martes, 20 de septiembre de 2016

EL ESTILO DE HACER POLÍTICA EN BRASIL ES TODAVÍA LULA.

EL ESTILO DE HACER POLÍTICA EN BRASIL ES TODAVÍA LULA. En paralelo a una de esas comedias, ya poco llamativas en Brasil, en estos días camina la pérdida del escaño del diputado evangelista y millonario Eduardo Cunha, esta vez, destituido en la Cámara de Diputados por corrupto, al esconder cuentas bancarias en Suiza, además de su presunta participación, con otros políticos oficialistas y de la oposición, en la red criminal que operó en la petrolera estatal Petrobras. Ese oscuro personaje habría recibido unos 5 millones de dólares “en coimas”. Cunha movió sus tentáculos “e hilos del poder” en el juicio político del Senado, contra la inteligente y valiente presidenta Dilma Rousseff. Fue el arquitecto de ese polémico juicio, el cual, primero, apartó a la mandataria del poder temporalmente desde el 12 de mayo de los corrientes. En agosto pasado sobrevino el desplazamiento definitivo de ella: la militante del izquierdista Partido de los Trabajadores (PT), el del carismático Presidente Luis Ignacio “Lula” da Silva - el líder obrero de origen humilde que huyó de la miseria- , que, siguiendo los pasos del entonces Presidente social demócrata Fernando Henrique Cardoso, tomaron la bandera “de la salvación de los pobres brasileños”, en su propia formación política, actuante y apegada a la plataforma democrática y social, durante casi catorce años en el gobierno. Lo que queremos decir, en cuanto a nuestra aversión por la izquierda marxista, así también por los errores, en los cuales pudo haber incurrido el expresidente Lula, es que hay una realidad innegable. Ciertamente, en este tiempo el Partido de Lula consolidó gobiernos democráticos, pacíficos, “de los más firmes del continente”; unió esfuerzos para sacar a 30 millones de brasileños de la pobreza extrema, el hambre y la ignorancia, así también con estabilidad monetaria y fiscal. A la vez, dejó un significativo legado de avances sociales, económicos, educativos, en agricultura familiar, etcétera. Se impulsó un cambio social, pactado con los sectores empresarios y diversas agrupaciones políticas, lo cual “no encuentra demasiados antecedentes en la historia del país”. Hasta los más férreos opositores del PT lo reconocen; al cabo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha recomendado estos réditos sociales, como modelo para todo el mundo en desarrollo. En su primer gobierno, Lula saldó la mayoría de sus obligaciones financieras con el Fondo Monetario Internacional (FMI), tras adelantarle un pago de $15.500 millones (Guía del Mundo, 2008). Ese hábil político supo trabajar con los sentimientos de unidad nacional, extraídos de la etapa histórica de aquel Brasil que había nacido como Imperio (1840 - 1889). Aunque décadas después se convirtió en república más disminuida, siempre arrastra el sueño imperial de ese pasado expansionista en términos territoriales, reflejado periódicamente en acciones diplomáticas de Itamaraty (Nelson F. Salvidio, 2016). Los brasileños se creen “lo más grande del mundo”. Por eso, como presidente (Lula) acentuó el discurso nacionalista - en la Guerra Fría mantuvieron distancia de los Estados Unidos de América y de la Unión Sovíetica - y el “potencial de éxito económico”, para mostrar que el Brasil lideraría en la región latinoamericana (Salvidio, idem), restando influencia a Argentina y México, en cuenta más allá. Enseguida, Brasil, junto con Rusia, India, China y Sudáfrica, comenzaron a ser visualizados como “los BRICS”, en el bloque de “los países que emergían con chance de convertirse en las economías dominantes hacia el año 2050”. No fueron en vano los esfuerzos de ese socialismo democrático para atacar la extrema pobreza y la marginalidad, ecos de la historia esclavista y de la indisoluble discriminación racial - contra indígenas y negros - que prima en esa nación suramericana. De las mayores economías globales, pero donde la distribución de la renta está bastante lejos de ser equitativa. Lo pone en evidencia el 50% de personas pobres y miserables, excluidas de la economía formal, dentro del total de más de 195 millones de habitantes. Asimismo, es el país que alberga la exótica, pero devastada región selvática de la Amazonia. Con todo, ha intentado convertirse en un protagonista en el escenario internacional, así lo procuró el mayor partido de izquierda de América Latina. Un impulso opacado a partir del 2013, como consecuencia de la mayor recesión económica; "una crisis política sin precedentes", escándalos de corrupción que lo salpicaron, junto a numerosos dirigentes del PT y de la oposición. La hoy exmandataria Rousseff, siendo una joven revolucionaria de 20 años, fue apresada e incriminada por las fuerzas del régimen político militar (1964 - 1985). Llegó al gobierno como la primera mujer que presidió ese gigante suramericano, dando continuidad a ese esquema de desarrollo balanceado, pragmático, cooperativo entre las clases sociales, ajeno a los radicalismos o dogmas socialistas. El PT en el gobierno suavizó sus otrora estatutos y ortodoxia. Un cambio que le facilitó el acercamiento con las formaciones de centro y derecha - entre ellos al Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) - a las que llevó a una coalición gubernamental, en pos de “la gobernabilidad”. Eso sí, debió capear la resistencia que dicha decisión generó en las bases de la izquierda tradicional y sectores aliados, como las clases medias urbanas. Tal base de apoyo advertía que “el PT se igualó a los demás, se volvió conservador y se puso al servicio de las élites” domésticas y foráneas, quienes lograron enriquecerse todavía más (Ricci, ídem) con “el acuerdismo” de Lula. Como dijimos, tampoco significa que Lula y su formación se escaparan de varios escándalos de corrupción, lo cual ha colocado en grave riesgo a su denominación partidaria. En línea con sus postulados de izquierda flexible, el PT se “reinventó” con tal de mantenerse en el poder, en medio de “la tradicional y corrupta política fisiológica brasileña” (Martín Schapiro, 2016), dominada por el clientelismo, el tráfico de influencias entre individuos y actores corporativos. Crímenes fraguados, destempladamente, desde los poderes públicos y privados. El más sonado se refiere a la causa de Petrobras - la estatal petrolera - la cual manchó a políticos y empresarios de distintas denominaciones políticas e ideológicas, cuyo proceso judicial siguió el curso normal por decisión de la Presidenta Rousseff, quien se negó a desactivarlo, pese a los chantajes y las amenazas de Cunha y su sociedad mafiosa. Por eso ya varias personas han ido a la cárcel. Sin ser acusada de enriquecimiento ilícito, a Rousseff se le condenó “por maquillar las cuentas públicas”; de violar leyes presupuestarias para disimular un enorme déficit. Se le halló culpable de alterar los presupuestos, mediante tres decretos no autorizados por el Parlamento; y de contratar créditos a favor del Gobierno con la banca pública, que acarrearon pérdidas. Prácticas llevadas a cabo también por otros mandatarios de ese país, las cuales, en aquel entonces, estuvieron lejos de ser delitos declarados. La destituida mandataria negó los cargos durante todo el proceso,que continúa calificando de “golpe”. Una tesis formalmente errónea, dado que la coalición opositora, para el juicio en el Parlamento, se apegó a los procedimientos legales. En cambio, los líderes de los anteriores gobiernos, opuestos a Lula y Rousseff, en su afán de descarrillar sus respectivos gobiernos, apostaron contra el país, llegando a aprobar en el Congreso “un conjunto de medidas derrochadoras e irresponsables, destinadas a comprometer la estabilidad fiscal”. Todo lo anterior, en medio de un ambiente económico recesivo, ya que desde el 2013 el bajonazo mundial de las materias primas tuvo impacto negativo en los ingresos brasileños, y de seguido en la gobernabilidad. El Producto Interno Bruto se hundió en 3.8%, así también la tasa de desempleo se duplicó hasta alcanzar el 11%. Se presume que ha llegado a ser la más larga contracción en un cuarto de siglo (Eduardo Mello and Matias Spektor, 2016). El voltaje se elevó al salir a flote las protestas sociales, previas a la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol del 2014, que en ese país tuvo lugar. Las manifestaciones populares fueron motivadas por las debilidades económicas, y, en particular, a raíz de los niveles elevados de corrupción, patrocinados desde la clase política, donde Lula y algunos allegados políticos suyos continúan involucrados. Quienes desalojaron a la mandataria