miércoles, 24 de mayo de 2017

El doctor Warren Crowther responde artículo de Ronald Obaldía, intitulado "ESLABÓN DE DESCARTADOS"

Warren Crowther escribió con Archivos adjuntos:

Veo, Ronald, una convergencia entre nosotros de inquietudes en cuanto al trato a los/las jóvenes del país.
Llama la atención a algunos de los abusos del sistema. Pero hay muchos más.

Soy profesor de la UCR desde hace 38 años, co-fundador de dos Maestrías incluyendo la de Evaluación de Programas y Proyectos de Desarrollo, así mi manía por monitoreo y evaluación de impacto (y no solamente de resultados) de los PPP: políticas, programas y proyectos. Y pensionado de la ONU después de trabajar en misiones y proyectos de 8 agencias en 39 países, pero residente estas casi 4 décadas en Costa Rica y acá disfrutando el paraíso tropical con la mayoría de mis hijos y nietos (ticos). Los últimos 15 años tratando de mostrar en Costa Rica mejores prácticas con esta generación (y adultos mayores, la otra generación de mayor crecimiento poblacional y maltratado).

Comparto algunas lecciones de esta experiencia con adjuntos, con una ponencia y un informe propios y exposiciones de los mismos adolescentes/jóvenes (A/J). Como Ud. apunta, la burocracia y agendas de agencias gubernamentales, ONGs y cooperación internacional, no abren perspectiva de ver cosas tan críticas y contradictorias, y menos atenderlas. 

Un ejemplo más: para graduarse del colegio, hay que mentir o adoptar una mentalidad que va a conducir a un callejón sin salida en su prospectivo educativo y vocacional. Hay 70 preguntas en el examen de bachillerato en cívica, 4 posibles respuestas a cada una, y para 20 la “respuesta correcta” de ninguna manera es correcta o la más adecuada. Otro problema con esto: esas respuestas obligatorias comunican que el gobierno está manejando las cosas bien. Mientras el mensaje correcto en orientación a estos A/J es que mientras la crisis cierra puertas, la crisis con tantas cosas hay que recomponer abre puertas, pero con la buena selección de especialización y emprendedurismo dado que hay poco empleo dirigido a lo que el país necesita. Pero las universidades no permiten que el MEP ofrezca una orientación honesta y realista (lo que hemos experimentado con 19,000 A/J acá) y los colegios profesionales no permiten que las universidades ofrezcan las especialidades que el país necesita.

¿Qué es la mejor forma de difundir estas inquietudes nuestras para que tal vez tengan impacto en la próxima elección? ¿Y en esos mandos medios?

Atte.,
Warren Crowther

sábado, 20 de mayo de 2017

ESLABÓN DE DESCARTADOS.

ESLABÓN DE DESCARTADOS.

Recientemente, se dio a conocer una resolución, emitida por la Sala Constitucional de Costa Rica que acogemos con enorme satisfacción. En ella se ha reprendido al Estado por abstenerse de preparar a los rezagados en la obtención del bachillerato, correspondiente al nivel de la enseñanza secundaria. Al mismo tiempo, se ordena al Ministerio de Educación Pública (MEP) a implementar un plan de ayudar a los alumnos que reprueben los exámenes de rigor, por lo que en un plazo de 18 meses se deberá coordinar y disponer todas las actuaciones, a fin de cumplir con el mandato judicial.
A nuestro criterio, la relevancia del acuerdo de nuestra Sala lV reside en relacionar el derecho de la educación - quien nadie puede coartar - y el alto valor de la educación a favor de los alumnos, fundamentalmente en lo tocante a la continuidad de los estudios de aquellos, quienes aspiran a llegar a la universidad, los que asumen la búsqueda de oportunidades y emprendimientos, tal que a los jóvenes se les garantice, mediante la obtención de ese título escolar, su plena realización personal y el óptimo porvenir.
La razón principal de que en una nación se privilegie la educación obedece al objetivo final de prevenir la desigualdad y la pobreza, cuyas considerables consecuencias, según Tomás Piketty en su tratado sobre “El capital”, probablemente no serían toleradas por mucho tiempo. Las estadísticas sociales comprueban que las personas de baja escolaridad están condenadas a la pobreza; o en su debido caso, a percibir las inferiores categorías salariales, lo cual les limita su vida social.
Una realidad histórica que le corresponde modificar a las políticas públicas - la sentencia de nuestra Sala lV es una de ellas - y a las instituciones públicas y privadas establecidas.  De modo paralelo, hay que prestar elevado grado de atención al otro segmento de jóvenes con edades entre los 15 y 24 años “que ni estudian, ni trabajan”. Son los llamados despectivamente “ninis”, se distinguen por ser “una generación casi perdida y relegada”, apática, desvitalizada (Fraser Pirie R. 2017), “descartada”, un término al cual recurre habitualmente el Papa Francisco.
Un sector de ellos (los ninis) proviene de familias con aceptables ingresos. Sin embargo, el mayor riesgo lo representan la buena mayoría, proveniente de los estratos económicos inferiores de los países de baja renta, por lo tanto, sumidos en la vulnerabilidad y la desesperanza, expuestos a patologías conductuales. En “el triángulo norte centroamericano”, así también en México y en Los Ángeles - California constituyen la materia prima del crimen organizado, especialmente de las famosas pandillas.
En la mayoría de los casos el promedio de vida de “los ninis” es bastante bajo al subsistir, casi siempre, en ambientes de violencia y degradación. Lo imperdonable es que las sociedades nacionales se hayan despreocupado de ellos, menos aún, se concretan alternativas de rehabilitación y crecimiento.
Comúnmente, se han desdeñado las políticas “positivas y constructivas”, basadas en acciones cívicas y de “pedagogía ciudadana”. Por el contrario, la tendencia de no pocos gobiernos ha recaído en la aplicación de fórmulas reprensibles, y hasta se opta por la eliminación: el sello de los Estados fallidos y erosionados. Así ocurre a través de las prácticas policiales y militares, y el desempeño de fuerzas irregulares, entre ellas, los escuadrones de la muerte, los acompañantes de las violaciones a los derechos humanos.
Siguiendo con nuestra exposición respecto a los “olvidados y descartados”, damos paso a los infractores de la ley o, mejor dicho, los privados de libertad. El concepto rudimentario de la cárcel hay que superarlo, paulatinamente. Ciertamente, que habrá excepciones, por lo que tampoco se puede prescindir del régimen carcelario. A pesar de que algunos le hacen la vida imposible, la Ministra costarricense de Justicia se ha lanzado a la aventura de poner en marcha políticas y acciones novedosas dentro del sistema penitenciario.
De hecho, hay que seguir trabajando todavía más en las políticas de rehabilitación e inserción a la sociedad de los sentenciados a la cárcel. Primero, en esos recintos se debe curarlos, luego educarlos, ofreciéndoles programas de formación profesional y expectativas de empleo, con tal de evitar la reincidencia del delito. A nada se llegará con esas sandeces de formular, a nivel institucional, solamente el endurecimiento de la ley y la cárcel, como medida de cumplimiento de la pena.
Recetas de este carácter pueden ser más dañinas que la misma enfermedad. Y hasta toman forma de disrupciones, las cuales, desde todo punto de vista, son impropias y desfasadas en un régimen democrático de avanzada. En su lugar, aumentemos la convicción que el ser humano es modificable.
Entendemos que los países latinoamericanos se ocupan también de extender sus redes viales, pero casi siempre corren bajo la influencia de intereses exclusivistas, dándose preferencia a las zonas urbanas, y a regiones prioritarias, en las cuales hay producción de significativo valor y rendimiento para las economías nacionales.
Lo contradictorio de tal proyecto de desarrollo reside en el abandono y el olvido de las zonas periféricas y arrinconadas, cuyas poblaciones viven incomunicadas; con demasiada frecuencia margina, entre otros, a los grupos indígenas y al campesinado en extrema pobreza rural, los cuales se ven obligados a soportar condiciones miserables, reforzadas por estilos de vida primitivos, de incentivación a prolongar la lógica de la desigualdad.
En términos de integración y cohesión, hay que concentrarse en las respuestas al fenómeno de la brecha digital. A los Estados nacionales y las organizaciones internacionales les corresponde hacer realidad que todas las tecnologías de la comunicación (Internet, telecomunicaciones, telefonía, etcétera), alcancen con proyectos de desarrollo y conectividad a los grupos de personas marginadas y las comunidades remotas, donde todavía no hay servicios (Editorial de La Nación, C.R, 13 de mayo, 2017). Sin este propósito se incumple con el derecho de acceso universal y solidario, para disminuir la aguda distancia digital.
Millones de personas en el mundo carecen de los beneficios ofrecidos por la conectividad, propia de la cuarta revolución industrial del Siglo XXl. Esa gente será la que conformará la nueva clase de excluidos de la universalización del conocimiento. Lo cual además de recrudecer la trayectoria de la desigualdad, la ignorancia, incluso la ingobernabilidad al interior de las sociedad nacionales, inmediatamente arrastrará efectos irreversibles al ensancharse el abismo existente entre el mundo rico y el mundo rezagado. En particular, este último en donde resulta inaccesible a los amplios sectores de menor ingreso el elevado precio de la Internet, el cable y los artefactos tecnológicos de la información.
Tampoco podemos soslayar la cuestión de la inteligencia artificial, sobre lo cual se ha insistido en el Siglo XXl; un fenómeno bastante tumultuoso para los dos mundos: el rico y en desarrollo. Los antiglobalizadores la condenan, forma parte de su discurso antisistema y ultranacionalista. A todos nos impresiona y atemoriza el riesgo de la radical robotización de “los múltiples procesos de producción y provisión de servicios”, o sea, “el creciente poder de la automatización” que disminuye y desplaza un sinnúmero de empleos, esto ya comienza a evolucionar.
Tengamos presente que “la inteligencia artificial” acarreará, supuestamente, el incremento de la productividad física y de capital, sobre todo, (Saúl Weisleder, 2018), a causa de los ilimitados progresos. En un principio, significará que las tareas marginales continuarán siendo desplazadas por la tecnología sofisticada. Quiere decir que la gente con escasa cualificación quedará sentenciada a mayor pobreza, al estancamiento social y cultural. Tal vez habría de resurgir la opción de la competencia hacia “el trabajo barato”, en caso de que pudiera sobrevivir, (lo dudamos) en la estructura del empleo automatizado. Por lo pronto, en la producción robotizada los trabajadores menos cualificados habrán de componer la clase de “los olvidados y rezagados sociales” (Bill Emmott, 2018). Para nosotros sería otra especie de “ninis” descartados.
En realidad, en nuestros tiempos de la controvertida robotización de los procesos de trabajo, resulta injustificable el ritual de unos cuantos funcionarios, que, actuando de manera individual, o bien a través de gremios mezquinos, a veces amparados en proteccionistas e inflexibles leyes y sistemas de administración de personal, han hecho una deidad la norma, el trámite burocrático, y la respuesta del “no” frente al cambio y el descubrimiento. Llámese esto el sello de la tóxica cultura, generadora de poder y conservadurismo, reproducida, con frecuencia, tanto en las organizaciones públicas como privadas.
Se trata del comportamiento anómalo, destinado a colocarse por encima del interés común, el ingenio, la creatividad, la innovación y los emprendimientos de los servidores pujantes y tenaces. Y guardando las diferencias, extrañamente, termina dando forma en las organizaciones a un particular grupo de “abandonados” y descartados, quienes escogen la huída, habida cuenta de su frustración en contestar lo tradicional y lo convencional.
Tiempo atrás nos confesaba un reconocido docente e investigador costarricense el suplicio suyo por dedicarse a la producción de capital intelectual; así como de los sabotajes y los obstáculos impuestos por sus propios colegas, proclives a preservar el estatus de la unidad académica que los reunía, justamente un estatus patrocinador del inmovilismo y de la indisposición frente al hallazgo.
Vemos entonces que, en cuanto a actitud, en la producción de capital intelectual hay ausencia de una sociedad igualitaria y solidaria, sino retomemos la experiencia de nuestro amigo académico, otro de los abandonados o descartados “del sistema”, pues le calzó aquella reconocida advertencia “que para producir se necesita el consentimiento de quienes no producen nada”.
Ronald Obaldía González (Opinión personal).

