viernes, 23 de octubre de 2020

LA GUERRA DIRECTA ENTRE ARMENIA Y AZERBAIJÁN; Y NAGORNO KARABAJ SOBRE EL FILO DE LA NAVAJA. Autor: Ronald Obaldía González

 LA GUERRA DIRECTA ENTRE ARMENIA Y AZERBAIJÁN; Y NAGORNO KARABAJ SOBRE EL FILO DE LA NAVAJA. Autor: Ronald Obaldía González

En 1918 en el Cáucaso, que es una región localizada en el límite entre Europa del Este y Asia Occidental, la nación islámica – chiita Azerbaiyán, hoy una potencia petrolera y rica, y la cristiana ortodoxa Armenia – el primer Estado del mundo que adoptó el cristianismo como religión en el 301 d. C - se declararon independientes del zarista Imperio Ruso. En la repartición territorial, entre ellos salieron a relucir las contradicciones alrededor de la región denominada Nagorno Karabaj, lo que derivó en una breve guerra.
Los desencuentros quedaron aplacados cuando la comunista Unión Soviética (URSS), regida por Rusia, asumió el control de la zona Caucásica, incluidas Armenia y Azerbaiyán. Allí se estableció la República Socialista Federativa Soviética Transcaucásica (DiegoZúñiga. En: DW – El Mundo-).
Cabe enfatizar que la historia entera del pueblo armenio ha estado plagada de invasiones en su contra, llevadas a cabo por civilizaciones imperiales tales como los persas, los romanos, los árabes, los egipcios. Y principalmente ante el dominio del imperio turco otomano (Siglo Xlll y principios del Siglo XX), quien le hubo de arrebatar vastos territorios, con el propósito de favorecer a sus congéneres los azeríes - la población musulmana predominante de Azerbaiyán -, además de someterlos (a los armenios) a persecuciones y vejaciones (Guía del Mundo – IteM), las cuales dieron como resultado numerosas diásporas.
Precisamente, en 1915 Turquía fue protagonista del atroz genocidio o limpieza étnica (a estas alturas el Gobierno de Ankara lo niega), en contra de los armenios del Oriente de Anatolia - asesinaron más de un millón de personas - , esto debido al apoyo dado por ellos a las fuerzas invasoras rusas, enfrentadas a las fuerzas otomanas - éstas aliadas de Alemania y el Imperio Austro Húngaro - durante la Primera Guerra Mundial.
Armenia y Azerbaiján formaron parte de la hoy desaparecida Unión Soviética (URSS), quien en tiempos de José Stalin había incorporado a la nación azeríe la pequeña región montañosa de Nagorno-Karabaj, poblada mayoritariamente por armenios, origen a la vez de las posteriores reyertas políticas y militares. Tras el derrumbe de la URSS (1989 - 1992) se reactivaron las disputas por la posesión de dicho pequeño territorio, las que el régimen soviético y su "supra-Estado" totalitario y ateo antes había atenuado, por eso quedaron en un plano marginal los diferendos religiosos.
El corto relato histórico ofrecido, nos ayuda a dar un salto a los inicios de la década de 1990 y en adelante, cuando se completa el colapso de la URSS.
Entre 1992 y 1994 se desataron otra vez las escaramuzas, de las cuales obtuvieron ventajas políticas y diplomáticas las fuerzas armenias, no necesariamente territoriales - tampoco los azeríes adquirieron territorios - , sino que comenzaron a ejercer control étnico - cultural de Nagorno-Karabaj, quien de facto se independizó y se autogobernó, por lo que hasta ahora continúa asumiendo el nombre de República Artsaj, ciertamente, una denominación genuinamente armenia. Lo dicho, calificado como amenazas, respondidas enseguida por sus enemigos musulmanes.
De paso, la novel "República" quedó vinculada estrechamente a la política exterior (y nacional) del país armenio, cuyos recursos económicos son extremadamente limitados. A pesar de todo, así también ha sobrevivido Artsaj, a pesar de la resistencia azeríe y turca. Mientras tanto, el Gobierno de Bakú acusa a Armenia de armar, ocupar, ilegal y gradualmente, ese territorio cristiano, del cual intenta apoderarse; tampoco está lejos de la verdad.
Por su parte, las fuerzas militares de Arzebaiján han cobrado mayor poderío que sus empobrecidos enemigos cristianos, habida cuenta de los cuantiosos ingresos obtenidos de la producción local y de las exportaciones de petróleo y otros hidrocarburos. Todo ello significó que en el 2016 ganaran la guerra de cuatro días, mediante un ejército más dotado; por lo tanto, reafirmaron su soberanía sobre la República separatista (Reuters). Moscú hubo de mediar, a fin de apaciguar las hostilidades, pero las tensiones persistieron en una zona todavía en litigio.
El debilitamiento de los armenios de Nagorno vino de la mano con la disolución del imperio soviético, ya que antes gozaron de la protección del Kremlin comunista, cuya real desaparición los hizo pasar otra vez a manos de los musulmanes azeríes, llegando a ser una minoría religiosa cristiana. Razón por la que de inmediato comenzaron a crecer los movimientos separatistas, como también los nuevos frentes de fuego, los que dan a conocer los medios de comunicación y las redes sociales.
Apoyando con armas a los musulmanes (turco) azeríes, el ultranacionalista e islamista mandatario de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, continúa prestándose a cumplir el rol de incendiario en el Cáucaso sur, al insuflar los estallidos guerreristas entre el pueblo cristiano de Armenia y los musulmanes - chiitas – de Arzebaiyán.
Inevitablemente, los cristianos ortodoxos de Rusia - aliados del Gobierno de Vladimir Putin - habrán de intervenir a favor de los armenios (sus protegidos), acelerándose entonces las fricciones con los turcos, aliados incondicionales de los azeríes.
Es abierta la intervención de Turquía al plantear la tesis de que el gobierno y las fuerzas armadas de Azerbaiján, deben recuperar, a toda costa, la plena soberanía de la montañosa región separada de Artzaj; lo han puesto de relieve con la moderna tecnología militar, proporcionada a las fuerzas armadas azeríes (Claudio Fantini).
La Turquía del ambicioso Presidente Erdogan tiene en mente dominar el Cáucaso sur con la cooperación de su aliado; al igual que ejercer influencia en otras latitudes y mares como el Egeo, en donde acaba de entrar en peligrosos diferendos con Grecia, Francia e Israel. Con base en los intensos bombardeos, los azeríes y turcos recobraron varias aldeas de Nagorno, así como la zona de seguridad fronteriza, fijada con la nación Armenia, cuyo ejército se vio obligado a entrar en acción en "la guerra directa" (ïdem, Fantini).
El riesgo inminente reside en la entrada de las fuerzas rusas en las hostilidades - sería una guerra más caliente - , esto en respaldo de Armenia, en tanto que allí posee bases militares, además de la afinidad religiosa (cristiana ortodoxa) y cultural existente entre ambas naciones (ídem). Por lo pronto, el ejército armenio lucha solo (ídem), defiende a los armenios de Artzaj. De perder la confrontación con el ejército turco azeríe, quienes quedarán mal librados habrán de ser los cristianos de Nagorno-Karabaj, territorio que retornaría, sin apelaciones, a Azerbaiján, con el agravante del odio y la intolerancia, que pueda surgir contra ellos por parte de sus históricos enemigos musulmanes azeríes y turcos.
Pensemos en que Vladimir Putin pueda centrarse menos en el proceso de las elecciones generales de Estados Unidos de América, a cambio de decidirse a poner los pies en el Cáucaso sur en apoyo a los dos territorios armenios, sea que tome en cuenta que el propio Erdogan lo ha puesto en aprietos en “la mini-guerra mundial” de Libia. De este modo habrá de prevenir un nuevo genocidio, similar al registrado en 1915.

viernes, 14 de agosto de 2020

RELACIONES INTERNACIONALES ENTURBIADAS EN MEDIO DE LA EMERGENCIA GLOBAL DEL COVID-19 (PRIMERA PARTE)


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RELACIONES INTERNACIONALES ENTURBIADAS EN MEDIO DE LA EMERGENCIA GLOBAL DEL COVID-19. (PRIMERA PARTE). Autor: Ronald Obaldía González



Golpeado por el Covid-19, sobre el cual se requieren pujantes instituciones multilaterales para responder a crisis globales, en este caso la pandemia del Covid-19, el mundo globalizado no solo se ha desacelerado, sino que tiende a «desacoplarse», habido riesgo de una especie de «II Guerra Fría», de carácter geopolítico, en vista del enfrentamiento entre las naciones mayormente influyentes en las corrientes de la economía, el comercio, las finanzas y las tecnologías de la información y las comunicaciones, y hasta en las exploraciones espaciales, entre otros ámbitos de las transacciones y la cooperación internacionales.


Un gran número de expertos sostienen que "el ascenso de la República Popular China, como potencia global”, bajo el mando del autócrata mandatario Xi Jinping - dispuso una reforma constitucional "para perpetuarse en el poder -, así como la elección del magnate Donald Trump, como Presidente de los Estados Unidos de América, pusieron fin al orden internacional liberal", surgido después de 1945. Las recíprocas amenazas y las acusaciones entre los gobiernos y los máximos líderes de tales poderosas naciones, acarrearon una guerra económica y comercial: el principal elemento de una combinación de factores manifiestamente adversos, en extremo "politizados", con un final impredecible (Macarena Vidal Lyl; Amanda Mars. En el País de España). Los antagonismos, entre otras asignaturas, cubren otras esferas como los inicios de la competencia geoestratégica en las extensiones del océano Ártico, un lugar abundante en recursos energéticos y en condición de transformarse en vital ruta marítima comercial.


Trump inició la guerra comercial en marzo de 2018, todavía activa, imponiendo aranceles a las importaciones de acero y aluminio, luego a otros productos importados del gigante asiático, puesto que entre otros hechos hubo de constatar que las empresas chinas en su mayoría están “dopadas con subsidios públicos” (Bernardo de Miguel). Señales de competencia desleal, más cuando la balanza de los intercambios de bienes y servicios registra desequilibrios, favoreciendo en este caso a Pekín, cuyas reconocidas medidas proteccionistas le son útiles en la actualidad, con tal de reforzar las represalias arancelarias contra la adquisición de productos estadounidenses.


Hay evidencia de un clima comercial, en el cual el gobierno estadounidense se ha vuelto cada vez más agresivo - “un terreno peligroso” - contra el emergente competidor asiático. Quien por su parte confiesa el estar concentrado apenas en los objetivos nacionales que incluyen alcanzar la condición de “sociedad moderadamente próspera en el 2021 el centenario del Partido Comunista chino; y país plenamente desarrollado en el 2049, el centenario de la República Popular (Jeffrey D. Sachs), aprovechando para esto los beneficios de la globalización económica y “la evolución de un mundo cada vez más multipolar” (ídem).


A diferencia del encuentro de Richard Nixon con Mao Zedong en 1972, las rupturas ideológicas y estratégicas se resistieron a impedir la cooperación entre la sociedad capitalista estadounidense y la China comunista. En ese entonces, ambos gobernantes se vieron obligados a un relativo acercamiento, a causa de la beligerancia de un común y poderoso enemigo: la expansión comunista de la Unión Soviética, en cuyas partidas de máxima tensión, en los largos años de la «I Guerra Fría», llegaron a ser las irritantes y espinosas negociaciones y acuerdos bilaterales, limitantes de la proliferación de las armas nucleares o de destrucción masiva, un apartado de la carrera armamentista, al cual también la China del líder comunista Mao Zedong se sumó durante la década de 1960.


En la inflamatoria «II Guerra Fría», derivada de la inesperada reacción antichina de la Administración de Donald, en concomitancia con la globalización - en este instante tan sacudida -, la China Popular se dirige a relevar la extinta Unión Soviética (URSS) en sus distintas pugnas bipolares con los Estados Unidos de América, estas todavía “en alerta amarilla”. A manera de digresión, anotemos que Rusia, la heredera de la URSS, ambiciona recobrar el poderío poseído durante la primera Guerra Fría.


LOS ESLABONES DEL ANTAGONISMO. El trasfondo de tal retórica incendiaria tiene relación con el supuesto objetivo estratégico de atribuirse la hegemonía del planeta: sea en lo geopolítico, o bien en lo geoeconómico. Unido a la guerra comercial, la evolución de los distanciamientos, igualmente tienen su en repunte en los graves desencuentros por la producción y el mercado de los productos tecnológicos. Trump acaba de decretar restricciones a las populares aplicaciones chinas TikTok y WeChat (AFP y AP), conexas a la escalada de aranceles sobre los productos de la china continental - “la fábrica del mundo” - , destinados a los mercados de la Unión Americana.


