lunes, 20 de octubre de 2014
EN BOLIVIA: ¿VIVA EVO MORALES?
EN BOLIVIA: ¿VIVA EVO MORALES?
Dicho de la manera más simple, las imágenes del indigenismo tanto en Bolivia como en Guatemala – sociedades atropelladas desde los tiempos de la colonia española - nos retratan varias comunidades o pueblos ancestrales, que en pleno Siglo XXl, aceptan con resignación absoluta la discriminación y marginalidad, a la que han sido sometidos antes de la era precolombina y después de ella; como si aquello fuera “un fósil viviente” y revelador de las condiciones invariables de rezago de tales comunidades, contactadas cinco siglos atrás por los europeos.
Algunos indígenas, entre ellos, los productores de la hoja de coca (los cocaleros en Bolivia y Perú), mejor organizados se atreven a defender sus derechos culturales, políticos y económicos, ya sea en su “condición de minorías étnicas”, una valoración confusa, principalmente tendenciosa, puesto que ha sido común escucharla de parte de los mestizos (o ladinos) guatemaltecos al referirse así de los mayas, que conforman casi el 50% de la población. También, en medio del apartheid de Sudáfrica fue usual que los blancos, descendientes de europeos calificaran de minoría a la población negra, pese a que representa el 76% de los habitantes: el trasfondo racista estuvo arraigado en tal odioso calificativo.
En el caso particular de Bolivia, los quechuas y los aymaras componen el 57% de los habitantes, víctimas además de la extrema pobreza, al extremo que se han visto obligados a emigrar a destinos como Brasil, Argentina y Chile; la economía informal allí los acoge. Curiosamente, a causa de tales flujos migratorios, dos de esas naciones suramericanas (Chile en 1879 – 1883 y Brasil en 1904) pagan hoy costosas facturas: habían sido los autores del desmembramiento territorial de ese país andino, en cuenta la pérdida de sus costas oceánicas, sobre lo cual a Bolivia le asiste la razón del derecho de recuperar, a través de su litigio ante la Corte Internacional de Justicia.
Poco más del 25% de mestizos y la minoría de origen europeo constituyen la clase dominante, se concentra en Santa Cruz (este del país), la región de mayor desarrollo, junto a Beni, Pando y Tarija, los motores económicos: “las otras Bolivias”, inspiradas en la oligarquía criolla y los intereses mineros transnacionales. Al principio, estos círculos de poder se negaron a aceptar a Evo Morales como el primer presidente indígena (y cocalero) en la historia de la nación, eso significó que el país estuviera a un paso de fragmentarse en diversas “Bolivias”, amenaza que llegó a superar hábilmente el presidente, al menos por ahora.
“La otra Bolivia” ha estado en manos de las mayorías postergadas, los obreros mineros y las etnias indígenas, promotores de la reforma agraria y de la nacionalización de las compañías de minerales, propiedad de capitales extranjeros. De esta Bolivia, recientemente han cobrado auge las ganancias de un sector reducido de cocaleros indígenas, “los nuevos ricos” o “los neoliberales de la coca”, vinculados al tráfico internacional de drogas, protegidos a la vez por el gobierno de Evo, quien resiste por su parte las exigencias de la política antidrogas de los Estados Unidos de América. De ahí, las continuas controversias diplomáticas entre ambos, secundadas por el discurso “antiimperialista”, revivido hoy en varios países suramericanos.
Tan apropiada fue a la guerrilla izquierdista, ordenada luego por Ernesto "Che" Guevara, como a las sanguinarias dictaduras militares - unas socias del negocio de la cocaína - el cúmulo de férreas contradicciones sociales, que simultáneamente le sirvió de justificación a la lucha armada. Sin embargo, siguió reproduciéndose "el tipo de antidesarrollo" social y económico, el cual llegó a afianzar estructuras discriminatorias y polarizadas en la sociedad nacional, replicadas por organizaciones sindicales alrededor de la poderosa Central Obrera Boliviana, la cuna política del actual Presidente.
Las secuelas destructivas siguen activadas. Ni el esquema de mercado libre y abierto, así también la privatización de las empresas mineras y de hidrocarburos, de los servicios públicos del (“medio gringo”) Presidente de Gonzalo Sánchez de Lozada - fueron capaces de reducirlas; apenas el nacionalismo populista del presidente Morales lo ha conseguido llevar a cabo de modo discreto, a menos que la propaganda oficial sea efectiva para que haga creer resultados ficticios.
El logro político desde diez años atrás se materializa en la estabilidad marcada por las sucesivas administraciones de Evo; justamente, en una nación en que fueron recurrentes los golpes de Estado, en la mayoría de los casos patrocinados por el ejército - en asocio con las élites económicas - , aunque en su interior saltó a la palestra el general Juan José Torres (1969) de orientación anti - estadounidense y populista.
Como sea, se disiparon serios escollos, causantes de inestabilidad: las pretensiones secesionistas o autonomistas de “los blancos”; incluso, esta vez, Evo obtuvo una victoria en Santa Cruz, donde se concentra el grueso de la oposición. El presidente indígena se convenció de que estorbar en los negocios, - o entorpecer las boyantes exportaciones de gas a través de un puerto peruano - era contraproducente, concretó acuerdos con los empresarios, especialmente los de Santa Cruz, sus enemigos declarados.
Bolivia ha pasado de ingresar por la exportación de hidrocarburos 600 millones de dólares en el 2005 a 14 mil millones en el 2014 (Rogelio Núñez, Infolatam, 2014), el incremento en el precio internacional de las materias primas, en particular petróleo y gas natural, viene a ser el factor principal de ello. Lo que supone las aceptables mejoras sociales a favor de los grupos históricamente discriminados, la creación de empleo y la reconocida popularidad del régimen “Evista”; quien a sus inicios (2006) nacionalizó los hidrocarburos, por lo que “se revirtió el reloj de la distribución de la riqueza”: el Estado boliviano se queda con el 75-85 por ciento. Al mismo tiempo, ese país posee reservas internacionales que superan los 14.000 millones de dólares, según lo constata César Navarro, Ministro de Minería.
El riesgo que apuntan los especialistas a Bolivia es su alta dependencia alrededor de los ingresos generados por los hidrocarburos, cuyos precios están sometidos a severas fluctuaciones globales. Es decir, frente a un descenso severo de los precios del gas y el petróleo habría una reducción en las entradas de capital (Wilfredo Rojo Parada), con la desventaja que su economía es poco diversificada; cuya debilidad se manifiesta en las escasas capacidades y opciones de recurrir a otro sector productivo, con tal de reponerse de inmediato, en caso del descenso en los precios de esas principales fuentes generadoras de ganancias.
