lunes, 2 de diciembre de 2013

LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COSTA RICA: CONVERGENCIA DE DISTINTOS INTERESES SOCIALES.

LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE COSTA RICA: CONVERGENCIA DE DISTINTOS INTERESES SOCIALES.


Buena parte de las conclusiones de nuestros comentarios  destacan la solidez, el  sostenimiento y  la vigencia que manifiestan tener  las bases  dogmáticas y  orgánicas de la Constitución Política de Costa Rica,  la cual actualizó en 1949 la entonces existente, liberal, Carta Magna de 1871.  

Sean una comparación los argumentos políticos de la señora Michelle Bachelet,  expresidenta y actual candidata presidencial respecto a la apremiante necesidad de reformar, con aditivos socialistas de su propia denominación,  la Constitución Política de ese país.

Redactada en tiempos de la dictadura de Augusto Pinochet, de cuya influencia neoliberal se ha despojado parcialmente la sociedad chilena, la Carta, según el partido de la Concertación arrastra  la tesis de la  democracia guiada y “eficientista” a favor del funcionamiento del mercado sin restricciones.    

Resulta que en la culta y progresista nación suramericana el trauma de la dictadura militar es todavía  factor determinante de división, por la que interactúa  a la vez el irreconciliable bipartidismo, colocándose en medio de ello el cuestionamiento de la legitimidad de la Constitución Política.  Un fenómeno bastante sensible en el caso particular de una economía emergente como la chilena.

Es decir, esa nación todavía registra serias grietas en cuanto a cohesión social.  El desacuerdo  entre las dos fuerzas políticas preponderantes (la derecha y la izquierda) alrededor de la naturaleza y repercusiones ideológicas  de la Constitución Política, pone en entredicho la verdadera fortaleza de la institucionalidad formal (e informal), así como los arreglos políticos de ese país, cuya reconstrucción nacional,  tras la desaparición de la dictadura militar hace casi 25 años, ha traído consigo deficiencias en el sistema educativo, desigualdad social y  severos contrastes entre su envidiable crecimiento económico y las políticas de distribución de la riqueza.       

Entretanto, la  Constitución Política costarricense llegó a  ser una fórmula de justicia social en el contexto histórico de su confirmación (Iván Molina y Steven Palmer, 1997),  al igual que a  través de los tiempos ha sobresalido como  un factor jurídico y político de gobernabilidad,  con la suerte de que los distintos sectores políticos sobre la base de la Constitución liberal, se han interrelacionado (o transado) para tomar decisiones colectivas y solucionar conflictos, conforme a un sistema de normas y procedimientos (Jean Paul Vargas, 2007)  e institucionalidad abierta, dentro de lo cual se continúan formulando los particulares  intereses y las estrategias de persuasión.   

Justamente, los más altos grados de conflicto de Costa Rica han sido contenidos y procesados pacíficamente por la vía de la Constitución Política y el ordenamiento jurídico. Lo puso de manifiesto la  organización del referéndum popular, el cual, sin menoscabo de la gobernabilidad,  dio lugar a la aprobación del controvertido Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica y los Estados Unidos de América. 

Mediante el citado referéndum el gobierno,  los partidos políticos, los sindicatos, las cooperativas, las organizaciones académicas, las  cámaras empresariales, etcétera, emplearon sus “recursos de poder” y de movilización para dar como resultado una decisión, sustentada en  los principios de la democracia participativa, intrínseco en ello  “la obediencia cívica del pueblo”.

En nuestro país carece de sentido  la sugestiva y rimbombante aseveración de intentar otro “proyecto país”  empleado por no pocos foros nacionales, dizque para  incentivar “el  cambio social”, o retroceso, según nuestro criterio.    La universalidad y la profundidad de los fundamentos filosóficos y jurídicos  de la Constitución Política de Costa Rica, y de sus otras normas flexibles le han permitido su adaptación a los tiempos cambiantes.

La Carta Magna ha tenido la virtud de ayudarnos a prevenir complicadas fragmentaciones sociales, así como dotarnos de un Estado de derecho, capaz no sólo de concebir sistemas judiciales para guiar las relaciones económicas, políticas y los contratos privados y sociales, sino también como fórmula de control político, indispensable para atenuar y “autorregular”  los grupos de mayúscula influencia (Jean Paul Vargas, idem) tanto de la sociedad política, como  de la sociedad civil.    

Así entonces, nuestra democrática y pluralista Carta constitucional, como “expresión de vida política”,  ha refugiado a todas las tendencias o corrientes de pensamiento que salieron a relucir desde 1949.  

De ahí que sea un proyecto fallido la proposición de invocar  una nueva constituyente, puesto que todos los sectores y agentes políticos cuentan con peso real en ese gran texto nacional, garante de libertad y de derechos sociales e individuales fundamentales.  Y en política, renunciar al poder y a las reglas seguras que "entretejen el juego de los intereses" y los objetivos estratégicos son de los pecados capitales más graves.    

RONALD OBALDÍA GONZÁLEZ  (OPINIÓN PERSONAL)                                        

viernes, 22 de noviembre de 2013

Constantino Urcuyo Fournier escribió:

Constantino Urcuyo Fournier escribió:

La CIJ regaña a Daniel Ortega.