Y reiteradamente salen a relucir los intercambios de acusaciones acerca del origen de la actual pandemia del coronavirus, quien ha castigado fuertemente la nación estadounidense (más de 160.000 fallecidos), por lo que su presidente se apresuró a achacar a China la responsabilidad de haber originado el virus, en lo cual implicó el desteñido rol de la Organización Mundial de la Salud (OMS), dada la tardía intervención frente al brote global de la enfermedad. Tras eso la organización careció de agallas en ofrecer "una respuesta global eficiente", inexistente hasta ahora, en tanto que es acusada, abiertamente, de haber ocultado la mal praxis de Pekín: se abstuvo de reportar a tiempo el comienzo del Covid-19. Una crisis pandémica sobre la cual hay inexactitud de cómo habrá de evolucionar, al presumirse nuevas olas de contagios, causantes de pérdidas de vidas humanas y de reversiones al apuntalamiento de las economías.


Tal culpabilidad Pekín la ha contraatacado desde un comienzo, lanzando una ofensiva diplomática que, al cabo que ofrece su ayuda y asistencia “blanda” a los países afectados, se vendía como un modelo (todavía dudoso) en la gestión de la crisis de la pandemia, poniendo en mal predicado la Administración estadounidense, denunciada de incapaz en cuanto a contenerla al interior del territorio del país.

Las discordias desembocan en la nueva ley de seguridad nacional, aprobada por el Gobierno de Pekín, con tal de acallar y reprimir los movimientos prodemocracia en la antigua colonia británica de Hong Kong, los cuales demandan el retorno al postulado de “un país dos sistemas”, ya desvirtuado por el Presidente Xi; así también la precariedad de los derechos humanos, negados a las minorías musulmanas en la región noroccidental china de Xinjiang, en donde Xi Jinping impulsa una especie de "barbarie eugenésica" contra los sometidos uigures. Pekín califica de infundados el conjunto de los señalamientos de Trump.


A pesar de que Pekín continúa robusteciendo su sistema armamentístico y rearme progresivo, lo mismo que su arsenal nuclear (CARLOS TORRALBA. En: El País, España), la rivalidad, al menos de momento, está lejana de llegar “al rojo vivo”, tal que revista un elevado perfil ideológico y militar. Hasta la fecha se circunscribe dentro de los niveles comercial, tecnológico y hasta geoestratégico. Las poderosas economías de ambas naciones continúan interconectadas, a la vez que resultan constatables los altos grados de interdependencia entre ellas. Es un “desacople”, encarrilado a ganar mayores terrenos dentro de la comunidad internacional y los recursos del mañana (Pablo M. Díez).


En otro orden, Trump empuja a otras naciones aliadas, lo logró de modo exitoso con Gran Bretaña, a rechazar al titán de telecomunicaciones Huawei, usado por China, según él, para el espionaje. En el panorama de los revanchismos, China apela a razones de seguridad para impedir a Google, Facebook y Twitter operar en su continente.


Valga una segunda digresión. En lo tocante a los británicos, su Primer Ministro Boris Johnson ha sido en extremo vehemente en denunciar al Presidente Xi Jinping por los atropellos contra el movimiento contestatario de Hong Kong. Londres causó un enorme malestar en China al ofrecer un acceso facilitado a la nacionalidad británica a casi 3 millones de habitantes de la excolonia, en respuesta a la ley china sobre seguridad nacional, la cual Pekín impuso a la excolonia británica semanas atrás. Los británicos, además, fueron más allá, suspendieron el tratado de extradición con Hong Kong y extendieron a su territorio el embargo sobre las armas que ya aplica con China Continental (Hannah Mckay/ POOL / AFP). Al otro lado, China exhortó a la parte británica “a dejar inmediatamente de inmiscuirse en los asuntos de Hong Kong, que son los asuntos internos suyos”. A propósito, tal clase de lenguaje retrata la reacción de los modelos autoritarios de gobernanza, especialmente cuando se les reprocha sus arbitrariedades.


A la vez ha entrado en disputa la intensa competencia entre Estados por producir las posibles curas y la vacuna frente a la pandemia del coronavirus. Esto último ingresa a la fase candente, pues acaba de suscitarse el cierre recíproco de consulados, tanto en Houston como en Sichuan, al alegarse que el Gobierno de China continúa fraguando los ciberataques, a cargo de “hackers” a su servicio, contra empresas de 11 países, a efecto de intentar el robo datos de la vacuna sobre la COVID-19, así como secretos de tecnología militar en función de favorecer sus Fuerzas Armadas. La retórica abarca los fraudes con los visados, lo cual hace empinados los arreglos bilaterales.


En relación con lo álgido de los pulsos geoestratégicos entre Washington y Pekín, cabe mencionar el respaldo del primero, sin reservas, a los rivales de Beijing en el Mar del Sur de China, territorio que Pekín desea controlar a su antojo; mientras que la Casa Blanca advierte que esos confines marítimos del Indo Pacífico Asiático son "libres y abiertos", de acuerdo con la normativa del derecho internacional. Es dicho mar del Sur, uno de los puntos claves del mundo. Son aguas, cuyo suelo no solo puede ser rico en gas y petróleo, son también el paso natural del Índico hacia el norte de Asia, una ruta comercial realmente decisiva, “un cuello de botella”, por el cual surcan barcos comerciales que transportan productos por cinco billones de euros anuales. Y con un interés añadido a favor de China, ya que sus submarinos nucleares tienen la base en ese mar (Macarena Vidal Liy). El Gobierno de Pekín reclama el 80% de esas aguas, “su imperio marítimo”, alegando razones históricas y un mapa de 1947, el que engloba la mayoría de ese territorio acuático, a pesar de que la Corte Permanente de Arbitraje de La Haya rechazara en el 2016 la gran mayoría de las reclamaciones suyas (Vidal, ídem), las cuales giran en contra de los intereses nacionales del Japón, Vietnam, Taiwán y Filipinas, entre otros países del Asia Pacífico, allegados a Washington.


UN DONALD TRUMP DISMINUIDO. En las próximas elecciones del 3 de noviembre del 2020, el Presidente Trump corre por la reelección, en cuya carrera lleva las de perder en las encuestas de opinión, a fin de cuentas por el estallido de las protestas antiracistas del movimiento "Black Lives Matter", situando en posición complicada las aspiraciones suyas. A lo dicho, se suma la incapacidad de la Administración de contener la entrada de la economía estadounidense en recesión, tras una contracción histórica del 32.9% en el segundo trimestre de este año (AFP).


Con tal escenario negativo, llega a ser obvio que Trump utilice el antagonismo frente a China, a fin de afianzar su campaña de la reelección presidencial. La táctica le puede resultar asertiva, ya que un estudio del Pew Research Center de abril de este año señaló que el 66% de los estadounidenses alberga una opinión desfavorable de China —la mayor proporción desde que empezó este sondeo, en 2005—, frente al 26% que la tiene positiva.


Esto les confiere oportunidades tanto al Partido Republicano como al Partido Demócrata en concordar en el objetivo de la línea dura frente a Pekín, al ensañarse con las pretensiones de “dominio global”, en la magnificada visión de que dicha potencia asiática, al lado de la Rusia de Vladimir Putin, se han transformado en regímenes abusivos (Chris Patten), expansionistas. Eliminan opositores y agreden otros pueblos, más recientemente a Hong Kong, en la mira reposa la democrática República de Taiwán, - “la provincia rebelde” , según el parecer de los chinos continentales -, así como Ucrania respectivamente, a quien Moscú le arrebató la península de Crimea.


En la réplica, la dirigencia de Pekín califica de líder débil a Donald Trump, de un gobernante de una potencia en decadencia, incompetente en controlar la pandemia, “que ha perdido el control” , dados los arrebatos al erosionar las relaciones bilaterales en su conjunto. Obviamente, los ataques chinos a Trump atentan contra los intereses del magnate, más ocupado en la reelección, que no pocos de sus seguidores la ven distante; al extremo que una gruesa fracción de los neoconservadores republicanos, aferrados a las figuras de Ronald Reagan y los líderes de la familia Bush se decantan por ver fuera de la Casa Blanca al “iliberal” mandatario estadounidense, al reprocharle las políticas comerciales unilaterales, proteccionistas, el nacionalismo y el populismo, “credenciales” que difieren de la tradición histórica de los Republicanos proclives al libre comercio.


EL BELIGERANTE PRESIDENTE DE CHINA. LA SOCIEDAD CON RUSIA . Es un hecho cierto que a raíz de la pandemia contagiante por el planeta, Xi Jinping, el presidente autócrata del gobierno de Beijing, enemigo de los valores de la democracia liberal, ha dirigido una campaña violenta a nivel global, a efecto de imponer los intereses de su régimen: una mezcla de leninismo, nacionalismo y de capitalismo autoritario (Chris Patten), el cual a todas luces lanza una ofensiva política expansionista en el Asia, en particular en el Asia - Pacífico. De ahí los ataques militares contra la frontera territorial de la India, la espiral de amenazas sobre Australia, Japón, al acosado Taiwán, así como el despojo de la autonomía a Hong Kong.


El Partido Comunista al igual que el Ejército Popular de Liberación (EPL) chinos se están preparando, "si todo les sale bien" en el desacople, a desafiar más allá el poder de la única superpotencia, así como el de las vecinas potencias del Indo-Pacífico, tanto así que se desmarcan de la realidad, porque pese al elevado ritmo de crecimiento del PIB que continúa manteniendo el nuevo gigante, la estructura y las capacidades militares suyas, "son todavía minúsculas en comparación con las de la supremacía estadounidense” (Jeffrey D. Sachs).


Washington ha mentado “la asociación antioccidental” entre Rusia y China, ambas comprometidas con regímenes despóticos, entre ellos Bielorrusia, Siria, Irán, Corea del Norte, Venezuela, Cuba y hasta Nicaragua. No es de extrañar, en la última visita al Kremlin el Presidente Xi manifestó que su colega Vladimir Putin “es su mejor amigo”. Por eso el director del FBI aseguró que China representa “la mayor amenaza” a la seguridad nacional de Estados Unidos de América. Incluso, el secretario de la OTAN las amplifica, confirmando que “ellas van a marcar el futuro” - , a saber la ciberseguridad, el terrorismo, pero también las consecuencias del auge de China, son amenazas globales (Jens Stoltenberg, Secretario General de la OTAN). En concordancia con lo anterior, Christopher Wray describió los crecientes esfuerzos de Pekín – y de Rusia - de apropiarse de los secretos tecnológicos estadounidenses y europeos; “en 10 años ha habido un aumento de los casos de espionaje económico", adjuntos a los ataques cibernéticos.


Dicho sea de paso las declaraciones de dichas autoridades occidentales tienden a colocar a Europa en posición defensiva, desventajosa, dada la creciente postura amenazadora del Kremlin. Lo de la invasión a Crimea es una preocupante señal, agregado a la injerencia de Moscú en el referéndum de Gran Bretaña, cuando se legitimó el Brexit, el golpe mayúsculo a la integración europea. Rusia, la heredera del desaparecido imperio comunista de la Unión Soviética soviético, enfrenta agudas disrupciones económicas en sus adentros, por lo tanto el Presidente ruso Vladimir Putin puede tratar de contener los disturbios domésticos, participando en una renovada escapada imperial. Aprovechará los contemporáneos y estrechos vínculos políticos, económicos y de cooperación militar con China. De inmediato podría arremeter en contra del poder y la tambaleante cohesión de la Unión Europea (UE), la mayor potencia comercial del globo, sea fracturándola, lo que arrastraría también la alianza trasatlántica, bajo la tutela estadounidense.


Estas torcidas distracciones permiten a Pekín ampliar sus operaciones, a la vista de la influencia geopolítica, dispersando la atención y la gama de capacidades estadounidenses a nivel global; dentro de tales planes cabría restar al dólar estadounidense el poder ostentado, al ser la moneda de mayor uso común en las transacciones financieras y comerciales. Lo del complot al dólar, por parte de la débil economía de Moscú y el boyante Pekín, puede ser una ambición bastante inviable, por cuanto en adelante los capitalistas extranjeros se lo pensarán dos veces antes de asociarse con empresas de la República Popular, puesto que el Presidente Xi tendrá que pagar un precio alto, dados los abusos cometidos frente a la colonia ex-británica.


