viernes, 27 de agosto de 2021

EL COMPLETO FIASCO EN AFGANISTÁN. Autor: Ronald Obaldía González

EL COMPLETO FIASCO EN AFGANISTÁN. Autor: Ronald Obaldía González Las complicaciones clave de la agenda global continuaron centrándose en los antagonismos comerciales entre las potencias de Estados Unidos de América, China y la Unión Europea, así también en la cobertura universal con vacunas, con tal de evitar mayores fallecimientos a causa de la Covid – 19, a la vez en “la difusión de nuevas variantes”. La reconstrucción económica, en cuenta los prioritarios objetivos y las medidas reales, a efecto de reducir los daños originados por la pandemia, encontraron un lugar preponderante en ella, al igual que los compromisos a favor de la descarbonización a mediados de siglo del conjunto de las naciones (Jeffrey Sachs), esto con el propósito de prevenir siniestros adicionales. En el contexto de la pandemia, hubo una relativa despreocupación en el caso del terrorismo, tendió a perder relevancia. Pero, otra vez ha llegado a cobrar fuerza como permanente amenaza a la seguridad y la estabilidad internacional. De repente, los islamitas ultraconservadores, brutales y misógenos Talibanes de Afganistán reaparecieron en escena, se salieron con las suyas: los enemigos acérrimos de los Estados Unidos de América y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Ambos “son excelentes destructores pero pésimos constructores”, de ese modo se han visto las intervenciones políticas y militares en Libia, América Latina y el Caribe (Carlos Alberto Montaner). Los combatientes de la Yihad musulmana acaban de recuperar el poder, desplazando así un gobierno ampliamente corrupto e incompetente, sostenido torpemente por las fuerzas militares de Occidente. Enseguida habrá de predecirse la incertidumbre y la sospecha, anticipando la probable metástasis terrorista, de la cual el mundo árabe puede llegar a ser un peligroso destino ante la victoria de los envalentonados integristas islámicos en esa convulsionada nación, situada en el sur de Asia, cuyo territorio, conformado por elevadas cadenas montañosas, posee una superficie de 652.860 Km2, poblado por más de 32 millones de personas, quienes mayoritariamente profesan la fe musulmana - sunita. HISTORIA. Afganistán está compuesta por numerosas tribus procedentes de los pashtunes (o patanes), quienes representan el 44% de la población, de ellos derivan los Talibanes, con quienes comparten una misma concepción de vida, sustentada en la religión islámica. Otras etnias provienen de poblaciones ancestrales del Asia Central . Las restantes son el resultado de los pueblos de raíz turca, persa y nómadas de origen mongol. Al revisar su historia antigua se pone de manifiesto la intromisión y la dominación ejercida allí por diferentes poderes externos, entre ellas, “las tribus arias”; dos milenios antes de Cristo (a.C) poblaron esas latitudes. Con “los arios” se cree que se fundó Kabul, la capital de la nación. En el siglo Vl a. C el Imperio Persa de Ciro se apoderó de la región. Tres siglos más tarde Alejandro el Grande, rey del poderoso imperio de Macedonia (el nombre de la Grecia Antigua) se encargó de derrotar los persas. Tras la muerte de Alejandro, tribus nómadas centroasiáticas, iraníes y sucesivas dinastías, tal como los seléucidas de Babilonia controlaron las tierras afganas. Uno de esos pueblos, los Yüeh - chich destronaron el dominio griego, por lo que fundaron el reino de Kusana (IteM – Guía del Mundo), reino que contribuyó al lado de Roma, China, India a abrir “la Ruta de la Seda” de enorme amplitud comercial, por cierto un plan de Ruta revivido por China en nuestra época. A mitad del Siglo Vl después de Cristo (d. C) los persas reconquistaron la región, debiendo enfrentar una férrea resistencia de las nativas tribus afganas. A mediados del siglo Vll de nuestra era ingresaron pueblos árabes seguidores del Islam, por lo que se asentaron firmemente al consolidar dinastías locales, estas golpeadas entre 1219 y 1221 por los mongoles al mando de Gengis Khan, e hizo a Afganistán parte de su vasto imperio (idem). La Turquía islámica logró reivindicar el Islam (Siglos XlV y XVl), subordinado por un buen tiempo a la cultura mongol. Persas, poderes de la India y tribus mongoles iniciaron feroces luchas con tal de apoderarse de la región, al final acordaron unificarla en 1742, fijando las fronteras nacionales a pesar del empuje expansionista de la Rusia zarista, como también de la amenaza de la Gran Bretaña, que ya controlaba la India y ejercía un protectorado sobre Afganistán, convirtiéndola en un tapón a fin de detener a los zaristas rusos (José María Lassalle). Entre 1839 y 1919 hubo tres guerras entre afganos y los imperialistas ingleses. En la última confrontación de 1919 salieron victoriosos los colonizados, eso los llevó a liberarse del dominio británico, por lo que llegaron a alcanzar la independencia nacional. EL CAPÍTULO DEL ESTADO FALLIDO. En adelante dos hechos dominarán la realidad política afgana, de los dos alrededor