domingo, 1 de noviembre de 2015

EN GUATEMALA Y ARGENTINA HAY, DE VERDAD, PODERES DETRÁS DEL TRONO.

EN GUATEMALA Y ARGENTINA HAY, DE VERDAD, PODERES DETRÁS DEL TRONO. De toda suerte, Guatemala concluyó la semana pasada sus propios comicios generales, que transcurrieron sin mayores zozobras y poco entusiasmo. Jimmy Morales comediante, enchapado de rancio racismo, quien dice "temer a Dios" y al que se le vincula con empresarios y militares conservadores es el nuevo presidente electo de Guatemala. Con amplia ventaja en la segunda vuelta de las elecciones ganó a Sandra Torres, la exprimera dama social - demócrata. El alto abstencionismo, que rondó el 52%, “da una seña inequívoca” sobre la crisis de credibilidad que afecta la política guatemalteca (Sergio Erick Ardón, 2015), una debilidad agrandada, merced a la intromisión de los militares en la estructura burocrática del Estado, al igual que la reveladora infiltración del crimen organizado y sus peligrosas cuotas de poder. Las elecciones guatemaltecas estuvieron signadas por el escándalo de corrupción, relacionado con el cobro de sobornos, asociados a la evasión de impuestos aduaneros, lo cual culminó con la renuncia a inicios de setiembre pasado del presidente Otto Pérez - también militar y con antecedentes de violaciones a los derechos humanos en los tiempos de la guerra, protagonizada por el ejército y la guerrilla izquierdista. Los argumentos de la desgastante guerra: la irremediable desigualdad social, además de la desintegración étnica, era la justificación de la guerrilla para superarla, en este empeño nada logró. Por su parte, sirvió de justificación al ejército y la oligarquía cuasi - feudal para desactivar cualquier reforma social, como aquella la de Arévalo y Arbenz (1944 - 1954), que la CIA estadounidense frustró o, en su lugar, contrarrestar la amenaza del comunismo. Tras la fallida reforma social guatemalteca, las arcaicas estructuras de poder y la discriminación étnica guatemaltecas continúan casi intactas. Los Acuerdos de Paz (1996), suscritos por el gobierno y los insurgentes resultaron insuficientes, y con ello poner fin a los factores determinantes de la desintegración y la ausencia de cohesión social, incluidas la continua influencia del ejército y la fragilidad de las instituciones políticas y judiciales. La corrupción es apenas una de las desgracias, encima de ello hay un panorama todavía más riesgoso, eso sí, la dimisión del Presidente Pérez no deja de resultar algo esperanzadora. Sin embargo, la cruda realidad social, que inmovilizó a sus predecesores, sin talante, ni poder de decisión, es tal, que puede programar otra vez al nuevo Presidente, es de preverlo. Su mandato, como es usual en Guatemala, da cuenta que entrará demasiado hipotecado “a los mismos de siempre”. En Argentina hubo también elecciones generales. En una segunda ronda, que tendrá lugar el 22 de noviembre del año en curso se definirá si habrá continuidad o no del oficialismo, es decir, el peronismo (kirchnerista). El peronismo ronda los ochenta años de historia en la culta e inteligente nación suramericana, surgido del carisma de Juan Domingo Perón y de su primera esposa Eva. Esbozó la doctrina de la justicia social, basada en políticas sociales paternalistas a favor de la clase trabajadora; prohijó el nacionalismo e impulsó la industrialización; en cuanto a tendencias políticas, sin desprenderse de la economía de libre mercado, ha girado a la derecha (con Carlos Menem a la cabeza) o a la izquierda (algo así como la familia Kirchner). En 1973 Perón había alcanzado otra vez el poder, le sucedió de inmediato María Estela Martínez, quien, poco antes enviudó de Perón. Pero, en medio de la radicalización, las agitadas y violentas contradicciones internas entre los grupos izquierdistas y derechistas dentro de este movimiento, al igual que en el pasado, llegó a ser objeto de otro golpe de Estado, el cual dio origen a la dictadura militar en 1976. Así se inició el periodo más traumático y oscuro de la historia argentina, el de “la guerra sucia”, que implicó el asesinato de activistas sociales e intelectuales, opuestos al gobierno de facto de los militares, así como la eliminación de los guerrilleros izquierdistas, llamados “los montoneros”. Una de ramas contemporáneas del peronismo, a saber, la familia Kirchner y su círculo íntimo suma 12 años de mandato; el decir de no pocos de sus adeptos, es que la prefieren para gobernar, “porque a pesar de robar, hace mucho por el país”. Al adoptar políticas sociales populistas, regidas por el Estado intervencionista, al lado de una política exterior cercana “al eje chavista bolivariano” - nada extraño en esto, en los inicios de su farragoso movimiento, Juan Domingo Perón (con su esposa Eva) se alió al nazi fascismo alemán - , ahora el mandato del peronismo (kirchnerista) puede llegar a su fin en el balotaje. Hubo avisos recientes de ello, el candidato oficialista a la Presidencia de la nación, el multimillonario Daniel Scioli (antes derechista, hoy “populista”), obtuvo una victoria pírrica frente a su principal opositor Mauricio Macri, este seguidor del libre mercado y de políticas de ajuste, hasta de mejorar las relaciones y entendimientos con los Estados Unidos de América. El también candidato oficialista acaba de perder definitivamente la elección de gobernador de la provincia de Buenos Aires, luego de casi 30 años de ser gobernada por el peronismo; como dijimos, las señales de derrota en el balotaje se expanden, sobre todo, al tenerse en cuenta que dicha provincia alberga el 40% del padrón electoral. Ya sea en la oposición o en el gobierno, el peronismo y sus múltiples tendencias oficiales poseen “un arco de alianzas sociales y corporativas” extremadamente influyentes, entre ellos también, senadores y diputados sagaces, el sindicalismo, los empresarios nacionales, medios de prensa (Julio Burdman, 2015). Si bien, Argentina atraviesa una crisis económica, lo cierto es que la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner deja la presidencia con popularidad, con legitimidad y lealtades (Burdman, idem), tanto dentro del peronismo como en las estructuras burocráticas del Estado, así como aliados en el poder federal y corporativo. Lo cual significa que si la sucediera la oposición anti - peronista, esta vez representada en la segunda vuelta por un partido realmente “novato”, la tarea de gobernar quizás estará lejos de serle sencilla. Hay que tener astucia y agallas para enfrentar un peronismo, colocado en la oposición. Los presidentes Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa lo experimentaron, tienen malos recuerdos. Ronald Obaldía González (Opinión personal),con la colaboración de Priscilla Soto, estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica.

3 comentarios:

  1. Juan Manuel Otárola Duran escribió:

    Gracias , analisis muy completo.

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  2. SERGIO FERNANDO ARAYA ALVARADO escribió:
    Magnífica e integral lectura de lo acontecido electoralmente en Guatemala y Argentina de manera recién.
    Saludos

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