viernes, 28 de abril de 2017

ADHERIDOS AL PANAMERICANISMO.


ADHERIDOS AL PANAMERICANISMO.
Poco antes de la independencia de la mayoría de las naciones latinoamericanas del reino español, se sembraron las simientes del panamericanismo. A inicios del Siglo XlX, como corriente política, estuvo al lado del interés de los Estados Unidos de América, quien favoreció los procesos independendistas. Significó un movimiento político ideológico, cultural, tendiente a la unión de todas las repúblicas americanas en estrecha colaboración (Juan Ontza, 1980). Un ideal tomado inicialmente con dudas y posteriormente con entusiasmo. Con menos capacidad política, económica y militar, aun así, los estadounidenses se empeñaron en contener la injerencia europea en el Nuevo Mundo.
En cuanto a los hispanoamericanos yacía la sospecha de cambiar un imperio por otro; una sospecha hecha realidad con el tiempo, que configuraba, con otro lenguaje, la política exterior de los Estados Unidos. A nuestro juicio, con variantes y enormes similitudes, el precursor del panamericanismo, había de serlo la Doctrina Monroe, la que preconizaba el eslogan aquel: "América para los americanos". La doctrina como tal se sustentaba en aquel principio de la política extranjera de Estados Unidos de América de no permitir la intervención de las potencias europeas (o extracontinentales) en los asuntos internos de los países del hemisferio americano, incluida la agresión externa.
Derivada de un mensaje al Congreso por el presidente James Monroe el 2 de diciembre de 1823, la doctrina fue concebida por sus autores, especialmente John Quincy Adams, como una proclamación estadounidense en lo tocante a su oposición frente al colonialismo europeo, especialmente en respuesta a la amenaza que suponía allí la restauración monárquica (Ontza, ídem), además de la Santa Alianza del viejo continente, tras las turbulencias de las guerras napoleónicas.
La Doctrina Monroe había estructurado también el comportamiento de juez, sancionador y guardián de la política exterior estadounidense; el ejercicio de su hegemonía en América. Con la experiencia acumulada, parte de sus ingredientes hubieron luego de expandirse por todo el planeta, sintiendo eso sí, la resistencia de potencias rivales en la era contemporánea, ya fueran la desaparecida Unión Soviética y la propia China Comunista de Mao Tse-tung.
Al carecer la nueva potencia americana de suficientes recursos militares en aras de sostenerla, reflejo de sus ambiciones panamericanistas, tal circunstancia determinó que por largo tiempo no fuera invocada, ni calificada como doctrina. Hasta mediados del Siglo XlX fue empleada por los estadounidenses, a fin de posesionarse de Texas y Oregón (Ontza, ídem), o enfrentar los anhelos frustrados de los británicos sobre varios territorios norteamericanos, incluida la anhelada California, que cayó al final en manos estadounidenses. Trascendía, así, la proclama real de evitar que ninguna nación de Europa o cualquiera de América poseyera más dominio que el que ejerciera en aquel entonces, aunque fuera México la perjudicada, la víctima de usurpaciones.
Propulsora en su conjunto del panamericanismo, la doctrina contó con contestatarios y acérrimos enemigos. En el fondo, la venía rechazando el legendario libertador Simón Bolívar y varios de sus aliados. El criollo hispanoamericano – de ideas y aspiraciones autoritarias - se entregó a la misión de consolidar las perspectivas de la unión de la América hispana; sobre lo cual había luchado hasta su muerte. Según el libertador, esta porción de América habría que unificarla bajo un mandato único, centralizado. Y como garantía de una independencia permanente, él advertía que se debía crear una república grande y fuerte, toda vez de poner a prueba su clarividencia al relacionar el riesgo representado por la inminente potencia en el norte del continente. Por lo tanto, había que desafiar las pretensiones en la América hispana "de cualquier potencia imperial" (Ontza, ídem).
A efecto de poner en marcha sus ideas, en 1826 Bolívar convocó también al Congreso de Panamá - comúnmente llamado el Congreso Anfictiónico de Panamá -. Parte de su ideario acogía los acercamientos de la América hispana con las potencias tradicionales europeas, principalmente a la medida de Gran Bretaña y los Países Bajos, a causa de su proverbial e inmortal enemistad frente a la España colonial, monárquica, más los recelos hacia la emergente y agresiva potencia estadounidense, en donde en el sur de su territorio se ponía de relieve la defensa de la esclavitud.
Inmediatamente después del Congreso surgieron las rivalidades personales entre los generales de “la revolución e independencia hispanoamericana”; explotaron reyertas e intrigas políticas, que terminaron por “destruir las perspectivas de una unión sudamericana, por la cual Bolívar había luchado”.
A partir del pensamiento y la acción revolucionaria de Bolívar, así también de las implicaciones de la doctrina Monroe, en el continente habrá de sobresalir dos tendencias, que inauguran novedosas formas de multilateralismo, relativamente contradictorias entre sí: el hispanoamericanismo “bolivariano”, y, al otro lado, la visión americanista - la cual tuvo mayor éxito - , integradora de la culturas latina, anglosajona, a la cual posteriormente se adhiere la cultura afrocaribeña, una vez que inicia en las comunidades isleñas la consolidación de la independencia nacional.
No son obra de la casualidad los fallidos intentos de integración latinoamericana, por no decir infértiles, evidentes en nuestros tiempos. Al retrotraernos a los siglos anteriores, nos damos cuenta que el hispanoamericanismo arrancó con bases débiles. Una de las causas ya la apuntamos: las rivalidades caudillescas, generadoras, entre otras cuestiones, de divisiones y disputas territoriales, centradas “en las preferencias, intereses y cálculos nacionales”. A la vez los forcejeos y pugnas políticas y económicas por la supremacía en América del Sur, protagonizada por los gigantes Brasil y Argentina, en cierta forma hubo de determinar la geopolítica subregional, con el agravante de colocar en desventaja a los Estados nacionales pequeños, menos poderosos en términos económicos y militares, aún cuando estos gradualmente se alinearon a una de esas dos naciones líderes, con el afán de seguridad y beneficios marginales.
En lo relacionado con la doctrina Monroe, ésta tampoco se mantuvo rígida, ni degradó al extremo la influencia de las potencias tradicionales. Entre otras intervenciones foráneas, llegó a ser desafiada e irrespetada por la Gran Bretaña al invadir las islas Malvinas (1833), ubicadas en América del Sur, las cuales Argentina continúa reclamando hasta hoy. Sobrevino la intervención francesa en México (1862 y 1865), así como la ocupación británica de la costa nicaragüense de los Mosquitos (Ontza).
En cambio, Centroamérica y el Caribe sí estuvieron constantemente bajo la lupa de Washington. Debió prevenir que la pequeña región se saliera de su control. Los intentos de la construcción de un canal interoceánico habrían de entrar dentro de los planes hegemónicos de algunas potencias coloniales. Así por ejemplo, una empresa francesa había fracasado (1888) en la construcción de esa obra en el territorio panameño. En Washington aquello no dejaba de representar factor de riesgo. Era injustificable el ceder en la vital cuenca caribeña el control de las rutas marítimas comerciales, la propiedad de las materias primas, el dominio de los mercados, en cuenta la seguridad regional. En este caso, se aprovechó el abandono francés, por lo que el canal lo hicieron suyo los estadounidenses.