Este 22 de noviembre la Corte  Internacional de Justicia aceptó las medidas cautelares solicitadas por Costa Rica contra el gobierno del presidente autoritario de Nicaragua.
La CIJ resolvió a favor de Costa Rica de manera únanime,salvo en un punto,donde Costa Rica ganó 15 a 1.
1-La CIJ ordenó:
a-El cese de todo dragado por parte de Nicaragua, en la zona en disputa, especialmente  en el sector  de los dos caños artificiales  creados por  Eden Pastora.
b-Que Nicaragua rellene la fosa en el caño Este,en el plazo de dos semanas.
c-Que Nicaragua informe a la CIJ en el plazo de una semana,luego de finalizados los trabajos,sometiendo un informe detallado que incluya evidencia fotográfica.
d-Que  Ortega retire todo tipo de personal,civil o militar,del area en disputa e impida cualquier ingreso posterior,aunque se trate de sujetos privados.
e-Que Costa Rica  tome medidas, en   coordinación con organismos internacionales,para prevenir  daños irreparables al medio ambiente.
f-Que ambas partes  informen a la CIJ ,cada tres meses,del cumplimiento con estas medidas.
2-En resumen:
a-La CIJ constató la desobediencia de Ortega con las medidas cautelares dictadas anteriormente.
b-Pusó en evidencia las mentiras del gobierno Sandinista que negaba la existencia de los canales artificiales y la presencia de militares suyos en el territorio invadido.
c-Reafirmó su jurisdicción sobre el conflicto,cosa que Nicaragua pretendía neutralizar,afirmando que no existía ningun peligro para los derechos costarricenses sobre la Isla Portillos.
d-Creó un mecanismo de verificación permanente sobre la zona en conflicto que pone un límite a la voluntad militarista desbordada del gobernante del Norte
3-Las implicaciones:
a-Se reafirma el imperio del derecho internacional sobre el culto a la fuerza militar del sandinismo.
b-Suministra un arma importante a la diplomacia costarricense,pues podemos mostrar como el comandante desobedece  sin rubor y con frecuencia la órdenes del máximo tribunal de justicia internacional.
c-Desarma a quienes en  Costa Rica defienden tesis guerristas que amenazan la paz de nuestro pueblo
d-Muestra la eficacia del equipo jurídico de la cancillería(los Ugalde y Arnoldo Castro) asi como de los abogados internacionales que nos ayudan.
e-Señala la necesidad de continuar con una campaña de explicación internacional de nuestras posiciones frente al desenfreno del orteguismo expansionista.


viernes, 15 de noviembre de 2013

TOTALMENTE IDENTIFICADOS CON LA HISTORIA Y LAS CONQUISTAS DE COSTA RICA


TOTALMENTE IDENTIFICADOS CON LA HISTORIA  Y LAS CONQUISTAS DE COSTA RICA.

 

Antes de comenzar el comentario posterior, admítanme compartir con Ustedes el valioso aporte, que nos hizo llegar  el Embajador costarricense Melvin Sáenz Biolley en torno a la figura de Juan Vázquez de Coronado, el verdadero Conquistador de nuestro país, sobre quien hicimos referencia en el artículo anterior.  Nos expuso el Embajador Sáenz que este Conquistador y Adelantado cursó estudios de abogacía en la Universidad de Salamanca (España), seguro que su formación humanista moldeó su espíritu superior y el justo y generoso comportamiento para con nuestros aborígenes. Realmente, desconocía este dato académico en la biografía del fundador de la Ciudad de Cartago.    

 

Vuelvo a nuestro asunto. En estos tiempos en Europa y buena parte de América Latina están en boga las premoniciones contra el sistema democrático de los países que realmente lo son. La mayoría de ellas se revisten de informes alarmistas, los cuales ya tienen larga tradición. Tan comunes son en las ciencias sociales, especialmente.  

 

Se supone que tal método analítico  proviene de la influencia del determinismo histórico, componente fundamental de  la doctrina filosófica, construida por  Karl  Marx y Federico  Engels, que deviene de los postulados del materialismo histórico (la lucha de clases)  y del materialismo dialéctico (las contradicciones ideológicas),  abstraídos de la real evolución de la sociedad y la cultura universal.         

 

Sin embargo, el objetivo de nuestro comentario es alejarse de la explicación de la doctrina marxista, no nos interesa,  puesto que nuestras convicciones e ilusiones coinciden con  el liberalismo, el que prescinde de las "premoniciones". Por cuanto, su interés fundamental reside en la defensa  de la primacía de la libertad de la persona humana,  (la vida privada)  como el centro fundamental del quehacer  económico, político y filosófico.  

 

En la concepción liberal el ser humano es “una obra de arte”, y como tal debe estar exento  de dogmas, del pensamiento derrotista, de  sucesivas determinaciones  o de  ataduras superiores,  que puedan impedirle  pensar, crear y movilizarse voluntariamente por el mundo.      

 

Lo cierto es que Costa Rica tampoco se escapa  de esas habituales premoniciones, tanto que la propia academia se encarga de enviciarse.   Así por ejemplo, desde tres décadas atrás o más, hemos venido escuchando el fin de nuestra democracia, de su erosión, “estancamiento”, además de otras supercherías, asociadas a un peculiar  estado de ánimo,  que hemos dado en llamar “el ticopesimismo”. 

 

Advirtiendo sobre el comportamiento fatalista o pesimista, fuente de ese “ticopesimismo”,  el destacado periodista Robert Samuelson del diario  “The Washington Post”,  reporta que tal  patrón de conducta en la ciudadanía,  podría generar en los países profundas implicaciones políticas y psicológicas, dado su crítico poder contagiante, en cuyo  caso particular, y según nuestro criterio, haga posible   que en Costa Rica la desconfianza sobre el futuro,  hacia el gobierno y los partidos políticos se intensifiquen  peligrosamente, aun cuando apenas seamos testigos del lenguaje  agresivo, no consumado en hechos violentos.     

