miércoles, 14 de diciembre de 2016

LA PRESUNTA PELIGROSIDAD DE DONALD TRUMP: UNA OPORTUNIDAD PARA COSTA RICA.



LA PRESUNTA PELIGROSIDAD DE DONALD TRUMP: UNA OPORTUNIDAD PARA COSTA RICA.
Hace lo correcto el sector empresarial costarricense en visualizar los eventuales riesgos que podrían interferir, severamente, en los intercambios comerciales y los flujos de las inversiones, habida probabilidad de la aplicación y endurecimiento de las medidas proteccionistas por parte de los Estados Unidos de América con Donald Trump a la cabeza. Especialmente, por las particularidades de nuestro país: una economía abierta al comercio y a las transacciones globales.
Tampoco significa que entremos en profecías alarmistas, recreando falsas y engañosas hipótesis, en el sentido de imaginar ídolos falsos en la economía internacional, esto es, magnificando, de forma insensata, las capacidades de otras potencias emergentes, las cuales carecen, justamente, de ello. Porque llenas de limitaciones políticas y culturales, desde ya quedan desahuciadas en su fantasía de desplazar a los estadounidenses como los líderes del capitalismo con libre mercado, una visión que sin democracia liberal raya a la vez en la total imperfección.
Los seguidores de Trump constituyen apenas una tendencia social minoritaria y modesta dentro de la magnanimidad del pueblo estadounidense. A pesar de esto, a partir de enero del 2017 su tendencia asumirá las riendas de la Unión Americana. Difícilmente, se puede pronosticar su éxito y consolidación, tampoco su fracaso. Lo cual hace imprescindible en Costa Rica el ejercicio de la valoración de los riesgos, sujeta al ascenso del magnate, por lo que la impostergable preparación nacional llega a ser la tarea de primer orden, a sabiendas de la interdependencia e interconexiones económicas y comerciales respecto a los Estados Unidos de América.
De ser cierta la concreción de la política proteccionista y nacionalista por parte del nuevo ocupante de la Casa Blanca, y ante un contexto como el vislumbrado, se impone la elasticidad en la visión de nuestras políticas públicas, en su conjunto – puesto a prueba en el pasado - , con tal de responder a las medidas nacionalistas, éstas recelosas de los acuerdos comerciales, pero que habrían de definir el comportamiento del nuevo gobierno estadounidense. La clave consistirá en contrarrestar sus consecuencias, lo que puede sobrevenir con el mandatario que proclama que "que los Estados Unidos de América es primero".
El mayor desacierto en Costa Rica sería el embobamiento y la pasividad frente a las corrientes del “Trumpnomics”, gestoras de la imposición de restricciones a la libre movilidad de los capitales o los factores de la producción, e incluso, hasta llegar a emularlas, perjudicando las transacciones con nuestros socios. Un desacierto de tal naturaleza iría a contrapelo de la historia nacional, la cual ha girado siempre alrededor del libre comercio y la receptividad de las migraciones.
En el mismo sentido, de las principales fortalezas de Costa Rica, entre lo que denominamos la elasticidad política, ella se ha sustentado en la solidez de la institucionalidad y la pujanza del sector privado. Y si en la época de Trump conseguimos complementarla con la atracción de decididos socios regionales (Estados, compañías, empresarios foráneos, etcétera), seguro que saldrán a relucir competencias y atributos superiores, fijos en disponerlos al emprendimiento (start up).
Es decir, hablemos de la inversión de energías para fomentar la cultura de los megaproyectos (Carlos Carranza Villalobos, 2016), domésticos y regionales, basados en las alianzas públicas y privadas, sobre la expectativa del mejoramiento social. Hasta al propio Trump le podría llamar la atención un esquema de relaciones birregionales de tal envergadura, generador de empleo y oportunidades, sobre el cual podrían contenerse los flujos migratorios.
Llegó el momento de ir dejando a un lado ese concepto obsoleto de la cooperación, que a estas alturas de la cuarta revolución industrial y de la velocidad de la economía de los servicios, llega a ser estéril. Más cuando, las organizaciones internacionales continúan desacreditándose, y las naciones desarrolladas, además de desconfiar en el quehacer de ellas, consideran una bagatela el destinar fondos en objetivos superfluos de escasa significación económica.
