Ella estaba sola con su niña. De inmediato acudí al llamado de ella. Dada mi fascinación por las serpientes, me hice no más de un palo de horqueta que por otros usos poseo. Me apresuré a solucionar el peligro. Cuál fue mi sorpresa que se trataba de una hermosa culebra de tierra, que en su conjunto salen a la superficie debido al impacto de la lluvia. Quien fuera, iba preparado para todo, menos acabar con la vida del reptil, menos en este caso, se trataba de un animal inofensivo. Por qué mi pensamiento?? La recordé demasiado, como le repito. Pues me llegó a la mente un evento suyo con una compañera del colegio en aquellos hermosos años. A su alumna se le había acercado un extraño insecto, exótico, por cierto, enseguida e irreflexivamente lo mató. Usted observó la escena, para mala suerte de ella, por lo que fue objeto de una fuerte llamada de atención, acompañada de sabiduría científica. Le hizo ver el daño ambiental producido con su acto instintivo y destructivo. Así también salieron a relucir los beneficios acarreados al medio y a la protección de la cadena alimenticia, gracias a esa especie de insectos, cuyo ejemplar había sido abatido. Mi querida profesora, su gesto fue toda una lección científica, llena de los más profundos sentimientos que calaron hondo para toda la vida en uno de sus estudiantes. De manera, que la osada culebra de tierra al encontrarme frente a frente intuyó que le respetaría la vida, entonces no ofreció mayor resistencia al capturarla, con los mayores cuidados para evitarle una lesión. Se dejó tomar y después simplemente la colocamos en un sitio más seguro para ella. Así arreglamos aquel litigio biológico. Gracias mi querida profesora.
martes, 31 de mayo de 2016
USO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PARA FOMENTAR LA CULTURA.
USO DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN PARA FOMENTAR LA CULTURA.
A mediados de la década de 1970 en Costa Rica salió a relucir el proyecto de ley del gobierno de ese entonces que, en resumidas cuentas, se dirigía a regular (apenas inocuamente) los medios de comunicación, que supuestamente pertenecen al sector privado. Se proponía, como mínimo, que en estos potentes aparatos, se diera cita el espíritu creativo, expresado en la cultura, el arte y el debate pluralista para la formación de los ciudadanos. Carmen Naranjo Coto (qdep), mentora de aquel plan, hizo valer su posición de Ministra de Juventud, Cultura y Deportes. La fuerte resistencia de los propietarios, además de dar al traste con el novedoso plan, al cabo precipitó la salida del Gabinete de la brillante y la elegante Ministra, afamada escritora y antes Embajadora en Israel.
Los tiempos estaban lejos de ser propicios a las innovadoras ideas culturales de la Ministra Naranjo. El anticomunismo, con sus diferentes facetas, corría por toda el subcontinente latinoamericano. La región había entrado en la etapa superior del predominio de los gobiernos militares, imbuidos en la doctrina de la seguridad nacional para enfrentar por doquier la guerrilla marxista - guevarista. En el caso particular de Centroamérica, había serios indicios de sumergirse en la vorágine insurreccional, lo cual suponía la revolución armada contra el “estatu quo”, basado en estructuras sociales desigualitarias y generadoras de marginación.
Por su parte, la socialdemocracia criolla se hallaba en su máxima expresión. Los puntos de vista que contrariaron sus tendencias, favorecedoras del Estado intervencionista - el esquema de economía mixta con el cual comulgó - , implicaba reformas al régimen de propiedad privada; despertaron recelos o sospechas en los sectores del empresariado y de los intelectuales liberales, puestos en estado de alerta frente al desencadenamiento de las contradicciones políticas en la región.
El polvorín hubo de estallar una vez que el gobierno había apostado por una regulación (comedida) de la radio y la televisión, el cual equivocadamente lo señalaban como engendro del socialismo totalitario. Desafortunadamente, las críticas se centraron en las consideraciones ideológicas, por lo que se dejó de lado la discusión acerca de la calidad del contenido formativo, y el fondo de la programación de los medios de difusión se dejó a un lado.