 

La gente “antisistema”  camina  más allá de esos análisis o estados de ánimo y se aprovechan de ello, al  vaticinar y alentar  la pronta llegada del populismo  - o la alternativa de reducir al máximo el tamaño y las funciones del Estado -,  “hace que las economías sean débiles”, al igual que los gobiernos democráticos,  por lo que resulta probable que se fortalezca el entusiasmo  y el atractivo de movimientos populistas y extremistas (Robert Samuelson), los cuales han irrumpido en algunas naciones, con pasados escabrosos.  

 

Del mismo modo, los “antisistema”  intentan adulterar  la historia costarricense (“o nuestra praxis”), pasan por alto sus particularidades excepcionales.  Que la pobreza y la carencia de materias primas, apetecidas por la Corona española en las épocas de la conquista y la colonia  libraron a nuestros antepasados  de continuas conflagraciones y disensiones políticas, que agitaron desde el principio a otros Estados  de la región.

 

Igualmente,  que nos favoreció  la lejanía geográfica de las autoridades del imperio, lo cual les permitió mayores márgenes de libertad para afianzar instituciones republicanas, al servicio del orden y la paz (Ricardo Fernández Guardia; Eugenio Rodríguez Vega); razón por la cual es imprescindible recalcar a las nuevas generaciones, lo que significan estos valores históricos en la vida de un pueblo.  

 

El otro factor determinante, que ha pasado desapercibido, en lo que respecta a la formación de nuestra democracia,  llegó a ser la decisión de los habitantes costarricenses, tras la independencia nacional en 1821, de formar una participativa junta superior gubernativa interina,  compuesta de delegados de las ciudades y pueblos más activos de la humilde provincia de Costa Rica, cuyo propósito consistió en organizar las bases políticas del nuevo Estado, iniciándose con la adopción del Pacto Social Fundamental Interino.

 

Es decir, a diferencia de  la experiencia de otros países, en los cuales las élites criollas, asociadas con  los militares o caudillos personalistas que cumplieron un rol preponderante y decisivo en la organización de los nacientes Estados nacionales, discriminatorios y socialmente desintegrados;  la democracia costarricense en cambio se construyó sobre la fortaleza de la sociedad civil de aquel entonces, organizada en poblados, primero, por la religión Católica; luego por las ordenanzas de la Constitución de Cádiz (1812) de impulso liberalizador y humanista.  

 

Así entonces, se amalgamó una sociedad pujante, todavía sobreviviente,  abierta a las ideas progresistas del  liberalismo, proclive a respetar un sistema legal, dándose  lugar a una estructura de “democracia de base”, que, apoyada poco después en el éxito de la economía del café, pudo superar las vicisitudes y profundas limitaciones, propias de la pobreza crónica. Esta  mitigada  en el transcurso del  Siglo XlX,  hasta llegar a funcionar en Costa Rica  una de las economías  más prósperas de Mesoamérica, incluyendo no pocas latitudes de América del Sur.      

 

En conexión con lo antes comentado, habrá que tomar en cuenta otras equivocaciones analíticas que  hoy salen a relucir, con la mala suerte que alimentan “el ticopesimismo” como tal; el que dista de rendir homenaje a nuestra excepcional  historia.   

 

Afín a lo destacado por el periodista Samuelson, consideramos que el éxito de los países no necesariamente puede juzgarse exclusivamente en términos económicos. Existen positivos comportamientos de los costarricenses, específicamente, las tareas o desempeños civiles, dificultosos de medir  como secas cifras para el producto interno bruto (PIB).  

 

Herencia de los comienzos de la formación del Estado democrático, en nuestro país continúa destacando una sólida estructura de organizaciones no estatales. Este lugar lo ocupan en nuestro tiempo las asociaciones comunalistas de desarrollo, las iglesias católicas y protestantes,  las entidades filantrópicas, las cooperativas, el movimiento solidarista, el activismo voluntario, el emprendedurismo;  todos  ellos, sujetos de la sociedad civil, capacitada a la vez de tener control de ciertos  acontecimientos sensibles de carácter social y económico (y hasta políticos), especialmente en circunstancias en que un gobierno, incluidos los partidos políticos,  se muestren limitados para actuar.

 

En los diferentes contextos históricos la fuerza de esta estructura de democracia de base ha hecho su aparición con la debida eficacia, sobre todo en los que fueron críticos. Su capacidad se puso a prueba en la gran depresión mundial de 1930, en las complicaciones de la deuda externa durante la década de 1980, cuando tales agentes se transformaron en firme sostén de la estabilidad democrática.

 

Hasta en los triunfos de la selección nacional de fútbol se ha puesto de manifiesto el legado e impulso de las duras luchas de las primeras generaciones de nuestra sociedad civil. Luchas reproducidas  ante el accionar constructivo de los comités deportivos de nuestras comunidades, quienes a través del trabajo voluntario desplegado,   desarrollan desde las bases el talento de los niños y jóvenes futbolistas,  que habrán de derrotar a poderosos rivales, entre ellos, los Estados Unidos de América y México, que a pesar de sus inmensas poblaciones y cuantiosísimos  recursos materiales fueron incapaces de doblegar a este pequeño país en la anterior eliminatoria mundialista.  

 

El “ticopesimismo” no rima con la tradición y visión de nuestros abuelos, que anhelaron que “su tierra adelante”.     