La elasticidad y adaptabilidad nacional como reacción constructiva frente a los cambios y las corrientes abruptas en el ámbito internacional, están lejos de ser sorpresa y novedad a la democracia costarricense. La crítica década de 1980, que contemporizó con el declive de la economía del café, la sensibilidad de la deuda externa, la guerra centroamericana, en vez de interpretarse como catástrofes, más bien fueron retadas, robusteciendo las libertades civiles y el Estado de derecho, impulsando la innovación y el emprendimiento, dando lugar a la diversificación de la estructura productiva en línea con el objetivo de la inserción a los mercados globales.
Sobre la base de la elasticidad como tal, de la pujanza de dicho esquema de desarrollo, se logró reducir la pobreza del 32% al 20%. Luego de ello, en estos tres últimos lustros se allana el camino, a favor de la sofisticación del sistema productivo, alentado por el sector de los servicios y el turismo. En otras palabras, Costa Rica ha sabido pensar y trabajar con imaginación y cabeza propia, al extremo que aprendimos a lidiar con nuestra geografía tan vulnerable a los desastres naturales.
En concordancia con estas capacidades de flexibilización y adaptación en el curso de la adversidad, además del cambio de mandatario en nuestro gran socio y aliado, a la sociedad costarricense le corresponderá asumir, entonces, el reto de responder sin complejos al próximo presidente estadounidense y a su equipo gubernamental compuesto por magnates, ultranacionalistas y generales de cinco estrellas, así como anticipar las contingencias. Otra vez, activando las alertas, pero sin sacrificar ni un ápice los ideales humanistas de la democracia liberal, de la diversidad cultural, en cuenta, la responsabilidad en torno al cambio climático, al cabo de contribuir a reforzarlos de forma creciente en la sociedad internacional, lo mismo que trazar un paralelo con tal de nutrir de humanidad y equidad la globalización.
En esta postura, antítesis de Trump, es crucial la utilización de la Internet y la función de las redes sociales en lo relacionado con la difusión de los legítimos valores de la civilización occidental, la interacción de ciudadanos de diversos orígenes culturales y étnicos, en cuenta la complejidad del cambio climático, ya negado por la nueva administración. Hoy, no menos que en el pasado, hay que izar la bandera de dichos postulados universales, lo que equivale a robustecer la democracia (Ngaire Woods, 2016) y en consecuencia la filosofía de los derechos humanos.
Hay patrones de conducta en la comunidad internacional, que nos invitan a emular este talante. Guardando las reales particularidades, potencias regionales como Taiwán - por cierto, agredida en Costa Rica por el gobierno de Oscar Arias Sánchez (2) - continúa enseñando el poder del espíritu enhiesto, el esfuerzo y la voluntad persistente, en cuanto a enfrentar con virtud, raciocinio, ciencia y tecnología, el riesgo inherente de la China Popular, su principal amenaza política y militar, tanto así que su pueblo ostenta índices de desarrollo humano y de gobernabilidad democrática, de los resonantes del planeta.
Poseemos una historia de relaciones ampliamente constructivas con la superpotencia estadounidense, a este rédito debemos apelar, auxiliados por los fundamentos y componentes democráticos y civilistas de la sociedad nacional, nuestros principales argumentos en caso que nuestra nación deba jalarle los tirantes al Tío Sam, cuando, en efecto, se olfateen desviaciones, igual que peligros inminentes contra nuestros intereses nacionales.
Otrora, en Washington hubo toros más bravíos que Trump. Y ganamos las partidas. De esto dieron testimonio varios mandatarios nacionales, entre ellos, Pepe Figueres, Rodrigo Carazo, Oscar Arias Sánchez (1) con el Plan de Paz de Esquipulas, igualmente el líder comunista Manuel Mora Valverde; así también el presidente y lúcido intelectual Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, quien, casi al término de su administración, al celebrarse en San José la Cumbre de Jefes de Estado del Grupo de Río, en medio de ella, se frustró el intento de ver caído en la lona al presidente venezolano Hugo Chávez, una imprudente arremetida, fraguada en aquel entonces por el Presidente George W. Bush.
Gracias amigas y amigos por abrirme las puertas de sus correos electrónicos, así también sus páginas del Facebook, y así darle cabida a este proyecto de opinión personal, el cual en este mes alcanza los nueve años de edad. Feliz Navidad.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)

