miércoles, 28 de febrero de 2018
LAS AGUAS TURBIAS DE IRÁN (SEGUNDA PARTE Y FINAL).
LAS AGUAS TURBIAS DE IRÁN (SEGUNDA PARTE Y FINAL).
Ninguna diferenciación hace Washington entre los conservadores y los reformistas islámicos iraníes, así como de los no pocos sobresaltados seguidores del extinto régimen modernizador del Sha Mohamed Reza Pahlevi. Lo cual, ciertamente, ha abierto fisuras al interior del régimen, quedando ello demostrado en las reyertas de principios de este año, cuando ambas fracciones estuvieron confabulando para llevar agua a sus molinos.
Tampoco distingue las distancias ideológicas entre el anterior presidente Mahmoud Ahmadinejad y el actual: el moderado mandatario Hasan Rohaní, quien está cumpliendo con su segundo mandato, fue reelegido para un segundo mandato hace apenas ocho meses, con una contundente mayoría del 57 % de los votos-. Así también, son notorias las serias divergencias entre el presidente y los clérigos ultraconservadores (Francisco G. Basterra). El gobernante iraní Rohaní ha denunciado los exagerados presupuestos de las instituciones religiosas, o militares, de los Guardianes de la Revolución. Los clérigos disfrutan de una vida fastuosa; se desvían dineros para la estrategia del “corredor terrestre” en el Medio Oriente, con base en intervenciones en el extranjero, ya sean Siria, Líbano, Yemen y la Franja de Gaza. Solamente, el régimen de los Ayatolahs, en la guerra de Siria, ha gastado $10.000 millones (Shlomo Ben-Ami). Tales contradicciones internalizadas en Teherán, en el presidente Donald Trump resultan impensables. Este obsesionado en desmantelar el legado de Barack Obama, opta por atacar los afanes de Teherán en dotarse de reactores nucleares, destinados a fines militares y de defensa, lejos del uso pacífico, en particular la producción de electricidad, con lo cual los iraníes intentan persuadir a la comunidad internacional.
Razón por la cual, la Casa Blanca exige, de manera constante, a los países europeos a endurecer el pacto nuclear (el PCAC), sellado en el 2015 por Estados Unidos, China, Rusia, el Reino Unido, Francia y Alemania con el Gobierno de Irán (Ángeles Espinosa). El PCAC es un acuerdo multinacional refrendado por el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Washington habrá de intentar excluir a Teherán de las conversaciones de un nuevo pacto paralelo, cuyas exigencias difícilmente se aceptarían, puesto que se rompería el consenso que permitió, tras una década de negociaciones, sellar el acuerdo de hace tres años (Joan Faus). De ser negadas, Estados Unidos “haría efectivo el retiro” de ese acuerdo (AFP, 2015), a pesar que a inicios de este año se mantuvo, por ahora, a su país. El presidente estadounidense, Donald Trump, el pasado enero decidió renovar el alivio de sanciones concedido a Irán, con base en el arreglo nuclear del 2015, pero advirtió que esta es la "última oportunidad" para ayudarle a los aliados corregir los "defectos" del pacto, o si no, se retirará de él. En cambio, las demás contrapartes han instado a la Casa Blanca a no abandonarlo. La referida decisión de enero pasado del mandatario estadounidense fue valorada con beneplácito, fue un respiro, a favor del presidente iraní.
Trump quiere vincular indefinidamente el acuerdo nuclear con el desarrollo o ensayo por parte de Irán de misiles balísticos, inspecciones nucleares, y acabar con la cláusula que permite a Teherán reanudar en una década el enriquecimiento de uranio. De igual modo, pide actuar contra las injerencias regionales de Irán. Trump esgrime que el impacto del levantamiento de las sanciones financieras y energéticas estadounidenses y europeas, a cambio de la reducción de su programa atómico, Teherán lo ha utilizado para financiar “armas, terror y opresión” y violar los derechos humanos de su gente (Joan Faus, 2017). La respuesta de la Unión Europea (UE) no ha tardado en llegar. “Eso está fuera del acuerdo y debe abordarse en diferentes formatos”, esgrimió la alta representante para la Política Exterior de la UE, Federica Mogherini, en sus encuentros con el ministro de Exteriores iraní, y sus homólogos alemán, británico y francés ( Joan Faus)
En su lugar, el presidente iraní también ha subrayado que el acuerdo está concluido y que “no se le puede añadir nada” (Joan Faus). El presidente Rohaní ha asegurado que su país cumplirá lo firmado con las grandes potencias hace tres años, en la medida en que sus derechos e intereses sean respetados (Francisco de Andrés). Además, la UE y los tres países europeos que firmaron el pacto de 2015 (Alemania, Francia y Reino Unido), han dejado claro que rechazan renegociarlo. El presidente iraní, Hasan Rohaní, se agarra del respaldo europeo hacia el pacto antinuclear para fortalecerse, fomentando el nacionalismo persa, lo cual le vale en sofocar las protestas que desestabilizaron el país a principios de este año (Ángeles Espinosa,2017). El gobernante iraní abraza al mismo tiempo el acuerdo, que en el fondo le significa captar respaldos internacionales en sus persistentes posturas de apertura social y cultural.
Las protestas depararon decenas de muertos (Atta Kenare. AFP), en las cuales se puso en entredicho la legitimidad y sobrevivencia del régimen islámico, y particularmente el poder ejercido por el conservador ayatollah Alí Jamenei; al cabo que el gobierno de Rohaní, a pesar de hacer posible el aumento económico y un mejoramiento de la macroeconomía, “que ofrece buenos parámetros”, el restablecimiento de la industria petrolífera, al no traducirse todo ello en mejor calidad de vida de la gente, ha hecho lo insuficiente, en medio de la asfixia económica, resolver el aumento del paro en especial el juvenil, el cual ronda en un 40%, el incremento de los precios, entre ellos la gasolina, y la carestía de productos básicos. Bastante gente ha perdido sus ahorros en instituciones de crédito que se han quebrado.
Asimismo, otra supuesto del origen de las protestas, las cuales comenzaron en Mashhad que, además de ser la capital de los disturbios de este año, representa la ciudad del blanqueo de dinero; el Gobierno les ha cerrado los canales a los lavadores, les ha privado de muchos beneficios que tenían antes, así se entiende que hayan calentado las protestas como medida de presión” (Ángeles Espinosa).
Llegó a ser el colectivo de la juventud, quien abogó a favor del desarrollo económico más equitativo; demanda la "libertad para los presos políticos", las mejores condiciones de la clase trabajadora, castigada por el alto desempleo, lo que llegó a alimentar el estallido. Los jóvenes profesionales tienen que irse del país en busca de trabajo y un futuro mejor (Víctor Lapuente Giné). Los manifestantes, en especial, los jóvenes clamaban en pro de una “república iraní”, deslegitimando la república islámica.
Precisamente, las manifestaciones antigubernamentales contra los ayatollahs las tuvieron en su óptica Israel, y las monarqúias del Medio Oriente, en particular Arabia Saudita - un país armado hasta los dientes por Trump - , a la expectativa de su desenlace (Mikel Ayestaran). Las atizó Trump, lo cual denota la animadversión del mandatario contra el subimperio del Medio Oriente, y contra su policía la Guardia Revolucionaria de (Joan Faus), encargada esta vez de desactivar las manifestaciones en las calles de las ciudades, al percibirlas como una sedición frente a la República Islámica, sin descartarse la sospecha de que se trató “más de una pelea entre élites del sistema: los conservadores a favor del régimen teocrático y los reformista que hoy controlan el poder gubernamental”. Los adeptos a los clérigos conservadores tampoco se quedaron inactivos; respondieron al organizar una serie de manifestantes, corearon consignas contra los activistas antigubernamentales, contra Trump e Israel, empuñando un afiche del ayatollah Jomeini durante una marcha en Teherán (Irán), el pasado 5 de enero (ATTA KENARE AFP)
La hostilidad de Trump hacia Irán se refleja a la vez en la responsabilidad, achacada a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y altos funcionarios de su gobierno en un presunto plan para encubrir a los autores intelectuales del atentado, ejecutado por iraníes contra objetivos judíos en la AMIA de Argentina en 1994. En el atentado perdieron la vida 84 personas judías. Asimismo, basta con verificar el discurso de Washington en relación con sus controversias frente al régimen de Corea del Norte, en el cual se pone de relieve una vez más la enemistad hacia los ayatolahs, a quienes continua aislando; por el contrario, la Casa Blanca deja abierta la distensión con Corea del Norte, muestra su disposición a intentar una negociación con su archienemigo nuclear “en el tiempo apropiado y bajo las condiciones correctas” (J. M. Ahrens).
Así, entonces, se trató de “la última suspensión” que llegó a firmar en enero del 2018 el magnate Trump, al alegar “fallas desastrosas” en él. La tesis impera en casi todas las monarquías sunitas. En Israel, el mayor protegido de Washington en el Medio Oriente, cuyas relaciones en esa región las induce el judío Jared Kushner, el yerno de Trump, prevalece la misma percepción, por cuanto “el Irán nuclear”, subimperialista e injerencista, así denominado, le significa “amenaza existencial” al financiar y militarizar sus enemigos, cuyos planes desembocan en el objetivo de la desaparición del Estado hebreo, a saber: las organizaciones terroristas Hezbolá en el Líbano y Hamas (chiíta) de la Franja de Gaza, las palestinas Fatah y la Yihad islámica; así también al tirano régimen de Bachar el Asad en Siria, este asediado por la oposición sunita y las ramas terroristas sunitas, ya sean Al Qaeda y el Estado Islámico (EI).
Por su parte el Capitolio en Washington se rehúsa a las medidas duras contra el régimen teocrático iraní, incluso aquello de permitir el acceso inmediato que requieran inspectores nucleares; el asegurar que Teherán sigue a un año de poder desarrollar una bomba atómica; hacer permanentes las obligaciones iraníes y vincular el programa nuclear con el de misiles (Faus, idem). Los congresistas estadounidenses en su mayoría guardan prudente distancia de las tesis de Trump. No parece haber consenso para recuperar las usuales sanciones, piensan que podría convertirse en una vía de irritar a la Unión Europea (UE), quien ha invertido esfuerzos en el pacto antinuclear con Irán. Tras los arreglos de Irán con las Naciones Unidas en materia de desnuclearización, ese país oriental “ha dado un vuelco con las relaciones”. Los dos bloques han pasado a elevar sus flujos comerciales en un 79%, desde que se suspendieron las sanciones que prohibían muchos de los intercambios (entre ellos los energéticos). Europa antes de las sanciones y el bloqueo había sido el primer socio comercial de Irán. Hoy, con el levantamiento o suavización, es el quinto (Ángeles Espinosa).
Al asumir Hasan Rohaní la presidencia de Irán en 2013, tuvo que dirigir todos los esfuerzos de su Gobierno a enfrentar las secuelas económicas de ocho años de las políticas de su predecesor Ahmadineyad. Rohaní heredó una tasa de inflación anual de alrededor del 40%; un PIB en recesión y unas sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, merced a los desautorizados proyectos nucleares, que perjudicaban fuertemente las exportaciones petroleras. Con la firma del acuerdo nuclear y el consiguiente levantamiento de las sanciones en enero de 2016, Irán accedió a sus fondos congelados en bancos extranjeros. En el lapso de un año logró recuperar su lugar en el mercado de petróleo. Esto ha permitido que el PIB iraní experimentara en el año fiscal que terminó en marzo pasado un crecimiento del 12,5%, en su mayoría fruto del aumento de las exportaciones de petróleo (Ángeles Espinosa).
En el ámbito del negocio del petróleo sobresalen las rivalidades frente a las restantes naciones árabes petroleras, con ventajas para Irán, quien el año pasado descubrió unas reservas de petróleo de 15.000 millones de barriles. Desde hace dos años los persas acaban de lanzar una ofensiva diplomática en Europa y en el Vaticano, donde se supone que obtuvieron réditos recientes, tras la visita allí del Presidente Hasán Rouhaní, esto amparado en los credenciales del éxito del acuerdo o programa nuclear con Occidente, que auspicia la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Se levantaron las sanciones que a Teherán le permitirá recuperar su economía. Para ello necesitaría que los países corten su producción, para que los precios suban. En esta línea de la distensión y acercamientos, Rusia ha advertido a Trump sobre el peligro de un endurecimiento de la política hacia Irán; afirma Moscú que las intromisiones le serán inaceptables (Ayestaran; Abellán).