 

Ronald Obaldía González (Opinión personal)

 

 

 

 

martes, 5 de noviembre de 2013

UN INICIADOR DE LA CULTURA POLÍTICA COSTARRICENSE.

UN INICIADOR DE LA CULTURA POLÍTICA COSTARRICENSE.

Coincidimos  con don Raúl Arias Sánchez, prestigioso historiador costarricense, que la señera figura de Juan Vázquez de Coronado (1562 – 1565),  “el Gran conquistador español de nuestro territorio” y fundador de Cartago, la hemos dejado a un lado de la historiografía nacional.
  
El abandono sobre el estudio de la obra de este conquistador (después nombrado Adelantado por el rey Felipe ll) trae consigo una grave omisión, por parte de las disciplinas de las ciencias sociales costarricenses.

Apenas un cantón de la provincia de San José, fundado en 1910, lleva su nombre; demasiado poco para Vázquez de Coronado, uno de los  autores  de  nuestra psicología social;  mejor dicho,  uno de los autores de las bases del ser costarricense, puesto que él junto a cientos de humildes seres humanos (segundones españoles) “amasaron la levadura de una nueva nacionalidad”. Enseguida expondremos  algunos supuestos.

A diferencia del trato duro proporcionado por el conquistador Juan de Cavallón contra los indígenas, a quienes los despojaba del maíz, que era su principal alimento, al cabo que les implantó las encomiendas  - que no era otra cosa que la repartición de los indios entre la gente traída por él - ,  Vázquez de Coronado, en cambio,  siendo conquistador, se esforzó por pacificar a los aborígenes, tratándolos inteligentemente al establecer poblados duraderos, tal que ellos y los mestizos quedaran arraigados a la tierra (Eugenio Rodríguez Vega, 1982).

La miseria del territorio costarricense tanto en el contexto de la conquista como la colonia, carente a la vez de factores de producción de interés vital a las necesidades de acumulación del imperio colonial español, fueron los cómplices de las desgracias y el empobrecimiento de los conquistadores y gobernantes, encomendados a superar aquella continua postergación, descrita en ese entonces por el Padre Estrada Rávago.

                 “…la dicha provincia de Costa Rica es desgraciada, o por mejor decir, los que en ella habemos entrado y gastado nuestras haciendas, y pues yo lo puedo decir con verdad, por haber gastado más hacienda, que otro alguno y haberla puesto en el estado en que está”.  Y termina diciendo el conquistador arruinado:  “todas las veces que me acuerdo de haberlos dejado, no puedo detener las lágrimas” (Rodríguez Vega, idem).

Lo antes dicho pone en evidencia la situación precaria de la provincia, pero lo cual (paradójicamente) hubo de mantenerla  alejada de las disputas encarnizadas entre los extranjeros españoles y las civilizaciones indígenas, comunes en casi todo el Nuevo Mundo, cuyo propósito genuino  descansó en la dominación y el control político de los factores de producción, codiciados por el reino europeo.

Aquí por el contrario, la gestación del tipo de sociedad relativamente horizontal y socialmente equilibrada,  llegó a interpelar por igual a españoles, criollos, mestizos, indígenas y mulatos  en un ambiente de retraso y calamidad, que agobió a todos los segmentos sociales.  

Apartándose de la codicia y la dureza de sus antecesores, nuestro principal conquistador, también pobre y abandonado por las autoridades españolas,   se propuso descubrir la provincia, la recorrió de Nicaragua a Castilla de Oro y de mar a mar.

Vázquez se adelantó a su tiempo. Se comportó como un consumado político, haciendo gala de su don de gentes, fuera “el tacto, la bondad o la fuerza”,  esta que practicó,  sobre todo, en Coto, donde hubo peleas feroces. 

Asimismo, supo tratar a los indígenas, los apreció y consiguió de ellos, de  lo cual los otros conquistadores fueron incapaces  (Rodríguez Vega). Fortaleció la amistad con influyentes caciques, entre ellos, Accerrí y Iurusti.  La buena fama de Vázquez de Coronado corrió por todas las comunidades aborígenes.  Con singular entusiasmo informó a sus superiores acerca de los avances de su tarea y de la buena disposición de los nativos para con él:

               “quedaron con grandísimo contento, es grande el crédito que de mí tienen, confianse extrañamente de lo que conmigo conciertan y espero en Dios saldrá desta jornada y de mi benida la pacificación de la mejor tierra que su magestad tiene en Yndias”.

Sin pretender negar los abusos y los malos tratamientos de los que fueron objeto nuestros primeros pobladores por parte de los conquistadores, ya fuera antes y después de Vázquez de Coronado, aquellos llegaron a ser, eso sí,  absolutamente menos traumáticos que los de otras latitudes de este continente descubierto por Cristóbal Colón.

Lo reseñan tanto Ricardo Fernández Guardia como Eugenio Rodríguez Vega en sus respectivas obras;  ciertamente,  Vázquez de Coronado con su proceder civilizado, humanitario y al ser menos codicioso que los demás conquistadores, entendió su misión occidentalizadora.  

Prácticamente,  el fundador de Costa Rica se distanció de las conductas expoliadoras;  a cambio de ello se fijó la idea de establecer “asientos firmes para organizar formas de vida perdurables”.  Tal vez será bastante atrevido e insensato de mi parte suponer que Vázquez moldeó nuestra inclinación por el respeto a la dignidad de todas las personas; ofrezco más bien las disculpas del caso por este aventón emocional que me domina al hacer referencia de este insigne español.    

