martes, 5 de noviembre de 2013

UN INICIADOR DE LA CULTURA POLÍTICA COSTARRICENSE.

UN INICIADOR DE LA CULTURA POLÍTICA COSTARRICENSE.

Coincidimos  con don Raúl Arias Sánchez, prestigioso historiador costarricense, que la señera figura de Juan Vázquez de Coronado (1562 – 1565),  “el Gran conquistador español de nuestro territorio” y fundador de Cartago, la hemos dejado a un lado de la historiografía nacional.
  
El abandono sobre el estudio de la obra de este conquistador (después nombrado Adelantado por el rey Felipe ll) trae consigo una grave omisión, por parte de las disciplinas de las ciencias sociales costarricenses.

Apenas un cantón de la provincia de San José, fundado en 1910, lleva su nombre; demasiado poco para Vázquez de Coronado, uno de los  autores  de  nuestra psicología social;  mejor dicho,  uno de los autores de las bases del ser costarricense, puesto que él junto a cientos de humildes seres humanos (segundones españoles) “amasaron la levadura de una nueva nacionalidad”. Enseguida expondremos  algunos supuestos.

A diferencia del trato duro proporcionado por el conquistador Juan de Cavallón contra los indígenas, a quienes los despojaba del maíz, que era su principal alimento, al cabo que les implantó las encomiendas  - que no era otra cosa que la repartición de los indios entre la gente traída por él - ,  Vázquez de Coronado, en cambio,  siendo conquistador, se esforzó por pacificar a los aborígenes, tratándolos inteligentemente al establecer poblados duraderos, tal que ellos y los mestizos quedaran arraigados a la tierra (Eugenio Rodríguez Vega, 1982).

La miseria del territorio costarricense tanto en el contexto de la conquista como la colonia, carente a la vez de factores de producción de interés vital a las necesidades de acumulación del imperio colonial español, fueron los cómplices de las desgracias y el empobrecimiento de los conquistadores y gobernantes, encomendados a superar aquella continua postergación, descrita en ese entonces por el Padre Estrada Rávago.

                 “…la dicha provincia de Costa Rica es desgraciada, o por mejor decir, los que en ella habemos entrado y gastado nuestras haciendas, y pues yo lo puedo decir con verdad, por haber gastado más hacienda, que otro alguno y haberla puesto en el estado en que está”.  Y termina diciendo el conquistador arruinado:  “todas las veces que me acuerdo de haberlos dejado, no puedo detener las lágrimas” (Rodríguez Vega, idem).

Lo antes dicho pone en evidencia la situación precaria de la provincia, pero lo cual (paradójicamente) hubo de mantenerla  alejada de las disputas encarnizadas entre los extranjeros españoles y las civilizaciones indígenas, comunes en casi todo el Nuevo Mundo, cuyo propósito genuino  descansó en la dominación y el control político de los factores de producción, codiciados por el reino europeo.

Aquí por el contrario, la gestación del tipo de sociedad relativamente horizontal y socialmente equilibrada,  llegó a interpelar por igual a españoles, criollos, mestizos, indígenas y mulatos  en un ambiente de retraso y calamidad, que agobió a todos los segmentos sociales.  

Apartándose de la codicia y la dureza de sus antecesores, nuestro principal conquistador, también pobre y abandonado por las autoridades españolas,   se propuso descubrir la provincia, la recorrió de Nicaragua a Castilla de Oro y de mar a mar.

Vázquez se adelantó a su tiempo. Se comportó como un consumado político, haciendo gala de su don de gentes, fuera “el tacto, la bondad o la fuerza”,  esta que practicó,  sobre todo, en Coto, donde hubo peleas feroces. 

Asimismo, supo tratar a los indígenas, los apreció y consiguió de ellos, de  lo cual los otros conquistadores fueron incapaces  (Rodríguez Vega). Fortaleció la amistad con influyentes caciques, entre ellos, Accerrí y Iurusti.  La buena fama de Vázquez de Coronado corrió por todas las comunidades aborígenes.  Con singular entusiasmo informó a sus superiores acerca de los avances de su tarea y de la buena disposición de los nativos para con él:

               “quedaron con grandísimo contento, es grande el crédito que de mí tienen, confianse extrañamente de lo que conmigo conciertan y espero en Dios saldrá desta jornada y de mi benida la pacificación de la mejor tierra que su magestad tiene en Yndias”.

Sin pretender negar los abusos y los malos tratamientos de los que fueron objeto nuestros primeros pobladores por parte de los conquistadores, ya fuera antes y después de Vázquez de Coronado, aquellos llegaron a ser, eso sí,  absolutamente menos traumáticos que los de otras latitudes de este continente descubierto por Cristóbal Colón.

Lo reseñan tanto Ricardo Fernández Guardia como Eugenio Rodríguez Vega en sus respectivas obras;  ciertamente,  Vázquez de Coronado con su proceder civilizado, humanitario y al ser menos codicioso que los demás conquistadores, entendió su misión occidentalizadora.  

Prácticamente,  el fundador de Costa Rica se distanció de las conductas expoliadoras;  a cambio de ello se fijó la idea de establecer “asientos firmes para organizar formas de vida perdurables”.  Tal vez será bastante atrevido e insensato de mi parte suponer que Vázquez moldeó nuestra inclinación por el respeto a la dignidad de todas las personas; ofrezco más bien las disculpas del caso por este aventón emocional que me domina al hacer referencia de este insigne español.    

Puede haber sido cierto que este conquistador después dejara  escuela a los gobernadores españoles, quienes, con la  excepción de Perafán de Rivera,  se cuidaron de sobrepasarse  contra la gente que estuvo bajo el poder de ellos. Al cabo que  ha sido de los que más ha influido en varios de nuestros patrones de conducta, pudiendo esto percibirse en el periodo colonial costarricense y hasta en los propios Siglos XlX y XX de la sociedad  costarricense, nacida para la libertad y el trato igualitario entre sus pobladores.

Así también, hubo de dejar huella  en la posterior y apacible sociedad, “liberada de odios y de grandes pasiones y prejuicios”, pero que se ha comportado díscola cuando la sacuden violentamente. Y que al mismo tiempo continúa intentando, con éxito, las formas fáciles y sencillas para dar solución a  las urgencias y apuros económicos y sociales. Quizás esto explique el hecho de que la humildísima  provincia hubiera superado paulatinamente sus difícil periodo  de rezago colonial.      

Finalmente, permítanme especular en cuanto que  Vázquez de Coronado contribuyera a moldear nuestra tradición política, puesto que al estudiar las notables obras  de  Braulio Carrillo, Juanito Mora, Ricardo Jiménez, Calderón Guardia, Manuel Mora Valverde y José Figueres, podemos palpar que la mayoría de los costarricenses tienen la tendencia de compenetrarse (o identificarse)  con “un hombre magnífico”, más que un caudillo o un partido político estructurado.  Habrá que ver si  esta tesitura la heredamos  también de nuestros indígenas quienes, en la oscuridad  de la conquista,  se vieron tan atraídos por el positivo carisma de Juan  Vázquez de Coronado.  
  
Ronald Obaldía González (Opinión personal)    
 


1 comentario:

  1. Excelente comentario don Ronald….

    La verdad es que los dirigentes de este país deben aprender de la verdadera convicción del pasado…..lástima que eso se va perdiendo….
    pero mientras estemos en pie de lucha …algo se rescata de lo dicho…. Muy buen reflexión…

    Saludes de Jesús Molina (CGR)

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