lunes, 23 de septiembre de 2013

ENTRE LÍDERES ASTUTOS.



ENTRE LÍDERES ASTUTOS.
 

A mediados de la década de 1990,  Rusia, “la Gran Madre Patria”, enfrentaba la incertidumbre total.  El colapso de la Unión Soviética pocos años atrás, en particular,  el desmembramiento de aquella inmensa federación de repúblicas multiformes, además de traumático,  llegó a ser uno de los hechos sorprendentes del pasado siglo. Sorprendente, tal vez sea el término inexacto  en tal contexto particular de la historia del pueblo ruso, por cuanto a la Revolución Bolchevique hay que reconocerle el lugar de evento revelador en la Era contemporánea.    

Aunque se  tomara demasiado en cuenta las fuentes del escepticismo, que rodeaba la sostenibilidad del imperio soviético, el cual suponía desde la década de 1980  el glasnost y la pereistroika de Mijail Gorbachov, difícilmente calzaba en las hipótesis y vaticinios de las ciencias sociales de aquel entonces,  ya fuera la caída del Muro de Berlín, emblema del bloque de naciones de la Europa Oriental, pertenecientes a la órbita de influencia de la antigua Unión Soviética), así como la imprevisible desintegración del imperio socialista, seguida de las reformas liberalizadoras de Gorbachov y de Boris Yeltsin.  Como tales llegaron a consolidarse intempestivamente, a pesar de los amagos de resistencia del Partido Comunista, pronto sofocados.  

La nación rusa, heredera del régimen soviético, careció de brújula tras la desintegración del imperio. El grosero reemplazo  de los postulados de la economía centralizada y planificada por la economía de mercado, corrían  empañados de una gran conmoción y desorden social. Había (o hay) ausencia de reglas de producción y comercialización favorecedoras de la libertad de empresa y la libre competencia.  

Al mismo tiempo  la privatización de los conglomerados de empresas públicas estuvo encubierta por prácticas de corrupción, que dieron lugar a  las nuevas élites políticas, burocráticas y empresariales, rectores de la estructura de poder semi – dictatorial y de la economía del petróleo, guiada por Vladimir Putin desde 1999.      

Los frustrados intentos de secesión de Chechenia (1994-95), esta reprimida ferozmente  por las fuerzas militares al servicio de Yeltsin, le causó un severo desprestigio internacional a Rusia. Con altibajos la represión contra los chechenos, poseedora de voluminosa población islámica,  sigue siendo un riesgo inherente, a menos que el Kremlin se decida a conceder la independencia de ese territorio. Algo improbable todavía, puesto que el control ruso de los oleoductos que  lo atraviesan, llega a ser el factor primordial, obstaculizador de la autodeterminación de Chechenia.   

En 1997 arribó a la Cancillería costarricense un espigado y elegante diplomático ruso. Era innecesario  especular sobre la inteligencia de aquel hombre de ancestros armenios, pues le brotaba por todos los poros.  Más aún, desde 1994  el Presidente Yeltsin hubo de confiarle la conducción de la Misión Permanente de Rusia ante la Organización de las Naciones Unidas, justamente, cuando a su gobierno le correspondía presidir transitoriamente el Consejo de Seguridad de la ONU.   

En el periodo de 1997 – 1998 Costa Rica ocupaba por segunda vez un puesto no permanente en ese Consejo, lo cual hizo posible que Serguéi Lavrov, el diplomático citado líneas arriba, solicitara un diálogo directo con el señor Fernando Naranjo,  el brillante Canciller costarricense de ese entonces, a fin de coordinar posiciones sobre hechos de la realidad internacional que ocupaban la plena atención de la ONU. Sobre todo,  Lavrov aprovechó el diálogo para aclarar el curso de acción y las reacciones de su gobierno frente a los rebeldes chechenos, catalogadas de excesivas por la comunidad internacional.

Al hacer comentarios sobre la cuestión de Chechenia, nuevamente el inteligente y previsor diplomático extranjero, con el poder de su razonamiento lógico y seguridad personal, logró en el diálogo con el Canciller Naranjo aliviar  la ansiedad que le originaban las turbulencias políticas del “Oso ruso”, incluidas  las vicisitudes de su país en su enfrentamiento con los rebeldes, hervidero de pérdida de prestigio.  Por aquellos años era difícil tomar en cuenta la tesis de Lavrov acerca de la amenaza del fundamentalismo islámico, enraizado en Chechenia, tanto para Rusia como el Occidente.

El tiempo le dio la razón al prestigioso diplomático ruso, a la vez un asiduo estudioso de la historia y de la política del Medio Oriente.  Consciente de los intereses de las fuerzas políticas y religiosas de esa región, seguro que Lavrov ha sido el arquitecto del excelente y más reciente acuerdo ruso – estadounidense sobre el desmantelamiento del arsenal químico sirio, el cual sirvió para contener, por ahora, el ataque militar contra la convulsionada nación árabe.  Todo ello, nos hace recordar a nuestro Don Gonzalo Facio Segreda, también Canciller costarricense, pues aseveraba que “el pueblo ruso era de los más inteligentes del mundo”;  Facio dijo que nunca se arrepintió de aprobar la apertura de la Embajada de Rusia en San José, a inicios de la década de 1970.  

Enseguida hablemos de la próspera Alemania.  Sin la convicción de que existen genuinos líderes la política pierde valor y encanto. Originaria de la antigua Alemania Oriental totalitaria, la alemana Ángela Merkel es simplemente grandiosa. Hace notoria diferencia con ese tren de mandatarios, políticos y burócratas europeos tramposos, despilfarradores, faranduleros,  peleles e ineptos, que al lado de ciertos grupos de presión, entre ellos empresarios, banqueros, “chulos” sindicalistas, merodeadores de prebendas y privilegios, llevaron a la ruina económica  tanto a sus países como al bloque común y la zona euro. 