de la presidencia, momentáneamente, podrán sentirse victoriosos. Tal vez omitan que Rousseff habló con la superioridad moral (Rudá Ricci, 2016), de la que carecen los senadores que hicieron de jueces en el tribunal político. La mandataria intentó diferenciarse del expresidente Fernando Collor de Mello, que renunció al cargo en 1992 para librarse del “impeachment” en el Senado, pues le habían acumulado un voluminoso expediente, relacionado con hechos ilícitos en su gestión. Lo relata la literatura política latinoamericana acerca del “establishment político y económico”. En Brasil hay un tren de ambiciosos y aprovechados, ligados al lavado de dinero y la cadena de sobornos, esta vez vinculados con “el megafraude” en la estatal petrolera Petrobras. Esa élite idolotra el poder para el clientelismo y la impunidad, de este modo ha logrado multiplicar enormes riquezas. Cerca de ella ronda el imputado Vicepresidente de la República, Michel Temer, a quien le corresponderá concluir el mandato de Rousseff hasta finales del 2018. Temer y su socio, el oscuro congresista Cunha, ambos miembros del influyente Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que antes citamos, ese partido que, además de sus escándalos sobre corrupción que lo rodean, en su tiempo operó como aliado de la anterior dictadura militar, acostumbrado a tejer alianzas “inescrupulosas” con cualquier partido, que ostente el poder gubernamental, con tal de favorecer los intereses particulares de sus principales dirigentes; dicho sea, su negocio. Esta vez, urdieron el juicio político, el que al inicio se limitaba a un intríngulis; luego lo inflamaron hasta tomar forma de artificio malicioso y cobarde, tan generalizado en los medios políticos - ni que decir en las organizaciones públicas y privadas -. Recordamos, entonces, las palabras del expresidente costarricense Luis Alberto Monge Álvarez, al retratar la especie de “canibalismo”, sembrado en los ambientes políticos, una conducta destructiva que llega a ser el denominador común en el Brasil, ahí con mayores estragos. Y lo cual se suma al surrealismo latinoamericano, por cuanto el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera Michel Temer, hace poco presidente interino de Brasil, en adelante habrá de gobernar “sin nunca haber ganado las elecciones”. El nuevo mandatario alcanza el poder - su intensa y cumplida obsesión -, satisfecha en la resolución sesgada del Senado, al aprobar la sustitución de Dilma Rousseff. Si cabe alguna suspicacia de lo subrayado, las evidencias del Brasil nos exime de pruebas adicionales. Pues más del 50% de los legisladores del parlamento poseen cuentas pendientes con la justicia, por causas relacionadas con corrupción. Por eso, tan dañinos en América Latina han sido los politicastros, los demagogos, como los militares y los guerrilleros. Ciertamente, son castas con sus propias especificidades, lo ideal sería sacarlos de escena y expulsarlos. Un reto frustrante, tanto en Brasil como en los otros Estados. Por el contrario, siguen poseyendo actualidad y vigencia; el puñado de sus “adoradores”, los hacen todavía más poderosos, pues ellos mismos obtienen además múltiples beneficios, se enriquecen de modo criminal, por lo que de seguido se consolida una estructura de poder, casi que de hierro, la que con frecuencia se apoya en la represión. Toda una materia prima para la psicología y la sociología política, para que nos ofrezcan conclusiones del por qué la búsqueda obsesiva del poder para el clientelismo y la impunidad se transforma, para no pocos, en el móvil de sus vidas. Así fueron las corrientes del peronismo, el priismo mexicano, el castrismo cubano, los pinochetistas, el fujimorismo, el kirchnerismo, el lumpen sandinismo de los Ortega Murillo, el chavismo y su séquito regional, - éste el máximo exponente - en quienes la ideología únicamente resulta útil como pretexto, apenas como una fachada. En el fondo, tales castas, “en sí y para sí”, como diría Karl Marx, están hechas para defender sus propios intereses. O sea, conservar y perpetuarse en el poder, a costa del Estado de derecho, de las libertades fundamentales y de la estabilidad democrática. Y si hacen gala de tales principios y postulados, como en el caso de Brasil y la destitución de la gobernante, es solamente para maquillar sus insanos propósitos. Por otra parte, es un hecho cierto que las élites conservadoras, se empeñaron en hacer realidad el objetivo de colocar en la presidencia de la nación al derechista Vicepresidente de la República, Michel Temer, sobre todo, para desgastar el liderazgo y reducir las probabilidades del expresidente Lula de retornar al gobierno en el 2018. Tales élites anhelan el poder “a cualquier precio”. Por su lado, la Dilma sostuvo que las acusaciones eran «pretextos» para imponer políticas que «atentarán contra los derechos sociales» que los brasileños conquistaron desde el 2000. Es la ofensiva de los políticos corruptos, resistentes al cambio; los nostálgicos de la autoridad, basada en lealtades, sobornos parlamentarios y coimas; los cínicos más enroscados en defender sus derechos y privilegios, que en pensar con generosidad en el futuro de la sociedad a la que representan (Ricci, idem). Un comportamiento que copian los privilegiados dirigentes de base del PT. Tan solo en las últimas semanas se desmarcaron de la mandataria destituida - valorada de modo negativo por la oposición y la prensa -, a fin de concentrarse en la preparación de las elecciones municipales de octubre próximo, en las cuales posiblemente los partidos derechistas y conservadores quedarán a la saga. No es de extrañar que Temer, bajo su “Proyecto Crecimiento”, según él, “para rescatar a la economía brasileña”, anunciara en estos días la aplicación de estrictas e impopulares políticas de ajuste y de austeridad fiscal; así también un portafolio de privatizaciones de empresas estatales, los activos nacionales, abiertos a la inversión extranjera, teniendo presente “las enormes riquezas de gas y petróleo bajo el océano Atlántico, frente a Río de Janeiro”, descubiertas durante las administraciones de Lula. Decisiones que en la región no siempre fueron las más acertadas, por lo cual se prevé que puedan causar conmoción social en Brasil, “un país rico, donde la inmensa mayoría es pobre”. El programa derechista de Temer es sumamente transitorio, le auguramos escasa vida, por cuanto las políticas de ajuste fiscal, en una sociedad de insuperables contrastes sociales, frecuentemente, han sido rechazadas por las organizaciones de la sociedad civil. Ellas, en este tiempo más estructuradas, exigentes y vigilantes frente al proceder de los rectores del gobierno y de los partidos políticos. Condena los actos corruptos de los partidos que gobernaron antes del PT, de este también. Igualmente, reacciona frente a los artilugios, en el caso específico del PMDB del actual presidente, el cual siempre “esperó al desenlace de los comicios, para inmediatamente ofrecerle su apoyo al gobernante de turno”. Lo practicó igualmente con Lula, al colocar a Temer como candidato a vicepresidente en la fórmula electoral de Rousseff. Una alianza rota a raíz del reciente juicio político, en la que Temer y Cunha salen, irónicamente gananciosos, de lo cual carga responsabilidad el Partido de los Trabajadores (PT), que se apartó de la ética (Shapiro; Salvidio, idem). Se enredó en pactos bajo serias sospechas de corrupción, hechos que censuró la opinión pública, en cuenta, los desaciertos e impericia para enfrentar la recesión y el estancamiento económico. Petrobas no fue lo único de las tramas. Entre otras, lo llegó a ser el nombramiento de Lula como ministro de la Presidencia en el Gobierno de Rousseff con la supuesta intención de blindarlo con fuero privilegiado, para esquivar a los tribunales de justicia (Shapiro,idem). En este instante de apuros y acusaciones, el PT está dedicado a volver a respaldarse “en los actores que, desde su fundación, constituyeron su estructura principal de apoyo”. Una misión nada fácil, pues la coalición “promiscua” del partido con denominaciones desacreditadas, como la denominación derechista de Temer y Cunha, generó serias fisuras. “Porque el que mal anda, mal acaba. Y eso corre para cualquiera” (Salvidio, idem). De todos modos, el expresidente Luiz Inácio da Silva, llamado Lula, “es una figura o un mito nacional”, un notable maestro, conocedor de “los tiempos de la confrontación y la negociación”. Creció en “la universidad de la vida”; los de este género se revisten de acero, ni los ataques a la yugular los asusta. Ronald Obaldía González (Opinión personal)

