martes, 1 de abril de 2014
OTRA MODALIDAD DE ECONOMÍA INNOVADORA
Quizás nos cause extrañeza que en Brasil, Holanda, Bután, entre otros, se haya comenzado a introducir el valor de la felicidad como uno de “los indicadores agregados” que miden el desempeño en desarrollo humano de una nación en particular.
Este novedoso indicador intenta ampliar la visión convencional del crecimiento económico, guiado solo por el compo...rtamiento de las cifras del Producto Interno Bruto (PIB); en sí mismo, bastante limitado (Edward Jung, 2014), a efecto de medir el nivel de satisfacción psicológica y de realización de las personas en colectividad.
A simple vista existen reservas acerca de la posibilidad de cuantificar la felicidad en una nación. Bien es sabido que varias empresas internacionales se dedican a comprobar que sí. Por ello, nos arriesgamos a subrayar que la intensidad de actividades o manifestaciones creativas del espíritu humano, tales como la cultura, el arte, el deporte, los espectáculos musicales – ingredientes de felicidad – llegan a sobrepasar el cometido de la medición.
Tampoco es dable presumir que ha sido completada la tarea de contabilizar del todo los beneficios financieros, producto de la realización de eventos vinculados con los sectores de la cultura y el deporte - este todavía más - tal que sean identificados en los valores de las cuentas nacionales. Lo real es su encadenamiento al mercado de bienes y servicios, por cuanto, al convertirse en motores económicos e incubadores de felicidad, originan empleos creativos, así como cuantiosas ganancias de dinero, que activan las cuentas por alguna vía.
Entre lo destacable en las últimas décadas, es el lugar preponderante que dichas expresiones ocupan en la cotidianidad y la identidad nacional. El ejemplo tangible lo constituye el fútbol, como fuente de gozo y de construcción de estados de ánimo en la gente.
Este deporte dejó de ser solamente entretenimiento y recreación, hasta llegar a ser tomado en cuenta como un factor (psicosocial) de integración nacional, al cabo que sobre él funcionan organizaciones complejas tanto en el ámbito global (FIFA) como doméstico, específicamente la FEDEFUTBOL de Costa Rica, revestida de enorme autoridad y prestigio, toda vez que su eficaz organización tuvo la particularidad de albergar en este país el Campeonato Mundial Femenino Sub-17 y hacer partícipe en la Copa Mundial Brasil 2014 a nuestra Selección mayor masculina.
Los resultados exitosos del fútbol costarricense, así como la notoriedad acumuladas por el sector de la cultura costarricense, han de llamar la atención sobre la necesidad de crear nuevas visiones e inversiones por parte del Estado, en la convicción de que dichos sectores pueden continuar alcanzando mayor rentabilidad económica y creciente riqueza, de ser constantemente recompensados.
Una forma innovadora de respaldarlos consistiría en conceder mejor infraestructura física, así como institucionalidad - conexa a derechos de propiedad intelectual -, o bien dotarlos de mayores recursos presupuestarios. De este modo, el Festival Internacional de las Artes (FIA), que arrancará a principios de abril de los corrientes, continuará despertando el interés de la comunidad de naciones.
En el caso particular de la producción cinematográfica nacional, que en los últimos tres lustros ha cobrado un auge interesante, hubiera de ser un objetivo impostergable el apoyar con crédito estatal a los creadores de este género cultural, al mismo tiempo que se alentaría a las producciones extranjeras a tomar en cuenta nuestro territorio, el cual tiene buena trayectoria, dado que ofrece reconocidas condiciones ecológicas, aunadas al talento de alto nivel de los artistas nacionales, quienes han demostrado capacidad de iniciar emprendimientos o empresas nuevas (“start ups”) tanto en la televisión como en la incipiente cinematografía local.
De hecho, pronto los costarricenses serán testigos del espectàculo que nos ofrecerá Paul McCarney, el ex Beatle; ningún contemporáneo de este amigo de ustedes, podrá negar la citada singular felicidad, la cual nos causará la presencia de este personaje universal en un escenario del paìs.
De suerte tal, que después del concierto anunciado, hasta la Caja Costarricense de Seguro Social, hoy en serios apuros presupuestarios, habrá de economizarse, en adelante, no pocos medicamentos o el costo de las citas médicas, porque sus habituales pacientes borrarán por buen tiempo sus molestias habituales, una vez que, en vivo, introduzcan en su alma las notas de las hermosas canciones del ex-hippie británico, cuya historia todavía es dificil que se escape de nuestras vidas.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
miércoles, 26 de marzo de 2014
PRESIDENTA DE COSTA RICA COMPARTE MOCIÓN APROBADA POR LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE COSTA RICA QUE RECOGE LA PREOCUPACIÓN DE LOS COSTARRICENSES FRENTE A LA SITUACIÓN QUE AFECTA AL HERMANO PUEBLO DE VENEZUELA.
Presidenta de Costa Rica Laura Chinchilla Miranda comparte moción aprobada por la Asamblea Legislativa de Costa Rica que recoge la preocupación de los costarricenses frente a la situación que afecta al hermano pueblo de Venezuela:
LA ASAMBLEA LEGISLATIVA DE LA REPÚBLICA DE COSTA RICA Expresa:
1. A la comunidad internacional, su consternación por el clima de violencia, la intolerancia y el arresto, levantamiento de inmunidad y enjuiciamiento... sin causa justa o procedimiento apegado al estado de derecho de líderes políticos democráticamente electos, líderes de la sociedad civil, estudiantes y líderes opositores.