No es de extrañar que la figura recia, disciplinada y metódica de la reelegida  gobernante alemana provoque ampollas en los pies de tales estructuras corporativas, para quienes el sentido del concepto, relacionado con la “austeridad en las finanzas públicas”, conciliado con crecimiento y el desarrollo económico, está demasiado lejos de la impericia de los gestores de la recesión, los activos tóxicos, el incremento de la deuda y el gasto público desmedidos.

Parte de estos últimos vicios, transferidos a las jaurías de  demagogos, populistas y dicharacheros, visibles en todo el mundo en desarrollo, incluida América Latina, en donde ignoramos que una buena política de solidaridad social es una correcta y responsable gestión económica, conexa al buen gobierno. Sobre este particular,  Merkel imparte lecciones gratuitas.   

Ronald Obaldía González (Opinión personal)

martes, 10 de septiembre de 2013

CAUTELA EN SIRIA.

CAUTELA EN SIRIA.
 
Frente a  las dramáticas guerras y desastres humanitarios que envuelven a Siria y Egipto en el Oriente Próximo, así como la reanudación del terror en Iraq, nada raro resulta que de la retórica diplomática se suprimiera, por ahora,   el postulado de la “no intervención en los asuntos internos de los Estados”.
Invocado y manipulado cínicamente por siniestros  personajes, entre ellos,  el tirano iraquí, Sadam Husein,  a efecto de defenderse en su momento de los ataques militares de los Estados Unidos de América;  luego el dictador Robert Mugabe en Zimbabue lo hizo su principal herramienta, aunados a los fraudes electorales, que constituyen la  vía idónea en su objetivo de perpetuarse en el poder.
Al  igual  que le ha resultado efectivo al totalitarismo cubano  en cinco décadas, el desaparecido Hugo Chávez,  estridente difusor del postulado, lo trastocó para blindar al bloque de naciones del ALBA de “la injerencia imperialista”, lo cual posibilitó la prolongación de los amañados mandatos presidenciales y el menosprecio de los derechos humanos.
En cambio, los diferentes bandos enfrentados en el doloroso baño de sangre, caos y desorden en Siria, así también en Egipto, excluyeron  el principio de “la no intervención”.   Lo  abandonaron de la retórica:  sea el  Gobierno de Vladimir Putin en su  rol de principal sostén internacional del régimen de Bachar el Asad,  así como    los sectores que alientan la  incursión militar de los Estados Unidos de América, en cuenta  la Liga Árabe,  la oposición militar, el islam político, representado por los Hermanos musulmanes, los salafistas, al Qaeda, etcétera.    
El objetivo de los enfrentamientos entre dictaduras militares y el Islam político, además de los correspondientes  aliados,  recae  en reconquistar el dominio de Oriente Próximo, de ahí la razón de las revoluciones y las contrarrevoluciones, que nos transmite la televisión;  en donde todos    hacen del otro principio del derecho y la responsabilidad de  proteger las víctimas de la guerra   una  burla o un mero adorno diplomático.   
Al mismo tiempo,  una especie de surrealismo  desdibujado tiende a generar mayores  confusiones e incertidumbres en esa zona de conflicto. 
Resulta inexplicable que los  Estados Unidos de América, que intenta mantener su influencia en la región  embistan por un lado en Pakistán y en Yemen contra destacados activistas de Al Qaeda; por otro, los misiles Tomahawk norteamericanos se preparan  para golpear en Siria al régimen de Bachar el Asad, enemigo también de esta organización terrorista  (Ignacio Cembrero, 2013),  que a la vez ejerce notoria influencia en los jihadistas,  salafistas y la Hermandad musulmana del Medio Oriente. Todos ellos tan antioccidentales y enemigos de Israel, capaces de impedir  en todos sus extremos una solución política en Siria, Egipto, Libia, Túnez,  e Irak al estilo del liberalismo  contemporáneo. 
La hipótesis de trabajo la expone  en uno de sus artículos el brillante exministro alemán de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, al señalar que la única opción para los bandos en pugna es obtener dominio y control totales;  pero ninguno de ellos  tiene ni la más remota idea de cómo modernizar la economía y la sociedad de sus países, paralizados por el oscurantismo religioso y las estructuras sociales cuasi medievales, defendidas por las sectas de al Qaeda y por algunas monarquías del Golfo, específicamente Arabia Saudita.  
Según Fischer, “gane quien gane” en las zonas de conflicto del Oriente Medio, volverán a prevalecer el autoritarismo y el estancamiento social y económico, o quizás el radicalismo islámico de recuperar el poder en Egipto, o bien los sunitas en Siria.    
El supuesto triunfador lo  que hará “en última instancia será guiarse por sus intereses, no por sus principios”.  Asimismo, desde el ámbito externo,  los Estados Unidos de América – deseoso de expulsar de Siria al Irán teocrático y nuclear - ,    al  igual que  Rusia, cuyo enemigo, tanto para Washington,   es el fundamentalismo islámico,  están lejos de poseer como interés vital el resurgimiento social y económico de un Oriente Medio, basado en los principios  de la libertad y la justicia.
Un posible ataque (“pequeño y limitado”)  contra Siria va más allá. El principio de no intervención como tal  posee escasa fuerza, como para contener tales ímpetus.   Más bien,  Israel y varios sectores estadounidenses  esperan que una arremetida militar  a Damasco sirva también de advertencia al régimen de los ayatolás, que mantienen  en marcha su proyecto  nuclear, pese a las sanciones internacionales.  El mensaje de Irán es que  "EE UU está equivocado respecto a Siria y es seguro que sufrirá, como en Irak o Afganistán".
Estados Unidos de América intenta evadir  la tarea de ser la última fuerza de orden en Oriente Próximo. Ya se autoexigió y se sobrepasó  en Afganistán e Irak, por lo que  “tiene por delante un recorte de gastos en el frente interno, de modo que está en retirada y no hay otra potencia que lo reemplace”.  Las credenciales rusas en relación con Chechenia son nefastas, tal que ello la aleja de la posibilidad de relevar a Washington y Europa en el Levante, al cabo que Vladimir Putin es rechazado por los sunitas, sobre todo,  que junto al Irán y el Hezbolá, ambos  chiitas,  sostienen  con armamento al presidente sirio.    
En medio del escepticismo y de la devaluación del principio de la no intervención, la Casa Blanca y Moscú se acercan en estas últimas horas a un arreglo en torno a la situación siria.  El déspota El Asad, según el acuerdo en ciernes,  se  comprometería a  entregar todas y cada una de sus armas químicas a la comunidad internacional a lo largo de esta  semana.
Hasta ahora la reacción de Damasco ha sido favorable a la fórmula ruso – estadounidense. Ban Ki-Moon, ha ido más allá y ha indicado su disposición a crear "zonas seguras" en Siria, donde las armas químicas puedan ser depositadas y destruidas. 
Mientras tanto, los rebeldes y la oposición, que también  cometen  abusos espeluznantes y ha fabricado sus propias guerras internas, dudan absolutamente de la credibilidad y de la sinceridad del  régimen  sirio para llevar a cabo el acuerdo de eliminación de tales armas. Esto último dista de incomodar a Rusia, interesada al máximo  en esta propuesta que comparte con Washington, lo cual interpreta como  “una oportunidad para su aliado sirio”, en tanto que el desprestigio de los rebeldes, los lleva a ser calificados como una alternativa peor que El Asad.
Lo explica bastante bien el analista de Reuters S. Karpukhin al citar que el secretario de Estado de EE UU, John Kerry, ha entregado una tenue cuerda de salvación al presidente sirio, Bachar el Asad, para evitar el ataque que prepara el Gobierno de Barack Obama.
Sin embargo, teniendo presente esta nueva perspectiva de solución al caso sirio, tal vez sería oportuno y  significativo que los estadounidenses e  Irán celebren  negociaciones  sobre la cuestión nuclear tras la victoria del moderado  Hassan Rohaní en la elección presidencial persa.  Este factor  es sustancial en la crisis del Medio Oriente.
Eso sí,   ya es hora que  Alá  sea más piadoso y misericordioso, imponiendo su voluntad  en esa desdichada región árabe - islámica, a la que África le arrebató el lugar del purgatorio.
    