martes, 22 de noviembre de 2016

EL APOSTOLADO DE LA DEFENSA DE LA LIBERTAD.

EL APOSTOLADO DE LA DEFENSA DE LA LIBERTAD.
Seguro que en este instante los filósofos nos habrán de censurar. A nuestro antojo, empleamos acá la locución latina, “cogito ergo sum”, la cual, en español se traduce convencionalmente así: “pienso, luego existo”. Más abierta la traducción literal del latín “pienso, por lo tanto soy”, una expresión atribuida al filósofo René Descartes (1596 - 1650), “la cual se convirtió en el elemento fundamental del racionalismo occidental”.
Aunque a Descartes en aquel entonces le fueran lanzadas acusaciones de plagio, en adelante esto pasó a ser un postulado, aprovechado en el quehacer de la vida humana. Sobre él descansa la otra expresión, usada insistentemente: “somos lo que pensamos”. Justamente, acogemos esto último apenas para superar nuestra pena, al palpar esa forma de pensar que en esta década llega a ser la culpable de la erosión espiritual, democrática y cívica, la peor amenaza de la cultura occidental.
Nos referimos al tal apego por el secularismo arrogante y la idolatría del “becerro del oro”, ambos que prescinden casi siempre de los preceptos de la economía colaborativa (Joseph E. Stiglitz, 2016) o del bien común. Los que han sustituido los valores de la solidaridad judeo - cristiana, así como los ideales de la equidad y el equilibrio, intrínsecos en la normativa y convivencia internacional.
El erróneo pensar y proceder, que ha llevado al ser humano a la enajenación en el presente siglo, modelador de una especie de subcultura, que, unida a la fascinación que arrastra, ha hecho a un lado los aportes de los grandes filósofos y pensadores, es decir, aquel rico legado de los patriarcas de nuestra concepción de vida. El riesgo lo delataron el Papa Benedicto XVl, y en estos tiempos el Papa Francisco, quienes no se reservan su asombro ante el triunfo electoral del magnate estadounidense.
Pues entonces, por qué extrañar el ascenso de las aberraciones y las diferentes versiones de extremismos contestatarios, entre ellos, las corrientes supremacistas, ultranacionalistas, el populismo demagógico, los neofascismos, los apologistas del mercado a la libre, etcétera; así como el culto a sus autores, antidemocráticos y autoritarios, de tales oscurantismos. O sea, esa legión internacional, conformada en este contexto por Donald Trump, la familia Le Pen, Berlusconi, y el propio Erdogan en Turquía. Al costado trabajan sus parónimos autoritarios: el bloque compuesto por el Partido Podemos de Pablo Iglesias, el chavismo venezolano, los Kirchner de Argentina y el presidente filipino Rodrigo Duterte. Todo esto parte de la subcultura, producto del abandono de las verdaderas raíces de la civilización occidental, civilización que, sin sus errores contemporáneos, pudo haber llegado al punto de rescatar Bizancio y más allá.
En esa dirección corre la China Popular, de quien se esperó algo distinto tras la desaparición de Mao Zedong y su “Revolución Cultural”, pero hace su parte al matricularse en las huestes del capitalismo salvaje, y a la vez desdeñar los derechos humanos. Con todo y esos atestados, para entonces el régimen chino de capitalismo de Estado procurará llenar el vacío, la polarización que desconcierta al pueblo de los Estados Unidos de América - quién lo iba a creer - y de paso liderar los mercados globales, incluida el traspatio latinoamericano, una vez que Trump habite la Casa Blanca. Mientras tanto la Rusia de Putin retrocede, en vez de avanzar en democracia, tal como se confiaba luego de la caída del Muro de Berlín.
Nos corresponde superar este bache autoritario. Sea cual sea el signo ideológico de las tesis de los sistemas autoritarios, populistas, los revivió este Siglo XXl, el de la lV Revolución Industrial, se extienden, como vimos, por toda Europa y América, por lo tanto podemos encontrar soluciones en la filosofía y la teoría política de la Ilustración. Puede responder y actuar como el antídoto y la mejor alternativa con tal de contener esas corrientes extremistas, anacrónicas y ciertamente sectarias.
El peor desacierto consistirá en congraciarse con tales tendencias antidemocráticas, y desapegadas de los valores humanistas, democráticos y de la normativa internacional, sea por conveniencia personal, pusilanimidad, o bien por el cálculo político y diplomático. Nos llega a la mente las manifestaciones “pintorescas” de un alto funcionario costarricense de un gobierno anterior, quien al dejarse hechizar por las pasarelas protocolarias del gobierno de Cuba, le bajó los decibeles a nuestra tradición democrática y de defensa inquebrantable en todos los àmbitos diplomáticos de los derechos humanos así como de nuestro sólido y prestigioso proceder en la defensa de dichas libertades fundamentales, virtudes del ser nacional.
Por eso nos complacimos en haber secundado la digna reacción del Presidente Luis Guillermo Solís Rivera y de su Canciller Manuel González al abandonar el foro de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas en el instante en que se disponía el presidente de Brasil, Michel Temer, a pronunciar un discurso, ciertamente, sin poseer las credenciales éticas y civilistas para ejercer la máxima representación de la valiosa nación brasileña.
Enseguida no más hicieron gala los seguidores de las pasarelas diplomáticas, despotricando fuerte en relación con aquel gesto honroso de la delegación costarricense. Si otras delegaciones lo practicaron, eso fue harina de otro costal. Se impuso más el haber censurado a un politicastro, cuasi dictador, racista, colaborador del régimen militar, como el Presidente Temer; quien alegremente continúa ofreciendo garrote a las manifestaciones civiles, organizadas en su contra.