El Banco Europeo de Inversiones prepara garantías para proyectos que no encuentren financiación (Lucía Abellán). De retirarse Washington del acuerdo antinuclear, en el caso de Europa, se trabajaría en las previsiones, en el sentido que Washington adoptaría represalias contra sus empresas. El riesgo contra las empresas europeas se asemejaría a la llamada ley Helms Burton, por la que Washington había castigado a las compañías que invirtieran en Cuba (Lucía Abellán).
Todo hace constatar la existencia de crónicas grietas, ensanchadas, entre el Irán (chiita) y las monarquías sunitas del Golfo Pérsico, ya sean Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos – con precaria vocación democrática, aliadas de Trump - , en cuenta Egipto (Obaldía, Ronald, 2015). Así como tal, Yemen, quien alberga una minoría chiita, se convirtió en otro objetivo de la ofensiva iraní, con tal de orillar en esa nación en guerra el predominio saudita, dicho sea de paso un predominio que abarca las instancias de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP).
Paradójicamente, los estadounidenses y el Irán poseen los mismos enemigos, los talibanes de Afganistán son parte de ellos. Lo hubo de ser Saddam Hussein en Irak, esta vez contra los yihadistas que todavía operan en esa golpeada nación árabe. En la conflagración de Siria, eso sí, en donde Irán intenta sostener al régimen de Bachar el Asad, las fuerzas militares y los Guardianes de la Revolución (los Pasdarán) de Teherán han decididamente colaborado, al lado de los aliados occidentales, con tal de derrotar a los terroristas del ISIS, en paralelo a la coalición internacional que dirige Washington. Motivo por el cual los iraníes califiquen como una afrenta, el que hayan sido sancionados política y económicamente, pues indirectamente han estado aliados a Washington, en la batalla contra el terrorismo de ISIS en el Medio Oriente; una guerra en la cual Rusia - al lado de Irán - defienden con brazo fuerte al gobierno de Bachar, a sabiendas del riesgo que pueden correr las bases militares suyas instaladas en las aguas marítimas de Damasco.
En cambio en el Líbano y Yemen se han involucrado en operaciones encubiertas. Lo mismo que la participación iraní en la lucha en defender al régimen de Bachar el Asad en Siria, así como en operaciones encubiertas en la Franja de Gaza, Irak, Afganistán o Yemen, la ha hecho verse (todavía) enfrentada a menudo frente a los intereses de Washington y los propios europeos.
Un sector de la inteligencia estadounidense, “con realismo real” se acomoda al hecho de que el gobierno iraní es un “aliado fáctico”, porque enfrenta a los yihadistas islámicos, sea que en este juego de ajedrez haya que tolerar - desafortunadamente - la permanencia de Bashar al-Asad en Damasco, acérrimo enemigo militar de los terroristas del Estado islámico (EI o ISIS). En términos relativos el propio acuerdo nuclear del 2015 sale beneficiado, en parte se convierte en una medida de confianza a favor de los iraníes. Lo otro consiste en el surgimiento de Irán como potencia en Oriente Próximo, parcialmente una “buena noticia para la lucha contra el terrorismo, el integrismo mahometano y la yihad mundial”, de inspiración sunita (Daesh y al Qaeda), al cabo que causa insomnio a las mismas monarquías sunitas, quienes, en un principio, fueron cómplices, sus embriones.
Principalmente, la fortalecida Daesh (o ISIS) figura entre el máximo operador de la violencia y el terrorismo, este que ha causado estragos y atrocidades en Irak y Siria. El poder iraní resulta un negativo evento en el resto de las monarquías sunitas e Israel, opuestas al expansionismo de un Teherán rico en materias primas, y poseedor de mayor capacidad militar; en un futuro, según Trump e Israel contará con la bomba atómica.
El mandatario Mahmoud Ahmadinejad, como antes señalamos: un dirigente represivo ultraconservador y exintegrante de la Guardia Revolucionaria - policía religiosa, creada en 1979 para proteger los principios de la revolución teocrática islámica, había hecho más tirantes los vínculos con Occidente e Israel, así también las monarquías del Golfo y el sistema de la Organización de las Naciones Unidas. Simultáneamente, estos últimos reiteraron en sus posturas punitivas, con tal de contener los programas de enriquecimiento de uranio, básicos para la fabricación de armas nucleares. Con ese mandatario nacionalista se afianzó el frente conservador en perjuicio de los reformistas y sus candidatos a los puestos de elección popular, sometidos en ese lapso a los vetos y restricciones, impuestos por los Ayatolahs en su ligamen con el Consejo de los Guardianes de la Revolución a los candidatos reformistas aspirantes a puestos de elección popular. Ante las amenazas externas, más bien, planificado por la élite política, con base en un proceso amañado y fraudulento, Ahmadinejad se alzó con las elecciones del 2009.
El objetivo militar – nuclear iraní continúa enrumbándose a paso veloz, de acuerdo con la visión de los Estados Unidos de América de Donald Trump y de Israel, entretanto la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) asegura lo contrario: que Teherán ha sido respetuosa del acuerdo nuclear. Los inspectores de la ONU han subrayado que Irán está respetando el acuerdo (Faus). Lo cual contrasta con las reacciones del pasado del régimen teocrático en cuanto a negarse a detener los planes de enriquecimiento de uranio, pese a que la Unión Europea (UE) le ofreció facilidades comerciales que Teherán siempre rechazó.
El sostenido apoyo iraní a los terroristas de Hezbollah (chiita), enemigos mortales de Israel, le permitió a la nación hebrea arremeter, a través de la fuerza, contra los militantes extremistas, afincados en el Líbano. Hubo de enviarse, de este modo, un "nítido mensaje al propio Irán y su aliado Siria", que tampoco se quedaría de brazos cruzados frente a cualquier amenaza contra su seguridad y estabilidad. Cabe explicar que Irán ha mirado a la nación judía, su enemigo en religión y capacidad militar, como el gendarme estadounidense en la región del Medio Oriente. Por su parte, en ciertos lapsos Israel no ha ocultado el interés de atacar las instalaciones militares iraníes, de donde se supone se enriquece uranio. La alta complejidad de esta enemistad llegó a extremos en los últimos días cuando Israel acaba de ejecutar el ataque contra instalaciones militares iraníes instaladas en Siria, por cuanto le es inaceptable la presencia de fuerzas militares persas cerca de su frontera. Dentro de esta lógica de conflicto, seguro que Israel impedirá que en el suroeste de Siria (cerca del territorio hebreo) se consolide un despliegue permanente de fuerzas iraníes o combatientes de Hezbollah, entre otros enemigos suyos.
Ciertamente, un hecho corroborado lo constituyen las pruebas de Irán, relacionadas con el lanzamiento de un misil de largo alcance, capaz de alcanzar objetivos israelíes, así también los persas anunciaron el lanzamiento de un cohete de prueba que más adelante pondría un satélite en órbita, reales amenazas que ponen de relieve la desconfianza de árabes y hebreos, envueltos en una alianza “de perfil poco visible”.
La eventualidad, cada vez mayúscula, es que los actuales gobiernos chiíes ganen las guerras de Irak y Siria, incluso favoreciendo los hutíes de Yemen. Lo cual ha disparado la señal de alarma en Israel, quien “teme la aparición de lo que denomina «la Media Luna iraní» en la región, mucho más hostil hacia el Estado sionista que el mundo árabe-suní, con quienes se había enfrentado en varias guerras. El gobierno hebreo respalda al presidente Trump en su iniciativa de revocar el acuerdo nuclear de Estados Unidos con Irán, y vuelva a instalar el anterior régimen de sanciones económicas. El Primer Ministro hebreo Benjamín Netanyahu lo tilda de “mal acuerdo”, el cual deja en manos del Irán el enriquecimiento de uranio, proceso clave en la fabricación de la bomba atómica. Consideran que una buena parte de países musulmanes ya ha dado pasos para comenzar a seguir el compromiso sancionatorio, lo acogen, y cada vez más se dan cuenta de que tienen una causa común, e intereses colectivos, junto con Israel frente a la amenaza, planteada por Irán, “la gran potencia” chiíta, cuyos Ayatolás siguen manteniendo entre sus objetivos la destrucción del Estado sionista (Francisco de Andrés), una meta que hace pocos meses recordó públicamente el Líder Supremo y sucesor el ayatolá Jamenei (Chagai Tzuriel), salvo que entre ambos ha habido ausencia de confrontaciones militares. Podría sobrevenir la creación de lo que algunos analistas califican ya como «eje del bien», formado por Israel y los países musulmanes suníes, tales como Egipto, Jordania, Arabia Saudí (Mikel Ayestaran). Al mismo tiempo, el mandatario judío ha pedido a Vladimir Putin que deje de propiciar el fortalecimiento de Irán, su aliado en la guerra de Siria (Chagai Tzuriel).
El Medio Oriente está ayuno de entendimientos. El denominador común es suponer la amenaza de enemigos. Advierte el prestigioso diplomático judío Shlomo Ben - Ami que esa línea de conducta no hace otra cosa que tornar más factible un conflicto dramático, sangriento, destructivo, y desestabilizador, que todas las Partes deberían evitar.
lunes, 5 de febrero de 2018
DR. RODRIGO DÍAZ BERMÚDEZ, TEÓLOGO COSTARRICENSE COMENTA EL PROCESO ELECTORAL (FEBRERO DEL 2018) DE COSTA RICA DESDE LA PERSPECTIVA DEL SABER DE LA RELIGIÓN.
DR. RODRIGO DÍAZ BERMÚDEZ, TEÓLOGO COSTARRICENSE COMENTA EL PROCESO ELECTORAL (FEBRERO DEL 2018) DE COSTA RICA DESDE LA PERSPECTIVA DEL SABER DE LA RELIGIÓN.
Sin emoción no hay decisión. No hay pensamiento ni acción sin el fuego emocional que lo calienta. Anteriormente, las emociones por Calderón Guardia y Pepe Figueres, eran los códigos de definición. La izquierda también tenía su motor emotivo para algunos grupos, como lo fue y es el humanismo para sectores muy pensantes de la sociedad. Pero ya esos paradigmas no definen la emoción votante. En este momento la ideación de la supervivencia, la forma de metáfora y meta-metáfora no es la razón utilitarista, la razón tiene un significado emocional de bueno y malo. El pueblo decide por lo emotivamente bueno. Los americanos blancos trabajadores pensaron en el símbolo Trump, a quien le dieron significado ético emotivo de su sobrevivencia. Los peligros de la sociedad costarricense, quizáS no serán los reales pero sí los sentidos por el corazón del pueblo, temor a la locura, temor a la homosexualidad, temor a la muerte. Tres temas que la estrategia política de la asesoría ideológica le dio al partido cristiano tico. Los evangélicos dejaron de ser la clase estúpida, son hoy fundamentalistas no del pasado calvinismo, sino neoconservadores neoliberales, que ven la vida como proyecto de emprendeduría. Por eso la nueva religión definirá junto a la derecha el futuro de muchas sociedades. No obstante, el buen gobierno del señor Solís Rivera, pese a sus desaciertos económicos en el fisco, su transfondo moral de gestión le permite al partido en el poder ser todavía viable, aunque desconfiable para los sujetos de mayor temor, es decir la base de votantes de origen conservador que no quieren que "el closet" se abra, no es que ignoren la homosexualidad por ejemplo, todos saben que existe y que en cada casa hay medio o uno completo, pero siempre y cuando se respete el tabú. Ese es otro tema en que los evangélicos han sido asesorados por gente muy inteligente. La campaña evangélica hasta el mes de noviembre quedó en la estrategia nacional estacionada en un punto; "tenemos que esperar con la paciencia de Job, el momento o kairos de Dios, o sea la oportunidad u opertunismo del tema generador coyuntural que se puede producir en cualquier momento y apareció el Angel de Jehová, es decir el tribunal internacional de derechos humanos consultado sobre el matrimonio gay. La ingenuidad de la consulta, fue el dispositivo, el "click" para que se realizara una convocatoria estratégica en Desamparados, por cierto, y surge la fortaleza, el caballo de batalla, la lucha contra el matrimonio gay y de trasfondo, la lucha por la vida, no al aborto, sí a la tradición tica, y de paso no a los impuestos, si al nacionalismo patriótico en una nueva y poderosa alianza entre creyentes, superando la vieja rencilla entre católicos y no católicos. Cuál es la otra religión en competencia ya que es una lucha de religiones. La lucha se establece entre la religión del humanismo, ya que éste es una religión como bien lo analiza Yuval Harari, y el evangelicalismo neoecuménico, representado en el partido del primer Alvarado. Cuál será el presidente, así será la religión de la casa de Zapote. Pero la pregunta es, cuál es la religión del pueblo. Esta está directamente ausente, pero indirectamente representada. Las minorías liberales se irán en un solo bloque con el Alvarado 2, y las otras, llámese minorías o mayorías correrán hacia el profeta de Dios. Uno es el "Homodeuspoliticon", y el otro es el "Teodeuspoliticon". Ambos, los dos dioses del actual mundo.
