miércoles, 3 de agosto de 2016

TURQUÍA CON UN PASADO ALGO GLORIOSO, Y CON UN PRESENTE QUE AGONIZA.

TURQUÍA CON UN PASADO ALGO GLORIOSO, Y CON UN PRESENTE QUE AGONIZA. De las culturas milenarias, cuyo territorio ha dado cuenta de la existencia de numerosas tribus desde antes del milenio X A.C; un territorio donde ha habido hallazgos de representaciones antropomórficas y prehistóricas; en el que se había afianzado hace casi ocho siglos un poderoso y cosmopolita imperio musulmán en el Asia Menor, expandido a Europa y África. Nos referimos al país turco otomano (hoy Turquía), de profunda vocación por la agricultura y los metales durante su milenaria historia. El territorio nacional turco constituye el punto de unión entre el viejo continente europeo y Asia. Desde tiempos remotos, su envidiable ubicación geográfica, los recursos naturales poseídos, lo han expuesto a las ambiciones expansionistas de poderes adyacentes. Esas características hicieron que hace más de 2000 años su espacio físico fuese empleado también, como ruta de paso entre China y el Mediterráneo, justamente en los tiempos de la Ruta de la Seda. La civilización otomana enfrascada desde hace 3000 años atrás en un sinnúmero de enfrentamientos, ya fueran grandes o pequeños pueblos rivales, que, gradualmente, conseguían reducirle su poder e influencia, o bien se imponía contra ellos. La lista de sus enemigos o rivales, entre otros, había abarcado culturas y tribus de la talla de los asirios, los pueblos de Mesopotamia, las culturas indoeuropeas y del Mediterráneo europeo, los griegos, los aqueos, los troyanos, los persas. El propio greco macedonio Alejandro Magno (334. A.C) vio frustrados sus apetitos al encontrar resistencia en el territorio otomano del Asia Menor, por parte de los sirios y principados locales. Más acá los romanos le asestaron severos golpes hasta dividir su territorio con el nacimiento de Bizancio (luego denominado Constantinopla, hoy Estambul), al cabo que anexaron la totalidad de Anatolia, al declararla como provincia del Imperio Oriental de Roma en el Siglo l A.C. Luego sobrevinieron las ocupaciones definitivas de las tribus turco-mongoles oguz en el Siglo Xl. Poco tiempo después, una vez islamizados por la casa sunita ortodoxa persa, los otomanos consiguieron eliminar el poder político, religioso y cultural del cristianismo, éste limitado tan solo a la región de Armenia. Anteriormente, los turcos islamizados hubieron de hacer frente al paso de las Cruzadas (Siglo Xl - Xlll) por Bizancio, particularmente a sus afanes de reconquista cristiana de los Lugares Santos, bajo la expansión musulmana; menos aún, se escaparon de la huella destructiva de los invasores (los cruzados), quienes se vengaron de la conducta cruel frente a los peregrinos cristianos en Tierra Santa. El arribo del islamismo, parejo a la estratégica ubicación geográfica del pueblo otomamo, haría todavía más complejo y dificil su proceso de evolución. Lo registrado este año es causa de tales precedentes. Son estos casos cuando la historia nos permite recordar de su capacidad de determinar el ADN de las sociedades. Una religión oscurantista (la Mahometana) se transformó en fuente de conflictos internos y externos en el Asia Menor, pues además hizo brotar disconformidades de carácter secular y pugnas étnicas y territoriales en el imperio. Lo que significó que su tradición cosmopolita de ningún modo fuera en vano; como sea Occidente dejaría impregnado allí su legado, cuya fuente de inspiración mayor residió en el pensamiento judeo, helénico, en el cristianismo, todo ello, en los que la libertad del hombre posee profundo arraigo dentro de sus axiomas y visión del mundo. Al ser identificada por los europeos como la puerta de entrada al Asia Menor y el Medio Oriente, la nación turca se transformó enseguida en valiosa ruta comercial y de tránsito. Y, por ello, su territorio tras la conclusión de la Segunda Guerra Mundial no tardó en usarse como base militar de Occidente, al servicio de la anticomunista Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Así, que siempre sería irreal el levantamiento de obstáculos a las interrelaciones y las comunicaciones inter-culturales. Por los conductos de la sociedad otomana corrieron y fluyen las corrientes europeas, eso hubo de implicar el sacar a relucir los intereses, relacionados con la seguridad y la defensa intercontinentales. A finales del Siglo Xlll y principios del XlV el Imperio turco otomano (islamizado) había alcanzado dominio casi pleno de Hungría, los Balcanes y el Mediterráneo europeos, en el norte de África; se apoderó de Siria, Egipto y parte de Mesopotamia, inclusive. Fue tal su hegemonía, que dicho Imperio se autoproclamó en Califato a principios