2. Al parlamento venezolano, su exhorto a instaurar una mesa internacional de diálogo y una misión de exploración que permita la negociación y la adquisición de compromisos vinculantes por parte del gobierno, el movimiento estudiantil venezolano, líderes de sociedad civil y la oposición política.
3. Al gobierno venezolano, su solicitud para que amparado en los principios democráticos que fundaron la República, se respete a la oposición política y se garanticen las libertades de asociación y reunión pacíficas, así como el respeto a los derechos humanos.
Reafirma:
1. Su interés en que la democracia, la paz, el diálogo y el debate constructivo florezcan en Venezuela y se detenga el arresto arbitrario de alcaldes, diputados, gobernadores y estudiantes.
2. Su apego al respeto de los pilares democráticos, la justicia social, los derechos humanos y las libertades fundamentales como vía para una salida concertada de la crisis venezolana.
Insta:
A los parlamentos nacionales, regionales y demás instancias a realizar un llamado al diálogo real, independiente y constructivo basado en compromisos exigibles, de respeto del derecho internacional y de las convenciones internacionales de Derechos Humanos en Venezuela.Ver más
viernes, 14 de marzo de 2014
CELO POR LA HISTORIA COSTARRICENSE.
CELO POR LA HISTORIA COSTARRICENSE.
“No hay quien pueda negar sus convicciones, sin negarse a sí mismo”, lo proclamó el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, Presidente de Costa Rica (1940 – 1944), en su ensayo intitulado: “El gobernante y el hombre frente al problema social costarricense”; escrito por él en aquella época de transformaciones y reformas sociales – y de ebulliciones -. Todo lo cual contribuyó a cimentar en este país las bases del Estado social de derecho, entrañable en nuestra identidad nacional, a pesar de las voces estridentes y autodestructivas que lo ponen en entredicho.
Grandeza y belleza del espíritu sale a relucir en las palabras de Calderón Guardia: su ineludible lealtad a los dictados de la consciencia, sobre todo, en los retos y determinantes eventos de la vida personal, justo cuando se pone a prueba cuán sólidas e irrenunciables llegan a ser los pensamientos y los principios propios frente a las conveniencias personales, cuya transitoriedad y banalidad son capaces de marginar, con no poca frecuencia, la verdad y hasta volverle la cara, con tal de satisfacer la debilidad de las ambiciones y caprichos que una persona en concreto pueda arrastrar, a contrapelo del bien común y la solidaridad con el prójimo.
Pensemos en el elevado espíritu de desprendimiento de Manuel Mora Valverde y del escritor Carlos Luis (calufa) Fallas, quienes renunciaron a su seguridad y al camino fácil de ceder a sus convicciones, a cambio de la continuidad y la consolidación de las Garantías Sociales, aprobadas en 1948. Las cuales la Junta Fundadora de la Segunda República extendió y perfeccionó, por cuanto su máximo líder, José Figueres, consciente de su relevancia, había escogido años atrás la ruta de “la Legión del Caribe”; desafiando así la injusticia de las dictaduras tropicales de Centroamérica y el Caribe, con las cuales jamás condescendió, menos le fue ajeno, por ninguna circunstancia, el carácter oprobioso de tales sistemas de gobierno. Algunos de ellos sobrevivientes, como el de Cuba y Nicaragua, así como el de Venezuela, sumido hoy en la desesperación.
A Monseñor Víctor Manuel Sanabria tampoco lo hicieron retroceder las insinuaciones de “los príncipes de la Iglesia Católica” latinoamericana, quienes sospecharon de su comportamiento a favor de las Garantías Sociales y de su sorprendente alianza con los comunistas criollos, sector que aceptó las recomendaciones del religioso, en cuanto a modificar algunas tácticas del trabajo político, a fin de avanzar en las reformas sociales, auspiciadas por la alianza conformada con el Presidente Calderón.
Al transportarnos a la historia costarricense nos damos cuenta que es innecesario recurrir a ideologías fallidas, sean éstas las que endiosan el mercado, o las que intentan rescatar las vetustas ideas del colectivismo económico, en el que tanto la propiedad y los medios de producción son confiados al poder del Estado,
La recuperación de las fuentes del pensamiento liberal, social cristiano, social demócrata, incluidas las ideas socialistas de Manuel Mora, llegó a ser el hecho sobresaliente que manifestó tener la primera ronda del proceso electoral costarricense, concluida a inicios de febrero del año en curso. Todo ello pone de manifiesto que este país sabe pensar todavía con cabeza propia.
Es innegable la habilidad y la fuerza de la sociedad política y civil costarricense de adaptar a la historia y realidad nacional las tendencias económicas y sociales de naturaleza global. Éstas han estado lejos de convertirse en trauma del país. Al contrario, nuestro sistema democrático abierto las ha asimilado correctamente, sin desmedro de la sustentabilidad de las instituciones fundamentales, así como de la primacía del interés público; dentro de lo cual, es digno de hacer mención de la cultura cívica nacional. La cual, desde larga data, ha privilegiado los valores de la libertad y del respeto a los derechos humanos, como forma de convivencia civilizada. Se mire como se mire en otras latitudes, no es bueno perder de vista que más allá de las fronteras de este país existen pueblos desesperados, ávidos, como mínimo, de la usual solidaridad costarricense. Sea en la fe de que estos valores naturales lleguen a ser disfrutados por ellos rápidamente.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
viernes, 28 de febrero de 2014
RENOVACIÓN DE LA POLÍTICA COSTARRICENSE.
RENOVACIÓN DE LA POLÍTICA COSTARRICENSE.