Reacciones deleznables del golpista presidente brasileño, que quizás igualan las amenazas de Donald Trump, paradójicamente de los beneficiarios de un fallido sistema económico que relega a abundantes personas. Esas amenazas - pueda que no pasen de allí - que el magnate dirige a los migrantes, las minorías étnicas y las mujeres; adjuntas a la incertidumbre generada por su asesor estrella, el futuro jefe de estrategia, Steve Bannon, quien acumula un voluminoso expediente antijudío y supremacista.
El progresivo avance en este Siglo de tales anacronismos y desviaciones antisistema representa un alto riesgo, el cual puede prolongarse. Fueron fertilizados en América Latina; recientemente en las Filipinas, aquí por Duterte, que se solaza al haber ajusticiado 3500 “pobres diablos”, entre ellos, los adictos e infractores de la ley.
El peligro de esa especie no únicamente reside por su postura antisistema, que los mueve a enfrentarse a la globalización y sus componentes básicos: la apertura de los mercados, la movilidad de los factores de la producción, la universalización de los principios democráticos y de los derechos humanos. El peligro adicional descansa en la manipulación de las frustraciones de los excluidos del fallido goteo (“trickle down”), los que quedaron relegados del poder del conocimiento y de la especialización del trabajo. En conjunto se han propuesto en contenerlos, bajo las fórmulas del aislamiento y el proteccionismo nacionalista, que no es otra cosa, que contraponerse a la creación y la libre competencia.
Resulta curioso el cretinismo de algunos sectores de la izquierda internacional (se desenmascara) al colocarse en una posición oportunista respecto al ascenso del multimillonario Trump al poder, así también de las demás tendencias autoritarias anti - sistema. Tengamos en cuenta que las dos corrientes son antiglobalizadoras y contestatarias. Da la impresión que hacen causa común en este contexto “iliberal”, lo mismo en las pasiones de rechazo al capitalismo transfronterizo, a pesar de que los distancia el credo de la propiedad privada, lo cual ha pasado a un segundo plano. El progreso democrático y la visión de los derechos humanos queda comprobado que se escapa de sus tesis y prácticas políticas, ya que ni siquiera Duterte es objeto de campañas de desprestigio, como otrora lo fue Pinochet y sus gemelos.
Peor todavía, a fin de reordenar al mundo, según ellos, la izquierda internacional supuestamente se complacería de ver sentados en una misma mesa a Putin, Trump, los líderes ultranacionalistas y de extrema derecha europeos, condenando la globalización. Por ahí marcha el Partido Podemos, cuyo líder es de los grandes ideólogos del vejestorio chavismo venezolano, también antisistema. Por cierto, hasta Maduro y sus secuaces, lo mismo que la legión bolivariana, guardan silencio ante el triunfo de Trump y la actuación criminal del filipino Duterte.
En adelante, a los demócratas liberales y los activistas de los derechos humanos nos corresponderá una faena demasiado ardua. De por sí ya estamos acostumbrados. Hay un peligroso giro hacia el autoritarismo, el ultranacionalismo y sus contornos nazifascistas. Eso sí, la vía viene a ser la valentía y la honradez. En otras palabras, constituye una batalla inclaudicable de los valores occidentales, favorecedores de la libertad y la justicia social, trasladada a los distintos escenarios de la política multilateral y nacional, sin ambages, ni titubeos, como otrora lo significó la actuación del inglés Neville Chamberlain en su fracaso de contemporizar con el expansionismo de Adolf Hitler y Benito Mussolini, también con Francisco Franco.
En medio de la competencia ideológica, para la preservación y reproducción del liberalismo, el Presidente Barack Obama, como lo describió la prensa, le “trasladó el testigo”, a la grandiosa mujer alemana Angela Merkel, quien se decidió por aspirar por un cuarto periodo de gobierno. Su reconocida popularidad “en una Alemania, desafiada por el neofascismo, le permite el apoyo suficiente para continuar como Canciller. Los alemanes “no le apuestan al radicalismo, ni a los experimentos de los extremos ideológicos en política” (Claudio Alpízar Otoya, 2016). Esto produce alivio a los demócratas.
Por el contrario, haciendo referencia en días pasados al éxito de Donald Trump en Estados Unidos de América, escuchamos a la ultraderechista Marine Le Pen, quien aspira a la Presidencia de Francia, cuna del liberalismo. Le Pen manifiesta que el triunfo de Trump llega a correlacionarse con su movimiento nacionalista. Lo “agiganta”, al destacar que lo presenciado en la única superpotencia - guardián en el planeta de los valores judeo cristianos - simboliza “un movimiento, multiplicado por todo el mundo; un curso que envuelve la construcción de una nueva sociedad global”, según ella.
Hace siglos quisieron inculcarnos, bajo la tesis de “la evolución y la selección natural”, la idea de que el ser humano provenía del mono. ¿Tan baja autoestima nos tenemos? Ahora nos sale esa señora francesa, elogiando el neofascismo, para ella, el nuevo proyecto social, nuestro porvenir. Pensemos de manera resuelta,en cambio para nosotros la libertad en la lV Revolución Industrial equivale a “la ley de gravedad”.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).