martes, 6 de septiembre de 2016

UN SEMBRADOR DE PAZ EN COLOMBIA.

UN SEMBRADOR DE PAZ EN COLOMBIA. La extendida evidencia del solidario respaldo internacional a la causa del pacto de paz de Colombia, llega por boca del Papa Francisco, seguido del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas, al pronunciarse la semana pasada, “de modo caluroso”, sobre sus alcances, ofreciéndole a la vez una bienvenida a la conclusión del espinoso y complicado acuerdo de pacificación, alcanzado en Cuba por el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FARC). El apoyo de Cuba y Noruega, como garantes del proceso de paz resultó crucial; de igual forma, el de las naciones acompañantes Chile y Venezuela, también el de los enviados especiales de Estados Unidos de América, Bernard Aronson y de la Unión Europea, Eamon Gilmore. La organización izquierdista, aliada del narcotráfico, en efecto, llegó a controlar grandes extensiones de la geografía colombiana. En algunos tramos, primordialmente, en la década de 1990 se le presentó la oportunidad de derrotar al disminuido y desmoralizado ejército nacional, exigido posteriormente a perfeccionar sus estrategias y tácticas militares, merced a las fórmulas “del “Plan Colombia”, asistido por los Estados Unidos de América. Hoy, la resonancia y las expectativas por lo acordado en agosto de este año entre el gobierno y las fuerzas irregulares (de 8.000 insurgentes), han hecho posible invertirlo en el “Paz Colombia”, con énfasis en lo social. El Gobierno de Barack Obama ha anunciado un desembolso de $450 millones en asistencia y apoyo para la implementación de lo aprobado en la Habana (Harold Trinkunas, 2016), particularmente en lo relacionado con las tareas y responsabilidades, derivadas del post-conflicto. Es la nación colombiana de los pueblos más inteligentes y cultos de nuestra América Latina. Sobradamente, pudo haber llegado a la cúspide del desarrollo total, habida cuenta de la privilegiada ubicación geográfica, sus enormes recursos naturales y la diversidad étnica y multiculturalidad. Por eso, siempre nos ha sido difícil aceptar que desde el Siglo XlX (enseguida, en el Siglo XX) haya sido víctima de los frecuentes derramamientos de sangre, cuando hubo aproximadamente cuarenta guerras, producto de las pugnas entre élites: los conservadores y los liberales. Estos, distanciados únicamente en su particular denominación, no así en el fondo de la organización y las relaciones de producción de la joven nación, puesto que la sociedad semi – feudal y desigualitaria, raramente había sido interrogada. Cualquier figura del Estado que se hubiese impuesto, fuera el centralista o el federalista, ninguno de los dos se disponía a modificar las estructuras coloniales y semi – feudales, justificadoras de la irregular concentración de la propiedad de la tierra. Esa prolongada concentración de la propiedad, fundada en extensos latifundios, hubo de sobrevivir luego de la independencia nacional; ciertamente, materia medular del actual pacto de paz, comprometido a dotar de tierra a los campesinos. Histórico desacierto de aquel sistema tan desigual, que precisamente, hubo de ser el combustible para el desencadenamiento de los movimientos insurreccionales del pasado siglo, fenómeno arraigado en la América Latina independiente. Justificador también para focalizarse en plena Guerra Fría, particularmente en la ofensiva cubano soviética en América Latina. A la postre, tampoco podía quedar fuera en el Siglo XXl Hugo Chávez y su ALBA populista, activos en su complicidad, en cuanto a servir de pivote a la narco-guerrilla. Menos aún, la muerte ha provocado en ese país un temor real ni imaginado. Solamente durante los años 1946 y 1958, el país se vio sumido en una profunda polarización, una etapa llamada «La Violencia», cuyo rasgo fueron las persecuciones políticas. Esa guerra civil entre liberales y conservadores, “se presume que ocasionó más de 300 mil muertos”; una cifra similar o superior, a la acumulada en el curso de la insurgencia narco – izquierdista, cuyo estallido se remonta a la década de 1960. Los desniveles sociales, detonantes de la violencia crónica; la codicia y el apego al poder; las malas prácticas conexas al enriquecimiento ilícito tan predominantes como compulsivas, estuvieron a un extremo de hacer trizas la institucionalidad y la cultura cívica. Como sea, la democracia colombiana, sostenida con alfileres, milagrosamente resistió los embates y los tentáculos de la anticultura, abonada por oligarcas tradicionales e insensibles, un grueso grupo de militares tan terroristas como los guerrilleros comunistas y los paramilitares ultraderechistas. Así también, las diferentes especies de psicópatas, que, sin proponérselo quizás, todos ellos, desembocaron en el mismo punto de sostener aquel status casi apocalíptico, fuente de inagotables beneficios para sus artífices. Quienes presumimos que deberán rendir cuentas de sus responsabilidades en los crímenes de guerra y de lesa humanidad ante el Tribunal Especial para la Paz, una entidad tipificada en el acuerdo de agosto pasado. Por lo pronto, en los primeros días del acuerdo, las armas han guardado silencio, seña del imperio de la razón y del corazón sensato. Entretanto, el presente acuerdo se enfila a la ampliación democrática. El saldo de más de cinco décadas de guerra es dramático: 220,000 muertos, de ellos 177,307 civiles y el resto combatientes y soldados; 25,000 desaparecidos; 21,000 secuestrados; entre seis y siete millones de desplazados en el territorio por la violencia. Hay además 75,000 personas afectadas en sus propiedades y bienes; 55,000 que sufrieron actos terroristas y 11,000 afectadas por las minas personales (Rubén Aguilar Valenzuela, 2016). Una irracionalidad y desgracia, de lo cual no pocos esquizoides encuentran toda clase de pretextos, hasta cálculos electorales, para perpetuarla. Porque su disparatado dogmatismo los empecina a deformar la realidad, al reducirla a la única existencia de lo “blanco o negro”. Pendiente todavía la negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), guerrilla de menor poder de fuego, el acuerdo como tal se someterá a un referendo el 2 de octubre de los corrientes, así para otorgarle fundamento jurídico. Para ser aprobado, se hará imprescindible que “el sí” capte 4,4 millones de votos (13% del censo electoral), y si estos superan a los votos por “el no”. La consulta es calificada como la gran apuesta del presidente, Juan Manuel Santos, gestor de las negociaciones de paz para desactivar la guerra. Él nunca se alejó de los procedimientos democráticos correctos (Shlomo Ben-Amil, 2016), para privilegiar el entendimiento político, tal que en democracia se “garantice que los alzados en armas se reincorporen a la vida civil y legal”. En el día del referendo se definirá el futuro de los colombianos. Las partes contendientes se han comprometido en el pacto a renunciar al uso de la fuerza, bajo el supuesto de poner fin a un conflicto armado de más de medio siglo. Por su parte, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) creará una misión especial en el país suramericano, con tal de supervisar el cese del fuego, ayudar a desarmar a los rebeldes, incluida la participación en política, la reincorporación o reintegración social de los alzados en armas de las FARC. Asimismo, la Organización verificará el cumplimiento y refrendación del acuerdo en mención, el cual entre otros compromisos consigna el reconocimiento, reparación, resarcimiento a las víctimas y restitución de tierras. Se ha hecho hincapié en el combate efectivo contra la narcoactividad. Bajo los principios de “justicia restauradora”, en pos de la búsqueda de la verdad, sin renunciar a la justicia (Shlomo Ben-Ami, ídem), los delitos políticos y conexos serán amnistiados. Asimismo, la jurisdicción especial para la paz contempla rebaja de penas y una restricción efectiva de la libertad sin cárcel, para aquellos que reconozcan su responsabilidad en esos delitos, aporten verdad y contribuyan a la reparación de las víctimas (ABC mundo, Bogotá, 2016). La guerrilla contará con portavoces en el Congreso hasta las próximas elecciones solo para discutir los acuerdos de paz, al establecerse que los guerrilleros tendrán garantizado un total de 10 congresistas (cinco senadores y cinco representantes a la Cámara) por dos períodos, siempre que no logren superar el umbral del 3% de la votación. En ese caso, se les asignarán los necesarios para cubrir el cupo. Si lo superan no se les otorgarán curules (escaños) adicionales (Javier Lafuente, 2016). La postura de las Fuerzas Armadas apunta a convertirse en la institución normal “en un país normal” (sin guerra), atenta a enfrentar eventuales amenazas como el ELN y posibles disidencias de las FARC, opuestas al pacto. “En este tiempo he visto unos avances muy considerables en la forma como el sector Defensa, las Fuerzas Militares y la Policía se han involucrado cada vez más con el proceso de paz”, manifestó Aníbal Fernández de Soto, Viceministro de Defensa para las Políticas y Asuntos Internacionales. Al mismo tiempo, desde al año 2006 se viene implementando una estricta política de respeto y promoción de derechos humanos al interior de la fuerza pública de Colombia. Se programan capacitaciones a los oficiales, a los miembros de la fuerza pública en general en Colombia, en las cuales siempre se incorporan elementos de actualización en jurisprudencia, en legislación, en procedimientos acordes con los derechos humanos y con el derecho internacional humanitario. El Presidente Santos y su administración están conscientes que los miembros de la fuerza pública, “son ellos los primeros defensores de derechos humanos”. El Viceministro Fernández confía en la misión de progresar en la lucha contra el crimen organizado, particularmente el narcotráfico, asociado con la guerrilla izquierdista y los paramilitares ultraderechistas. Él afirma que las Fuerzas Armadas de Colombia se preparan para asumir nuevos retos de seguridad, entre ellos, el compartir su conocimiento y experiencia de seguridad con los países de la región latinoamericana (Geraldine Cook/Diálogo,22 agosto 2016). Con este fondo, seguro que las Fuerzas Armadas procurarán, esta vez, desechar anteriores e ingratas experiencias, y los esfuerzos que casi impidieron que los insurgentes de izquierda, conocidos como M-19, hubieran de reintegrarse a la política pacífica, dado que un puñado de sus activistas resultaron asesinados por escuadrones de la muerte de extrema derecha. En la corriente adversa, en los cuatro años de duración del proceso de diálogo con los insurgentes, el Presidente Santos se ha visto sometido a fuertes presiones y rupturas del expresidente de mano dura Álvaro Uribe (2002 y 2010), líder antigubernamental del derechista Partido Centro Democrático, opositor de lo pactado con la guerrilla. Según Uribe, lo negociado expresa impunidad y de rendición del Estado ante la guerrilla de las FARC, cierto, diezmada militarmente por las Fuerzas Armadas. A la vez insiste en que se alienta la alianza con el narcotráfico; se está negociando el modelo de Estado, planeando abolir la propiedad privada o pagando un sueldo a los guerrilleros. A diferencia de poseer autoridad moral, en este caso, el expresidente Uribe hubo de inducir casos ya verificados, en los cuales él mismo procedió a concederles impunidad o elegibilidad política a los narco-paramilitares, enemigos acérrimos de las FARC, durante el proceso de paz, sostenido con esos grupos y que finalizó con su desmovilización en el 2006. Lo evadido de modo cretino por la derecha recalcitrante, defensora del statu quo, comporta el otro factor de alta tensión. Colombia sigue siendo el segundo país de Suramérica con mayor desigualdad en la distribución del ingreso nacional, superado tan solo por Brasil. Igualmente, es un país con enormes diferencias territoriales, entre su capital Bogotá (que clasificaría como ciudad del primer mundo) y regiones como la Costa Pacífica (con niveles de pobreza similares al Subsahara africano). Mientras en Bogotá la pobreza afecta al 10 por ciento de la población, en los departamentos de la Costa Atlántica, esta se extiende al 41 por ciento y en la Costa Pacífica al 50 por ciento de los habitantes.(Mauricio Cabrera Galvis, 2016). Nos invade esa inquietud de que se acercará lo más complejo: la implementación exitosa de lo resuelto en las negociaciones ya finalizadas. Habrá que flexibilizar las posiciones de las clases tradicionales y conservadoras, las de mayor ingreso, en lo tocante a aceptar concesiones y sacrificarse para reconstruir un país justo, equitativo y socialmente cohesionado. Es decir, el inevitable cometido de entrar en un verdadero proceso de transacción entre las distintas clases, tal que sea capaz de fomentar la integración social. Simultáneamente, tal suspicacia nos lleva a repensar acerca de la sincera voluntad y disposición de los mandos y bases de las FARC respecto a cumplir, al pie de la letra, los requisitos pactados. La probabilidad de las disidencias en el movimiento insurgente es alta. Lo frustrante sería que dicho proceso pacificador en Colombia repita la historia de las imperfecciones actuales del proceso de pacificación que puso fin a la guerra centroamericana; en donde los signos de autoritarismo, la desigualdad, la extrema pobreza, las consecuencias del crimen organizado, unida a la violencia de las bandas armadas denominadas “maras”, llegan a dar al traste con los cometidos que se impuso el Plan de Paz de Esquipulas. Pese a su particularidad de nación de escala tan amplia, Colombia ha alcanzado un modesto desempeño económico. En el 2015 tuvo una expansión del 3,1 %, la más baja desde 2009. Solo un 2 % creció en el segundo trimestre de este año en comparación con el mismo periodo de 2015. Principalmente, la inestabilidad del mercado petrolero y la caída de los precios de otras materias primas minerales han frenado el rendimiento de la producción nacional (Infolatam/Efe, 2016). Un factor de riesgo. En las circunstancias presentes de la economía, apenas aceptables, la popularidad del Presidente Santos se ha visto disminuida, por lo que sus adversarios procuran sacar provecho de ello, para torpedear el pacto con la guerrilla. En cambio, su partido el Liberal, en cuenta diversas fuerzas políticas aliadas le ofrecen respaldo. Lo último, comienza a consolidar la posición democrática del Presidente Santos, percibida en los recientes sondeos, en los cuales “el Sí” al pacto con la impopular guerrilla saca ventaja. El mandatario colombiano informó que la firma del acuerdo de la paz de Colombia, “el comienzo del periodo de dejación de armas y desmovilización de las FARC”, será en Cartagena de Indias el próximo 26 de septiembre. Declara que el evento significará la reconstrucción de un país donde haya respeto y tolerancia por el que piensa distinto. Luego vendrán los retos de la implementación del Acuerdo Final (Alejo Vargas Velásquez, 2016). Son las expresiones del otrora recio Ministro de Defensa, el más popular haciendo la guerra en el gobierno derechista de Álvaro Uribe, en este instante su enemigo político. Enemigo también de lo resuelto en Cuba; aduce que pronto arribará “el castro-chavismo” en Colombia, de ello responsabiliza al gobernante colombiano. Frente a los ataques, Santos pone a prueba su paciencia y plena conversión espiritual. Perteneciente a una de las familias multimillonarias de más rancio abolengo, responde intensamente, como un filósofo y pedagogo, sabio y guiador de un sufrido pueblo, ensangrentado. Exige a los colombianos a que se perdonen los unos a los otros. “Hay que aprender a perdonar, a convertir la sed de venganza en reconciliación”, lo enseña ese auténtico estadista que educa e inculca valores a sus gobernados. Ya ha advertido que de no aprobarse el plebiscito sobre el acuerdo de paz con la guerrilla el país “volverá a la guerra”. El presidente colombiano, escasamente exhibicionista y populista, menos aún, llega a ser un “líder fuerte, autoritario”, de esos de moda, tales como Putin, Erdogan, Rodrigo Duterte, antes Hugo Chávez, Mugabe, Donald Trump, etcétera. Él está a larga distancia de aquellos “pavos reales”, ególatras y narcisistas, dañinos a la vez, quienes, por su complejo de superioridad, se comparan con las águilas y miran despectivamente a sus adversarios como caracoles. En pocas palabras: la humanidad se encuentra sedienta de más Juan Manuel Santos. Ronald Obaldía González (Opinión personal)

lunes, 22 de agosto de 2016

EL SECTARISMO “TRUMPONOMICS” EN LAS ELECCIONES DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA.