Con todo, la permanencia de Evo en el poder continuará dependiendo de la bonanza originada de las exportaciones de hidrocarburos, factor que otorga tranquilidad y estabilidad política a su mandato, lo cual de hecho llegará a influir en el 6,5% de crecimiento del PIB, pronosticado este año en Bolivia, de los mayores en América del Sur. En esta asignatura influye que las empresas pagan más impuestos, los precios de los productos básicos han mejorado, se ha alcanzado el equilibrio fiscal y el déficit bajo”, comportamiento económico que ha dado confianza al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial.
Posee la ventaja “del peso abrumador” del aparato del Estado que no es neutral, sino que está completamente al servicio de las políticas clientelistas y prebendarias del presidente (Fernando Molina. Infolatam, 2014). Evo administra a su antojo los recursos del Estado - pero administra mejor que el despilfarrador y “antiimperialista” Gobierno de Venezuela los recursos del “boom” de los hidrocarburos -; “sujeta con mano de hierro un bloque de medios de comunicación; así también, controla la Justicia y manipula movimientos sociales, sindicatos” y las organizaciones indígenas.
El gobierno ejerce control sobre el Tribunal Supremo Electoral y “sus malas prácticas”, pone restricciones a la competencia democrática justa - la pasada elección lo puso de manifiesto - , donde los periodistas y activistas de oposición son hostigados, arrestados y a veces hasta exiliados (Steven Levisky, 2014).
Al igual que sus pares del ALBA, el líder indígena construyó un partido robusto, el Movimiento al Socialismo, convertido en el único movimiento (personalista) de alcance nacional, tras quebrantarse los impopulares partidos de la acera del frente (Fernando Molina, idem), que otrora pactaron entre sí, al cabo que se desacreditaron, pues hasta el narcotráfico y el enriquecimiento irregular se entronizaron de lleno en las altas estructuras. Pongamos el caso de la oscura alianza entre los enemigos de otro tiempo: el MIR del izquierdista Jaime Paz Zamora y el militar derechista Hugo Bánzer, máximo dirigente del partido Acción Democrática Nacionalista (ADN).
Más grave aún, las posturas relacionadas con la plena liberalización de la economía, adoptadas por Sánchez de Lozada - refugiado en Miami - , a las cuales sigue apegada buena parte de la oposición, tienden a ser superadas por los logros sociales aceptables del mandatario indígena, quien tal vez disimula el deseo de reelegirse indefinidamente. Su aplastante triunfo en los pasados comicios es desesperanzador en lo concerniente a las ambiciones electorales de una oposición bastante desunida y deslucida, sobre todo, que el líder aymara ya aprendió a negociar con los empresarios de los tradicionales y complicados aliados de las denominaciones políticas que lo adversan. Según nuestros vaticinios, habrá Evo para rato.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
sábado, 11 de octubre de 2014
El Teólogo Rodrigo Díaz Bermúdez escribe: "El Ebola, el grito de Dios".
El Ebola, el grito de Dios
Mientras esta enfermedad afectaba a poblaciones empobrecidas del África, a los ricos occidentales poco les importaba los impactos de la misma ni sus causas sociales e implicaciones futuras para esas sociedades.
Pero, el grito de Dios se hizo sentir, al tocar a misioneros y gente del mundo blanco y entonces un fantasma comenzó a amenazar a América blanca y a la vieja Europa.
Cuando lo que afecta a los pobres se salta la acera de los ricos entonces se vuelven estos sensibles no al dolor sino al temor de ser afectados. Esta es una vieja historia de un sistema que avanza constreñido e infectado de acumulación de injusticias, cuyo clamor llega hasta la presencia de Dios y entonces este grita, su alarido hoy lleva el nombre de Ébola.
La gran pobreza de estos africanos los obligó a comer carne de monos y de murciélagos, los que son portadores de esta fatal enfermedad.
Lo irónico de esto es que dicha patología si se atiende con los cuidados de que si disponen los países ricos y mal llamados civilizados, no se hubiera convertido nunca en las dimensiones que ha alcanzado.
Por otro lado, la posible vacuna, o medicamentos no son un obstáculo científico en cuanto a su experimentación o ensayos, sino que han sido objeto de mediación mercadológica por parte de las compañías farmacéuticas. No es rentable producirlos puesto que cuando pase la epidemia que futuro tendrá un producto que dada la demanda social del mismo podría no ser mercadeado a los precios que les interesa al gran capital de estas enormes redes empresariales que lucran con la salud a base de la explotación científica del conocimiento regida por las leyes incontrolables de un mercado que gobierna al alma humana postmoderna. Sólo Dios puede gritar tan fuerte, y lo ha hecho por medio del Ébola.
La advertencia es clara. El mundo debe humanizarse. Los sistemas deben humanizarse. De lo contrario, lo que creemos que sólo afectará a insignificantes pobres de rostro oscuro, trascenderá hasta la casa de la realeza y contaminará el aire que Dios hace salir para todos. Escuchemos a Dios, está gritando a través del Ébola, a favor de una justicia y una reconciliación humana capaz de poner las riquezas por debajo del valor de la vida y de la solidaridad.
Rodrigo Díaz Bermúdez, Teólogo.
martes, 7 de octubre de 2014
CHINA POPULAR Y HONG KONG: PREFERIBLEMENTE CONTINUAR CON LA FÓRMULA DE "UN PAÍS DOS SISTEMAS".
CHINA POPULAR Y HONG KONG: PREFERIBLEMENTE CONTINUAR CON LA FÓRMULA DE "UN PAÍS DOS SISTEMAS".
Los acuerdos de julio de 1997 entre la Gran Bretaña y la República Popular China hicieron posible la devolución de la isla Xianggan (Hong Kong) al gigante asiático, cedida a Gran Bretaña a "perpetuidad" en 1842, cuando los ingleses atacaron el continente chino en la primera Guerra del Opio en 1839. Años más tarde los europeos se apoderaron de otros territorios cercanos a esa isla, producto de dos episodios aborrecibles y, a la vez, íntimamente enlazados.
El primero de ellos tuvo que ver con la expoliación del imperio británico en la China, donde extrajo buena parte de sus recursos y materias primas; comportamiento inherente al periodo del colonialismo europeo en Asia, África, América, incluida, cuyas secuelas aún continúan sintiéndose, casi como si la historia tuviera la potestad de decretar sentencias con efectos perpetuados.