En cuanto a consistencia ideológica y programática de los partidos políticos costarricenses, encuentro similitudes entre los comicios generales, efectuados en 1974, y el proceso electoral del pasado 2 de febrero, por el cual la ciudadanía optó por la celebración de la segunda ronda electoral, a fin de definir, por esta vía democrática, la elección del próximo Presidente de Costa Rica.
Esta vez le corresponderá participar únicamente a dos candidatos: uno de ellos perteneciente al “gran partido adulto”, el Partido Liberación Nacional (PLN); el otro aspirante representa al novel, aunque disciplinado Partido Acción Ciudadana (PAC), cuyo desempeño positivo en los tres últimos comicios, lo han ido colocando, progresivamente, en posición de primer orden de la política nacional.
Al repasar aquella lejana fecha, 1974, cabe subrayar que fue por poco que no hubo doble votación. El PLN había presentado como su candidato presidencial a Daniel Oduber Quirós - un purista ideólogo socialdemócrata -, facultado intelectualmente en llevar a su partido a gobernar, consecutivamente, por segunda ocasión.
Don Pepe Figueres, con el PLN, había derrotado de manera convincente a Mario Echandi Jiménez en las votaciones generales de 1970. Precisamente, el periodo de 1970 - 1978 significó el punto de mayor madurez de la socialdemocracia criolla y del ascenso de la clase media como poder emergente. Pero, estos empeños y resultados sociales y políticos de ningún modo le hicieron fácil el camino a Oduber para convertirse en el candidato ganador.
Al igual que en este 2014, la oposición se encontraba fragmentada (esto es política), lo cual fue aprovechado de manera táctica por el PLN y Oduber, para superar por una diferencia bastante corta a las denominaciones adversarias, toda vez que el continuismo de los socialdemócratas pesaba lo suficiente en el pensamiento de los electores.
Entre las agrupaciones de la oposición se levantaron profundas diferencias ideológicas y visiones programáticas, lo cual obstaculizó el interés de conformar un bloque único. Aún así, la victoria de Oduber en primera ronda resultó posible, apenas, con un poco más de sufragios que excedieron el porcentaje mínimo (40%) para triunfar.
La claridad de los principios y la proyección de las propuestas de cada opción partidaria, abundantes en recursos, organización y estructura de cuadros - hecho que sobresalió en la primera ronda del 2014 -, constituyó los señalados atributos y llamados para haber allegado a sus filas el mayor número de adherentes y simpatizantes.
Por todo ello, la segunda ronda fue tomada en serio desde la apertura de la contienda proselitista por parte del Tribunal Supremo de Elecciones; mientras que el partido oficial redobló el trabajo duro, a fin de alcanzar el mínimo de sufragios necesarios, calculando que el desenlace de la segunda ronda podría haberle sido incierto. Un riesgo que suelen administrar frecuentemente la mayoría de los partidos políticos de las naciones democráticas, capaces de retener el poder de manera consecutiva, mediante procesos electorales legítimos y transparentes como el de Costa Rica.
Merece recordarse la elegancia, la profundidad de ideas y el pensamiento bien ordenado de los candidatos Daniel Oduber Quirós y Rodrigo Carazo Odio, otrora socios políticos, después rivales en la enriquecida competencia electoral de 1974. Por cierto, rasgos positivos entrañados en Luis Guillermo Solís Rivera y Rodolfo Piza Rocafort, aspirantes presidenciales en la primera ronda.
Hubo candidatos que fueron animadores y participantes activos en la lucha electoral de hace cuarenta años, entre los que destacó, Jorge González Martén, cuyo saber práctico y capacidad ejecutiva, llegó a replicar el perfil de los políticos convencionales, dado que buena parte de ellos carecieron de trayectoria empresarial.
Habilidades que González Martén traía consigo como desarrollador de computadoras en los Estados Unidos de América. Hoy percibimos estas virtudes de personalidades emprendedoras en Johnny Araya Monge y Otto Guevara Guth, demostradas a la vez en sus fructíferas vidas personales.
El primero, Araya Monge, continua junto con Luis Guillermo Solís en la lid electoral, porque esta ha sido la voluntad del pueblo, que optó por resolver la elección en segunda vuelta, justamente en un contexto en que los costarricenses están “bien informados y dedicados a supervisar la función pública, en medio de una sociedad libre y pluralista.
Nuestro Manuel Mora Valverde, líder comunista y Benemérito de la Patria nunca dejó de ser un conductor de los destinos del país, motivo por el cual presentó de nuevo su nombre en las votaciones de 1974. Poseedor de una inmensa inteligencia y capacidad retórica, por encima de sus convicciones marxistas leninistas, puso de manifiesto, primero, su lealtad con los principios, reglas democráticas y los valores cívicos de su país, los que defendió a ultranza, intentando profundizarlos a favor de la justicia social.
En cambio, en la primera vuelta del 2014 quedó demostrado que, con la sociedad costarricense, todavía la izquierda nacional está en deuda. Entumecida con los postulados del Manifiesto Comunista del Siglo XlX e incapaz, igualmente, “de hacer un análisis concreto de la realidad concreta” de la Costa Rica del Siglo XXl - el ejercicio constante hecho por Manuel Mora en sus gloriosas batallas -, es de suponer que José María Villalta y su agrupación política al sentirse cómodo con esa debilidad e impericia, no hará otra cosa que reforzar las limitaciones propias de una minoría dogmática, ahondadas a través de la alianza con el decadente populismo del Socialismo del Siglo XXl, la desgracia del pueblo venezolano.