Puede haber sido cierto que este conquistador después dejara  escuela a los gobernadores españoles, quienes, con la  excepción de Perafán de Rivera,  se cuidaron de sobrepasarse  contra la gente que estuvo bajo el poder de ellos. Al cabo que  ha sido de los que más ha influido en varios de nuestros patrones de conducta, pudiendo esto percibirse en el periodo colonial costarricense y hasta en los propios Siglos XlX y XX de la sociedad  costarricense, nacida para la libertad y el trato igualitario entre sus pobladores.

Así también, hubo de dejar huella  en la posterior y apacible sociedad, “liberada de odios y de grandes pasiones y prejuicios”, pero que se ha comportado díscola cuando la sacuden violentamente. Y que al mismo tiempo continúa intentando, con éxito, las formas fáciles y sencillas para dar solución a  las urgencias y apuros económicos y sociales. Quizás esto explique el hecho de que la humildísima  provincia hubiera superado paulatinamente sus difícil periodo  de rezago colonial.      

Finalmente, permítanme especular en cuanto que  Vázquez de Coronado contribuyera a moldear nuestra tradición política, puesto que al estudiar las notables obras  de  Braulio Carrillo, Juanito Mora, Ricardo Jiménez, Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde y José Figueres, podemos palpar que la mayoría de los costarricenses tienen la tendencia de compenetrarse (o identificarse)  con “un hombre magnífico”, más que un caudillo o un partido político estructurado.  Habrá que ver si  esta tesitura la heredamos  también de nuestros indígenas quienes, en la oscuridad  de la conquista,  se vieron tan atraídos por el positivo carisma de Juan  Vázquez de Coronado.  
  
Ronald Obaldía González (Opinión personal)    
 


martes, 29 de octubre de 2013

PARTIDOS POLÍTICOS. IMPRESCINDIBLES. (segunda parte)

PARTIDOS POLÍTICOS. IMPRESCINDIBLES. (segunda parte)
 
 
Luego de los hechos de 1948,  la política costarricense estuvo determinada por dos descollantes caudillos:  Rafael Ángel Calderón Guardia y José Figueres Ferrer, quienes, si bien representaban una corriente ordenada de ideas políticas y sociales, el pueblo costarricense fue tras ellos, mucho más por el carisma, la atracción personal, además de la singularidad y trascendencia de sus auténticas obras institucionales y sociales, que revolucionaron el régimen liberal, cuyo último exponente llegó a ser el también caudillo Ricardo Jiménez Oreamuno.
 
Detrás del expresidente Otilio Ulate Blanco tuvo acción el liberalismo, a través del Partido Unión Nacional.  Ulate fue un político voluble, cuyo transitorio y desteñido recorrido  por los frentes de la izquierda nacional  lo convencieron de sumarse a los sectores que impugnaron la reforma social de Calderón Guardia, respaldada incondicionalmente por Manuel Mora y Monseñor Víctor M. Sanabria.  
 
Con sus nuevos socios tuvo éxito, por cuanto Ulate tuvo la particularidad de derrotar a Calderón en las elecciones de 1948, comicios que por cierto los anuló arbitrariamente  el Congreso, lo cual desencadenó, de inmediato, la guerra civil que todos hemos estudiado.  
 
Mediante el Pacto Ulate – Figueres, el liberalismo criollo   -  golpeado en la década de 1940, pero sobre el cual se sentaron las bases de nuestro sistema democrático -  alcanzó su penúltima oportunidad de conquistar el poder político (1949 – 1953), concluyendo el gobierno ulatista sin pena ni gloria.  Repuntó el liberalismo con Mario Echandi Jiménez (1958 -1962), cuya administración, aunque conservadora, entre otros logros avanzados de política social,  tuvo el mérito de impulsar como política pública  la modernización agraria, así como el  fundar lo que hoy se conoce como el Instituto de Acueductos y Alcantarillados.    
 
A pesar del exilio de Calderón Guardia en México,  la resonancia histórica de su reforma social quedó encarnada en “el alma colectiva”, solo que enseguida  el social cristianismo (calderonista) debió transar con otras fuerzas políticas, en cuenta los liberales, sus antiguos enemigos, todo ello para mantener vigencia. 
 
La coalición como tal  tuvo como punto culminante el gobierno del Presidente  José Joaquín Trejos Fernández, un líder político y académico   - allegado al social demócrata   Rodrigo Facio Brenes y a la familia de Calderón Guardia -  que,  sin llegar a ser un caudillo, fue capaz de combinar tesis liberales con legislación social de última generación, a través de lo cual nació el Banco Popular y de Desarrollo Comunal y la Dirección Nacional de Desarrollo de la Comunidad (DINADECO).
 
Dicho sea verdad, en la segunda mitad del Siglo XX  el Partido Liberación Nacional (PLN), guiado por José Figueres, llegó a ser en Costa Rica el sector o la fracción política hegemónica. Tal como lo argumentamos en anteriores artículos, a diferencia de los liberales,  su objetivo inicial consistió en dotar al Estado de mayores atribuciones, tal que éste pudiera ser un sujeto activo en la asignación de los recursos y la distribución de la riqueza, dentro del esquema de economía mixta, en el que operaron  tanto las empresas públicas como el capital privado.
 
