martes, 24 de diciembre de 2013

Freddy Pacheco León escribió: "DERROTAS RECURRENTES DE NICARAGUA EN LA HAYA"

DERROTAS RECURRENTES DE NICARAGUA EN LA HAYA

Freddy Pacheco León*

Tal vez porque es algo inusual en las relaciones internacionales de Costa Rica, el asunto de la incursión nicaragüense al territorio limonense de isla Portillo quizá no es comprendido plenamente por nuestra ciudadanía. Y es que después de acudir a la Organización de los Estados Americanos, presentar el caso en otros foros continentales y hasta soportar el insultante actuar de la “corte” centroamericana de justicia con sede en Managua, creemos que algunas personas no tienen claro lo que es y puede hacer la Corte Internacional de Justicia (CIJ) con sede en La Haya, Holanda.  Parece olvidarse que es el tribunal de justicia más importante de la ONU, con la capacidad de emitir resoluciones de cumplimiento obligatorio para los Estados bajo su jurisdicción, y con formalidades de forma y fondo propias de su responsabilidad, que tiene el deber de estudiar los casos como parte de un debido proceso estricto donde no caben las ocurrencias ni las influencias interesadas.

Recordemos que antes del conflicto actual, se hubo de acudir a la Corte para defender el derecho a la LIBRE NAVEGACIÓN que tiene Costa Rica, a perpetuidad, por parte del nicaragüense río San Juan, que estaba siendo obstaculizado por el gobierno nica. Así, luego de una excelente participación del destacado cuerpo profesional estructurado por la Cancillería tica, el ente de las Naciones Unidas determinó que las embarcaciones costarricenses, INCLUSO CON TURISTAS, tienen derecho a navegar sin tener que pedir permiso ni pagar impuesto alguno, según un horario razonable determinado por las autoridades del país dueño del río. Trascendental decisión pues el argumento del equipo de juristas de la contraparte alegaba que dicha libre navegación solo podía hacerse con “objetos” de comercio, y no con “OBJETO” de comercio, como lo defendió exitosamente el equipo costarricense.

Resuelto el conflicto a favor de Costa Rica, se presentó luego la desastrosa “aventura” de la “INVASIÓN” de soldados del ejército nica al mando del comandante Edén Pastora, al territorio de isla Portillo, al norte de la gran isla continental de isla Calero. Como no hubo razones atendibles y el régimen de Daniel Ortega, siguiendo el consejo de asesores como Jaime Incer, Mauricio Herdocia, Rosario Murillo, y el mismo Pastora, reaccionara afirmando que aquél primer caño excavado, no era más que el que planteara el árbitro General Alexander a fines del siglo XIX, como el que marcaba el límite entre ambos países, Costa Rica se vio en la necesidad imperiosa de acudir nuevamente al tribunal con sede en La Haya.  Al hacerlo, solicitó medidas provisionales para que los invasores no pudieran culminar su meta de conectar el río San Juan con la laguna de Los Portillos (laguna de Harbor Head), con lo cual el evidente daño ambiental al rico humedal y el avance de las pretensiones nicas de fijar un nuevo límite ¡a costas de parte del territorio soberano costarricense! pudieren afirmarse en el tiempo.  De esta forma, la Corte nuevamente emitió un fallo desfavorable a Nicaragua, ordenando a los invasores SACAR SUS BOTAS MILITARES del territorio técnicamente en disputa, y permitiendo a los costarricenses, exclusivamente, ingresar al mismo en labores de conservación ambiental.

Sin embargo, confundidos en sus derrotas, los gobernantes nicaragüenses no solo incumplieron la ordenanza de la Corte, sino que, de acuerdo con el comandante Pastora, procedieron a excavar DOS NUEVOS CAÑOS (¡de quién sabe cuántos más que pensaban hacer!) con la evidente intención de crear un delta con numerosos canales que hubiera hecho difusa y más ancha, la desembocadura del río San Juan ¡a través del territorio costarricense! Ante esos hechos, y en forma ágil nuestra Cancillería acudió nuevamente a La Haya solicitando nuevas medidas provisionales, para evitar mayores perjuicios. Los magistrados así lo entendieron, y en una nueva derrota para el equipo de juristas de la cancillería nica, se ordenó la inmediata salida de los soldados de Ortega, al tiempo que se les dio DOS SEMANAS para que rellenaran las trincheras recién construidas cerca de un campamento militar, que el comandante Pastora había instalado en la playa de la costarricense isla Portillo, alegando que la playa no formaba parte de la isla…

Como las lecciones recibidas de parte del equipo de la Cancillería de Costa Rica ya eran frecuentes, el gobierno de Managua corrió en busca de algo que le permitiera MITIGAR AL MENOS los golpes que erosionaban su autocalificada “gran experiencia y capacidad” en derecho internacional. Surge así la injustificada acusación de que con la construcción de la Ruta 1856, todavía a nivel de trocha rural, Costa Rica “estaba destruyendo la navegabilidad del caudaloso río San Juan” y los ecosistemas de la gran cuenca. ¡Había que tratar de “EMPATAR” con alguna acción! y lo único que se les ocurrió era demandar a Costa Rica por los supuestos daños provocados por una carretera en construcción.