Al final, el Gobierno perdió energías en la defensa del proyecto de ley, a pesar de haber insistido en los señalamientos alrededor de la falta de riqueza educativa y cultural de las programaciones de radio y televisión, cuya tendencia, según los gestores de la ley, era la exhibición del “consumismo materialista, el cual dañaba “la débil economía”. Asimismo, se habían convertido en escuelas “del crimen organizado, el robo, el asalto, el secuestro y la apología de la guerra” y hasta para la desvalorización de la mujer (Mauricio Meléndez Obando, sf). Lo cual arrastraba graves consecuencias a nuestros pueblos, según lo advertía Carmen Naranjo. “Menos aún estaban interesados en difundir las creaciones y producciones científicas de las universidades y de las organizaciones civiles”.
La Ministra definió constantemente la cultura como todo aquello que “se sedimenta en el patrimonio de un pueblo para convertirse en medio de comunicación social, de tradición comunitaria, de identificación nacional, de creencia general y de expresión artística”. Una definición que abarca factores tan sustantivos para todo pueblo, a saber el lenguaje, las costumbres, las características residuales que identifican en alguna forma, la fe básica que trasciende la realidad en que se desenvuelve, y la riqueza creativa que aumenta su patrimonio y la acción cívica.
Ella estaba bastante consciente que los intereses comerciales de los propietarios de los medios de información colectiva (inculcadores de pensamiento, comportamientos o estilos de vida) hacían prescindible esa misión plena a favor del reconocimiento y la producción cultural. Pero, tal concepción tampoco podía estar ausente de su responsabilidad social, como instrumentos tecnológicos al servicio de la formación cívica y la dignificación ciudadana.
La contextura de la política cultural de su Ministerio, bastante inspirado en la fructífera experiencia diplomática de la señora Naranjo en el Estado de Israel, inobjetablemente, partía (o parte) de los postulados de libertad y pluralismo de la propia civilización occidental, puesto que ni el marxismo o cualquier dogmatismo y extremismo político o religioso, dada su composición totalitaria, pueden adoptar o capitalizar.
Desafortunadamente, las tesis de la Ministra de Cultura fueron incomprendidas, hasta los argumentos “macartistas” salieron a la superficie en la activa polémica de aquella vez. Aunque no poco se logró recuperar de lo controvertido. Inmediatamente después, el proyecto de ley de nuestra Ministra se transformó en el Sistema Nacional de Radio y Televisión, que al igual que la televisión de la Universidad de Costa Rica, cuyas funciones todavía compiten con los medios privados por alcanzar las ideas y objetivos originales y fundamentales, enfrentan la desventaja de los insuficientes recursos económicos, de los cuales han sido dotados, lo cual echa a perder los intentos en darle mayor cobertura a sus programaciones cotidianas, principalmente sus inteligentes noticieros, distinguidos por el análisis y los paneles.
Al mismo tiempo, tampoco fue en vano la exposición crítica alrededor del rol de los medios de comunicación para con la cultura y la educación cívica, una crítica hasta cierto punto infértil, por cuanto todavía persiste lo reclamado en aquel entonces. Con lo dicho, distinta suerte ha corrido la ciudadanía. Durante los últimos años han proliferado de manera incontenible las producciones enlatadas, en su mayoría, cargadas de violencia, perversión y estulticia. Las que deforman y atontan, tienen el poder de diezmar la salud mental de las personas y quizás sugestionarlas con mundos irreales.
En este ritmo, resultan patéticos los noticieros transmitidos por la televisión, centrados en difundir diariamente la opacidad, los hechos delictivos y sangrientos, tipo “zona roja” y sensacionalistas, así como los escándalos llenos de morbosidad, retratando una realidad como si únicamente fuera dominada por la tragedia, el drama y la maldad; y como si los antivalores, la vida fácil y antojadiza poseen la fuerza demostrativa de superponerse sobre la belleza, la solidaridad, la fraternidad y la generosidad humanas.
Nuestro desconocimiento del derecho nos obliga a preguntarnos si, en efecto, son “bienes demaniales” o bienes de dominio público las frecuencias de radio y televisión, que, a causa del volumen limitado de ellas, pueden acarrear serias restricciones para que sean un bien privado y mercantil a favor de pocas personas físicas o jurídicas. Lo cual, paradójicamente, llega a reducir la competencia, porque se limita a la vez el número de propietarios de medios de comunicación, pues otros podrían ofrecernos algo de mejor calidad. De ser negativo nuestro cuestionamiento, entonces sería cierto que el Estado se ve completamente inhibido de ejercer un mínimo de control sobre dichas empresas, tal como lo había propuesto aquella notable Ministra en su tiempo. Mientras tanto los invito a sintonizar verdaderas industrias culturales, entre ellos, el Canal 13, el Canal de la Universidad de Costa Rica y la Radio Nacional: una manera de rendir homenaje a nuestra Carmen Naranjo.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
sábado, 14 de mayo de 2016
TURISMO PARA UN MUNDO SIN FRONTERAS.