EL SECTARISMO “TRUMPONOMICS” EN LAS ELECCIONES DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA. En el ínterin de las convenciones de los dos partidos mayoritarios estadounidenses, el Demócrata y el Republicano, ambos seleccionaron a sus candidatos presidenciales: Hillary Clinton en el primero y Donald Trump en el segundo. Se abre así, formalmente, la campaña presidencial de los Estados Unidos de América - la única superpotencia del planeta - hacia las elecciones de noviembre próximo. “La telerrealidad”, dotada de un enorme poder, hace mención de un magnate de bienes y raíces, al quien ya a los 13 años su escuela lo había echado por mala conducta; arrastra un historial bien documentado de bancarrotas, miles de pleitos, accionistas enfadados. Al final de cuentas llegó a convertirse en el candidato “más inesperado e indomable”, poniendo a su vez en entredicho la solidez ideológica del Gran Partido Viejo (GOP, siglas en inglés) con su “retórica discriminatoria” y agresiva. Sus detractores advierten que esta vez el candidato de los republicanos carece de las nociones básicas sobre temas clave de Europa, Oriente Próximo o Asia; significa que está escasamente preparado para hacer el trabajo, exigido en la Casa Blanca. De América Latina, apenas identifica a México, nación que comparte frontera al norte de su territorio con el estadounidense. Trump advierte que sobre la línea divisoria construirá un muro limítrofe, con tal de contener las desbandadas migratorias. Por eso, arremete contra la existencia en la tierra del sueño americano de los 11 millones de personas de la región, principalmente los mexicanos, indocumentados o residentes ilegales, deseoso de deportarlos. A quienes por demás, empleando el lenguaje nacionalista, xenofóbico y racista, responsabiliza del incremento de la criminalidad y la violencia del país; rechaza la movilidad y ascenso social latino, desplazador de la identidad y supremacía blanca anglosajona. Contrario a las políticas convencionales estadounidenses, relacionadas con la unión y la cooperación con la sociedad global, Trump promete en su campaña, entre otros detalles, cortar los impuestos - se retrata como el salvador de la clase obrera -; eliminar las excesivas regulaciones económicas y comerciales; liberar el sector energético; dejar en manos de sus aliados extranjeros el cubrir los costos de su propia seguridad estratégica; asi como apostar por el proteccionismo, a saber, rechazar los tratados de libre comercio, pues proclama que su país pierde numerosos empleos. Esto en referencia al firmado en 1993 con Canadá y México por el entonces presidente Bill Clinton, impulsados a la vez por los gobiernos republicanos, tal como el fallido Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), solo que torpedeado, aquella vez, por el bloque populista del ALBA de Hugo Chávez. Al mismo tiempo, el candidato republicano se opone al Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el cual reduciría aranceles entre la naciones ribereñas con el Océano Pacífico, incluidos Chile, México y Perú. A pesar de su fama y comportamiento teatral (“showman”), Trump no la tiene fácil en los comicios, casi ningún candidato la ha poseído. De cualquier modo, los demócratas han conquistado mayoría de votos populares en cinco de las seis últimas elecciones presidenciales. El sistema estadounidense del colegio electoral da aún más ventaja a Hillary Clinton. Para ganar, un candidato debe obtener 270 votos electorales. Los 18 Estados (más el Distrito de Columbia) en los que han vencido los demócratas en las últimas seis elecciones, darían a Clinton 242 votos. Los 13 Estados que ganaron los republicanos en esos mismos comicios suman 102 votos. En definitiva, a Clinton le basta con ganar dos o tres de los otros 19 Estados, entre ellos Ohio y Florida, para proclamar su victoria. Incluso, bastaría Florida, que tiene innumerables votos, para hacerla vencedora. Por su parte, esta vez más de 27 millones de hispanos, - representan el 12% del electorado total - se inclinan en su mayoría a votar a favor de los demócratas. Si la participación general de estadounidenses ronda el 50 %, como ha sido la tendencia, dicha minoría sería decisiva, más lo que pueden aportar otras, declaradas anti - Trump. No sobra señalar que las elecciones presidenciales en Estados Unidos de América está lejos de decidirlas un Estado, sino unas peculiaridades del sistema electoral que dan especial importancia a unos cuantos grupos demográficos en determinados Estados. Por su parte, el porcentaje de votantes blancos anglosajones está más próximo al 70% y, según las encuestas, la ventaja de Trump, entre los que tienen menos formación dentro del puñado de blancos le es insuficiente para compensar su desventaja entre los más educados y las otras minorías raciales (Ian Bremmer, 2016) que lo adversan, específicamente la comunidad afroamericana. Tan solo el 2% de ella lo favorece en los sondeos, al cabo que entró en estado de alerta frente al respaldo del nazista Ku Klux Klan a Trump y a su mensaje nacionalista, patriotero y racista; ambos comparten el lema: “América primero”, de acento nazifascista (Cristina Pereda, 2016). “El Trumponomics” resurgió así, con quien los rezagados y renegados de la globalización, así como “los nacionalistas y los supremacistas blancos” se sienten lo suficientemente cómodos” (Pereda, idem). La recuperación y el crecimiento económico, logrados por la Administración de Barack Obama, favorecen por sí solos a la candidata del Partido Demócrata, porque “el desempleo en Estados Unidos es actualmente de 4,9%; lo cual está muy por debajo del 10% de octubre de 2009, tras la gran recesión del 2008. Significan logros sustanciales de Barack Obama que hacen todavía más empinada la ruta de los republicanos hacia Washington, sean las acciones de reconocimiento popular, vinculadas con el aumento de los impuestos a las rentas altas, una regulación financiera más estricta; de más medidas contra el cambio climático; los programas de seguridad social como el Obamacare, el cual abrió el aseguramiento a casi toda la población (Paul Krugman, 2016). Así también, a diferencia de “los halcones republicanos”, antes involucrados directa y precipitadamente en los conflictos regionales, Obama puso en práctica la mesurada confrontación contra las amenazas externas a la seguridad nacional, a sabiendas que el terrorismo islámico continuará golpeando a Europa y la misma nación estadounidense. En verdad, de las últimas salidas risibles y falaces, han sido las declaraciones del magnate, en cuanto a acusar a Obama y la señora Clinton - ex Secretaria de Estado - de haber fundado el Estado Islámico (EI) en el Medio Oriente, a causa de la orden gubernamental de retirar de manera parcial las tropas estadounidenses de Irak. Hillary Clinton procura reforzar el programa gubernamental como tal, a efecto de mitigar la desconfianza del público de conceder a los demócratas un tercer gobierno consecutivo. Y de continuarlo, podría evitar al máximo que el posible respaldo a ella de un sector interesante de conservadores republicanos, desertores de la campaña de Trump, implique concesiones (Krugman, idem) que lo vayan a desvirtuar. Es de suponer que haya habido pactos con su contrincante demócrata en las primarias, Bernie Sanders, a efecto de perfeccionar la agenda social, que la Administración Obama ha configurado (Valeria Luiselli, 2016) en sus dos administraciones. A propósito, hay que tener presentes las señas visibles de disidencia republicana en contra de su candidato; particularmente de la élite, “los pesos pesados” y de sus cabezas pensantes, objeto de ofensas a su vez, “quienes en condiciones normales”, hoy estarían apoyando a su candidato a preparar la transición a la presidencia y el programa de gobierno del GOP. El rotundo disgusto contra su líder lo pone al descubierto Meg Whitman, ejecutiva de Hewlett-Packard y recaudadora de fondos del Partido Republicano, quien dijo que votará por Hillary Clinton porque Trump es un demagogo.“La familia Bush ha tomado distancia”. “Su principal rival en las primarias, el ultraconservador religioso y senador por Texas, Ted Cruz, salió abucheado de la convención tras negarse a apoyarlo”. Es decir, el Partido Republicano registra división y ruptura. La principal interrogante consiste en poner en duda la sobrevivencia de esa denominación política, luego de una posible y pavorosa derrota. Igualmente, a Trump le ha dado la espalda el complejo de seguridad nacional, “el deep state o Estado profundo”, la red de expertos, altos funcionarios, grandes espías y políticos, que garantizan la continuidad de la política exterior y de defensa de la primera potencia mundial” (Eric Thayer, Reuters, 2016). Un exjefe de la CIA, dijo que las fuerzas armadas de Estados Unidos de América podrían desobedecer algunas órdenes de un presidente como Trump, como la de matar a familiares de sospechosos de terrorismo, como lo ha sugerido el candidato en campaña. Respecto a la seguridad estratégica, Trump ha alejado al Partido Republicano de la tradicional beligerancia frente a Rusia - adoptada también por Obama -. El magnate posee un largo historial de vínculos con ese país. Los intentos de Trump de hacer negocios con Moscú datan de la pasada década de 1980. Más recientes son las declaraciones de simpatía por el presidente Vladímir Putin. Ha abierto la puerta a reconocer, si llega a la presidencia, la anexión de Crimea a Moscú. El candidato amenaza con romper la OTAN. Elogia la firmeza de Putin. Manifestó que “Rusia tiene su propia estrategia de seguridad nacional, y debemos respetarlo” (Thayer; Vucci, idem), por lo que “si Rusia invadiera un país báltico miembro de la OTAN, Washington no se vería obligado a defenderlo”. Los demócratas aprovechan las limitaciones y torpezas del líder de la oposición, además de sus expresiones mesiánicas al proclamar, según él: ”yo puedo arreglarlo solo”. Lo cual origina temor, tal que la Casa Blanca, con Trump, entre en grave conflicto con institutos y mecanismos claves del sistema de pesos y contrapesos, “y de la rendición de cuentas como lo son los jueces y los medios de comunicación”. Clinton por su parte capitaliza la idea de ser ella “la única alternativa al riesgo que representa un errático, inexperto y peligroso Trump”. El mismo que, con un lenguaje violento, pide a los dueños de armas que frenen a su rival y candidata demócrata - recordemos que en los Estados Unidos de América circulan más de 300 millones de armas de fuego - ; también el que despotrica contra las elecciones, que según el magnate, podrían estar "amañadas", unas declaraciones sin precedentes en un candidato presidencial estadounidense” (Evan Vucci, 2016). Casi todos coinciden en que la irrupción de Trump responde al hecho de que no pocos estadounidenses “sienten tanta hostilidad hacia la globalización”; ésta desconectada de los intereses básicos de los ciudadanos, causante de desequilibrios sociales. El público estadounidense anhela reafirmar el control de sus fronteras y sus perspectivas laborales, como un número cada vez mayor de europeos y británicos (con el Brexit), así como lo reitera la derecha y la izquierda internacional. Sin embargo, el magnate tiende a ser “un mensajero imperfecto”. Sus enunciados aislacionistas y supremacía blanca: "volver a hacer grande a América", tensando las relaciones con la China Popular y la propia Europa, arrastró desde un inicio polarización (doméstica y exterior), inestabilidad e inseguridad globales; si bien " le ha permitido obtener la nominación del Partido Republicano” (Bremmer, ídem). En cuanto a Hillary Clinton, quien tiene a su favor el contar con el apoyo unánime del Partido Demócrata, resulta repugnante esa sensiblería de que el Partido Demócrata hace historia en los Estados Unidos de América al escoger a una mujer como su candidata oficial. Lo decía el Presidente Barack Obama, se tienen más ventajas el ser mujer en esta era. El evento, asociado a la señora Clinton, expresa la nueva era, cuando reafirmamos que el hombre y la mujer poseen la misma e indisoluble dignidad, e iguales derechos naturales y civiles. Lo demás es redundante, en este caso, el acariciar la indeseada distinción de género, se llega a restarle virtud a la política como comportamiento genuino del ser humano. El inminente triunfo de la señora Clinton, nos expone casos consumados de haber sido testigos del poder acumulado por las mujeres. Tendrían “las palancas del poder” en tres de los países relevantes del planeta: Alemania, Reino Unido y Estados Unidos. Décadas atrás otras valiosas mujeres, entre ellas, la británica Margaret Thatcher, la israelí Golda Meir, la india Indira Gandhi habían demostrado que la política, las relaciones internacionales, la economía, y la seguridad no era solo cosa de hombres. Fallamos parcialmente en nuestro ejercicio de “futurología política”, por cuanto habíamos argumentado acerca de las modestas posibilidades del locuaz magnate, en cuanto a erigirse en el favorecido de la convención del Partido Republicano. En alguna ocasión habíamos planteado que el fenómeno transitorio de Donald Trump en la política de los Estados Unidos de América podría ser de corta duración. Ciertamente, él traspasó la frontera de nuestros cálculos, ahora es el candidato oficial de los republicanos. No obstante, ahora sí estamos convencidos que llegará hasta ahí. Los sondeos lo ponen en picada. Sus excesos, odios contra los latinos y musulmanes, sus misóginas exclamaciones, el lenguaje vulgar y simplista - “sobrepasó casi todos los límites conocidos en tiempos recientes, ” - se vuelven aún “más feos y más estúpidos, a medida que se hunden sus perspectivas electorales” (Krugman, idem). “Carece de autocontrol y actúa de forma impetuosa". Para la candidata Clinton “todo esto son cualidades peligrosas en un individuo que aspira a ser presidente y comandante en jefe, que comandará el arsenal nuclear de Estados Unidos de América. Trump ha dañado, irreversiblemente, su posición en la campaña para las elecciones presidenciales de noviembre; ni lo rescatarán sus disculpas de estos días por haber insultado a sus contendientes, lo mismo que a una familia musulmana estadounidense, cuyo hijo murió en el campo de batalla, combatiendo terroristas. Días atrás un politólogo se atrevió a decir que entonces es razonable afirmar que “el sentido común prevalecerá”, por lo que Hillary será la próxima presidenta de la única superpotencia global. El sentido común se encargará de callar el matonismo y el nacionalismo xenofóbico del candidato republicano, sobre todo, en una sociedad cuya grandeza reside en la heterogeneidad y la diversidad cultural y étnica. La ética, los altos valores y la inteligencia del pueblo de los Estados Unidos de América gozan de nuestro fiel reconocimiento, seguro que se impondrán esta vez, para prevenir la fabricación de un Frankenstein contemporáneo. En el siglo pasado fueron creados unos parecidos: Stalin, Hitler y Mao Zedong; fueron derrotados por el guardián de la civilización occidental. El monstruo de hoy está en curso; si fuera necesario, todavía hay tiempo para el espíritu y propósito de enmienda. Ronald Obaldía González (Opinión personal).