Acépteme la digresión. Lo percibimos en Siria e Irak en donde el terrorismo despiadado de los musulmanes de ISIS tiene, desafortunadamente, sus raíces en los atropellos y abusos coloniales por parte de Occidente en el Medio Oriente, lo cual sembró las semillas del odio y el resentimiento en los propias superficies, donde nacieron civilizaciones hoy milenarias. A quienes les impusieron formas de organización política y divisiones territoriales, en simultaneidad con la formación de nuevos Estados nacionales, yendo todo ello a contrapelo de sus tradiciones y concepciones de vida.
El otro acontecimiento - que apenas cité en párrafos anteriores - llegó a ser la vergonzosa "Guerra del Opio", mediante la cual los británicos le impusieron condiciones excesivamente humillantes a la dinastía china. Presionada, tuvo que abrir las fronteras de la nación a las reexportaciones del opio, venidas de la India, otra de las colonias de la potencia europea.
Comercio insano, por el cual se equilibró la balanza comercial deficitaria en contra de los intereses ingleses. Enseguida, se extendió entre los chinos la adicción por la amapola, alcanzando niveles de epidemia, difícil de ser controlada por la dinastía, que había combatido las plantaciones domésticas del opio. Las dos “Guerras del Opio” fueron insuficientes, en cuanto a poner coto a las arbitrariedades colonialistas, las que fueron más allá, al arrancarle a la China una porción de su inmenso territorio: la isla Xianggan, más conocida como Hong Kong.
Al menos, hay que hacer una diferencia entre Hong Kong y lo que sobrevino de las apropiaciones y divisiones territoriales, practicadas por los británicos, de manera específica, en el Medio Oriente, en el mundo musulmán, en donde las grandes potencias trazaban fronteras, quitaban y ponían gobernantes, según sus intereses (Jose María Aznar, 2014). Desde que se apropiaron del pequeño Hong Kong, los ingleses construyeron allí un próspero y pujante enclave comercial, financiero y manufacturero. Quizás esto vino a ser una excepción a la regla, puesto que la ingobernabilidad, las ebulliciones, los antagonismos religiosos, los crónicos síntomas de descomposición politico y cultural, el atraso social, depararon las convulsas imágenes del Medio Oriente de los tres últimos siglos; a diferencia de Hong Kong, que creció sobre las bases del capitalismo moderno, floreciente en la Europa (colonialista) del Siglo XlX.
China, antes y después de proclamarse república (1912), reclamó a Hong Kong como suyo, al tiempo que su territorio era objeto de invasiones y reparticiones, fraguadas por europeos o japoneses, incluso de Rusia. Tras la victoria comunista en 1950, liderada por Mao Zedong, los bloqueos políticos y comerciales de Europa y de los Estados Unidos de América se endurecieron de modo significativo, lo cual hacía improbable la devolución de Hong Kong.
Al entrar en antagonismos los líderes chinos comunistas con sus pares de la Unión Soviética (URSS), respecto a “la praxis” del marxismo leninismo, los acercamientos de Occidente con Pekín fueron adquiriendo mayor notoriedad; en tanto que el tema de la recuperación de la soberanía de los chinos sobre la moderna isla tomaría relevancia en los debates bilaterales, ya que ellos se visualizarían menos amenazantes que la superpotencia moscovita. Asimismo, el fracaso de la Revolución Cultural de Mao, sellado con el fallecimiento del líder comunista, originó el inminente relajamiento del régimen totalitario de China, la que iba dando cabida a la apertura al comercio y al ingreso de la inversión extranjera, impresionante proceso social que por su lado el mismo Hong Kong, Singapur, Corea y Taiwán contribuyeron a impulsar.
Según el acuerdo establecido en 1984 con los ingleses, los comunistas prometieron libertades civiles a los habitantes de Hong Kong — ausentes en el resto de China — después de que tomara el control del pequeño territorio de apenas 1000 kilómetros cuadrados, que abriga a poco más de 7 millones de habitantes. Igualmente, ellos contarían con un elevado grado de autonomía, punto medular del acuerdo en cita.
Sin embargo, tal como están los hechos en Hong Kong, el retrato que captamos es el despertar del disgusto de un pueblo, especialmente guiado por los estudiantes universitarios en su liga “Occupy Central”, opuesto a la arbitrariedad del poder de Pekín de minar la autonomía del enclave y de restringir los derechos y las libertades de los ciudadanos, aprobando en agosto pasado el principio de que el próximo líder de Hong Kong sea elegido por sufragio universal en el 2017. Aunque el número de posibles candidatos será limitado a dos o tres, además, estos deberán pasar el filtro “de un comité consultivo” del Partido Comunista chino. Ese comité estará compuesto por magnates, de conformidad con los criterios de ese "comité de elección”, en gran medida, proclive a Beijing; al tiempo que cualquier candidato deberá asegurarse más del 50% de respaldo de sus miembros, a fin de correr como candidato en la elección del jefe ejecutivo de la isla.
Las tentaciones de reducir la autonomía y de controlar completamente Hong Kong traen sus antecedentes; solo que esta vez las reacciones de los grupos pro-democracia tomaron el agitado curso de la “desobediencia civil”, de la que dan cuenta las agencias noticiosas. Ciertamente, ese control se producirá a plenitud en el 2047, cuando expire el acuerdo entre la China y la Gran Bretaña; mientras tanto son 1.200 miembros de un comité de elección el que elegirá la principal autoridad, con el agravante de que la mayoría de ellos - como dijimos - están plegados a los dictados de Pekín.
La naturaleza represiva coloca al régimen comunista en una encrucijada. La repetición en este caso del modo brutal de la matanza de miles de ciudadanos y estudiantes universitarios en la plaza Tiananmen, en 1989, (Jaime Daremblum, 2014), podría desacreditar los tímidos intentos de la reforma política, sobre todo, las bases morales del prestigioso y acelerado crecimiento económico. Este, todavía, ayuno de libertades públicas, pluralismo, atiborrado de negativos expedientes en materia de derechos humanos, e incapaz también de superar los crónicos desequilibrios, respecto a los ingresos entre la gente de las regiones urbanas y rurales.
China, al “pasarse de la raya” en su objetivo de contener la ola de demostraciones, podría remover los factores de riesgo, ya inherentes en su sistema social, principalmente a su propia economía, la cual enfrenta una fase de desaceleración, por lo que el clima político de los negocios es imprescindible que se vea desprovisto de cualquier perturbación, no solamente doméstica, sino de la región entera del Asia Pacífico, de quien depende su comercio, flujos financieros y los servicios de comunicaciones y transportes.
