lunes, 23 de noviembre de 2015

LLEGÓ EL TIEMPO DE REPENSAR EN EL SISTEMA PENITENCIARIO COSTARRICENSE.

LLEGÓ EL TIEMPO DE REPENSAR EN EL SISTEMA PENITENCIARIO COSTARRICENSE. Frente a la estulticia y el egoísmo humanos, frecuentes en casi todas las organizaciones pública y privadas, en su lugar llegan a ser refrescantes las iniciativas atinadas de aquellas autoridades públicas, quienes hacen esfuerzos supremos por apartarse de tales comportamientos destructivos. Me refiero esta vez a la tesis de la brillante (y elegante) Ministra costarricense de Justicia y Paz, Cecilia Sánchez Romero, en cuanto a cuestionar relativamente la cárcel, como único instituto y recurso de sanción contra los infractores de las leyes penales. Coincidimos con esta inteligente mujer tica en que la cárcel llega a ser degradante en estos tiempos, cuando las sociedades civilizadas aspiran a hacer realidad (a ultranza) el pleno respeto de los derechos humanos, consustanciales al respeto a la dignidad de la personalidad humana; al cabo de que los asesinatos en las ciudades y las cárceles costarricenses distan de experimentar incrementos exponenciales o patológicos. Siempre en consonancia con el Estado de derecho y al amparo de su buen juicio, la Ministra Sánchez Romero, interesada en la aplicación de modalidades alternativas al de la odiosa cárcel, así también preocupada por el hacinamiento carcelario - "barbarie", impermisible en Costa Rica - , nos trae a la memoria al sacerdote jesuita (cristiano) de la India, Anthony de Mello, psicoterapeuta a la vez, conocido por sus libros y conferencias sobre espiritualidad, en los cuales se apoyaba en los postulados teológicos de otras religiones, entre ellas, el budismo y el hinduísmo, además de la tradición judeocristiana. Este sacerdote proclamaba que a los enfermos mentales, lo mismo que a los privados de libertad "no había que encerrarlos, lo que había que hacer era curarlos". Tras leer buena parte de los libros de este sacerdote asiático, difícilmente encontré algún tratadista penal, que encarne con la beligerancia del caso, tal visión humanista y revolucionaria, llena de base moral. Una visión que persiste en el convencimiento, en cuanto a la posibilidad modificar y rehabilitar al infractor, o el comportamiento negativo de cualquier persona, a pesar de su dramática vulnerabilidad social. Eso sí, teniendo presente la compasión, la educación, la cultura, el entorno ecológico y comunitario, es decir, el justo reconocimiento de su humanidad, de lo cual tampoco podemos prescindir. En línea con este principio filosófico, el abogado nacional Carlos Tiffer sugiere la promoción de alternativas al encarcelamiento, o sea, otro tipo de sanciones más integradoras socialmente, pensándose siempre en la reinserción del infractor a la sociedad, mediante “la inserción al trabajo”, el servicio a favor de la comunidad, la reparación de los daños, así como el uso de los dispositivos electrónicos, etcétera. Incluso, los programas de reintegración hay que acompañarlos de estrategias efectivas para prevenir en la población la adicción a las drogas y el alcohol, a sabiendas que esta enfermedad incrementa los factores de riesgo en el auge de conductas delicuenciales. Por esto mismo, resulta conveniente reforzar la misión y la gran labor científica del Instituto costarricense sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA), en la perspectiva de enfatizar en la prevención del delito, mediante la salud física y mental (Carlos Tiffer, 2015). En cambio, en el Siglo XlX el criminólogo italiano Ezequiel Cesare Lombrosio planteó erróneamente que los delincuentes son natos, accionan por instintivos, sobre todo, proclives únicamente a romper los frenos inhibitorios, estos que sí poseen las personas normales. Su escuela positivista (racista, discriminante, siempre la he acercado al darwinismo) suponía que las taras genéticas o las causas genético hereditarias (ausentes en los sujetos normales), entre ellas, la protuberancia en la frente, los pómulos salientes, los ojos achinados, las protuberancias en el cráneo, determinaban