En otra ocasión haremos referencia de la revolución de Cuba (1959), república que pasó al dominio de la extinta Unión Soviética; sí es un hecho que no solo los postulados de Monroe fueron degradados, asimismo, la crisis de los misiles puso en elevada tensión la hegemonía de Washington, precisamente, en la cuenca del Caribe, el área continental de mayor protección. Lo mismo, nos ocuparemos de la guerra centroamericana durante las décadas de 1970 y 1980, esa vez auspiciada por el eje cubano - soviético, en el medio del ciclo de contradicciones ideológicas entre capitalismo y comunismo.
En casi todo el Siglo XlX y el Siglo XX el recelo estadounidense frente a las ofensivas colonialistas europeas en el hemisferio, fue parte del orden del día. Y en este caso la reactualización de la Doctrina Monroe resultó una "opción práctica". La agresividad del coloso del norte en términos económicos, comerciales y seguridad, lo obligaba a proteger "su traspatio geográfico”, por lo que había que poner a salvo, en alta prioridad, los derechos patrimoniales e intereses de sus ciudadanos o empresas, sea interviniendo en los asuntos de algún país (díscolo o quebrantado, de acuerdo con su enfoque) para "reordenarlo", restableciendo los derechos y el patrimonio de su ciudadanía y sus compañías. Entre los posibles ofensores de ellos tampoco se descartaban las potencias europeas, las cuales intentaran fraguar contra sus connacionales.
De los serios yerros y desaciertos de la diplomacia estadounidense. Nació entonces el Corolario Roosevelt (1904), más conocido en el argot latinoamericano como "la política del gran garrote", lo cual hubo de configurar la política dura, la que dio lugar a las intervenciones de los Estados Unidos en Latinoamérica y el Caribe. En esa línea, los Estados nacionales, "discapacitados o desquiciados", serían objeto de las implicaciones del Corolario, en caso de perjudicar subrayados intereses económicos y financieros de ciudadanos y empresas norteamericanas, afincadas en América Latina. A la sazón, los golpes militares, la instauración de dictaduras, las auspiciaron las élites económicas locales, interconectadas a intereses extranjeros; en la región fueron los operadores del Corolario; a su vez, incapaz de frenar la inestabilidad política, hasta hace poco el denominador común de nuestros pueblos.
El Corolario provocó una gran indignación - apenas diplomática y formal - en los dirigencia europea. Eso sí, en términos políticos y militares, los británicos, franceses, etcétera, estuvieron inhabilitados para enfrentar una potencia que gradualmente los iba desplazando. De esto último dio testimonio España que perdió abruptamente territorios coloniales en la América, lo que impulsó a las otras potencias tradicionales, entre ellas Gran Bretaña, Francia y Países Bajos a entablar pactos con los estadounidenses, con tal de mantener sus posesiones, tal que les permitiría tener acceso a las rutas comerciales, conservar y explotar materias primas.
En América Latina, particularmente México, bajo la tutela del dictador Porfirio Díaz, tampoco se mantuvo pasiva frente a la línea dura del "gran garrote" (Big Stick, en inglés). Se produjeron piezas doctrinarias del derecho internacional, de amplio reconocimiento, tales como la oposición a las violaciones a la soberanía de cada Estado; los principios de libertad y autodeterminación de los pueblos, tanto en autogobernarse y decidir su futuro; lo mismo que el rechazo a las intervenciones foráneas, en cuenta la argumentación arbitraria, empleada en lo que respecta a desconocer o reconocer un gobierno (Ontza).
Antes subrayamos que la Doctrina Monroe (1823) bien puede considerarse un intento panamericano. El cual, propiamente dicho tuvo su primera manifestación en la Conferencia de Nueva York (1889 - 90), en la que aparece, ya de manera explícita, la postura del control y la protección asumida por los EEUU en sus comunicaciones e intercambios con los demás Estados americanos. Principalmente, en 1890, con la creación de la oficina de la Unión Panamericana, cuya estructura de organización fue evolucionando, según los acuerdos y resoluciones de cada Conferencia Panamericana. En el curso del incipiente organismo interamericano se firmaron acuerdos en materias comerciales, aduaneras, de transporte, intercambio cultural, etcétera. Al cabo que iba tomando forma el derecho interamericano, a raíz de la firma del tratado Gondra (1923), para evitar o prevenir conflictos entre los Estados americanos. Después quedó derogado por el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá, 1948).
En las conferencias de Montevideo (1933) y Lima (1938), Washington aceptó el principio de no intervención y la constitución de un organismo colectivo de carácter consultivo para casos de injerencias exteriores. Esa época se distingue por la política de buena vecindad (1936), sostenida por el presidente Franklin D. Roosevelt. Él fue consciente de los sentimientos anti - estadounidenses, desatados por la política dura de su país, practicada tanto en Nicaragua como Haití, y en otros rincones.
La participación de todos los Estados del hemisferio en la ll Guerra Mundial contra el nazifascismo aumentó los principios de solidaridad y colaboraciòn panamericanos, estructurados más tarde en la conferencia de Bogotá (1948), particularmente con la creación de la Organización de los Estados Americanos (OEA); quien al formar parte del sistema de las Naciones Unidas, es un organismo “por el cual se equilibró la posición del predominio estadounidense”,
Paulatinamente, la influencia política estadounidense en América Latina se fue reduciendo; a pesar de ser aún significativa, “dejó de tener la intensidad de épocas anteriores”. Lo cual preocupó a la administración de John F. Kennedy que trató de asegurarla con la Alianza para el Progreso (1961 - 1970), un programa de ayuda económica, política y social de Estados Unidos de América a favor del desarrollo de América Latina. Proyecto que fracasó ante las tendencias conservadoras de las clases dirigentes nacionales, ocupadas más del financiamiento por intermedio de la cooperación, que de alentar las reformas sociales y políticas en sus respectivos países, dictadas por la propia Alianza.
La OEA, como mecanismo de diplomacia parlamentaria, además de producir un acucioso volumen de doctrina jurídica, política, económica y social de carácter interamericano, igualmente le ha permitido a los Estados pequeños defenderse mediante el voto, en especial, de ciertas imposiciones de Washington y de otras potencias americanas. Pues el voto del pequeño tiene el mismo valor que el del Estado grande, en este caso, México, Brasil, Argentina, Canadá, los Estados Unidos de América, etcétera. Los cuales carecen, ciertamente, de poder veto alrededor de las resoluciones adoptadas por sus diferentes instancias de deliberación.
Por eso señalamos que en el funcionamiento de la OEA y su red de organismos especializados estriba la superioridad y éxito del panamericanismo (o el interamericanismo), a pesar de algunas fallas y debilidades - la Guerra de la Malvina en 1982 fue una de ellas -. Con todo, fuera de dicho sistema cooperativo y multilateral, lo demás llegará a ser ficción y populismo transitorio.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)

martes, 28 de marzo de 2017

REFLEXIONES SOBRE FRANCIA, Y EUROPA TAMBIÉN.