Se avizoran represalias europeas, sobre todo las de Washington, que ahora está haciendo uso de las ventajas regulatorias, se prolongarán por buen tiempo, alrededor de la infraestructura de Internet y los sistemas operativos chinos, los cuales le asestan a los negocios de su adversario severos golpes (Pete Sweeney; Robin Mak) y desde luego en las finanzas, toda vez de asomarse el programa “Regreso a las Américas” o “nearshoring”, es decir, el retorno al hemisferio hasta de $50.000 millones de inversión estadounidense distribuida en Asia (Juan Carlos Hidalgo), de la cual China es destinataria.


Las consecuencias negativas de la asociación antioccidental, favorecida por Moscú y Pekín, dejan desconcertados a las propias naciones europeas acerca de la consistencia de la política exterior del Gobierno estadounidense; marcada por la ambigüedad, habida ausencia de la solidaridad cooperativa en las relaciones internacionales (Jaime Daremblum), en cuyo caso la consigna unilateralista de Trump acerca de "Estados Unidos primero", ha conducido a la minimización del curso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Al punto que Trump decidió retirar de Alemania 9.500 soldados de su país (Jaime Daremblum), dadas las pésimas relaciones con la canciller Angela Merkel.


Asimismo, valga recalcar que la tolerancia del Gobierno de Angela Merkel, y de la misma Unión Europea, aliada estadounidense contra la autocracia China de Xi Jinping – y la propia Rusia - se muestra cada vez más dañada, al haberse minado la autonomía, las libertades y el sistema democrático de Hong Kong, sobre todo que el descontento podría traducirse en posibles sanciones, destinadas a la reducción de la apertura europea a la crecriente inversión china, la cual había pasado apenas de 700 millones de euros en el 2008 a batir el récord anual en 2016 con 37.000 millones (Bernardo de Miguel).


A sabiendas que el presidente chino Xi Jinping está usando la economía y "la diplomacia generosa” "para ubicar a otros países en su órbita” de influencia, la misma Unión Europea (UE) se resiste a ser objetivo de tal recurso que le concede poder a Pekín. En la actualidad el bloque comunitario ha comenzado a enfriar los lazos con la potencia asiática, no solo por la irritación de los hechos citados en Hong Kong, sino por las sospechas alrededor de la ofensiva expansionista de intentar comprar empresas europeas, conexo al aumento de la dependencia de él para con las inversiones y préstamos, generadores de múltiples ganancias a Pekín.


Esto es un elemento más de la estrategia de penetración económica y política de China en Europa y Eurasia, el que apunta a hacer de China el nodo central (Yoon Young-kwan) – formulada también en América Latina y África -, al tiempo que despierta recelos en Rusia. La canalizaría (la estrategia) a través de su proyecto integracionista de la Nueva Ruta de la Seda, todo lo cual acarrea compromisos, cumplimientos y adhesiones en favor de esa potencia (tenaz), con anhelos de hegemonía planetaria, cuya médula corresponde a la ideología leninista, acomodada a la versión del capitalismo autoritario; estructural y funcionalmente opuesta a los principios y los valores de la democracia liberal, la sociedad abierta y los derechos humanos como concepción de vida ante la sociedad mundial.


Como hemos apuntado, Pekín reconoce abiertamente que su intención es transformar el orden internacional para alinearlo a los intereses económicos y la ideología de su Partido Comunista, esto según un reporte de la Casa Blanca en mayo de este año. De igual forma, intenta exportar su modelo de dictadura nacionalista y de partido único en sus esferas de intervención: el de una economía dirigida por el Estado; la puesta de la ciencia y la tecnología al servicio de el poderoso aparato estatal; y la subordinación de los derechos individuales para servir a los fines del Partido, estos rasgos relevantes en la vida societal, regida por el Estado totalitario (Javier Solano; Oscar Fernández).


China apunta a hacer el nodo central de todo el territorio euroasiático (Yoon Young-kwan), por cierto un nodo crucial que surte efecto positivo en las relaciones económicas con las naciones del Asia, y en particular la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático. Entre esos países crecen las sospechas del poder expansionista y nacionalista chino, cuya mejor demostración lo representan los objetivos de la militarización en el Mar Meridional, un factor de inseguridad regional, que podría extenderse más allá de Asia (David Lague), inclusive.


Excepto por la torpe determinación de la Administración Trump de abandonar el Pacto Comercial Transpacífico (Jaime Daremblum), que ha debilitado el rol estratégico estadounidense en el Asia Pacífico, abre el camino a la expansión comercial de Pekín, tampoco quiere decir que Washinton se haya desprendido de ejercer su hegemonía en el Asia Pacífico. En particular, ejecuta y da seguimiento a los compromisos de seguridad colectiva con Corea del Sur, Japón, Filipinas, en lo cual se suman las irritaciones de la India, a causa de sus roces fronterizos con el gobierno del continente chino, visualizándolo como su principal amenaza de seguridad a largo plazo. Resulta notorio que la zona del Indo-Pacífico asiático podría convertirse en el campo de batalla de la nueva Guerra Fría entre China y Occidente, que parece haber comenzado (Yoon Young-kwan). Lo cual aparejado a la emergencia por el coronavirus, llega a recrudecer la magnitud de los conflictos globales y los regionales en curso.


Dicho sea de paso, igualmente pone al desnudo la ineficacia de los mecanismos e instrumentos del multilateralismo, auxiliados con "respiración asistida" (Ana Palacio), cuando en verdad se necesitan planes maestros y acciones, a fin de enfrentar amenazas transnacionales como el cambio climático, las pandemias, los ciberataques, el terrorismo, la inestabilidad económica (Joseph S. Nye, Jr) y el envejecimiento de la población. Desafortunadamente, es un mal corrosivo que alcanzó hasta la propia Organización Mundial del Comercio (OMC), debilitada al extremo en un contexto de pandemia, cuyas competencias deberían de ser cruciales en el orden de las transacciones y las cooperaciones generalizadas. Dicho fenómeno lo intentaremos abordar en la segunda parte de este escrito.


Las plenas tensiones de los Estados Unidos de América frente a China y la misma Rusia, dirigidos por líderes megalómanos, nacionalistas y populistas, ensanchan el camino a favor de la imparable y ascendente carrera armamentista. La que imitan otras potencias regionales, reactivando los presupuestos de defensa. Otra vez se llega a alterar la estabilidad, la seguridad y el equilibrio de poder en el ámbito internacional. A bordo se hace empleo de los progresos en la inteligencia artificial, una razón de cambio, en lo concerniente a la fabricación de "super armas", entre ellas los “antisatélites”, los que hechizan demasiado a Vladimir Putin. Invenciones de esta envergadura amenazan el uso pacífico del espacio y producirían escombros que podrían representar graves riesgos al desempeño y la seguridad espaciales (Dirección Espacial de Gran Bretaña). La sofisticada tecnología, que seduce a tales líderes, ha aumentado dramáticamente las capacidades ofensivas y defensivas, lo que también conduce a la militarización del espacio exterior (Ana Palacio), todo ello en los marcos de las rivalidades geopoliticas.


SÍNTOMAS DE POSVERDAD; “CARICATURA” DE COOPERACIÓN AL DESARROLLO; Y “CRÉDITOS”. Escasa certeza prevalece de que China pudiera haber conseguido dejar atrás lo peor de la pandemia, la desinformación es su habitual arma, lo han dado a conocer varios científicos desertores de ese país. Si hubo de hacerlo, le significó un gran coste. No solo económico —en el primer semestre ha sufrido una contracción del 1,6%— , sino también de pérdida de prestigio y reputación. La opacidad de su política exterior y la pésima gestión en los inicios de la covid-19 ha despertado, o agravado, suspicacias en otros Estados, “que endurecen a su vez sus posturas en perjuicio del gigante asiático” (Macarena Vidal Liy y Armanda Mars, ídem).


En la emergencia del Covid-19 “se ha puesto, además, en entredicho la fiabilidad de China como principal productor mundial de suministros médicos y equipamientos sanitarios, al cabo que se ha forzado a una revisión casi unánime de las cadenas globales de suministro” (Alicia González. En: El País, España), cuyo rol preponderante ha sido sometido a fuerte escrutinio. La cruzada del Gobierno de Australia, incluye inversión adicional en defensa militar, de endosarle el término de “diplomacia deshonesta” a las prácticas del servicio exterior chino, aumenta el volumen de las alarmas. En los ciberataques ha sido comprobado el protagonismo chino y del Kremlin, en lo cual han salido perjudicados tanto los propios australianos como los alemanes y los ingleses. El programa de los “nearshoring”, en el fondo constituye una reacción occidental en perjuicio de los intereses económicos de Pekín.


En el contexto del coronavirus, el alivio de la deuda, fuente de financiamiento de las naciones de más bajos ingresos, comenzó atrayendo la atención de la Iniciativa del Servicio de la Deuda del G20, un paso en la dirección correcta. La iniciativa como tal provoca el rechazo entre los acreedores privados y de la misma China Popular, quien con la tesitura usurera pone al descubierto el rol suyo de prestamista de primer orden. Algunos estudios han estimado que la deuda del mundo con China ya se encuentra por encima de los 5 billones de dólares, una cifra que equivale al 6 % del PIB de todo el orbe (Emmanuel Rincón. En: Panam Post). Ambos acreedores, China y los privados, representan más de la mitad de los pagos por servicio de la deuda, unos pagos calculados en $25000 millones este año, lo cual, principalmente, pone en aprietos la inversión en seguridad humana (Kevin Watkins - Save the Children) en el segmento de Estados económicamente limitados.


La potencia asiática, empleando procedimientos opacos, ha prestado más dinero a los países en desarrollo que el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y todos los demás gobiernos. Solo en el año 2018 le ofreció 60.000 millones de dólares en financiamiento a África. Lo peligroso de toda esta situación es la llamada “deuda escondida”. Los expertos afirman que un 60% de los préstamos chinos se conceden con menos garantías, con frecuencia bajo negociados corruptos, pero tienen tasas de interés más altas y plazos de vencimiento más cortos. De esta forma, los países que no puedan cumplir con los compromisos adquiridos se ven en la obligación de entregarle sus puertos, minas, infraestructura, concesiones y otros activos; lo que a su vez incrementa todavía más su injerencia sobre ellos (Rincón, ídem). Lo delicado de este hecho, es que países como Yibuti, por ejemplo, tienen una deuda superior al 100% de su PIB; mientras que otro grueso de naciones en desarrollo en África —pero también en Asia y América Latina— tienen deudas con el gigante asiático que oscilan entre el 10 al 40 % de su PIB.


En lo que respecta a América Latina, como ocurre en otras latitudes, los intereses nacionales de China se sustentan en la partida de lo comercial y al mismo tiempo en lo geopolítico, restándole vigor a Washington en la región, intentando desplazarlo. El desembarco del gigante asiático se ha producido hasta ahora de forma desigual, a veces con la complicidad de los gobernantes del antiguo eje bolivariano, compuesto por Venezuela, Ecuador, pasando por Bolivia y Cuba.


Casi siempre los préstamos e inversiones chinas han logrado incursionar en el sector de las materias primas y el de las infraestructuras; presuntamente para modificar paso a paso los esquemas de la dependencia latinoamericana (FRANCESCO MANETTO), en conexión con Europa y los mismos estadounidenses. Potencias occidentales que en las últimas décadas vienen demostrando un paulatino desinterés en el subcontinente de América, han dejado un vacío del cual se aprovecha la (astuta) diplomacia al servicio del nacionalismo, impulsado por el Presidente Xi, cuyo país se ha puesto a la altura de los tradicionales y mayores inversores en la región. Eso sí, los requisitos habituales, sobre todo en materia de derechos laborales y medio ambiente, transparencia gubernamental, en cuenta las erogaciones derivadas de los préstamos, pasan a un precario plano para China y sus aliados en la región (ídem).


Consecuente con la línea de acuerpar gobiernos autoritarios, Pekín no ha renunciado en apoyar (con alto riesgo) – pese a su pragmatismo - al quebrado régimen chavista de Venezuela, encabezado por Nicolás Maduro, uno de sus principales aliados estratégicos, enfrentado a la Administración de Trump, que junto con la Unión Europea, lo tienen postrado a base de sanciones económicas. Tal respaldo en préstamos le ha costado a China entre 50.000 y 60.000 millones de euros durante la última década ( Sergio Guzmán, Director de la Consultora Colombiana Risk), de seguido está en desacuerdo en plantear cualesquier flexibilidades o alivios, y en esta dirección poco rechazo expresará a lo resuelto por la Administración estadounidense alrededor de la crítica realidad venezolana.


