viernes, 15 de noviembre de 2013

TOTALMENTE IDENTIFICADOS CON LA HISTORIA Y LAS CONQUISTAS DE COSTA RICA


TOTALMENTE IDENTIFICADOS CON LA HISTORIA  Y LAS CONQUISTAS DE COSTA RICA.

 

Antes de comenzar el comentario posterior, admítanme compartir con Ustedes el valioso aporte, que nos hizo llegar  el Embajador costarricense Melvin Sáenz Biolley en torno a la figura de Juan Vázquez de Coronado, el verdadero Conquistador de nuestro país, sobre quien hicimos referencia en el artículo anterior.  Nos expuso el Embajador Sáenz que este Conquistador y Adelantado cursó estudios de abogacía en la Universidad de Salamanca (España), seguro que su formación humanista moldeó su espíritu superior y el justo y generoso comportamiento para con nuestros aborígenes. Realmente, desconocía este dato académico en la biografía del fundador de la Ciudad de Cartago.    

 

Vuelvo a nuestro asunto. En estos tiempos en Europa y buena parte de América Latina están en boga las premoniciones contra el sistema democrático de los países que realmente lo son. La mayoría de ellas se revisten de informes alarmistas, los cuales ya tienen larga tradición. Tan comunes son en las ciencias sociales, especialmente.  

 

Se supone que tal método analítico  proviene de la influencia del determinismo histórico, componente fundamental de  la doctrina filosófica, construida por  Karl  Marx y Federico  Engels, que deviene de los postulados del materialismo histórico (la lucha de clases)  y del materialismo dialéctico (las contradicciones ideológicas),  abstraídos de la real evolución de la sociedad y la cultura universal.         

 

Sin embargo, el objetivo de nuestro comentario es alejarse de la explicación de la doctrina marxista, no nos interesa,  puesto que nuestras convicciones e ilusiones coinciden con  el liberalismo, el que prescinde de las "premoniciones". Por cuanto, su interés fundamental reside en la defensa  de la primacía de la libertad de la persona humana,  (la vida privada)  como el centro fundamental del quehacer  económico, político y filosófico.  

 

En la concepción liberal el ser humano es “una obra de arte”, y como tal debe estar exento  de dogmas, del pensamiento derrotista, de  sucesivas determinaciones  o de  ataduras superiores,  que puedan impedirle  pensar, crear y movilizarse voluntariamente por el mundo.      

 

Lo cierto es que Costa Rica tampoco se escapa  de esas habituales premoniciones, tanto que la propia academia se encarga de enviciarse.   Así por ejemplo, desde tres décadas atrás o más, hemos venido escuchando el fin de nuestra democracia, de su erosión, “estancamiento”, además de otras supercherías, asociadas a un peculiar  estado de ánimo,  que hemos dado en llamar “el ticopesimismo”. 

 

Advirtiendo sobre el comportamiento fatalista o pesimista, fuente de ese “ticopesimismo”,  el destacado periodista Robert Samuelson del diario  “The Washington Post”,  reporta que tal  patrón de conducta en la ciudadanía,  podría generar en los países profundas implicaciones políticas y psicológicas, dado su crítico poder contagiante, en cuyo  caso particular, y según nuestro criterio, haga posible   que en Costa Rica la desconfianza sobre el futuro,  hacia el gobierno y los partidos políticos se intensifiquen  peligrosamente, aun cuando apenas seamos testigos del lenguaje  agresivo, no consumado en hechos violentos.     

 

La gente “antisistema”  camina  más allá de esos análisis o estados de ánimo y se aprovechan de ello, al  vaticinar y alentar  la pronta llegada del populismo  - o la alternativa de reducir al máximo el tamaño y las funciones del Estado -,  “hace que las economías sean débiles”, al igual que los gobiernos democráticos,  por lo que resulta probable que se fortalezca el entusiasmo  y el atractivo de movimientos populistas y extremistas (Robert Samuelson), los cuales han irrumpido en algunas naciones, con pasados escabrosos.  

 

Del mismo modo, los “antisistema”  intentan adulterar  la historia costarricense (“o nuestra praxis”), pasan por alto sus particularidades excepcionales.  Que la pobreza y la carencia de materias primas, apetecidas por la Corona española en las épocas de la conquista y la colonia  libraron a nuestros antepasados  de continuas conflagraciones y disensiones políticas, que agitaron desde el principio a otros Estados  de la región.

 

Igualmente,  que nos favoreció  la lejanía geográfica de las autoridades del imperio, lo cual les permitió mayores márgenes de libertad para afianzar instituciones republicanas, al servicio del orden y la paz (Ricardo Fernández Guardia; Eugenio Rodríguez Vega); razón por la cual es imprescindible recalcar a las nuevas generaciones, lo que significan estos valores históricos en la vida de un pueblo.  