Hong Kong no es igual a las zonas postergadas del continente, que se han convertido en zonas de tensión, pongamos como caso el Tibet y la provincia occidental de Xinjiang. A los manifestantes hongkoneses, Pekín tendrá que trabajarlos con manos de terciopelo y escrupulosamente, evitando hacerse de la compañía de la mafia china, a efecto de sofocarlos, lo cual arrastraría una ola de condenas internacionales: quizás a sanciones por parte de Occidente, a las cuales ha sometido al “Oso ruso” de Putin, a causa de sus desmedidos apetitos territoriales en Ucrania y la Europa Oriental.
Todo hace indicar que el riesgo de la torpeza como la de Tiananmen, está lejos de los planes de la policía o del ejército, que siempre se ha distinguido por irrumpir de inmediato frente a “algún signo de amenaza interna”, sin medir las consecuencias. La razón es que Pekín posee consciencia de que el enclave, que opera bajo el sistema capitalista, ejerce real influencia en su sistema económico, ya que canaliza el 11% del comercio del país, tiene a su haber reservas por $4 billones, su per cápita es cuatro veces mayor que el de sus hermanos continentales (Carlos Alberto Montaner, 2014), en tanto que la pobreza ha sido casi eliminada.
El experimento de “un país, dos sistemas”, susceptible - según los chinos - de aplicarse a la futura reunificación de China y Taiwán, seguro que llegaría a crear graves incertidumbres y desconfianza, de recrudecer las protestas populares en Hong Kong, así como la eventualidad de ejecutarse de manos de los comunistas una imprudente salida violenta con tal de sofocarlas, suponiendo, de manera equivocada, que frenaría el contagio por todo el continente, una idea fija que les quita el sueño. Por ello, hay que prestarle atención al llamado al diálogo y a las negociaciones formulado por las autoridades hongkongonesas pro - chinas, que la oposición democrática ha pospuesto.
El gigante asiático sabe bien que las virtudes y los escrúpulos confusianos, que el régimen totalitario ha reivindicado, han de prevalecer en la controversia, aprovechando que todavía la sangre no ha llegado al río. Por ahora, el más perdidoso llega a ser Leung Chun-ying, el Jefe Ejecutivo, quien ha demostrado escasa habilidad y solvencia, en lo tocante a poner fin a las revueltas estudiantiles, conducta que los líderes del Partido Comunista distan de tolerar, pero que es conveniente disimular: está de por medio el rico Hong Kong.
Los factores adversos o cuestionamientos en Taiwán en torno a la reunificación se multiplicarían, de registrarse un segundo Tiananmen, por lo que también habría que suponer el retroceso de los crecientes y variados acercamientos entre los chinos continentales y los taiwaneses. Los segundos apegados también al principio de la autonomía de su ejemplar nación, tal que sería puesto en riesgo frente a la posibilidad de la reunificación, al temerse la intromisión directa de los dictadores del Partido Comunista de Pekín, pues en Hong Kong así se vienen comportando.
Como sea, los comunistas del continente, los taiwanes y hongokoneses poseen sus particulares y exitosas sociedades chinas, las cuales han logrado entenderse y tolerarse. A pesar de sus especificidades culturales, ideológicas y de algunas etapas álgidas en sus relaciones, el capitalismo les ha calzado a su manera. Además hay demasiados conflictos en el planeta, para qué otro entre hermanos, pertenecientes a una civilización de las más ancestrales.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)
viernes, 3 de octubre de 2014
ENCUENTRO DE LOS EGRESADOS DE LA GENERACIÓN DE 1974 DEL LICEO RODRIGO FACIO BRENES (ZAPOTE - SAN JOSÉ)
ENCUENTRO DE LOS EGRESADOS DE LA GENERACIÓN DE 1974
DEL LICEO RODRIGO FACIO BRENES (ZAPOTE - SAN JOSÉ)
Queridos compañeros y compañeras, ¡buenas noches!
Demos un caluroso agradecimiento a los compañeros que tuvieron la feliz iniciativa de organizar este encuentro para conmemorar el 40 Aniversario de los Graduados en 1974 del Liceo Rodrigo Facio Brenes (Zapote - San José) en el Nivel de Bachillerato de la Educación Secundaria costarricense; y congratulémonos por haber venido en buen número y festiva acogida.
Hoy es otra de nuestras celebraciones que iniciamos hace 20 años en la vivienda del compañero y amigo Jorge Pérez en los altos de San Ramón de Tres Ríos. A partir de ahí, nos hemos mantenido en permanente comunicación, hoy con el convencimiento de que, en efecto, 40 años son suficientes para mantener vivos los hermosos recuerdos de la época de estudiantes en el Liceo Rodrigo Facio, que, en su tiempo, fueron hechos intensos que en buena medida alimentaron el alma de nuestra personalidad.
Con los recuerdos que albergamos de experiencias comunes, somos y seguiremos siendo memoria para nosotros, nuestras familias y los jóvenes que cursan hoy estudios en la institución, la cual nació en el distrito de Zapote, otrora una de las porciones de tierra de las 950 hectáreas que heredó el Padre Manuel Antonio Chapuí de Torres, a quienes casi a finales del Siglo XVlll desearan trasladarse a vivir cerca de la ermita de la Boca del Monte, después conocida como la Villita o Villa Nueva y después denominada oficialmente como San José.
Nos reconocemos como compañeros que continuamos dando testimonio de que aun somos árboles que siguen dando fruto; que la edad que poseemos, de modo particular, es un tiempo de gracia y sabiduría, en el que el Señor Dios en nuestra Patria nos renueva con optimismo y alegría en la vida; nos llama a custodiar el sentido de la amistad fraterna, nos llama a orar y pensar por aquellos compañeros de generación que fallecieron, por los otros que enfrentan enfermedades y vicisitudes, quienes merecen además nuestra cercanía, solidaridad y ayuda.
Una de las cosas misteriosas o apasionantes de la vida es tener encuentros con aquellos seres humanos con los que compartimos vivencias, que todavía nos son imborrables, no importa su naturaleza. Pues nos dejaron profundas enseñanzas, así como las flores del jardín que aceptaron con generosidad al sol, el viento y la lluvia, y que por tales compañías todavía son poderosas y bellas a pesar de su fragilidad.
Dichosos nosotros que tuvimos compañeros de colegio, que compartimos una época bastante diferente a la de ahora, con sencillez y la misma fe en el amor y la unión. Jóvenes ayer, ciudadanos adultos hoy, llamados a imaginar, con ilusión y valentía, peregrinando con devoción por este mundo, un mundo que seguirá siendo hermoso mientras tengan asidero los buenos sentimientos, esos sentimientos que nuestra generación de egresados siempre aprendió a cultivar. MUCHAS GRACIAS.
lunes, 29 de septiembre de 2014
ESCOCIA, INSTANTES DE ESCOZOR.