Entre los condicionamientos, China aplica además la modalidad de los “swaps” (intercambios, en idioma español) en el interés explícito de que Huawei, atacada por Occidente, sea la empresa que lleve adelante el despliegue de la próxima generación de telecomunicaciones en la nación deudora, con dicha condicionalidad (o chantajes) se decidirá el otorgamiento o la renovación de los préstamos. Sacudida por los desequilibrios fiscales, Argentina pasó por este experimento (El País, España). Es decir, los comportamientos antes descritos a favor del lucro desmedido, semejantes a las grandes potencias, llegan a desdecir los supuestos lineamientos, “irreversibles”, para el desarrollo y la cooperación “mutua y multilateralmente ventajosas”, una falsa retórica que el particular sistema capitalista de China pregona en la manipuladora propaganda.


A la perfección lo aduce Chris Patten, el último gobernador británico de Hong Kong: “cuesta comportarse con decencia” y autenticidad en estos tiempos del poder de los ególatras, los avaros y los mercaderes. En la segunda parte de este documento intentaremos hacer referencia a una variedad de estallidos y tensiones regionales, lo cuales tienen vinculaciones e implicaciones con los supuestos aquí relatados.

 

martes, 11 de agosto de 2020

EL CAMINO A PUNTA BURICA

 EL CAMINO A PUNTA BURICA

El Estado costarricense continúa llevando a cabo innumerables proyectos de obras de infraestructura para beneficio de los diversos sectores económicos y sociales, gestores del desarrollo nacional y de la seguridad humana, por lo que enseguida la remota, incomunicada y aislada Reserva Nacional Índígena de Punta Burica debió ser incorporada dentro de los planes de creación de obra pública gubernamentales. A propósito, esta región constituye una zona transfronteriza, ubicada al extremo suroccidental del territorio costarricense, la cual hace frontera con la República de Panamá; sin embargo, el Estado nacional ha renunciado a ejercer sobre ella los derechos de soberanía territorial que le corresponden, unidos al reforzamiento de los propósitos de la seguridad nacional en todos los extremos.
Por tal razón y con la misión de subsanar el histórico aislamiento de la Reserva Indígena en mención, el Ministerio de la Presidencia tomó la determinación de coordinar y ejecutar acciones conjuntas con el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT), el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto, el Instituto de Fomento y Asesoría Municipal (IFAM), el Instituto de Desarrollo Rural (INDER), la Municipalidad de Golfito y la propia Asociación de Desarrollo Indígena (ADI), a efecto de hacer realidad el logro de la construcción de la ruta de tránsito, la cual habrá de atravesar la región de Punta Burica, y, en definitiva, poder comunicar entre sí los caseríos y comarcas de los pueblos originarios que la habitan, como también interconectarlos con el resto de la geografía nacional, habida cuenta de la existencia de más de mil familias que moran en las profundidades de esta extensa región de nuestro país, desvinculadas de nuestra institucionalidad cívica.
Cabe informar que las tierras antes citadas pertenecen mayoritariamente a la comunidad aborigen Gnöbe Bugle, forman parte de los territorios que por ley el Estado entregó a las comunidades tradicionales; ellos están inscritos formalmente a nombre de las comunidades aborígenes a perpetuidad, en donde las autoridades nacionales y municipales no pueden intervenir, ya que estos pueblos gozan de autogobierno y autonomía política. Aun así, el Estado se ve obligado a dotar de todo tipo de obra pública, además de responsabilizarse de la protección y seguridad social de estas comunidades, parejos a los derechos disfrutados por el resto de los ciudadanos.
Lo antes dicho explica perfectamente el serio compromiso y la adjudicación asumidos por las instituciones públicas en el objetivo de levantar, lo antes posible, el camino completo, demandado por estos costarricenses. En sí, una obra de tal envergadura que contribuirá a llevar progreso y prosperidad a la Reserva, a cuyo cargo también la sociedad nacional ha de ser solidaria, a fin de evitar la continuada exclusión y la vulnerabilidad social de estos pueblos, sobre todo en estos tiempos en que la pandemia del Covid-19 podría impactarlos con mayor peligrosidad, por cuanto al personal de salud de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) se le imposibilita tener acceso a los territorios, incluso para ser destinatarios de forma constante de los programas institucionales de salud pública.
Bastante se ha avanzado en las obras del camino que atravesaría toda la Reserva. Con recursos financieros por el monto de 2.600 millones de colones, provenientes de la Junta de Desarrollo Rural del Sur (JUDESUR), sumados a los fondos aportados por el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT), se construyeron 13 kilómetros de ruta, incluidos los levantamientos de cuatro puentes modernos, lo cual permite unir las comunidades fronterizas e indígenas de Comte y Alto Comte. Sin embargo, quedó pendiente la mayor parte de la obra vial, de carácter cantonal, equivalente a aproximadamente 40 kilómetros. Una vez completada la ruta se podrá dar alcance a los más remotos y principales poblados de las comunidades indígenas de Punta Burica.
Tal como líneas arriba lo citamos, al poseer carácter cantonal los restantes 40 kilómetros de longitud, simultáneamente las municipalidades de Corredores y de Golfito, así como la Asociación de Desarrollo Integral de las comunidades indígenas, se anticiparon a realizar ligeras obras, hasta donde les permitiera la legislación ambiental, siempre con la vista puesta a completar el trayecto. A efecto de avanzar en la construcción de esta segunda parte de la ruta, se realizaron las debidas consultas a las comunidades indígenas, teniéndose como resultado la aprobación total por parte de ellas, ya que son conscientes de los beneficios que traerá consigo la finalización de la obra, la cual les garantizará desarrollo humano, además de progreso social y económico.
El Instituto de Desarrollo Rural (INDER) colabora de manera decidida en dicho proyecto vial, y en la medida de las posibilidades concederán recursos financieros para la continuación del camino, una vez que sea publicada, mediante Decreto Ejecutivo, la Declaratoria de Conveniencia Nacional, el cual le otorgará fundamentos jurídicos, y de paso se proseguirá con las obras de construcción, éstas supeditadas a la conservación y protección de un espacio de 11 kilómetros, compuesto por bosque primario, lo cual es esencial proteger, de acuerdo con las disposiciones del Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE). Por eso la Municipalidad de Golfito, sobre la base de sus competencias como gobierno local, ha tomado las previsiones correspondientes, con tal de evitar daños ecológicos a tal recurso forestal.
El camino a Punta Burica le permitirá al Estado costarricense el derecho de ejercer su soberanía respecto a una región aislada de la geografía nacional; ese mismo territorio al cual solamente los habitantes pueden tener acceso, haciendo uso de helicópteros, o en su lugar ingresando por el territorio de Panamá, esto último condicionado a las autorizaciones migratorias, establecidas por la nación vecina. A partir de la conclusión de la vía a lo largo de la Reserva, los indígenas, en este caso especial, podrán ingresar a sus comunidades y hacer su vida normal sin impedimento alguno, al cabo que las instituciones sociales costarricenses podrán ejercer sus correspondientes competencias. En esta asignatura, valga hacer mención al programa del suministro de más de 300 paneles solares, bajo la rectoría de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), cuyos aparatos pronto estarán a la disposición de las familias Gnöbe Bugle, quienes habrán de contar con energía para realizar las actividades cotidianas.
Asimismo, la ampliación de vías de acceso transfronterizas, a saber, la carretera entre Comte - Alto Comte y el último tramo de región fronteriza de Punta Burica, contribuirá a que el Estado costarricense refuerce allí sus acciones y operativos policiales, destinados a enfrentar el crimen organizado internacional. Cabe mencionar que las autoridades del Ministerio de Seguridad Pública en reiteradas ocasiones han expuesto la urgente necesidad de la construcción de esta ruta de tránsito, todo ello con vistas a tener control absoluto sobre un territorio retirado y abandonado, y hasta desconocido por casi todos los costarricenses.
Walter Fonseca Ramírez
William Brenes Gómez
Jorge Vargas Carmiol
Ronald Obaldía González



sábado, 30 de mayo de 2020

COVID 19, GEOPOLÍTICA Y CONTINUACIONES, POR LO DEMÁS. Autor. Ronald Obaldía González