Y así lo hicieron, atropelladamente, primero ante la “corte” Centroamericana de Justicia, con sede en Managua y muy “contaminada” por el gobierno de Ortega y el ejército nicaragüense. Ente, que pese a no tener jurisdicción sobre Costa Rica llegó al extremo de emitir un fallo condenatorio, tan insustancial que SE LO LLEVÓ EL VIENTO suave que corre por el río.  Luego de ese esperado fracaso, los “expertos” nicas llevaron los mismos argumentos a La Haya, a la Corte Internacional de Justicia, a donde demandaron, tímida e indirectamente, medidas cautelares que obligaran a Costa Rica a deshacer todo lo hecho y regresar el territorio por donde corre la trocha a su estado anterior.  Al no recibir una respuesta favorable, insistieron en una nueva solicitud de medidas provisionales, también con similares argumentos pero, igualmente, SIN presentar pruebas que, al menos, sustentaran su “urgente” solicitud.

De esta forma se llegó al recién pasado viernes 13 de diciembre, en que en un fallo unánime y contundente, los señores magistrados de la CIJ le comunicaron a ambos países y al mundo, que “las circunstancias actuales no son tales como para que la Corte indique medidas provisionales”. Pues el equipo jurídico costarricense, con argumentación sólida, hizo evidentes GRAVES FALLAS en el accionar del grupo jurídico nicaragüense, que no solo acudió a La Haya con solicitudes de medidas provisionales sin sustento técnico y antojadizas, sino que no podían ser tomadas como tales de parte de la Corte Internacional de Justicia, sin que hubiere caído en determinaciones prejuiciadas con respecto al fondo de la demanda nicaragüense.

Además, el equipo de la cancillería costarricense, logró demostrar, ¡y la Corte así lo acogió!, que no existía LA URGENCIA reclamada por Nicaragua en el tanto no hay amenaza real e inminente de daño irreparable mientras la Corte dicta una decisión final. Que Nicaragua no pudo demostrar un aumento sustancial de SEDIMENTOS hacia el río, ni algún efecto eventual a largo plazo que afectara su navegación. Y en cuanto al alegado efecto sobre los ecosistemas y diversas especies en particular propias de los humedales, la Corte coincidió con Costa Rica en cuanto a que Nicaragua jamás explicó como los trabajos en la ruta 1856 pondrían en peligro tales especies, las que además no fueron identificadas con precisión.  NO se demostró por tanto (dice la Corte) que exista un daño real e inminente irreparable hacia los derechos invocados por Nicaragua.

Pero algo increíble es que, pese a la claridad del fallo de la Corte, el embajador nica en La Haya y “expertos” como un señor Herdocia, sacando de contexto párrafos la resolución para darles interpretaciones ANTOJADIZAS, pretenden mitigar el golpe recibido diciendo que la Corte prohibía a Costa Rica la continuación de los trabajos de construcción. Con lo que ocultaban que la detención de los trabajos fue por circunstancias administrativas relacionadas con hechos de corrupción que se encuentran en los tribunales de justicia costarricenses, ¡jamás por los sucesos en La Haya!  Por eso, ya se presupuestaron las obras y se avanza en la recuperación del tiempo perdido, muy diferente a lo que afirman adláteres de Daniel para confundir al pueblo nicaragüense.

No tenía importancia pues de cuál NACIONALIDAD eran los expertos contratados por nuestra Cancillería, ni de qué COLOR eran las togas usadas en las audiencias; de lo que se trataba era, de conformar un equipo de excelencia, responsable, trabajador, que nos representara según los requerimientos de los costarricenses y que, de paso, le diera un par de lecciones a un conjunto de profesionales que Nicaragua había conformado con una esperanza pero pobre en su accionar, como lo demostraron los resultados favorables a Costa Rica.



*Doctor en Biología.

jueves, 19 de diciembre de 2013

CONTRASTES HISTÓRICOS: ÁMERICA LATINA Y ÁFRICA.

CONTRASTES HISTÓRICOS: ÁMERICA LATINA Y ÁFRICA.

Tanto que polemizamos en América Latina sobre los excesos y abuso de los españoles en las épocas de la conquista y colonización de América, el Nuevo Mundo. ¿Acaso eran querubines nuestros aborígenes, los primeros habitantes de los inmensos territorios explorados?  