En  la visión liberacionista tenía lugar la profundización de la reforma social (calderonista), a la vez  perfeccionada por la renovación de las instituciones políticas y económicas, coherente con el exitoso proyecto de sustitución de importaciones de la CEPAL, el cual puso énfasis en el desarrollo industrial y la diversificación agrícola. Después  esta visión fue complementada por los  resultados satisfactorios, derivados  de la creación del Mercado común centroamericano.   
 
Rara vez el PLN  dejó de perder influencia, ya fuera en el Poder Ejecutivo o en el Poder Legislativo, con la salvedad del quinquenio 2000 – 2005, cuando los líderes  del pensamiento socialdemócrata, siguiendo los pasos del calderonismo histórico,  abrieron las puertas al neoliberalismo;  así también,  su estructura de cuadros organizativos se erosionó  al surgir en su interior varias facciones que generaron  irreversibles  escisiones.  Al extremo que el PLN  en los comicios del 2002 y el 2006 se vio en graves  aprietos frente a Otón Solís, uno de sus ex dirigentes y después convertido en  fundador del Partido Acción Ciudadana (PAC).     
 
Habíamos comentado que cada doctrina política, sea el liberalismo, el catolicismo,  la social democracia, el social cristianismo y el socialismo marxista, adoptada por un partido político en particular, estuvo demasiado distante de comportarse o ser aplicada en Costa Rica de manera estricta (“o químicamente pura”).  Lo cual viene a desvirtuar, en buena parte, la convicción de años atrás, acerca de la existencia del bipartidismo, al que se  confunde  con las circunstancias de aquellos países, en el que la división explícita entre conservadores y liberales es tajante y casi irreconciliable, puesta de manifiesto, sobre todo,  en la gama de  contradicciones entre el socialismo de izquierda  y la derecha liberal, constantes en  Venezuela, Chile o en la propia Francia.
 
El bipartidismo está bastante condicionado, usualmente, por la ideología. En Costa Rica es raro encontrar en nuestra historia política, disciplinados  partidos (estrictamente) de ideas, o de pensamientos “abstractos”, según lo ha reseñado el maestro Eugenio Rodríguez Vega en su libro, intitulado “Apuntes para una sociología costarricense”;  más bien,  es revelador  comprobar la tendencia de las distintas  denominaciones hacia el “eclecticismo”. 
 
En otras palabras, nuestros partidos han recogido para sí los postulados que consideran mejor de las otras doctrinas antagónicas, intentando las soluciones intermedias, en vez de los radicalismos, causantes  de “conmociones psicológicas”. 
 
El propio Partido Comunista costarricense de Manuel Mora debió modificar varias de sus posturas y las tesis endurecidas, como condición para acceder al Bloque de la Victoria”, junto con Calderón Guardia y Monseñor Sanabria. Todo ello, facilitó a estos líderes discernir  la realidad particular y las contradicciones latentes, las cuales estallaron en la agitada década de 1940;  sobre la cual hubo de generarse un profundo cambio social, de cuyas lecciones y experiencias ningún partido nacional se ha desprendido hasta ahora, tanto que siguen cobrando notoriedad en el proceso electoral del 2014.   
 
Más tarde, la izquierda extremista acusará de “reformista” a Manuel Mora, por cuanto este Benemérito de la Patria se inclinó desde un principio por impulsar el modelo de  marxismo, tal que hubiera de acoplarse con nuestras realidades históricas y sociales.  De igual forma, el Partido Comunista, como oposición, llevó a cabo acertadas transacciones con los partidos políticos a los que adversaba,  en aras del compromiso con la democracia, el perfeccionamiento de la economía de mercado y el diseño de políticas públicas para una vida mejor.   
 
Por su parte, la social democracia y el social cristianismo doméstico se nutrieron de lo mejor del comunismo criollo, dando origen a una destacada  legislación social, consensuada  y legitimada por  todos los sectores sociales. Asimismo, el liberalismo del Siglo XlX tampoco fue practicado por nuestros próceres de manera precisa e inflexible, puesto que el Estado gestor e interventor llegó a ser la norma y la constante durante su fase  predominante.    
 
Menos aun, el Partido Liberación Nacional se escapó de tal eclecticismo, el denominador común de todas las organizaciones,  sino justifíquese para el bien de la juventud costarricense la aprobación de la Ley de las universidades privadas, promovida por el Presidente Daniel Oduber,  el ideólogo “más estatista” que da cuenta la historia nacional.  
 
Ronald Obaldía González  (Opinión personal).   

viernes, 18 de octubre de 2013

PARTIDOS POLÍTICOS. IMPRESCINDIBLES.


PARTIDOS POLÍTICOS. IMPRESCINDIBLES.

Un gazapo histórico sería admitir la desvinculación en Costa Rica  entre las bases doctrinarias de la creación de la Segunda República (1948 – 1949) y el contexto de la valerosa promulgación de las garantías sociales durante la década de 1940; producto “del acuerdo tripartito del Presidente de la República, Rafael Ángel Calderón Guardia, el Arzobispo de San José, Monseñor Víctor Manuel Sanabria y de Manuel Mora Valverde, fundador del Partido Vanguardia Popular”, mejor conocido como el Partido Comunista.  
Ambos procesos revolucionarios constituyeron una tarea de titanes, cuyo objetivo consistió en encarar el viejo Estado liberal, basado en la economía del café, el cual solo personalidades como las antes citadas, junto a don Pepe Figueres y Rodrigo Facio Brenes, el gran ideólogo, fueron capaces de concebir y amalgamar, o dar continuidad en medio de profundas contradicciones, a efecto de que los costarricenses, los principales herederos del Estado social de bienestar, recibieran como un legado a la vez imprescindible y comprometedor, dadas las experiencias de las naciones vecinas que resultaban  poco menos que aterradoras.