COVID 19, GEOPOLÍTICA Y CONTINUACIONES, POR LO DEMÁS. Autor. Ronald Obaldía González El criterio casi generalizado de la mayor parte de los operadores de las relaciones internacionales descansa en el repensar en la perfectibilidad de un orden global postpandemia (Covid - 19) normativo, equitativo, cohesionado, cooperativo, sostenido, el cual ponga énfasis en la genuina gobernanza, acoplado a los propósitos de cambio en la distribución del poder (Joscka Fischer). Desde esta perspectiva, se plantea la redefinición de un sistema mundial, el que sea capaz de llenar los vacíos de liderazgo, la inefectividad y las incoherencias, de lo cual se aprovechan las potencias tradicionales, las que surgieron de la victoria en la Segunda Gran Guerra (1939 - 1945). Ellas suelen competir entre sí por la supremacía ideológica, económica y político - militar (Yoong Young-kwan), principalmente en el ámbito de las obsoletas y frágiles organizaciones internacionales, regularmente condicionadas a las distorsiones de tales disputas entre intereses geoestratégicos. Concordamos en que difícilmente se puede presagiar el comienzo de la "desglobalización", a pesar de los impactos de las pandemias, la aceleración de los fenómenos climáticos, así como la violencia política, el terrorismo, los irregulares desplazamientos de millones de personas, el crimen organizado transfronterizo, entre otros fenómenos. Sobre esto hay que aprender más y evitar su constante reiteración. Asimismo, se llama a un orden mundial, proclive a poner en práctica los principios del comercio justo, vinculado hacia el desarrollo de todos los Estados nacionales: en todos los extremos, el que sea gestor del bienestar y la seguridad de la humanidad. Obviamente, deben entrar las prioridades de la salud y la seguridad sanitaria, al igual que la protección y conservación de la diversidad, el uso racional y proporcionado de los recursos naturales de la Tierra. En sus casi tres siglos de existencia el sistema capitalista de producción y consumo se ha distinguido por su poder de adaptación frente a los cambios y "anticuerpos". Lo cierto es que en la futura etapa de la pospandemia deberá apostarse por un proceso de globalización e integración económica menos desigual, en cuanto a desarrollo y seguridad humana. El que sea capaz de solventar las disparidades en "la política del poder", sumando valores humanistas a las tratativas y los pactos internacionales. Esto quiere decir que tiene sentido el reconocer que la globalización únicamente beneficia a pocos, a expensas "de los demasiados". Alternativamente, el virus coincidió con un período de creciente populismo, autoritarismo, ultranacionalismo y enojo nativista frente al globalismo, ello cercano al aislacionismo. De ahí, el continuo temor del resurgimiento de líderes autoritarios (de derecha o de izquierda), o íconos del populismo carismático, con quienes la gente común suele identificarse. "Estos demagogos" han utilizado el respaldo que les proporcionan ciertos sectores, los sistemas unipartidistas, en cuenta las fuerzas armadas y los medios de comunicación lavadores de cerebros, "con tal de evitar controles y contrapesos legales", trayendo ruina a sus pueblos y atropellando los derechos humanos (Noam Chomsky). Al actual sistema internacional se le considera defectuoso, en cuanto a asumir el complicado reto de la reducción de la gama de riesgos y amenazas, producto del brote del Covid-19, el cual se cataloga "como una crisis ambiental desde su origen". La pandemia ha eliminado miles de vidas humanas, generado inseguridad en los Estados, paralizado la actividad económica, poniendo al descubierto los desequilibrios y las desigualdades sociales (Javier Solana), tanto en el interior de los países como entre ellos. Desigualdades que alimentan el fuerte rezago en la transformación digital. La transmisión del nuevo coronavirus ha demostrado que las postergaciones de carácter social y cultural, la elevada y desordenada densidad de población, son susceptibles de desembocar en inestabilidades y pronunciadas convulsiones populares. Enseguida, dejan el camino abierto a nuevas oleadas nativistas, xenófobas y racistas, dados el descontento o la desesperación social y económica. En varios países ya se ha comenzado a emplear a los extranjeros y las minorías como chivos expiatorios (Robert Malley) en los contextos de las emergencias. En adelante, la agenda global está obligada a incorporar como asignatura de trabajo mancomunado la institución de un sistema de "gobernabilidad de la salud universal", absolutamente crucial ahora, para proteger la vida de la gente, dotarla de seguridad mediante sistemas de salud con enfoques holísticos. Los sistemas de salud ahora se convirtieron "en imperativos de la seguridad nacional" (Noam Chomsky). Del sistema de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) resultan modestas las expectativas, respecto a que pudiera ejercer responsabilidades rectoras en medio de la incertidumbre del Covid-19. Porque el sistema en un principio vino a favorecer a los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, el grupo de potencias tradicionales con expedientes históricamente controvertidos, los cuales facilitan la constatación de relaciones y equilibrios de poder obsoletos, los que imposibilitan el empoderamiento de los Estados nacionales meridionales, la mayoría de ellos apenas alcanzaron su propia independencia nacional bastante después de haberse fundado la Organización (Robert Malley). En realidad, los intereses de las naciones en desarrollo quedan subordinados a los de los grandes poderes, por lo que su capacidad de decisión es reducida, por no decir "inexistente". El discurso de los tratadistas trasciende todavía más. Plantean que es impensable sustraerse a un contrato internacional postcovid-19, que precie el medio ambiente, los derechos humanos, el desarrollo humano universal y la prevención de las enfermedades, poniendo al alcance de la humanidad entera los resultados de las investigaciones científicas, sean los tratamientos, medicamentos, vacunas, tecnologías médicas, etcétera. Bien lo destaca el prestigioso físico Javier Solana: "Lo que está en juego es nada menos que el futuro del planeta y nuestra propia supervivencia". Suficientes razones para responder a la pandemia, de forma colectiva o multilateral, con ciencia y conocimientos sanitarios (vacunas y medicamentos), cuando la pobreza exponencial - en especial, el desabastecimiento del agua, los deficientes servicios públicos, étcetera - hace vulnerables al África, la propia América Latina y el Caribe y latitudes del Asia a la reincidencia de las catástrofes humanitarias (Kenneth Rogoff) y sus impactos inmediatos. Dicho sea verdad, las naciones desarrolladas tampoco se escapan de tales contrastes y contradicciones en seguridad y desarrollo humano, prolongadas en el tiempo, irresueltas, por lo que en adelante resulta peligroso dejarlos a la deriva y que continúen reproduciéndose. Ha quedado demostrado que el coronavirus tiene en la exclusión social uno de sus principales objetivos. En demasiados sentidos, en Europa resulta peor, porque los programas de austeridad o de reducción de los programas de protección social amplifican el peligro de la pandemia; los miles de muertos hablan por sí mismos. En el caso de la Unión Europea se culpa a la transferencia de decisiones a Bruselas y la burocracia de la troika no electa (ndlr: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional). En Estados Unidos de América ha habido severos ataques contra la democracia y los derechos humanos, aparte de la inexistencia de un sistema de seguridad social, del que no toda la población llega a ser favorecida. Esto mismo, se convirtió en el principal factor determinante de miles de víctimas del Covid-19, entre ellos, los afroamericanos e hispanos, los más golpeados. Hay que impedir que la codicia económica o "el libertarismo", desregulado, nos lleven por un camino igualmente desastroso. De promoverse la "trampa" de la libertad (económica) por sobre todas las cosas, habrá de ignorarse la ciencia médica y los métodos de gestión de riesgos, en aras de vencer la pandemia, esta vez originada en Asia. Habrá amenazas de modo que algún día fuerzas políticas menos prudentes e irresponsables "apliquen brutalmente los principios libertarios", con total desprecio por la asistencia social (Dominique Moisi) y las medidas de mitigación, favorecedoras de la protección de las personas. Al lado de la proposición multilateral del contrato internacional postcovid-19, igualmente se impone la necesidad del "Gran Estado" durante este círculo de la pandemia, quien debe ser el llamado a asumir la casi totalidad de los riesgos sobrevenidos, sea respaldando las empresas privadas y las familias, incentivando la inversión, la producción, el consumo y el empleo (Dominique Moisi). Valga retomar en el centenario del Papa (San) Juan Pablo ll parte de sus llamamientos, en cuanto al rol de los Estados y de los Poderes Ejecutivos de gobernar bajo referencias éticas, colocando el bien común por encima de cualesquier consideraciones ideológicas y transitorias. Por eso, si los gobiernos avanzan demasiado en favor de la economía por sobre la salud pública, se arriesgan a que una segunda oleada de la COVID-19 genere consecuencias devastadoras para ambas (Moisi, ídem). COMPARTIR UNA VISIÓN DE SEGURIDAD HUMANA. El aumento de los contagios tenderán a acentuarse en las naciones meridionales o en desarrollo, a la falta de infraestructura hospitalaria, sanitaria, de salud y las dificultades de acceso que arrastran las poblaciones vulnerables - los sectores mayoritarios de bajos ingresos, los adultos mayores y las minorías étnicas - . Lo antes dicho habrá de justificar un tratamiento especial a favor de las naciones de bajas rentas y de desarrollo tardío. De los primeros objetivos que la ONU habría de imponerse se relaciona con el respaldo a las tesis, que rondan a nivel de la política multilateral, orientadas a aliviar el pago de los servicios de la deuda pública, por cuanto ellas han visto deterioradas sus finanzas públicas. Solamente en América Latina para cubrir el déficit y las amortizaciones de deuda hubo un incremento de un promedio de 5,5% del PIB en el 2019 a 9,5% del PIB en el 2020, dadas las exigencias derivadas en atacar la pandemia (Luis Carranza -CAF-). Asimismo, se han identificado ingresos perdidos, sea la reducción de remesas, enviadas por emigrantes a sus países de origen -; la desaceleración de la actividad productiva y el consumo, así como las desinversiones, el desempleo, fenómenos ya acumulados en el periodo "prepandémico" (Mohamed A. El-Erian). Se pronostica que las economías emergentes y en desarrollo se reducirán entre el 20% y el 40% en el segundo trimestre del presente año (Ricardo Hausmann). Al menos 14 millones de personas podrían pasar hambre a consecuencia de "la inseguridad alimentaria" , de acuerdo con las proyecciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Una causa transitoria de todo lo anterior reside en el confinamiento de la gente, practicado por casi todos los países, "el cual en diferentes casos resulta impopular, sobre todo en aquellos en los cuales había habido serios tropiezos y desajustes económicos y financieros antes de la pandemia". De prisa, la mayoría de los gobiernos intentan atenuarlos, aplicando "medidas de estímulos económicos y de flexibilización", compensaciones y seguridad social, en aras de la protección de la salud y la vida de las personas. En el caso particular de las consecuencias del coronavirus en América Latina, cabe señalar que ha lastrado la economía regional, la cual este año podría contraerse el 5,3% (Organización de las Naciones Unidas - ONU -). Puede que la región salga de la pandemia más endeudada, con mayor pobreza, con alto desempleo (CEPAL), expuesta a los desasosiegos sociales, así como al reimpulso de la economía subterránea, en particular la narcoactividad, quien está en condiciones de sacar provecho de los efectos negativos del confinamiento sobre las empresas, el desempleo y del hambre; de ahí la necesidad de superar tan rápido la transmisión del covid-19. Parafraseando el pensamiento de la abogada internacionalista Anne-Marie Slaughter, quizás los posibles efectos de tal complejidad criminal haga que Estados Unidos de América, China y la misma Unión Europea dejen de usar la pandemia para insuflar antagonismos, y reconozcan que dotar de seguridad humana al mundo rezagado equivale a garantizar la propia seguridad nacional de ellos. Los países en desarrollo, en particular los altamente endeudados, además de tales urgentes condiciones financieras y colaborativas, las que requieren arreglo y reestructuración realistas, siempre habrán de serles imprescindibles las alianzas bien equilibradas con los Estados de mayor desempeño político y económico, también las uniones con concientes Estados de alto nivel de desarrollo, contemplándose los más diversos ámbitos de la cooperación y la asistencia para el desarrollo: el reforzamiento de la reducción de la pobreza y las redes de seguridad y protección social - , en cuenta los nexos económicos justos. Sin embargo, la profundización de la democracia y del Estado de derecho, en la práctica del buen gobierno, el ejercicio de los derechos humanos en las sociedades política y civil, han de interactuar a modo de "condicionalidades", en lo tocante a avanzar en las alianzas cooperativas, sustentadas en los mercados abiertos al comercio, la inversión, la movilidad de los factores de la producción, así como en la variedad de la tecnología y las comunicaciones de última generación. EN CAMINO A UN RIESGO IRREVERSIBLE. En la geopolítica ha resurgido la rivalidad y el choque ideológico, estratégico, entre el autoritarismo de China y el de sus socios aliados: la Rusia del cuasidictador Vladimir Putin, e Irán, quienes redoblan su propaganda desinformativa (fake news) contra las democracias liberales de Occidente, calificándolas a través de sus recursos mediáticos de incompetentes y corruptas, igualmente fabricando teorías conspirativas (Philip N. Howard), al extremo que esos tres miembros de dicha "sociedad autoritaria" apenas ofrecen reportes falseados de la realidad