de innumerables complejidades, sean, la influencia en ella de la (extinta) Unión Soviética, contrarrestada por los Estados Unidos de América, así como el convertirse en “una zona de alta conflictividad”, en la sociedad fragmentada y fallida, frágilmente gobernada desde su independencia (1919). Entre los principales protagonistas de tales conmociones resaltan innumerables clanes o formaciones musulmanas (moderadas y radicales), los monárquicos, algunos sectores liberales, las ultraconservadoras y tradicionales tribus pashtunes o “patanes” - tanto las locales como las provenientes de Pakistán - . También en ese variopinto han sido activistas los grupos neomarxistas, los narcotraficantes del opio, los señores de la guerra (“los carniceros”) y los combatientes de organizaciones heterogéneas, de manera que en el ambiente agitado e impredecible se han entrecruzado casi siempre de forma violenta. Lejos de ser un accidente “redundó” con el engendro Talibán y sus redes de aliados, lo cual ocupa la atención de nuestro escrito, teniendo presente el fatal destino de las mujeres, a quienes los guerreros antioccidentales les podrían anular cualesquier derechos y oportunidades de desarrollo personal. De por sí, el desprecio a los derechos humanos forman parte de sus odios políticos y culturales. Ni les temblará el pulso en buscar gente que trabajó con el antiguo gobierno o las tropas internacionales, con tal de satisfacer sus ansias de venganza. “Los estudiantes del Corán” (o Talibanes) se aprovecharon de la decepcionante estrategia e incapacidad de calibrar los riesgos por parte de quienes ambicionaron eliminarlos a toda costa, mediante el uso de armas sofisticadas, incluidos los letales drones del Presidente Barack Obama. Otrora, tampoco se les pudo desalojar de las tierras en donde se adueñaron de la producción del opio, actividad que desde un inicio les permitió sobrevivir y financiar sus operaciones insurgentes. Lo cual hizo posible que la nación afgana en 1996 cayera en sus manos a consecuencia de la debacle ocasionada por el retiro del ejército de ocupación de la (desaparecida) Unión Soviética, quien había patrocinado allí un gobierno aliado a sus intereses expansionistas. Tras la derrota soviética, orquestada por los Mujaidines - voz persa para designar a los guerreros islámicos - y los aliados árabes sobrevinieron alianzas heterogéneas entre integristas islámicos y excomunistas, lo cual llegó profundizar el vacío de poder heredado por la expulsión en 1992 del comunismo imperialista, ideología a la cual le dio un curso significativamente reformista Mijail Gorbachov, en aquel entonces el inesperado ocupante del Kremlin, quien se distanció de la ortodoxia confrontativa de la Guerra Fría. Enseguida entró a la fase de entendimientos y acercamientos con Occidente, al punto de pactar un acuerdo de desarme (1991) con Washington a fin de dejar de enviar armas a los guerrilleros musulmanes en Afganistán. El primer arribo de los Talibanes estuvo impulsado por su rechazo a las inverosímiles alianzas políticas que integraron a los comunistas, sus principales enemigos, ya que para ellos los ex-prosoviéticos atentaron en su momento contra el Islam. Por eso, con el respaldo de otras tribus locales, con el inexplicable respaldo de los Estados Unidos de América, asumieron el poder en 1996. Posteriormente, en el 2001 fueron destronados por las fuerzas militares de la OTAN y de los Estados Unidos de América, a causa de haber dado refugio al terrorista Osama bin Laden y a su hoy reducida organización yihadista o fundamentalista islámica, los responsables de los ataques contra los Estados Unidos de América el 11 de setiembre del 2001. “Ataque que envió a los Talibanes a pasar exilio” por 20 años en Pakistán. Ciertamente, a este último país (Pakistán), también musulmán, lo asiste Washington con cooperación militar, sin embargo se abstiene de comprometerse en la lucha contra el terrorismo, por eso se le acusó de haber protegido los Talibanes; al cabo que el gobierno pakistaní galantea con China, quien se ha apresurado a respaldar su programa de armas nucleares (Bill Emmott); ha multiplicado ahí las inversiones en proyectos de infraestructura y la producción de energía. SERIOS INDICIOS. Resulta poco fiable la imagen de moderación de los Talibanes – tampoco son un grupo monolítico -, en aras de alcanzar legitimidad internacional. Puede ser que al reasumir el mando de la nación, “no desean ponerlo en riesgo” (Fawaz A. Gerges). Esa flexibilidad que les aseguran China, Rusia y Turquía, se distancia de la opinión del resto de la comunidad internacional y del propio Fondo Monetario Internacional (FMI) al suspenderles el financiamiento, habida demostración de las masas de gentes angustiadas. Gentes que buscan huir de forma aterrorizada – el drama humano - frente a la llegada del fanático régimen islamista, ávido de afianzar “una teocracia o emirato islámico” e imponer la ley sharia, sin dar a conocer todavía el rol que en este objetivo cumplirá Al Qaeda, o quizás el Estado