La historiografía pone al descubierto que las civilizaciones precolombinas practicaron también  las guerras, las masacres, la esclavitud,  los sacrificios humanos y otros comportamientos ampliamente destructivos, los cuales traumatizaron a los forasteros, que enseguida comenzaron a dominarlos.

Ciertamente, el proceso civilizatorio americano, desencadenado tras el conflicto entre indígenas y españoles estuvo signado de prolongadas sublevaciones sangrientas, tal que las estructuras políticas y la economía extractiva de metales preciosos, generadoras de riquezas a favor de la Corona, justificaron el inicio de la separación y la división de clases, así como los primeros síntomas de diferenciación racial;  una honda complicación de la cual el nuevo continente tampoco fue ajena.

Excepto la inequidad económica y social, producto de la sociedad colonial, la cual arrastra todavía el Siglo XXl, las segregaciones y los odios raciales y culturales entre españoles e indígenas, tuvieron la particularidad de ser apaciguados. Eso fue lo positivo de un reconocido encuentro de culturas, acentuado a través del surgimiento de las independencias nacionales y la formación de los Estados soberanos;  aunque lejos de erradicarse, principalmente  en puntuales latitudes del Nuevo Mundo, donde continúan persistiendo  los efectos  indeseados de carácter racista.      


El resultado del encuentro de culturas entre ambos grupos étnicos (españoles e indígenas), en un medio geográfico específico, devino en la constructiva conformación de una renovada sociedad biológica, con identidad psicosocial, comunicación e interrelación lingüística propias, cuyo poderío llegó casi a generalizarse en toda la población de gran parte del territorio americano.

En el terreno de la ética y los principios morales la emergente  civilización iberoamericana, además de fundamentarse en la doctrina y el mensaje cristiano, posteriormente  se nutrirá de  los valores liberales. Bien lo destaca  Álvaro Orozco Saborío, esto último  fecundado  por los mejores aportes de la Revolución Francesa, el Acta de Independencia de los Estados Unidos de América, la tradición de la Carta Magna Inglesa, el legado  greco-romano mediante la reiteración de la Constitución de Cadiz (1812) en la mayoría de  nuestras historias constitucionales,  cuyos textos estuvieron  liberados  de prejuicios secularistas y elevados  a la plenitud de la evangelización, heredada de España.

En cambio,  el continente negro lamentablemente careció de la experiencia histórica y cultural de haber contado en el proceso de conquista y colonización con un imperio colonial como el de España, mucho menos opresor y racista que sus adversarios europeos.  

De ello habla por sí solo el testimonio histórico y moral, que representa la  irreparable pérdida del líder africano Nelson Mandela, quien nos deja también infinitas lecciones, derivadas de su magnanimidad y espíritu superior, al enfrentar, sin temores,   las raíces del odio racial, la crónica injusticia e indignidad, la expoliadora “economía blanca”, así como la acumulación de estragos de distinta índole, originados desde mediados del Siglo XVll por algunos imperios europeos, siempre en perjuicio de los pueblos del África del Sur.  

En este caso,  las naciones sojuzgadas y ensangrentadas  por el apartheid y la segregación étnica, en especial Sudáfrica,  deberían continuar exigiendo justas reparaciones económicas  por parte de los países colonizadores europeos, a efecto de dar puntual seguimiento a las resoluciones que en este sentido se aprobaron en la Conferencia Mundial Contra el Racismo del 2001.   Por qué no pensar que  este compromiso constructivo como tal de las antiguas potencias coloniales honrará el inmortal mensaje del líder negro  que colocó  los principios de la reconciliación por encima de las sórdidas pasiones y los egoísmos humanos. FELIZ NAVIDAD A TODOS.


Ronald Obaldía González (Opinión personal)

miércoles, 11 de diciembre de 2013

DOÑA HAYDEE DE LEV:

DOÑA HAYDEE DE LEV:

GRAN MUJER Y ACTRIZ, TUVE EL HONOR DE ORGANIZAR CON ELLA UNA MISIÓN CULTURAL A NICARAGUA, EN UN ENTORNO SUMAMENTE DELICADO DE LAS RELACIONES ENTRE AMBAS NACIONES. JUNTO CON EL EMBAJADOR EDGAR UGALDE, EN AQUEL ENTONCES NUESTRO REPRESENTANTE EN ESE PAÍS, NOS OCUPAMOS DE LA TAREA DE SUAVIZAR LAS TENSIONES A TRAVÉS DEL TEATRO. CONSEGUIMOS TIQUETES AÉREOS GRATUITOS Y ALOJAMIENTO PARA DOÑA HAYDEE Y SU GRUPO, LA CUESTIÓN ES QUE SE DIO LA PRESENTACIÓN ARTÍSTICA EN MANAGUA. NUESTRA ACTRÍZ, CASI AL FINAL DE SU EXITOSA CARRERA, SOLO DESEABA CONTRIBUIR A LA CAUSA DE LA FRATERNIDAD Y CONCORDIA PONIENDO AL SERVICIO DE LAS DOS NACIONES TODO SU TALENTO ARTÌSTICO Y SU ELEVADO ESPÍRITU. BENDICIONES HACIA LO ALTO A ESTA GRAN Y GENEROSA DAMA.