del Siglo XVl. De hecho, los pueblos árabes guardan ningún recuerdo favorable acerca del predominio de los turcos sobre sus sociedades. En su historia dan a conocer su resentimiento. Sin embargo, simultáneamente los poderosos y colonialistas reinos europeos cristianos, principalmente Gran Bretaña, España y Francia y la propia Rusia iban apropiándose de casi todos los territorios del Califato turco, ya fuera en el Asia Menor, en cuenta el Oriente Medio, al cabo que iban siendo expulsados definitivamente de Europa. Ya para el Siglo XlX eran restos lo que quedaban del decaído Imperio turco. Al perder sus dominios al norte del mar Negro, que pasaron a manos rusas, el futuro de la sociedad turca sería no más que el eslabón y la expresión de una historia milenaria escabrosa y convulsa, asediada y minada desde sus orígenes, cargada de altibajos, bajo el agravante de un devenir de dependencia y subordinación respecto a Europa, tanto en la antiguedad, el medioevo como en la era contemporánea; alrededor de su territorio ha debido corresponderle sobrevivir frente a tales potencias interesadas en asignarle, no pocas veces, tales posiciones de segundo orden. Principalmente, en esta fase antiterrorista en que el peso lo conllevan las materias de seguridad y defensa, a consecuencia de la fuerza del radicalismo islámico del Siglo XXl, enemigo de los intereses occidentales. El golpe letal contra el viejo Imperio otomano y sus pobres vestigios en otras latitudes, acabó de asestarlo su erróneo cálculo de aliarse a Alemania y al Imperio Austro Húngaro en la Primera Guerra Mundial (1914 - 18). Ambos reclamaron el ser víctimas, entre otros abusos, de las imposiciones y restricciones políticas, económicas y comerciales, de los imperios tradicionales de Europa - que se repartieron el planeta, dada su visión colonialista - , específicamente de la Gran Bretaña, Francia y por supuesto de la Rusia zarista, ésta de los principales enemigos de los turcos. Inmediatamente después, al Tratado de Sévres de 1920, unido a las reparaciones de guerra, se le encomendó la labor de sepulturero del Imperio turco otomano. Entre las múltiples pérdidas territoriales en Asia, figuró la nación Armenia, la cual adquirió su independencia. Asimismo, la zona habitada por los Kurdos, denominada Kurdistán, poseedora de yacimientos petroleros, quedó repartida entre Turquía, Irak, Irán y Siria, una grave humillación para Ankara. En cuanto Armenia, precisamente el Ejército turco, desconcertado por un extinguido imperio, del cual solamente el recuerdo quedaba, y tensado por el levantamiento de los distintos grupos étnicos que lo enfrentaron, precipitadamente, ejecutó el primer genocidio del Siglo XX al eliminar, brutalmente, más de un millón de armenios, en su mayoría cristianos. Un hecho aborrecible que sigue siendo condenado por la comunidad internacional, hasta por el propio Papa Francisco en su viaje por Armenia en este año. Condenas públicas que irritan sobremanera a Turquía. Eso sí, esta siempre se ha negado a reconocerlo como tal y, de paso, ofrecer perdón. La estabilidad política, aún menos, la normalidad democrática, le han sido bastante desconocidas a la nación turca, tal vez la acogió en un breve periodo a principios de la década de 1960. Asimismo, la suerte de la ubicación del territorio otomano estuvo configurada por parte de Occidente, pensado primordialmente en la fase de la Guerra Fría, con tal de contener las fuerzas soviéticas sobre las fronteras entre Europa y la desaparecida Unión Soviética. Una cultura antigua subestimada, con ese desdén se valora en esta época a la nación turca. Las desastrosas consecuencias de su vinculación en la Primera Gran Guerra, por eso la hicieron abstenerse de tomar participación en la Segunda Guerra Mundial. Hay que hacer un paréntesis en la Turquía del Siglo XX. Sea el ascenso al poder del movimiento secular, encabezado a partir de 1919 por Mustafá Kemal, llamado después "Ataturk": “padre de los Turcos”. Dicha tendencia anti-islámica, “semifascista”, conllevó un elevado componente militar, aferrada a desarraigar a la nación de las tradiciones imperiales, entre ellas la abolición del Califato. A la vez, tal movimiento proclamó el reforzamiento de la identidad nacionalista, e impuso el turco como idioma oficial; implantó en el sistema educativo una versión distinta o secular de la historia nacional, teniendo presente en ella el legado pro-occidental. Kemal introdujo el alfabeto y el calendario latino. Eliminó el uso del velo para las mujeres, a las que se les otorgó el sufragio femenino. Basado en su nacionalismo, el líder secular se negó a reconocer aquel Tratado leonino contra los intereses turcos. Razón por la cual, negoció nuevos instrumentos