RONALD OBALDÍA GONZÁLEZ   (OPINIÓN PERSONAL)

lunes, 2 de septiembre de 2013

EL VICEPRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA, DON JOSÉ MIGUEL ALFARO RODRÍGUEZ (1978 - 1982)

Cancillería expresa sentidas condolencias ante fallecimiento de exVicepresidente José Miguel Alfaro, un gran centroamericanista.

02/09/2013 11:43 AM

El Ministerio de Relaciones Exteriores expresó hoy la consternación y profundos sentimientos de pesar por el fallecimiento del Vicepresidente de la República (1978-1982), José Miguel Alfaro Rodríguez, uno de los mayores impulsores de la integración centroamericana y hasta muy recientemente un notable colaborador de la Cancillería en sus relaciones con Centroamérica.

El Ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Castillo, la Vicecanciller Gioconda Ubeda y el Viceministro Administrativo, Luis Fernando Salazar, extendieron sus respetuosas condolencias a los familiares del señor Vicepresidente Alfaro.

Hasta hace muy pocas semanas, el exVicepresidente Alfaro se mantuvo colaborando con la Cancillería para lograr una modernización y eficiencia del Sistema para la Integración Centroamericana (SICA), como parte de la una serie de reformas que Costa Rica propuso durante la Presidencia Pro Témpore del Sistema.

“Su contribución fue notable”, recordó el Ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Castillo, que agradeció el compromiso y entrega de don José Miguel Alfaro, un “ilustre jurista” a la causa centroamericana.

“Es una dolorosa pérdida para Centroamérica, que encontró en don José Miguel Alfaro uno de los baluartes del derecho comunitario y de la causa de la integración”, dijo hoy la Canciller a.i, Gioconda Ubeda.

La Vicecanciller Ubeda, quien fue Comisionada Nacional del Plan Puebla Panamá (actual Proyecto Mesoamérica), recordó que durante ese período, don José Miguel Alfaro se desempeñó como Comisionado Adjunto.

En Cancillería le recuerdan su don de gentes, su abierta disposición de colaboración, su gran sensibilidad social, así como por su conocimiento, entrega y compromiso con la integración centroamericana.

Don José Miguel Alfaro Rodríguez, se graduó de abogado por la Universidad de Costa Rica, donde también fue profesor de la Escuela de Derecho y, en 1965, fundó la Cátedra de Derecho Comunitario Centroamericano, que desempeñó por varios años.

También se desempeñó como profesor en la Universidad Nacional en San Salvador y fue conferencista o profesor invitado en la Universidad Para la Paz y en universidades de Guatemala, El Salvador y Honduras. Conferencista u orador en eventos internacionales en Argentina, Estados Unidos de América, Alemania, Bélgica, Brasil, República de China en Taiwán, Japón, Centro América.

Asesor legal de la Cámara de Industrias de Costa Rica y de la Federación de Cámara de Industrias de Centroamérica (FECAICA).

Participó activamente en la negociación y formulación del Tratado que creó la Universidad para la Paz. Fue miembro del Primer Consejo, del Board of Trustees y miembro de la Fundación de Amigos de la Universidad Para la Paz.

Entre otros cargos que desempeñó a lo largo de extensa carrera, fue Coordinador de la Comisión Centroamericana de Juristas de la Integración y miembro de la Comisión ad hoc para el Replanteamiento del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA).