RONALD OBALDÍA GONZÁLEZ.

lunes, 2 de diciembre de 2013

LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COSTA RICA: CONVERGENCIA DE DISTINTOS INTERESES SOCIALES.

LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COSTA RICA: CONVERGENCIA DE DISTINTOS INTERESES SOCIALES.


Buena parte de las conclusiones de nuestros comentarios  destacan la solidez, el  sostenimiento y  la vigencia que manifiestan tener  las bases  dogmáticas y  orgánicas de la Constitución Política de Costa Rica,  la cual actualizó en 1949 la entonces existente, liberal, Carta Magna de 1871.  

Sean una comparación los argumentos políticos de la señora Michelle Bachelet,  expresidenta y actual candidata presidencial respecto a la apremiante necesidad de reformar, con aditivos socialistas de su propia denominación,  la Constitución Política de ese país.

Redactada en tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet, de cuya influencia neoliberal se ha despojado parcialmente la sociedad chilena, la Carta, según el partido de la Concertación arrastra  la tesis de la  democracia guiada y “eficientista” a favor del funcionamiento del mercado sin restricciones.    

Resulta que en la culta y progresista nación suramericana el trauma de la dictadura militar es todavía  factor determinante de división, por la que interactúa  a la vez el irreconciliable bipartidismo, colocándose en medio de ello el cuestionamiento de la legitimidad de la Constitución Política.  Un fenómeno bastante sensible en el caso particular de una economía emergente como la chilena.

Es decir, esa nación todavía registra serias grietas en cuanto a cohesión social.  El desacuerdo  entre las dos fuerzas políticas preponderantes (la derecha y la izquierda) alrededor de la naturaleza y repercusiones ideológicas  de la Constitución Política, pone en entredicho la verdadera fortaleza de la institucionalidad formal (e informal), así como los arreglos políticos de ese país, cuya reconstrucción nacional,  tras la desaparición de la dictadura militar hace casi 25 años, ha traído consigo deficiencias en el sistema educativo, desigualdad social y  severos contrastes entre su envidiable crecimiento económico y las políticas de distribución de la riqueza.       

Entretanto, la  Constitución Política costarricense llegó a  ser una fórmula de justicia social en el contexto histórico de su confirmación (Iván Molina y Steven Palmer, 1997),  al igual que a  través de los tiempos ha sobresalido como  un factor jurídico y político de gobernabilidad,  con la suerte de que los distintos sectores políticos sobre la base de la Constitución liberal, se han interrelacionado (o transado) para tomar decisiones colectivas y solucionar conflictos, conforme a un sistema de normas y procedimientos (Jean Paul Vargas, 2007)  e institucionalidad abierta, dentro de lo cual se continúan formulando los particulares  intereses y las estrategias de persuasión.   

Justamente, los más altos grados de conflicto de Costa Rica han sido contenidos y procesados pacíficamente por la vía de la Constitución Política y el ordenamiento jurídico. Lo puso de manifiesto la  organización del referéndum popular, el cual, sin menoscabo de la gobernabilidad,  dio lugar a la aprobación del controvertido Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica y los Estados Unidos de América. 

Mediante el citado referéndum el gobierno,  los partidos políticos, los sindicatos, las cooperativas, las organizaciones académicas, las  cámaras empresariales, etcétera, emplearon sus “recursos de poder” y de movilización para dar como resultado una decisión, sustentada en  los principios de la democracia participativa, intrínseco en ello  “la obediencia cívica del pueblo”.

En nuestro país carece de sentido  la sugestiva y rimbombante aseveración de intentar otro “proyecto país”  empleado por no pocos foros nacionales, dizque para  incentivar “el  cambio social”, o retroceso, según nuestro criterio.    La universalidad y la profundidad de los fundamentos filosóficos y jurídicos  de la Constitución Política de Costa Rica, y de sus otras normas flexibles le han permitido su adaptación a los tiempos cambiantes.

La Carta Magna ha tenido la virtud de ayudarnos a prevenir complicadas fragmentaciones sociales, así como dotarnos de un Estado de derecho, capaz no sólo de concebir sistemas judiciales para guiar las relaciones económicas, políticas y los contratos privados y sociales, sino también como fórmula de control político, indispensable para atenuar y “autorregular”  los grupos de mayúscula influencia (Jean Paul Vargas, idem) tanto de la sociedad política, como  de la sociedad civil.    

Así entonces, nuestra democrática y pluralista Carta constitucional, como “expresión de vida política”,  ha refugiado a todas las tendencias o corrientes de pensamiento que salieron a relucir desde 1949.  