Pienso que el evangélico podría ganar. Todo depende de si la fobia la "evangelicofobia" del pasado es más fuerte que la homofobia del presente. Así es la política. No es cuestión de lo que uno piense, o quiera romántica o ideológicamente, es de lo que realmente quiera, consciente o manipuladamente sientan los que tienen el poder. El poder de manipular y el poder del voto. Son las historias creíbles las que definen el corazón. Son los intereses de los grupos económicos los que invierten en la historia que les convenga. Es una lucha de cuentos de metafísicas, de teologías políticas. Los más poderosos intereses, no necesariamente los de la oligarquía o aristocracia, sino de los nuevos grupos de redes infinitas del flujo económico los que tendrán una palabra anómina, sin campaña que generar de aquí a abril. Serán los púlpitos con lenguajes de códigos los que darán dirección a las gentes que todavía corren a las mesas electorales en pos de una esperanza real o creada. Se ha producido una polarización, y cuando esto ocurre muchas de las viejas contradicciones se diluyen y se convierten en lo que los viejos marxólogos llamaban bloques de historia o de ideología. En las polarizaciones, contrariamente a lo que se cree, la solución no es tan fácil, ya no se trata de qué Alvarado sea el presidente, sino del estado real de la sociedad tica conservadora y liberal por esencia, un equilibrado combo de tradición. Conservadora en su moral religiosa de apariencia y liberal en su ética humanista de apariencia. Quien no maneje esta psicología política de la sociedad tica, no llega a ningún lado, por eso Castro terminó mal y el Partido Liberación Nacional (PLN), fracturado en lo más profundo. No resucitará, ya murió. Pero no el figuerismo histórico. Esa fuerza para dónde cogerá. La otra interna tendencia perdedora del partido verde y blanco, rica y desprestigiada hacia dónde cogerá. Los conservadores que siguieron a Piza hacia adónde se irán. Eso lo definen "algoritmos", que no conozco, pero que operarán y nos dirán, no tanto quién será el presidente, sino qué realmente desea o se quiere que deseen las gentes ticas. Las gentes, es decir el pueblo y la tendencia del mercado
La religión es una vieja que sabe muchas mañas y que las izquierdas de centro y no centro, no han sabido entender. La religión sabe ubicarse como mercancía posible. Y eso lo demostró ahora, acá en Costa Rica, y el las anteriores elecciones del Imperio. Tiene también sus formas orientales, pregúntele a China.
y a los Coreanos buenos "buenos". Si gana el evangélico no es lo mejor que le sucederá al país desde el punto de vista social y económico, es solamente una señal de lo que no quiere y de lo que teme. Si gana el centro izquierdismo no es lo mejor que le sucederá al país desde el punto de vista de la economía, es solamente una señal de cuál es la agenda que prevalecerá a futuro. Con Obama en el Imperio sería mucho mejor para este proyecto. Para el primero, Trump, no él directamente, porque para Trump un presidente tico no deja de ser cualquier porquería, sino el antro político de las derechas neofundamentalistas, para éste gobierno del evangélico le caerá como anillo al dedo. Como creyente, tengo mis aprehensiones sobre un religioso en el poder. No me termina de gustar del todo. Por un lado me alegra el ecumenismo que se tiene que generar. Pero, pienso que un religioso en el poder tiene sus peligros mayores. No obstante, no depende de mí, sino de las fuerzas aleatorias por una parte, y de los algoritmos definitorios, generados en los largos procesos de la democracia tica. La dialéctica sigue siendo un instrumento para entender, y una herramienta para gobernar. El comunismo no entendió eso. Ahora deberíamos asumirlo no solo para entender, sino para construir el futuro de esta gran nación costarricense. Hoy tan evangélica. Recuerdo que en la década de 1970, yo creía que el comunismo se extendería en Costa Rica, y que los evangélicos desaparecerían. Hoy me asombro de todo lo contrario. La religión es una señora muy mañosa que hay que saber respetar y amar. Es como nuestras viejas madres. Dr. Rodrigo Díaz Bermúdez. Teólogo y Evangelista.
miércoles, 31 de enero de 2018
LAS AGUAS TURBIAS DE IRÁN (PRIMERA PARTE)
LAS AGUAS TURBIAS DE IRÁN (PRIMERA PARTE)
En su estrategia de defensa nacional, Estados Unidos de América achaca responsabilidades al régimen teocrático de desestabilizar el Medio Oriente, de expandir su poder, lo ubica en la categoría de “Estados parias”, junto con Corea del Norte, al intentar dotarse con el arma nuclear y apoyar al terrorismo. Sin embargo, en la convicción en que interpretaron la voluntad de Alá, en el 2015 Irán se decidió a pactar con la comunidad internacional la contención de su programa nuclear (Francisco G. Basterra,2017).
El Presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, continúa exigiendo a los países países europeos acerca de la necesidad de endurecer el pacto nuclear, sellado en el 2015 por Estados Unidos, China, Rusia, el Reino Unido, Francia y Alemania con el Gobierno de Irán. Advierte que de lo contrario, su país se retirará de ese acuerdo. En enero de este año Donald Trump mantuvo, por ahora, a su país en el acuerdo nuclear alcanzado por varios países con Irán. Firmó la suspensión temporal de sanciones económicas a Irán, previsto por el acuerdo. Sin embargo, el mandatario dejó abierta la alerta que es “la última suspensión” que pretende firmar. Expresó que se trata de “la última oportunidad”, por lo que demandó un entendimiento con los países europeos para solventar lo que calificó como “fallas desastrosas” del acuerdo firmado con Teherán.
El recelo de Trump en cuanto a certificar el acuerdo multilateral antes dicho, llegó a corresponder con las manifestaciones populares frente al régimen inspirado en Alá, el cual atravesó a principios de este año una cadena de protestas, motivadas por el alto costo de la vida, producto de la política económica a favor del libre mercado del Presidente Hasan Rohaní, las que acaban de trascender en críticas al sistema islámico, o sea, en desconfianza a la autoridad del líder supremo islámico.
Con 81 millones de habitantes, el 60% menor de 30 años, es Irán un estratégico país en el centro de la región más convulsionada del planeta, la de vastas reservas de petróleo y de gas. Gobernado por unos "clérigos barbudos con turbante”, guías supremos de la corriente de los musulmanes chiítas. Sus seguidores representan, aproximadamente, el 89% del total de la población. El chiísmo siempre ha desarrollado una lectura más moderada y espiritual del Corán, aunque las mujeres todavía deben andar completamente cubiertas. El restante 11% de los habitantes lo conforman los musulmanes sunitas, los cristianos, los bahai, zoroástricos y judíos. Un caso aparte lo constituye la población kurda (sunita), la cual representa el 7% de la colectividad multiétnica iraní; dicho grupo étnico se concentra a lo largo de la frontera occidental con Iraq, y su identidad cultural goza de mayor valoración y libertad allí que en cualquier otra región del Medio Oriente. La animadversión iraní se ha centrado tradicionalmente en la defensa de su supervivencia como minoría, frente a las ambiciones, o actos de opresión de los califas árabes y de los turcos otomanos.
La mayor parte del crecimiento económico casi siempre proviene de la exportación de gas, petróleo y sus derivados petroquímicos. El 78% del total del Producto Interno Bruto (PIB) llega a ser el resultado del sector de petróleo. De hecho, su economía ha dependido tradicionalmente de este sector, una buena parte del resto de la mejora de los últimos años, gracias al acuerdo nuclear con Occidente, también se mueve por el curso de los petrodólares. Pero, el 55% de la población vive bajo el umbral de la pobreza, en medio de "la asfixia económica", resultante de la gama de bloqueos y sanciones internacionales en su contra.
RETROSPECTIVA. Desde tiempo atrás, la enemistad entre el gobierno iraní y saudita (potencias petroleras) continúa siendo el reflejo de hechos históricos, todavía insuperables, o que no evolucionaron. El origen de ellos se remonta, primordialmente, a la división entre sunitas los mayoritarios - pues representan entre el 85% y 90% dentro de la comunidad del Islam – y, por el otro lado, los chiitas. Una división irreversible o irreconciliable, nacida poco después de la muerte del Profeta Mahoma en el año 632, alimentada alrededor de la disputa por la sucesión del liderazgo de la comunidad musulmana, adjunta al crimen de Alí y sus hijos, parientes del Profeta.
De “las antiguas disputas religiosas alrededor de la doctrina del Profeta Mahoma”, las contradicciones (irreconciliables) entre las fracciones chiitas y sunitas, las dos ramas preponderantes del Islam, cabe observar que estas tendieron a prolongarse; al mismo tiempo que se hicieron crónicas las fisuras entre el Irán (chiita) con las monarquías sunitas del Golfo Pérsico, ya sean Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, los Emiratos Árabes Unidos - con precaria vocación democrática - , en cuenta Egipto (Ronald Obaldía, 2015).
Al remontarnos a la historia antigua comprobaríamos que a causa de la dominación ejercida por los indoeuropeos y los indios se había intentado imponer el sánscrito a los grupos pastores, quienes dieron origen a la civilización o tradición de los persas o iraníes. Entre el 559 - 530 a.C, Ciro el Grande, extendió el imperio iraní por todo el Asia Menor, hasta alcanzar Afganistán, Grecia, Egipto, Turquestán y parte de la India. Esta postura imperial persa estuvo lejos de desaparecer a lo largo del tiempo, ni las futuras vicisitudes la minaron.
Luego su territorio cayó en manos de Alejandro de Macedonia. Los sucesores de este fracasaron (los selúcidas y romanos) en retener la parte oriental del imperio, por lo que, con tenaz resistencia, los persas reconquistaron la independencia (Siglos ll a.C. a lll a.C), con todo y los conflictos con los bizantinos y los mismos romanos.
La conquista árabe en el Siglo Vll sobre el imperio iraní provocó que la nación fuera islamizada; aún así ella pudo mantener marcada su individualidad, "tanto en su lengua como en la peculiar orientación de las artes y las letras". La decadencia del califato de Bagdad le permitió a los persas salvaguardar relativa independencia y progresar en ciencia, cultura, en las matemáticas, la astronomía y en la propia filosofía. A principios del Siglo XVl la rama del Islam, el chiismo, se convirtió en la religión oficial de Irán, una civilización que ciertamente no es árabe. A través del tiempo se ha visto confrontada por los árabes sunitas, la otra fracción del Islam, la dominante. La cual acusa a la membrecía chiíta de herejes o apóstatas. Asimismo, el chiísmo no solo por los propios árabes ha sido amenazado, también por los turcos otomanos. Esa historia llena de invasiones contra el territorio nacional iraní, por el cual el nacionalismo iraní se justificó y robusteció, fue azuzado, otra vez, a mediados del Siglo Xlll cuando fue atacado por los mongoles, quienes lo dominaron por espacio de tres siglos (Instituto del Tercer Mundo, 2009).
En el inicio de la expansión territorial otomana en los Siglos XIV y XV, los otomanos tampoco escondieron sus ambiciones de apoderarse de los persas, más bien entre los siglos XVl y XVll, estos se encargaron de expulsar a los turcos, como también a los portugueses europeos, quienes codiciaron los territorios persas. Todo ello, para unificar la nación y enseguida apoderarse de Afganistán, sobre la cual los iraníes han siempre ejercido una amplia influencia, extendida desde Siria hasta la India. En sus dominios debieron enfrentar a los rusos y los ingleses, adversarios suyos en lo relacionado con el dominio de las civilizaciones del Asia Central, las instaladas en la ribera del Golfo Pérsico y el propio Afganistán.
Durante la Primera Guerra Mundial los ingleses y los rusos tuvieron éxito en repartirse las tierras iraníes a través del Tratado de 1909, lo cual les permitió a los invasores apropiarse de los recursos petroleros. Al resistirse al poder extranjero, los persas fraguaron la revolución anticolonialista y nacionalista de 1921, por la cual denunciaron todos los tratados leoninos en su contra, aquellos que reconocieron derechos de extraterritorialidad a extranjeros. Se abolió la obligatoriedad del velo a las mujeres, se reformaron los sistemas de educación y salud; se cancelaron las concesiones petroleras que favorecieron a los ingleses. La revolución había aspirado a consolidar un Estado moderno, militarmente fuerte y neutral frente a la Primera Gran Guerra Mundial (Idem). Una posición que disgustó a las potencias occidentales y a la misma Rusia, dado que los iraníes desistieron de prestar su territorio para el paso de armamentos a favor de los aliados.