 

El otro factor determinante, que ha pasado desapercibido, en lo que respecta a la formación de nuestra democracia,  llegó a ser la decisión de los habitantes costarricenses, tras la independencia nacional en 1821, de formar una participativa junta superior gubernativa interina,  compuesta de delegados de las ciudades y pueblos más activos de la humilde provincia de Costa Rica, cuyo propósito consistió en organizar las bases políticas del nuevo Estado, iniciándose con la adopción del Pacto Social Fundamental Interino.

 

Es decir, a diferencia de  la experiencia de otros países, en los cuales las élites criollas, asociadas con  los militares o caudillos personalistas que cumplieron un rol preponderante y decisivo en la organización de los nacientes Estados nacionales, discriminatorios y socialmente desintegrados;  la democracia costarricense en cambio se construyó sobre la fortaleza de la sociedad civil de aquel entonces, organizada en poblados, primero, por la religión Católica; luego por las ordenanzas de la Constitución de Cádiz (1812) de impulso liberalizador y humanista.  

 

Así entonces, se amalgamó una sociedad pujante, todavía sobreviviente,  abierta a las ideas progresistas del  liberalismo, proclive a respetar un sistema legal, dándose  lugar a una estructura de “democracia de base”, que, apoyada poco después en el éxito de la economía del café, pudo superar las vicisitudes y profundas limitaciones, propias de la pobreza crónica. Esta  mitigada  en el transcurso del  Siglo XlX,  hasta llegar a funcionar en Costa Rica  una de las economías  más prósperas de Mesoamérica, incluyendo no pocas latitudes de América del Sur.      

 

En conexión con lo antes comentado, habrá que tomar en cuenta otras equivocaciones analíticas que  hoy salen a relucir, con la mala suerte que alimentan “el ticopesimismo” como tal; el que dista de rendir homenaje a nuestra excepcional  historia.   

 

Afín a lo destacado por el periodista Samuelson, consideramos que el éxito de los países no necesariamente puede juzgarse exclusivamente en términos económicos. Existen positivos comportamientos de los costarricenses, específicamente, las tareas o desempeños civiles, dificultosos de medir  como secas cifras para el producto interno bruto (PIB).  

 

Herencia de los comienzos de la formación del Estado democrático, en nuestro país continúa destacando una sólida estructura de organizaciones no estatales. Este lugar lo ocupan en nuestro tiempo las asociaciones comunalistas de desarrollo, las iglesias católicas y protestantes,  las entidades filantrópicas, las cooperativas, el movimiento solidarista, el activismo voluntario, el emprendedurismo;  todos  ellos, sujetos de la sociedad civil, capacitada a la vez de tener control de ciertos  acontecimientos sensibles de carácter social y económico (y hasta políticos), especialmente en circunstancias en que un gobierno, incluidos los partidos políticos,  se muestren limitados para actuar.

 

En los diferentes contextos históricos la fuerza de esta estructura de democracia de base ha hecho su aparición con la debida eficacia, sobre todo en los que fueron críticos. Su capacidad se puso a prueba en la gran depresión mundial de 1930, en las complicaciones de la deuda externa durante la década de 1980, cuando tales agentes se transformaron en firme sostén de la estabilidad democrática.

 

Hasta en los triunfos de la selección nacional de fútbol se ha puesto de manifiesto el legado e impulso de las duras luchas de las primeras generaciones de nuestra sociedad civil. Luchas reproducidas  ante el accionar constructivo de los comités deportivos de nuestras comunidades, quienes a través del trabajo voluntario desplegado,   desarrollan desde las bases el talento de los niños y jóvenes futbolistas,  que habrán de derrotar a poderosos rivales, entre ellos, los Estados Unidos de América y México, que a pesar de sus inmensas poblaciones y cuantiosísimos  recursos materiales fueron incapaces de doblegar a este pequeño país en la anterior eliminatoria mundialista.  

 

El “ticopesimismo” no rima con la tradición y visión de nuestros abuelos, que anhelaron que “su tierra adelante”.     

 

Ronald Obaldía González (Opinión personal)

 

 

 

 

1 comentario:

  1. Carlos Echeverria escribió:

    Tu artìculo es buenìsimo. La democracia liberal, en un pueblo como el costarricense, es muy fuerte.
    Comentarios sobre el artìculo:

    1) Costo mucho organizar a los costarricenses. Sencillamente no querìan, por su naturaleza o por que no lo veìan como necesario, eran pocos los que querìan vivir en comunidad. Dicen que vino mucho gente de España, vasca y castellana principalmente (Echeverría y Esquiel, por ejemplo), que lo que querian era que los dejaran solos. Para eso, escogieron el país perfecto, como bien se deduce de tu bien escrito e interesante artículo.

    2) Escogiste no mencionar la revolución del 48 como un momento dificil, donde el liberalismo sacó casta y olvidaste el "sabundrazo", en los años 50, que fue muy duro.

    Un abrazo

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