miércoles, 3 de agosto de 2016

TURQUÍA CON UN PASADO ALGO GLORIOSO, Y CON UN PRESENTE QUE AGONIZA.

TURQUÍA CON UN PASADO ALGO GLORIOSO, Y CON UN PRESENTE QUE AGONIZA. De las culturas milenarias, cuyo territorio ha dado cuenta de la existencia de numerosas tribus desde antes del milenio X A.C; un territorio donde ha habido hallazgos de representaciones antropomórficas y prehistóricas; en el que se había afianzado hace casi ocho siglos un poderoso y cosmopolita imperio musulmán en el Asia Menor, expandido a Europa y África. Nos referimos al país turco otomano (hoy Turquía), de profunda vocación por la agricultura y los metales durante su milenaria historia. El territorio nacional turco constituye el punto de unión entre el viejo continente europeo y Asia. Desde tiempos remotos, su envidiable ubicación geográfica, los recursos naturales poseídos, lo han expuesto a las ambiciones expansionistas de poderes adyacentes. Esas características hicieron que hace más de 2000 años su espacio físico fuese empleado también, como ruta de paso entre China y el Mediterráneo, justamente en los tiempos de la Ruta de la Seda. La civilización otomana enfrascada desde hace 3000 años atrás en un sinnúmero de enfrentamientos, ya fueran grandes o pequeños pueblos rivales, que, gradualmente, conseguían reducirle su poder e influencia, o bien se imponía contra ellos. La lista de sus enemigos o rivales, entre otros, había abarcado culturas y tribus de la talla de los asirios, los pueblos de Mesopotamia, las culturas indoeuropeas y del Mediterráneo europeo, los griegos, los aqueos, los troyanos, los persas. El propio greco macedonio Alejandro Magno (334. A.C) vio frustrados sus apetitos al encontrar resistencia en el territorio otomano del Asia Menor, por parte de los sirios y principados locales. Más acá los romanos le asestaron severos golpes hasta dividir su territorio con el nacimiento de Bizancio (luego denominado Constantinopla, hoy Estambul), al cabo que anexaron la totalidad de Anatolia, al declararla como provincia del Imperio Oriental de Roma en el Siglo l A.C. Luego sobrevinieron las ocupaciones definitivas de las tribus turco-mongoles oguz en el Siglo Xl. Poco tiempo después, una vez islamizados por la casa sunita ortodoxa persa, los otomanos consiguieron eliminar el poder político, religioso y cultural del cristianismo, éste limitado tan solo a la región de Armenia. Anteriormente, los turcos islamizados hubieron de hacer frente al paso de las Cruzadas (Siglo Xl - Xlll) por Bizancio, particularmente a sus afanes de reconquista cristiana de los Lugares Santos, bajo la expansión musulmana; menos aún, se escaparon de la huella destructiva de los invasores (los cruzados), quienes se vengaron de la conducta cruel frente a los peregrinos cristianos en Tierra Santa. El arribo del islamismo, parejo a la estratégica ubicación geográfica del pueblo otomamo, haría todavía más complejo y dificil su proceso de evolución. Lo registrado este año es causa de tales precedentes. Son estos casos cuando la historia nos permite recordar de su capacidad de determinar el ADN de las sociedades. Una religión oscurantista (la Mahometana) se transformó en fuente de conflictos internos y externos en el Asia Menor, pues además hizo brotar disconformidades de carácter secular y pugnas étnicas y territoriales en el imperio. Lo que significó que su tradición cosmopolita de ningún modo fuera en vano; como sea Occidente dejaría impregnado allí su legado, cuya fuente de inspiración mayor residió en el pensamiento judeo, helénico, en el cristianismo, todo ello, en los que la libertad del hombre posee profundo arraigo dentro de sus axiomas y visión del mundo. Al ser identificada por los europeos como la puerta de entrada al Asia Menor y el Medio Oriente, la nación turca se transformó enseguida en valiosa ruta comercial y de tránsito. Y, por ello, su territorio tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial no tardó en usarse como base militar de Occidente, al servicio de la anticomunista Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Así, que siempre sería irreal el levantamiento de obstáculos a las interrelaciones y las comunicaciones inter-culturales. Por los conductos de la sociedad otomana corrieron y fluyen las corrientes europeas, eso hubo de implicar el sacar a relucir los intereses, relacionados con la seguridad y la defensa intercontinentales. A finales del Siglo Xlll y principios del XlV el Imperio turco otomano (islamizado) había alcanzado dominio casi pleno de Hungría, los Balcanes y el Mediterráneo europeos, en el norte de África; se apoderó de Siria, Egipto y parte de Mesopotamia, inclusive. Fue tal su hegemonía, que dicho Imperio se autoproclamó en Califato a principios del Siglo XVl. De hecho, los pueblos árabes guardan ningún recuerdo favorable acerca del predominio de los turcos sobre sus sociedades. En su historia dan a conocer su resentimiento. Sin embargo, simultáneamente los poderosos y colonialistas reinos europeos cristianos, principalmente Gran Bretaña, España y Francia y la propia Rusia iban apropiándose de casi todos los territorios del Califato turco, ya fuera en el Asia Menor, en cuenta el Oriente Medio, al cabo que iban siendo expulsados definitivamente de Europa. Ya para el Siglo XlX eran restos lo que quedaban del decaído Imperio turco. Al perder sus dominios al norte del mar Negro, que pasaron a manos rusas, el futuro de la sociedad turca sería no más que el eslabón y la expresión de una historia milenaria escabrosa y convulsa, asediada y minada desde sus orígenes, cargada de altibajos, bajo el agravante de un devenir de dependencia y subordinación respecto a Europa, tanto en la antiguedad, el medioevo como en la era contemporánea; alrededor de su territorio ha debido corresponderle sobrevivir frente a tales potencias interesadas en asignarle, no pocas veces, tales posiciones de segundo orden. Principalmente, en esta fase antiterrorista en que el peso lo conllevan las materias de seguridad y defensa, a consecuencia de la fuerza del radicalismo islámico del Siglo XXl, enemigo de los intereses occidentales. El golpe letal contra el viejo Imperio otomano y sus pobres vestigios en otras latitudes, acabó de asestarlo su erróneo cálculo de aliarse a Alemania y al Imperio Austro Húngaro en la Primera Guerra Mundial (1914 - 18). Ambos reclamaron el ser víctimas, entre otros abusos, de las imposiciones y restricciones políticas, económicas y comerciales, de los imperios tradicionales de Europa - que se repartieron el planeta, dada su visión colonialista - , específicamente de la Gran Bretaña, Francia y por supuesto de la Rusia zarista, ésta de los principales enemigos de los turcos. Inmediatamente después, al Tratado de Sévres de 1920, unido a las reparaciones de guerra, se le encomendó la labor de sepulturero del Imperio turco otomano. Entre las múltiples pérdidas territoriales en Asia, figuró la nación Armenia, la cual adquirió su independencia. Asimismo, la zona habitada por los Kurdos, denominada Kurdistán, poseedora de yacimientos petroleros, quedó repartida entre Turquía, Irak, Irán y Siria, una grave humillación para Ankara. En cuanto Armenia, precisamente el Ejército turco, desconcertado por un extinguido imperio, del cual solamente el recuerdo quedaba, y tensado por el levantamiento de los distintos grupos étnicos que lo enfrentaron, precipitadamente, ejecutó el primer genocidio del Siglo XX al eliminar, brutalmente, más de un millón de armenios, en su mayoría cristianos. Un hecho aborrecible que sigue siendo condenado por la comunidad internacional, hasta por el propio Papa Francisco en su viaje por Armenia en este año. Condenas públicas que irritan sobremanera a Turquía. Eso sí, esta siempre se ha negado a reconocerlo como tal y, de paso, ofrecer perdón. La estabilidad política, aún menos, la normalidad democrática, le han sido bastante desconocidas a la nación turca, tal vez la acogió en un breve periodo a principios de la década de 1960. Asimismo, la suerte de la ubicación del territorio otomano estuvo configurada por parte de Occidente, pensado primordialmente en la fase de la Guerra Fría, con tal de contener las fuerzas soviéticas sobre las fronteras entre Europa y la desaparecida Unión Soviética. Una cultura antigua subestimada, con ese desdén se valora en esta época a la nación turca. Las desastrosas consecuencias de su vinculación en la Primera Gran Guerra, por eso la hicieron abstenerse de tomar participación en la Segunda Guerra Mundial. Hay que hacer un paréntesis en la Turquía del Siglo XX. Sea el ascenso al poder del movimiento secular, encabezado a partir de 1919 por Mustafá Kemal, llamado después "Ataturk": “padre de los Turcos”. Dicha tendencia anti-islámica, “semifascista”, conllevó un elevado componente militar, aferrada a desarraigar a la nación de las tradiciones imperiales, entre ellas la abolición del Califato. A la vez, tal movimiento proclamó el reforzamiento de la identidad nacionalista, e impuso el turco como idioma oficial; implantó en el sistema educativo una