REFLEXIONES SOBRE FRANCIA, Y EUROPA TAMBIÉN.
Reconozcamos a Francia entre las naciones occidentales, gestoras del liberalismo en la era moderna, al lado de los preceptos de la república, una concepción filosófica de organización y orden social. En ella, como en casi toda Europa, antes había tenido lugar a plenitud el sistema feudal, principalmente a comienzos del Siglo lX, o sea en la Edad Media, cuando hubo de ser además víctima de la expansión islámica. Aún así, el territorio galo, así llamado por los romanos, llegó a convertirse, en alianza con la Iglesia Católica, en una de las grandes potencias comerciales y culturales, especialmente entre el Siglo X y Siglo Xlll.
El feudalismo, un edificio social jerarquizado, se basó en la producción agraria y civilización rural. En ese ciclo histórico, el poder había sido ejercido, de modo absoluto, por la monarquía, la aristocracia y la Iglesia. Todas estas clases e instituciones hegemónicas vivieron rodeadas de privilegios; avasallaron la mayoría de la población, compuesta por masas de campesinos empobrecidos. Lo cual presagiaba una inminente ruptura y cambio social.
Superado el episodio del régimen antiguo, la burguesía y el pueblo constituyeron un bloque histórico, con la vista puesta en la construcción de un sistema social, favorecedor de la producción o revolución industrial, la libertad de comercio y la civilización urbana. Se instauró, gradualmente y con tropiezos, la república, tras el impulso de la Revolución Francesa (1789), resistida por el resto de la Europa feudal y monárquica.
La ilustrada Revolución impuso un nuevo orden político y económico, ocupado en su primer momento de confiscar y nacionalizar los bienes de la alta jerarquía feudal. La resistencia europea contra el novedoso esquema social francés derivó en la invasión germana al territorio francés. En cierta medida, este hecho comportó el desencadenamiento posterior de una diversidad de disputas y rivalidades entre las potencias europeas, así como el auge de corrientes ideológicas, que hubieron de impactar luego el equilibrio y el balance del poder (Henry Kissinger, sf) de la sociedad europea, en su conjunto. Fenómenos que podrían tener a la vez un alto grado de vinculación con el florecimiento de las corrientes ultranacionalistas y radicales, que estremecen, en este instante, la política europea, en cuenta a Francia, principalmente.
 Simultáneamente, la Revolución proclamó la democracia, fundamentada en “la igualdad por naturaleza del género humano”. Por lo tanto, se concebirá un Estado unificador, soberano, representante de la ley, nacido del consenso popular y de la división de poderes, con sentido nacional e identificativo, praxis que retoma, en exceso, la radicalizada Marine Le Pen, líder del Frente Nacional.
 Asimismo, habría de tener lugar la Declaración de los derechos del hombre, la cual reconoce la inviolabilidad de la propiedad privada, la igualdad de todos los hombres ante la ley, así también el derecho del pueblo a la resistencia frente a la autoridad arbitraria y abusiva. Imaginemos entonces los cimientos axiológicos y seculares de la revolucionaria Declaración, contrastantes con el Islam político. Todo ello, coincidente y concatenado con los eventos de siglos pasados, cuando se había reflejado el antagonismo y la aversión europea (y francesa) hacia ese credo religioso, abundante en tesis que reniegan de los principios de la libertad y la tolerancia.
 La Revolución francesa, la cual hubo de caer en manos de la burguesía, dio a la vez fisonomía al sistema de producción capitalista y la república liberal. Alteró no solamente un orden arcaico, sino que contribuyó ampliamente a transformar las instituciones europeas; sentó las bases ideológicas, doctrinarias de nuestra civilización occidental, dada la influencia de prominentes pensadores humanistas, que trascendieron de manera global.
Respecto a los altibajos de la Revolución, en cuanto a la consolidación de la república, hay que hacer mención a uno de ellos: la entrada en escena del imperio de Napoléon Bonaparte (1804 - 1815). A pesar de su despotismo y rapaces conquistas territoriales, de carácter bélico, en buena proporción de la Europa Occidental y Central; aun así, se le atribuye a él la vigencia del Código Napoleónico, con lo cual instituyó la primera estructura constitucional republicana, de los cinco ajustes políticos y jurìdicos, los cuales han dado vigor a la República Francesa.
A ella (la Revolución) le debemos el vocabulario político, compuesto de símbolos, palabras e ideas políticas, con las que vivimos hoy (Jean Touchard, 1977), las cuales datan de su período más inmediato (1789 - 1815), ya sean los conceptos de derecha e izquierda," Directorio", sufragio universal (masculino), patria y nación armada, golpe de Estado, burguesía, el ascenso social e individual, los movimientos populares - las comunas y los jacobinos como sus antecesores- , asamblea nacional o general, propiedad común, la abolición de la propiedad privada (fuente del marxismo, al igual que la experiencia de la Comuna de París en 1871), el culto a la razón, lo secular, la defensa de la soberanía nacional, etcétera.
 El sentimiento nacionalista e imperial quedó firmemente arraigado en Francia, lo cual modeló su propio comportamiento internacional. Siguiendo los pasos de los ingleses, holandeses, belgas, portugueses en la estrategia del reparto del mundo, en la búsqueda y la acumulación de materias primas y el dominio de las rutas marítimas comerciales, los franceses conquistaron y colonizaron múltiples territorios del Medio Oriente, África - especialmente Argelia (1830) - , Asia, el Océano Pacífico, la Indochina y América.
Entonces, identifiquemos una Francia, con profundo arraigo republicano; una potencia global y colonialista, centralizada y autoritaria, al tiempo que logró rescatar los territorios de Alsacia y Lorena, despojados por Alemania en la guerra de 1870. Tales antecedentes expansionistas y hegemonistas ofrecen una especie de “reversión paradójica”. Es decir, "un bumerán", por cuanto tal predominio, en la mayoría de las veces, arrastró expoliación, iniquidad, división religiosa y cultural, inestabilidad política y social en los confines subyugados. Aquel dominio de ultramar, con el paso de los años, vino a parar en una incertidumbre, e inmanejable, a causa de la extrema complejidad del terrorismo yihadista de nuestros días, el cual viene mortificando a Europa, en particular las antiguas potencias colonialistas, y que en esta etapa se reúnen en coaliciones militares, con tal de derrotar el violento fundamentalismo islámico en el Medio Oriente y Afganistán.
Lo cierto es que de potencia colonizadora, desde décadas atrás Francia experimentó un repoblamiento, semejante a un país colonizado por quienes otrora fueron sus súbditos, sean los árabes (musulmanes sunitas), los africanos y gente del Asia meridional - no pocos de ellos refugiados, que escapan de las guerras locales -, destinatarios también de las costosas transferencias del sistema de seguridad y protección social, bastante debilitado, según la opinión del público. Entiéndase un fenómeno inmigratorio que resienten y adversan los franceses nativistas xenófobos y racistas; de lo cual acusan al proceso integracionista, representado por la Unión Europea, en razón de sus políticas migratorias, permisivas, de fronteras abiertas.
 Por eso, han florecido conductas y reacciones antieuropeas, que calzan con el ultranacionalismo y el extremismo radical, opuestos a las instituciones comunitarias de la integración continental, en cuenta la zona económica y monetaria común, hasta cierto punto rasgos patrimoniales, afines al neo-nazifascismo.
Las credenciales y estigmas de nación imperial, condujeron a introducir a Francia a la Primera Guerra Mundial. Terminó sufriendo cuantiosas pérdidas económicas. En línea con su temperamento imperial y colonialista, en alianza con las otras potencias tradicionales, se impusieron graves compensaciones y reparaciones de guerra a la derrotada Alemania. Hasta exigió su desarme. Lo que siguió, la historia se ha encargado de relatar, explicando la respuesta de la sociedad alemana - los galos llevaron la peor parte - frente a los excesos europeos, que vinieron a reducir la moral y la estima nacional, en lo cual la nación gala fue la principal artífice. Puso en evidencia los antecedentes de potencia inescrupulosa. Sin embargo, la historia posee el atributo de cobrar facturas, el precio de estas fueron al máximo desventajosas contra París.