Islámico (ISIS); por el momento uno de los tantos enemigos alrededor de los nuevos e inesperados gobernantes. Porque en el mundo de los terroristas de la región tanto las pugnas, las conspiraciones como los arreglos calculados, luego traicionados son cosas comunes. Ha habido peligrosas señales. ISIS apenas no más se congració con los Talibanes en estos penosos días de las evacuaciones de personas en el aeropuerto de Kabul, llevando a cabo un ataque mortal, en el cual perdieron la vida más de doce militares estadounidenses. LA PESADILLA DE LAS GRANDES POTENCIAS. Justamente, el propio Presidente ruso, Vladimir Putin, quien ha aplicado políticas duras contra los chechenos islámicos, reprimiéndolos, ha llamado a frenar la entrada de afganos a las exrepúblicas soviéticas de Asia Central, “alertando” el eventual ingreso a su país de “combatientes musulmanes, disfrazados de refugiados” (AFP; REUTERS). China habría de adoptar tales previsiones, por cuanto la región suya de Sinkiang registra una larga historia de antagonismos entre las autoridades estatales y la mahometana minoría uigur (BBC News Mundo). Dichas minorías, los chechenos y los uigures, podrían fácilmente ser empujadas a la lucha violenta, amén del posible respaldo de los combatientes enconados. El propio gobierno de Pakistán, vecino afgano, podría ser víctima de la propagación del terrorismo en el Asia del Sur, puesto que transmite antipatías y desconfianzas a los mismos yihadistas y los grupos patanes, parte de la red talibán. En cuanto a la retirada del ejército, que el Presidente Donald Trump acordó el año pasado, de acuerdo con el pronunciamiento del Presidente Joe Biden, Afganistán era menos que una amenaza para “el interés nacional” estadounidense. Expresó que el objetivo explícito consistió “en deshacerse de Al Qaeda y de acabar con Osama bin-Laden y se hizo”. Lo cierto es que sus detractores mencionan un desastre de dos décadas de guerra (“eterna”) contra el terrorismo. Así también califican la rápida y eficaz toma talibán del país sudasiático como una secuela aún peor que la humillante caída de Saigón en 1975 (Fawaz A. Gerges), al igual que la ocupación de la embajada de Teherán - Irán en 1980 (José María Lassalle). Obviamente, lo antes dicho supone, sin tapujos, un fracaso, lo cual significa un golpe irreversible a la credibilidad de Washington, a la vez es un revés contra los valores democráticos liberales en el entorno internacional. Específicamente, dichos desaciertos podrían reducirle poder de influencia como superpotencia en el Medio Oriente. Pues “le sirvió en bandeja” el territorio a los yihadistas, al igual que el riesgo que conlleva el dejar a su disposición el abandonado arsenal de armas, vehículos y helicópteros estadounidenses que en adelante tendrán a su haber. La incógnita reside en que la empobrecida economía de Afganistán está "moldeada por la fragilidad y la dependencia de la ayuda internacional", la cual podría ser retirada al gobierno fundamentalista. La forma en cómo este lidiará con la precaria economía de Afganistán hace que salga a relucir una nube de dudas que se ciernen sobre la asistencia financiera que le llega al país (Andrew Walker. BBC News). Los Talibanes solamente conocen de guerra, carecen de cuadros de especialistas en materia de la administración de la burocracia pública. Razón por la cual están evitando que las pocas personas preparadas en esa área de trabajo se fuguen en medio de las evacuaciones, organizadas por estadounidenses y europeos. A MANERA DE CIERRE. He aquí un desastre, una excelente munición que tendrán la extrema derecha de Donald Trump y “sus sucursales” autoritarias a nivel internacional, además de los líderes del Partido Republicano “quienes velarán armas ante las elecciones de mitad de mandato”, para las que falta poco más de un año (Lassalle, idem). Borrar la herida del gobierno del Partido Demócrata “frente al caos de Afganistán” costará demasiado. Mientras que los timoratos dirigentes de Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y el Reino Unido, aliados estadounidenses, se rasgan las vestiduras al subrayar que esa nación “no debe volver a ser un refugio para el terrorismo y una fuente de ataques terroristas contra otros países”. Todavía nadie está convencido con esta premonición.

3 comentarios:

  1. Lourdes Montero Gómez:

    Buenas tardes: Gracias don Ronald, lo leeré detenidamente!

    Muy agradecida!

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  2. José Joaquín Arguedas escribió:

    Hola Ronald. No haz publicado en Larevista Cr, medio que dirige Eduardo Amador y Eugenio Herrera. Sería muy interesante.


    José Joaquín Arguedas Herrera
    Politólogo y Administrador de Empresas
    Máster en Recursos Humanos
    Experto en Función Pública
    Alajuela. Costa Rica

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  3. Luis Sandí Esquivel escribió:

    Hola Ronald, buenas tardes, muchas gracias.

    Enviado desde mi iPhone

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