En 1941 el Sha Reza fue testigo de la humillante invasión de la nación persa por parte de Rusia e Inglaterra (Idem). Depuesto y exiliado, su hijo Mohammed Reza Pahlevi, bajo la tutela anglosoviética, asumió las riendas de la nación, aprestándola a los intereses extranjeros, y dejándose gobernar bajo la tutela de esas dos grandes potencias protagonistas de la Segunda Guerra Mundial.
Los movimientos nacionalistas frente a la tutela extranjera cobraron vigor, particularmente se abogó por la propiedad nacional de la producción petrolera, y las respectivas expropiaciones. El principal exponente hubo de ser Mohamed Moshadeq. En 1953 lo derrocaron las dirigencias de las naciones occidentales. La reciente desclasificación por parte de Estados Unidos de documentos secretos muestran lo que era un clamor: la implicación de la CIA y los Ayatollahs que, en una alianza insólita, provocaron la caída del régimen de Moshadeq. Él había cometido la osadía de enfrentarse a Occidente en 1951, nacionalizando el petróleo (Alfonso Armada, 2017).
Tales confabulaciones, dirigidas desde las potencias extranjeras, dieron al traste con tales expropiaciones, estas impulsadas por el sector nacionalista del gobierno del Sha. Las tensiones habidas hicieron que los ingleses se proveyeran de los energéticos en otros países, bajo el agravante de que los persas comenzaron a experimentar un descenso vertiginoso en sus ingresos, a causa de los bloqueos económicos de Occidente. Por eso no tardó el golpe de Estado, fraguado desde la CIA estadounidense con tal de eliminar del gobierno iraní la fracción nacionalista e izquierdista promotora de las expropiaciones de los minerales.
ESCAPARSE DE LA TRADICIÓN. El último Sha de Irán, Mohamed Reza Pahlevi, por cierto derrocado en 1979 por la Revolución Islámica, encabezada por el Ayatollah Ruhollah Jomeini, enseguida llegó a asumir el mando, y el control del país. Se propuso avanzar rápidamente en la occidentalización del país, superar las milenarias tradiciones persas, lo que significó facilitar de nuevo la inserción en la economía local de las compañías extranjeras. Mohammad Reza Pahlaví, el Sha de Persia, puso demasiada velocidad a "la modernización" del país, y demasiado pronto (Hafez, 2017), eso desató "los demonios de la revolución islámica, de lo cual esta se aprovechó.
El conservador clero islámico enfrentó decididamente las nuevas políticas del Sha de abrirse a Occidente. La entrega de los recursos domésticos fue respondida con la severa resistencia de los sectores obreros, como también de los pequeños campesinos. Una combinación y unidad de fuerzas sociales, compuestas por islámicos y marxistas aceleraron las protestas contra el Sha. Luego los fundamentalistas se deshicieron de la izquierda, antes sus aliados frente al Sha. Y, en ese escenario político convulso, debió bastar la figura del exiliado Ayatollah Jomeini, director de la organización de las manifestaciones multitudinarias, las cuales concluyeron con el derrocamiento definitivo del régimen del Sha de Irán.
EL CUESTIONAMIENTO A LA REVOLUCIÓN TEOCRÁTICA. En 1979 el Ayatollah regresó triunfante al Irán, a fin de iniciar el ciclo de la (fundamentalista o integrista) "Revolución Islámica", al principio acogida con enorme entusiasmo por el mundo islámico. La Revolución se sustentó en componentes antioccidentales, enemiga principalmente de los Estados Unidos de América - a finales de 1979 un grupo de estudiantes adeptos al régimen teocrático ocupó la embajada estadounidense acreditada en Teherán, y los ayatollas prohibieron la enseñanza del inglés - ; el Ayatollah y su séquito se involucró en las convulsiones violentas al proclamarse enemiga acérrima del Estado de Israel, protegido estadounidense, al extremo de financiar a encendidos grupos terroristas anti-hebreos tal como el Hizbollah (chiíta) en el Líbano, así como a las organizaciones militares de los palestinos, entre ellos, los extremistas de Hamas. La reacción de Washington hubo de ser la política de sanciones y bloqueos contra el régimen iraní, considerado hasta hoy como uno de sus principales enemigos.
El nuevo régimen islámico iraní instituyó el cuerpo de seguridad denominado los "Guardias Revolucionarios (los Pasdarán)", aliados incondicionales del Ayatollah (Idem), el líder supremo de la Revolución. Continúa siendo una fuerza poderosa y bastante popular entre los iraníes, a los que siempre ha protegido (Ángeles Espinosa). Descritos como un Ejército ideológico, funciona a la vez como policía religiosa. Creada en 1979 para proteger los ideales y principios de la revolución teocrática islámica de 1979, los Guardianes se ocupan de proteger al estamento gobernante de la nueva República Islámica" frente a las amenazas internas y extranjeras. Ellos fueron los responsables de desarrollar el posterior programa nuclear, a cuya renuncia se resistieron, y únicamente lo aceptaron por imposición del líder supremo (Idem), así también el programa de misiles, el que sigue en pie, irritando de este modo al Presidente Donald Trump, a Occidente en general, al Estado de Israel, al igual que a las monarquías sunitas del Golfo Pérsico, entre otros sujetos.
Desde entonces las responsabilidades y peso (de los Guardianes) se han extendido ampliamente hasta convertirse no sólo en un pilar económico y político del régimen, sino en un relevante actor diplomático en la región (idem), al desplazar del desempeño de tales roles al propio cuerpo diplomático de la nación. "Los Guardianes han sido tildados por Washington de patrocinar el terrorismo, han sido incluidos en su lista de entidades sancionadas. El gobierno de Teherán ha negado la acusación, más bien, según el régimen, este ha demostrado oponerse al terrorismo en la región del Medio Oriente y más allá.
Los conflictos internos del Irán no se limitaron a lo doméstico. Al año siguiente la nación iraní entró en guerra sangrienta contra el Irak, la cual tuvo una duración de más de 8 años. La guerra contra Irak desangró a los persas. Poco tiempo después sobrevino la invasión de Irak contra Kuwait, por lo que Irán se mantuvo neutral ante la dura respuesta militar de Occidente. La circunstancia como tal llegó a bastar para atenuar las preocupaciones iraníes acerca del poderío de su archienemigo, este obligado esa vez a enfrentar las tropas estadounidenses coaligadas con tropas de decenas de países en "la Primera Guerra del Golfo".
Mientras tanto la revolución iba adquiriendo un mayor carácter teocrático, el cual se endureció bajo las leyes integristas islámicas, se aceleraron la represión y las ejecuciones (más de 1500) contra los líderes opositores, en cuenta el escritor Salman Rushdie, acusado de blasfemo por su libro "los Versos Satánicos", quienes se vieron obligados a exiliarse. Eso sí, su economía petrolera y de guerra caminó con saldos comerciales favorables.
Tras la muerte natural del Ayatollah Jomeini (1989), su lugar vino a ocuparlo Ali Sayed Jamenei (el Ayatollah Jamemei), designado guía espiritual de la nación, y de tendencias antioccidentales. En adelante, se estuvo lejos de estabilizar el país, a pesar del amplio triunfo a la presidencia de la República de Ali Akbar Hashemi Rafsandjani, al plantear el prudente acercamiento de las nuevas autoridades políticas hacia Occidente. El presidente promovió las privatizaciones de algunas empresas, nacionalizadas por la revolución teocrática, restableció los lazos diplomáticos con la Gran Bretaña; normalizó los vínculos con Arabia Saudita, el otro recalcitrante rival sunita islámico suyo en el Medio Oriente, con quien continúa persistiendo una velada rivalidad política y diplomática hasta esta época. Rafsandjani encontró acercamientos políticos y comerciales con las repúblicas islámicas del Cáucaso y Asia Central, una vez desmembrada la Unión Soviética.
Con Rafsandjani, el presidente del Irán, se inició una fase de contradicciones entre radicales e integristas islámicos, antioccidentales, frente a los moderados o "reformistas", estos guiados por el presidente. Esta última corriente concentrada en limar asperezas con Occidente, incluso en flexibilizar las normas islámicas de convivencia nacional. Los reformistas hubieron de superar a los conservadores en las consecutivas elecciones, las organizadas tras la muerte del primer Ayatollah. Fue así como la figura de Mohammad Jatamí surgió en 1997, como presidente pro-occidental, al ganar, de manera categórica, las elecciones de mayo 1997. El presidente Jatamí, el referente principal de los reformistas, el intelectual, filósofo y político iraní se convirtió en presidente de Irán entre 1997 y el 2005, de los partícipes principales del movimiento de la reforma política iraní, tal que se anticipó a la posterior Primavera Árabe.
La pésima lectura hecha por Washington, continuación de la política de desconfianza, alrededor de la visión y los pasos del mandatario Jatami en cuanto acercarse a Occidente, frustró los intentos del gobierno iraní de reforma y moderación. En esa equivocada línea, junto a Corea del Norte e Irak, la nación iraní fue inscrita en el famoso "eje del mal", un calificativo usado por el presidente George W. Bush, a efecto de identificar los enemigos de su nación. La segunda invasión militar estadounidense (2003) contra Irak, al señalarlo de poseedor de armas nucleares, atizó la enemistad de los iraníes hacia el Presidente Bush, a quien le demandaron abandonar la región del Golfo Pérsico, con tal de evitar mayor violencia y sangre.
SIN CLAUDICAR. RADICALIZACIÓN. Aumentaron entonces las sospechas de una eventual invasión de los Estados Unidos de América a Irán. Se agravaron no únicamente las contradicciones internas de los iraníes, ya sean entre conservadores y reformistas, sino que en el 2003 el régimen teocrático se lanza al proyecto de construcción del primer reactor atómico iraní, agregándose así un componente mayormente peligroso a las persistentes tensiones entre ambas naciones. Desde un comienzo ni los propios inspectores de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), específicamente la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) lograron sofocar, habida hipótesis que el objetivo de los fines pacíficos - producir electricidad - del reactor eran escasamente creíbles. Por el contrario, en el fondo Washington y algunos de sus aliados de Occidente aseguraron en ese entonces, que los fines militares lo acompañaban, ya fuera con vistas a elevar su poderío militar en función de sus ambiciones imperiales en el Medio Oriente.
Frente a los proyectos nucleares, los reclamos y amenazas se apoderaron de Israel y (la sunita) Arabia Saudita, enemigos acérrimos del régimen teocrático iraní. Las sanciones económicas y comerciales no se hicieron esperar, alentadas, tanto por los Estados Unidos de América como la Unión Europea en el seno del Consejo de Seguridad de la ONU. Por su parte, Irán desdeñaría las advertencias de la diplomacia multilateral de abandonar sus planes megamilitares. Un comportamiento cercano a su tradición expansionista y hegemonista, que ni las sanciones políticas y económicas de las Naciones Unidas, los hicieron retroceder de sus ambiciones geopolíticas y geoeconómicas en el Medio Oriente, apenas neutralizadas por el Irak en los tiempos de Saddam Hussein (Marina Ottoway, 2015) al haberlos derrotado en la cruenta guerra de la década de 1980.
La economía del régimen islámico caería en fuerte recesión o estancamiento, a causa del asedio internacional; los desastres naturales, fueran los estragos originados por terremotos y las sequías, empeoraron los índices económicos. El Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), órgano de la ONU, emitió recomendaciones, orientadas a censurar duramente a Teherán al rechazar las investigaciones acerca de sus proyectos o actividades nucleares, ejecutados con señalado "secretismo".
Las presiones y las censuras foráneas contra el régimen iraní se incrementaron, hechas realidad a raíz de la aversión del Presidente Bush contra los Ayatollahs y la Guardia Revolucionaria, ambos autores de las investigaciones, destinadas a poner en marcha una sofisticada instalación capaz de enriquecer el combustible nuclear para desarrollar armas de destrucción masiva. El resultado de tal asedio era previsible: el afianzamiento del frente conservador islámico. Lo cual puso en clara desventaja a la fracción de los reformistas, estos últimos quedaron sometidos, en adelante, a los vetos impuestos por el Consejo de los Guardianes de la Revolución frente los candidatos reformistas, a quienes se les redujeron los derechos a aspirar a puestos de elección popular.