martes, 1 de noviembre de 2016

JOSÉ "CHEPE" MÉNDEZ MORA, "IN MEMORIAM".



JOSÉ "CHEPE" MÉNDEZ MORA era de las personalidades que ya escasean en Costa Rica. De los ciudadanos que tenían un conocimiento profundo de las entrañas de su comunidad. Miembro de una familia honorable de Zapote, la familia Méndez Mora. Él tenía la virtud de iniciar una conversación amena y jugosa con quien se le acercara. Estudioso de la historia de su comunidad, sobre ello, tuvo la gratitud de dejar relatos, mediante tradición oral. No había familia en el distrito que José (o Chepe) no conociera un mínimo de vivencia. Sobre todo, en el Zapote antiguo, esto fortalecía nuestra identidad. Hombre devoto, cristiano, caritativo. Siempre pendiente del quehacer de los estudiantes de la escuela y el colegio de Zapote, con quienes departía historias, a quienes les ofrecía los productos del negocio de su familia. Fui testigo de ello, pues también sabía transmitir palabras de aliento. En cualquier evento de la comunidad hacía su aparición "Chepe" Méndez, solo su presencia en él, era fácil percibir que habría anécdotas pícaras y finas, con un hondo sentido del humor, esas salidas muy propias de los ticos; nos generaban alegría, originaban hasta cierta sorpresa. Luego nos permitían reencontrarnos también con nuestras raíces. "Chepe" fue muy él, auténtico, sin tapujos e intenso. En sus últimos años de vida, su salud no era lo mejor. Sin embargo, hacía esfuerzos por reconocer a la gente que lo rodeaba. Eso sí, todavía estaba pendiente de los funerales, llevados a cabo en la Parroquia, en los cuales transmitía su solidaridad a los dolientes. Sí. Con José Méndez se nos va no solo un zapoteño, sino un costarricense que abrigó cada uno de nuestros pueblos, ese personaje que hacía historia, era un verdadero emblema, de quien no podíamos prescindir. Chepe: seguro que Dios te tiene en sus brazos.

viernes, 28 de octubre de 2016

ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA: EN LAS MANOS “DEL ESTABLISHMENT” O DE LA CONTRACULTURA.

ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA: EN LAS MANOS “DEL ESTABLISHMENT” O DE LA CONTRACULTURA.
En los pasados comicios generales de los Estados Unidos de América, los cuales dieron origen a la reelección del Presidente Barack Obama, se vaticinó la quiebra de la maquinaria ideológica y electoral del Partido Republicano, el Gran Partido Viejo (GOP, siglas en inglés), quien junto con el Partido Demócrata constituyen las dos denominaciones predominantes en la escena política.
Aquella premonición descansaba en las divisiones internas y la aparición del movimiento ultraconservador del Tea Party, cuyo mensaje removió las bases tradicionales. Antes, a finales del ciclo presidencial de Ronald Reagan, había salido a relucir la renovada tendencia, trabajada por los derechistas republicanos, con tal de ofrecer un giro político, esa vez hacia el centro, y así conquistar el apoyo de los sectores medios y moderados, además de las minorías étnicas. Sin siquiera perder su naturaleza conservadora, con la estrategia, relativamente populista, se procuró construir una plataforma ideológica, en la que se hacía referencia a “la tolerancia, la inclusión y la multiculturalidad. A esta propuesta se le denominó "Conservadurismo Compasivo".
La plataforma la retomó parcialmente el Presidente George Bush (hijo). Las consecuencias del colapso financiero con el cual concluye su gestión, la hizo desfallecer; más aun, en medio de los reveses frente al peculiar y potente candidato afroamericano Barack Obama. Al tiempo, que hubo todavía quienes se mostraron escépticos ante el supuesto resquebrajamiento del Gran Partido Viejo, la formación de los grandiosos Abraham Lincoln, Richard Nixon y del propio Reagan.
Dicho sea verdad, el supuesto del desmembramiento ha ido cobrando otra vez fuerza, al pronosticarse la consumación de “ la oleada electoral” (Elizabeth Drew,2016) contra el candidato republicano Donald Trump. La inminente derrota - lo predicen las principales encuestas - , de la cual el magnate sería objeto, posiblemente; de paso, sería el tercer tropiezo sucesivo de los Republicanos, cuya base electoral, en esta ocasión, la conforman, en gran parte, hombres blancos de la clase trabajadora (Marc Bassets, 2016).
Igualmente, a Trump lo perjudicó el desteñido desempeño en los recientes tres debates, junto a Hillary Clinton, la candidata del Partido Demócrata, la bien formada, experimentada, genuina representante del “establishment”, en otras palabras, de la reproducción del bipartidismo tradicional. En medio de ellos lo desenmascararon. El republicano dio a conocer su sobrecogedora y baja educación política, la incitación a la violencia, así también la carencia de arrestos como estadista; puesto que figura como aquel multimillonario, medio tramposo, “sin ninguna experiencia en el servicio público, en política, o en el Ejército”.
Asimismo, en los debates la señora Clinton retrató a su oponente republicano como aquel “sin temperamento adecuado, para ser comandante en jefe”, dadas sus “bravatas” (sin precedentes en otros candidatos), respecto a la política internacional, y el perturbado panorama, del cual son autores las diversas potencias regionales, tales como la China Popular y sus conflictos fronterizos con sus vecinos en el océano Pacífico; la Rusia de Putin, armada hasta los dientes, asediando a Ucrania y aliándose con Irán en la defensa del régimen opresor de Siria (Mark Leonard, 2016); la Unión Europea, golpeada por el Brexit. Todos esos sujetos claves de la comunidad internacional que efectúan cálculos, permanecen a la expectativa acerca del desenlace de las votaciones en “el coloso del norte”, el habitado por más de 300 millones de habitantes, donde disminuye, significativamente, la cantidad de gente blanca (Alan Schroeder, 2016).
Los comentaristas en sus pronósticos extraen severas conclusiones del alejamiento de los principales líderes frente al candidato (casi en orfandad); así también, subrayan las discrepancias entre ellos, referente al respaldo o no de únicamente a los aspirantes republicanos a la Cámara de Representantes y del Senado en el Congreso, lo cual hace suponer efectos de mayor envergadura. Casi letales.
Es decir, supondría, lo que se teme, la desaparición del Partido Republicano, a partir de la estocada final, proveniente de la derrota del insólito y “estrafalario” Trump, el líder de la "contracultura" republicana: el enemigo de la liberalización y la apertura del comercio internacional y de los tratados de libre comercio, defensor del proteccionismo y del aislamiento; quien niega la realidad del cambio climático; “minusvaloriza” el peligro de las armas nucleares. El que tuvo el colmo de desvirtuar el proceso electoral, un pilar de la única superpotencia y de una democracia, la estadounidense, que se presenta como prototipo para el resto del mundo. En sus exabruptos del tercer debate, y hasta hoy, el magnate ni se inmuta: continúa exponiendo su falta de compromiso, en cuanto a respetar el resultado final de la votación presidencial.