versión distinta o secular de la historia nacional, teniendo presente en ella el legado pro-occidental. Kemal introdujo el alfabeto y el calendario latino. Eliminó el uso del velo para las mujeres, a las que se les otorgó el sufragio femenino. Basado en su nacionalismo, el líder secular se negó a reconocer aquel Tratado leonino contra los intereses turcos. Razón por la cual, negoció nuevos instrumentos jurídicos, con tal de eximir a su nación del pago de indemnizaciones de guerra; anular vastos privilegios, concedidos a compañías extranjeras; fijar las fronteras nacionales; y desconocer la autonomía de Kurdistán, ello de las principales piedras dentro del zapato turco. Pues ese pueblo - carente de Estado nacional definido, que representa aproximadamente el 20% de la población otomana - continúa insistiendo en la independencia total de los límites espaciales ocupados, al cabo que el ala extremista kurda - cuasi terrorista - ha golpeado militarmente al ejército enemigo. Líneas arriba lo indicamos, Ataturk consolidó un régimen secular autoritario, basado en el esquema de economía centralizada, con rasgos de socialismo. Su “concepción de democracia no liberal (o “iliberalismo”), que las fuerzas armadas acompañó y mantuvo con golpes de Estado, también marcó en adelante el rumbo del país. Igualmente, el Padre de los turcos no cedió hasta su muerte (1938) a las posturas de los conservadores musulmanes, así como a los sectores que promovieron el sistema democrático liberal, de carácter occidental. El cual paso a paso llegó a cobrar fuerza, por lo que de hecho se institucionalizó entrando el Siglo XXl (año 2000). El pasado, violento y fallido intento golpista de carácter secular, encabezado por un grupo de militares, puso a las fuerzas armadas en posición delicada y desprestigio mayúsculo. Cayeron en fuerte contradicción frente a los sectores liberales y, por otro lado, contra las fuerzas islámicas conservadoras – contestatarias al secularismo -, estas reunidas en el Partido por la Justicia y el Desarrollo (el oficialista), dominante desde hace quince años. Estos, y los estratos rurales empobrecidos, representan la base de apoyo del presidente autoritario e islamista Recep Tayyip Erdogan, de orígenes sociales humildes, en cuyo mandato puso en ejecución el proceso de modernización económica que, al redituar, creció la ilusión óptica en que la normalidad y la estabilidad de Turquía seguiría el curso positivo, a diferencia de las turbulencias y guerras del Medio Oriente. Hubo engaño, tan solo fue un destello de democracia. Erdogan, considerado el acérrimo enemigo de los golpistas y los secularistas, tampoco ocultó su inclinación de rescatar la tradición islámica, hasta intentar dar forma a un nuevo Califato. El cual, en pocas palabras, es un sistema político, distante de los rasgos del régimen teocrático (fusión del poder religioso y político); eso sí, inspirado en la ideología y los postulados del Islam, en el que la cabeza del Estado (el Califa) legisla sobre sociedad, gobierno, economía y justicia legal, bajo el consentimiento de la gente. Paradójicamente, los victoriosos tras el frustrado derrocamiento del gobierno llegan a serlo los más fanáticos islamoconservadores”(Ilke Toygür, 2016). El Presidente intentará asegurarse la lealtad del ejército, que ya no es monolítico (Félix Arteaga, 2016). Lo renovará con nuevos cuadros. “Esto le permitirá islamizar el país”, el cual, con él, se ha vuelto “menos libre, menos tolerante con las diferencias” , donde se combaten todavía más las expresiones de libertad (Toygür, 2016) y los derechos fundamentales. Una muestra que hace ilusoria la tesis de “que la democracia es compatible con el Islam”. Lo comienza a reconocer Occidente, por eso su tibia reacción frente a lo que pudo haber un exitoso desplome de Erdogan y su partido político. Desconfía bastante de ellos. El gobierno turco ataca a los Estados Unidos de América, quien ha dado refugio al predicador musulmán, Fethullah Gülen, el que planeó el golpe - según el oficialismo - por eso pide su extradición. Periodistas, soldados, burócratas, intelectuales, consejeros y hasta empresarios han sido purgados, a causa de la rabia de Erdogan, quien desatiende la crítica internacional frente a sus excesos de poder, “sin garantías jurídicas y bajo la sombra de la restauración de la pena de muerte”. En el Siglo XX la mayoría de las pugnas turcas las habían protagonizado los secularistas frente a los liberales. A finales de ese siglo, dicha unidad contradictoria sumó al islamismo conservador, que como fuerza política ascendió velozmente con el Partido de Erdogan, este repudiado por militares, civiles y secularistas, agravando todavía más el panorama político, donde la gobernabilidad institucional de carácter liberal fue amenazada esta vez. Más bien, es de suponer que en adelante alguna facción del ejército, al lado de la base social secular, vuelvan a fraguar otra intentona militar, pese a una supuesta oposición de los liberales. Esto quiere decir, que Turquía continuará careciendo de cohesión social, fenómeno que, igualmente, agudizará los efectos del golpe, de donde actuarán por su propio interés el gobierno islamista para sobrevivir, el decaído poder duro del ejército secular, los menos aventajados liberales prooccidentales, los nacionalistas, etcétera, así como los grupos étnicos en conflicto, sobre todo, los kurdos en sus aspiraciones nacionales. Turquía reivindica su antiguo comportamiento imperialista. Aspira a influir en la política doméstica y exterior de las naciones árabes. Ellas, por su parte, contemplan con gran recelo la cruda y dolorosa historia de la expansión del Imperio Otomano en el Cercano Oriente. En la presente guerra, el gobierno de Erdogan evitó que la coalición antiterrorista pudiera utilizar las bases militares del país, para atacar los yihadistas en Siria e Irak. Después cambió su postura. Se ha enfrentado con el gobierno secular (chiita) de Siria, respaldando la oposición sunita; en un principio llegó a tolerar las acciones de los yihadistas del Estado Islámico (EI), con quien traficó petróleo. Ahora es el enemigo, que le reprocha el haber ingresado a la coalición occidental antiterrorista y el aproximarse a Israel. Derribándole un avión, el ejército turco entró en líos con Rusia, también con Irán, ambos aliados del gobierno sirio. Erdogan combate, desmedidamente, las milicias kurdas de Turquía las que cruzan la frontera con Siria para liberar comunidades suyas, con apoyo aéreo de los Estados Unidos de América (Félix Arteaga, 2016). A la vez , antes había puesto en riesgo las relaciones con Israel, al acercarse a la organización terrorista Hamas, a quien Erdogan venía prestando financiamiento y asistencia humanitaria. Pero, los ataques terroristas del EI, recientemente lo hicieron recular y cambiar su política exterior “vacilante” con la coalición internacional; se congració con sus aliados, comenzando por Israel y Rusia. Si Europa lamenta la salida de Gran Bretaña del bloque comunitario; en cambio, en el caso particular de Turquía, seguro que, con los estigmas arrastrados por los ataques terroristas del yihadismo en Bélgica, Francia y Alemania, la actual inestabilidad política, el deterioro de los derechos humanos, habrá de aspirar a tener más lejos a esa nación del Asia Menor, donde más del 90% de la gente profesa la religión islámica. Le entrabará de manera rígida, como lo acostumbra hacer, su pleno ingreso al bloque comunitario de la Unión Europea. Ingreso que las naciones europeas, otrora vinculadas a la Cortina de Hierro en tiempos de la desaparecida Unión Soviética, lograron sin abruptos tropiezos. Pero, distanciarse totalmente de Ankara resulta una decisión que no será fácil a los europeos, dado el creciente flujo migratorio de turcos al viejo continente; a la crisis de los refugiados sirios, afganos e iraquíes que alberga; es también un aliado de la OTAN para la guerra de Siria y contra los yihadistas del EI; aparte que es imprescindible la coordinación para luchar contra los cárteles turcos de la droga, que operan como los principales proveedores de drogas, entre ellas, la heroína. De superar las consecuencias de la fallida asonada militar, probablemente el Presidente Erdogan reafirmará el ideal (“ahistórico”) de “pretender devolver a Turquía el esplendor y la autonomía de tiempos pasados”. Ni le importará que la nación islámica sea rechazada como miembro pleno de la Unión Europea (UE), un bloque de naciones que, de por sí, va en picada; ni los euro-optimistas aseguran su solidez. En conclusión, son determinantes “las dinámicas internacionales”, siguen en esa línea de “realpolitik” (Toygür, idem). Turquía es, así, altamente dependiente de Occidente, en todas sus dimensiones, se ha plegado a él, se alió a la OTAN. Como decía el famoso comediante mexicano Mario Moreno, “Cantinflas”: “allí está el detalle”. !Oh, Erdogan y sus “cantinfladas”!. Ronald Obaldía González (Opinión personal).

viernes, 22 de julio de 2016

GRAN BRETAÑA Y ESOS AIRES DE RECOBRARLE EL PODER AL ESTADO NACIONAL.