Fue consultor para los ministerios de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior (COMEX), Hacienda, y de Salud Pública, y en el plano regional, prácticamente para todos los órganos de la integración, entre ellos: la Secretaría General, la Secretaría General del Sistema de Integración Económica (SIECA), la Secretaría de la Coordinación Educativa y Cultural Centroamericana (SG-CECC), la Secretaría del Consejo Agropecuario Centroamericano (SG-CAC), la Secretaría del Consejo Monetario Centroamericano (SG-CMCA), el Instituto Centroamericano de Administración Pública (ICAP), y el Consejo Universitario Centroamericano (CSUCA), entre otros.

Fue Magistrado Suplente de la Sala Tercera (1991-1995) y de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (1997-2001,2001-2005), Concejal Externo del Consejo Universitario de la UNED para el período 2007-2012 y Presidente del Instituto Centroamericano de Extensión de la Cultura (ICECU) de 2011 a 2013.

Comunicación Institucional

(2762 Fallece José Miguel Alfaro)

Lunes 2 de setiembre 2013.

viernes, 30 de agosto de 2013

SIRIA, SECTARISMO Y PULSOS DE PODER.


SIRIA, SECTARISMO Y PULSOS DE PODER.


Días atrás un afamado escritor destacó que la única solución existente en Siria es prevenir mayor derramamiento de sangre.  Resulta difícil encontrar una vía racional en la guerra civil, determinada en su trasfondo por matices religiosos.  
El mal menor, el presidente  Bachar el Asad (chiita – alawita) con el respaldo de Irán, la organización chiita   Hezbolá,  así  como de Rusia y aún  la China Popular, en la guerra que lleva dos años,  ha conquistado contundentes victorias contra los rebeldes,   que agrupa a  yihadistas de al Qaeda, islamitas independientes  y laicos del  Ejército Libre Sirio. Lo último,  un bloque heterogéneo,  “sus socios” compiten internamente,  al cabo que algunas fracciones de rebeldes  se baten en retirada.

En el mundo árabe musulmán  está generándose  un  conflicto entre dos arraigadas fuerzas históricas: la religión y el laicismo, complejidad superada  en Occidente, aunque llevara  siglos en resolverse. El futuro del Oriente Próximo árabe se definirá, a su modo peculiar,  en situación de alta polarización,  entre los insurgentes suníes de Siria, apoyados en toda la región por Qatar y los wahabíes saudíes, éstos patrocinadores del fundamentalismo religioso (Shlomo  Ben Ami, 2013);  y por otra parte,  el régimen laico  nacionalista  Baas de el Asad, enemigo  del fundamentalismo e integrismo islámico y de Occidente también, pero aliado de Rusia, favorecida por los sirios al permitirle en sus aguas del Mediterráneo la presencia de bases militares navales.     

Hubo por allí la tesis de que a Occidente le faltó en el pasado olfato y agallas para acercarse al régimen de Bachar el Asad, perteneciente a la denominación alawita, más laica y distante del fundamentalismo sunita. Perfectamente, se pudo haber fraguado la separación del poder del mandatario déspota, manteniendo intacto el control alawita sobre Siria, cuya moderación le ha permitido siempre cohabitar con las otras minorías étnicas sirias, principalmente con los cristianos, kurdos y drusos.

A pesar de los altibajos, traducidos en sangrientos enfrentamientos,  como experimento la  cohabitación entre cristianos y musulmanes se reprodujo  en el Líbano, sobre todo en la fase intermedia y última de la ocupación del ejército sirio, que en la nación, heredera de la cultura fenicia, se  impulsó.   De modo que Siria se ha comportado de manera distinta al Irán, Arabia Saudita,  o al propio Egipto, allí  los cristianos coptos han sido objeto de persecución por extremistas árabes, particularmente los Hermanos Musulmanes.

Siria posee un ejército poderoso, agotado ahora por la guerra contra los sunitas y sectas de al Qaeda. El reciente ataque con armas químicas es “real”, basado en hechos, representa un crimen atroz. Esas palabras son parte de las calificaciones dadas por John Kerry, el Secretario de Estado de los EEUU, quien señala al gobierno de el Asad como el responsable del uso de las mortales armas. Hace justamente un año, Barack Obama declaró que el uso de armas químicas en Siria era una “línea roja”,  que determinaría una intervención estadounidense.  

A la vez hay que destacar que los rebeldes sirios han empleado el gas sarín. Ellos además de provocar terror en la población,  no pocas dudas causan sus despropósitos políticos de instaurar un Estado teocrático en Siria, como lo demanda el Islam,  intento frustrado, meses atrás,  por los militares de Egipto al derrocar al gobierno de Morsi.     

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas se ha abstenido de conceder el aval para un ataque militar, en este instante, contra el ejército sirio, plan dispuesto a ser ejecutado por los Estados Unidos de América. Todo pareciera indicar que en efecto las operaciones tendrán lugar  en pocos días, o horas. Mientras tanto, Rusia poderosa aliada de Damasco, pidió a la comunidad internacional y a la oposición siria que deje a los expertos de las Naciones Unidas hacer su trabajo de inspecciones en el terreno para evitar que se repita la aventura de Irak, donde al final se comprobó la inexistencia de armas de destrucción masiva.

Estados Unidos de América, junto con Gran Bretaña y Francia, tal vez Alemania dan muestras de pasar por alto a las Naciones Unidas en torno a una posible acción militar limitada en Siria. Con cierta indiferencia han valorado los rechazo de Rusia y la moderación China, socio “ecopetrolero” sirio.

Sin embargo, Irán, aliado del régimen sirio, amenazó de que si Estados Unidos de América atraviesa “la línea roja” en Siria habrá duras consecuencias, las cuales se extenderán a Israel.  En este orden, la Casa Blanca tiene bien medidas las histerias de los Ayatolas iraníes, sabe que ese comportamiento es intrínseco a su política exterior.