de la emergencia del Covid-19, similar a Nicaragua, en un contexto distinto, en donde la satrapía de los Ortega y Murillo ocultan el genocidio viral. La política exterior aislacionista, seguida por el Presidente estadounidense Donald Trump, ha hecho reducir el poderío de los Estados Unidos de América, como rector dominante de la globalización. Permite que “la nación abdicara de su rol tradicional”, geopolítico, en lo atinente a impulsar la mayoría de los instrumentos de cooperación (Carl Bildt) y de seguridad global, aun cuando la moneda del dólar ejerce el rol central dentro del sistema económico mundial. Acorde con tales visibles grietas y ambigüedades en la arquitectura del sistema multilateral, es que el politólogo francés Dominique Moisi reconoce "que todo esto sugiere que el mundo puede estar tornándose apolar, en vez de bipolar", y menos aún multipolar, nos atrevemos a sugerir, al tenerse demostrados los desaciertos domésticos y externos, tanto de las potencias tradicionales como de las emergentes. La teoría de Moisi tiene validez, por cuanto resulta innegable que destaca un espécimen notable, bastante definido en su estrategia, sea la República Popular China, fundamentada en el rígido patrón de "partido único, así como en la "praxis" de "capitalismo autoritario". El gigante asiático estaría lejos de convertirse en un socio auténtico e integral de Europa en términos normativos (Joschka Fischer), y tampoco de la civilización occidental en general. El régimen chino, regido por el dogmático nacionalista y radical el Presidente Xi Jinping, aspira que sus aliados se sometan a su poderío económico y tecnológico - lo han demostrado en África - , bajo una especie de dudosa "diplomacia generosa", sobre la cual hoy intenta maquillar sus desatinos e irresponsabilidades en la propagación mundial del virus. La desorientación y vacíos del sistema global los intenta "rectificar" la República Popular China. De acuerdo con "la visión" de la potencia asiática, las democracias liberales, guiadas por el supuesto “declive" de Estados Unidos de América, son incompetentes y disfuncionales. Motivo por el cual Pekín trata de exportar, especialmente en el mundo en desarrollo, el carácter centralista, totalitario, "pragmatista y eficientista" de su régimen impositivo; para Xi Jinping, el motor del dinamismo comercial y de inversiones atribuido. En el Brasil, gobernado por el ultraderechista Jair Bolsonaro, se importó, quien, paradójicamente, pareciera haber moldeado el país con similares bases políticas de dicho modelo autocrático. Tal sistema de nación antidemocrática y represivo "de murallas informáticas", lo consolida todavía más el Partido Comunista y el Presidente Xi Jinping, tan de naturaleza expansionista, el que siembra profunda desconfianza en el Occidente liberal. Se presume que los ciberataques provienen de Pekín, hecho casi constatado por Australia, alejada diplomáticamente del Gobierno de Xi, porque sigue demandando una investigación independiente, a efecto de constatar el origen del virus del Covid-19 en la ciudad de Wuhan. Tras la aparición y propagación del coronavirus, que en menos de seis meses dejó más de 8.200.000 infectados y casi 450.000 muertos, China quedó en el foco de la polémica luego de haber ocultado el verdadero alcance del Covid-19 en el inicio de la pandemia. Por eso, el régimen de Xi Jinping necesita “limpiar” su imagen. Así es como decidió impulsar la llamada “diplomacia de las mascarillas”, "magnificando su poder", a la vez que logra aprovecharse del imperante caos internacional, provocado por el coronavirus (Gustavo Sierra - INFOBAE). Una iniciativa que, aunque se pretende mostrar como un gesto de solidaridad en momentos en que todo el mundo está sufriendo las consecuencias del coronavirus, tiene un oscuro trasfondo: millones de artículos sanitarios fueron enviados en mal estado y defectuosos, según lo han confirmado varias naciones europeas (INFOBAE). En el orden de la competencia ideológica y geoestratégica desencadenada, con las guerras comerciales y arancelarias, las políticas equivocadas en contra de la diplomacia multilateral y demás acciones intransigentes antichinas, decidió responder Donald Trump, el Presidente de Estados Unidos de América (EEUU) - el coloso democrático de Occidente - . La pandemia del Covid - 19 la empleó con tal de agravar la confrontación ideológica y geopolítica frente al Gobierno chino de Xi. Lo acusa de negligente en lo concerniente a evitar la propagación; con los ataques intenta reforzar su campaña hacia la reelección presidencial. Recursos elusivos y acentuados que le son sumamente útiles, habida cuenta de la pésima administración del Partido Republicano frente a la escala mortal de la pandemia del Covid-19 en la Unión Americana; en tanto que el sistema sanitario de esa nación resultó deficiente, en lo que respecta a reducir la agresividad del virus que enfermó a miles de habitantes. Lo que luego vino a opacar aún más su prestigio internacional en el proceso de crisis (Dominique Moisi). El recrudecimiento de las sucesivas reyertas raciales de este año, los asesinatos de personas afroamericanas en manos de los cuerpos policiales, se pliegan gravemente al supuesto declinamiento de la Unión, lo cual incide negativamente en la popularidad de su gobernante, a quien la reelección hacia un segundo período se deja ver lejana. Al otro lado del Océano Atlántico ha habido rupturas institucionales en detrimento de la solidez o vigencia del proyecto integracionista de la Unión Europea, tal como el BREXIT; semejantes y tensas manifestaciones de carácter racial la sacuden con frecuencia. Los desconcertantes estallidos ultranacionalistas y antimigracionistas, los partidos políticos de extrema derecha y neofascistas los patrocinan de forma activa, arriesgan la estabilidad y seguridad de los sistemas democráticos liberales de Europa. Turbulencias que caen bien al "iliberalismo" dominante en Rusia, así también al régimen totalitario de la República Popular China, guiada esta vez por el Presidente Xi Jinping, éste alejado de las delgadas corrientes de reforma o moderación ideológica, impulsadas por sus antecesores. Ciertamente, tales implosiones sociales, padecidas por el viejo continente y la sociedad estadounidense, distan de restarles méritos en sus posiciones de real liderazgo en la civilización occidental, en caso que siguiera ascendiendo la China Popular en las relaciones internacionales (Fischer, ídem), en simultaneidad con los intereses y pretensiones geopolíticas del "Oso Ruso" de recuperar el poderío, ostentado en la pasada Guerra Fría. Los pensadores liberales concentran sus energías en atacar el totalitarismo y el autoritarismo del sistema político de Pekín, en particular su expansionista política exterior y comercial de China, igualmente el objetivo suyo de elevar "su poder de atracción", empleando su activa propaganda mediática. Lo nivelan "al rango de amenaza geopolítica existencial", sobre todo con las reelecciones indefinidas del radical Presidente Xi Jianping, quien controla de modo absoluto el partido leninista de su país, al que quiere levantar como única superpotencia global. Lo cual encantó extrañamente al Presidente costarricense Oscar Arias Sánchez y su séquito, después en su segundo gobierno decidió romper, de forma vergonzosa, las relaciones diplomáticas con la democrática Taiwán. Arias Sánchez prefirió vínculos formales con una nación, avasallada por un indeseado sistema totalitario, quien ha sido incapaz de borrar la masacre de estudiantes en la plaza de Tiananmen en 1989; a un país censurado por evitar hacer referencia a sus propios atropellos, como el racismo contra extranjeros negros en la ciudad de Cantón, lo que motivó en abril pasado la queja de varios gobiernos africanos; que rehúsa a responder las duras críticas, recibidas desde el exterior sobre el trato discriminatorio y violento contra los cristianos, las minorías en Tíbet o en Xinjiang, hogar de la etnia musulmana uigur (Diario "El País", España). ¡Cosas veredes amigo Sancho! EN LA PERSPECTIVA DE LA SEGURIDAD HUMANA El aumento de los contagios tenderán a acentuarse en las naciones meridionales o en desarrollo, a la falta de infraestructura hospitalaria, sanitaria, de salud y las dificultades de acceso que arrastran las poblaciones vulnerables - los sectores mayoritarios de bajos ingresos, los adultos mayores y las minorías étnicas - . Lo antes dicho habrá de justificar un tratamiento especial, a favor de las naciones de bajas rentas y de desarrollo tardío. De los primeros objetivos que la ONU habría de imponerse se relaciona con el respaldo a las tesis, que rondan a nivel de la política multilateral, orientadas a aliviar el pago de los servicios de la deuda pública, por cuanto ellas han visto deterioradas sus finanzas públicas. Solamente en América Latina para cubrir el déficit y las amortizaciones de deuda hubo un incremento de un promedio de 5,5% del PIB en el 2019 a 9,5% del PIB en el 2020, dadas las exigencias derivadas en atacar la pandemia (Luis Carranza -CAF-). Asimismo, se han identificado ingresos perdidos, sea la reducción de remesas, enviadas por emigrantes a sus países de origen -; la desaceleración de la actividad productiva y el consumo, así como las desinversiones, el desempleo, fenómenos ya acumulados en el periodo "prepandémico" (Mohamed A. El-Erian). Se pronostica que las economías emergentes y en desarrollo se reducirán entre el 20% y el 40% en el segundo trimestre del presente año (Ricardo Hausmann). Al menos 14 millones de personas podrían pasar hambre a consecuencia de "la inseguridad alimentaria" , de acuerdo con las proyecciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA). Una causa de todo lo anterior reside en el confinamiento de la gente, practicado por casi todos los países, "el cual en diferentes casos resulta impopular, sobre todo en aquellos en los cuales había habido serios tropiezos y desajustes económicos y financieros antes de la pandemia". De prisa, la mayoría de los gobiernos intentan atenuarlos, aplicando "medidas de estímulos económicos y de flexibilización", compensaciones y seguridad social, en aras de la protección de la salud y la vida de las personas. En el caso particular de las consecuencias del coronavirus en América Latina, cabe señalar que ha lastrado la economía regional, la cual este año podría contraerse el 5,3% (Organización de las Naciones Unidas - ONU -). Puede que la región salga de la pandemia más endeudada, con mayor pobreza, con alto desempleo (CEPAL), expuesta a los desasosiegos sociales, así como al reimpulso de la economía subterránea, en particular la narcoactividad, quien está en condiciones de sacar provecho de los efectos negativos del confinamiento sobre las empresas, el desempleo y del hambre; de ahí la necesidad de superar tan rápido la transmisión del covid-19. A tono con la prevención de esta clase de crimininalidad, y parafraseando a la abogada internacionalista Annie Marie Slaughter, valdría la pena que las grandes potencias planetarias tales como los Estados Unidos de América, China Popular y la Unión Europea dejen a un lado los antagonismos geopolíticos entre sí, y en vez de ello se decidan a universalizar los programas de seguridad humana, destinados a producir condiciones de bienestar a las poblaciones empobrecidas del mundo en desarrollo, lo que habrá de garantizar a cada una de ellas su propia seguridad nacional. Los países en desarrollo, en particular los altamente endeudados, además de tales urgentes condiciones financieras y colaborativas que requieren arreglo y reestructuración realistas, siempre les será imprescindibles las alianzas bien equilibradas con los Estados de mayor desempeño político y económico, también las uniones con concientes Estados de alto nivel de desarrollo, contemplándose los más diversos ámbitos de la cooperación: el reforzamiento de la reducción de la pobreza y las redes de seguridad y protección social - , en cuenta los nexos económicos justos. Sin embargo, la profundización de la democracia y del Estado de derecho, en la práctica del buen gobierno, el ejercicio de los derechos humanos en las sociedades política y civil, han de interactuar a modo de "condicionalidades" en lo tocante a avanzar en las alianzas cooperativas, fundamentadas en los mercados abiertos al comercio, la inversión, la movilidad de los factores de la producción, así como la variedad de la tecnología y las comunicaciones de última generación. LAS AMENAZAS ACERCA DE LA APLICACIÓN DE SANCIONES CONTRA CHINA. Líneas arriba afirmamos que al intensificar su retórica de declaración de guerra comercial arancelaria a China (Kenneth Rogoff), con ello a Trump se le facilitaría el desviar la atención de sus desaciertos en la administración doméstica de la crisis del coronavirus, en medio también de los agravantes de sus posturas ácidas frente a las reyertas raciales. Él mismo continúa minimizando los efectos contagiosos del coronavirus, al igual que ignora el inexorable avance del calentamiento climático. El jefe de la Casa Blanca, en el curso de su interés por la reelección presidencial, tiene la fortuna de señalar con alto grado de razón un enemigo externo. Ha amenazado con envenenar o romper "toda relación bilateral con China, a causa de la crisis sanitaria, la plaga china", como la llama. Advierte que el gigante asiático silenció científicos, periodistas y otros expertos en virología, tras acusarla de promover desinformación sobre el virus (Nina Khrushcheva). Así lo hizo en el 2003 durante la emergencia del síndrome respiratorio agudo severo (SRAS), lo que también agrió los vínculos de los hongkoneses con el Gobierno de China continental. Según el Presidente chino Xi Jin-ping, su país derrotó al covid-19, se declaró en victoria. Aunque de las informaciones de China es poco lo que se puede confiar, a diferencia de casi todas las democracias liberales, quienes con base en sus valores políticos ni se resisten en difundir las lamentables estadísticas sobre el coronavirus. Bien lo destaca el exministro de relaciones exteriores de Israel, Sholomo Ben Ami: "ni siquiera a ese régimen autocrático se le pueden considerar como válidas las estadísticas oficiales del Producto Interno