De tales revoluciones sociales, fueran la conquista de las garantías sociales y su prolongación: la Segunda República, se desprendieron, enseguida, las tendencias ideológicas, originadoras de los partidos políticos, vigentes desde  la segunda mitad del Siglo XX hasta nuestros días. En tanto que el propio liberalismo, dominante en todo el Siglo XlX,  resistió las corrientes modernas, particularmente de la social democracia - promotora del esquema de intervención del Estado en la economía y de la propuesta de la CEPAL de sustitución de importaciones de bienes y servicios -  y que, adoptando la reforma social calderonista y camuflando ciertas tesis del comunismo criollo, intentó aplacarlo de las contiendas electorales.   

No sobra dar una definición sencilla de partidos políticos. Una apropiada, es aquella organización formada por personas de similar corriente ideológica o concepción integral de la vida del Estado, “en todos sus aspectos”, cuyo objetivo e interés fundamental es alcanzar el poder de éste, y con ello poner en práctica sus convicciones y programas políticos, tendiendo a excluir  las concepciones e ideas que se distancian o diferencian de la suya.  Asimismo, tengamos en cuenta que los partidos desempeñan el rol de intermediarios entre las fuerzas sociales del pueblo (o la sociedad civil) y las instituciones del Estado. 

Después de esta definición, retornemos entonces “a lo que vinimos”. Curiosamente, nos encontramos el documento, intitulado “Patio de Agua”, redactado en 1968 por un grupo de intelectuales del ala “purista” de la social democracia costarricense. Pareciera  que también ellos estaban bastante influenciados – en estilo y fondo - por la nueva teología del Concilio Vaticano II, convocado por el Papa Juan XXlll, en aras de adentrarse en un renovado mensaje de  la Iglesia Católica, basado en perspectivas y postulados sociales, acordes con la época moderna. 
Al mismo tiempo, el texto declarativo de “Patio de Agua” tampoco disimulaba su acercamiento con no pocas tesis del marxismo, razón por la cual causó reacciones negativas en determinados círculos sociales, todavía apegados al liberalismo tradicional, o bien por el anticomunismo, extendido en la época de la Guerra Fría, lo cual trajo como consecuencia la proscripción en Costa Rica del Partido Comunista, tras los hechos políticos de 1948.   
Era de prever que en la Segunda República el pensamiento socialcristiano y por otra parte el comunismo criollo, sobre la base de sus correspondientes partidos políticos, coaligados o no, se convertirían en asociaciones permanentes, estables e ideológicamente sólidas, tal como lo persiguió la social democracia en el emergente Partido Liberación Nacional (PLN), fundado en 1951, pero también objeto de accidentes, algunos transitorios, otros irreversibles, que no dejaron de amenazarlo. 
La casi totalidad de las denominaciones que abrazaron una de estas ideologías en particular, registraron  tanto serias divisiones, como irreconciliables rupturas y hasta la desaparición del escenario político, como le ocurrió al Partido Comunista tico, inmediatamente después de la caída del Muro de Berlín.
De igual modo, los desmembramientos los registra el mismo PLN, ya fuera por la quijotada de “Patio de Agua”, o bien a través de la separación en 1957 del dirigente (liberal) Jorge Rossi, lo cual facilitó la victoria del candidato (liberal) Mario Echandi. Años después el socialdemócrata  Enrique  Obregón Valverde, asociado con sectores de la izquierda nacional, fundó  el Partido Acción Democrática Popular, “que lo postuló a él mismo como candidato presidencial para las elecciones de 1962”.   Así, sucesivamente, hay que destacar la figura del Rodrigo Carazo Odio (social demócrata y liberal), cuya separación del PLN le llegó a provocar un severo golpe, aún más intenso a lo que pudo generarle el Partido Acción Ciudadana (PAC). 
Mientras tanto, los socialcristianos (calderonistas), para tener vigencia, además de pactar con los comunistas en la década de 1940, después de la guerra civil de 1948 hubieron de desmovilizarse para luego coaligarse en 1958  con los liberales del Partido Unión Nacional, dirigido por su enemigo, el expresidente Otilio Ulate; comportamiento repetido en la conformación posterior del desaparecido Partido Unificación Nacional, en donde coexistió con los liberales, hasta conformar luego una exitosa coalición con estos últimos y con una fracción desertora del PLN.
Por su parte, los dirigentes del liberalismo criollo  - doctrina hegemónica hasta los tiempos de Ricardo Jiménez Oreamuno (1932 – 1936) -  opuestos en su momento  a las garantías sociales de Calderón – Mora - Sanabria,  consiguieron avenirse después de la guerra 1948, con el movimiento calderonista, fusionándose  bajo un solo partido político,  tal como lo anotamos líneas arriba.  A la vez, una minoría de liberales tuvieron acogida parcial en el Partido Liberación Nacional, al cabo que más adelante hicieron intentos (fallidos) por encontrar autonomía e identidad propia en partidos emergentes, como fue el caso de la conformación en 1974  del Partido Nacional Independiente.
 A partir de la década de 1960 el liberalismo como concepción y método de análisis de la realidad social ha sido objeto de transformaciones sustanciales y sensibles, al ser injertado por los postulados de política económica del profesor Milton Friedman y la escuela de Chicago, que privilegian la teoría del libre e irrestricto funcionamiento del mercado (llamada el neoliberalismo),  que ni economistas clásicos de la talla de Adam Smith (Siglo XVlll) y David Ricardo (Siglo XVlll – XlX) proclamaron en sus obras.
El desplome del comunismo causó que el neoliberalismo se entronizara, casi como ideología oficial,  en la mayoría de los partidos políticos del mundo, incluidos los de Costa Rica.  Algunos asumieron del todo sus métodos; una minoría de ellos lo hizo parcialmente, pues se negaron a abandonar del todo los argumentos que defienden la gestión distributiva de la riqueza y reguladora a cargo del Estado dentro del sistema económico.  Planteamientos que finalmente ha reivindicado por ahora la izquierda nacional y latinoamericana, al quedar desacreditado el marxismo leninismo.
Por todo ello, de nuestra parte renunciamos a la tesis que reconoce el funcionamiento, “químicamente puro”, del esquema bipartidista en la Costa Rica de los últimos sesenta años, a pesar de que en términos formales o jurídicos se fingió, o en apariencia lo hubo.  Partimos del supuesto, que al interior de los partidos políticos nacionales, que florecieron especialmente de los cambios de la Segunda República, han interactuado líderes y fracciones sociales con ideologías, visiones e intereses contrapuestos. 
Puede que entre ellos tal coexistencia fuera duradera. Lo cierto es que ha habido múltiples fracciones políticas (o micro tendencias) en los partidos costarricenses, tal que hicieron esfuerzos por lograr costosos entendimientos. Sin embargo, las transacciones  al entrar en alta tensión, como es natural en política,  entre los agentes activos sobrevinieron las fuertes rupturas o los rompimientos definitivos. Lo cual dio lugar a finales de la década de 1990 a la creciente proliferación de agrupaciones políticas y de grupos de interés, así como a “la atomización de la opinión pública”, que, además de debilitar el imaginario del bipartidismo, hicieron sumamente complejos  los mecanismos institucionales de negociación y gobernabilidad política y social.
Tampoco hagamos dramas por lo antes dicho, por cuanto el bipartidismo ficticio llegó a ser saludable para la democracia costarricense, así también lo puede llegar a ser la existencia de diversos partidos políticos, siempre que posean  programas políticos flexibles y operen como maquinarias pluralistas al servicio de la libertad y del bien común.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).   