La mejor comprobación radica en las reiteradas amenazas y “juegos de guerra” por  parte del régimen de Irán de que pudo antes haber cerrado el estrecho de Ormuz, por el que pasa un 18% del crudo que se consume a nivel global. Las tales amenazas se diluyeron rápidamente,  apenas palparon que los estadounidenses reforzaron en su momento su presencia militar en el golfo Pérsico con portaaviones y un grupo de destructores, capaces de aniquilar cualquier arremetida.

Con 100.000 muertos y casi dos millones de refugiados, el conflicto sirio se ha convertido en un laberinto cada vez más oscuro y peligroso. Las peores pesadillas y augurios se han cumplido (El País, España). Hace dos años y medio, Siria era parte del dominó de la primavera árabe. Hasta ahora se transformó en  “campo de batalla” de la guerra regional entre suníes y chiíes, cuyos hilos mueven Irán, Turquía,  Arabia Saudí y Qatar, fuerzas políticas a quienes es inútil plantearles sensateces, tal que favorezcan planes de paz, la instauración de la democracia y el respecto a los derechos humanos.

Los decididos y francos entendimientos entre Estados Unidos de América y Rusia podría ser la ruta conveniente, que pueda impedir en las próximas horas un ataque militar contra puntos militares estratégicos  sirios. Lo cual pareciera improbable a estas alturas. Las relaciones entre ambas potencias se han tensado por asuntos adicionales y sensibles, tales como el asilo otorgado por Moscú al prófugo excontratista de inteligencia estadounidense Edward Snowden y la condena del opositor ruso Alexei Navalny, repudiada por Washington.

Así entonces, lo retrató correctamente el Editorial del diario El País español: “Siria es un infierno sin, de momento, puerta de salida”. De todas formas, al mundo árabe no se le puede pedir imposibles.  

RONALD OBALDÍA GONZÁLEZ (OPINIÓN PERSONAL)

 

 

 

martes, 20 de agosto de 2013

AL COMPÁS DEL SOMOCISMO.

AL COMPÁS DEL SOMOCISMO.