 En la ll Guerra Mundial la nación francesa fue víctima de la humillante y apabullante capitulación a manos de la Alemania, dirigida por el régimen nazifascista de Adolfo Hitler. El führer llegó a ocupar (1940) más de la mitad del territorio francés, siendo esto de los mayores traumas históricos del pueblo galo. Le sobrevino un enorme descrédito y desprestigio, al extremo que se cuestionó la determinación de habérsele concedido - con tal antecedente - un escaño permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU), una vez instaurada la organización multilateral. En cambio, el correcto desempeño de las grandes potencias aliadas - Estados Unidos de América, la Unión Soviética, Gran Bretaña y China Comunista - frente al eje nacional fascista, compuesto por Alemania, Italia y Japón, bien justificó ese "derecho natural" de conformar de manera vitalicia el principal órgano de la ONU.
 Con la rendición, la nación francesa desdibujó su propia historia llena de poderío, pasando de lo sublime al demérito. Más bien fueron las tropas soviéticas - rusas las que hicieron el sacrificio mayor en la guerra de Normandía, para liberar su territorio del nazismo. Por eso no es de extrañar el habido acercamiento francés con el Pacto de Varsovia en tiempos de la Guerra Fría, imitado ahora por la ultranacionalista y antieuropeísta la carismática Marine Le Pen, y su Partido Frente Nacional, en las nada casuales y fraternales conversaciones con Vladimir Putin; por cierto acérrimo enemigo y saboteador de los postulados de la Unión Europea - de la cual ha obtenido mayor provecho Alemania, el eterno rival de franceses y rusos - , así también de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
El declive galo en cuanto a potencia global corrió más allá de la capitulación. Poco después de la conclusión de la ll Guerra Mundial, Francia inició un brusco periodo de pérdida de hegemonía sobre sus colonias. Por su parte, le ha sido difícil reconocer - por orgullo nacionalista - el haber sido de las mayores naciones del viejo continente, beneficiarias del Plan Marshall estadounidense; asistencia que le hubo de permitir la modernización de su industria, fomentar la investigación científica, lograr la estabilidad económica, aumentar 47% el ingreso per cápita, avanzar en seguridad social; y hasta convertirse en potencia nuclear,
En el Tercer Mundo emergieron los movimientos de liberación nacional, las tesis de la descolonización, habida cuenta del espíritu de democracia y de legitimidad global de los derechos humanos, enarbolados, en aquel entonces, por la incipiente Organización de las Naciones Unidas, unido al otro factor estratégico: la fuerza de la Internacional Comunista, la cual ganaba prestigio, a causa de su colaboración para acabar con la alianza fascista. Fueron de lo más traumático y desmoralizador para los franceses las guerras anticolonialistas y de independencia de Argelia (1954), la del mismo Vietnam, cuya ebullición arrancó en esa misma década de 1950. Desgastaron la república. Otra vez su identidad nacionalista es golpeada.
 Arribamos a la revolución de 1968, la cual lesionó las bases liberales, desvirtuadas por gobiernos semi-autoritarios e impopulares. Lo cual dio cabida a nuevos movimientos contestatarios, entre ellos, los reclamos por la libertad de cátedra en las universidades, los activistas sociales de la talla de los ambientalistas o verdes, las voces antinucleares, los feministas, la comunidad gay.
La fuerza de tales corrientes hizo posible el ascenso del gobierno socialista de Francois Mitterrand en 1981, bajo una coalición con los marxistas. El nuevo gobierno practicó nacionalizaciones de algunos sectores económicos clave, e impulsó una agresiva política social. La derecha liberal debió acomodarse a la emergente recomposición de fuerzas, lo cual hizo inevitables las transacciones con los denominaciones izquierdistas. Razón por la cual se aceleró el esquema de la "cohabitación", a través del cual los liberales y la izquierda conformaron gobiernos de unidad, pro - europeos; entre ambos se dividieron el poder gubernamental. Eso sí, se retornó a las privatizaciones, pero se conservó la polìtíca social, decretada por Mitterrand.
El pasado de decadencia del nacionalismo francés, el predominio del bloque unitario europeo, al igual que las transacciones, y entendimientos entre liberales y socialistas (la cohabitación) fueron los factores determinantes que dieron un renovado impulso al ultranacionalista, antisistema, xenofóbico Partido Frente Nacional, el cual hizo una campaña exitosa por el NO en el referéndum de la Constitución Europea, el que venció por un 55%, frente al 45% del SÍ.
Jean- Marie Le Pen, un exparacaidista nacido en 1928, que combatió en las guerras coloniales de Argelia e Indochina, fundador de dicha denominación política, estuvo bastante cerca de haber triunfado en las elecciones presidenciales del 2002. Su hija Marine Le Pen retomó el liderazgo del partido; como mínimo, ella podrá llegar a la segunda ronda en los comicios de este 23 de abril. El gobierno socialista de Francois Hollande es objeto de una subrayada desconfianza popular; los partidos de la derecha liberal están sumidos en desentendimientos; varios de sus líderes han debido enfrentar cargos de corrupción.
Al intentar desmarcarse, dudosamente, del neofascismo, la candidata Le Pen proclama el retorno a las fuentes del nacionalismo francés, esta vez para rechazar abiertamente las migraciones y los flujos de refugiados, provenientes del Medio Oriente, Asia y África, la gente que ejecuta los trabajos desechados por los nativistas. Es decir, se trata además de las expresiones o las tesis del antieuropeísmo, signado por el triunfo del Brexit de Inglaterra. Ella ha sembrado expectativas alrededor de la presidencia del líder anti - sistema Donald Trump, gestor de la fusión de los movimientos entre la gente blanca estadounidense y europea.
 La candidata ataca a los proeuropeos partidos socialistas, los liberales, los de la derecha conservadora, estos herederos del pensamiento del general Charles de Gaulle - quien se enfrentó a la ocupación nazifascista - , al responsabilizarlos del "crash" financiero del 2008, del estancamiento económico y científico, el desempleo, de los abismos entre las distintas clases sociales. La carismática candidata, pudiera que salga con "un domingo siete" en los comicios de este abril. En política todo es posible.
Tengamos presente que, "a modo de efecto dominó", las corrientes políticas de la extrema derecha, ultranacionalista, antisistema, xenofóbica, y hasta racista, se han multiplicado por Europa entera, incluso, peligrosamente en Alemania, en donde el nazifascismo se incubó en su momento. En los diversos procesos electorales del continente acumularon terreno. Al mismo tiempo, hace uso de un discurso social populista, por el cual atrae a las capas sociales de menores ingresos, desfavorecidas de las políticas (globalizadoras) de la apertura comercial, la desregulación financiera y la libre movilidad de los factores de producción, institucionalizadas por la Unión Europea.
A la vez dichos movimientos radicales proclaman los preceptos de economías y mercados autárquicos, así como del orden político riguroso, al devolverle los poderes tradicionales al Estado Nacional. Se censura a las clases dirigentes tanto nacionales como las del bloque comunitario, a quienes acusa de burocráticas, corruptas e ineptas, quienes abrieron las fronteras al integrismo islámico, éste propulsor de la anticivilización, además de acucioso en lo tocante a extender el terrorismo, así como otros símbolos religiosos ajenos a los valores y normas occidentales.
Solamente en Francia viven más de 6 millones de musulmanes sunitas; se supone que varias agrupaciones suyas tienen tentáculos con los yihadistas sunitas del Medio Oriente. La islamofobia, excelente material político para Le Pen, del cual tampoco se escapan varios partidos tradicionales europeos proclives, a veces, a las medidas anti - inmigratorias y ultranacionalistas.
El acto terrorista de este mes en Gran Bretaña amplía el entusiasmo de los franceses hacia la hermosa rubia, apenas menguado por el triunfo de los liberales en las recientes votaciones de Holanda, donde la ultraderecha había retomado empuje después del asesinato del cineasta (anti - Islam) Theo van Gogh.
Aunque Marine perdiera las elecciones francesas “todavía la amenaza del ultranacionalismo y el extremismo persiste”. Lo peor que pudiera pasar es que sea exportado a América Latina. Mientras tanto, continuemos fomentando las voces dominantes, que tengan relación con los valores de la democracia pluralista, el Estado de derecho y el libre comercio. Y también pensar y actuar con misericordia ante el débil y el caído.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)