Las amenazas externas exacerbaron el nacionalismo persa. Razón por la cual en las elecciones de junio del 2005 Mahmoud Ahmadinejad salió victorioso. Actuando más como nacionalista que ultraconservador islámico, su mandato presidencial habría de distinguirse por la aplicación de medidas represivas contra la oposición. El pasado suyo de integrante de la Guardia Revolucionaria, lo inclinaría "a proclamar la consolidación de una nación islámica poderosa, avanzada y ejemplar". El radical Ahmadinejad elevó el nivel de las tensiones con las naciones occidentales, e Israel, así también con la ONU, principalmente. Estas, por su parte, aumentaron las presiones, con logros modestos, al trasladarlas a la esfera financiera, y el aislamiento comercial, tal que Teherán pudiera desistir de sus programas de enriquecimiento de uranio, básicos para la fabricación de armas nucleares. En la segunda entrega nos dedicaremos a ofrecer el concurso al cual sometió ese líder nacionalista persa, quien enfrentó de manera intransigente la diplomacia multilateral, y hasta el propio clérigo islámico.
Esta noche agradecemos a las personas que se ocupan de leer, comentar – o refutar casi siempre – el contenido de nuestros artículos, correspondientes a este humilde proyecto personal, el cual, precisamente, este mes cumple diez años. A todos muchas gracias.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
jueves, 28 de diciembre de 2017
COMBATIR EL NARCOTRÁFICO EN NOMBRE DE LA SEGURIDAD DEMOCRÁTICA.
COMBATIR EL NARCOTRÁFICO EN NOMBRE DE LA SEGURIDAD DEMOCRÁTICA.
Al final de este año (2017) las autoridades policiales costarricenses dan cuenta de la comisión de seiscientos homicidios, "un récord histórico". La mayor parte de ellos (casi un 70%) originados de hechos criminales, asociados estrechamente a la actividad del narcotráfico: los ajustes de cuentas, los más reiterados. En ellos y en la disputa por el dominio del mercado criollo de consumo de la droga han salido a relucir los implicados, sean los victimarios o bien las víctimas, quiere decir, los jóvenes entre 18 y 25 años en su mayoría, atraídos por "el dinero fácil".
Valga citar esta patología social, declarada "emergencia nacional" por el Ministro de Seguridad Gustavo Mata, para interrogar y censurar fuertemente al Estado, dada su escasa atención y cuidados, requeridos por este grupo etario, la mayor parte de las veces excluido de la educación formal, castigado por el desempleo y expuesto a los riesgos. Lo cual se ve agravado como consecuencia de la ausencia de una política pública a favor de la juventud, la cual tome en consideración las opciones recreativas y culturales, la salud mental, así como las vías de promoción humana, facilitadoras de su plena realización en la sociedad.
De acuerdo con los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la cifra de 12 asesinatos por cada 100 mil habitantes alcanza los niveles de epidemia. Desafortunadamente, Costa Rica alcanzó este rango. Desde años atrás, se venía prediciendo tal ascenso en la cifra de los homicidios. De ello son testigos las propias las comunidades tanto urbanas como rurales, a quienes el Estado tiene "el deber de proteger", particularmente a los niños y jóvenes como los grupos vulnerables, así como intervenir en ellas con visiones creativas en favor de la convivialidad familiar y la mejora en los ambientes psicosociales.
Se trata del nuevo género y círculo de violencia, factores que acrecientan la inseguridad ciudadana, al quedar interconectado y subordinado el mercado criollo, más el almacenamiento de la droga, con las redes criminales transnacionales. A la vista nuestros sentidos captan el desangrado Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador, Honduras) de lo más violento en el planeta, con repercusiones en toda la región mesoamericana, el cual forma parte del panorama de un corredor transnacional delictivo, patrocinador del negocio de la producción, el tránsito, el almacenamiento y la exportación, que extraregionalmente activan los cárteles de Venezuela, Colombia, incluso Perú, así también México, con la crudeza del caso.
Un complicado corredor donde tienen acción las bandas y las organizaciones criminales, las de los narcotraficantes "en la economía subterránea", alimentadas por los grandes mercados de consumo de drogas, sean las poblaciones estadounidenses y europeas. Esas organizaciones, que descansan en estructuras bastante sofisticadas, globalizadas, hecho posible ante la compañía de señalados tentáculos a su alrededor y servicio, de lo cual tampoco se escapan algunos "mandamases políticos" y una minoría de empresarios inescrupulosos.
A pesar del incremento inusitado de los homicidios, llegaría a ser un enorme error sacrificar las modernas políticas penitenciarias, recién ensayadas por el gobierno costarricense, la cual con base en fundamentos científicos y jurídicos ha sido factible descongestionar los centros penales, así también ofrecer alternativas de cumplimiento de la pena a los privados de libertad, los de menor peligrosidad, a quienes les sea reconocido que en verdad poseen un proyecto de reconstrucción personal, y reinserción a la sociedad.
En este mismo orden de los derechos humanos el Estado y la sociedad costarricense tampoco deben renunciar a los postulados, principios y la aplicación de los procedimientos instituidos por nuestro Estado de derecho en la misión de enfrentar, en este caso, la actividad criminal del narcotráfico, el factor detonante de los homicidios.
El haber hecho esfuerzos, dentro del enfoque cívico democrático, en la inversión del perfeccionamiento y especialización institucional de nuestros cuerpos policiales y de seguridad, así como la aprobación de leyes antilavado de capitales y dinero debilitantes del poder de la criminalidad organizada, representa el mejor signo de garantía para prevenir que el narcotráfico "tome la delantera, o que se pueda escapar de nuestras manos", o que nos lleve a una especie de violencia insuperable. Un temor fundado, tal como lo expresó el periodista Eduardo Amador Hernández en uno de sus valiosos comentarios.
El robustecimiento de la cooperación internacional, en particular los acuerdos y tratados bilaterales e internacionales, habrán de constituir un firme sostén en los servicios de la seguridad colectiva, con vistas al reto de enfrentar el negocio transfronterizo de la droga. Eso sí, teniendo presente que en el esquema multilateral de enfrentar tal perfil de delincuencia, el peso y costo de la mayor responsabilidad y obligaciones recae en las naciones desarrolladas, en donde se tienen registrados los mayores niveles de consumo de sustancias ilícitas.
El Ministro de Seguridad Pública, preocupado por el incremento exponencial de las incidencias del narcotráfico en nuestro país, ha ofrecido acertados consejos y pautas de trabajo en pro de una estrategia efectiva, para la prevención del delito y el combate a la criminalidad. Ha descartado el narcomenudeo como la única realidad delicuencial. Él hace mención acerca de "tener bien claro el panorama", en el sentido de cambiar hasta el léxico que usamos. Es así que "el narcotráfico al menudeo no existe; existe el narcotráfico". Este tajante argumento del inteligente Ministro Mata debe impedirse que fracase. Una forma de evitarlo consistirá en que el Estado se prepare empleando las herramientas judiciales y tecnológicas a su disposición, visualizándolo desde este enfoque realista para combatirlo.
Por eso es de vital relevancia el consenso político y la coordinación entre las instituciones públicas, dedicadas a la prevención del consumo, la rehabilitación médica y psicológica de los adictos, además de las asignadas a la represión policial y judicial, para que a renglón seguido se adopten las precauciones y las nuevas prácticas que correspondan, sobre la base de la resiliencia. No para cruzarse de brazos, resignándose frente al inminente peligro, sino en la perspectiva de proteger nuestra identidad nacional y el sistema de vida democrático.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
sábado, 23 de diciembre de 2017
HONDURAS AL BORDE DE UN COLAPSO; EL PLAN DE PAZ A LA ZAGA
HONDURAS AL BORDE DE UN COLAPSO; EL PLAN DE PAZ A LA ZAGA.
HONDURAS, AL BORDE DE UN COLAPSO; EL PLAN DE PAZ A LA ZAGA. El Plan de Paz de Centroamérica se descarriló inmediatamente después de haberse alcanzado en la década de 1990 el final de las guerras de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, en cuenta el derrocamiento de Manuel Antonio Noriega en Panamá. Luego fueron extraviados sus fundamentos y postulados. Para recuperarlos, llegó a ser insuficiente el haberse acordado, oportunamente, el Protocolo de Tegucigalpa (1991) a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), el cual entraña una organización y estructura básicas en dirección a un innovador, abierto, vigoroso y dinámico sistema de integración con visión global. Por el contrario, se puso mayor énfasis en el legalismo y la administración burocratizada, modesta en resultados: el pretexto para denominar y relacionar la integración regional con una labor apenas formal, protocolaria, escasamente diligente, dependiente del entramado institucional, por el cual interactúan, frágilmente, ocho Estados nacionales y sus respectivos gobiernos; y el crónico desequilibrio entre “el crecimiento económico y el progreso social”, con la excepción de Costa Rica. Aletargadas complicaciones, de fondo, o bien estructurales, han quedado totalmente descuidadas en la débil y desidiosa integración centroamericana, lo cual estaba lejano de los propósitos del Plan de Paz, o de los Acuerdos de Esquipulas, cuya continuidad quedó debiendo. Salvo el mercado común, o mejor dicho la integración económica, y su motor el empresariado centroamericano; o valga la experiencia de los creativos e intensos programas del deporte y la cultura, paralelo al mercado regional. Verdaderas áreas de trabajo cooperativo, las cuales prescinden de la desatenta burocracia, que envuelve al sistema formal de la integración. No basta mencionar que los males estructurales perviven en la región. Hallamos, entre lo más sensible, el déficit democrático, el retorno del autoritarismo; la precariedad del Estado de Derecho, vinculado al mal gobierno, la corrupción, la criminalidad organizada y la impunidad. Se trata de una inercia del sistema de integración, que ronda en la impericia, injustificable frente al sin fin de vicisitudes y “desmesuras” regionales. Téngase en cuenta la erosión y pírrica credibilidad del sistema judicial de Guatemala, el cual ha requerido del auxilio de la Organización de las Naciones Unidas. Asimismo, el regreso de la vieja práctica de los procesos electorales viciados. Los máximos exponentes de esta especie de dictadura: Nicaragua, regida por una clase de mandamases pseudosandinistas, los nuevos millonarios, cuyas mieles del poder las comparte con la clase empresarial, local, en ilimitado ascenso. En esa línea, y ubicados por encima del 70% de la población en condición de pobreza, incluidas las minorías étnicas, encontramos a Honduras, que, en el contexto de “un régimen agresivo – pasivo”, ha sido gobernada por los 230 latifundistas. Ellos controlan el 75% de las tierras (Instituto del Tercer Mundo, 2009), al lado de la compañía responsable de la traída a finales del Siglo XlX de negros esclavos, sea la transnacional United Fruit Company, al cabo que entraron en sociedad con los empresarios conservadores y la casta militar. Esta última, dueña de un expediente menos represivo, con menores incidentes, en cuanto a violaciones de los derechos humanos, en comparación con sus congéneres de América Latina; aunque conoce el oficio de ejecutar golpes de Estado, sacando del poder a una víctima (a Manuel “Mel” Zelaya), de madrugada y en pijama. De regresar a tal evento de hace ocho años, el cual tuvo como protagonista al gobernante “Mel” Zelaya, en aquel entonces, apegado al deseo (frustrado) de la reelección, bien podemos añadirlo a la relativa y leve demostración de la blandura de una fracción de las fuerzas militares catrachas, la que se sublevó ante sus superiores, quienes aceptaron su petición de librarse de reprimir más las convulsiones de estos días, “para evitar el baño de sangre”. El nuevo género y círculo de violencia. A la vista nuestros sentidos captan el desangrado Triángulo del Norte (Guatemala, El Salvador, Honduras) de lo más violento en el planeta, donde dominan las bandas y organizaciones criminales, las de los narcotraficantes "en la economía subterránea"; responden a estructuras bastante sofisticadas, globalizadas, esto hecho posible en compañía de los tentáculos a su alrededor y servicio. Solamente Honduras cerró el 2016 con 5.154 homicidios, 59 por cada 100.000 habitantes, “una completa epidemia”, de acuerdo con los estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La adicción a favor de la violencia ha alentado la militarización de la policía, lo cual contraviene los principios del plan de pacificación centroamericano. Particularmente, el año pasado, el Gobierno de Honduras – el país que ha sido durante años el país más violento de América Latina - presupuestó 15.000 millones de lempiras (algo más de 620 millones de dólares, unos 528 millones de