Teñido de racismo y xenofobia, Trump señala a la migración como una especie de enemigo interno de la nación, una manipulación similar a la del antiguo nazifascismo. Enseguida, amenaza los “bad hombres” - el muro fronterizo con México y el rechazo a los musulmanes representan las fórmulas idóneas - ; admira a líderes autoritarios, entre ellos, al sirio Bachar el Asad, nada menos que al presidente ruso Vladimir Putin, sancionado por Barack Obama y la Unión Europea, a raíz de la agresión del Kremlin a Ucrania, en cuenta la invasión a Crimea.
Unido al comportamiento nada ortodoxo del Trump “bocafloja”, pesan sobre él hasta acusaciones de misoginia - los ataques a Hillary Clinton lo relevan de pruebas - , o bien el hostigamiento sexual contra once mujeres. Con todo, llegó lejos, al derrotar a connotados aspirantes presidenciales de la casta republicana; aunque ponga a meditar a los expertos sobre el futuro y el grado de la calidad de la cultura política de los posteriores comicios, tras la atípica experiencia que acaba este 8 de noviembre (Schroeder, idem). La cual, por su parte, evidencia el desencanto de un amplio sector de los estadounidenses que responsabilizan al libre comercio de colocarlos en una posición económica desventajosa, al perderse empleos, según ellos, un argumento extendido en los países ricos (Bjorn Lomborg, 2016); pretexto útil del populismo.
En el caso particular de los estadounidenses, el colapso financiero mundial del 2008 continúa siendo un trauma para la mayoría de los votantes. Ciertamente, el gobierno “salvó a los banqueros ricos”, cuya ruina era inminente. En cambio, se hizo casi nada por “favorecer a los millones de estadounidenses comunes y corrientes que perdieron sus empleos y viviendas”. Simboliza, como lo apunta el reconocido economista y Premio Nobel, Joseph E. Stiglitz, que el sistema no solo produjo “resultados injustos”, sino que parecía estar amañado para producir dichos “resultados injustos”. Al cabo, que de ese malestar, es Trump, quien ha sacado provecho político, aunque él sea de los beneficiados de la dinámica de la globalización. De hecho, exportó parte de sus negocios a la nación del “Oso ruso”, al tiempo que “contrata a trabajadores indocumentados para la construcción de sus edificios y hoteles”.
Al magnate - quien se abstiene de pagar impuestos - le atrae la modalidad de la economía del goteo (trickle down effect). Opta por una dosis de ella, la cual acarrea las reducciones de impuestos, destinadas casi en su totalidad a las corporaciones y a los estadounidenses ricos (Stiglitz, ídem). Los resultados son además inciertos para los propios asalariados. Y la probabilidad de causar mayor división y desigualdad social, llegaría a ser bastante elevada. Una brecha que el Presidente Obama procura estrechar con sus políticas sociales (Obamacare) y tributarias, interconectadas a un positivo rendimiento económico, “recuperado gracias a un plan de estímulo presupuestario y monetario de largo alcance del gobierno”, en el cual sobresale la disminución de los riesgos y el desempleo, estacionado apenas en un 5%.
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A estas alturas cuando redactamos este comentario, será difícil un giro radical en las encuestas, tal que se modifique la tendencia de la campaña, proclive a la señora Clinton. Se enrumba por ahí el comportamiento de algunos Estados péndulo (“swing states”), los cuales han votado por un partido o el otro, en las últimas décadas (BBC, Mundo).
Hay que tener en cuenta que los dos candidatos (Clinton y Trump) provocan en el público más rechazo que adhesión (Bassets, ídem). No obstante, el afamado opinólogo estadounidense, Mark McKinnon, comparte el sentimiento general de que no se puede dar a Trump por enterrado. Algún atributo posee al haber ganado las primarias del Partido Republicano.
En la acera del frente, para que Clinton salga derrotada - opinaba el opinólogo -, tiene que pasar “algo catastrófico externo”. Dada esta polémica elección, la mayor amenaza para Clinton podría ser la filtración de más comprometedores correos electrónicos, entre ellos, los WikiLeaks de Julian Assange, sean los de su computador privado en el periodo de Secretaria de Estado, los de un perfecto hackeo ruso; o bien el recrudecimiento de las sospechas acerca de las fuentes de financiamiento de la fundación Clinton, otra de los insistentes señalamientos del candidato republicano.
Tengamos fe. La sabiduría popular cuenta también en la política. Recordemos que tanto en el reino animal, como en la sociedad humana, Dios no le da alas al animal ponzoñoso.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).