Los pseudosandinistas han tenido el mérito de “anclar  a Nicaragua en el pasado”. Lo seguido representa apenas modestísimos  pasos hechos  en materia de desarrollo económico y sosiego. Tal vez,  se le pueda  reconocer a ese país el descenso, en cuanto a la  eliminación de  opositores y  desertores políticos, a la manera de las prácticas del  largo periodo del somocismo, el  régimen gemelo del actual. 
Sin embargo,  aquella tragedia se invirtió a partir de la década de 1990  en éxodos de emigrantes, desarraigados de su patria natal, encadenados  al   histórico e inalterable paquete (genético),  psico – social de atraso, ignorancia,  empobrecimiento y  contrastes, el cual continúa vivo en una sociedad desintegrada y ayuna de cohesión social.   
Así también, han crecido  allí los índices económicos y el empleo, señalados logros de  la propia dinastía somocista, pues la economía funcionaba en aquel contexto,  salvo los índices de desarrollo humano,  lejos de  engañar  todavía, por cuanto  colocan a Nicaragua al lado de las naciones del África Subsariana en lo que respecta a extrema pobreza, corrupción galopante y fragilidad institucional.
Ortega y su gavilla   copian  las maldades y la insania del somozato. Los rasgos dinásticos – al parecer uno de los hijos del mandatario es entrenado  para recibir el trono  -  ,  así como  los disfraces de una dictadura en curso, sostenida sobre la base de la compra de mayor armamento para infundir temor.  
Asimismo, cobra auge el saqueo nacional, la venta descontrolada  de los recursos naturales del país a compañías extranjeras de dudosa reputación, particularmente los  proyectos que castigarán  el medio ambiente, ya sea, la supuesta construcción del canal que atravesará el lago Cocibolca, esto último bien explicado por Pedro J. Chamorro en uno de sus escritos.  Al mismo tiempo que saltan  los desmesurados  planes  petroleros, cedidos a compañías extranjeras.  
Todo ello es suficiente para ubicar en un mismo rango a  la dinastía somocista y a  la diseñada por el matrimonio Ortega – Murillo y sus hijos, más  los parientes de los  comandantes guerrilleros de la Revolución de 1979, mamíferos del estatus  pseudosandinista. 
El partido Conservador de la época de los Somoza es ahora la desactivada oposición nicaragüense, una mayoría de ella  alelada, dúctil y maleable frente a los sobornos del gobierno de Ortega.  Excepto, quizás,  la débil fracción  desertora  del Frente Sandinista de Liberación Nacional ( FSLN),  víctima de  las  trampas y las manipulaciones del sistema electoral, ampliamente desacreditado, al igual que en la era del somozato;  este  experto en la organización de elecciones ficticias,  labor clave en la sobrevivencia  de la vieja tiranía, hoy “en proceso de reingeniería”.
Los ataques verbales del pseudosandinismo contra Costa Rica,  y contra la  propia Colombia, están bien calculados. En ellos  habrá de  emplearse siempre los desgastados  fetiches, tal como  la defensa del río San Juan; las conquistas territoriales y marítimas mediante los litigios internacionales; o se apelará  a la sensibilidad religiosa,  combinando postulados del cristianismo y las pasadas hazañas  del Frente Sandinista,  lo cual viene respondiendo  a la táctica de Ortega de “atontar al pueblo”,  y así  conservar el poder  indefinidamente, su máximo objetivo. 
Como sea, esto implica realzar la falsa  moral nacional,  un distractor bastante útil,  para ocultar el grave déficit de  bienestar y equidad social, el cual condena a los nicaragüenses a emigrar a Costa Rica, El Salvador y los Estados Unidos de América.
A pedido de su hermano, Humberto Ortega,  el actual revisionismo somocista, hace intentos por alejarse del lenguaje anti-imperialista de la Guerra Fría, pues la segunda táctica es la apropiación y la remodelación del nuevo Estado, gestor político y socio del sector empresarial.
Éste condicionado a abstenerse de cuestionar el dominio y el control ejercido por el pseudosandinismo en la sociedad nacional, incluidas  sus alianzas internacionales, particularmente   “el chavismo” venezolano,  del cual ha extraído jugosa cooperación y asistencia. De este modo, sobrevivió la vieja dictadura somocista al amparo de la cooperación estadounidense;   nuestro amigo grande que  paradójicamente le llena además los bolsillos a la soldadesca nica, que invadió la isla Calero del territorio costarricense.  
Las condiciones externas e internas para el  neo - somocismo nicaragüense son favorables en dirección a  prolongar su poder. Así por ejemplo, el antiguo somocismo enfrentó el riesgo intrínseco  de la guerrilla izquierdista, que al final lo tumbó, con el respaldo incondicional de las democracias y la izquierda latinoamericana. En cambio el  neo -  somocismo,  sinónimo de pseudosandinismo,  carece de tal enemigo interno que pueda tambalearlo.  
Por otra parte, difícilmente habrá un poder extranacional,  promotor de aventuras golpistas contra algún régimen nacional ajeno a sus intereses, como lo representó el eje cubano soviético, el cual colaboró de manera precisa para el derrocamiento de la familia  Somoza.
No sobra hacer referencia acerca de  la indiferencia y falta de valor,  lo cual se ha apoderado de algunos agentes del sistema interamericano, que le han allanado el camino a las fuerzas antidemocráticas, injerencistas y demagógicas, entre ellos,  los aliados en la región del  pseudosandinismo;  todos juntos, que han impuesto las reglas del juego en el debate diplomático y  manipulado  la agenda hemisférica.
 Entretanto,  ha habido un silencio cómplice frente a varias vicisitudes:  el fraude en las pasadas elecciones de Venezuela, el sainete del consejo electoral nicaragüense,  la carrera armamentista en los países del ALBA y la ausencia de denuncia frente a los atropellos del totalitarismo cubano, el asesinato de Oswaldo Payá, todavía rodeado de misterio.  
Lo anterior citado,  marca diferencia con  la  presteza  y la agresividad con la que se actuó contra el Paraguay y Honduras – los patitos feos del sistema -   donde el cinismo,  la hipocresía y la falsedad sobresalieron  en la Organización de los Estados Americanos (OEA)  y otros mecanismos de integración regional. Aquella vez,  faltos de autoridad moral para condenar  la alteración democrática  en  ambas naciones, reacias también a seguir los pasos del frente chavista del  sistema interamericano, en estos momentos desprestigiado, omiso  e inoperante.
Los factores de riesgo han quedado descartados  en el contexto de la supremacía del pseudosandinismo en Nicaragua.  Causa pesar el comportamiento peregrino de  los Estados Unidos de América, cooperante de  ayuda militar de  la guardia pretoriana de la familia Ortega.  Aunque la Casa Blanca ni siquiera se ha dignado en pronunciarse a favor de Costa Rica frente a la hostilidad y  las provocaciones  neosomocistas de Nicaragua.
Por eso,  habrá  pseudosandinismo para largo rato, puesto que el régimen,  además de  haber operado satisfactoriamente los recursos de control social domésticos, convive con un clima  internacional, favorecedor  de la vigencia de las naciones del ALBA, en cuenta el  gobierno de Ortega.  Al cual por cierto, se le debe abonar  su habilidad para distribuir entre gente pobre, los residuos del saqueo nacional habido, a fin de ofrecer la  imagen de “un régimen pacífico, solidario, socialista y cristiano”;  un recurso demagógico, del que fue incapaz de poner en práctica la primera generación del somocismo, sostenido a puro plomo,  lo cual causó la estrepitosa caída a manos de su clon,  el pseudosandinismo.
Con todo, hay ligeras diferencias entre ambos estilos de somocismo respecto a la naturaleza de sus  relaciones con Costa Rica.  Tanto Somoza l, como Somoza  ll y lll  se abstuvieron de librar discusiones irracionales y de mala fe en materia de delimitación fronteriza con nuestros gobiernos.  La pesadilla de ellos consistió  en visualizar nuestro  sistema democrático y régimen de bienestar social, empleado como estandarte por sus opositores  nicaragüenses, quienes siempre presionaron por  la caída del criminal régimen.
Expresamos líneas arriba que en el horizonte el pseudosandinismo se siente imperturbable. Sus relativos  triunfos frente a Colombia en las Cortes Internacionales le dan cabida a las exaltaciones irracionales y chovinistas. Le dan chance a infundir un tipo de  autoestima ficticia, digerida, a bajo costo y  sin menor esfuerzo,  por la mayoría de nicaragüenses, gracias a la propaganda y “las coreografías” nacionalistas del mandatario Daniel Ortega y su excéntrica esposa.    
Al contrario de las causas que originaron  la pasada guerra contrarrevolucionaria de la década de 1980, los Estados Unidos de América pasan inadvertidas tales estridencias propagandísticas.  Porque sus compañías  petroleras  están siendo convidadas, esta vez,  en los negocios, derivados de   la renovada piñata de los energéticos, extraídos del mar  Caribe nicaragüense;  por ahora,  los negocios entre la élite  pseudosandinista y  los empresarios estadounidenses corren con la debida normalidad.
Eso sí, Costa Rica debe reconstruir una red de aliados democráticos dentro de la región y fuera de ella,   para enfrentar la dictadura pseudosandinista.  De este modo,  se procedió antes  para cooperar con los sectores democráticos latinoamericanos en el derrocamiento de la familia Somoza, ésta tentada, varias veces,  a invadirnos en el  punto álgido de la guerra civil de 1979.  
El Gobierno de la Presidenta Laura Chinchilla ha hecho excelente tarea en denunciar de manera tajante a la dictadura pseudosandinista, particularmente sus  atropellos y las  amenazas contra nuestra soberanía y territorio nacional.  Las  acusaciones argumentadas de nuestro Gobierno, expuestas en las diferentes esferas políticas y jurídicas internacionales, han  ser los únicos e inteligentes recursos, siempre a la disposición,  compatibles con  nuestra civilidad, convivencia democrática,   tradición ética y fuerza moral,   para defendernos  de los ataques maliciosos de un gobierno enemigo y paria,  cuyas ofensas pueden convertirse en  bumerán contra su alma depravada.  