domingo, 5 de marzo de 2017

TRAS LAS HUELLAS DEL POLÍTICO EMERGENTE DONALD TRUMP.


TRAS LAS HUELLAS DEL POLÍTICO EMERGENTE DONALD TRUMP.
Un alto precio arrastra para la clase dirigente estadounidense el gobernar en un estado democrático liberal, multicultural, compuesto por fuerzas políticas heterogéneas, compactas e influyentes organizaciones civiles, en donde el capitalismo con libre mercado apuntaló la gran potencia universal, especialmente en el periodo de entreguerras mundiales. La sólida descentralización del poder continúa siendo parte de sus virtudes, y la base nacional y cultural de esa Unión abierta y pluralista. Así, hubo de concebirse desde sus cimientos históricos. La propia Constitución Política de 1787 debió expresar ese genuino valor ideológico, político y cívico.
El sistema de pesos y contrapesos (y de frenos) en el sistema político estadounidense reafirma la voluntad popular de restarle poder a la autoridad, o al representante democráticamente electo. En esto hay que remontarse a los antecedentes históricos. Colonizadores sajones y europeos que se liberaron de las ataduras feudales y del control absolutista, arribaron a esa porción del Nuevo Mundo "a fin de formar una Unión más perfecta, promover el bienestar general y asegurar" para ellos mismos y para sus descendientes los beneficios de la "Libertad", la ciencia y la prosperidad; en el ambiente “societal”, protector del sistema de mercado, cuya capacidad le permite a los ciudadanos y los inmigrantes acumular riqueza, talento, en el tiempo, a decir del famoso magnate Warren Buffett.
O sea, tendremos Estados Unidos de América (USA) indefinidamente. Habrá resfríos en esa ruta sin final de la libertad, la justicia, el crecimiento económico, la producción, el comercio y el consumo de bienes y servicios (de toda índole), del sofisticado conocimiento científico; la administración de Donald Trump puede que sea uno de esos resfríos. Lo que sí es preocupante y digno de la mayor atención es que haya tantos ciudadanos de USA viéndolo bien (Sergio Erick Ardón, 2017).
Esta vez el magnate republicano fue elegido gracias al respaldo de republicanos y demócratas blancos anglosajones, provenientes de los trabajadores y la clase media baja , por conductores de camiones, vendedores, agricultores, por hombres y mujeres "que tienen las manos llenas de callos". Constantemente, Trump se dirige a ellos, concitando a su formación política, el Partido Republicano, al declararlo como el defensor de los trabajadores y obreros estadounidenses, cuando en verdad ha sido a la inversa. Pues desde larga data, dicha denominación se ha distinguido por las causas de los sectores de más elevada renta e ingresos, entre ellos, los multimillonarios y los líderes de las grandes corporaciones transnacionales.
De uno de los diarios estadounidenses leímos, hace poco, que el 56% de blancos anglosajones - la etnia predominante - dice apoyar a Trump. De las etnias minoritarias: el 73% de los afroamericanos lo objetan todavía; sin embargo, durante el proceso de los comicios, ese porcentaje fue mayor, casi el 80%, en el primer mes del gobierno de Trump ese rechazo bajó. Pensando en la reelección presidencial, él viene acercándose activamente a los líderes de la comunidad negra. Mientras tanto, el 89% de la comunidad hispana lo rechaza. Casi que se ha mantenido inalterable el punto de vista de desaprobación de parte de los latinos o hispanos. Estos números hacen prever la disolución gradual del bloque unitario entre hispanos y negros, el que le rindió abundantes réditos electorales al Presidente Barack Obama.
Hay que admitir que significa una exacerbación el hecho de que a la inmensa mayoría de los trabajadores blancos y afroamericanos, escasamente, les interesa la cuestión del medio ambiente, el calentamiento global, los conflictos internacionales, en otras palabras, las complicaciones sociales. El examen de esas materias se focaliza en las clases de medianos y altos ingresos, compuestas por determinados políticos científicos, profesionales, líderes y activistas de la sociedad civil y la propia academia, donde el magnate encuentra resistencia.
En cambio el empleo, el salario, el consumo, y el confort son la razón de vivir del trabajador común. Trump se aprovechó de este modo simple y restringido de ver la vida, el cual se transformó en la fuente de su caudal de votos. Es lo mismo que el "sueño americano", sea vivaz o no, pero que, por más muros habidos, continuará atrayendo migración, proveniente de las más remotas latitudes. Es la ilusión. Ni la China, tampoco la India, menos Rusia, están escogidas como naciones de destino entre los planes de los migrantes y los refugiados, a quienes sus naciones de origen, les ha negado oportunidades básicas y un mínimo de patrimonio.
Por lo poco convencional que resultará la obra del Partido Republicano en manos del actual Presidente, tampoco ello podría llegar a convertirse en deriva desestabilizadora del régimen político. Por el contrario, se intentará auto-reafirmar y perpetuar. El factor clave será la inclinación suya (de Trump), principalmente, hacia las posturas nacionalistas, sustentadas en los intereses domésticos (“American First”), desde ya, con notorias determinaciones y próximas implicaciones en la seguridad doméstica o nacional - frente al terrorismo y el crimen organizado - . Ante lo cual destaca la construcción del muro en la frontera con México; su levantamiento es parte de sus armas frente a la migración, tan real y seria amenaza - según el Presidente - a la seguridad interior, como los residentes musulmanes.
En cambio, las inextricables relaciones entre allegados de Trump y los diplomáticos rusos, con el mismo Vladimir Putin, pone a varios senadores y congresistas a dudar acerca de la congruencia y autenticidad de la visión de seguridad nacional de la recién inaugurada Administración. Luego está en curso el afianzamiento, todavía mayor, del poderío atómico y militar, coexistente al económico, comercial y las inversiones.
Cabe resaltar, la empeñada idea de la Casa Blanca, en cuanto a derogar las reformas financieras Dodd-Frank del año 2010, con el propósito de disminuir los controles a las inversiones y los flujos financieros (Joseph E. Stiglitz, 2017), acompañado de reformas tributarias, favorecedoras de recortes de impuestos a las empresas privadas. Justamente, fueron las políticas y las medidas regulatorias las que han proporcionado mayor seguridad a los bancos, tras las turbulencias financieras del 2008.
Se prepara en paralelo duplicar el crecimiento económico al 4%. En este empeño, las empresas y las compañías representarán el firme sostén. Posiblemente, se les elevará el volumen a estos objetivos, en compañía de los subrayados excesos en inversiones alrededor de la infraestructura local, eso sí, bajo el riesgo de “minar las finanzas públicas”.
En lo tocante a su discurso – "que comienza a moderar" - a favor del proteccionismo comercial y el aislacionismo, es, para nosotros, precisamente eso: un discurso provocador, con el cual intenta “probar los límites de otros"; a diferencia de los pronunciamientos nacionalistas, de lo cual ha ofrecido claras señales, tales como, el énfasis y rechazo en torno al déficit comercial con China, con quien podría alimentar una "guerra comercial". Insostenible. Ambas potencias saldrían bien lesionadas (Keyu Jin, 2017).
Lo otro del gobernante estadounidense son las advertencias que giran sobre las disputas de la China comunista con el Japón, Corea del Sur, Vietnam, Taiwán, etcétera, al estar en juego la posesión de espacios marítimos en Asia Pacífico. Lo cual posibilitó en días anteriores la movilización de un poderoso buque de guerra estadounidense en la zona de tensión, con tal de contener los ímpetus expansionistas chinos. A la vez, de ese nacionalismo se desprende el intento de acrecentar el presupuesto militar en un 10% - equivalente a $54.000 millones - "para ganar las guerras" pendientes; adyacente “al riesgo inherente” del aumento del poderío nuclear, el cual está presente en la mente del nuevo presidente.
En las sociedades humanas hay leyes ineludibles. Frente a ellas, el mismo magnate, con todo su poder, llegará a ser totalmente débil. Desde su formación, la nación de George Washington, Abraham Lincoln y Ronald Reagan asumió, al lado de las naciones liberales y de tradición judeo cristianas de Europa, compromisos y responsabilidades para con la humanidad, los cuales estuvieron lejos de ser provisionales, menos aún, transitorios. Y con esa disposición histórica en pos de la prosperidad económica, las alianzas democráticas, fundadas en el respeto a los derechos humanos y del Estado de derecho, hizo, además, que la sociedad estadounidense haya ganado o capitalizado (Stiglitz, idem), en cuenta en seguridad. De modo que renunciar a tales presupuestos es cosa inimaginable, más ahora que persiste una visión optimista de la economía estadounidense, en lo cual los aportes del mandatario Barack Obama fueron determinantes; al cabo que Wall Street corre en subida, “inmune a la incertidumbre política de Trump”.
En ese orden, consideramos conveniente hacer una salvedad entre el nacionalismo populista de Trump, el cual tiene acción en la nación más desarrollada - en todos sus extremos - del planeta: una máquina económica y tecnológica, "bien engrasada", de múltiples dimensiones. Por lo tanto, para nosotros resulta inverosímil equiparar los presupuestos y expectativas de él con el histriónico y fallido socialismo populista de las naciones latinoamericanas del ALBA, entre ellas, Venezuela, Ecuador, Nicaragua y hasta la propia Bolivia, producto del cual dichas economías cayeron en la ruina.
El episodio del populismo europeo lo dejamos para otra ocasión, a pesar de que pensamos también en sus reales particularidades, que se diferencian en su naturaleza del que traquea hoy en USA, y el de las naciones populistas de nuestra región. Los efectos de cada uno de esos fenómenos populistas y nacionalistas obedecen a evoluciones y factores distintos, es decir, poseen sus particulares antecedentes, comportamientos y reacciones, por cuanto, expresan realidades específicas, diferenciadas, de los Estados Unidos de América y de la región latinoamericana, en donde aquel (el populismo) tuvo cabida. Lo cierto es que hacer tal equiparación es aceptar un "barbarismo", una confusión que hemos encontrado en varios reportes de opinión.
Las realidades históricas, políticas y económicas entre Estados Unidos de América y el ALBA son diametralmente distintas. En el caso particular del socialismo populista de Hugo Chávez (qdep) y de sus satélites, este renació sobre la base de economías rezagadas, precedidas por el dominio de élites férreas, autoras de desigualdades y exclusiones sociales, así como de estructuras políticas erosionadas, sumergidas en la ingobernabilidad y la corrupción. Proponemos este supuesto para trabajar con miras a una mejor comprensión del origen y configuración de las expresiones populistas del Siglo XXl, sobre lo cual hay que partir de las propias identidades y los desarrollos políticos nacionales.
Refiriéndose a la necesidad de perfeccionar el orden comunitario europeo, el excelente y versátil académico y diplomático español, Javier Solana, sugiere en una de sus recientes publicaciones, el retomar la relevancia del multilateralismo, como la mejor herramienta, “en un mundo interconectado”, para mantener la paz, compartir intereses, fomentar la concordia y la solidaridad en las relaciones exteriores
A través de ese esquema de diplomacia - dice este español -, que, además de “practicarlo a diario”, se habría de facilitar la vocación de “que cediendo todos, ganamos todos”, aparte que las complicaciones y vicisitudes “no pueden ser abordados a nivel nacional”, tampoco de modo bilateral. La misión será confrontar y neutralizar las corrientes populistas - nacionalistas, los extremismos, más todos aquellos mensajes y declaraciones excluyentes, incluido el “unilateralismo”, llámese para nosotros, una gama de desviaciones, que ponen en grave riesgo la estabilidad global. Brillante y atinadas las ideas de Solana. Hay un pero. Observamos sumamente frágil, paralizado y timorato al Sistema de las Naciones Unidas (ONU) para que sea capaz de concederle mayor legitimidad, valor y efectividad al multilateralismo. Desde que era jovencillo hemos venido escuchando la reforma de dicho sistema de diplomacia parlamentaria.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)