euros) para combatir el crimen organizado, e intensificar la prevención en materia de seguridad. La creación de una policía militar, más allá de que haya mejorado en la lucha frente al crimen, representa para muchos un retroceso en el proceso de desmilitarización de la sociedad (Javier Lafuente, 2017), lo cual pone de relieve el negativo avance de este mecanismo de fuerza. Con justa razón, años atrás un experto en seguridad multidimensional de la Organización de los Estados Americanos había advertido que “el istmo vive en medio de una guerra civil no declarada". Los niveles de violencia, inseguridad e inestabilidad, patrimonio de los ejércitos, paramilitares, así como de la guerrilla izquierdista,en los tiempos de las guerras civiles, ahora deliberadamente los alientan las bandas criminales, así también las organizaciones con estructuras delictivas, en alianza frecuente con las esferas superiores del Estado y el empresariado, incluidos los ejércitos y las agencias policiales, cuyo poder e influencia activan una carrera ascendente. Algunos de sus miembros hasta han alcanzado la presidencia. En una similar vía, algunos exguerrilleros salvadoreños al asumir el poder en El Salvador se han dedicado a repetir las mismas prácticas abusivas y contrarias a la buena gobernabilidad, empleadas por los sectores antidemocráticos, represivos, así como los partidos políticos derechistas, que ellos han desplazado. La región ha devenido en más allá de una zona de riesgo, altamente vulnerable en términos de cohesión social, bajo el agravante de haberse afianzado, como uno de los corredores de la droga que, desde Colombia, transita hacia México y Estados Unidos de América (Javier Lafuente, 2017). En el caso particular de Honduras, los desastres hubieron de profundizar la tildada vulnerabilidad. En octubre de 1998 el huracán Mitch provocó allí daños por $5360 millones; dejó unos 24000 muertos en todo el istmo, 14000 de los cuales fueron hondureños. Al Plan de Paz lo desvirtuaron, solamente llegó a ofrecerle paz y progreso a los grupos dominantes. En el panorama sombrío llegaron a tener peligroso acceso las élites políticas, sino también el arribo de las corrientes del "populismo" en sus variadas manifestaciones, tan desvirtuados e impopulares, que hacen más complejo el fenómeno de la desintegración interna en cada una de las naciones. Todo lo cual, se ha traducido en incontenible desigualdad, estancamiento económico y marginalidad sociales, al igual que el deterioro en el área de los derechos humanos. Justamente, lo que en parte propician los éxodos (o emigraciones de indocumentados) por parte de ciudadanos centroamericanos hacia los Estados Unidos de América, así como las inmigraciones intrarregionales. Los sectores políticos que propiciaron el plan de paz en las décadas de 1980 y 1990 perdieron presencia. Algunos de ellos, la familia Ortega corre a la inversa de aquellos nobles principios; Marco Vinicio Cerezo, un dirigente sin arrestos, pasivo, acomodadizo, ahora el rector – como dijimos - de una entidad burocrática anquilosada, deslucida e inoperante. El expresidente Oscar Arias Sánchez, otrora el mentor y arquitecto del Plan de Paz, vive de las glorias pasadas; terminó perdiendo fuste y prestigio. Se desacreditó en Costa Rica, a causa de sus señalados desaciertos en su segunda administración gubernamental. El gobierno de Taiwán, y la dictatorial pareja gobernante nicaragüense se han encargado de hacerle mala atmósfera en la región. Ciertamente, al producir múltiples anticuerpos entre sus antiguos colegas del istmo - antes sus aliados -, difícilmente el expresidente Arias sea capaz de gestionar una integración regional de gran coalición, heredera del plan de pacificación de las décadas de 1980 y 1990. Casi ningún sector político de la región ha intentado retomar los postulados del Plan de Paz; la diferencia la han marcado los diferentes gobiernos costarricenses. Las tendencias autoritarias, antidemocráticas, tienden a recuperar fuerza en la región, a través de la alianza entre políticos cuestionados, los militares, las estructuras criminales. Esta semana el Departamento del Tesoro estadounidense condenó a tres años de prisión a tres empresarios del hondureño "clan Rosenthal", incluido un excandidato presidencial miembro de él, en vista de su apoyo a las actividades de tráfico internacional de narcóticos, de múltiples narcotraficantes en América Central y sus organizaciones criminales (AFP, 15 dic, 2017). Entretanto, las fuerzas democráticas de la sociedad civil rara vez pueden neutralizarlas, pues están expuestas a amenazas. El asesinato de la activista ecologista la hondureña Berta Cáceres nos da a entender la falta de superación de la intolerancia, la conspiración y hasta la eliminación, a los que se ven sumidos los líderes y organizaciones civiles, opuestos al “establishment”. Los asesinatos de líderes indígenas en Nicaragua opuestos a la construcción del canal interoceánico llega a ser una seña adicional de la violación de los derechos humanos, de manera tal que los mecanismos de diálogo y concertación inherentes al Plan de Paz, en este instante constituyen una ficción, o una verbosidad excesiva, que contrasta con la realidad del retroceso democrático. No tiene sentido, entonces, ratificar declaraciones altisonantes y tratados internacionales sobre democracia y derechos humanos, o de protección del medio ambiente, mientras en el interior de nuestros territorios hay individuos o fuerzas organizadas que pueden atentar, sin temor, contra la vida de personas como Berta Cáceres (El País, España, nov.2017), así como los periodistas, y los activistas sociales. Todo ello revela la gravedad de lo que viene ocurriendo, en Honduras. Según la ONG Global Witness, más de 120 activistas ambientales han sido asesinados en el país desde el 2010 (Diego García-Sayan,2017). Cómplice también de la inestabilidad de esa nación, Manuel “Mel” Zelaya ha pretendido ser el rostro mayormente visible de las fuerzas opositoras, izquierdistas populistas, enfrentadas al Gobierno de Juan Orlando Hernández, este último, candidato del conservador Partido Nacional: la formación respaldada, casi siempre, por el ejército y los terratenientes. Todos unidos se han asegurado el ejercicio y férreo control sobre las instituciones estatales (Edmundo Orellana, exfiscal de Honduras). “Lo bueno debe continuar”, esto, el lema de la campaña del presidente hondureño, quien golpea el crimen, parte de sus tildados logros, al igual que las justificaciones y credenciales, con tal de mantenerse en el poder. Ambos líderes (el populista de izquierda Zelaya y los líderes conservadores del Partido Nacional) exhiben poses autoritarias, tienden a aferrarse al poder. Proclives en sus respectivos mandatos a la reelección presidencial consecutiva, incidente que sobrevuela simultáneamente en la política latinoamericana. En buena medida, se han ocupado de derramar el combustible de la polarización en la sociedad hondureña, comenzada a raíz del golpe de Estado de junio del 2009, precisamente fraguado contra el presidente “Mel Zelaya”, líder del izquierdista Partido Libertad y Refundación (Libre), en cuyo mandato hubieron de registrarse los evidentes acercamientos con la corriente del socialismo bolivariana del Siglo XXl, dirigida por el fallecido mandatario venezolano Hugo Chávez, una unión a la cual pusieron fin en Honduras las poquísimas familias gobernantes hondureñas, y su brazo el ejército. Juntos actuaron con tal de desaparecer del mapa al presidente Zelaya, cuya excentricidad populista lo condujo a firmar en agosto del 2008 la adhesión de su país a la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA). El desenlace electoral en Honduras era predecible, el esperado, además del evento del apagón informático durante el conteo de los votos emitidos, lo cual hizo arrojar incertidumbre alrededor del resultado de los comicios, en especial a los observadores de la Organización de los Estados Americanos (OEA) y de la Unión Europea (UE), quienes quedaron poco convencidos del desenvolvimiento de las votaciones, al extremo que frente a la falta de certeza, la misión de la OEA admitió la posibilidad de recomendar “un nuevo llamado a elecciones” (Noe Leiva, Henry Morales Arana, AFP). Sin embargo, el domingo pasado el Tribunal Supremo Electoral (TSE) de Honduras presentó el informe oficial con el resultado del escrutinio especial de las actas puestas en duda. Su “presidente aseguró que no se incurrió en ningún tipo de fraude”. Las actas, el último conteo de votos, según él, reflejaron la voluntad expresada por el pueblo el pasado 26 de noviembre. En el proceso de los comicios Salvador Nasrallá del partido Alianza de la Oposición a la Dictadura, se presentó ante los votantes como heredero del zelayismo, el movimiento político cercano al dictatorial chavismo, el cual surgió tras el golpe de Estado de 2009 contra su aliado del expresidente Mel Zelaya. El candidato Nasrallá, que en un principio comenzó con una fuerte ventaja de casi un 5% contra Hernández, a lo último quedó a menos del 1% por debajo del actual presidente Juan Orlando Hernández, éste con todo “a su favor” para reelegirse cuatro años en el cargo; los artificios político judiciales le habían facilitado postularse otra vez, en un país donde la Constitución Política prohíbe expresamente la reelección (Moisés Castillo; Jacobo García, 2017: en AP). En aquel enmarañado ("lógico") frente al “zelayismo chavista”, el presidente de dicho Tribunal hubo de demorarse (innecesariamente) en ofrecer el correspondiente informe oficial, porque de acuerdo con las versiones del TSE se había “probado el cumplimiento de las observaciones y recomendaciones, realizadas previamente por la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE) y los grupos de la sociedad civil”. En las polémicas elecciones hay además un trasfondo, que sería un error desdeñar. Si bien la hondureña base militar de Palmerola, a cargo de los Estados Unidos de América, operada en forma combinada por hondureños y estadounidenses, en términos militares y de seguridad estratégica representa mínimos para Washington. Tampoco significa que se está dispuesto a desampararla, admitiéndose un supuesto gobierno nacional de tendencias “chavistas”, guiado a la sombra por un enemigo suyo; el expresidente Manuel “Mel” Zelaya. La medida preventiva quedó envuelta en la táctica diplomática de la “Encargada de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos de América en Honduras, al apresurarse a avalar las controvertidas elecciones, con ello se ha disipado cualquier alarma. Entonces, Hernández proseguirá en el cargo de Presidente, imitando así la mejor versión de Daniel Ortega en Nicaragua. En el otro costado, los dos principales partidos de la oposición coinciden en los datos (Joaquín Mejía, 2017). Entre ellos, el Partido Liberal anunció a través de su candidato, Luis Orlando Zelaya, que, con una diferencia de cuatro puntos, es decir, de sus datos contabilizados, el ganador resultó el candidato y periodista Salvador Nasrallá del coaligado partido de la Alianza de la Oposición, quien continúa denunciando el fraude electoral. De ahí, el estado de sitio y la militarización, producto de manifestaciones violentas desatadas – a causa de ellas se registra el saldo de más de15 muertos, según organismos de derechos humanos – , las cuales organiza tanto el oficialismo, quien defiende los resultados de la justa electoral, como la oposición que los adversa. Los datos del escrutinio, expuestos por los liberales, coinciden con los que tiene la Alianza de la Oposición a la Dictadura, lo cual alimenta la resistencia frente al gobierno y el TSE. Lo grave —e inaceptable— es que en algunos países parezcan regir aún reglas de ejercicio del poder profundamente autoritarias y violentas (Diego García-Sayan,2017), las cuales deben ser seriamente investigadas y sancionadas por la Organización de los Estados Americanos, “para cortar ese inaceptable círculo vicioso”. Por su parte, las corrientes autoritarias y populistas (de derecha e izquierda) sacan provecho de tales disrupciones. En lo concerniente a los fundamentales del plan de paz de Esquipulas, hay que rescatar, en su momento, las sesudas tesis y señalamientos del presidente costarricense, acerca del incorrecto funcionamiento del sistema de la integración del istmo. Autoridad moral e intelectual posee nuestro mandatario. Porque al lado de un grupo de políticos y diplomáticos nacionales, y del chileno John Biehl, redactaron el texto que dio origen al resto de los acuerdos de pacificación. Eso explica la coherencia del Presidente Solís en la cumbre de gobernantes del istmo, celebrada en estos días en Panamá, al exigir el respeto a la voluntad popular en ese hermano país. Es de prever que a los demócratas debe provocarles repulsión los estallidos de violencia, acusados por la falta de transparencia en los comicios generales hondureños, cuyo desempeño se distancia, desde todo punto de vista, de la razón de ser del proceso de Esquipulas y de las perspectivas democráticas, consustanciales al respeto de los derechos humanos. Ronald Obaldía González (Opinión estrictamente personal)
martes, 28 de noviembre de 2017
ZIMBABWE: EL HABER INVERTIDO EN DICTADURA.