que un sujeto cometiera delitos. Un supuesto apresurado, pues un rasgo de estos forma parte del fenotipo de cualquiera de nosotros. Desde antes, un hecho singular, comenzó a poner, paradójicamente, en entredicho el planteamiento biológicamente determinista o condicionante de Lombrosio. A finales del siglo XVIII un grueso número de convictos británicos - aproximadamente 200.000 - fueron transportados a la fuerza a las diversas colonias (penales) de Australia. En ese entonces, el gobierno británico había analizado varias alternativas, a fin de aliviar la condición de sus prisiones, las cuales estaban saturadas. El incidente de las prisiones coincidió con uno de los argumentos que justificaron, propiamente, la exploración del continente australiano, en esa época convertido en colonia agrícola de ultramar. De este modo, los convictos realizaron allí trabajos duros, casi en situación de esclavitud. Los últimos convictos que fueron trasladados a la fuerza a Australia llegaron en 1868; es decir, hace apenas poco tiempo. Al cumplir su sentencia, ellos quedaban liberados. Igualmente, sus hijos eran libres desde su nacimiento. Todos en familia se enriquecieron, se transformaron en la clase de colonos prósperos, capaces de construir un poderoso territorio, como la nación australiana moderna, en cuya grandeza aportaron personas delincuentes, en este caso, quedó confirmada su naturaleza modificable, en contraposición a Lombrosio, al declarar su innata e instintiva condición violenta y delictiva. El origen de esos australianos, expuesto a estigmas posteriores, complicado y sensible "fue convenientemente olvidado o encubierto". Así, ellos lograron tener en sus manos la oportunidad de reconstruir sus vidas en aquellas remotas tierras, temple que en el fondo, como dijimos, lo llegó a negar la escuela positivista clásica, la cual presumiblemente encuentra adeptos en Costa Rica. Es reveladora la resistencia de algún sector de la opinión nacional a admitir los preceptos jurídicos y los métodos de intervención de los sistemas de adaptación social. Variaciones que tampoco se proponen marginar la sanción racional, objetiva de la pena. Dicho sea de paso, nuestro sistema penitenciario cuenta con personal competente y probo. Al mismo tiempo, en nuestro medio abundan los apologistas de la aplicación de mayor represión, incluso la violencia, al defender la portación de armas de fuego; opciones que en nada resuelven el objetivo de contener la delincuencia. Da pena escuchar a no pocos alarmistas en los espacios de opinión, manipulando signos emocionales y melodramáticos. Caen en el abuso de homologar nuestro país con los sombríos escenarios del triángulo del norte de la región centroamericana, al igual que México y Venezuela, estos, ciertamente, situados a años luz de nuestra realidad delictiva. Con ello, llegan a desvirtuar la verdadera política pública, de la cual el régimen penitenciario está ayuno. Tengamos fe en la Ministra Sánchez Romero, y que ella aprenda “a dar abrazos” a quien se le interponga en esta empresa. Ronald Obaldía González (Opinión personal). Colaboradora: Priscilla Soto Cascante, estudiante de Ciencias Políticas de la Universidad de Costa Rica.

5 comentarios:



  1. Roberto Morales escribió:

    Muy buen articulo don Ronald. Coincido plenamente.

    ResponderEliminar
  2. Carlos Rolando Garita escribió:

    Gracias Ronald definitivamente es un excelente artículo, muy atinado e inteligente.

    ResponderEliminar
  3. Carlos Rolando Garita escribió:

    Gracias Ronald definitivamente es un excelente artículo, muy atinado e inteligente.

    ResponderEliminar
  4. Juan Manuel Otárola Duran escribió:

    Gracias Ronald. Bastante de acuerdo contigo. Yo me pregunto q entenderan muchos conciudadanos nuestros por Readaptación Social. Aquí aquello q me enseñaban mis profesores sociologos sobre que los objetivos dichos están lejos de los objetivos reales en muchas instituciones, se muetra muy claramente.

    ResponderEliminar
  5. Luis Fernando Amador escribió:

    Excelente aporte...!!!!!

    ResponderEliminar