GRAN BRETAÑA Y ESOS AIRES DE RECOBRARLE EL PODER AL ESTADO NACIONAL. Destacar la Gran Bretaña solamente como uno de los centros o ejes financieros (“City”) de más alta significación, nos arrastra a un error garrafal. Se podría subestimar lo que esa poderosa nación en términos históricos, políticos, económicos, militares, otrora dueña de los mares, ha contribuido a la civilización occidental. Y específicamente, en la construcción del Estado moderno, en tiempos del poder de los Tudor; luego en la composición del capitalismo, como modo de producción y “praxis social”. Eventos que llegaron a repercutir principalmente en Europa, en cuenta las unificaciones territoriales en pos de las identidades nacionales; un proceso civilizatorio, acelerado mediante la adopción de la figura del Estado nación, lo cual acarreó menos trauma en la isla británica, en comparación con los antiguos conflictos dinásticos de la Europa continental. El mundo experimentó profundas transformaciones sobre la base de la novedosa visión (mindset) anglosajona, con alcance planetario o global, sustentada en el respeto a la vida, la igualdad y la dignidad de los seres humanos, la libertad individual – entre los derechos naturales, según el filósofo John Locke - , así como el derecho a la propiedad privada, el libre comercio y el funcionamiento de la democracia política. Obviamente, hubieron de cometerse yerros en sus aspiraciones expansionistas y hegemonistas, sin embargo, del Siglo XV al XX eran desconocidas la Declaración Universal de los Derechos Humanos, así como la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, entre otros textos trascendentales. Para fomentar la conciencia de los derechos humanos hubo que esperar la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América (1776), la Revolución Francesa (1789) y la Constitución española de 1812 o Constitución de Cádiz, que además de precedentes de los postulados de los derechos humanos, se transformaron en acontecimientos, que marcaron el inicio de la Edad Contemporánea, al repuntarse las bases de la democracia moderna y la completa legitimitación de la economía de mercado. Acendrado tal acervo ideológico o concepción de vida en el entorno del decaimiento de la monarquía y el feudalismo en la Baja Edad Media, dicho sea paso en los inicios del sistema capitalista y del liberalismo político; Occidente no tardó en entrar a la era moderna con la invención en Gran Bretaña del Parlamento que, gracias al basamento de la democracia liberal, cobró fuerza y supremacía, a tal extremo de provocar el desplazamiento del poder absolutista y las ataduras de la monarquía y la nobleza: los estamentos dominantes en el sistema feudal. Casi parejo iban consolidándose los cimientos de la Revolución Industrial (agrícola también) entre el Siglo XVl y XVll. Es decir, los orígenes de los mercados libres, alentados por el comercio y la novedad de las fábricas, sustitutas de los talleres artesanales; las máquinas, entre ellas, la del vapor, la producción minería y la metalurgia, fuente de materias primas de aquella revolución creativa, desde entonces la de mayor resonancia planetaria. El Reino Unido conquistó y pobló la mitad del mundo (Joseph Jimènez, 2016), y puso a una vasta porción territorial, simbolizada en la Commonwealth, nada menos, que a comunicarse en el idioma inglés, cuya estructura, cadencia gramatical y precisión ortográfica, cuasi perfecta y normativa como el castellano, este último expandido a la vez por los españoles por el Nuevo Mundo. Como sea, el uso del inglés y del español vinculó e hizo comunicar entre sí, a no pocos pueblos, los ingredientes iniciales que dieron vida a los incipientes órdenes regionales e internacionales, entrelazados con las identidades nacionales. De hace siglos atrás los británicos vinieron demostrando que son distintos. El mejor testimonio se halla en sus pensadores políticos, la sabiduría científica, la excepcional democracia, la escuela económica de Adam Smith, las ejemplarizantes virtudes humanistas y cívicas, también en los escritores universales (Shakespeare tan magnánimo como Cervantes). Al respecto, nuestro ilustre profesor de español en el colegio, Álvaro Alvarado Castro, nos advertía acerca de la necesidad de escudriñar en la novela, como obra literaria, la característica de “la naturaleza como estado de ánimo”, presente en ella. Y es que los ingleses, gente inteligentísima (la inteligencia es rebelde) y su singular conducta social, al habitar, para ellos, su isla británica, se han autorretratado menos conflictivos, en comparación con el resto de las naciones de la Europa continental, pese a haberles sido complicado el sustraerse de los contagios, provenientes de los enredos y las "componendas" entre los franceses, ibéricos, italianos y eslavos. A causa de los contagios y "las triquiñuelas", con los cuales los cobardes y calculadores una vez pactaron, múltiples señas inclinaron al Reino Unido a que desde el principio pusieran en alerta roja a la comunidad internacional. Se lanzaron a la guerra frente al peligroso ascenso del nazifascismo, nacido en la porción continental, cuyas raíces hubieron de remontarse a los Siglos XVlll y XlX, dadas las pugnas domésticas que se interpusieron contra la unidad alemana, logro, éste, que, relativamente, hizo posible el canciller prusiano Otto von Bismarck. Para combatir de modo intenso al monstruo hitleriano, su antípodas natural, en el pueblo británico sobresalieron y convergieron en aquel entonces, las tradiciones del pensamiento liberal, el de los socialistas utópicos, los movimientos obreros, entre otras corrientes filosóficas, políticas y económicas, anti - totalitarias. A su vez, las fuentes espirituales, humanistas, parejo a la valentía y la fuerza de voluntad de los anglosajones, todo lo cual, hicieron realidad la derrota del nazifascismo, con inmensos sacrificios y pérdidas de vidas y, posteriormente, la desaparición del comunismo estalinista, hecho en el cual Margaret Thatcher fue una de sus pioneras, al lado de Ronald Reagan y el Papa Juan Pablo ll. Dicho antes, la corta separación física entre ambas geografías, hecha por el canal de la Mancha - útil para la defensa británica - brazo del Océano Atlántico; particularmente, los ingleses, siempre nos ofrecerán sorpresas, en este año con el Brexit o la salida británica de la Unión Europea, y quién sabe cuáles más en el futuro. Qué nos extraña, si ya en el Siglo XVl se había originado otro Brexit afín, tras la determinación de Enrique Vlll, uno de los Tudor, de romper, en malos términos con Roma, o sea, la Iglesia Católica, por lo que fundó la Iglesia Anglicana: uno de los fraccionamientos del catolicismo, tan severo como la Reforma Protestante (Siglo XVl), regida por Martín Lutero en Alemania. También un cisma para el Papado. Tengamos cuidado. Hasta ahora el Brexit dista de condenar la apertura de los mercados y la liberalización del comercio transnacional, ya sea de bienes, servicios y capitales, o la reducción de las barreras del comercio, al tiempo de que el proteccionismo o el aislacionismo le es ajeno. Pero, la salida de la comunidad europea sí comporta regulaciones migratorias. Por eso, la renuncia británica de la Unión Europea, probablemente, habrá de minar el programa de integración europeo. Felizmente, se hace evidente el regreso de la supremacía del Estado democrático y pluralista, dador de seguridad y bienestar a la ciudadanía, defensor de la soberanía nacional. Un poder que, con su eficaz desempeño no cede el control de las fronteras, "ni su política fiscal y monetaria". Así concebido (el Estado) se exime de colocarse por debajo de normativas y estructuras supranacionales, que en nuestros tiempos resultan una pantomima, sin futuro alguno, que conduce a los pueblos a terrenos desconocidos. Así entonces, el Brexit es un evento eminentemente político, que el sistema capitalista y el Estado liberal británico, por su naturaleza resiliente y homeostática lo asimilarán, tan solo con mínimas consecuencias. El debate lo han monopolizado los economistas expertos y los banqueros; hay escasa desconfíanza popular, respecto a sus vaticinios fatalistas De todos modos, las perspectivas de la economía internacional se han visto ensombrecidas desde las bajonazos bancarios del 2008, fenómeno en el cual todavía resulta inocente el curso del referendo británico. Siendo una sociedad singularmente libre, abierta, desprejuiciada, por eso, los británicos nada esconden: menos aún "los pecados mortales y veniales", los secretos de alcoba, o bien, el patrimonio de la ranciosa y apenas formal monarquia, lo mismo que de su clase política. Poco interesa la evaluación del impacto a largo plazo de los términos de la futura relación del Reino Unido con la Unión Europea. Los británicos son dueños de sí mismos. Falso que las catástrofes se avizoran. El rumbo lo determinará la democracia parlamentaria, o en su lugar, el plebiscito, donde se debaten y resuelven las aspiraciones del pueblo. No así, lo harán las tesis económicas, sacudidas, de forma constante, por las contingencias y las emociones, quizás por intereses oscuros. Lo que desean los ingleses "es recuperar su país", su identidad nacional, tener control de la seguridad nacional, y no dejarla en manos de los burócratas parleros e inoperantes, asentados cómodamente en Bruselas. Es un enfrentamiento entre nacionalismo de libertad y de democracia e internacionalismo burocrático e inoperante; este incapaz de frenar el endeudamiento, el mediocre crecimiento en la zona euro, el elevado desempleo, especialmente entre la población juvenil; lo mismo que las turbulencias de los sistemas bancarios de varias naciones europeas, que empobrecen. Así de simple, la libertad democrática de la que gozan los ingleses será la que decida en cualesquiera circunstancia cívica. Con todo, Unión Europea: "good luck". Ronald Obaldía González (Opinión personal)

domingo, 26 de junio de 2016

UN LOBO CON PIEL DE OVEJA CAMINA ERGUIDO EN EL PERÚ: "EL FUJIMORISMO".