Sin embargo, el diversionismo y la antipolítica hubieron de tener cabida en los comicios de 1974. De repente levantó simpatías el famoso Gerardo Wescenlao Villalobos, más conocido como “GW”, quien le restó votos a las restantes agrupaciones, gracias a su ludismo y bufonadas. Confiemos que esos accidentes dentro de la sociedad política, menos llamativos que la Cicciolina, la diputada porno de Italia, sean apenas pasajeras evasiones de la realidad, entendiendo que los líderes y los partidos políticos “son el aceite que lubrica las ruedas de la maquinaria democrática”.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
miércoles, 12 de febrero de 2014
UCRANIA: DE SATÉLITE SOVIÉTICO A LA ÓRBITA RUSA.
UCRANIA: DE SATÉLITE SOVIÉTICO A LA ÓRBITA RUSA.
Hagamos a un lado el espacio, el tiempo y la particular realidad objetiva, tomados como punto de partida histórico por los estudiosos de las ciencias sociales de América Latina, ocupados en la segunda mitad del Siglo XX de formular la teoría de la dependencia y del subdesarrollo, cuyo aporte académico - a la vez transferido a la praxis política -, consistió en haber puesto en evidencia la desigual relación e interacción económica entre los centros de poder global (o metrópolis septentrionales) y las periferias postergadas o colonias meridionales.
Las ciencias sociales y la rama de la economía evolucionaron de modo significativo con esta escuela de pensamiento y novedoso método de análisis, influenciado por la teoría del imperialismo, formulada por el marxismo leninisno. Doctrina que también dedujo y expuso en sus tesis políticas que la dinámica del descubrimiento de América (1492), como realidad material e histórica, acentuó tal régimen de desigualdad y exacción.
Según tales teorías, con el devenir del sistema capitalista de producción, fuente de contradicciones e inequidad entre los países desarrollados y los menos, se crearon condiciones de crónicas desventajas económicas y de acumulación de plusvalía o ganancias, luego multiplicadas en el comercio internacional, pero favorecedor desmedidamente de las metrópolis; más capaces de transformar los factores productivos y agregar capital especializado al trabajo, sobre todo con el empuje de los procesos industriales (Karl Marx, “El capital”) de los Siglos XVlll y XlX.
Esas teorías, antes citadas, tuvieron un sesgo. Eludieron el análisis crítico acerca de la hegemonía ejercida por Rusia por encima del conjunto de las antiguas repúblicas soviéticas - Ucrania, en especial -, estas acosadas e impedidas a adquirir independencia política y económica; o se les frenó la capacidad soberana de elegir a sus socios y alianzas internacionales.
De cualquier modo, sería incorrecto negarles a tales escuelas metodológicas sus contribuciones, respecto a la comprensión de las causas del comportamiento expansionista y extractivo de la Corona o el imperio español en el Nuevo Mundo, así como del periodo colonial, en general, cuando las antiguas potencias controlaron las riquezas del mundo. De lo cual, fue también protagonista, primero la Rusia zarista, después el Kremlin al someter las antiguas repúblicas soviéticas frente a la dirección superior del totalitario Estado Soviético y su Partido Comunista.
Ciertamente, España se había posesionado de fuerza laboral esclava, capitalizó los recursos naturales de inmensas zonas geográficas, en especial los materiales preciosos, y otras riquezas como el control de las rutas marítimas comerciales, provistos por los territorios de ultramar, dominados y colonizados; reveladores en la conquista y la colonia como factores de acumulación, expansión y de poder, a fin de enfrentar el antagonismo de los tradicionales imperios europeos, tales como, Inglaterra, Francia y Portugal.
Al otro lado, el imperialismo soviético, y su precursor inmediato: el zarismo ruso, emularon las conductas expansionistas e imperialistas de sus adversarios europeos. Siglos antes del descubrimiento de América, la agresividad y los apetitos del pueblo ruso por los territorios de Kiev (hoy Ucrania), Crimea, la Finlandia del Siglo Xll, así también los pueblos del Cáucaso, Asia Central y de algunos de Asia del Sur - entre ellos Afganistán -, colocaron a “la Gran Madre Rusa” entre los epicentros de los poderes universales.
Enseguida la Revolución Bolchevique (1917) restauró los pasos del antiguo régimen zarista, yendo más lejos todavía, por cuanto, bajo los acuerdos de Yalta y Potsdam (1945), la Unión Soviética (URSS) se configuró como imperio geoestratégico y geoeconómico, guiado por su propio proyecto ideológico (marxista – estalinista), así también expansionista y despótico. Sin embargo, resistido por movimientos nacionalistas, que en el caso particular de Ucrania continúan intentando aminorar la dependencia y acercamientos en relación con Rusia, a cambio de asociarse en un futuro inmediato a la Unión Europea.
Así entonces, Moscú hubo de confrontar la civilización occidental, en el marco también de la carrera armamentista de la Guerra Fría. El emergente poder estratégico y global del Siglo XX se apoderó de diversas naciones del Asia Central, el Báltico y el Cáucaso, a quienes subordinó, incluidos los Estados del centro y este de Europa, enrolados mediante el Pacto de Varsovia.
Todos esos pueblos transformados a la vez en satélites sumisos del régimen comunista, el cual importó el prototipo de las interrelaciones e intercambios comerciales, que sobresalieron entre las tradicionales metrópolis y las periferias meridionales, aquellos históricamente desequilibrados e inequitativos.
La desintegración de la URSS (1991) estuvo lejos de ahogar los sentimientos expansionistas e imperialistas de Rusia, principalmente, el rehusarse a abandonar el control de Bielorús y Ucrania. Esta última, la de mayor extensión territorial entre las antiguas repúblicas soviéticas, así también, abundante en metales, entre ellos el acero, riquezas que contrastan con los rasgos de una economía deprimida, en la mira de las reformas y ajustes por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI), que le condiciona con frecuencia los préstamos de rescate, pues la crisis financiera golpeó los ingresos, derivados de las exportaciones de acero ucranianas.