TURISMO PARA UN MUNDO SIN FRONTERAS.
El turismo camina más lejos que una mera actividad comercial. Múltiples propiedades acarrea consigo. En él hallamos ciencia, psicología y comunicación social, relaciones internacionales, el creativo encuentro de culturas y, por supuesto, representa un sector económico suficientemente rentable y acelerador de casi todo un sistema económico nacional.
Cuando las personas deciden viajar al extranjero, o al interior de su propio país, el semblante y las emociones positivas comienzan apoderarse de su espíritu y lo transforman a la vez. Esto es porque el turismo origina paz, felicidad, incógnitas también. Mediante él hacemos imprescindible nuestro reto de encontrarnos con lo ajeno, con lo que es diferente, a modificar por unos instantes nuestra cotidianidad y convencionalismos, al contrastarlos con los hechos descubiertos, que con frecuencia impresionan.
Dependiendo de las circunstancias del sitio geográfico visitado, éste podrá darnos a conocer las raíces de nuestro pasado civilizatorio o historia nacional y personal; ya sea la evolución de nuestro presente (nada estático), que puede justificarnos o quitarnos el sueño; o bien, las realizaciones o expectativas creadas que al fin y al cabo habrán de determinar el futuro, lo que en nuestros tiempos pareciera que sí existe, dada la velocidad del conocimiento, que tiende a controlar lo azaroso, predice comportamientos y eventos, que pronostica el destino de las sociedades, sobre todo las que arrastran conflicto, y hasta los fenómenos naturales, al informarnos de las causas y efectos, relacionadas con el cambio climático.
Gente de todos los confines del planeta convergen adondequiera, a través de la práctica del turismo, primordialmente en aquellos lugares que poseen un elevado atractivo y misterio, ya sean los que dan testimonio histórico, cultural y artístico, los de interés científico, asimismo, en los destinos para la recreación y el entretenimiento. E, incluso, en los que sus particularidades de ser sociedades abiertas y libres reúnen las condiciones apropiadas para celebrar congresos políticos y académicos de cualquier índole, sin discriminaciones. Un atributo del sistema político costarricense, sobre el cual exhibe indiscutibles ventajas, para obtener réditos, frente a cualquier nación. Sabemos que, ciertamente, una buena mayoría adolece de restricciones a la libertad de expresión y de prejuicios alrededor del debate amplio.
Rara vez se registra en un ambiente cosmopolita un incidente político, religioso y étnico; nos atrevemos a pensar que entre quienes se califican como enemigos, al menos por una porción breve de tiempo marginan sus frustraciones e instintos violentos y destructivos; podría ser que allí afloren sentimientos benignos, quizás por el estímulo psicológico, que todos experimentan cuando hacen turismo, gracias a la renovación química de sus respectivos cerebros en ese instante de contactarse con otra realidad.
Resultan gratificantes los esfuerzos hechos entre foráneos, así como de estos con los nativos de tal hogar de la Tierra en lograr entenderse y comunicarse (hasta unir sus vidas), a pesar de la barrera del idioma, hábitos y costumbres, entre otros distintivos, lo cual deja de ser un obstáculo, casi siempre, puesto que el ser humano es una obra de arte, por lo que es tan capaz de salir de apuros.
A la vez, personas provenientes de regiones disímiles se protegen en las aventuras, hacen negocios y comercio, se reconocen y valoran mutuamente como habitantes de “una aldea global” - incorrectamente dividida en Estados Nacionales - , donde se tienen los mismos derechos para realizarse como persona humana, hecha para amar y convivir solidariamente.
He aquí para que “un club de amigos” como la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se decida a repensar en las virtudes (pacífistas) del turismo, que consiga democratizarlo, abaratando sus costos, con tal de que la humanidad entera
tenga acceso a una actividad que nos permite reencontrarnos con nuestro Ser Supremo.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
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