UN LOBO CON PIEL DE OVEJA CAMINA ERGUIDO EN EL PERÚ: “EL FUJIMORISMO”. Acertamos si citamos a Perú entre las naciones latinoamericanas donde más pensamiento político se ha producido, principalmente en la primera mitad del Siglo XX. Lo pusieron de relieve las ideas socialistas del gran autodidacta José Carlos Mariátegui (1894 – 1930); las tesis americanistas y social democráticas de Víctor Raúl Haya de la Torre (1895 – 1979), cuya formación política la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) tuvo arraigada influencia en los líderes costarricenses de la Revolución de 1948; así también César Vallejo (1892 – 1938), en la etapa de su plenitud poética con sentido humanista y compromiso social. Aquellas visiones, llevadas a la práctica política, fertilizaron no sólo la nación inca, bañaron casi toda la región latinoamericana. En el caso particular de Perú, influyeron en la conducta de la fracción de militares golpistas, guiada por el general Juan Francisco Velasco Alvarado, impulsor de la corriente nacionalista reformista. Le sirvió de base para la nacionalización y estatización de la mayoría de las empresas mineras (antes en manos extranjeras), lo mismo que del sistema bancario, además de las reformas sociales y agrarias, que heredó el confuso anti – APRISMO del gobierno militar, las que en términos ideológicos pesaron mayormente. Las disputas entre Haya de la Torre y el gobierno de facto resultaron incapaces de negar el acento del APRA en el curso del poder de los militares “populistas”, principalmente bajo el comando del presidente Velasco (1968 – 1975). Sobre un discurso emotivo y de masas, el pensamiento social reformista se reivindicó otra vez en el primer gobierno de Alan García (1985 a 1990), dicho sea de paso, García era el delfín de Haya de la Torre, al cabo que era la primera ocasión que el APRA asumiría las riendas del Poder Ejecutivo peruano, antecedido por un proceso electoral en el cual el candidato García se impuso con el 52% de los votos. Casi a la mitad de su periodo gubernamental al presidente APRISTA el control de la economía salió de sus manos. La inflación alcanzó niveles desorbitantes, en tanto que se agudizó el desempleo, producto de la desactivación, o más bien el colapso de la economía. Tras esto se enfrentó al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial, haciendo gala contra el pago de la deuda externa. El mandatario aducía que ésta ya se había honrado casi en su totalidad, por lo que procedió, antojadizamente, a fijar apenas el 10% del ingreso nacional, a efecto de asignarlo al cumplimiento del servicio de tales obligaciones financieras. García colocó en pésima posición al APRISMO. La corrupción alcanzó niveles alarmantes. Por su lado, el deterioro de los derechos humanos, frente al ascenso de la guerrilla maoísta de Sendero Luminoso y los guevaristas del Tupac Amarú, ofrecieron argumentos a las fuerzas armadas para hacer un ambiente político demasiado crítico. Al extremo que las organizaciones internacionales se pusieron en alerta; subrayaron que los sonados casos de abusos y excesos tuvieron similitud con los delitos de lesa humanidad. Justamente, los delitos por los que en parte guarda prisión en Lima el expresidente Alberto Fujimori (de nacionalidades peruana y japonesa), además de los comprobados delitos de corrupción, fraguados bajo la complicidad de Vladimiro Montesinos, su álter ego y la versión peruana del temido “Robespierre”. Un macabro dúo, responsable de sentar las bases del narcoestado, enquistado todavía en el Fujimorismo, el que, gradualmente toma más figura y que la sociedad peruana lo continúa resintiendo. El tiempo terminó fusionando los intereses entre los cuadros tradicionales del APRISMO, presidido por Alan García y el “Fujimorismo”, particularmente en las pasadas elecciones. Ambas organizaciones están lejos de ser organizaciones anti - sistema - menos aún el partido “PPK” del candidato vencedor Pedro Pablo Kuczynski - . Por eso, el balotaje o la segunda ronda de votación, llegó a ser una especie de “test” acerca de la vigencia indiscutible del Fujimorismo, en correlación con la estrecha e inocua derrota de Keiko Fujimori - hija del caudillo - ; quien, esta vez, fue objeto del respaldo - una inversión a futuro - del antiguo enemigo de su padre. Tan enemigos fueron que, al sucederle en el poder, Alberto Fujimori, autor de un régimen democrático "iliberal" o autocrático - pues organizó procesos electorales, pese a que asumió plenos poderes con el apoyo de los militares - desató una abierta persecución contra García, luego convertido en expresidente huidor. Lo persiguieron por los mismos cargos, por los que “el Chino” guarda hoy prisión. El líder, el preferido de Haya de la Torre, quedó así desprestigiado, vetado en la escena política por más de diez años. Entre ambos líderes y formaciones hay bases comunes. Porque en lo social, los Fujimori representan “una derecha, populista, compasiva”, lo cierto es que además rondan los lavadores de dinero, quienes evocan “las épocas pasadas de los gobiernos del “Chino”: la corrupción, la compra de voluntades, los cómplices de las violaciones a los derechos humanos (entre ellos, un segmento de militares), los tecnócratas y los administradores de la dictadura. Aunque poco valieron los arrebatos y las amenazas de aquel advenedizo y opaco régimen autoritario, por cuanto el APRISMO con Alan García, eso sí, bajando la guardia con sus históricas tesis social demócratas, e invirtiendo energías por lavarle el rostro a su líder, retornó por segunda vez al poder (2006 - 2011), abrazando la ideología del libre mercado y de la apertura comercial, con lo cual, en la etapa del Presidente Alejandro Toledo, la economía nacional, basada en la producción de minerales, la industria pesquera y la intensa actividad turística, alcanzó vertiginosos crecimientos anuales cercanos al 6%. Con todo, tales logros económicos registran insuperables estancamientos sociales, es el caso que “el 70% de los peruanos se gana la vida mediante empleos informales”. A su regreso a la política, García, siendo aquel afamado orador de masas, buen recurso para desmentir su conducta dolosa, se refugió en la táctica exitosa de atemorizar a la mayor parte de la sociedad nacional (“votó por el menos peor”), exponiendo los estigmas, arrastrados por su adversario, el general Ollanta Humala, a quien se le asoció como discípulo del diversionista y disparatado régimen venezolano de Hugo Chávez - y sus aliados suramericanos -, quien, por cierto, mantuvo extrañamente una relación de buenos amigos con Fujimori. Antes mencionamos la inversión hecha esta vez por el APRISMO, urgido en sobrevivir, ya sea “como uña de león”. Seguro se creyó en que es capaz de conciliarse y después maquillar al Partido Fuerza Popular, el de los Fujimori; por eso, en el balotaje se apuntó con la controversial familia. Ella y su partido, desde un principio y sin desmarcarse tampoco de las ideas sociales, aprendidas del APRISMO fundacional de Haya de la Torre, ha trabajado de modo considerable en sectores populares o los sectores de bajo ingreso de Lima y de otras ciudades, más las zonas rurales, “gran parte de su voto viene de ahí”. Su apuesta por la mano dura (en cuenta la pena de muerte) contra la inseguridad es otra de “las esencias que ha mantenido”, lo cual atrae, peligrosamente, la aprobación de la ciudadanía. Igualmente, el expresidente Alan García practicó “la mano dura”; hasta aquí llegó la afinidad con el siempre oscuro y dúctil Fujimorismo. A diferencia del resto de naciones latinoamericanas, de lo que sí podemos estar seguros es que en las Fuerzas Armadas peruanas sobrevive todavía un sector, distanciado del comportamiento favorecedor del statu quo, aliado (casi) incondicional de las poderosas élites del poder conservador. El desenlace y la valoración de Ollanta Humala, el Presidente saliente y declarado anti Fujimorista - cumplió como gobernante, al lado de su elegante y brillante esposa, Nadine Heredia -, quien dribló los temores infundados alrededor de sus inclinaciones “chavistas”, pone de relieve nuestra hipótesis. Los propios opositores reconocen los positivos indicadores de su política social, sin poner en riesgo el esquema, el rumbo de la economía de mercado, así como la gobernabilidad institucional. Solamente su esposa es maliciosamente cuestionada apenas por el uso inadecuado de una tarjetas de crédito. Sin embargo, tales revanchismos significan el pan nuestro en la política latinoamericana. Nos hace suponer que la experiencia reformista y nacionalista del militar golpista Velasco Alvarado , así como las raíces fundacionales del APRISMO, pudieron haber ofrecido materiales ideológicos al proyecto político de la agrupación del Presidente Humala, el Partido Nacionalista Peruano. En vez de formar coaliciones con los radicales izquierdistas del Frente Amplio peruano, ya como líder opositor, Humala posee los réditos suficientes para cooperar en la reconstrucción del sistema político de su nación. A la vista identificamos el riesgo, representado por el partido de la familia Fujimori, este se convirtió en el partido más votado (40%)en la primera ronda, cuenta con la clara mayoría en el Congreso (73 diputados de 130). Mientras una oposición dividida, compuesta por la izquierda extremista del Frente Amplio contará con 20 legisladores; el partido PPK del Presidente electo, Pedro Pablo Kuczynski - empresario exitoso, exministro, músico, descendiente de judíos alemanes - contabilizará 18. Nada tiene que este año, mediante un balotaje reñido, ese hombre honesto pudiera precariamente derrotar al Fujimorismo. Así, entonces, con tal de contrarrestar dicha pesadilla, los sectores democráticos, agrupados alrededor de la figura del Presidente entrante y de Ollanta se verán obligados a construir un bloque político, que facilite la gobernabilidad institucional, particularmente, la reconstrucción del Poder Judicial para desafiar la criminalidad organizada, de la cual tanto se nutrió la espuria dictadura peruana de la década de 1990. Ronald Obaldía González (Opinión personal).

sábado, 4 de junio de 2016

Ronald Obaldía González escribe a la señora Eliette Artavia, exprofesora del Liceo Rodrigo Facio Brenes (Zapote - San José).

Ronald Obaldía González escribe a la señora Eliette Artavia, exprofesora del Liceo Rodrigo Facio Brenes (Zapote - San José). Mi querida y hermosa profesora de Biología. Esta semana que terminamos la tuve demasiado presente. Una vecina me pidió de forma angustiada que sacara de su cochera una culebra. Ella estaba sola con su niña. De inmediato acudí al llamado de ella. Dada mi fascinación por las serpientes, me hice no más de un palo de horqueta que por otros usos poseo. Me apresuré a solucionar el peligro. Cuál fue mi sorpresa que se trataba de una hermosa culebra de tierra, que en su conjunto salen a la superficie debido al impacto de la lluvia. Quien fuera, iba preparado para todo, menos acabar con la vida del reptil, menos en este caso, se trataba de un animal inofensivo. Por qué mi pensamiento?? La recordé demasiado, como le repito. Pues me llegó a la mente un evento suyo con una compañera del colegio en aquellos hermosos años. A su alumna se le había acercado un extraño insecto, exótico, por cierto, enseguida e irreflexivamente lo mató. Usted observó la escena, para mala suerte de ella, por lo que fue objeto de una fuerte llamada de atención, acompañada de sabiduría científica. Le hizo ver el daño ambiental producido con su acto instintivo y destructivo. Así también salieron a relucir los beneficios acarreados al medio y a la protección de la cadena alimenticia, gracias a esa especie de insectos, cuyo ejemplar había sido abatido. Mi querida profesora, su gesto fue toda una lección científica, llena de los más profundos sentimientos que calaron hondo para toda la vida en uno de sus estudiantes. De manera, que la osada culebra de tierra al encontrarme frente a frente intuyó que le respetaría la vida, entonces no ofreció mayor resistencia al capturarla, con los mayores cuidados para evitarle una lesión. Se dejó tomar y después simplemente la colocamos en un sitio más seguro para ella. Así arreglamos aquel litigio biológico. Gracias mi querida profesora.