jurídicos, con tal de eximir a su nación del pago de indemnizaciones de guerra; anular vastos privilegios, concedidos a compañías extranjeras; fijar las fronteras nacionales; y desconocer la autonomía de Kurdistán, ello de las principales piedras dentro del zapato turco. Pues ese pueblo - carente de Estado nacional definido, que representa aproximadamente el 20% de la población otomana - continúa insistiendo en la independencia total de los límites espaciales ocupados, al cabo que el ala extremista kurda - cuasi terrorista - ha golpeado militarmente al ejército enemigo. Líneas arriba lo indicamos, Ataturk consolidó un régimen secular autoritario, basado en el esquema de economía centralizada, con rasgos de socialismo. Su “concepción de democracia no liberal (o “iliberalismo”), que las fuerzas armadas acompañó y mantuvo con golpes de Estado, también marcó en adelante el rumbo del país. Igualmente, el Padre de los turcos no cedió hasta su muerte (1938) a las posturas de los conservadores musulmanes, así como a los sectores que promovieron el sistema democrático liberal, de carácter occidental. El cual paso a paso llegó a cobrar fuerza, por lo que de hecho se institucionalizó entrando el Siglo XXl (año 2000). El pasado, violento y fallido intento golpista de carácter secular, encabezado por un grupo de militares, puso a las fuerzas armadas en posición delicada y desprestigio mayúsculo. Cayeron en fuerte contradicción frente a los sectores liberales y, por otro lado, contra las fuerzas islámicas conservadoras – contestatarias al secularismo -, estas reunidas en el Partido por la Justicia y el Desarrollo (el oficialista), dominante desde hace quince años. Estos, y los estratos rurales empobrecidos, representan la base de apoyo del presidente autoritario e islamista Recep Tayyip Erdogan, de orígenes sociales humildes, en cuyo mandato puso en ejecución el proceso de modernización económica que, al redituar, creció la ilusión óptica en que la normalidad y la estabilidad de Turquía seguiría el curso positivo, a diferencia de las turbulencias y guerras del Medio Oriente. Hubo engaño, tan solo fue un destello de democracia. Erdogan, considerado el acérrimo enemigo de los golpistas y los secularistas, tampoco ocultó su inclinación de rescatar la tradición islámica, hasta intentar dar forma a un nuevo Califato. El cual, en pocas palabras, es un sistema político, distante de los rasgos del régimen teocrático (fusión del poder religioso y político); eso sí, inspirado en la ideología y los postulados del Islam, en el que la cabeza del Estado (el Califa) legisla sobre sociedad, gobierno, economía y justicia legal, bajo el consentimiento de la gente. Paradójicamente, los victoriosos tras el frustrado derrocamiento del gobierno llegan a serlo los más fanáticos islamoconservadores”(Ilke Toygür, 2016). El Presidente intentará asegurarse la lealtad del ejército, que ya no es monolítico (Félix Arteaga, 2016). Lo renovará con nuevos cuadros. “Esto le permitirá islamizar el país”, el cual, con él, se ha vuelto “menos libre, menos tolerante con las diferencias” , donde se combaten todavía más las expresiones de libertad (Toygür, 2016) y los derechos fundamentales. Una muestra que hace ilusoria la tesis de “que la democracia es compatible con el Islam”. Lo comienza a reconocer Occidente, por eso su tibia reacción frente a lo que pudo haber un exitoso desplome de Erdogan y su partido político. Desconfía bastante de ellos. El gobierno turco ataca a los Estados Unidos de América, quien ha dado refugio al predicador musulmán, Fethullah Gülen, el que planeó el golpe - según el oficialismo - por eso pide su extradición. Periodistas, soldados, burócratas, intelectuales, consejeros y hasta empresarios han sido purgados, a causa de la rabia de Erdogan, quien desatiende la crítica internacional frente a sus excesos de poder, “sin garantías jurídicas y bajo la sombra de la restauración de la pena de muerte”. En el Siglo XX la mayoría de las pugnas turcas las habían protagonizado los secularistas frente a los liberales. A finales de ese siglo, dicha unidad contradictoria sumó al islamismo conservador, que como fuerza política ascendió velozmente con el Partido de Erdogan, este repudiado por militares, civiles y secularistas, agravando todavía más el panorama político, donde la gobernabilidad institucional de carácter liberal fue amenazada esta vez. Más bien, es de suponer que en adelante alguna facción del ejército, al lado de la base social secular, vuelvan a fraguar otra intentona militar, pese a una supuesta oposición de los liberales. Esto quiere decir, que Turquía continuará careciendo de cohesión social, fenómeno que, igualmente, agudizará los efectos del golpe, de