Ronald Obaldía González  (Opinión personal)   

miércoles, 7 de agosto de 2013

ADEMÁS DE MONTEVERDE.


ADEMÁS DE  MONTEVERDE.

La integración ha llegado a ser un concepto fáctico, o mejor dicho una irreversible  realidad en Costa Rica. Quizás más de lo que suponemos. Repentinamente, nuestro país se ha integrado al mundo y éste a nosotros.  Basta con acercarse a determinadas regiones geográficas, para percatarse de los cambios demográficos, tal como en los otros factores de la sociedad nacional.     

Así por el estilo, lo comprobamos a través del dinámico esquema de economía abierta, escogido décadas atrás, el cual habilitó a la producción doméstica a diversificar la esfera de sus exportaciones hacia múltiples destinos. Simultáneamente, abrió sus fronteras a la importación de bienes y servicios, así como atrajo inversiones directas de calidad, entre otras, las compañías de alta tecnología, las empresas de servicios, la agroindustria; incluidas, más recientemente, la absorción de conocimiento, basado en la investigación e innovación científica.   

Costa Rica sobrepasa cada vez los límites conceptuales de la integración. Nadie tiene que dar lecciones aquí en esta materia. El Estado y el sector privado con fina visión la han remodelado y adaptado a los desarrollos e intereses de la estructura productiva; al mismo tiempo que ha gravitado en divisiones regionales específicas.

La integración  la interpretan y la concretan a su manera no pocos costarricenses emprendedores en el medio de la actividad del turismo.  Ellos la capitalizan y hacen verdaderos milagros, inadvertidos con frecuencia por el resto de la población.   

Nos hemos encontrado lugares como Monteverde de Puntarenas, rodeado de reservas y parques naturales, cuya riqueza biológica es fuente de atracción tanto de miles de turistas, provenientes de todas las latitudes del mundo, como de científicos foráneos; en tanto que la Universidad de Georgia (EEUU) tomó la decisión de instalar allí una estación experimental.   

Santa Elena, la cabecera de Monteverde, es una diminuta, pero moderna ciudad,  enclavada en la frondosa selva tropical lluviosa de la cordillera del Guanacaste, donde construyen sus vidas aproximadamente cuatro mil costarricenses y un poco más de mil extranjeros, entre ellos, holandeses, alemanes, franceses, estadounidenses, judíos, asiáticos, canadienses, etcétera.

Por ese encuentro intercivilizatorio en Costa Rica abogaron los liberales nacionales del Siglo XlX y del Siglo XX. Asimismo, los presidentes Calderón Guardia, Otilio Ulate y José Figueres reconocieron los aportes significativos que resultarían  de una inmigración de tales procedencias geográficas.    

Sobre lo antes dicho, hay categóricos antecedentes. Los primeros en llegar a Monteverde, fueron los cuáqueros a mediados de la década de 1950. Los cuáqueros son una sociedad religiosa cristiana, con raíces anglosajonas, quienes hicieron causa común con costarricenses, provenientes de Miramar y de Alajuela; todos juntos,  levantaron  una autosuficiente y próspera comunidad, cuyos ingresos se derivan de la agricultura, los servicios y del turismo, especialmente.  

El ambiente psicosocial  transnacional de la región que nos ocupa, es una amplia reserva de conocimiento y de progreso educativo, abierta a la diversidad y la cooperación intercultural. Las novedosas corrientes migratorias se diferencian sustancialmente de las causas y los efectos, que revisten por ahora las  inmigraciones de nicaragüenses y refugiados hacia nuestro país. Estos últimos flujos, generadores de limitantes y síntomas complicados, que no necesariamente apuntan a la cohesión social, menos aun, a la reasignación de los recursos nacionales hacia la creación de mayor valor, en cuanto a producción de conocimiento y modernización de la economía.   

Así también, resulta innecesario clasificar a Monteverde como rural o urbano, en razón de la elevada calidad de los servicios públicos, ya sean los de electricidad, agua potable,  internet, servicios bancarios,  la estructura hotelera, el transporte público,  los restaurant, las viviendas, el ornato y aseo, la seguridad,  los centros educativos (públicos y privados), la sede regional de la Universidad Estatal a Distancia, la agricultura orgánica, todo lo cual  facilita el ambiente de los negocios, la plusvalía y el aumento  de los pequeños capitales.

Tampoco se crea que los costarricenses representan la parte subordinada del  desarrollo sostenible y de la integración, lo cual coloca en línea de progreso a los habitantes.  La apropiación social equilibrada de los recursos, en especial de la tierra, es de los rasgos determinantes de Monteverde, por lo que la pobreza es casi inexistente.

Ahí las grandes extensiones de tierra están destinadas a  la práctica de los deportes extremos o de aventura, generadores de cuantiosos ingresos, transformados en ganancias para los múltiples  pequeños y medianos empresarios, encadenados a tales atractivos turísticos y al comercio activo.

Los pioneros del singular esquema de integración real, han entrado en desacuerdos en torno a la conveniencia del mejoramiento o no de las tres carreteras alternativas, que permiten el acceso a Monteverde. La razón de los desacuerdos en cuanto a elevar el estado de la infraestructura vial no es por la falta de arrestos de los pobladores.

Más bien tienen sus raíces en las particulares filosofías de vida de los grupos étnicos, que allí solidariamente conviven. A la vez, la preocupación central es la posible llegada de intrusos, en caso de ser asfaltadas las vías, pues esto conlleva un precio a pagar, como en cualquier proceso de integración:   la incertidumbre originada por eventuales moradores, incapaces, tal vez, de corresponder a las responsabilidades, consensuadas en la diminuta aldea global del Pacífico costarricense. Lo cual quiere decir que la disciplina es consustancial a la integración.