ZIMBABWE: EL HABER INVERTIDO EN DICTADURA.
En la región del corazón del África negra está situada Zimbabwe, en el idioma natural quiere decir "tierra de leones". Esa nación posee 390.000 kilómetros cuadrados de territorio, y 14.000.000 de habitantes (Sergio Erick Ardón, 2017). La gobernó Robert Mugabe durante 37 años, casi sin oposición. En ella se han encontrado vestigios de antiguas civilizaciones africanas; cerca de 300 sitios arqueológicos. Se han hallado antiguos recintos amurallados, construidos por los ancestros de la etnia shona, asentados allí antes del Siglo V de nuestra Era.
El territorio se ha distinguido por albergar oro, estaño y cobre. Zimbabwe comenzó a prosperar entre los XlV y XV, tanto así que su pueblo estableció conexiones comerciales con Asia. Luego el imperio portugués interrumpió su floreciente desarrollo, así como la pujante cultura del Gran Zimbabwe, cuyos miembros optaron en reubicarse en distintas puntos geográficos de la nación, lo cual hubo de ser escenario de pugnas tribales africanas, de forma tal que en la década de 1830 la severa desestabilización y la fragmentación hicieron su aparición. Los grupos étnicos dominantes, y entre sí enemigos: la sociedad shona y la de los ndebele, a mediados del Siglo XlX, cada uno por su lado, abrieron el camino a los colonialistas blancos europeos. A cambio de dinero, mediante pactos entreguistas, cedieron ante los colonialistas, en aras de la explotación de las tierras y los vastos recursos minerales.
Durante todo el Siglo XlX y más antes, Inglaterra y Francia, Bélgica, Portugal, entre otras imperios europeos, ejercieron, a la sazón, un nefasto dominio político, económico, cultural (racial) y militar sobre el continente negro, por lo que lógicamente éste no estuvo a salvo de contradicciones y conflictos, los cuales estallaron con fuerza excesiva a partir de la década de 1960. Eso sí, los conflictos contribuyeron a dar origen al surgimiento posterior de nuevos Estados independientes, soberanos y libres al fin, del sometimiento de las decadentes potencias europeas.
La especie colonialista facilitó el poder en la "tierra de los leones" del empresario imperial Cecil Rhodes, propietario de la British South Africa Co. (BSA), quien conquistó los derechos exclusivos sobre los recursos y bienes del país, por lo que lo transformó después en el segundo de mayor riqueza y prosperidad del África.
"EL GIRO SINIESTRO". Del asentamiento de la citada compañía británica comienza el calvario del pueblo de Zimbabwe, por cuanto el gobierno británico le había concedido privilegios de naturaleza imperialista a la BSA, con tal de aumentar a la vez el flujo de las inmigraciones de colonos ingleses. Conglomerado étnico que habría de tomar las riendas de la nación africana, esquema que operó en naciones vecinas, tal fue el caso particular de Sudáfrica.
Una de las columnas pioneras de blancos ingleses se trasladó al campamento fortificado, llamado Salisbury (Instituto del Tercer Mundo: "Guía del Mundo", 2009). Al rechazar tales prácticas segregacionistas, los negros nativos organizaron levantamientos y sublevaciones frente al poder colonial europeo. Por ello, hubieron de ser reprimidos brutalmente por la policía, puesta al servicio de la BSA, quien al gobernar de modo directo al país africano desde fines del Siglo XlX, lo mandó a denominarse "Rhodesia del Sur". Dicho sea de paso, se convirtió en un Estado administrado por colonos blancos, bien semejante a su vecino Sudáfrica en eventos, relacionados con "la segregación racial y el apartheid".
A efecto de ampliar su dominio en la década de 1950, Gran Bretaña y la BSA estimularon la creación de la Federación de África Central, conformada por Zambia, Malawi y la propia Rhodesia. Al llegar a esa fase de elevada expansión, los blancos europeos apenas conformaban el 5% de la población de la recién fundada, pero fallida Federación. Sin embargo, fueron los propietarios de más de la mitad de las tierras fértiles (idem).
LOS MOVIMIENTOS DE LIBERACIÓN se extendieron por todo el continente a favor de la descolonización y de la autodeterminación, cobraron fuerza en esa década. A través de ellos revivieron la esperanza de alcanzar la independencia nacional, y el derecho a la soberanía. Aquella Federación se desgranó, al lograr primero Zambia y Malawi la independencia en 1964. Rhodesia (o Zimbabwe) estuvo lejos de topar con igual suerte. La lucha armada se acentuó, y postergó, contra el gobierno blanco de Ian Smith, aliado de Sudáfrica, y de su sistema del "apartheid", ambos sancionados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sanciones que burlaron y pasaron por alto. En su lugar, Smith, el gobernante blanco declaró la independencia nacional de manera unilateral en 1965, de ese modo, rechazada completamente por los nativistas negros.
El mandatario colonialista se negó a aprobar un gobierno autóctono y libre, gobernado por la mayoría negra, a pesar de las presiones del Reino Unido, el cual se había distanciado de las prácticas racistas en Zimbavwe. Tras la beligerancia y embestidas de los movimientos de liberación nacional africanos - el continente de la iniquidad e inequidad social - , los regímenes colonialistas y racistas llegaron a verse disminuidos gradualmente, al desencadenarse las guerras populares en Zambia, Angola, Botswana y Tanzania, naciones dominadas por el colonialismo. Luego de la independencia de Mozambique en 1975, la insurgencia en Zimbabwe se intensificó (idem) y recrudeció.
Así, en este caso particular de la excolonia británica, salió a relucir la figura de Robert Mugabe. Él pasó a liderar el frente popular contra el poder blanco europeo. Incluso, debió soportar 10 años de prisión, a causa de sus actividades facciosas. En el contexto de la guerra de liberación anticolonial y antiracista de más de siete años, el líder negro y su organización Unión Nacional Africana de Zimbabwe (ZANU), junto con Joshua Nkomo, emprendieron el rescate de la nación. Casi todo el carácter de las fuerzas políticas y militares insurgentes de liberación, se basó en el pensamiento o la visión ideológica del "Tercer Mundo". Por demás, bastante cercano a las estrategias expansionistas (o imperialistas) del comunismo internacionalista, bajo la guía y la dirección de la extinta Unión Soviética (URSS).
El África, ávida de independencia y soberanía, pronto resultó terreno fértil de la confrontación ideológica, propia de la Guerra Fría. El continente negro quedó envuelto en medio del antagonismo del Occidente capitalista y liberal frente al Pacto de Varsovia de la URSS, esto último, fundamentado en el comunismo (marxista leninista) y su propuesta del supuesto "cambio civilizatorio" (Michael Löwy, 2017), inducido por las fuerzas del proletariado (la clase obrera y campesina). Es un hecho cierto que "el valor psicosocial: la defensa de la negritud", "ella oprimida por el imperialismo colonial", concordó en aquel entonces con los postulados del bloque soviético.
Habiéndose consolidado la revolución comunista de Cuba, dirigida por Fidel Castro, como aliada de la URSS, el país caribeño se vio luego inmerso en las convulsiones africanas, en cuenta Zimbabwe, al ser enviadas tropas castristas en respaldo de la insurgencia anticolonialista. Era una de las maneras de exponerse como satélite soviético, compensándose de esta forma la protección política, militar, más los subsidios del Kremlin a la centralizada economía de la Habana. Miles de soldados cubanos sirvieron de carne de cañón en aquella aventura militar de carácter internacionalista, en donde Occidente financió también a sus aliados anticomunistas y los gobiernos esbirros.
NEGROS VERSUS BLANCOS. El gobernante racista de Zimbabwe, frente a las condenas internacionales y los arrestos de la guerrilla negra, se vio obligado a negociar, de tal suerte que mediante los acuerdos de Lancaster House de abril de 1980, que, además de proteger las tierras y posesiones de los blancos europeos, se acordó, eso sí, la celebración de elecciones libres, supervisadas por Londres y la ONU, de las cuales resultó ganador en 1980 la agrupación política el ZANU, controlada ampliamente por Robert Mugabe. Hoy el nonagenario, expulsado del poder por tirano y ladrón, y de haberse adueñado del país.
Habíamos subrayado que la población blanca mantuvo suficientes privilegios, entre ellos, sus tierras y algunos escaños en el Parlamento (idem), de lo cual luego Mugabe hubo de sacar ventajas, especialmente cuando le convenía, y viera en riesgo su permanencia en el poder. Levantar los odios contra los descendientes de europeos significó desviar la atención de los reales quebrantos del país africano. Al principio de la independencia nacional, todo iría a indicar que, una vez en el poder, Mugabe abogaría por la reconciliación entre la mayoría negra y la mayoría blanca, y, desde luego, la abolición de las leyes racistas. Lo cierto fue que la Sudáfrica, influenciada por el apartheid se le interpuso en el camino, al complotar frente a la economía de la naciente república, de la también mayoría negra nativista, particularmente la colectividad shona.
Al mismo tiempo, las reyertas étnicas y tribales, encabezadas por su antiguo aliado Nkomo, llegaron a ser una piedra en el zapato. En su propuesta gubernamental, Mugabe planteó el ambicioso Plan de Desarrollo, el cual enfatizó en la reactivación de la economía, privilegiando la agricultura intensiva. La reforma agraria se vio entorpecida, por cuanto los acuerdos de Lancaster exigieron la compra (a altos precios), y no la expropiacion, de las haciendas rurales de blancos, trabajadas por peones negros, cuya sobrevivencia precaria, carente de mínimas condiciones de vida, agudizarían los males de la sociedad. Mientras tanto, los blancos, al organizar a la vez su propio partido político, con tal de bloquear la reforma social del novel gobernante negro, continuaron siendo los dueños del 50% de las tierras productivas, generando el 90% de la producción agrícola. De este modo, ellos pagaban un tercio de los salarios; además que se apoderaron del 40% de las exportaciones del país" (idem).
En la actualidad, la minoría blanca tampoco se ha visto exenta de las expropiaciones de tierras, estas trasladadas, con alguna frecuencia, a los nativos negros, con insuficientes conocimientos técnicos en cultivos y administración de las haciendas. En medio de la inestabilidad que, principalmente en los últimos tres lustros, ha sacudido a Mugabe, este halló fácil recurrir al argumento y la práctica abusiva de las expropiaciones de haciendas. Le resultó favorable como medida de chantaje. Lo otro consistió en fantasear sobre el posible complot de Occidente, el enemigo externo, que en alianza con la clase social de los blancos de su país, planeaba, según él, apoderarse otra vez de Zimbabwe.
EL DESPLOME SOCIAL. Los chantajes y el odio étnico escasamente habrían de detener el descontento hacia el Presidente Mugabe. El caos económico se hizo inmenso, e incontrolable. Ya en la década pasada, entre 4.000 y 4.500 agricultores blancos perdieron la tierra, las cuales pasaron, arbitrariamente, a manos de la influyente fracción de los veteranos de guerra (anticolonialistas) y partidarios del régimen.
En antaño, famoso por su floreciente y evolucionado sector de la agricultura, Zimbabue pasaría a una fase de prolongada crisis económica, con la inflación más alta del mundo. La carestía alimentaria llegó a ser uno de sus efectos agudos, mayúscula hasta hoy. De lo cual no pocos responsabilizan la torpe reforma agraria de Mugabe, por medio de ella arrebató a los propietarios blancos las granjas más productivas de la nación; y de seguido las entregó a gente escasamente preparada, o amigos del régimen, signo de la imparable corrupción, centralizada en la figura de Mugabe y sus allegados. Un círculo reconstruido por su sociópata esposa Grace Mugabe (52 años), quien ambicionó sucederle en la presidencia.
De hecho, en la década de 1990 el 30% de las haciendas de blancos fueron expropiadas. Fue tal la inseguridad que enseguida se produjo el retiro masivo de la inversión extranjera, La excolonia entonces pasó de ser uno de los países más prósperos de África, a uno de los más pobres; una irremediable recesión y estancamiento, complementada con las flagrantes violaciones a los derechos humanos y el autoritarismo represivo.
Inmediatamente después sobreviene la estrafalaria hiperinflación, equivalente a la tasa de 231 millones por ciento en noviembre del 2008. El desempleo ha golpeado al 90% de la población. El 74% de la población vive con menos de US$5,50 al día.Tres quintos de la gente de ese país vive en la pobreza, y un quinto en extrema pobreza (con menos de US$1,90 al día), según datos del Banco Mundial de 2011.