donde actuarán por su propio interés el gobierno islamista para sobrevivir, el decaído poder duro del ejército secular, los menos aventajados liberales prooccidentales, los nacionalistas, etcétera, así como los grupos étnicos en conflicto, sobre todo, los kurdos en sus aspiraciones nacionales. Turquía reivindica su antiguo comportamiento imperialista. Aspira a influir en la política doméstica y exterior de las naciones árabes. Ellas, por su parte, contemplan con gran recelo la cruda y dolorosa historia de la expansión del Imperio Otomano en el Cercano Oriente. En la presente guerra, el gobierno de Erdogan evitó que la coalición antiterrorista pudiera utilizar las bases militares del país, para atacar los yihadistas en Siria e Irak. Después cambió su postura. Se ha enfrentado con el gobierno secular (chiita) de Siria, respaldando la oposición sunita; en un principio llegó a tolerar las acciones de los yihadistas del Estado Islámico (EI), con quien traficó petróleo. Ahora es el enemigo, que le reprocha el haber ingresado a la coalición occidental antiterrorista y el aproximarse a Israel. Derribándole un avión, el ejército turco entró en líos con Rusia, también con Irán, ambos aliados del gobierno sirio. Erdogan combate, desmedidamente, las milicias kurdas de Turquía las que cruzan la frontera con Siria para liberar comunidades suyas, con apoyo aéreo de los Estados Unidos de América (Félix Arteaga, 2016). A la vez , antes había puesto en riesgo las relaciones con Israel, al acercarse a la organización terrorista Hamas, a quien Erdogan venía prestando financiamiento y asistencia humanitaria. Pero, los ataques terroristas del EI, recientemente lo hicieron recular y cambiar su política exterior “vacilante” con la coalición internacional; se congració con sus aliados, comenzando por Israel y Rusia. Si Europa lamenta la salida de Gran Bretaña del bloque comunitario; en cambio, en el caso particular de Turquía, seguro que, con los estigmas arrastrados por los ataques terroristas del yihadismo en Bélgica, Francia y Alemania, la actual inestabilidad política, el deterioro de los derechos humanos, habrá de aspirar a tener más lejos a esa nación del Asia Menor, donde más del 90% de la gente profesa la religión islámica. Le entrabará de manera rígida, como lo acostumbra hacer, su pleno ingreso al bloque comunitario de la Unión Europea. Ingreso que las naciones europeas, otrora vinculadas a la Cortina de Hierro en tiempos de la desaparecida Unión Soviética, lograron sin abruptos tropiezos. Pero, distanciarse totalmente de Ankara resulta una decisión que no será fácil a los europeos, dado el creciente flujo migratorio de turcos al viejo continente; a la crisis de los refugiados sirios, afganos e iraquíes que alberga; es también un aliado de la OTAN para la guerra de Siria y contra los yihadistas del EI; aparte que es imprescindible la coordinación para luchar contra los cárteles turcos de la droga, que operan como los principales proveedores de drogas, entre ellas, la heroína. De superar las consecuencias de la fallida asonada militar, probablemente el Presidente Erdogan reafirmará el ideal (“ahistórico”) de “pretender devolver a Turquía el esplendor y la autonomía de tiempos pasados”. Ni le importará que la nación islámica sea rechazada como miembro pleno de la Unión Europea (UE), un bloque de naciones que, de por sí, va en picada; ni los euro-optimistas aseguran su solidez. En conclusión, son determinantes “las dinámicas internacionales”, siguen en esa línea de “realpolitik” (Toygür, idem). Turquía es, así, altamente dependiente de Occidente, en todas sus dimensiones, se ha plegado a él, se alió a la OTAN. Como decía el famoso comediante mexicano Mario Moreno, “Cantinflas”: “allí está el detalle”. !Oh, Erdogan y sus “cantinfladas”!. Ronald Obaldía González (Opinión personal).

2 comentarios:

  1. C. Echeverria escribió:

    Excelente y entretenido anàlisis. Los anatolios tienen sus mèritos históricos,pero también, ya como turcos, se han caracterizado por ser crueles,no solo con los armenios,pero con los árabes cuando los dominaron. Creo Erdgan está tratando, desde su óptica mahometana, de destruir el "attaturkismo", lo que para Occidente es algo muy serio, muy delicado. Turquía no es preocupante; es ya...ocupante. Tu artículo nos alerta.

    Gracias y un abrazo,

    Carlos Ml

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  2. Javier Castro González escribió:

    Estimado Don Ronald, este documento abre mis ojos a las condiciones que vive actualmente este sector de nuestro mundo.

    Mil gracias por sus comentarios, que solo ayudan a crecer como profesional y como persona.

    Saludos.

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