Bruto (PIB) chino", entre otros indicadores económicos y sociales. En tal comportamiento calza la soberbia "de sentirse ganadora" en el ranking global de manejo de la pandemia y en la competencia por quién liderará la revolución científica y tecnológica del Siglo XXl (Gustavo Sierra - INFOBAE -). Las acusaciones no se limitan allí. Trump acusa a Pekín de haber espiado y robado datos de sus investigaciones sobre una vacuna contra el covid-19 - Australia acaba de lanzar igual reclamo a la potencia asiática - . Probablemente, cuando el 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia de covid 19, era ya demasiado tarde para contenerla, "aunque de hecho "la reacción confusa y vacilante de los Estados Unidos de América y de la misma Europa empeoraron la propagación, o la internacionalización del virus" (Carl Bildt), esto por lo interconectado del mundo. De igual forma, el presidente estadounidense Donald Trump lanzó un ataque contundente contra China, acusando al país asiático de "fechorías", que van desde el espionaje industrial hasta la violación de las libertades de Hong Kong - una metrópolis financiera -, por lo que anunció una serie de medidas de represalia que "envenerarán" aun más las relaciones entre Estados Unidos de América y China. Una crisis que sí es sinónimo desglobalización. Acusó al Gobierno de Pekín de “reclamar ilegalmente territorio en el Océano Pacífico”, amenazando la libertad de navegación. El mandatario estadounidense también criticó a Beijing por aprobar una represiva ley de seguridad nacional, que socava fundamentalmente la autonomía de Hong Kong. Anunció que en el futuro, Estados Unidos de América tratará a Hong Kong de la misma manera que trata al resto de China continental. Trump expresó que Estados Unidos despojará a Hong Kong de las medidas especiales de política sobre extradición, comercio, viajes y aduanas, las que Washington le había otorgado anteriormente. Alegando que China tiene “control total” sobre la Organización Mundial de la Salud (OMS) fue "indulgente" e inerte ante "el secretismo" del gobierno de Pekín en el inicio de la pandemia, amenazó a la vez con el retiro de su nación de la OMS, convertida en escenario de un nuevo capítulo de su competencia geopolítica (Periódico La Nación, Costa Rica); incluso en un momento en que la pandemia mundial del coronavirus continúa cobrando vidas. Dicha organización, de quien dependen los países de menores rentas, cuenta con 194 estados miembros, la cual opera con los fondos mayoritarios de Washington. "En tiempos de guerra contra el covid-19" , como así lo llamó el mandatario Republicano, en efecto suspendió los fondos estadounidenses asignados a dicha Organización, había desembolsado en el 2019 un monto de $400 millones. La decisión cuestionable del mandatario norteamericano, la ha sabido suplir China, quien a pesar de la contracción económica que experimenta, "se inclinó en ofrecerle asistencia financiera por un monto de $2000 millones en el curso de dos años, para renovarla en el curso del coronavirus". Concatenado a los señalamientos del Presidente Trump contra el dudoso comportamiento internacional de la China de Xi Jinping, se suma otro no menos tenso: los ejércitos de Pekín y la India están sumidos en crispaciones militares, a causa de la indefinición de límites fronterizos en los altos del Himalaya, igual que en la región de Cachemira. El gobierno indio acaba de reportar que en el territorio nacional más de 20 soldados fueron asesinados, a costa de una incursión de parte de las fuerzas militares chinas. Por lo tanto ha amenazado con una dura respuesta. O sea, ha habido una cadena de eventos, que colocan en mal predicado el nacionalismo expansionista, adoptado por la dirigencia de la China Popular. EL COROLARIO HONG KONG. En su discurso anti - Pekín, Trump subrayó que Estados Unidos también tomaría medidas en otros frentes, incluida la prohibición de que “ciertos ciudadanos extranjeros de China”, visas de estudiantes, ingresen al territorio de la Unión Americana; se sancione a los funcionarios en China y Hong Kong por su papel directo o indirecto en “sofocar” las libertades de la ciudad financiera. Según sus palabras: “hemos tocado el fondo y seguimos cayendo a través de él”. Tales arremetidas habrán de contar con el apoyo bipartidario en el Congreso de los Estados Unidos de América. Algunos comentaristas políticos señalan que Beijing podría devolver el golpe, tal que perjudicaría a las empresas estadounidenses. Irónicamente, sería más impactante para el comercio, si China respondiera con una escalada y una toma de control forzosa de la política comercial de Hong Kong”. Si Beijing pudiera de alguna manera extender sus aranceles de represalia, eso tendría un mayor impacto, ya que Estados Unidos de América exporta más de $US 30.000 millones al año al pequeño territorio insular. (Nicole Gaouette, Maegan Vazquez. CNN). Con todo, la Casa Blanca anunció la retirada del estatus especial que concede a la antigua colonia británica. Valga ahondar en las contradicciones entre el Gobierno de China continental y el pueblo hongkonense, quien en su mayoría condena la posición injerencista en su territorio autónomo del Presidente Xi Jinping, en cuenta sus yerros alrededor del control de las pandemias del SRAS y más recientemente el Covid-19. El Congreso de los Estados Unidos de América había emitido una ley bajo la cual el trato comercial preferencial, el que posee Hong Kong con Washington, está supeditado a que la ciudad mantenga su autonomía, hecho que Pekín prometió cuando el Reino Unido devolvió el territorio a China en 1997 (AFP), lo que al mismo tiempo le ha servido a ésta interconectarse con el capitalismo global. Con la aprobación de la ley de seguridad nacional de China, el Congreso y el Presidente Trump deja de considerar a territorio autónomo a la excolonia. El descontento diplomático y político proviene también del Reino Unido, quien le otorga a un grueso de la población hongkonesa beneficios en materia de pasaportes, lo cual se le permite visitar esa nación europea hasta por seis meses sin necesidad de visa (Jaime Daremblum). Por su parte, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha intentado abordar los abusos chinos contra la autonomía de Hong Kong, lo cual el régimen chino califica como "interferencia", bloqueando cualesquier debates (Daremblum, ídem). Los movimientos antichinos en la ciudad insular, susceptibles de una invaión del ejército de Pekín, cuentan con el respaldo internacional. 512 parlamentarios y autoridades jerárquicas de 32 países han firmado una declaración en apoyo al pueblo hongokonés (Chris Patten), en cuenta la Unión Europea, Australia, Canadá. En la próxima reunión del G7 la cuestión de esta ciudad grandiosa, libre y dinámica será objeto de discusión. Taiwán, a quien China considera, también, parte de su territorio, aprobó un plan para ofrecer asilo a las personas que deseen huir de la ciudad autónoma (Daremblum, ídem). Y es que Trump demanda a China para que cumpla con sus obligaciones internacionales y que respete el alto grado de autonomía referido dentro del periodo estipulado entre 1997 y el 2047, según lo acordado con Gran Bretaña. Obviamente, la contundente derrota de los oficialistas prochinos en las elecciones municipales de noviembre de 2019, posiblemente serán derrotados en las próximas elecciones del Consejo Legislativo en setiembre del 2020, elevaron los resquemores de Pekín frente a los prodemocracia hongkoneses, quienes (junto con los británicos) cayeron en la trampa de haber confiado que el Partido Comunista chino, el poder central, llegaría a respetar la amplia autonomía liberal de la isla - ciudad en comparación con el control totalitario sobre el resto del territorio continental chino; y que además habría coherencia con el postulado "un país, dos sistemas", pregonado engañosamente - ya totalmente desacreditado - por el establishment chino. El postulado aquel por el cual se basó la devolución por parte de la Gran Bretaña, teniéndose presente que los habitantes gobernarían soberanamente la excolonia durante 50 años, es decir, hasta el 2047. Asimismo, quedó en firme que el pueblo autónomo habría de disfrutar de todas las libertades democráticas, propias de una sociedad abierta (Chris Patten), pero inexistentes en el resto del continente. Todo ello se había consignado en ese acuerdo por el que a partir de 1997 traspasaron a China dichos territorios colonizados, un arreglo establecido en la Declaración Conjunta firmada de 1984, equivalente a un tratado entre China y el Reino Unido, el que por cierto el autócrata XI Jinping, quien detesta todo lo que suena a democracia liberal y derechos humanos, pisotea con la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional que daña a Hong Kong. Bajo la complicidad de las autoridades locales hongkonesas, aliadas de Pekín, el pasado 28 de mayo la Asamblea Popular China (el congreso que responde a la línea marcada por el PCCH, absolutamente controlado por Xi) aprobó la tal "ley de seguridad nacional", la que criminaliza, efectivamente, la disidencia contra Beijing en el territorio insular, quien, con la ley, será una ciudad más del "capitalismo autoritario", moldeado por Xi. A través de ella se controla allí “la posible secesión, la subversión, el terrorismo y la interferencia extranjera”. A la vez se aplicará la ley para detener los disturbios antigubernamentales y la agitación prodemocrática,. Ni el coronavirus los ha podido contener, esos que sacuden a Hong Kong desde hace más de un año, cuando se intentó imponer la ley de extradición, La reciente "de seguridad nacional" podría extenderse también a la isla de Taiwán, a sabiendas de las ambiciones imperialistas del Presidente chino Xi Jinping, quien podría proponerse el invadir esa “provincia rebelde”, así llamada por el Partido Comunista, del que ahora es “dueño” Xi Jinping. Eso sí, las fuerzas militares continentales suyas podrían llevarse una inesperada sorpresa; los taiwaneses han previsto y calculado la eventualidad del escenario de guerra, para ello se han preparado en su condición de pueblo libre e independiente. A LAS PUERTAS DE UNA SEGUNDA GUERRA FRÍA. Por su parte, China se regocija ante el caos en la única superpotencia global, específicamente, a causa de la confusa gestión de la Casa Blanca frente a las protestas antiraciales y los excesos de los cuerpos policiales. Pekín considera que la represión de las manifestaciones deja sin legitimidad las exigencias de Washington sobre Hong Kong ( Macarena Vidal Liy. El País, España). Un panorama que llega cuando las relaciones entre los dos países se encuentran en su momento más bajo en décadas, y los choques son constantes, tal como lo hemos señalado. La crisis del Covid-19 reactivó aun más el choque (Shlomo Ben Ami) geopolítico, tanto así que cada uno "se autoproclama como el mejor para enfrentar la pandemia". En esta línea, Pekín ve una oportunidad única, creada a partir de la pandemia: su expansión geopolítica. Por eso, las naciones de América Latina y el Caribe - nuevo epicentro de la pandemia - , África, el mismo Medio Oriente y zonas del Asia - todas ellas con su pobreza crónica y necesidades estructurales, y sus Gobiernos desapegados a las leyes-, figuran entre sus principales planes (Laureano Pérez Izquierdo). Probablemente expandirá su presencia comercial e influencia política en dichas regiones. Así lo puso en evidencia el diario South China Morning Post (SCMP), propiedad de Jack Ma, fundador de Alibaba, la réplica china de Amazon. Ma fue, además, uno de los promotores de la “diplomacia de las mascarillas", con la que el Gobierno pretendió limpiar su demacrada imagen, producto de su pésima gestión del brote del coronavirus. El Gobierno de China supone que hay rasgos de una Guerra Fría (AFP) frente a la tendencia del poder unilateral de Estados Unidos de América. Denuncia que se está "estigmatizando" a China, país en donde inició la pandemia a finales del año pasado. Los ataques del Presidente Trump contra China se convierten en el principal puntal de su campaña hacia la reelección en noviembre del 2020, al mismo tiempo que ha fabricado una especie de competencia o rivalidad ideológica contra el gigante asiático. Dentro de lo cual la producción de la vacuna acerca del Covid-19 tampoco se escapa de tal antagonismo: un preocupante salto a la aproximación a una Guerra Fría entre ambas potencias globales, con el riesgo implícito de conducir a una Guerra Caliente "limitada o relativa", máxime que Xi Jinping, presidente desde el 2013, comenzó a alimentar el dogma del nacionalismo tanto fuera como dentro del extenso territorio. Las acusaciones estadounidenses son rebatidas abiertamente por el gobierno chino, quien, antes evitaba entrar en complicaciones con Washington; por lo pronto los reclamos mutuos han puesto en peligro el acuerdo comercial parcial de ambas potencias, alcanzado en enero pasado, el cual tuvo el carácter de tregua en la guerra arancelaria. "Se ahorraría la Unión $500.000 millones si se cortan los intercambios económicos", manifestó Trump con su desagradable ironía, reflejo de la tirantez de las relaciones chino - estadounidenses. Todo lo cual pone en serios aprietos las relaciones económicas, comerciales y los flujos de inversiones, bajo el agravante de la inminente y profunda recesión global, de "complicados episodios, así como el avance de la incertidumbre desatada por el covid-19, el que provoca volatilidades extremas en los mercados financieros ". El desplome de la demanda mundial de petróleo viene a acelera la recesión, al pronosticarse que el consumo global de combustibles líquidos tendrá un promedio de 92,6 millones de barriles diarios ( b/d) en el 2020, una disminución de 8,1 millones de b/d, comparado con el 2019 (José A. González Anaya). Dicho esto, se hacen imprescindibles los estímulos fiscales, sin precedentes, para la recuperación económica, en un entorno internacional, donde los consumidores cambian sus estilos de vida, diferentes a los anteriores de la pandemia. La inseguridad creciente de enfrentar nuevos brotes de infecciones, obligará a los confinamientos, a cerrar otra vez los mercados de bienes y servicios, a la casi paralización de los vuelos