jueves, 16 de febrero de 2017

DIOS SE LOS PAGUE. AMIGAS Y AMIGOS DEL FACEBOOK.

DIOS SE LOS PAGUE. AMIGAS Y AMIGOS DEL FACEBOOK.

A los amados amigos de Facebook y localizados en otras vías similares, infinitas gracias, infinitas gracias, por los calurosos saludos de todos Ustedes para conmigo en el día de cumpleaños de este humilde costarricense. Hubiera preferido haberles transmitido mi más sentido y afectuoso agradecimiento de manera personal; les ofrezco mis disculpas por esta omisión, la cual la he intentado atenuar con este mensaje. Seguro, que por la bondad de estas vías tan modernas de comunicación, que intentan hacer fecundas las relaciones humanas, se hará posible que pueda llegar a todos: generosos amigos. Convencido soy de que “la voz de las personas, es la voz de Dios”. Y, gracias a la bondad de Ustedes, mis amigos, a pesar de los múltiples errores en la vida, ayer a Él lo percibí misteriosamente en mi alma.
También, con estos alegres sentimientos de gratitud, nos nace hoy, cuando ya abrazo sesenta años de existencia - ya numerosos - compartirles una historia de mi amada comunidad de Zapote (San José), en donde nací y crecí; esta vez haciendo mención de una excepcional, bella, inteligentísima, honorable dama costarricense: Ángela Carbonell Massenet (qepd). Conocida como Doña Angelita, esposa del afamado médico Carlos Sáenz Herrera, con cuya sabiduría y esfuerzos de este gran profesional, verdaderamente, se debió la fundación del Hospital Nacional de Niños, inaugurado en 1964, que, por cierto, hoy lleva su nombre. La honorable dama es la madre de nuestro compañero de labores Jorge Sáenz Carbonell. !Hay inexplicables coincidencias en la vida!
Nací en uno de los años de la década de 1950, justamente cuando Costa Rica experimentó una de las más altas tasas de nacimientos. Ese hecho tuvo resonancia en nuestra comunidad de Zapote, como en la mayoría de las otras barriadas josefinas, casi todas, rodeadas de potreros, cafetales, de caminos de barro, o lastre. Estos últimos, representaron en la época lo más avanzado de la infraestructura.
El elevado prestigio y condición social de la bondadosa Doña Angelita, enfermera pediatra, jamás le resultó un impedimento para que en aquella década de 1950 ella se decidiera a prestar, con amor y ahínco, sus valiosos conocimientos de las ciencias médicas en la humilde comunidad de Zapote, específicamente en su Unidad Sanitaria, a cargo del Ministerio de Salud. En nuestros días, esta clase de unidades de salud se conocen como los EBAIS.
El sistema de salud estatal, expresión de la reforma social de 1940, cimentada por el doctor Rafael Ángel Calderón Guardia, el comunista criollo Manuel Mora Valverde, Monseñor Víctor Manuel Sanabria y José Figueres Ferrer, comenzaba a dar forma en términos institucionales y científicos. Sin embargo, se registraban altas tasas de mortalidad de niños recién nacidos. Todavía aquella Costa Rica pobre, carecía de los buenos niveles de calidad de vida y salud, a diferencia del buen desarrollo social, del cual sus habitantes disfrutan en estos tiempos.
Pues, yo pude haber sido parte del grupo de los niños que fallecería después del parto de mi madre, quien sufrió inesperadamente un inconveniente en sus glándulas mamarias, por lo que la leche materna que consumía como bebé no estaba en su justo estado.
Doña Angelita había tenido minuciosos cuidados de todas las madres zapoteñas de aquella época, antes, durante y después del parto, en cuenta de mi madre. Por eso, el alma altruista suya hizo el milagro de ayudarle a mi progenitora a traerme al mundo, y enseguida lograr que aquel niño sobreviviera, derrotando la enfermedad que puso en jaque su vida. Mis oraciones de gratitud a tan notable mujer y enfermera, al igual que a mi madre y padre por darme vida. Lo cual me ha obsequiado la virtud de transmitirle a mi larga edad besos, abrazos y cariños a TODOS LOS AMIGOS DEL FACEBOOK.

martes, 14 de febrero de 2017

LUCES Y SOMBRAS EN MÉXICO Y, EN ESTE INSTANTE, EN MEDIO DE UNA ENCRUCIJADA.

LUCES Y SOMBRAS EN MÉXICO Y, EN ESTE INSTANTE, EN MEDIO DE UNA ENCRUCIJADA.