jueves, 17 de octubre de 2013

EL ACIERTO DE INSTITUIR UN COLEGIO DE SECUNDARIA.

EL ACIERTO DE INSTITUIR UN COLEGIO DE SECUNDARIA.

Damos como un hecho real que la resonancia e influencia que tuvo la creación de la Universidad de Costa Rica en San Pedro de Montes de Oca, durante la década de 1940, llegó a engendrar la necesidad en las comunidades adyacentes de promover iniciativas de fundar centros de educación secundaria.
Por todo ello, a principios de la década de 1950 se fundó el Liceo José Joaquín Vargas Calvo, localizado en ese progresista cantón. A finales de esa década nació el Liceo Dobles Segreda en el distrito de Mata Redonda (La Sabana). Poco después los desamparadeños construyeron su propio colegio. El previsor y emprendedor distrito de Zapote tampoco se quedó atrás. Su proyecto atrajo la atención y respaldo de otros distritos como Curridabat y San Francisco de Dos Ríos, que al mismo tiempo contaban con insuficiente población, especialmente joven, lo cual les reducía las posibilidades de abrigar un liceo.
Sobre la base de esa tendencia, se fomentó con mayor intensidad la educación secundaria, como el salto para que los estudiantes ingresaran a la Universidad, esto último, que tiempo atrás, resultó un privilegio que solamente estaba al alcance de los hijos de las familias pudientes, que viajaban al extranjero, por cuanto poquísimas carreras académicas, entre ellas, derecho y farmacia apenas eran impartidas en nuestro país.
Cabe destacar que las comunidades urbanas, particularmente los distritos de San José – posteriormente las zonas rurales - que dieron rápida acogida a la fundación de centros de educación secundaria, producto del restablecimiento de la universidad, se sitúan, a nivel nacional, entre los 25 distritos de mayor desarrollo humano o calidad de vida, medición que precisamente está bajo la responsabilidad del Ministerio de Planificación Nacional y de Política Económica.
Lo revelador de la medición como tal, es que el distrito central de Curridabat, San Francisco de Dos Ríos y el propio Zapote, a los cuales el Liceo Rodrigo Facio Brenes les aportó cientos de egresados, forman parte, junto a San Pedro de Montes de Oca, del club de los 25 distritos más prósperos de Costa Rica. Lo cual quiere decir que no fue en vano el proyecto de impulsar el desarrollo social en tales comunidades, tomando como punto de partida la construcción de colegios, en nuestro caso especial: el liceo zapoteño, que de veras ofreció a sus estudiantes una elevadísima formación, tanto humanista como académica.
Seguiré convencido de este punto de vista, sobre todo, cuando me corresponde disfrutar los logros y las conquistas personales y profesionales de nuestros egresados. Quiero compartir con Ustedes la noticia de que el egresado Gustavo Amador Hernández, fue declarado hoy por la Universidad Estatal a Distancia (UNED), como su funcionario académico más distinguido del periodo 2012 – 2013. Estos homenajes hablan por sí solos de la buena levadura de la cual están hechos los jóvenes adentrados en la sabiduría de aquellos inmortales profesores del Rodrigo Facio, que cultivaron con devoción las mentes de los estudiantes en la etapa más decisiva de sus vidas.

Ronald Obaldía González