comerciales y el turismo, a menos que exista una inmediata cura o vacunas efectivas (AFP). Eventual “Guerra Fría” y rebrote del Covid-19, qué más habrá. Confiemos que Donald Trump será el perdedor en los próximos comicios generales de noviembre del año en curso. Suponemos que a China le recaerá en la postpandemia un cúmulo de culpas y ácidas exigencias, correlacionadas con los pulsos geopolíticos, en los cuales las democracias occidentales habrán de cumplir su rol persecutor. Dicho sea verdad, se le podrían exijir al gigante asiático el pago de reparaciones, dado el pésimo resultado suyo en el manejo de los inicios de la pandemia; se abstuvo de asumir sus responsabilidades en las esferas de la cooperación global (Mohamed A. El-Erian). Tampoco se puede descartar el uso de herramientas, del tipo económico, con tal de sancionar a China, lo que acarrearía mayor fragilidad a la economía global, en particular a las cadenas de suministros globales, en lo cual "China es impulsor nato". Esto mismo iría en detrimento de los mecanismos jurídicos multilaterales de soluciones de las controversias comerciales, lo cual desencadenaría inseguridad política y económica. EL COVID-19, CAPAZ DE REIVINDICAR O MINIMIZAR LÍDERES POLÍTICOS Y POTENCIAS GLOBALES. Venido a menos como poder emergente, Brasil enfrenta contradicciones internas entre los poderes regionales y el Presidente Jair Bolsonaro, quien rechaza el confinamiento y las medidas internacionales frente al covid. Lo emuló el propio Primer Ministro británico Boris Johnson - el anti Unión Europea (UE) -; en ambos hubo negación e incredulidad frente la gravedad del virus; contradijeron las advertencias científicas de los expertos, por lo que continúan registrándose miles de connacionales fallecidos. Esa misma postura la asume Donald Trump, la nación estadounidense registra más de 120.000 víctimas, lo cual ha hecho que la reelección se le muestre cuesta arriba, según las últimas encuestas. Aparte que él ha sido el responsable de devaluar, de modo peligroso, la hegemonía estadounidense en la esfera internacional, al seguir primitivos cursos de acción unilaterales, aislacionistas y revanchistas. Pero, sobre todo, la pandemia confirma el ascenso de Asia —no tanto de China— y la caída de Occidente, especialmente el debilitamiento de Estados Unidos de América (EEUU), merced a la arrogancia de Donald Trump. Sin embargo, no implicará que China sea la portadora de la antorcha mundial, con todo y sus iniciativas internacionales, tal como la Nueva Ruta de la Seda (BBC Mundo). La COVID-19 "también fue implacable en exponer sus fallas" explícitas, "incluida la falta de transparencia de su gobierno" (Moisi, ídem), además de la irreversible deriva ultra-totalitaria y nacionalista del régimen chino, lo cual origina distanciamientos, hasta poco pacíficos. Allí, el brote dio lugar a un dramático "colapso económico" durante el primer trimestre de 2020, por lo que el país aún "es vulnerable a una segunda oleada de la pandemia". Lo otro es que el Partido Comunista de China decidió eliminar el límite de dos mandatos para el Presidente Xi Jinping, una resolución que le permitirá al actual mandatario conservar el poder más allá de su segundo período, el que terminaría en el 2023. Todo hace presumir que Xi se convertirá en el líder más poderoso de la nación (o sea, en Emperador) desde los tiempos de Mao Zedong, el fundador de la República comunista (BBC Mundo), un factor que pone a sospechar a Occidente acerca de la estatura moral de los intereses monolíticos y perseverantes, de una potencia ávida de moldear a su antojo las relaciones internacionales. La India puede ser una potencia que con múltiples desventajas se asoma a conquistar una relevante posición internacional; estremecida por el coronavirus, la profunda pobreza, el hacinamiento humano, la fragilidad sanitaria, el aborrecible sistema de castas, esto mismo la tornan altamente vulnerable. Al cabo que las particularidades culturales y los intereses económicos proteccionistas y nacionalistas indios, los periódicos acercamientos con Rusia - el trauma europeo - la distancian lo suficiente de Occidente, en tanto que encuentra en China a un rival, con quien tiene serias disputas fronterizas irresueltas. Desdeñando los impactos del Covid - 19, hace unas semanas los ejércitos de China y de la India estuvieron sumidos en confrontación en lo alto del Himalaya, igual que en Cachemira, escenario también de antagonismos entre los gobiernos indios y los de Pakistán. Varias disputas territoriales entre China e India ha habido en el pasado: en 1962, 1967 y 1987, en donde la India llevó la peor parte. En las cuestiones religiosas, el populista primer ministro Narenda Modi ha enrarecido sus vínculos con las naciones árabes, al sancionar leyes discriminatorias (Dominique Moisi), perjudiciales a las poblaciones islámicas, residentes en la India, perseguidas por el nacionalismo religioso del gobierno de la singular nación sudasiática. Israel, la única democracia del Medio Oriente y con capacidad probada frente al coronavirus, en caso de que lograra resolver mejor la cuestión Palestina, habría de ganar mayor espacio como poder emergente en la etapa del postpandemia. De hecho, países como Egipto, los Emiratos Árabes, Arabia Saudita, la Turquía sin Recep Erdogan se han acercado, discretamente al Estado hebreo, a efecto de consolidar la paz y la seguridad en la región, habida cuenta que a la mayoría de las naciones árabes del Medio Oriente les causa fuerte recelo e incertidumbre el poderío militar y la influencia política, acumulada por Irán (enemigo común) en la región; una enemistad que por cierto acarrea diferencias religiosas. Por ello, Israel ha apadrinado la posición del Washington, quien adoptó la decisión de abandonar el acuerdo nuclear [2015], así también el mantener el embargo de armas contra el gobierno de Teherán, el cual tiene en la mira a Israel y Estados Unidos de América como sus acérrimos enemigos. Estos le han lastrado la injerencia suya en la guerra de Siria, nación tan abatida por la larga y desgastante guerra, la crisis humanitaria y ahora los efectos del Covid - 19. Recientemente, los funcionarios israelíes y sus pocos y solapados socios en el Medio Oriente han elevado las sospechas de que Irán podría estar explotando la pandemia de coronavirus, con tal de evitar algunas sanciones de los estadounidenses, y tras ello desarrollar aún más su programa de armas nucleares. Mientras tanto Angela Merkel, Canciller de Alemania con su estilo de comunicación sosegado, transparente, convincente, sin alejarse de los postulados democráticos liberales, ha contribuido en lograr una respuesta categórica a la emergencia, ocasionada por el virus, tal que la tasa de mortalidad terminó siendo baja (Shlomo Ben Ami), y así fortalecer la nación germana, como la principal potencia de Europa, el continente atacado severamente por la pandemia. A pesar de ser el país más poblado de Europa, Alemania ha registrado al menos una cantidad de muertes cuatro veces menor que sus principales pares en la Unión Europea (UE). Mientras que Merkel, quien hasta hace poco era percibida como una líder sin futuro, disfruta índices de confianza más elevados que los de cualquier otro líder del viejo continente (Moisi, ídem). Ella ha demostrado que un político puede ser consecuente con su pensamiento humanista y principios éticos —como hizo al abrir las fronteras alemanas a los inmigrantes en 2015— . Merkel y otros líderes políticos, entre ellos, Emmanuel Macron, el Presidente de Francia y Pedro Sánchez, Presidente de España, continúan siendo capaces de encontrar las respuestas correctas a los enormes desafíos que enfrentan con el virus y los desarreglos domésticos de la comunidad europea. En especial, han logrado un delicado equilibrio no solo entre proteger las vidas de sus ciudadanos y volver a poner en marcha las economías, sino también entre la libertad y la seguridad, a pesar de haber enfrentado brotes de ultranacionalismo o neofascismo, se esfuerzan en neutralizarlos, con base en la aplicación de los principios del buen gobierno democrático. Semejantes atributos los han reproducido los jefes de gobierno de Taiwán - "la provincia renegada", según China - , Nueva Zelanda y Corea del Sur. Esta última podría sobresalir como un nuevo líder en el Asia Oriental, con superiores credenciales ético políticos (democráticos), además de su vigorosa economía, esto con vistas a tomar ventajas sobre China y el mismo Japón. Seúl tiene todo a su favor para surgir como potencia regional, dada su sobrada "inteligencia emocional" en sus tratos delicados con los régimenes totalitarios de Corea del Norte y la propia China. Los votantes surcoreanos premiaron recientemente al partido gobernante del presidente Moon Jae-in con una mayoría parlamentaria absoluta, tras, los hasta ahora, exitosos esfuerzos de su gobierno en contener el coronavirus (Moisi, ídem). Igualmente, Finlandia, Dinamarca e Islandia han obtenido "resultados impresionantes". Allí los líderes demócratas se ganan la confianza de los ciudadanos, esto es un factor a su favor, en cuanto a la prolongación de la vigencia política de ellos y de sus formaciones partidarias. El repunte de Asia, el peligroso aislacionismo y unilateralismo de Estados Unidos de América, el fortalecimiento de Alemania en Europa, en conjunto estos tres cambios, "bien pueden prefigurar el mundo del 2030", en caso que los líderes políticos lleguen a superar la tragedia del Covid-19 (Moisi, ídem). Mención especial merece la Rusia del Presidente Vladimir Putin, otrora un imperio en la pasada Guerra Fría, pero hoy disminuida, hasta cierto punto, por la devastación económica, en este lapso de las consecuencias de la pandemia. Los únicos socios (cuestionados) en que la inteligente nación rusa puede confiar son China, Irán, Siria y algunas naciones árabes, igualmente sumidas en atascos políticos y económicos. El Presidente Vladimir Putin se aprovecha de la pandemia, con tal de eludir los límites constitucionales, que le permitirán, si gana el referendum, continuar en el poder hasta el 2036, según él, para recuperar el poder ruso en la sociedad global, así como lograr su continua estabilidad, a pesar de ser atacado a nivel internacional por la violación a los derechos humanos y represiones a los activistas y los movimientos de oposición (Nina Khrushcheva). Es su oportunidad "de sacar pecho como hombre fuerte" frente al enemigo invisible, o sea el Covid-19, y presentarse como el líder irremplazable. Este último hecho, el Presidente Trump lo pasa por alto. Más bien llega a ser extraña y farragosa la relación de él con Putin (el zar contemporáneo). Lo mueven posturas inexplicables, en oposición a su rotunda hostilidad frente a China, pues ahora intenta que el G7 (Estados Unidos de América, Alemania, Japón, Gran Bretaña, Canadá, Francia e Italia), el grupo de naciones aventajadas en cuanto a poder económico, readmita a Rusia, creando el disgusto de sus socios dentro del grupo, quienes en el 2014 expulsaron a Moscú, quien al saltarse la normativa internacional, procedió a invadir y anexionar Crimea a su territorio, tras enfrentamientos militares con Ucrania. La élite que rodea a Putin, quiere presentar a Rusia "como la salvadora del mundo", tal que proporcione ayuda científica contra el virus, entre esto, pruebas de detección eficaces y lo más fundamental, producir una vacuna (Nina Khrushcheva). En lo cual, según sus expertos, se "avanza a toda velocidad". Si Rusia lograra el éxito de la vacuna, posee eminentes científicos, el referendum sobre el liderazgo de Putin será reduntante e innecesario; el prestigio del Presidente repuntará a nivel internacional (ídem), quedará atenuada la innumerable cantidad de rusos muertos, a causa de las infecciones del virus. Estamos hablando de un líder ruso (Putin), astuto, frío, calculador, ex-miembro de la KGB, a quien jamás le tiembla el pulso, con tal de deshacerse de sus enemigos, y en su debido caso crear crispación con aquellas potencias con quienes rivaliza. La canciller alemana Angela Merkel aseguró tener “pruebas” de varios intentos “escandalosos” de pirateos rusos contra ella: "le hicieron daño" (Fuente: www.perfil.com). A manera de cierre de nuestro escrito, vale la pena citar un original documento del periodista Eduardo Ulibarri, publicado en el periódico La Nación (Costa Rica), el cual poderosamente nos llamó la antención. En él hace referencia a la tesis del biólogo Eugene F. Stoermer y el químico Paul J. Crutzen (otro ganador del Premio Nobel), quienes dieron legitimidad científica al anuncio de "una nueva era biogeológica", a la cual designaron "Antropoceno". Esto para denunciar la arrogancia antropocéntrica. El periodista costarricense explica que el nombre procede de su hipótesis central: el impacto de la actividad humana en los procesos biológicos, geológicos y químicos del planeta es tal, "que nuestra especie se ha convertido en la mayor fuerza impulsora, dominante, de cambios planetarios cualitativamente sorprendentes", entre ellos el calentamiento global en los últimos cien años. Lo esencial de este punto de vista "es que la tesis de ambos científicos reconoce en los seres humanos un excesivo dominio, no solo sobre nosotros mismos, sino sobre la naturaleza planetaria contra quien nos rebelamos", e intentamos imponernos; "a nuestro juicio, más para mal que para bien". La arrogancia antropocéntrica es la ambición de dominio o de poder, por la cual "la raza humana llega a ser enemiga de sí misma". La falta de escrúpulos "lo pone al desnudo el cambio climático y el terrorismo, y la ineficacia en cuanto a la desatención a las pandemias", que partieron esta vez de Wuhan, una ciudad al interior de China, "un estratégico nodo de transporte, apodada la Chicago de China, por la variedad de sus conexiones con las cadenas mundiales de suministros y de la producción. Los centros e institutos académicos podrían comprometerse a profundizar en la tesis sobre "Antropeceno", comentada por el señor Ulibarri, pensamos que en ella hay cabida para la escuela del psicoanálisis y otros saberes humanistas, siempre de cara a enfatizar en la salud, la seguridad humana y la creación de oportunidades para los seres humanos.