ESCOCIA, INSTANTES DE ESCOZOR.
El Reino Unido, una de las potencias políticas y económicas tradicionales del planeta, a duras penas salió librado del referéndum, que definía la independencia de Escocia, o bien la continuidad de su unión con Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte. Hubo instantes en que parecía que ese pueblo - cuyo territorio es de 78.000 kilómetros cuadrados - se le escapaba de las manos al otrora poderoso y colonizador imperio de ultramar y dueño de las principales rutas marítimas comerciales a nivel mundial, gracias a su insuperable flota marina.
La antigua potencia global, cuna de grandes pensadores y creadores en la Ilustración y Renacimiento, nos dejó el viviente legado de la Revolución Industrial (Siglos XVlll y XlX): el inicio del auge del sistema capitalista de producción, sustentado en el crecimiento demográfico y la concentración de la tierra y su consecuente mecanización agrícola. Simultáneamente, ella asombró al mundo con la introducción de la máquina de vapor, los adelantos científicos y tecnológicos y el mejoramiento de los transportes.
El apetito de la humanidad ante los bienes y productos de tales invenciones universales, hizo posible el vertiginoso aumento de la demanda de bienes manufacturados, la expansión de los servicios y el comercio y, en este curso, la acumulación de capitales, etcétera. Lo que dejó estupefacto al propio Carlos Marx, dado el carácter pujante y lucrativo de la clase burguesa británica (y europea), auspiciadora del novedoso modo civilizatorio, que, para alcanzar esos superiores niveles de modernidad, debió antes enfrentar el absolutismo y la nobleza, así también el feudalismo, que le sirvió de base y estructura productiva.
Pero, también ese imperio inteligente de la Gran Isla Británica se vio sometido a las complejidades de las reunificaciones nacionales, que arrastraron casi todos los nacientes Estados europeos, conforme las monarquías y el sistema feudal se erosionaba en la Baja Edad Media.
Mientras que el pensamiento liberal y el sistema capitalista de producción se afianzaba, irreversiblemente, en los Siglos XVlll y XlX, y de manera acelerada en la isla de la Gran Bretaña, para el imperio significó un imperativo hegemónico anticipar la unión con Gales (finales del Siglo XlV) y más adelante la fusión con Escocia a principios del Siglo XVlll, constituyéndose así el Reino Unido, el cual se apoderó en 1801 de la isla de Irlanda, bajo el profundo malestar de los católicos nacionalistas. En cambio, los protestantes del Ulster (la región nororiental de Irlanda), siempre han conservado su apego a la Corona Británica, al igual que los pobladores de las islas Malvinas, a pesar de los reclamos de soberanía de Argentina sobre tal archipiélago.
A decir verdad, la unión había sorteado no pocas guerras entre ingleses y escoceses, así también fueron notorias “las conspiraciones pro – escocesas” por parte de Francia, archirrival de los británicos, en cuanto a pugnas comerciales y posesiones territoriales en Europa; razones por las cuales protagonizaron la Guerra de los Cien Años (1337 - 1453).
Por otro lado, los sentimientos nacionalistas y unionistas empujaron a los irlandeses a dolorosas convulsiones, al extremo que apenas hasta finales de la década de 1990 pudo concretarse el acuerdo de paz (Good Friday), a veces amenazado ya sea por los protestantes o la minoría católica de Irlanda del Norte. Más antes (en 1948) los habitantes del sur de la isla irlandesa constituyeron la República de Irlanda, por lo que se retiraron formalmente de la Comunidad Británica, al tiempo que la República dejó a un lado sus persistentes reclamos territoriales sobre el Norte.
La enemistad entre ambas orientaciones confesionales era de larga data. Había comenzado desde que la Reina Mary l y su media hermana Elizabeth l (Siglo XVl), igualmente durante el reinado de James l (a partir de 1608), organizaron expediciones armadas, encabezadas por ingleses y escoceses, cuyo objetivo primordial consistió en controlar la multitud de rebeliones, acentuar el protestantismo y depurar las propiedades de habitantes nativos de Irlanda, en su gran mayoría católicos.
Los movimientos nacionalistas irlandeses requirieron, frecuentemente, del exceso de la fuerza militar británica, a efecto de sofocarlos; a diferencia de Escocia, cuya unión (“destensada”) fue objeto de influjos económicos y políticos, dado el poderío mayor de Inglaterra, de lo cual obtuvieron ventajas mutuas. En dos economías plenamente interrelacionadas, por ello pesaron ahora las presiones de los inversionistas y los propietarios de las grandes empresas y bancos ingleses que doblegaron a los independentistas o secesionistas en el plebiscito recién concluido.
El referéndum, del que fuimos testigos este año, en el que se impuso el “No” a la secesión escocesa por el 55% de los sufragios, dista de ser un hecho aislado; las aspiraciones independentistas de un grueso sector de una población total de cerca de cinco millones de dicho pueblo salieron a relucir en distintas épocas. Escasa receptividad hubieron de poseer las pretensiones secesionistas, estando de por medio dentro del capitalismo británico el interés de los recursos naturales y energéticos escoceses, de los cuales Gran Bretaña se favorece, a pesar de su disminución. Al tiempo que sus bases navales - en cuenta los submarinos nucleares -, ubicadas en el territorio, cuya gente que buscó fallidamente la independencia, representan un punto estratégico del transporte marítimo de toda Europa.
Las últimas consultas (soberanistas o autonomistas) públicas tuvieron lugar en 1979, poco antes del arribo al poder de Margaret Thatcher como Primera Ministra de la Corona Británica; asimismo, tanto en Gales como Escocia hubo en 1997 plebiscitos en los que quedaron convalidados el otorgamiento de mayor autonomía a las dos regiones, al ser concedidas atribuciones superiores a los respectivos Parlamentos. Precisamente, en los nuevos tratos de la continuidad de la unión de Escocia con el Reino Unido se tiene como prioridad el plan de entregarle mayores poderes a su Parlamento, así como a Irlanda del Norte y Gales, lo cual incluyen los asuntos fiscales y mejores condiciones del “Estado de bienestar”.
Las futuras reacciones de los jóvenes que votaron a favor de la separación todavía han de quedar pendientes, ello es una incógnita, principalmente, acerca de la percepción que les merece la Gran Bretaña, una economía que manifiesta constantes altibajos, expuesta a turbulencias financieras, lo cual tiene implicaciones desfavorables en los alcances y la eficacia de sus políticas sociales.