De ahí que sea un proyecto fallido la proposición de invocar  una nueva constituyente, puesto que todos los sectores y agentes políticos cuentan con peso real en ese gran texto nacional, garante de libertad y de derechos sociales e individuales fundamentales.  Y en política, renunciar al poder y a las reglas seguras que "entretejen el juego de los intereses" y los objetivos estratégicos son de los pecados capitales más graves.    

RONALD OBALDÍA GONZÁLEZ  (OPINIÓN PERSONAL)                                        

viernes, 22 de noviembre de 2013

Constantino Urcuyo Fournier escribió:

Constantino Urcuyo Fournier escribió:

La CIJ regaña a Daniel Ortega.

Este 22 de noviembre la Corte  Internacional de Justicia aceptó las medidas cautelares solicitadas por Costa Rica contra el gobierno del presidente autoritario de Nicaragua.
La CIJ resolvió a favor de Costa Rica de manera únanime,salvo en un punto,donde Costa Rica ganó 15 a 1.
1-La CIJ ordenó:
a-El cese de todo dragado por parte de Nicaragua, en la zona en disputa, especialmente  en el sector  de los dos caños artificiales  creados por  Eden Pastora.
b-Que Nicaragua rellene la fosa en el caño Este,en el plazo de dos semanas.
c-Que Nicaragua informe a la CIJ en el plazo de una semana,luego de finalizados los trabajos,sometiendo un informe detallado que incluya evidencia fotográfica.
d-Que  Ortega retire todo tipo de personal,civil o militar,del area en disputa e impida cualquier ingreso posterior,aunque se trate de sujetos privados.
e-Que Costa Rica  tome medidas, en   coordinación con organismos internacionales,para prevenir  daños irreparables al medio ambiente.
f-Que ambas partes  informen a la CIJ ,cada tres meses,del cumplimiento con estas medidas.
2-En resumen:
a-La CIJ constató la desobediencia de Ortega con las medidas cautelares dictadas anteriormente.
b-Pusó en evidencia las mentiras del gobierno Sandinista que negaba la existencia de los canales artificiales y la presencia de militares suyos en el territorio invadido.
c-Reafirmó su jurisdicción sobre el conflicto,cosa que Nicaragua pretendía neutralizar,afirmando que no existía ningun peligro para los derechos costarricenses sobre la Isla Portillos.
d-Creó un mecanismo de verificación permanente sobre la zona en conflicto que pone un límite a la voluntad militarista desbordada del gobernante del Norte
3-Las implicaciones:
a-Se reafirma el imperio del derecho internacional sobre el culto a la fuerza militar del sandinismo.
b-Suministra un arma importante a la diplomacia costarricense,pues podemos mostrar como el comandante desobedece  sin rubor y con frecuencia la órdenes del máximo tribunal de justicia internacional.
c-Desarma a quienes en  Costa Rica defienden tesis guerristas que amenazan la paz de nuestro pueblo
d-Muestra la eficacia del equipo jurídico de la cancillería(los Ugalde y Arnoldo Castro) asi como de los abogados internacionales que nos ayudan.
e-Señala la necesidad de continuar con una campaña de explicación internacional de nuestras posiciones frente al desenfreno del orteguismo expansionista.


viernes, 15 de noviembre de 2013

TOTALMENTE IDENTIFICADOS CON LA HISTORIA Y LAS CONQUISTAS DE COSTA RICA


TOTALMENTE IDENTIFICADOS CON LA HISTORIA  Y LAS CONQUISTAS DE COSTA RICA.

 

Antes de comenzar el comentario posterior, admítanme compartir con Ustedes el valioso aporte, que nos hizo llegar  el Embajador costarricense Melvin Sáenz Biolley en torno a la figura de Juan Vázquez de Coronado, el verdadero Conquistador de nuestro país, sobre quien hicimos referencia en el artículo anterior.  Nos expuso el Embajador Sáenz que este Conquistador y Adelantado cursó estudios de abogacía en la Universidad de Salamanca (España), seguro que su formación humanista moldeó su espíritu superior y el justo y generoso comportamiento para con nuestros aborígenes. Realmente, desconocía este dato académico en la biografía del fundador de la Ciudad de Cartago.    

 

Vuelvo a nuestro asunto. En estos tiempos en Europa y buena parte de América Latina están en boga las premoniciones contra el sistema democrático de los países que realmente lo son. La mayoría de ellas se revisten de informes alarmistas, los cuales ya tienen larga tradición. Tan comunes son en las ciencias sociales, especialmente.  

 

Se supone que tal método analítico  proviene de la influencia del determinismo histórico, componente fundamental de  la doctrina filosófica, construida por  Karl  Marx y Federico  Engels, que deviene de los postulados del materialismo histórico (la lucha de clases)  y del materialismo dialéctico (las contradicciones ideológicas),  abstraídos de la real evolución de la sociedad y la cultura universal.         