Una vez colapsado el Pacto de Varsovia, Moscú ideó en 1991 la conformación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), de lo cual se aprovechó para mantener al gobierno ucraniano como aliado, integrándola recientemente al acuerdo de unión aduanera, del cual son parte Belarús, Arzebaiyán y Armenia. Dentro de la órbita rusa, las posibilidades ucranianas de consolidar relaciones balanceadas con la Unión Europea se redujeron ampliamente. El reciente fracaso de su incorporación al acuerdo comercial con los europeos, boicoteado por Vladimir Putin debilita por completo tratativas venideras.
Una desventaja que los grupos nacionalistas y antirusos, promotores en el 2004 de la democratizadora Revolución Naranja, quienes en estos días se manifiestan violentamente en las calles de Kiev, resienten e intentan revertir, puesto que sus intereses apuntalan hacia la Unión Europea, cuya diplomacia y métodos políticos resultan timoratos y torpes frente a las persistentes ofensivas de Moscú, decidido en retener a Ucrania en su órbita, así como acumular influencia en la política internacional.
Por todo ello, Putin presiona a los ucranianos por la instauración de gobierno socios, democráticamente cuestionados, tal que al actual, dirigido por Viktor Yanukovych, le ha ofrecido ayuda financiera por más de $15.000 millones; además de aliviarle el costo de las facturas de energéticos, tácticas políticas que distan de amainar el desenfrenado nacionalismo, que repudia el protagonismo ruso.
En medio de un patrón de dependencia, es sabido que intereses vitales de larga data ha poseído el Kremlin en Ucrania, todavía más con Putin, entre los que cabe destacar la protección de la minoría rusa (20% de la población ucraniana); la inseguridad en las plantas nucleares en ruinas - causantes otrora del accidente de Chernobyl (1986) - ahora bajo custodia ucraniana, las que representan excesiva preocupación tanto a Rusia como a la comunidad internacional.
Dentro de la gama de intereses se registran las deudas de Kiev por el abastecimiento de petróleo y gas rusos, deudas incrementadas (a veces arbitrariamente) por la fijación de precios más altos; al cabo que en parte del territorio ucraniano hay instalados oleoductos rusos, que funcionan de ruta de tránsito de las exportaciones de gas a Europa. Está en la agenda la cuestión de Crimea, por ahora en manos de Kiev, lo cual dista de ser un capítulo cerrado en Moscú, ya que en el Mar Negro operan flotas moscovitas.
No sobra destacar que la agricultura ucraniana es proveedora de alimentos de Rusia, donde la economía petrolera, lenta en despegar, ha sido incapaz de modernizar la base de su producción agrícola.
En términos generales, si hay algo seguro es que la mayoría de las naciones latinoamericanas, otrora colonias de España, o en el caso de Brasil, dominado por los portugueses, manifiestan tener en este Siglo XXl mejores índices de desarrollo humano y niveles de sostenibilidad política y económica superiores, que las repúblicas soviéticas, controladas por la égida del imperio de Rusia, ya sea la del zarismo o de los Bolcheviques.
Asimismo, este supuesto llega a sumar a las naciones del centro y este europeo, regidas y asfixiadas, en su momento por la extinta URSS, a saber, Hungría, Eslovenia, Eslovaquia, Polonia. Más grave es la situación de la empobrecida y convulsa Bosnia y Herzegovina, fatigada constantemente por protestas sociales, en cambio, apaciguadas en Latinoamérica.
Simplemente, realicemos una ligera comparación entre Costa Rica, una pequeña economía desarrollada, y Ucrania, la ex república soviética de mayor peso. Mientras nuestro país se coloca en el lugar 62 del Índice Desarrollo Humano de las Naciones Unidas; por su lado, Ucrania se ubica en la posición 78. De acuerdo con los datos económicos del Banco Mundial el ingreso pér cápita costarricense equivale a casi $9500, en tanto que el del pueblo ucraniano es apenas de $3900. En cuanto a gobernabilidad democrática y cohesión social, los hechos hablan por sí solos; es suficiente hacer una rápida lectura de las violentas divisiones entre pro-europeos y pro – rusos, que tienen fatigada la sociedad ucraniana en estos últimos meses.
Retornando a las teorías de la dependencia y del subdesarrollo, y repasando la teoría imperialista, que todavía invaden las aulas de la academia latinoamericana, nos damos cuenta cuán tendenciosas siguen siendo las ciencias sociales. Esto significa que ha de estarse lamentando el argentino Mario Bunge de observar retrocesos en su tentativa de unificar los métodos de las ciencias sociales y las ciencias naturales, así como alcanzar mayor objetividad en las investigaciones de las ciencias sociales, múltiples de ellas ideologizadas.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
miércoles, 29 de enero de 2014
LOS MILAGROS DE LA AGRICULTURA FAMILIAR.
LOS MILAGROS DE LA AGRICULTURA FAMILIAR.
Confesamos que rehuimos la lectura de informes preparados por los burócratas de las organizaciones internacionales, cuyo rimbombante lenguaje es recitado casi siempre y sin originalidad, por no pocos técnicos de las burocracias nacionales en sus tediosas exposiciones.
Quizás este parcial rechazo se relaciona con nuestra identificación personal, a favordel grupo de los “resentidos sociales”, graciosa calificación utilizada por un excanciller costarricense, bañado de aflicciones y rencores, reacciones que desafortunadamente deslucen su valioso libro, recién publicado.