Como sea, el resultado en contra alrededor de la separación de Escocia de la Comunidad Británica llega a dar alivio, al menos transitoriamente, a vecinos suyos como España, Bélgica y Turquía, en donde el activismo de los movimientos nacionalistas y secesionistas buscan vulnerar la superficie de tales Estados europeos. Movimientos políticos que, entre otros países, acusa Canadá con la región del Quebec; así también la China Popular, que se ha visto imposibilitada de poner fin a las tensiones en el Tíbet y más recientemente en la provincia occidental de Xinjiang, “hogar de la etnia minoritaria uigur”, de origen turco. Las corrientes separatistas las enfrenta Ucrania, al mismo tiempo Rusia, con la diferencia que el Kremlin de don Vladimir Putin emplea la lógica de la represión y el complot frente a cualquier signo de rebelión o disenso (como el ucraniano), en lugar de las consultas abiertas, informadas y progresistas “al mejor estilo inglés”. Continuemos deseándole éxitos al “emblemático y lucrativo” whisky escocés.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
martes, 16 de septiembre de 2014
UNA CANDIDATA DE LA OPOSICIÓN BRASILEÑA NO PRECISAMENTE LÍDER ESTADISTA.
UNA CANDIDATA DE LA OPOSICIÓN BRASILEÑA NO PRECISAMENTE LÍDER ESTADISTA.
La casi ausencia en Brasil de movimientos insurgentes de naturaleza marxista, así como el particular comportamiento de sus “nacionalistas y anti-intervencionistas” Fuerzas Armadas, alejadas de la estrategia de seguridad nacional - “anticomunista” -, dictada por Washington, eso sí, seguida al pie de la letra por la mayoría de las instituciones militares de las naciones latinoamericanas, generó amplios márgenes de independencia y autonomía a las diferentes fuerzas sociales del “gigante suramericano”.
A causa de ese hecho, pudieron sobrevivir las organizaciones que adoptaron corrientes de pensamiento político, precursoras del ahora gobernante Partido de los Trabajadores (PT) de los presidentes Luiz Inacio da Silva (Lula) y Dilma Rousseff, tanto que los líderes de aquel entonces, entre ellos Getulio Vargas y Joao Goulart, ejercieron el poder durante apreciables lapsos del Siglo XX, a pesar del dominio y control político ejercido por el aparato castrense.
Lo antes dicho dista de esconder el carácter represivo de varios gobiernos militares brasileños, que tampoco se escaparon de violar los derechos humanos; sin embargo, sus movimientos se diferenciaron de los métodos altamente abusivos que caracterizaron las dictaduras militares, especialmente de Chile, Argentina, Bolivia y Uruguay, volcadas por “el exterminio de la guerrilla izquierdista”, así también de sindicalistas, académicos y trabajadores de la cultura, considerados por los gobiernos autoritarios de la época la real amenaza contra los “valores tradicionales, fundacionales de la nación”.
Las repugnantes y paradójicas imágenes de la opulencia, que contrastan con la cruda realidad de la pobreza extrema, agravada por la ancestral y elevada concentración de la tierra; pongamos por casos la explotación irracional y voraz de la multitud de los recursos naturales habidos en la Amazonia, tampoco la discriminación racial y la violencia criminal, todo ello crónicas enfermedades; aún así, fueron o son incapaces de poner en el filo de la navaja o en alta tensión la sociedad brasileña. La cual nunca ha alcanzado niveles de ebullición, que pudo haber alimentado mayormente un hipotético y agudo enfrentamiento militar entre las Fuerzas Armadas y los grupos contestatarios, opuestos a los regímenes autoritarios.
Pese al antagonismo, ambos llegaron a comportarse con relativa elasticidad, por lo que este patrón psicológico-político hubo de marcar el esquema conciliador y transaccional, por el cual siguen siendo atraídos los intereses de las élites financieras, industriales, comerciales y hasta los poderosos fabricantes de armas. En los negocios de las inversiones petroleras, el sector “que enciende los motores de la economía del país” -representa más del 13% del PIB de Brasil - , se conjunta el monopolio de PETROBRAS, el capital privado doméstico y con menos participación de las compañías foráneas. Por su lado, evitando crear incertidumbre y morbosidad, el Presidente Lula desistió de cualquier intento de conseguir su tercera reelección inmediata, al compás de la megalomanía de sus pares de Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Así por el estilo, el Presidente Lula (un ex obrero metalúrgico) ascendió al poder en el 2002 tras su cuarto intento por acceder a la Presidencia; de este modo, la izquierda brasileña llegó al gobierno, al dar continuidad a la línea de flexibilidad que distinguieron las transacciones o los tratos políticos entre los diversos sectores sociales, incluso en los tiempos de las autocracias, que al final, sin demasiados traumas, se inclinaron por la apertura democrática.
En el balotaje, Lula se benefició de la alianza de su Partido de los Trabajadores con las clases conservadoras de centro y derecha, apaciguando cualquier temor de los mercados y de los organismos multilaterales de crédito, al proponerse honrar la monumental deuda del país, arrastrada desde la década de 1980.
Ciertamente, sus aliados izquierdistas encendieron las críticas desde un principio contra el “rumbo a favor del mercado capitalista”, que se impuso el nuevo presidente. Éste reelegido también en el 2006, sin salirse del libreto de transar con la derecha, al disminuir simultáneamente las desigualdades y subsanar la falta de cohesión social, un factor de estancamiento social, tanto en determinadas regiones periféricas, como en las minorías étnicas, entre ellas, los afrodescendientes y los indígenas, así también de grandes segmentos de la población urbana y rural, quienes continúan migrando al extranjero en búsqueda de una mejor calidad de vida.
Es el similar libreto, al cual se ha apegado la mandataria Dilma Rousseff (una activista de izquierda encarcelada por el régimen militar), aunque en política exterior ha hecho diferencia de Lula, su mentor, manteniendo reservas y distancia con el desacreditado gobierno venezolano y bajando el perfil de las arriesgadas relaciones con el Irán. A cambio, se ha empeñado en consolidar sus vínculos con socios globales en el ámbito del grupo BRICS, que tiene incorporados a la China Popular, Rusia, India y Sudáfrica, las denominadas potencias emergentes, centradas en poner en jaque a las instituciones del Bretton Woods, a saber, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI), responsables del orden económico internacional, el cual, según el BRICS, reacciona al servicio únicamente de los intereses de las grandes potencias tradicionales, causantes de las turbulencias financieras.