 

Sin embargo, el objetivo de nuestro comentario es alejarse de la explicación de la doctrina marxista, no nos interesa,  puesto que nuestras convicciones e ilusiones coinciden con  el liberalismo, el que prescinde de las "premoniciones". Por cuanto, su interés fundamental reside en la defensa  de la primacía de la libertad de la persona humana,  (la vida privada)  como el centro fundamental del quehacer  económico, político y filosófico.  

 

En la concepción liberal el ser humano es “una obra de arte”, y como tal debe estar exento  de dogmas, del pensamiento derrotista, de  sucesivas determinaciones  o de  ataduras superiores,  que puedan impedirle  pensar, crear y movilizarse voluntariamente por el mundo.      

 

Lo cierto es que Costa Rica tampoco se escapa  de esas habituales premoniciones, tanto que la propia academia se encarga de enviciarse.   Así por ejemplo, desde tres décadas atrás o más, hemos venido escuchando el fin de nuestra democracia, de su erosión, “estancamiento”, además de otras supercherías, asociadas a un peculiar  estado de ánimo,  que hemos dado en llamar “el ticopesimismo”. 

 

Advirtiendo sobre el comportamiento fatalista o pesimista, fuente de ese “ticopesimismo”,  el destacado periodista Robert Samuelson del diario  “The Washington Post”,  reporta que tal  patrón de conducta en la ciudadanía,  podría generar en los países profundas implicaciones políticas y psicológicas, dado su crítico poder contagiante, en cuyo  caso particular, y según nuestro criterio, haga posible   que en Costa Rica la desconfianza sobre el futuro,  hacia el gobierno y los partidos políticos se intensifiquen  peligrosamente, aun cuando apenas seamos testigos del lenguaje  agresivo, no consumado en hechos violentos.     

 

La gente “antisistema”  camina  más allá de esos análisis o estados de ánimo y se aprovechan de ello, al  vaticinar y alentar  la pronta llegada del populismo  - o la alternativa de reducir al máximo el tamaño y las funciones del Estado -,  “hace que las economías sean débiles”, al igual que los gobiernos democráticos,  por lo que resulta probable que se fortalezca el entusiasmo  y el atractivo de movimientos populistas y extremistas (Robert Samuelson), los cuales han irrumpido en algunas naciones, con pasados escabrosos.  

 

Del mismo modo, los “antisistema”  intentan adulterar  la historia costarricense (“o nuestra praxis”), pasan por alto sus particularidades excepcionales.  Que la pobreza y la carencia de materias primas, apetecidas por la Corona española en las épocas de la conquista y la colonia  libraron a nuestros antepasados  de continuas conflagraciones y disensiones políticas, que agitaron desde el principio a otros Estados  de la región.

 

Igualmente,  que nos favoreció  la lejanía geográfica de las autoridades del imperio, lo cual les permitió mayores márgenes de libertad para afianzar instituciones republicanas, al servicio del orden y la paz (Ricardo Fernández Guardia; Eugenio Rodríguez Vega); razón por la cual es imprescindible recalcar a las nuevas generaciones, lo que significan estos valores históricos en la vida de un pueblo.  

 

El otro factor determinante, que ha pasado desapercibido, en lo que respecta a la formación de nuestra democracia,  llegó a ser la decisión de los habitantes costarricenses, tras la independencia nacional en 1821, de formar una participativa junta superior gubernativa interina,  compuesta de delegados de las ciudades y pueblos más activos de la humilde provincia de Costa Rica, cuyo propósito consistió en organizar las bases políticas del nuevo Estado, iniciándose con la adopción del Pacto Social Fundamental Interino.

 

Es decir, a diferencia de  la experiencia de otros países, en los cuales las élites criollas, asociadas con  los militares o caudillos personalistas que cumplieron un rol preponderante y decisivo en la organización de los nacientes Estados nacionales, discriminatorios y socialmente desintegrados;  la democracia costarricense en cambio se construyó sobre la fortaleza de la sociedad civil de aquel entonces, organizada en poblados, primero, por la religión Católica; luego por las ordenanzas de la Constitución de Cádiz (1812) de impulso liberalizador y humanista.  

 

Así entonces, se amalgamó una sociedad pujante, todavía sobreviviente,  abierta a las ideas progresistas del  liberalismo, proclive a respetar un sistema legal, dándose  lugar a una estructura de “democracia de base”, que, apoyada poco después en el éxito de la economía del café, pudo superar las vicisitudes y profundas limitaciones, propias de la pobreza crónica. Esta  mitigada  en el transcurso del  Siglo XlX,  hasta llegar a funcionar en Costa Rica  una de las economías  más prósperas de Mesoamérica, incluyendo no pocas latitudes de América del Sur.      