La moneda local, el dólar zimbabuense, desapareció aplastado por la hiperinflación y, después de tener que recurrirse al Rand sudafricano y el dólar norteamericano, como moneda oficial, la escasez de divisa ha arrastrado ahora al sistema de bonos, desde 2016. (Gemma Parellada, 2017). El Producto Interno Bruto de Zimbabue se redujo en un 50% entre los años 2000 y 2008 - después de este periodo hay ausencia de cifras exactas -. Se trata de la mayor contracción de una economía en tiempos de paz,según el Banco Mundial. Con todo, .Zimbabue tiene una tasa de alfabetización de 89%, según datos del Banco Mundial de 2014, fruto de los años de la independencia cuando se invirtió en educación. La expectativa de vida al nacer (60 años) cayó dramáticamente en la década de 1990, debido a la epidemia del VIH/sida. Un 13,5% de la población adulta de Zimbabue, cerca de 1,3 millones de personas, viven con VIH/sida, según datos de ONUSIDA de 2016 (Parellada, idem).
Los blancos tampoco se quedaron de brazos cruzados, ofrecieron resistencia, organizaron acciones violentas, desafiaron los abusos de Mugabe, razón por la cual el único mandatario conocido por la nación en 37 años de emancipación, respondió a ella, eliminando los treinta escaños que les pertenecían en el Parlamento. Asimismo, con el ánimo de afianzar su poder frente a la oposición de los blancos europeos, el gobernante nonagenario logró superar, hábilmente, las viejas diferencias con la otra fracción guerrillera, dirigida por Nkomo, líder de la minoría Ndebele, otrora víctima de una matanza de casi 20.000 personas, orquestada por Mugabe. Ambos líderes (Nkomo y el mandatario) se pusieron de acuerdo en formar en 1988 el partido (pro-marxista) Frente Patriótico de la Unión Nacional Africana de Zimbabwe (ZANU-PF), todavía en el poder.
La Unión Europea, Suiza, los Estados Unidos de América y varias organismos internacionales ejecutaron severas sanciones económicas, comerciales y financieras contra el régimen, el cual hacía recrudecer sus medidas de ocupaciones tierras de los blancos, agravando así el colapso de la economía nacional. Cuando las practicó, su gobierno careció de los recursos presupuestarios para dotarlas de infraestructura mínima, tal que los beneficiados pudieran trabajarlas.
LA INTERNACIONALIZACIÓN DE MUGABE. Después del derrumbe del imperio soviético, la formación política hubo de optar por la renuncia ideológica del marxismo leninismo. Se declaró (se disfrazó) como una organización social demócrata (idem). Realmente, dicha formación operó como partido único; se ocupó de erosionar los mínimos márgenes de libertad de las agrupaciones opositoras. Sobre la plataforma del partido oficial, Mugabe, en adelante, sale ganancioso en elecciones completamente amañadas y fraudulentas, y hostiles, en la perspectiva de acumular y reforzar sus facultades presidenciales, con ello chantajear a la colectividad blanca con la cuestión de las expropiaciones o ocupaciones de tierras. Habido factor que la vía de la reforma agraria estuvo lo suficientemente lejos de ser concluyente.
Las consecuencias de las mismas presiones internacionales hicieron paulatinamente mella; el gobierno del ZANU-PF cae en descrédito. Asimismo, el propio Fondo Monetario Internacional entró en escena, puesto que la economía nacional inició un ciclo de pleno deterioro, contagiante en todo África. El discurso "arenguero" contra las naciones desarrolladas perdió hasta el mínimo de credibilidad. En cambio, en la postguerra de descolonización hubo de convertirse en uno de los recursos persuasivos (o habilidades) de Mugabe, quien era poseedor de una reconocida cultura. El tirano africano habría encontrado aliados en el curso de su fachada tercermundista y nacionalista, a saber, los gobiernos de Nicaragua, Cuba, Bolivia, y en su conjunto las naciones del ALBA chavista de América Latina, así también en Corea del Norte, el Irán, Belarus, Myanmar, el elenco global de las dictaduras o tiranías.
En tiempos recientes, aquello (la demagogia populista) le fue inútil, para defenderse de los bloqueos y sanciones, provenientes del exterior de su país (Instituto del Tercer Mundo: "Guía del Mundo", 2009), incluso de la beligerante Organización de las Naciones Unidas (ONU).
LAS ALERTAS ROJAS. Desde un tiempo atrás, el mandatario era objeto del aislamiento, particularmente de sus aliados. Lo comenzaron a encarar las agrupaciones sindicales y las formaciones opositoras, al ser testigos del desempleo, la pobreza y el deterioro de las finanzas públicas. Tales organizaciones de la sociedad civil fomentaron la ebullición política, al extremo de abogar por la salida del poder de Mugabe. Este adoptó la represión desmedida contra los movimientos contestatarios. Una de esas medidas consistió en la demolición de miles de viviendas precarias y de puestos callejeros ilegales, a través de un operativo de "limpieza urbana". Por debajo se sabía de la maniobra gubernamental, con tal de deshacerse de opositores pobres al régimen. Quedaron 700.000 personas sin hogar. Se hicieron frecuentes las purgas internas tanto en las fuerzas armadas, como dentro de su propio partido ZANU - PF, tan autoritario como el mandatario (93 años), cuyos 37 años en el poder, los patrocinó el propio ejército, el cual le sirvió de firme sostén en sus ambiciones autoritarias y en la sobrevivencia política.
Al cabo que se disparó la fuerza de las agrupaciones opositoras, de manera paralela, Zimbabwe viene entrando en el ciclo de "desintegración", así lo advirtió Jan Egeland, subsecretario general de la ONU para asuntos humanitarios, al cabo que esa empobrecida nación todavía, continúa siendo golpeada por hambrunas, causadas por la deforestación, la erosión del suelo, enfermedad de la tierra (otrora enriquecida por los blancos); así también la polución del aire y el agua. Además que las prácticas mineras a pequeña escala producen polución de metales pesados y desperdicios tóxicos (idem). Entrelazado a lo anterior, los habitantes no han dejado de cruzar las fronteras rumbo a Sudáfrica. Dadas las diásporas, la tercera parte de la población reside ahora fuera del país —sobre todo en la más próspera vecina Sudáfrica—.
Por su parte, el Fondo Monetario Internacional ha sancionado al decaído régimen al vedarle el acceso a los recursos y créditos externos. La ONU no escatimó esfuerzos en aplicar sanciones contra el régimen de Mugabe, al lado de Gran Bretaña y los Estados Unidos de América. Todos ellos venían ejerciendo presión para que él abandonara el poder, ejercido de modo ilimitado durante 37 años de mandato. Hubo esfuerzos en tal sentido (desalojarlo) , a través de resoluciones de la organización multilateral. Sin embargo, China y Rusia se opusieron, nada de extrañar en ellos, ya que siempre han defendido las tiranías, principalmente cuando sirven o corresponden al juego de los intereses, propios de las superpotencias. A lo mínimo que el régimen de Zimbabwe accedió, tuvo lugar en el 2009: en medio del colapso económico, cuando posesionó al dirigente opositor, Morgan Tsvangirai como Primer Ministro. Apertura "viable", y manipulada, la que le calzó de modo transitorio, a fin de formar un incómodo gobierno de unidad nacional durante cuatro años (BBC. Mundo, 2017).
EN POLÍTICA NADA ES ETERNO, MENOS LAS DICTADURAS. Hemos intentado poner de manifiesto que "la desgracia Robert Mugabe para Zimbabwe estuvo lejos de ser un hecho casuístico. Por el contrario, resultó un fenómeno incubado desde el inicio de los movimientos anticolonialistas en el África - y más antes -, cuando este personaje cumplió, por cierto, un rol emblemático. Antes héroe libertador, luego opresor. Se transformó en el más veterano jefe de Estado del mundo. Se embriagó de poder, se aferró de modo obsceno a él, “ A sus 93 años, Mugabe no tenía intención de dejar el poder” en la excolonia británica. Solo Dios lo quitaría, en alguna ocasión lo expresó, convencido que a Zimbabwe lo iría a gobernar hasta los 100 años, .“Su verdadera obsesión no fue tanto la riqueza personal, sino el poder”, afirmó el biógrafo Martin Meredith.
Habría un inminente desenlace, difícil de posponer. Finalmente, el ejército organizó un “cortés” golpe de Estado, sin derramar sangre. El pueblo, casi en su totalidad, expresó su respaldo al operativo militar. Grace Mugabe, la esposa del presidente, fue uno de los objetivos principales. La extravagante mujer se disponía a heredar los poderes de la virtual dinastía, a pesar de su impopularidad. La institución armada, temerosa de las ambiciones desenfrenadas de Grace, se decidió borrarla del mapa. Ella, una sociópata, “abofetea a su marido en público"; proclive a extravagantes gastos en fiestas, mansiones, vehículos y joyas¨; apoyada por un grupo de políticos mafiosos entre los 40 y 50 años, en forma espuria rivalizó por la conquista del poder con uno de los vicepresidentes del gobierno, Emmerson Mnangagwa (75 años).
Precisamente, lo que “gatilló” la crisis política, y posterior intervención militar para el golpe de Estado, descansó en la destitución, días atrás, de Emmerson Mnangagwa como vicepresidente. Una decisión adoptado por el presidente y su esposa. Todo ello obedeció a las acostumbradas purgas internas, además de la lucha por la sucesión del poder; la ancianidad de Mugabe, apuntaló los desencadenantes de la crisis. Una especie de éstas, seguro que la justicia de Dios iba a evitar dejarla en el poder hasta los 100 años.
La facción del vicepresidente, la de los veteranos de guerra, llegó a protagonizar la intervención militar. Antes de eso había presionado a Mugabe a renunciara. El ejército y los veteranos se pusieron de acuerdo con la dirigencia del partido ZANU-PF, a efecto de suspendierlo de las funciones de máximo director. Mugabe, el más veterano jefe de Estado del mundo, aparecía cada vez más aislado tras haber sido abandonado por el ejército, por el ZANU-PF y por los veteranos de guerra, sus antiguos socios en la corrupción y el autoritarismo.
El vicepresidente del gobierno, Emmerson Mnangagwa, posee un historial de flexibilidad en sus tratos con la clase de los blancos, ellos también son ciudadanos de esa nación africana, verdaderamente son imprescindibles en todas las instancias nacionales. Como héroe de guerra, con buena relación con los militares y veteranos de la independencia, será el hombre que dirija, de forma interina, los destinos del país. Se entiende perfectamente con el general Constantino Chiwenga, Jefe de las Fuerzas Armadas; son dos figuras destacadas de la lucha por la independencia de la excolonia británica, junto al derrocado jefe del Estado. En cuanto a la Unión Africana (UA), la organización regional consideró en un comunicado que la crisis “parece un golpe de Estado” , e hizo un llamado a los militares a respetar la Constitución; no llegó más allá de tales expresiones.
En nuestra conclusión, resulta atinado hacer referencia de una cita bibliográfica (del 2008) del Presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís Rivera. Dice así: "En parte el desacierto de las naciones del continente africano, en cuenta Zimbabwe, (incluyendo los procesos de unidad e integración) reside en que los proyectos políticos siguen descansando bajo el alero de un único valor psicosocial: la defensa de la negritud, acuerpadas constantemente por élites extremadamente corruptas y por los "señores de la guerra", lo que a la vez se constituye en un planteamiento reducido y distanciado de enfoques contemporáneos que comparten las visiones de desarrollo y de la democracia como procesos incluyentes, pluralistas y en último término dirigidos a la consecución del bienestar de la mayoría de las gentes".
SIN CREAR ESPEJISMOS. El sucesor del mandato de Mugabe arrastra un expediente escasamente cercano con los ideales de la democracia liberal y vocación hacia los derechos humanos. Mnangagwa había sido "de los mano dura" y hostigadores del régimen", así como del cuasi partido único ZANU-PF, el gobernante. Ilusionarse con él es bastante prematura e impredecible. La expectativa de que el nuevo gobernante apoye "elecciones libres y justas” dejan nubarrones, habida cuenta que él representar una formación política y un ejército antidemocráticos, pilares del régimen, encabezado por el otrora héroe de la emancipación. Igualmente, juntos conformaron la casta social dominante. De modo acertado lo sentenció el prominente político opositor zimbabuense David Coltart, quien tuiteó: "Hemos eliminado a un tirano pero todavía no a la tiranía".
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
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