La cuestión es que esta vez nos hemos encontrado una excepción. A nuestro criterio llega a ser el excelente artículo de José Grazianoda Silva, el Director General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), intitulado: “La revolución de la agricultura familiar”. Al cabo que la sugiere como solución al cúmulo de vicisitudes, relacionadas con el cambio climático, la degradación e intensidad del uso de la tierra y el agua; dicho sea de paso a la urgente responsabilidad de la conservación de los recursos naturales.
El Director de la FAO recalca que no hay escasez de alimentos en el mundo. Por su parte, otros expertos en la materia se han sumado a esta tesis; culpan más bien al desperdicio de comida entre los principales responsables de la existencia de 842 millones de personas, que sufren de hambre crónica, porque no pueden permitirse alimentarse adecuadamente.
Influenciado por los principios de la “revolución verde” y de “la seguridad alimentaria”, lo cual persigue como objetivo prioritario de la humanidad la erradicación del hambre crónica, Grazianola destaca la tradición y la cultura del conocimiento y las prácticas sostenibles de las familias agrícolas.
El grupo de tales familias, según su versión, incluye a pequeños y medianos agricultores, campesinos, pueblos indígenas, comunidades tradicionales, pescadores, pastores, recolectores y muchos otros, cuyo potencial hasta ha facilitado la producción en regiones de suelos marginales, así como la diversificación de sus actividades y capacidades agrícolas. Razón por la cual operan como los gestores y los “administradores” principales de la seguridad alimentaria (Grazianoda Silva).
Lo destacable es que la práctica de la práctica de la agricultura familiar se contrapone al excluyente punto de vista de “las ventajas comparativas”, que solo permite a las regiones o comunidades concentrarse en lo que son mejores en producir (Ricardo Hausmann, 2014), que es escaso, toda vez que esto último limita el desarrollo de los mercados internos.
Sin detrimento de la agricultura especializada y el suministro corriente de alimentos, la tesis en mención insiste en acercarse todavía más a los patrones de la producción sostenible, partiendo de las experiencias de la agricultura familiar. De ahí, la obligación de las sociedades nacionales de reforzar e innovar la naturaleza de dichos sistemas agrícolas “verdaderamente sostenibles”, como respuesta a la necesidad de satisfacer las necesidades futuras de alimentos del mundo.
Los agricultores familiares, cuyos productos, usualmente, contribuyen a una dieta más sana y balanceada, simultáneamente, son participantes activos en los circuitos locales de producción, comercialización y consumo, que son importantes no solo en la lucha contra el hambre y la desnutrición, sino también en la generación de empleo e ingresos (Grazianoda Silva).
De igual forma, ellos son clave en la diversificación de las economías domésticas, con predisposición a incursionar en los mercados internacionales, siempre que se les asegure un clima institucional y apoyo apoyo político y técnico para alargar los objetivos comerciales.
Qué nos conduce a abordar esta materia expuesta por el Director de la FAO? Días atrás hicimos un minucioso recorrido por el distrito de Cot de la provincia de Cartago de Costa Rica. Uno de los poblados fértiles y productivos, de herencia colonial y hasta precolombina, o sea de los más antiguos de este país. La singular ciudad se ubica en la ladera sur del volcán Irazú.
Junto con los otros antiguos pueblos indígenas, Cot formó el nucleo central de la población indígena costarricense (Gerhard Sandner, 1962). La inmigración efectuada después de 1800 insertó ciertos rasgos mestizos y habitantes blancos, flujos que tampoco pudieron sustituir completamente las características indígenas (huetar) que a la fecha predominan en algunas fisonomías de ese aislado y pequeño rincón cartaginés.
Por centenas de años hubo en Cot una grave concentración de la tierra, fenómeno heredado de los tiempos coloniales. A la vez, tras la independencia los indígenas campesinos comenzaron a ceder sus pequeñas parcelas a mestizos del Valle Central y foráneos blancos.
Todo lo anterior, acentuó la pobreza y una división profunda entre los pocos agricultores pudientes - generadores de poquísimos empleos - y la gran mayoría pobre y desocupada, entre ésta los jornaleros que, a duras penas, alquilaban tierras; o en condiciones de abuso se las prestaban para sentar huertas. Dado tal desequilibrio social, el poblado adoptó los rasgos propios de un tugurio rural (Gerhard Sandner) y altamente rezagado.
La situación de la tenencia de la tierra mejoró sustancialmente desde mediados de la década de 1960, como resultado de las políticas del Estado sobre reforma agraria, lo cual propició la distribución de tierras, la creación de asentamientos de campesinos y la pequeña propiedad.
Las desigualdades y complejidades sociales y económicas se fueron subsanando significativamente, al cabo que luego llegaron a detectarse huertas familiares en cualquier rincón de Cot. Las huertas alcanzaron el nivel de unidades de agricultura familiar, donde es identificable ahora la introducción de ligeros métodos de procesamiento industrial, a efecto de asegurar la buena presentación y ganancias en torno a los productos.
Así entonces, se activó allí el empleo y al mismo tiempo la economía local, originándose suficiente infraestructura y establecimiento de servicios públicos, todo lo cual ha ido avanzando gradualmente, por cuanto la producción - especialmente de papa y remolacha - ha sido destinada también al comercio con las ciudades vecinas; en tanto es capaz de abastecer, por su buena calidad, la mayoría de las conocidas ferias del agricultor, fundadas por el Presidente Rodrigo Carazo Odio (1978 - 1982).