 

En conexión con lo antes comentado, habrá que tomar en cuenta otras equivocaciones analíticas que  hoy salen a relucir, con la mala suerte que alimentan “el ticopesimismo” como tal; el que dista de rendir homenaje a nuestra excepcional  historia.   

 

Afín a lo destacado por el periodista Samuelson, consideramos que el éxito de los países no necesariamente puede juzgarse exclusivamente en términos económicos. Existen positivos comportamientos de los costarricenses, específicamente, las tareas o desempeños civiles, dificultosos de medir  como secas cifras para el producto interno bruto (PIB).  

 

Herencia de los comienzos de la formación del Estado democrático, en nuestro país continúa destacando una sólida estructura de organizaciones no estatales. Este lugar lo ocupan en nuestro tiempo las asociaciones comunalistas de desarrollo, las iglesias católicas y protestantes,  las entidades filantrópicas, las cooperativas, el movimiento solidarista, el activismo voluntario, el emprendedurismo;  todos  ellos, sujetos de la sociedad civil, capacitada a la vez de tener control de ciertos  acontecimientos sensibles de carácter social y económico (y hasta políticos), especialmente en circunstancias en que un gobierno, incluidos los partidos políticos,  se muestren limitados para actuar.

 

En los diferentes contextos históricos la fuerza de esta estructura de democracia de base ha hecho su aparición con la debida eficacia, sobre todo en los que fueron críticos. Su capacidad se puso a prueba en la gran depresión mundial de 1930, en las complicaciones de la deuda externa durante la década de 1980, cuando tales agentes se transformaron en firme sostén de la estabilidad democrática.

 

Hasta en los triunfos de la selección nacional de fútbol se ha puesto de manifiesto el legado e impulso de las duras luchas de las primeras generaciones de nuestra sociedad civil. Luchas reproducidas  ante el accionar constructivo de los comités deportivos de nuestras comunidades, quienes a través del trabajo voluntario desplegado,   desarrollan desde las bases el talento de los niños y jóvenes futbolistas,  que habrán de derrotar a poderosos rivales, entre ellos, los Estados Unidos de América y México, que a pesar de sus inmensas poblaciones y cuantiosísimos  recursos materiales fueron incapaces de doblegar a este pequeño país en la anterior eliminatoria mundialista.  

 

El “ticopesimismo” no rima con la tradición y visión de nuestros abuelos, que anhelaron que “su tierra adelante”.     

 

Ronald Obaldía González (Opinión personal)

 

 

 

 

martes, 5 de noviembre de 2013

UN INICIADOR DE LA CULTURA POLÍTICA COSTARRICENSE.

UN INICIADOR DE LA CULTURA POLÍTICA COSTARRICENSE.

Coincidimos  con don Raúl Arias Sánchez, prestigioso historiador costarricense, que la señera figura de Juan Vázquez de Coronado (1562 – 1565),  “el Gran conquistador español de nuestro territorio” y fundador de Cartago, la hemos dejado a un lado de la historiografía nacional.
  
El abandono sobre el estudio de la obra de este conquistador (después nombrado Adelantado por el rey Felipe ll) trae consigo una grave omisión, por parte de las disciplinas de las ciencias sociales costarricenses.

Apenas un cantón de la provincia de San José, fundado en 1910, lleva su nombre; demasiado poco para Vázquez de Coronado, uno de los  autores  de  nuestra psicología social;  mejor dicho,  uno de los autores de las bases del ser costarricense, puesto que él junto a cientos de humildes seres humanos (segundones españoles) “amasaron la levadura de una nueva nacionalidad”. Enseguida expondremos  algunos supuestos.

A diferencia del trato duro proporcionado por el conquistador Juan de Cavallón contra los indígenas, a quienes los despojaba del maíz, que era su principal alimento, al cabo que les implantó las encomiendas  - que no era otra cosa que la repartición de los indios entre la gente traída por él - ,  Vázquez de Coronado, en cambio,  siendo conquistador, se esforzó por pacificar a los aborígenes, tratándolos inteligentemente al establecer poblados duraderos, tal que ellos y los mestizos quedaran arraigados a la tierra (Eugenio Rodríguez Vega, 1982).

La miseria del territorio costarricense tanto en el contexto de la conquista como la colonia, carente a la vez de factores de producción de interés vital a las necesidades de acumulación del imperio colonial español, fueron los cómplices de las desgracias y el empobrecimiento de los conquistadores y gobernantes, encomendados a superar aquella continua postergación, descrita en ese entonces por el Padre Estrada Rávago.

                 “…la dicha provincia de Costa Rica es desgraciada, o por mejor decir, los que en ella habemos entrado y gastado nuestras haciendas, y pues yo lo puedo decir con verdad, por haber gastado más hacienda, que otro alguno y haberla puesto en el estado en que está”.  Y termina diciendo el conquistador arruinado:  “todas las veces que me acuerdo de haberlos dejado, no puedo detener las lágrimas” (Rodríguez Vega, idem).