lunes, 24 de octubre de 2016

LA COSTA RICA QUE QUEREMOS: UNA PROPUESTA DE POLÍTICA EXTERIOR HACIA EL BICENTENARIO. GOBIERNO DE LA PRESIDENTA LAURA CHINCHILLA MIRANDA (2010 - 2014)






La Costa Rica que queremos Una Propuesta de política exterior hacia el Bicentenario.


Autores: Dr. Enrique Castillo Barrantes Ministro de Relaciones Exteriores y Culto. Msc. Carlos Roverssi Rojas Viceministro de Relaciones Exteriores y Culto, Coordinador. Dr. Walter Fonseca Ramírez Asesor. Lic. Ronald Obaldía González Asesor. Fachada principal del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Fuente: Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto.

http://www.rree.go.cr/files/includes/files.php?id=937&tipo=documentos


Nota:  señor lector, en caso de que se le dificulte abrir el link anterior, le recomendamos copiar el link, luego entrar al buscador, y por último péguelo en el buscador Google. Gracias.  

jueves, 13 de octubre de 2016

ACERCÁNDONOS A LOS APUNTES DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL.

ACERCÁNDONOS A LOS APUNTES DE LA PSICOLOGÍA SOCIAL. La mejor forma de “nacionalismo” que una sociedad, en “comunidad cívica”, puede adoptar es el de precisamente prescindir de él. Resulta extraño lo dicho. Tampoco quiere decir que no amemos nuestra Patria. Pero, al tener presente las realidades en diversas latitudes del planeta nos damos cuenta que la razón, tal vez, estaría de nuestro lado. Da pena la subrayada intransigencia y persecución contra los flujos de inmigrantes y refugiados, quienes, por múltiples causas, huyen de sus países de origen, entre ellas, la violencia y la humillación. Según habíamos presumido, el testimonio de gente desarraigada, que había aspiraba a la libertad o tenía en mente la reconstrucción de sus vidas en otros destinos, apenas representaría un patrimonio de los tiempos de la Guerra Fría y de épocas atrás. El Siglo XXl, el de la Era transfronteriza del conocimiento y los incontenibles avances científicos y tecnológicos, nos ha engañado. Estuvimos pensando que los éxodos humanos quedarían superados. Por el contrario, ahora presentan múltiples y crudas facetas. Peor aún, la frecuente y lamentada respuesta de varias naciones receptoras, ha llegado a ser el rechazo, la discriminación, el odio contra los migrantes. A nuestro criterio, parte de las “emociones tóxicas“, este, un concepto descifrado por Enrique Umaña Montero - el reconocido psicólogo costarricense -, el cual nos ayuda a valorar el riesgo, encendido por un conglomerado de gente, quien deja abierto la sospecha hasta adónde podría desembocar al adoptar tales comportamientos ultra delicados y destructivos. La pretensión de emplear en nuestro comentario ese valioso argumento de “las emociones tóxicas” nos es útil para albergar serias preocupaciones, frente a la odiosa reacción, a través de las redes sociales, de un sinnúmero de compatriotas, alrededor de la racional decisión del Ministerio de Educación Pública de aceptar que en los centros educativos, poblados por niños de familias inmigrantes, específicamente, provenientes de Nicaragua, pudieran entonar el Himno Nacional de su patria natal. Afortunadamente, hubo un grueso sector de nuestra ciudadanía que contrarrestó, de inmediato, esas emociones xenofóbicas, que al desatenderse luego, pueden empeorar desde aquí el revivido y dificultoso panorama internacional, al cual los migrantes y los refugiados se ven arrastrados como víctimas. A la indeseada reacción que acabamos de citar, se suman las críticas de mala fe contra las novedosas políticas penitenciarias de María Cecilia Sánchez Romero, Ministra de Justicia y Paz, destinadas a fomentar, realmente, la rehabilitación de los privados de libertad, y de poner en práctica modos alternativos en torno a la ejecución de la pena. Tal que, dependiendo de las infracciones, la cárcel continúe siendo solamente aplicada a casos estrictamente severos. A veces carecemos de conciencia de lo que hablamos. Olvidamos que toda persona humana está expuesta a la comisión de un delito; las debilidades, los traspiés, las pasiones acompañan nuestra conducta: no hay tal “sociedad de dioses”, con sabiduría lo expuso Jean-Jacques Rousseau en el Siglo XVlll. Versión de las “emociones tóxicas”: las modernas diferencias entre clases sociales. Las reacciones egocentristas de los sindicatos y de otras reducidas élites, ejemplificadas en defender privilegios, ingresos exagerados y demás prebendas, obtenidas con base en su poder de influencia, y selectivos métodos de presión, constituyen una preocupante señal de trastorno social. Desinteresados de los desajustes financieros del Estado costarricense, causante de atraso económico y pobreza, dichos grupúsculos hacen gala de la mezquindad y la angurria, se apegan al statu quo, sin siquiera pensar en el bien común, en los segmentos sociales (sean empresarios, trabajadores, campesinos, organizaciones filantrópicas, minorías étnicas, etcétera), ajenos a las instancias y mecanismos de poder, fuente de tales injusticias, desigualdades e inseguridad. Con mayor sentido de responsabilidad, los medios de comunicación colectiva han de ser uno de los principales protagonistas de la construcción social. Empero, esos potentes aparatos y recursos informativos se autocomplacen en el camino de desmejorar. Acabo de leer la reflexión oficial de un medio escrito de nuestro país, con motivo de la celebración de sus siete décadas de fundación. En una de sus manifestaciones relata que como tal conserva, “entre otros valores, el de la inconformidad, que nos ha hecho protagonistas de infinidad de polémicas”. En lugar de “la inconformidad”, en caso de que fuera “un valor”, hubiera preferido que esa empresa periodística se refiriera “al valor de ajustarse a la verdad”: el superior de todos, y del cual ella repetidas veces se escapa, generando, entre otras cosas, desconfianza del pueblo frente a la institucionalidad democrática. Hay campo, también, para mostrar el optimismo. La cara amable de la Iglesia Católica costarricense - a diferencia de sus posiciones “duras” - en relación con las personas homosexuales, merece nuestro reconocimiento y aprobación. Estaremos distantes de ser cristianos y demócratas si somos intolerantes: ese mal contrapuesto a la sana convivencia, el cual a su vez desprecia el respeto a la dignidad humana. Ronald Obaldía González (Opinión personal).

viernes, 23 de septiembre de 2016

Embajador don José Joaquín Chaverri Sievert

Embajador don José Joaquín Chaverri Sievert, hombre superior en todos los sentidos, siempre al servicio del bien de los seres humanos. Deja huellas imborrables en el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Costa Rica, como diplomático, periodista, escritor, en innumerables responsabilidades. Sobre todo, nos enseñó a ser buenos, respetar la vida y la dignidad humana, porque todos somos hijos del Eterno.