Entretanto, todos en el antiguo poblado siembran, todos laboran, casi todos hacen negocios, crecen los pequeños comercios, al tiempo que el lugar atrae inmigrantes nicaragüenses. Se observa gente saludable y gozosa. Las viviendas de las personas se equiparan con la clase media nacional, antes eras tugurios.
“Los coteños” conservan el espíritu de arraigo por la tierra, si bien hay hijos de varias familias agrícolas que lograron ser profesionales o técnicos especializados.
El desarrollo acumulado en estas últimas cuatro décadas, alentado por la agricultura familiar, entra en armonía con la excepcional belleza natural, del nada remoto pueblo de orígenes huetares del Valle Central. Al concluir la visita a este "simpático pueblo", nos convencimos que el Director de la FAO tiene pendiente la tarea de aprender mayores experiencias alrededor de la agricultura familiar.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
jueves, 9 de enero de 2014
ALEJAR LOS RIESGOS DE LA NUEVA ECONOMÍA COSTARRICENSE.
ALEJAR LOS RIESGOS DE LA NUEVA ECONOMÍA COSTARRICENSE.
Encontramos comentarios que abundan en contraponer el mercado interno a los logros del esquema de la apertura comercial, la entrada de empresas tecnológicas y la captación de inversión extranjera, un enfoque de desarrollo iniciado en Costa Rica casi a principios de la década de 1980.
Nos parece inútil presentarlos como materia de debate electoral, más cuando alrededor sobresalen componentes ideológicos, sesgados contra el libre comercio, la plena consolidación del sistema de la banca mixta, los servicios (entre ellos el turismo) y la innovación tecnológica hacia la modernización de la estructura productiva y el acceso a los mercados.
Los detractores de la apertura económica sacan a relucir la cuestión de la equidad social, esto ausente en la nueva economía costarricense, según ellos. Sin embargo, con el auge de la clase media como atenuante, las complicaciones atadas a la inequidad fueron visibles también en la etapa de apogeo del proceso de sustitución de importaciones de bienes y servicios, en función del mercado interno - que se remontó entre finales de la década de 1950 hasta la conclusión de la década de 1970 - e interrelacionado al sistema de integración económica.
Los programas políticos en ese momento se fundamentaron en los generosos intentos de la erradicación de la pobreza – una tarea todavía pendiente - , la cual golpeaba en aquel entonces a más del 50% de los costarricenses. Mensaje político que poco se diferencia de los pronunciamientos de la campaña electoral de estos días.
Fuera del incipiente conglomerado de industrias de manufacturas (protegidas), causantes de déficits comerciales y endeudamiento externo, los principales productos de exportación continuaron siendo agrícolas: el café, en manos de productores nacionales y condicionado al vaivén de los precios, así como el banano, cuya industrialización en las regiones costeras y mercado de exportación los controlaron predominantemente las compañías foráneas.
Socialmente ha permanecido deprimido el Pacífico sur desde el retiro de las compañías bananeras extranjeras, como consecuencia de los conflictos laborales, lo cual puso en evidencia las deficiencias del modelo sustitutivo, incapaz de haber incorporado las amplias zonas periféricas del país de sus modestos beneficios, las que dicho sea de paso dependieron de la limitada creación de valor de los consorcios agrícolas transnacionales.
Ciertamente, en este país la versión de la nueva economía tampoco ha sido eficaz en el objetivo de superar el 20% de niveles de pobreza y la desigualdad, como se intentado, toda vez que disminuye nuestra competitividad nacional (Velia Govaere, 2014).
Con todo, en la fase madura del actual modelo de apertura y liberalización, impulsado por la hegemonía del bipartidismo, cabe reconocerse la fase de privilegiar el conocimiento, al compás de la innovación científica y tecnológica. Eso sí, corresponde aprovechar al máximo la instalación de multinacionales de punta, en aras de estimular “los encadenamientos de alto valor”, así como dedicar mayores recursos presupuestarios al rubro de la investigación y desarrollo.
Al mismo tiempo, los principios de la competencia, adjuntos a la eficiencia en la asignación de los recursos abundó en la reinvención de las empresas, en la diversidad de carreras universitarias y técnicas (Abraham Sánchez Obaldía,2014), generando todo ello fuerte heterogeneidad productiva, social y territorial (Velia Govaere), pronto a surtir efecto directo fuera del Gran Área Metropolitana (GAM).
Desprendida de la nueva economía costarricense, en los últimos tres lustros se consolidó a la vez una renovada clase social, compuesta por académicos, profesionales y técnicos, poseedora de sofisticada formación y conocimientos científicos y tecnológicos.
Ellos representan la generación de la alta calificación laboral, la cual sobrepasa en ingresos económicos y capacidad de consumo a los segmentos de trabajadores vinculados tradicionalmente a la agricultura, así también a la clase gerencial, la tecno – industrial y burocrática, la obrera capacitada, resultantes del primer período de especialización industrial (1960 – 1980), respaldado por el crecimiento de las funciones del Estado.
Enseguida y bastante opuesto a las declaraciones de no pocos políticos e investigadores sociales, con la introducción de los factores de producción de la nueva economía global y la rápida creación de empleos de calidad, se alcanzó a reducir sustancialmente los niveles de pobreza nacional. Una complejidad social, posible de disminuir en el mediano plazo, al tener en cuenta la gestión y la administración eficaz de los mayores recursos económicos, derivados de los cambios experimentados por el PIB costarricense.
La nueva economía dista de equivocarse en su naturaleza; calcula y hace bien lo que produce (Sánchez Obaldía), aunque arrastra “un interés en conflicto”, al malmedir la distribución de la riqueza, la equidad y desatendiendo quizás el objetivo de la erradicación de la pobreza.