El nacionalismo tampoco se fugó del ideario del gobierno izquierdista del PT, al proclamarse la independencia económica y la determinación de avanzar en los proyectos de energía nuclear, proyecto que inquietó a Washington, su rival Argentina y en particular al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) al suponer que Brasilia se lanzaba a enriquecer uranio para fines militares.
En tal transacción de clases sociales, los dos gobiernos del Partido de los Trabajadores llegaron a concentrarse en las políticas de gasto y transferencias sociales, a fin de reducir efectivamente la pobreza, las favelas, la ineficiencia burocrática y la creciente corrupción dentro del gobierno, cuyos positivos resultados han sido todavía deficitarios, tal como se comprobó con las protestas previas a la celebración de la pasada Copa Mundial de Fútbol, extendidas en las principales ciudades.
En efecto, las protestas, encabezadas sobre todo por las clases medias lograron su objetivo: por cuanto consiguieron erosionar el caudal electoral de la mandataria en los comicios de octubre de este año. Dicho sea de paso, en el balotaje sería probablemente superada por la carismática ecologista Marina Silva, “la Obama brasileña” - dada su ascendencia afroamericana - evangelista, creyente en Dios, exministra de Medio Ambiente de Lula da Silva.
La ecologista, novedad en esta campaña, se manifiesta a favor de alentar la empresa privada, si bien rechazará las nuevas explotaciones petroleras, las cuales habrían de reactivar, según el PT y su base sindical, el insatisfactorio desempeño de la economía nacional, castigada además por la inesperada inflación (7%), el rezago en la infraestructura y la calidad de los servicios públicos, así como por los bajos niveles de investigación e innovación registrados.
Tras ocupar el lugar del candidato de su agrupación Eduardo Campos, quien acaba de fallecer en un accidente aéreo, Silva se tornó competitiva con el Partido Socialista, por lo que amenaza con romper con “la vieja política”, esto es, la polaridad y el continuismo en el poder del Partido de los Trabajadores y el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), este último auspiciador del giro económico liberal, aunado al gasto social. (Rogelio Núñez, Infolatam, 2014). Una encuesta de agosto pasado, contemplaba una segunda vuelta, en la que Silva ganaría a Rousseff con el 45% de los votos, frente al 36% de la Presidenta.
Los datos arrojados en las encuestas reaniman las tesis de las élites económicas y financieras, “quienes comenzaron a ver con buenos ojos una alternancia en el poder”. Resienten cierto exceso o intención de “dirigismo económico y centralización en la toma de decisiones” de los gobiernos del PT. Por ello, las opiniones del público, en la que ponen cuesta arriba la reelección de la Presidenta, tuvieron efecto en la subida de la Bolsa de Valores y otros indicadores de confianza de los inversores.
Con todo y sus errores, específicamente los escándalos de corrupción en PETROBRAS, resulta obvio que el Partido de los Trabajadores, amalgamando una formación inteligente y pluralista en estos últimos 12 años, ha conseguido sacar de la miseria a miles de brasileños, sin socavar las bases de la joven democracia y del libre mercado, como sistema de creación de riqueza.
Dentro de la visión de Lula y Rousseeff, en la cual priman los entendimientos y las realizaciones coordinadas entre la administración pública, el capital privado y estatal, así también con el sector laboral, ha tenido lugar un sólido proyecto social democrático, apegado a la historia brasileña. Un esfuerzo encomiable, difícil de reconocer en otras formaciones políticas de la izquierda latinoamericana – en cuenta Costa Rica - en su mayoría dogmáticas, miopes e ideológicamente pasadas de moda, por cuanto en sus simplistas creencias, se continúa atacando el libre comercio, la empresa privada y sus consecuentes ganancias, sin lo cual ninguna nación podrá sobrevivir.
En cambio, percibimos una Marina Silva, perteneciente a un partido improvisado, efusivo, desprovisto de cuadros propios, “demosentimental” - concepto usado por el escritor costarricense Enrique Benavides Chaverri al referirse al poder de la euforia de “las masas populares” - .
De ahí que en su mensaje, la ecologista ratifique “que se propone gobernar con “todos los mejores” de cada uno de los partidos”, tal que la acompañen en un eventual gobierno suyo. Grave signo de debilidad. Tales pronunciadas asociaciones interpartidarias y remiendos, rara vez son eficaces. Generan malos augurios; resultan inaceptables en una determinada formación, con ideario consistente, estructurada y disciplinada, cuyo propósito sea alcanzar el poder, a fin de trabajar por el bien común, particularmente en el rico Brasil, rico también en su arte y cultura, “al vivir allí en paz gentes de noventa países distintos”.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
domingo, 31 de agosto de 2014
LA REVOLUCIÓN DE 1948 EN COSTA RICA Y LOS FALLIDOS PROCESOS REFORMISTAS DE COLOMBIA Y GUATEMALA
La Revolución de 1948 en Costa Rica y los fallidos procesos reformistas de Colombia y Guatemala.
La historia de Colombia, marcada por una crónica asimetría social, alta concentración de la tierra en manos de latifundistas, así también las múltiples guerras civiles desde 1830 hasta los comienzos del Siglo XX, hubiera experimentado una real evolución de haberse facilitado la maduración y consolidación de las reformas sociales liberales, impulsadas principalmente por el liberalismo en Colombia, entre 1936 y 1948, cuyo líder Jorge Eliécer Gaitán llegó a ser uno de sus máximos exponentes.
Su asesinato en 1948 provocó violentas reacciones populares, respondidas con represión militar, ordenada por el gobierno conservador de aquel entonces. El acontecimiento es conocido como “El Bogotazo”, autor de la masacre de cientos de personas y de la destrucción de cualquier cantidad de edificaciones, entre otros actos violentos que se extendieron por todo el país.
Los grandes intereses económicos, particularmente la férrea oligarquía agraria y las compañías transnacionales, se interpusieron contra las políticas de reformas sociales de la clase media, inspiradas en el liberalismo colombiano, corriente que ejerció una notoria influencia en las fuerzas políticas que en Costa Rica impulsaron la reforma social de la década de 1940 y las bases ideológicas de la Segunda República.
Tiempo después del “Bogotazo”, como era de preverlo, salieron a la superficie los movimientos guerrilleros marxistas, entre ellos sobreviven todavía las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y el Ejército de Liberación Nacional. La guerrilla rural fue duramente enfrentada por paramilitares y grupos de autodefensa armados, pagados por los latifundistas; todos ellos, en un largo periodo de la guerra que alcanza ya los 50 años. Consiguieron el respaldo solapado de las Fuerzas Armadas, lo cual colocó en posición de mayor precariedad y vulnerabilidad constante la situación de los derechos humanos.