Ronald Obaldía González  (Opinión personal)    

martes, 30 de julio de 2013

El Embajador Javier Sancho Bonilla escribe: "Desafortunadas imprecisiones sobre Costa Rica".

Artículo del señor Javier Sancho Bonilla, Embajador de Costa Rica en Nicaragua.

Desafortunadas imprecisiones sobre Costa Rica

Al celebrar el 189 Aniversario de la anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, De la Patria por nuestra voluntad, es necesario aclarar algunas imprecisiones que hace pocos días hizo el señor Fabio Gadea Mantilla, donde cuestiona la forma como se llevaron a feliz términ...o las diferencias territoriales entre ambos países.

El respeto por los pueblos, su forma de Gobierno, su territorio y su derecho a una vida próspera y pacífica, constituyen una aspiración fundamental del pueblo costarricense. Esas aspiraciones nuestras, indudablemente también son compartidas por los nicaragüenses.

Sin embargo, en el marco de las diferencias que son conocidas, Costa Rica ve con tristeza y sorpresa, manifestaciones de algunos nicaragüenses, afirmando la existencia de supuestas conductas costarricenses reprochables, que no son ciertas, y en algunos casos promoviendo la discordia, al cuestionar la integridad territorial y marítima de mi país, integridad alcanzada de conformidad con los instrumentos internacionales, firmados por ambos Estados.

Podría ser comprensible que esas manifestaciones provengan de quienes, alimentados por la ignorancia y el odio vean en la enemistad y en el conflicto tierra fértil para sus agendas; pero no lo es cuando estas diatribas provienen de personas que conocen bien a Costa Rica y a los costarricenses, como es el caso del señor Gadea Mantilla, quien junto a su apreciable familia siempre ha recibido y recibe aún la cálida hospitalidad de mi país.

En estas circunstancias, me veo en la obligación de aclarar que ni el Gobierno de Costa Rica ni su pueblo, desde que se firmó el Tratado de Límites de 1858, han cuestionado el régimen fronterizo y territorial que ahí se dispuso por los Enviados Plenipotenciarios de ambos países.

Debemos recordar que Nicaragua y Costa Rica celebramos entonces la firma del Tratado de Límites que llevó la paz a ambos Estados. El Canje de instrumentos de ratificación del Tratado, celebrado en Rivas pocas semanas después de su firma y aprobación, por los respectivos congresos, es testimonio fiel de la alegría que embargó a ambos pueblos al resolverse de forma equitativa y justa las diferencias territoriales existentes.

Sabemos que, como producto de la infame invasión filibustera, que tanta destrucción y muerte trajo a Centroamérica, nuestros pueblos se unieron con valentía y con honor, y arma en mano no cejaron hasta ver la falange filibustera correr de nuestros territorios.

Para Costa Rica en particular, esa gesta se pagó con las vidas de cientos de jóvenes valerosos, como valerosos también fueron los nicaragüenses que entregaron la suya para derrotar al gestor de guerras y desventuras. Producto de la guerra, la epidemia del cólera acabó con miles de costarricenses, reduciendo la población en cerca de un veinte por ciento. Ese constituyó un golpe del que nos tomó muchos años reponernos.

La historia es rica en ejemplos de esfuerzos que se han hecho en Nicaragua, con el propósito de cumplir sus sueños y anhelos. Costa Rica también los ha tenido y los tiene. También hemos caminado de la mano cuando la desventura ha tocado a nuestras puertas.

Muchos de los conflictos internos obligaron a miles de nicaragüenses a buscar refugio en mi Patria, allí se les recibió y se les protegió. Hoy, miles de desplazados por la pobreza han encontrado, en Costa Rica, la fuente de su sustento y el de sus familias. Indudablemente reconocemos su valiosa contribución al desarrollo costarricense y a la paz social de Nicaragua.

La migración, aún en condiciones de cercanía, como la que se da hacia Costa Rica, nunca es fácil, y en ocasiones es objeto de duras pruebas y difíciles condiciones. Por ello hemos reconocido innumerables derechos como el acceso a la educación, a la salud, al trabajo digno con un salario justo, a la protección de las mujeres, de los niños y de los adultos mayores, y otros derechos humanos fundamentales a todos los extranjeros que se han visto en la necesidad de vivir en Costa Rica.

Por ello y por tantas otras razones que históricamente hermanan a nuestros pueblos, son lamentables esas declaraciones injustificadas y falsas, que atribuyen odiosas conductas a los costarricenses, acusándonos de querer dañar a Nicaragua y a los nicaragüenses, todo lo cual rechazamos con vehemencia.

Es oportuno aclarar, contrario a lo manifestado públicamente por el señor Gadea Mantilla, que a Costa Rica nadie le ha regalado un centímetro de su territorio, que no usufructúa de nada que en derecho no le corresponda y que nunca ha tenido, ni tendrá, codicia, pretensiones, ni sed, sobre una sola gota de agua del Lago de Nicaragua.

Costa Rica espera que los acuerdos a los que llegaron nuestros dos países para lograr la paz en 1858 se respeten plenamente, así como su integridad territorial y marítima, todo esto en el marco del Derecho Internacional, de los Tratados y Laudos existentes.

Confío en que cualesquiera sean nuestras diferencias, estas serán superadas mediante el respeto mutuo y el concurso de los mecanismos pacíficos de resolución de conflictos. Ese es el camino que debe distinguir nuestras relaciones, y estoy seguro de que las reconocidas personalidades que con mucha frecuencia comentan públicamente asuntos sobre Costa Rica, lo harán manteniendo la franqueza y la altura que en toda conversación debe privar, sin odios o rencores.

El autor es el señor Javier Sancho, Embajador de Costa Rica en Nicaragua.