Hace aproximadamente diez años escuchaba a un asesor del Congreso de los Estados Unidos de América, refiriéndose con molestia alrededor del éxodo de mexicanos y centroamericanos - especialmente, guatemaltecos, salvadoreños, hondureños y nicaragüenses - hacia el país suyo. No solo ofrecía datos, relacionados con el fenómeno migratorio; simultáneamente, destacaba que la mayoría de estas personas lograron allí prosperar, reconstruir sus vidas, hasta llegarse a pensar que, especialmente, los mexicanos le estuvieran arrebatando empleos a los estadounidenses, con base en salarios bajos. Mientras que en sus naciones de origen la extrema pobreza recrudecía, y las oportunidades sociales eran casi inexistentes.
Al mismo tiempo, le llamaba la atención el déficit de gobernabilidad. Específicamente, anotaba la corrupción y la ineptitud en las instancias públicas y privadas, esto causante del estancamiento y mayor desigualdad. Tampoco la concentración de la riqueza se escapó de su análisis. Al final de su disertación, el estadounidense remarcó la tesis de que su país "ha cargado con el peso de las injusticias e irresponsabilidades de sus vecinos cercanos". Igualmente, añadió que la propia izquierda latinoamericana, principalmente, al lamer las heridas, con sus fijaciones, lenguaje sombrío y añejas diatribas - al estilo del Chavismo venezolano - frente a los errores históricos, cometidos por la nación estadounidense, se mostraba torpe e incapaz de plantear enfoques y opciones coherentes, acordes con los nuevos tiempos, tal que se empeñara en colaborar en la superación de las complicaciones estructurales del "subdesarrollo regional", cuyo origen “es político y casi caótico”.
Lo expuesto por el experto era como volver atrás a la historia de dichas naciones. La recurrencia de tales males sociales ha continuado siendo el detonante de ese éxodo; a la vez que se refunde en fórmula de alivio social a la disposición de las élites dominantes, quienes, por su lado, renuncian a recrear democracias cohesionadas, donde tengan lugar estructuras económicas y culturales incluyentes. Por el contrario, "el derecho a migrar" de sus gentes, ya es un componente de “la política social” de sus respectivos Estados.
Con tales argumentos sale al paso la agresividad del Presidente Donald Trump contra la inmigración, la acucia, ciertamente; pues además subyace la sensibilidad de una sociedad menos anglosajona y blanca. Reitera que el resto de la construcción del (humillante) muro será financiado con un impuesto a las remesas enviadas por los mexicanos a sus empobrecidas familias - en el 2016 sobrepasaron los US$25.000 millones, más de lo que México obtiene por las exportaciones petroleras - . Al cabo que insiste con la aplicación de un impuesto de 20% a las importaciones de su vecino del sur; presiona a las empresas estadounidenses para que desinviertan en México; en estos días ha hecho realidad las deportaciones de ciudadanos mexicanos, afincados en EE UU (El País, España, 2017).
Desde entonces hicimos el examen de asociar el punto de vista de aquel expositor, para llegar a la conclusión que las medidas draconianas, xenofóbicas, del nuevo mandatario estaban bastante lejos de ser obra de la casualidad. Diversos sectores del público estadounidense ya venían elevando el tono de los reclamos. En dicha agenda se señalaría al fenómeno migratorio como la causa mayúscula del aumento de la criminalidad. Por lo tanto, calificaron de insuficientes la construcción de una parte del muro fronterizo en tiempos de las dos administraciones de Bill Clinton; lo mismo que las deportaciones de 2,5 millones de migrantes indocumentados de parte del mandatario Barack Obama, quien se mostró errático, sin contundencia, con la prometida reforma migratoria, por la cual hubo de ganarse el favor del electorado hispano.
Junto con los musulmanes, calificados de terroristas, los mexicanos comienzan a ser de "las primeras víctimas" de la postura antimigratoria del presidente estadounidense, a quien le cobra además el déficit comercial con los Estados Unidos de América, equivalente a $63.200 millones. En efecto, el superávit comercial mexicano obedece al carácter plenamente abierto y aperturista de esa economía, interconectada a la economía global, e interdependiente en cuanto a negocios con el poderoso mercado de América del Norte. Los alienta todavía más el tratado de libre comercio (NAFTA de 1992); pero, al eludir la larga relación comercial entre los socios norteamericanos, quienes se han visto beneficiados por dicho acuerdo, ahora Trump, en su guerra comercial, “ha prometido renegociar o retirarse de él”. Para nosotros, difícilmente México, sin el NAFTA, puede continuar modernizando su sistema productivo.
La nación azteca posee más de 40 tratados bilaterales de libre comercio, grandes conglomerados comerciales, bancarios y financieros, manufacturas avanzadas, industria pesada, un sector agrícola agresivo, sobrados recursos naturales, entre ellos, el petróleo y gas, así también, alta inversión pública, ahorro nacional a raíz de las privatizaciones jugosas, llevadas a cabo por el presidente Carlos Salinas de Gortari. El empresariado estadounidense reconoce las fortalezas de la economía de su vecino, de quien ha obtenido enormes ganancias. Posiblemente, las leyes del mercado se impongan frente a la incertidumbre generada por “el amateur” de la política de Washington.
Con todo, México arrastra con su gente una compleja deuda social desde antes de la independencia nacional. Más adelante, ni la propia revolución mexicana de 1910, tampoco el heredero de tales ideales sociales, el autoritario Partido Revolucionario Institucional (PRI), el constructor de “la dictadura perfecta”, fue capaz de erradicar. Ese déficit que llega a manifestarse de manera dramática en 1994, al estallar la rebelión campesina en Chiapas, protagonizada por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Subrayemos las dos economías mexicanas, lo que da pie a los contrastes sociales: la del exitoso esquema de "crecimiento productivista", tecnológico y financiero, el cual con las medidas proteccionistas y nacionalistas de Trump, se vería obligado a explorar nuevos mercados. Luego, la otra economía, la abiertamente desigual, excluyente, atiborrada de interminables conmociones agrarias; en cuenta, la proliferación del empleo informal, la marginalización de poblaciones urbanas y rurales, sobre todo, de campesinos e indígenas - los pueblos indígenas representan el 30% de la población nacional - . Son estas poblaciones de rentas e ingresos paupérrimos, las cuales habrían de dar origen al contingente de más de 30 millones de mexicanos, que emigraron a la tierra del “sueño americano”; más de 11 millones de ellos se encuentran de forma irregular.
Admítanos hacer, atrevidamente, una analogía surrealista entre ese éxodo de 30 millones de mexicanos residentes en los Estados Unidos de América y la especie de ficción; aquella escondida en el subconciente nacional de los mexicanos. En donde crece a la vez la fantasía, de que sobre la base del éxodo de esa multitud de mexicanos, residentes en los Estados Unidos de América, por ahí se abriría la ocasión de recuperar la parte de California y Texas, capturada por los estadounidenses a mediados del Siglo XlX. Eso sí, lo que enseguida le valió a México desarrollar sesuda doctrina diplomática para blindarse de los abusos de las potencias del mundo desarrollado.
No en pocas ocasiones se ha subrayado a México como nación fallida, más aún en el ciclo de los cárteles de la droga, fuente de corrupción y erosión de la sociedad mexicana, en la cual la clase política y dirigencial, lo mismo que algunos sectores del empresariado, de la sociedad civil, aparecen siendo sus cómplices. Esa erosión manifiestamente expresa en la debilidad del Estado de derecho; ha significado en parte la huella del PRI, en aquellos setenta años en el poder, a través de procesos electorales amañados y compra de conciencias. Así, como si a la perfección, hubo de ejercitar “la ley de hierro de la oligarquía”, abstraída por el politólogo alemán Robert Michels.
La revalidación de tal hipótesis, la del Estado fallido, llega a respaldarse en el gradual deterioro de los derechos humanos, la asociación entre las instituciones represivas y el crimen organizado, lo cual tuvo sus implicaciones en la guerra a los cárteles de la droga, llevada a cabo por el Presidente Felipe Calderón. Justamente, el narcotráfico, frente a lo cual los gobiernos mexicanos han de sumarse a los esfuerzos del hemisferio para contenerlo, habida consideración que sus redes y tentáculos criminales siguen amenazando, de manera particular, la región centroamericana.
Bien lo manifiesta el exdiputado costarricense Sergio Erick Ardón , en que a pesar que la dirigencia política mexicana nunca ha sido proba que digamos, y a nuestro juicio poco convencida de las reglas de la democracia, no obstante, el hermano mayor se encuentra en la terrible encrucijada: “o se someten a la humillación y acceden, o pierden sus mercados y ven hundirse su dependiente economía”. En términos similares lo planteó hace días, uno de los editoriales del periódico El País de España, al destacar que es un deber tanto de Europa como de la comunidad iberoamericana de salir en defensa de México, poniendo al servicio de esta causa solidaria los foros regionales y los sistemas de cumbres “que nos unen a México”; de lo contrario, cabría “preguntarse entonces para qué sirven”. Feliz día de la amistad.
Ronald Obaldía González (Opinión personal)