Hubo negociaciones de paz que fracasaron. El narcotráfico cobró auge como factor preponderante del conflicto, el cual logró entronizarse en todos los protagonistas de la violencia armada. Ahora se avizora la pacificación en Colombia al tener lugar en Cuba las rondas de diálogo entre representantes del Gobierno de Juan Manuel Santos y los dirigentes de la FARC, a pesar de proseguir la guerra. De cuya prolongación se alimenta principalmente la ultraderecha, patrocinadora de soluciones militares definitivas, fórmulas que dichosamente perdieron terreno en América Latina, en tanto que en los pasados comicios generales, favorecedores de la reelección del Presidente Santos, se les asestó una convincente derrota.
Regresamos al capítulo del liberalismo colombiano, abortado torpemente por los sectores del capital nacional y extranjero. De haber prosperado y tomado forma, a través de sólidas instituciones democráticas, ese pueblo suramericano pudo haberse ahorrado el baño de sangre de estos últimos 50 años, que ha cobrado la pérdida de valiosas vidas y miles de desplazados. Al tiempo que en el Siglo XXl, el de la sociedad del conocimiento, Colombia con su multitud de recursos naturales y su gente inteligente hoy estaría a la altura de las naciones desarrolladas del planeta, y por lo tanto se estaría economizando los enormes gastos de energías al repensar en la también incierta etapa del postconflicto, lo que supone la compleja tarea de cicatrizar las profundas heridas, arrastradas por los horrores de la guerra.
En cuanto a Guatemala, días atrás la organización Grupo de Apoyo Mutuo (GAM) reveló que más de 80 mil personas han muerto en ese país a causa de la violencia criminal, tras concluir el conflicto armado interno hace 18 años. Al igual que en Colombia que enfrentó a las Fuerzas Armadas y la guerrilla marxista, en la nación centroamericana la índole de tal conflicto armado interno dejó miles muertos o desaparecidos entre 1960 y 1996, según una investigación auspiciada por la ONU conocida como Informe de la Verdad.
Empleando datos de la policía, se detalló que entre 1997 y 2013 fueron asesinadas 80 mil 303 personas, principalmente en el departamento de Guatemala. Además, se apuntó que en 1997, primer año de la posguerra, las fuerzas de seguridad reportaron 3 mil 988 muertes homicidas en el país, mientras que en 2013 la cifra fue de 5 mil 253. El reporte puso de manifiesto que el 85% de los crímenes fueron cometidos con armas de fuego. Respecto a los homicidios de mujeres, el GAM solo estudió el lapso 2001-2013 y concluyó que ocurrieron 7 mil 180 muertes violentas de mujeres de los 67 mil 446 crímenes reportados en ese período.
Las autoridades guatemaltecas estiman que las operaciones criminales y la rivalidad de las pandillas Mara 18 y Mara Salvatrucha, junto al narcotráfico, son las principales causas de la ola de criminalidad que vive este país centroamericano. La mayoría de los informes relacionados con las condiciones sociales de Guatemala coinciden además que las extorsiones y secuestros “tiñen de sangre a Guatemala", poniendo freno al desarrollo y haciendo altamente insegura a la sociedad, puesto que la tentación del dinero fácil contagia también el comportamiento de la misma Policía Nacional Civil y las Fuerzas Armadas.
“El Señor Presidente” es una novela de Miguel Ángel Asturias (1899–1974), escritor y diplomático guatemalteco, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1967. La novela, como cientos de testimonios, hace referencia de la naturaleza despótica de la dictaduras de esa nación, subordinadas en aquel entonces a los intereses políticos y económicos de la United Fruit Company (UFCO), esta generadora de marginalidad e ignorancia.
De modo tal, que el régimen filial, de enclave (sinónimo de "república bananera”), basado en estructuras sociales, ampliamente desiguales y violentas, llegó a ser blindado mediante la sucesión de gobiernos militares de las primeras cuatro décadas del Siglo XX; sucesión interrumpida parcialmente con el ascenso en 1944 de la “Revolución de Octubre”, dirigida primero por Juan José Arévalo y después Jacobo Arbenz que intentó acelerar las reformas sociales y económicas, así también la apertura política. Entre las medidas reformistas tuvo curso la reforma agraria, particularmente la expropiación de tierras ociosas en manos de la UFCO.
De manera similar a la experiencia de los progresos sociales auspiciados por las fuerzas sociales que se reconocieron en el liberalismo colombiano, aquella vez la revolución guatemalteca fue víctima de la fusión de los intereses conservadores del capital extranjero y nacional, al cabo que se fraguó la invasión desde Honduras, financiada por la UFCO, lo cual dio como resultado la dimisión forzada en 1954 del Presidente Arbenz y enseguida el freno a todas las políticas sociales de la Revolución de Octubre; al tiempo que le fueron devueltas las tierras expropiadas a la compañía extranjera. De nuevo un movimiento democrático, fue abortado por la miopía y la idiotez de algunas fracciones de la clase política latinoamericana.
En ese entorno de frustración, años después despiertan los movimientos guerrilleros, contrarrestados inmediatamente por la represión gubernamental. Los capítulos seguidos son de sobra conocidos: cobró fuerza la cruenta y sangrienta guerra civil de 36 años, cuya conclusión a través de los Acuerdos de Paz de 1996, han sido insuficiente en lo que respecta a poner coto a la marginalidad y la violencia de la criminalidad que golpea a la sociedad guatemalteca, complicaciones que encuentran su abono en la sociedad relatada por el escritor Miguel Ángel Asturias.
Tan desigual e inequitativa ha sido Colombia como Guatemala, desde el siglo pasado hasta nuestros días. Pero, cuando era oportuno dejarlos que se gestaran, a ambos pueblos se les negó la posibilidad de hacer posible el robustecimiento de los procesos de cambio social de naturaleza civilista y democrática, estos casi coetáneos con la reforma social costarricense de Rafael Ángel Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde (el comunista criollo) y la Iglesia Católica, luego perfeccionada por los principios y acciones de la Revolución de 1948 del Movimiento de Liberación Nacional.
De verdad, que los líderes políticos costarricenses de la década de 1940 se anticiparon a la multitud de riesgos, acarreados por la injusticia y las consecuencias del mal gobierno, por lo que ciertamente las lecciones y las enseñanzas de ese fructífero periodo de la historia Patria valdría la pena retrotraer en aras de continuar reflexionando y actuando con visión. “En esto estriba la política: dejarse acompañar de la historia”.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).
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