De ahí, la relevancia de la razón de ser de la política que le ofrece mayor sentido y orientación a la macroeconomía, frente al reto de lograr una mayor democratización del actual modelo de desarrollo, susceptible de incorporar las soluciones concordantes con nuestra realidad histórica, siempre apoyadas con el ingenio, la integración y la cooperación entre el Gobierno, el sector privado y la sociedad civil. Obvio que en esta visión nacional no hay asidero para los oscurantismos y las viejas ideologías totalitarias.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
Encontramos comentarios que abundan en contraponer el mercado interno a los logros del esquema de la apertura comercial, la entrada de empresas tecnológicas y la captación de inversión extranjera, un enfoque de desarrollo iniciado en Costa Rica casi a principios de la década de 1980.
Nos parece inútil presentarlos como materia de debate electoral, más cuando alrededor sobresalen componentes ideológicos, sesgados contra el libre comercio, la plena consolidación del sistema de la banca mixta, los servicios (entre ellos el turismo) y la innovación tecnológica hacia la modernización de la estructura productiva y el acceso a los mercados.
Los detractores de la apertura económica sacan a relucir la cuestión de la equidad social, esto ausente en la nueva economía costarricense, según ellos. Sin embargo, con el auge de la clase media como atenuante, las complicaciones atadas a la inequidad fueron visibles también en la etapa de apogeo del proceso de sustitución de importaciones de bienes y servicios, en función del mercado interno - que se remontó entre finales de la década de 1950 hasta la conclusión de la década de 1970 - e interrelacionado al sistema de integración económica.
Los programas políticos en ese momento se fundamentaron en los generosos intentos de la erradicación de la pobreza – una tarea todavía pendiente - , la cual golpeaba en aquel entonces a más del 50% de los costarricenses. Mensaje político que poco se diferencia de los pronunciamientos de la campaña electoral de estos días.
Fuera del incipiente conglomerado de industrias de manufacturas (protegidas), causantes de déficits comerciales y endeudamiento externo, los principales productos de exportación continuaron siendo agrícolas: el café, en manos de productores nacionales y condicionado al vaivén de los precios, así como el banano, cuya industrialización en las regiones costeras y mercado de exportación los controlaron predominantemente las compañías foráneas.
Socialmente ha permanecido deprimido el Pacífico sur desde el retiro de las compañías bananeras extranjeras, como consecuencia de los conflictos laborales, lo cual puso en evidencia las deficiencias del modelo sustitutivo, incapaz de haber incorporado las amplias zonas periféricas del país de sus modestos beneficios, las que dicho sea de paso dependieron de la limitada creación de valor de los consorcios agrícolas transnacionales.
Ciertamente, en este país la versión de la nueva economía tampoco ha sido eficaz en el objetivo de superar el 20% de niveles de pobreza y la desigualdad, como se intentado, toda vez que disminuye nuestra competitividad nacional (Velia Govaere, 2014).
Con todo, en la fase madura del actual modelo de apertura y liberalización, impulsado por la hegemonía del bipartidismo, cabe reconocerse la fase de privilegiar el conocimiento, al compás de la innovación científica y tecnológica. Eso sí, corresponde aprovechar al máximo la instalación de multinacionales de punta, en aras de estimular “los encadenamientos de alto valor”, así como dedicar mayores recursos presupuestarios al rubro de la investigación y desarrollo.
Al mismo tiempo, los principios de la competencia, adjuntos a la eficiencia en la asignación de los recursos abundó en la reinvención de las empresas, en la diversidad de carreras universitarias y técnicas (Abraham Sánchez Obaldía,2014), generando todo ello fuerte heterogeneidad productiva, social y territorial (Velia Govaere), pronto a surtir efecto directo fuera del Gran Área Metropolitana (GAM).
Desprendida de la nueva economía costarricense, en los últimos tres lustros se consolidó a la vez una renovada clase social, compuesta por académicos, profesionales y técnicos, poseedora de sofisticada formación y conocimientos científicos y tecnológicos.
Ellos representan la generación de la alta calificación laboral, la cual sobrepasa en ingresos económicos y capacidad de consumo a los segmentos de trabajadores vinculados tradicionalmente a la agricultura, así también a la clase gerencial, la tecno – industrial y burocrática, la obrera capacitada, resultantes del primer período de especialización industrial (1960 – 1980), respaldado por el crecimiento de las funciones del Estado.
Enseguida y bastante opuesto a las declaraciones de no pocos políticos e investigadores sociales, con la introducción de los factores de producción de la nueva economía global y la rápida creación de empleos de calidad, se alcanzó a reducir sustancialmente los niveles de pobreza nacional. Una complejidad social, posible de disminuir en el mediano plazo, al tener en cuenta la gestión y la administración eficaz de los mayores recursos económicos, derivados de los cambios experimentados por el PIB costarricense.
La nueva economía dista de equivocarse en su naturaleza; calcula y hace bien lo que produce (Sánchez Obaldía), aunque arrastra “un interés en conflicto”, al malmedir la distribución de la riqueza, la equidad y desatendiendo quizás el objetivo de la erradicación de la pobreza.
De ahí, la relevancia de la razón de ser de la política que le ofrece mayor sentido y orientación a la macroeconomía, frente al reto de lograr una mayor democratización del actual modelo de desarrollo, susceptible de incorporar las soluciones concordantes con nuestra realidad histórica, siempre apoyadas con el ingenio, la integración y la cooperación entre el Gobierno, el sector privado y la sociedad civil. Obvio que en esta visión nacional no hay asidero para los oscurantismos y las viejas ideologías totalitarias.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
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