Lo antes dicho pone en evidencia la situación precaria de la provincia, pero lo cual (paradójicamente) hubo de mantenerla  alejada de las disputas encarnizadas entre los extranjeros españoles y las civilizaciones indígenas, comunes en casi todo el Nuevo Mundo, cuyo propósito genuino  descansó en la dominación y el control político de los factores de producción, codiciados por el reino europeo.

Aquí por el contrario, la gestación del tipo de sociedad relativamente horizontal y socialmente equilibrada,  llegó a interpelar por igual a españoles, criollos, mestizos, indígenas y mulatos  en un ambiente de retraso y calamidad, que agobió a todos los segmentos sociales.  

Apartándose de la codicia y la dureza de sus antecesores, nuestro principal conquistador, también pobre y abandonado por las autoridades españolas,   se propuso descubrir la provincia, la recorrió de Nicaragua a Castilla de Oro y de mar a mar.

Vázquez se adelantó a su tiempo. Se comportó como un consumado político, haciendo gala de su don de gentes, fuera “el tacto, la bondad o la fuerza”,  esta que practicó,  sobre todo, en Coto, donde hubo peleas feroces. 

Asimismo, supo tratar a los indígenas, los apreció y consiguió de ellos, de  lo cual los otros conquistadores fueron incapaces  (Rodríguez Vega). Fortaleció la amistad con influyentes caciques, entre ellos, Accerrí y Iurusti.  La buena fama de Vázquez de Coronado corrió por todas las comunidades aborígenes.  Con singular entusiasmo informó a sus superiores acerca de los avances de su tarea y de la buena disposición de los nativos para con él:

               “quedaron con grandísimo contento, es grande el crédito que de mí tienen, confianse extrañamente de lo que conmigo conciertan y espero en Dios saldrá desta jornada y de mi benida la pacificación de la mejor tierra que su magestad tiene en Yndias”.

Sin pretender negar los abusos y los malos tratamientos de los que fueron objeto nuestros primeros pobladores por parte de los conquistadores, ya fuera antes y después de Vázquez de Coronado, aquellos llegaron a ser, eso sí,  absolutamente menos traumáticos que los de otras latitudes de este continente descubierto por Cristóbal Colón.

Lo reseñan tanto Ricardo Fernández Guardia como Eugenio Rodríguez Vega en sus respectivas obras;  ciertamente,  Vázquez de Coronado con su proceder civilizado, humanitario y al ser menos codicioso que los demás conquistadores, entendió su misión occidentalizadora.  

Prácticamente,  el fundador de Costa Rica se distanció de las conductas expoliadoras;  a cambio de ello se fijó la idea de establecer “asientos firmes para organizar formas de vida perdurables”.  Tal vez será bastante atrevido e insensato de mi parte suponer que Vázquez moldeó nuestra inclinación por el respeto a la dignidad de todas las personas; ofrezco más bien las disculpas del caso por este aventón emocional que me domina al hacer referencia de este insigne español.    

Puede haber sido cierto que este conquistador después dejara  escuela a los gobernadores españoles, quienes, con la  excepción de Perafán de Rivera,  se cuidaron de sobrepasarse  contra la gente que estuvo bajo el poder de ellos. Al cabo que  ha sido de los que más ha influido en varios de nuestros patrones de conducta, pudiendo esto percibirse en el periodo colonial costarricense y hasta en los propios Siglos XlX y XX de la sociedad  costarricense, nacida para la libertad y el trato igualitario entre sus pobladores.

Así también, hubo de dejar huella  en la posterior y apacible sociedad, “liberada de odios y de grandes pasiones y prejuicios”, pero que se ha comportado díscola cuando la sacuden violentamente. Y que al mismo tiempo continúa intentando, con éxito, las formas fáciles y sencillas para dar solución a  las urgencias y apuros económicos y sociales. Quizás esto explique el hecho de que la humildísima  provincia hubiera superado paulatinamente sus difícil periodo  de rezago colonial.      

Finalmente, permítanme especular en cuanto que  Vázquez de Coronado contribuyera a moldear nuestra tradición política, puesto que al estudiar las notables obras  de  Braulio Carrillo, Juanito Mora, Ricardo Jiménez, Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde y José Figueres, podemos palpar que la mayoría de los costarricenses tienen la tendencia de compenetrarse (o identificarse)  con “un hombre magnífico”, más que un caudillo o un partido político estructurado.  Habrá que ver si  esta tesitura la heredamos  también de nuestros indígenas quienes, en la oscuridad  de la conquista,  se vieron tan atraídos por el positivo carisma de Juan  Vázquez de Coronado.  
  
Ronald Obaldía González (Opinión personal)